Beata Victoria Rasoamanarivo

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía de la Beata malgache.

Fotografía de la Beata malgache.

Victoria nació en el año 1848, cuando en el Reino Merina de Madagascar se desarrollaba una cruel persecución contra los cristianos. Veinte años antes, durante el reinado de Radama I, habían desembarcado en las costas de Madagascar los primeros misioneros protestantes provenientes de Inglaterra, pero al morir este monarca en el año 1828, le sucedió en el trono su esposa Ranavalona, la cual ofrecía culto a los dioses y se dejaba asesorar por los brujos y adivinos, que odiaban a muerte a los blancos.

Ranavalona, en el año 1835, expulsó a todos los misioneros protestantes, ordenó quemar todas las Biblias que habían sido impresas en malgache y perseguir a todos los cristianos, muchos de los cuales murieron como mártires. En este clima de odio contra los cristianos, nació Victoria. Era hija de un oficial del palacio real llamado Rainindiatsilavo y su madre estaba emparentada con la realeza, por lo cual, siendo niña, participaba en los cultos idolátricos.

Pero la reina murió el 16 de agosto del año 1861 y le sucedió en el trono su hijo Radama II, que cambió la política de su madre y dejó entrar a los misioneros jesuitas. Entre los que regresaron, estaba el padre Finaz y dos religiosas de San José de Cluny, que ese mismo año abrieron una escuela católica en Antananarivo. Victoria, que tenía trece años de edad, fue una de sus primeras alumnas y allí en la escuela, leyó la Biblia y abandonó el culto a los ídolos. Se cuenta que cuando leía el texto de la Pasión lloraba y solía decir: “Antes, no sabíamos estas cosas porque no conocíamos a Dios. Ahora haremos el propósito de no repetir nunca las costumbres que teníamos antes”.

Comunicó a sus padres su deseo de recibir el bautismo, se preparó durante dieciocho meses y el 1 de noviembre del año 1863, con quince años de edad, fue bautizada junto con otras veintiséis personas – entre ellas, algunos miembros de su familia – en la iglesia de Santa María de Andohalo. Al año siguiente, el 17 de enero, hizo su primera comunión, se ofreció en holocausto a la Virgen y manifestó su deseo de hacerse religiosa, pero como los misioneros sabían que su familia se oponía a estas pretensiones, la hicieron desistir. En efecto, sus padres la habían prometido en matrimonio, algo que fue un duro golpe para ella. Era simplemente un matrimonio de conveniencia entre familias.

Estampa devocional de la Beata superpuesta sobre el mapa de su patria natal, Madagascar.

Estampa devocional de la Beata superpuesta sobre el mapa de su patria natal, Madagascar.

Con dieciséis años de edad, el 13 de mayo de 1864 se casó con Randriaka, que era primo suyo y el hijo primogénito del Primer Ministro del rey y que además, pertenecía al ejército real. Su marido, aunque era un joven bueno, sin embargo era alcohólico. Por ser la nuera del Primer Ministro, Victoria vivía en el palacio real y todo daba a entender que aquella joven pareja iba a ser muy feliz. Pero ocurrió lo contrario, porque su esposo se dio mucho más a la bebida y a toda clase de inmoralidades, lo que hizo empeorar las relaciones de la pareja.

En estas condiciones, los padres y los amigos de Victoria le aconsejaron separarse e incluso la propia reina y su suegro eran de la misma opinión. Pero ella se opuso rotundamente, afirmando que el matrimonio cristiano era indisoluble y que estaría con su esposo hasta que la muerte los separase. Su matrimonio fue un calvario, pero ella nunca perdió la fe y la esperanza. Sus padres, para presionarla a fin de que abandonara a su esposo, le obligaron a estudiar con los protestantes y, como su esposo también era protestante, trataron de hacerla renegar de la fe católica. Su único aliado era su primo Antonio Radilofera y una de sus criadas, llamada Rosalía. Todos los intentos de su familia fueron inútiles, pues su fe cada vez era más profunda, alimentándose de la oración y de la Eucaristía. Todas las mañanas, al amanecer, rezaba durante tres horas en la iglesia de Andohalo y por la tarde, rezaba durante dos horas y estas oraciones eran las que le daban fuerza para soportar las humillaciones a las que continuamente la sometía su marido.

