Beato Ángel Darío Acosta Zurita, sacerdote y mártir veracruzano

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Estampa popular del Beato.

Estampa popular del Beato.

Entre los mártires de Cristo Rey que fueron beatificados el 20 de Noviembre de 2005, se encontraban diez seglares y tres sacerdotes, uno de ellos recién ordenado cuando por azares de la historia, le tocó sufrir el martirio mientras desempeñaba su ministerio sacerdotal. Cariñosamente llamado por los fieles como “el Padre Darío”, nuestro beato sigue siendo muy querido por los fieles de la diócesis de Veracruz. Hoy, realizando mi primera colaboración en este blog, me propongo dar algunas pinceladas sobre su vida, ya que en México sigue siendo muy desconocido.

Biografía
Ángel Darío Acosta Zurita nació el 14 de diciembre de 1908, en el municipio de Naolinco, Veracruz, siendo hijo de Don Leopoldo Acosta y de Doña Dominga Zurita; su nacimiento y su infancia se esconden en un completo silencio, realmente se sabe muy poco de ella, a excepción de algunos testigos que convivieron con la familia en su estancia en el pueblo.

El 23 de diciembre fue bautizado en la iglesia parroquial de San Mateo Apóstol por el señor Cura Ambrosio Díaz, siendo sus padrinos don Eliseo Pelayo y la señora Julia A. Dorantes; se sabe que a los seis años junto con su hermana María Elisa y otros niños del catecismo en la misma parroquia, hizo su primera comunión y posteriormente hizo su confirmación en manos del obispo San Rafael Guízar y Valencia durante una visita pastoral y misión a Naolinco.

La familia del Beato estaba conformada por él, su hermana Elisa, y sus tres hermanos Heriberto, Vicente y Leopoldo. Nada distinguía a Darío de los demás, tenía los rasgos de un verdadero mexicano. Según testigos que lo conocieron hablan de su “estatura regular”, que era “moreno” y que tenía “cabello semi-ondulado”. Dos compañeros del seminario hablaban de “que era de físico fuerte para jugar muy bien el futbol como defensa”, “fuerte de carácter, buen futbolista y capitán del equipo”. Sobre su personalidad y carácter “había nobleza en él” (Sra. Delfina Ojeda Vda. De Gómez), “se veía bondadoso”, “en plena juventud, extrovertido, de carácter afable y bondadoso, sencillo, servicial, cumplido con el reglamento del seminario” (Monseñor Lehonor Arroyo). (Datos tomados del libro Darío, joven mártir veracruzano de Yvon Langlois).

Beatificación de Mártires en el Estadio Jalisco, México.

Beatificación de Mártires en el Estadio Jalisco, México.

Su padre era carnicero de oficio, pero en la persecución religiosa, se apoderaron de su ganado, dejando a la familia en penurias económicas y al poco tiempo deprimido, falleció. Todavía Darío muy joven cuando tuvo que acompañar a su madre a Xalapa, para ganarse el pan de cada día, y trataba de ayudarla en los quehaceres de la casa, mientras en la iglesia, por un tiempo sirvió de acólito en la misa y en las ceremonias; se podía notar en él un fervor ingenuo y una piedad sincera.

Desde hacía tiempo deseaba ser sacerdote, y sentía en su interior la llamada de Cristo al ministerio sacerdotal; cuando Monseñor Guízar y Valencia vino a Naolinco a reclutar seminaristas para prepararle para el sacerdocio, el obispo no seleccionó al joven Darío, pues consideraba que por su juventud y por la situación económica que pasaba la familia, esta lo requería. La pena para él fue inmensa y se sumió en una depresión. Fue entonces cuando su madre, acompañada por el señor Cura Miguel Mesa, fueron a suplicar que lo aceptaran en el seminario; la nobleza del prelado y considerando la vocación seria del muchacho hizo que lo aceptaran, primero como alumno externo y más tarde, por su excelente conducta, consiguió una beca que le permitió ingresar formalmente como seminarista. Según testigos fue dedicado sobre todo a los estudios y a los ejercicios espirituales.

San Rafael Guízar fotografiado entre seminaristas.

San Rafael Guízar fotografiado entre seminaristas.

