Beato Álvaro del Portillo, prelado del Opus Dei (II)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

El Beato junto al cuerpo presente de San Josemaría.

El Beato junto al cuerpo presente de San Josemaría.

“Todos, en la medida de lo posible, hemos de ponernos en contacto con la personas que sufren, con los enfermos, con los pobres, con los que están solos, abandonados”.

Sucesión
Como vimos en el artículo de ayer, muerto el fundador del Opus Dei, ahora le tocaba ocupar a él el cargo de “El Padre”. Su papel hasta ahora había sido estar en un sencillo y discreto segundo plano, pero no por ello menos importante y eficaz. Tan sólo tres meses después de que la Obra se quedara sin el fundador, el consejo de hombres y mujeres formados para elegir a al sucesor eligió por unanimidad a Álvaro del Portillo. Esta elección tuvo lugar en el congreso electivo del quince de septiembre de 1975. Para nadie resultó una sorpresa esta elección, él era el digno sucesor que tenía que afrontar los nuevos retos de la reformada Iglesia universal y del Opus Dei.

Empezada ya la etapa de continuidad y fidelidad al carisma fundacional, Dº Álvaro siguió velando por todos sus hijos espirituales, por las abundantes vocaciones que llegaban, por la expansión a otros países y por dar forma jurídica a la Obra. Todo esto no fue tarea fácil, pero sabía que aunque su condición de mortal se lo impidiera, Dios seguiría obrando como hasta ahora había hecho desde la fundación en 1928. “¡Qué bueno es Dios!, ¡Gracias a Dios!” solía decir el Beato, consciente de que contaba con su ayuda.

Ordenación episcopal.

Ordenación episcopal.

Primer obispo prelado del Opus Dei
Tras varios años de incansable y arduo trabajo de información, estudio y oración con diferentes organismos de la Santa Sede; por fin se veía resuelto el problema del perfil jurídico de la Obra, situación que fue alargándose por diferentes motivos, a pesar de que el Papa Pablo VI avanzó mucho al respecto.

El Papa Juan Pablo II erigió como prelatura personal al Opus Dei el veintiocho de noviembre de 1982, de esta manera Dº Álvaro pasó a ser el prelado, padre de una gran familia extendida por todo el mundo. A pesar de que ya hacía las veces de un obispo, vestía una sotana parecida y llevaba una cruz pectoral, no fue hasta nueve años después cuando recibió la ordenación episcopal. El seis de enero de 1991 tuvo lugar esta ordenación en la Basílica de San Pedro. Este día renovó su servicio y adhesión a la Iglesia y al Papa; también empezó a vestir con la vestimenta propia de un obispo.

Contribución a la obra
Durante los diecinueve años que estuvo al frente del Opus Dei, fueron muchas iniciativas las que emprendió. Su espíritu misionero, su apostolado, su fidelidad al carisma y su confianza en Dios y la Santísima Virgen fueron sin duda su hoja de ruta. Impulsó el trabajo apostólico de la Obra, en más de veinte países donde antes no estaba presente. Países tan dispares entre sí como por ejemplo: Nueva Zelanda, Polonia, Nicaragua, Camerún, Taiwan, Hong-Kong, Jerusalén etc. Por sugerencia del Papa Juan Pablo II llevó estas tareas apostólicas hasta los países nórdicos, en los que, según el pontífice, no se estaba haciendo lo necesario por la Fe.

En sus viajes por todo el mundo alentaba a sus hijos a ser buenos cristianos en medio del mundo, sembradores de paz y portadores de Cristo. Gracias a sus visiones de futuro, estimuló varias iniciativas de carácter social, educativo y benéfico a nivel internacional: Universidad Pontificia de la Santa Cruz, el centro hospitalario de el Congo, el seminario internacional Sedes Sapientiae en Roma, el colegio eclesiástico internacional Bidasoa, el Centro de investigación médica de Pamplona, además de numerosas escuelas profesiones y proyectos de desarrollo de los pueblos más desfavorecidos de África. Todas éstas estaban puestas al servicio la Iglesia y diócesis particular. Todos los años, por Semana Santa, recibía a miles de jóvenes universitarios/as de las jornadas de UNIV, les decía que fueran siempre jóvenes como el Evangelio, que nunca envejecía.