A pesar de que su vida era un infierno, nunca se quejó, y cuando comentaba el tema con sus amigas, era para solicitarles que rezaran por la conversión de su esposo. Y lo consiguió, aunque fue poco antes de que su marido muriera. Randriaka sufrió una caída mortal, pero antes de morir pidió ser bautizado por un misionero católico. Como el misionero no llegaba, su propia esposa lo bautizó, imponiéndole el nombre de José. Era el 14 de marzo del año 1888 y Victoria, con unos cuarenta años de edad, se quedaba viuda.

Sacerdote incensando el retrato de la Beata.

Sacerdote incensando el retrato de la Beata.

Desde entonces, se dedicó por completo a hacer obras de caridad y al apostolado, y como no tenía hijos, trataba a sus criados como si lo fuesen: los alimentaba, vestía, les daba cobijo y los cuidaba cuando estaban enfermos. Visitaba a todos los enfermos de su ciudad y acogía con especial cariño a los leprosos, cuando todo el mundo huía de ellos. Ella se acercaba a ellos, les hablaba, les daba de comer y se preocupaba por sus dolencias. Los recibía en su casa; y entre ellos y los pobres repartió todos sus bienes. Todos los días iba tres veces a la cárcel para visitar a los presos y llevarles comida. Era la protectora de todos ellos.

En el año 1883 estalló la guerra entre los franceses y los hova (malgaches) y nuevamente fueron expulsados todos los misioneros extranjeros. Esto, desde el punto de vista religioso, era una catástrofe, pues las comunidades católicas eran muy débiles, ya que casi todos sus miembros pertenecían a los más jóvenes y pobres de la población. Sólo Victoria era la persona más influyente. Entonces, el padre Causseque le confió el cuidado de la comunidad cristiana. Le dijo: “Podrás ayudar mucho porque eres hija del Primer Ministro y eres una mujer de una profunda fe”, a lo que ella le respondió: “No sé hacer muchas cosas, pero me esforzaré con todo mi corazón y con todas mis fuerzas”.

Tras la expulsión de los misioneros, los cristianos fueron nuevamente perseguidos; se cerraron las iglesias, se expropiaron las escuelas y fueron sometidos a todo tipo de humillaciones. Pero ella los animaba y fortalecía para que no renunciasen a su fe. Se atrevió a presentarse ante el Primer Ministro para pedirle autorización para abrir de nuevo la iglesia y el colegio, a lo que éste accedió, diciendo que en realidad no existía ninguna ley que lo impidiera. Lo consiguió y cuando los misioneros regresaron tres años más tarde, se encontraron una comunidad mucho más floreciente que la que ellos habían dejado. Aquello fue una inmensa alegría para Victoria, que fue presentada como la líder de aquella comunidad al nuevo Vicario Apostólico de Madagascar, monseñor Cazet.

Una devota malgache depositando una ofrenda floral sobre la tumba de la Beata.

Una devota malgache depositando una ofrenda floral sobre la tumba de la Beata.

En el año 1890 su salud se quebró. Los médicos le aconsejaron que se asentase en la misión de Ambohipo, pero siguió empeorando y, con sólo cuarenta y seis años de edad, murió el 21 de agosto del año 1894. Su funeral se celebró en la catedral y, de acuerdo con la voluntad del Primer Ministro, fue sepultada el 25 de agosto en el monumental panteón familiar de Isotry.

Fue una auténtica apóstol en su país, una mujer de un coraje excepcional que fue fundamental en el avance del cristianismo en Madagascar. Su proceso de canonización fue abierto en la archidiócesis de Antananarivo en el año 1931, siendo remitido a la Congregación de Ritos en el año 1934. En el año 1961 sus restos mortales fueron trasladados a una tumba de la misión de Ambohipo, tal y como ella había expresado antes de su muerte. Fue proclamada venerable el 14 de mayo de 1983 y beatificada por San Juan Pablo II el 30 de abril de 1989. En la ceremonia de beatificación, el Papa la definió como una verdadera misionera y un modelo para los laicos.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– LIZARDE, J.L., “Todos los santos africanos, Editorial “Mundo Negro”, Madrid, 2001
– VV.AA., “Biblioteca sanctorum”, tomo XI. Città N. Editrice, Roma, 1990.

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