Beato Alonso Pacheco SJ, mártir misionero

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Imagen procesional del Beato, que se venera en la Iglesia Parroquial de Santiago el Mayor de Minaya.

Imagen procesional del Beato, que se venera en la Iglesia Parroquial de Santiago el Mayor de Minaya.

Hoy la Diócesis de Albacete y, en concreto, la villa de Minaya celebran la memoria del Beato mártir minallense Alonso Pacheco, que junto a los mártires de la época romana San Vicente y Leto, los que confesaron su fe cristiana en la ciudad romana de Libisosa (Lezuza), conformaron hasta hace poco el martirologio de la diócesis de Albacete.

Alonso nace en el año 1551 en el pueblo de Minaya, provincia de Albacete. Su padre don Juan Pacheco de Alarcón, del linaje de los Marqueses de Villena y Duques de Escalona; su madre, doña Catalina de Alarcón, de la noble casa de los Condes de Valverde, descendiente del capitán Fernando de Alarcón, quien trajo cautivo a Madrid al rey de Francia Francisco I.

Alonso fue esmeradamente educado en Minaya, más tarde, de su educación se encargaron en el colegio de la Compañía de Jesús del vecino pueblo de Belmonte (Cuenca). En este lugar fue recibiendo los buenos valores de la Compañía y adquiriendo buenas virtudes que forjaron poco a poco su vocación al sacerdocio. Con tal sólo dieciséis años fue recibido en la Compañía, sin la menor contradicción de sus padres, que se tuvieron por muy honrados al dar un hijo a la religión. Siendo así, fue de los primeros en estrenar el noviciado de Villarejo de Fuentes (Cuenca), donde echó profundos cimientos de vida espiritual que le sirvieron en su segunda etapa en el Colegio de Alcalá de Henares (Madrid), donde destacó por sus aspiraciones de llevar el evangelio a Japón.

Vocación misionera
Siete años llevaba en la Compañía el hermano Pacheco cuando, en 1574, pasó por las provincias de España el padre Alejandro Valiñano, que iba como visitador de la India y demás regiones de Oriente. Traía facultad del Padre General para conducir a la misiones de Oriente gran número de obreros evangélicos y, de toda Europa, se le ofrecieron numerosos jesuitas. Pero nuestro Beato Alonso quedó con santa envidia estudiando teología en Alcalá de Henares, por orden de sus superiores. Pero Dios le tenía reservada otra oportunidad, y fue así que estando los 12 misioneros elegidos ya en Lisboa listos para embarcar con destino a la India, enfermó uno de ellos y a toda prisa querían relevarlo; esta vez sus instancias nuevas y vivas maravillaron a los consultores jesuitas que dieron su definitiva aprobación para su partida, con tan sólo 23 años. El P. Visitador, escribiendo una carta del suceso al P. General, le dice: “De los doce que dio la provincia de Toledo enfermó uno y en su lugar me han dado un religioso, estudiante teólogo complutense, de tales prendas que, así para el gobierno como para la predicación, tengo por cierto que será sujeto escogido. Llámese Alonso Pacheco y es ejemplo de virtud y observancia religiosa”.

Reliquia del Beato, venerada en la misma Iglesia Parroquial.

Reliquia del Beato, venerada en la misma Iglesia Parroquial.

En Goa
Habiendo llegado a Goa y terminados sus estudios, se ordenó sacerdote y solicitó con ansias ser enviado a Japón. Mas la Providencia no le tenía reservados esos sus deseos, ya que los superiores, al ver sus cualidades, lo nombraron ministro del Insigne Colegio de San Pablo, de Goa, y al poco tiempo fue tomado por el Padre Provincial por compañero y secretario. En el año 1578, se debía nombrar a un procurador que viniese a Europa a informar al Papa, al Rey de Portugal y al Padre General sobre el estado de la religión en la India, y todos los padres pusieron los ojos en el joven Alonso, fue elegido a la edad de 27 años muy joven en comparación a los demás. Mas recelando que los superiores europeos le estorbasen el regreso a la India, el provincial de Goa escribió al Padre General: “A Vuestra Paternidad pido con todo el afecto de mi corazón no deje de volver a esta provincia – al Padre Pacheco-, pues sería una de las mayores pérdidas que podía padecer, por ser verdadero hijo de la Compañía, y muy importante para todo”.

Dos años se detuvo en Europa para la expedición de los negocios de la India, al regresar por Lisboa y Roma conoció una comisión de gentiles que pretendían volver al país indio. El Beato Alonso Pacheco se embarcó en este viaje (que luego descubriría que tenía otras intenciones, no religiosas sino políticas, ya que se quería imponer a un virrey). Llegando nuevamente a Goa fue nombrando Superior del seminario que en aquella ciudad tenía la Compañía, para educar en nuestra santa fe a los naturales de Salsete.