El Beato con Eduardo Ortiz de Landazuri y su esposa Laura Busca. Ambos en proceso de beaticación.

El Beato con Eduardo Ortiz de Landazuri y su esposa Laura Busca. Ambos en proceso de beaticación.

También ayudó a la congregación de las Hijas de Santa María del Corazón de Jesús. A su fundadora y a las demás hermanas las ayudo en todo lo necesario para que estas fueran una propia congregación y tuvieran sus propias reglas aprobadas por el Vaticano. Las consideraba hijas suyas. Esto demuestra su amor y hermanamiento por todas las instituciones de la Iglesia.

Muerte
Tras una dilatada y fructífera vida dedicada por y para la Iglesia, Dº Álvaro ya sentía el cansancio de la edad. Salvo unas pequeñas operaciones, no había demostrado debilidad en la salud, al revés, era muy vital. Durante toda su vida se olvidó de sí mismo para el bien de los demás.

Llegado el año 1994, emprendió un viaje a Tierra Santa. Aquí pudo visitar a sus hijos, ver de primera manos los proyectos que se estaban llevando a cabo y sobre todo sumergirse en el recogimiento de los santos lugares por donde había vivido y muerto Jesús. El día veintidós de marzo celebró la misa en el Cenáculo, donde el mismo Jesucristo había instituido la Eucaristía, ésta sería, sin él saberlo, su última misa. Al día siguiente, veintitrés de marzo, regresó a Roma, y al llegar la madrugada se sintió molesto. A las cuatro de la madrugada de este mismo día moría repentina y santamente el siervo bueno y fiel. La causa fue un grave infarto.

Juan Pablo II velando el cuerpo del difunto Beato.

Juan Pablo II velando el cuerpo del difunto Beato.

Enterándose el Papa Juan Pablo II de esta noticia, dispuso lo necesario para ir hasta la iglesia prelaticia de Sta María de la Paz y rezar antes sus restos mortales. El mismo pontífice dijo haber perdido un amigo. En todo el mundo se celebraron misas por su alma y sus funerales estuvieron repletos de gente que quería darle el último adiós.

Beatificación
Si ya en vida se le consideraba un santo, imaginemos a su muerte. Numerosas cartas y solicitudes llegan de todo el mundo para que se abriese su causa de beatificación. Esta comenzó oficialmente en Roma en el 2004, diez años después de su muerte. El día veintiocho de junio de 2012, se promulgó el decreto de virtudes heroicas, declarándose así Venerable.

El Papa Francisco aprobó el milagro que sirvió para su beatificación el día cinco de julio de 2013, y así la beatificación se fijó el día veintisiete de septiembre de 2014. Esta ceremonia tuvo lugar en su ciudad natal, Madrid, en el parque de Valdebebas. 150.000 personas de todo el mundo se reunieron allí. Presidió la ceremonia el cardenal Amato y numerosas autoridades concelebraron. Los días posteriores se celebraron misas de acción de gracias en la romana Iglesia de San Dámaso, hasta allí se llevaron sus restos metidos en su ataúd, que fue exhumando y expuesto a la publica veneración durante unos días. Después se volvió a llevar hasta la cripta de la iglesia prelaticia y debajo de la misma lápida que en su día tapaba los restos de San Josemaría, permanece enterrado con un epitafio que, además de poner “BEATUS ALVARVS DEL PORTILLO”, pone “EL PADRE”.

Tumba del Beato Álvaro en la cripta de la iglesia prelaticia.

Tumba del Beato Álvaro en la cripta de la iglesia prelaticia.

El milagro que sirvió para beatificación, proviene de la curación inexplicable del niño chileno José Ignacio Ureta. El niño, siendo muy pequeño, sufrió una grave parada cardiaca seguida de una hemorragia interna. Sus padres acudieron a la intercesión de Dº Álvaro y al poco tiempo el pequeño volvió a normalidad sin secuela alguna ni efectos secundarios. Hoy, doce de mayo, se celebra por primera vez su fiesta.