Pero la Iglesia vivía sus peores momentos en el país, pues como sabemos, el General Plutarco Elías Calles en su política anticlerical comenzaba a cerrar seminarios y templos. Los altos prelados decretaron la suspensión de cultos y parecía que se retrocedía en el tiempo y se volvía a la época de las catacumbas: los sacerdotes oficiaban la misa en casas particulares, algunos salieron exiliados, los que se quedaban andaban a salto de mata y si eran capturados eran asesinados. La actuación de los obispos era del todo confusas, cuando comenzó la guerra cristera algunos apoyaron a los rebeldes, otros condenaron los actos y algunos permanecieron neutrales.

El seminario se tuvo que mudar a una casa particular en la Ciudad de México, en el centro de Coyoacán, pero apenas los seminaristas habían sido instalados, las autoridades exigieron el desalojo del edificio. En 1927 el obispo los alojó en un edificio abandonado que servía como cine, siendo el único seminario que quedaba abierto en el país. Pero al asalto de dos trenes de pasajeros por parte de los cristeros provocó la reacción inmediata del gobierno, expulsando a los obispos con la acusación de responsabilidad. Monseñor Guízar también partió al destierro, temporalmente en Texas, dejando al padre Justino de la Mora como responsable.

Estampa contemporánea de San Rafael Guízar.

Estampa contemporánea de San Rafael Guízar.

Todo este tiempo Darío vivió en el anonimato junto a sus compañeros de clases mientras la tormenta de la persecución se iba agitando. En 1928 se comenzó a hablar con los obispos para llegar a un acuerdo pero el 17 de julio de ese mismo año fue asesinado el general Álvaro Obregón, presidente reelecto de la República y el 1 de diciembre fue elegido gobernador del Estado de Veracruz el general Adalberto Tejeda. Tras el diálogo con los prelados, se acordó la reanudación del culto pero el calvario estaba lejos de haber terminado, en especial en los estados de Tabasco, Veracruz y algunos casos aislados.

El seminarista Ángel Darío Acosta fue ordenado sacerdote en el estado de Veracruz a manos de San Rafael Guízar y Valencia el 25 de abril de 1931, su madre no pudo asistir a la ceremonia por encontrarse su hermano Vicente enfermo, pero asistieron sus hermanos Heriberto y Leopoldo. El 24 de mayo en la fiesta de Pentecostés cantó su primera misa y dos días después fue nombrado vicario de la parroquia (actualmente catedral y sede de la diócesis de Veracruz), no pudiendo desempeñar durante largo tiempo este nuevo ministerio porque dos meses después fue llamado al cielo, aunque según atestiguaron varias personas ante el tribunal eclesiástico “pasaba mucho tiempo en el confesionario”. Este caso nos recuerda al del Cura de Ars en su ministerio sacerdotal, celebraba la misa con mucho fervor pero no iba a pasar mucho tiempo antes de que llegara inminentemente el momento del martirio.

El 25 de julio su madre vino a visitarlo y llegaba en el momento en que el padre Darío celebraba la Eucaristía, no pudiendo quedarse largo tiempo porque tenía mucho trabajo ministerial. El gobierno de Tejeda se caracterizó por una continua hostilidad hacia la Iglesia, publicó la conocida como Ley Tejeda o ley 197, que reducía el número de sacerdotes en el estado, en Xalapa ocurrieron varios eventos trágicos; un ex-seminarista y fanático religioso de nombre José Ramírez intentó asesinar al gobernador y entonces. éste furioso, acusó a todo el clero del atentado y varios grupos de anticlericales atacaron las iglesias de la capital del estado con pistolas y machetes así como botes cargados de gasolina. Pero en el puerto de Veracruz no estaban al tanto de lo ocurrido en Xalapa y seguían en sus puestos. Ese día había más niños que nunca preparándose en el catecismo de la tarde: cuatro mil abarrotaban las naves de la iglesia.

Fotografía de San Rafael Guízar, ya como obispo. Museo de San Rafael Guízar. Fotografía: Enrique López-Tamayo Biosca.

Fotografía de San Rafael Guízar, ya como obispo. Museo de San Rafael Guízar. Fotografía: Enrique López-Tamayo Biosca.