Misión en Salsete
Muy cerca de la Ciudad de Goa se extendía la pequeña y fertilísima península de Salsete. Su población sería como de 90.000 habitantes, repartidos en 66 aldeas, de ellas 12 principales y como cabeceras del gobierno autónomo de los salsetanos. En las manos de los jefes brahmanes estaba el gobierno de aquellos pueblos, era la mayoría religiosa y se trataba de un formidable alcázar de la idolatría. A pesar de esto, algunos jesuitas consiguieron penetrar con increíbles esfuerzos y hacer unos 2000 cristianos y edificar unas cinco iglesias. El Virrey Dº Antonio de Noroña, muy enfadado por las pocas personas convertidas, castigó a este pueblo destruyendo la idolatría y abriendo franca puerta al Evangelio, lo que provocó fuertes enfrentamientos y la petición, siempre denegada, de reconstruir sus pagodas. El Beato Alonso jugó un papel importante en este conflicto mediando por entre los habitantes de Salsete y el gobierno portugués, consiguió un tiempo de paz donde el número de cristianos crecía, así como las iglesias, pero los brahmanes atizaban el fuego y excitaban al vulgo para vengar las injurias que la Compañía había hecho contra sus dioses.

Carta del entonces Obispo de Albacete, Dº Irineo (documento de la autenticidad de la reliquia).

Carta del entonces Obispo de Albacete, Dº Irineo (documento de la autenticidad de la reliquia).

Martirio
En esta sazón llegó a Goa el padre Rodolfo Acuaviva. El Padre Provincial le puso al frente de las cinco residencias de Salsete, confiando que con su pacífica condición sosegaría a los gentiles y atraería almas a la fe. El Padre Provincial, al ver la situación a la que se enfrentaba, decidió acompañarle él mismo, pero por una enfermedad que le sobrevino, fue en su lugar el Beato Alonso que hizo de mentor y guía al P. Acuaviva en su tarea de corregir y escoger lugares para la edificación de iglesias. Empezaron esta tarea por la aldea de Coculino, que poco antes se había rebelado, se les sumaron otros cuatro padres jesuitas, un capitán portugués y unos 50 cristianos de aquella tierra.

Era el 15 de Julio de 1583. Después de celebrar la santa Misa, se dirigieron a esta aldea de Coculino, entre los habitantes se corrió la voz y la sed de venganza. Un brahmán llamado Pandú comenzó a agitar a los lugareños y éstos tendieron una emboscada a los Padres Jesuitas y demás acompañantes, con gran vocerío decían “¡Matadlos, matadlos! ¡Que son ellos los que destruyeron nuestros templos!“, el Beato Alonso prefirió no levantar las armas contra ellos ellos y exclamo diciendo: “Señor, no es ahora venganza ni defensa, sino de esperar con ánimo la muerte y dar alegremente la vida por la honra de Dios”.

Poco tiempo después, aquellos aldeanos la emprendieron a cuchilladas con el P. Rodolfo, dándole varias cuchilladas que acabaron rápidamente con él. Semejantes acciones realizaron con los demás Padres que, entre alabanzas a Dios, fueron degollados. Al Beato Alonso Pacheco lo dejaron para el final, por conocerlo y por tener contra él mas inquina, por estar de parte de los portugueses. “¡A mí, a mí!“, decía el intrépido mártir, “que yo soy el que destruí vuestros ídolos, y los hice pedazos y los pisé”. Enfurecidos con estas palabras, le atravesaron el pecho con una lanza; mas él, con mucho gusto esperó la segunda, se hincó de rodillas, extendió los brazos en cruz y levantando al cielo los ojos, ofreció su vida a Cristo mientras recibía el segundo golpe de lanza que le atravesó la garganta; y cayó muerto para comenzar a vivir en el cielo.

Antigua estampa de los mártires de Salsete. Al fondo se ve el martirio del Beato Alonso Pacheco.

Antigua estampa de los mártires de Salsete. Al fondo se ve el martirio del Beato Alonso Pacheco.

Arrastraron los cadáveres a un pozo, donde cuidadosamente luego fueron rescatados y llevados en procesión solemnísima hasta la iglesia de Nuestra Señora (principal iglesia de la Compañía de Jesús en la zona). El Padre Provincial celebró misa solemne en acción de gracias, pareciendo a todos que no era razón ofrecer sufragios por sus almas, pues habían muerto por la exaltación de la santa fe. Al llegar la notica del martirio a la provincia de Albacete, los señores de Minaya, sus familiares, celebraron tan fausta noticia con públicos regocijos, congratulándose con razón de poder contar entre los varones ilustres de su familia con un mártir. Al poco tiempo escribieron una preciosa carta al Padre General de la Compañía, solicitando una reliquia del Beato Alonso Pacheco, que a día de hoy aún se conserva.

El Santo Padre León XIII fue quien, después de examinar los correspondientes procesos, elevó a al ínclito jesuita minayense a los altares junto a sus compañeros.

David Garrido

Bibliografía:
– TESTORE, Celestino, Mártires de Salsete, Ed. Apostolado de la Prensa, Madrid 1943.

Enlaces consultados (16/08/2013)
– http://www.diocesisalbacete.org/
– http://lacompaniadejesus.com/lcdj/
– http://www.sjweb.info/curia/index.cfm

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