David Garrido

Bibliografía:
Álvaro del Portillo, el libro de la beatificación, Ed. Palabra, 2014.
– COVERDALE, John F., Saxum: Vida de Álvaro del Portillo, Ed. Palabra, 2014.

Enlace consultado (10/05/2015):
– www.opusdei.org

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Beato Álvaro del Portillo, prelado del Opus Dei (I)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía del Beato utilizada para la beatificación.

Fotografía del Beato utilizada para la beatificación.

“Gracias, perdón y ayúdame más”.

Por primera vez, mañana, celebraremos la festividad del Beato Álvaro del Portillo, primer sucesor de San Josemaría Escrivá al frente del Opus Dei. Hay que dejar claro que su memoria se celebra mañana, y no el 23 de marzo como en algunas fuentes aparece. Este prelado madrileño mundialmente conocido fue beatificado en el mes de septiembre pasado. Sirvan estos dos artículos de hoy y mañana para conocer de cerca su vida y obra, su aporte a la iglesia universal desde la prelatura del Opus Dei.

Infancia
Álvaro del Portillo y Diez de Sollano nació el día once de marzo del año 1914, en Madrid. Sus padres, Dº Ramón del Portillo y su madre Dña Clementina Diez de Sollano (natural de México) fueron padres de otros siete hijos más, siendo Álvaro el tercero de los ocho. A los pocos días de nacer fue bautizado.

Su niñez fue igual a la de los demás niños, jugaba y a la par discutía con sus hermanos mayores. En la escuela primaria no destacaba por nada en especial, sus travesuras hacían desesperar a los profesores. Dº Ramón, su padre, siempre intentó darle la mejor educación posible, no era un hombre severo pero sí exigente. Dña Clementina era una mujer muy entregada a su numerosa familia, además de inteligente y piadosa. Ambos se preocuparon por formar humana y espiritualmente a sus ocho hijos.

En el madrileño colegio del Pilar, empezó el niño Álvaro a estudiar. Aquí permaneció ocho años cursando sus estudios. Era un estudiante sobresaliente y una cosa que lo caracterizaba era su buen comportamiento, amabilidad y ayuda a los demás compañeros que no iban tan aventajados. También le gustaba practicar barios deportes, esto lo heredó de su madre, ya que en México fue una excelente jinete. Los Hermanos Maristas, que eran los encargados del centro, lo recordarían siempre con gran cariño.

 Álvaro con el uniforme de la escuela de ingenieros, según la costumbre de 1944.

Álvaro con el uniforme de la escuela de ingenieros, según la costumbre de 1944.

El día doce de mayo de 1921, con siete años, recibe su primera comunión en la cercana parroquia de la Concepción de Nuestra Señora María. Su amor por la Eucaristía siempre lo acompañó. Sus familiares recuerdan cómo guardaba el ayuno eucarístico, aunque no se obligaba a los alumnos a asistir a misa, los Hermanos Maristas celebraban en la capilla del colegio todos los días. Álvaro prefería no desayunar con su familia y guardaba un pequeño pedazo de pan para después de comulgar.

Ingeniero
Terminado el Bachillerato elemental con calificaciones sobresalientes, el joven Álvaro se decidía a estudiar una ingeniería. No le resultaba fácil tomar la decisión, ya que estas carreras eran las más exigentes y costosas de aquellos años, también unas de las más prestigiosas. Con catorce años, en 1932 se decidió y empezó así una larga temporada de estudios, comenzando así los estudios de ayudante de Obras Públicas. Siguiendo estudiando y superados los exámenes, en 1935 termino esta carrera y empezó lo que era su vocación: ingeniería de Caminos. Mientras tanto, no dejó de frecuentar la misa diaria y por ese tiempo también participaba en una sociedad católica-juvenil de San Vicente de Paul. Aquí se dedicaba a diversas labores como catequesis, repartir limosna, repartir medicinas, organizar retiros etc. Un día, haciendo apostolado en una barriada chabolista anticlerical de Madrid, el joven Álvaro fue golpeado duramente con una llave inglesa en la cabeza. Tal acto a punto estuvo de costarle la vida. Cursando la carrera de ingeniero de caminos, canales y puertos; empezó a cursar otra de Filosofía y Letras. En 1941 terminó la ingeniería y en 1944 terminó Filosofía. Sus primeros trabajos fueron en el ministerio de Obras Públicas. Junto al de Derecho Canónico, obtuvo tres doctorados a lo largo de su vida.

Contacto con el Opus Dei
Mientras estudiaba y participaba de las actividades de la Sociedad de San Vicente de Paúl, un amigo suyo le propuso ir hasta la academia D.y.A (primer centro de formación para jóvenes estudiantes de derecho y arquitectura) donde el joven sacerdote Josemaría Escrivá impartía unas catequesis y retiro espiritual. Durante ese encuentro que tuvo lugar el día seis de junio de 1935, Álvaro del Portillo, escuchando la predicación, se convenció de que Dios lo llamaba para esa tarea de apóstol en medio del mundo, esto, sin ser consciente, ya lo hacía en su vida diaria. Al día siguiente pidió su admisión en el Opus Dei, que había sido fundado pocos años antes. Aceptada su solicitud, empezó una tarea de apostolado y trabajo magnifica, cosechando amistades y admiración de cuantos lo trataban. Josemaría Escrivá pronto delegó en él responsabilidades importantes y más que eso; su confianza.

Ordenación de los tres primeros sacerdotes del Opus Dei.

Ordenación de los tres primeros sacerdotes del Opus Dei.

Guerra Civil y sacerdocio
Como a tantos miles de personas, le tocó sufrir las consecuencias de la fatídica guerra. De un sitio para otro, tuvo que huir y refugiarse hasta en siete lugares distintos. Vivió por largo tiempo en la clandestinidad, hasta que fue apresado y encerrado en la cárcel de San Antón, donde estaba detenido su mismo padre sin él saberlo. Aquí recibió torturas de todo tipo, y todo porque su familia era católica. Liberado de la cárcel, se refugió en la embajada de México y al poco tiempo en la de Honduras, donde estaba refugiado Josemaría Escrivá. Junto a otros compañeros consiguió cruzar el frente y así poder ponerse a salvo. Sus conocimientos de ingeniería le sirvieron para ser escogido por el ejército e incluso nombrándole alférez del cuerpo de ingeniería. Su tarea consistía en ayudar a restablecer puentes y carreteras, de esta manera su vida no corrió peligro mientras duró la contienda.

Terminados estos duros años, volvió a Madrid y se reunió con su familia a excepción de su padre, murió a consecuencia de su encierro en la cárcel. Con la normalidad del día a día, retomó así sus estudios, el trabajo en el ministerio y su apostolado por toda España. Su colaboración con el Opus Dei y con Josemaría cada vez era más estrecha, poco a poco se convirtió en su más cercano y fiel colaborador. En el año 1943 fue enviado a Roma para tener una audiencia con el Papa Pío XII, para tratar asuntos jurídicos de la Obra. El Papa lo atendió con mucha atención y manifestó su interés por las explicaciones del ingeniero uniformado (así lo recordaba el Papa).

En una ocasión el Padre dijo a Álvaro que él podría ser un buen sacerdote, cualidades no le faltaban. Álvaro, que ya tenía su vida organizada y encauzada, se lo planteó seriamente y en su interior vio cómo Dios era el que lo llamaba a este ministerio. Decidido a dedicarse a las almas, él y otros dos jóvenes ingenieros empiezan sus estudios particulares y así, paso a paso, hasta el feliz día veinticinco de junio de 1944 que fue ordenado sacerdote por el obispo Leopoldo Eijo y Garay. Álvaro del Portillo, José María Hernández Garnica y José Luis Múzquiz fueron de esta manera los primeros sacerdotes ordenados del Opus Dei, a pesar que no se disponía aún de una forma jurídica concreta. El veintiocho de junio celebró su primera misa en el colegio del Pilar, donde había sido alumno.

Bendición del recien creado sacerdote al fundador.

Bendición del recien creado sacerdote al fundador.

Expansión del Opus Dei
Ya como sacerdote, permaneció al lado del fundador. Los otros dos sacerdotes se dedicaron a las tareas apostólicas en diferentes lugares y países. Como venimos diciendo, Dº Álvaro fue la mano derecha del fundador y como tal también pasó a ser su confesor. San Josemaría solía decir que había hijos a los que había buscado y rezado por ellos, pero a Álvaro se lo había puesto Dios. Valorando su fortaleza, fe, ayuda y fidelidad, le puso el cariñoso sobrenombre de “saxum” que significa roca o piedra.

Como el Opus Dei se conocía poco en España debido a los años de guerra y posguerra, emprendieron un intenso trabajo de apostolado por casi toda la península. En sus catequesis, reuniones, charlas, misas etc; se veía claramente como Dº Álvaro del Portillo se había entendido y hecho suyo el espíritu del la Obra, que era la santificación del trabajo profesional y los deberes ordinarios del cristiano en medio del mundo.

Pasados dos años de intenso apostolado por España, en 1946 vuelve a Roma para seguir tramitando con la Santa Sede las constituciones de la Obra. En gran medida, por consejo del obispo Montini (Pablo VI) trasladaron su residencia fija a Roma. Desde aquí empezó a extenderse este nuevo carisma al resto del mundo. Con la fundación del Colegio Romano de la Santa Cruz, en 1948, Dº Álvaro fue nombrado el primer rector. Su trabajo sencillo y eficaz hizo que lo nombraran secretario de una comisión, después consultor de otra, y así hasta colaborar en trece organismos diferentes en varios años.

Fotografía tomada junto a Juan XXIII, 1960.

Fotografía tomada junto a Juan XXIII, 1960.

Concilio Vaticano II
Abierto el Concilio Vaticano II el once de octubre de 1962, San Juan XXIII nombró a Álvaro como perito de algunas comisiones. El Beato Papa Pablo VI siguió confiando en él, y antes de clausurar el Concilio, le confió trabajos de mucha responsabilidad como consultor de la comisión postconciliar sobre los obispos y la diócesis. Sus esfuerzos por hacer lo mejor posible estos trabajos no pasaron desapercibidos para muchos de los padres conciliares. Estos mismos elogiaron su sabia, tenaz y responsable tarea. De todo lo aprendido en estos años del concilio, salieron ricas obras espirituales que demuestran su alto grado de amor por la Iglesia y por el ministerio sacerdotal.

Clausurado el Concilio y puestas las nuevas bases de la Iglesia Católica, San Josemaría y Dº Álvaro del Portillo emprendieron una larga serie de viajes apostólicos y peregrinaciones marianas por buena parte de España, Portugal, Italia, Argentina, México, Chile, Brasil y gran parte de América Latina. En esta vuelta al mundo visitaban las nacientes comunidades de miembros de la Obra, hacían apostolado y transmitían el espíritu y nueva doctrina del Concilio. Estos viajes tuvieron lugar durante los años sesenta y setenta, durante cuarenta años el joven y discreto Álvaro del Portillo había estado al lado del fundador, siendo su más cercano colaborador y el más fiel de sus hijos en muchos aspectos: espiritual, evangelización, gobierno, intelectual etc. A la muerte de San Josemaría, el veintiséis de junio de 1975, empezaba para Álvaro del Portillo una nueva etapa al frente del Opus Dei. Él, que había estado siempre humildemente a un lado, pasando desapercibido para el mundo, le tocaba ahora tomar el timón.

David Garrido

Bibliografía:
Álvaro del Portillo, el libro de la beatificación, Ed. Palabra, 2014.
– COVERDALE, John F., Saxum: Vida de Álvaro del Portillo, Ed. Palabra, 2014.

Enlace consultado (07/05/2015):
– www.opusdei.org

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es