El párroco Mora, los vicarios Landa, Rosas y el mártir estaban en sus puestos, cuando a las seis de la tarde aparecieron cuatro o cinco hombres (otros testigos hablan de diez) vestidos con gabardinas militares que comenzaron a disparar desde el comulgatorio. Al Padre Rosas no le pegaron porque se cubrió con el púlpito aunque no evitó ser rozado por una bala en la pierna. El padre Darío estaba dos o tres metros frente a ellos. La Sra. Delfina (una de los testigos) oyó muy bien lo que dijo él a aquellos hombres: “Si algo quieren conmigo, acompáñenme a la sacristía”. Antes de llegar le dispararon por la espalda y bañado en su sangre, exclamó “¡Jesús!”. Hubo una gran confusión, se escuchaban gritos de pánico y de horror y una testigo llamada Josefa Salum narraba: “Éramos como quince catequistas, sucedieron cosas horribles, balazos, Lucía Quiroga fue herida (ya falleció); la orden fue que todos los niños se tiraran al suelo. Un muchacho de la Acción Católica, le pegó un tiro en el fémur al tal Aguirre y por eso lo agarraron, hubo otro que agarraron y los llevaron a la policía pero los dejaron escapar”. Algunos niños se lesionaron al correr, por causa de los tropiezos hubo muchos heridos. El padre Landa fue herido y lo trasladaron al hospital, y el padre Darío estaba tendido con la boca abierta, el párroco apareció y pidió que a él lo mataran también pero los asesinos habían huido. El mártir tenía 23 años y solo dos meses había servido de vicario.

Al enterarse de lo ocurrido el obispo Guízar no tardó en protestar y envió una carta fulminante al gobernador: “Señor Tejeda: Ya Veracruz fue regada con sangre de Mártires, y en ella fructificará para que brillen la Verdad y la Justicia; y para la Religión, lejos de extinguirse en mi amada diócesis, con tal excelente poda brote con más vigor, a pesar de los esfuerzos de los tiranos que se estrellarán ante la roca inexpugnable de Dios”.

Ilustración del Beato Ángel Darío Acosta, en su atuendo sacerdotal.

Ilustración del Beato Ángel Darío Acosta, en su atuendo sacerdotal.

Veneración
El asesinato del padre Darío se propagó por toda la ciudad como una llamarada, todos condenaban el asesinato salvaje cometido por esbirros del gobierno estatal, de inmediato fue considerado mártir de la fe y venerado. Inicialmente fue sepultado en el cementerio municipal (lo que actualmente es Reino Mágico) y después sus restos fueron trasladados a la catedral.

El obispo (recién fallecido en 2013) José Guadalupe Padilla Lozano inició la Causa de beatificación, que llegó a su culminación con la ceremonia de beatificación el 20 de noviembre de 2005 en el Estadio Jalisco de Guadalajara, durante el pontificado de Benedicto XVI, encabezada por el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, el cardenal José Saraiva Martins.

René Alejandro

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Bibliografía:
– Langlois, Y., “Darío, joven mártir veracruzano”, 1999.

Enlaces consultados (12/01/2016):
– beatoangeldario.mex.tl/1323009_Vida-del-Beato.html
– www.santuariodelosmartiresdecristo.org/wp/beatos-martires

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Beatos Mártires de San Joaquín, México

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Dibujo a color de los Beatos Mártires de San Joaquín, México.

Dibujo a color de los Beatos Mártires de San Joaquín, México.

El 25 de abril de 1927, en el km. 491 de la vía del tren que va de León a Guadalajara, fueron fusilados dos sacerdotes: José Trinidad Rangel Montaño, Vicario de Silao, Guanajuato, Andrés Solá Molist, español de nacimiento y miembro de la Congregación de los Misionero Hijos del Corazón de María, fundada por San Antonio María Claret y el laico Leonardo Pérez Larios.

El 8 de Febrero de 1927 se expidió una orden en León, Guanajuato, de que todo sacerdote se debía presentar ante las autoridades el día 10, so pena de considerársele como rebelde; allí coincidieron el P. José Trinidad Rangel y el P. Andrés Solá en una casa donde también se hospedaba Leonardo Pérez, ambos sacerdotes hicieron íntima y franca amistad. El P. Solá ya estaba escondido desde el año de 1925, cuando se publicó el edicto que expulsaba a los sacerdotes extranjeros.

El Padre José Trinidad llamaba al P. Andrés “Señor Cura” y a sí mismo se tenía como su vicario. En esa casa, propiedad de las hermanas Josefa y Jovita Alba, celebraban misa, administraban los sacramentos y se resguardaban de la persecución. Al acercarse la Semana Santa, unas religiosas, las Hermanas Mínimas, pidieron un sacerdote para las celebraciones. Ellas vivían en San Francisco del Rincón, Guanajuato, una de las zonas más peligrosas por la lucha cristera. Esta misión se le encomendó al P. José Trinidad por parte del Obispado de León. Aceptó diciendo: “Aunque muera, ante todo está el cumplimiento del deber”.

El 22 de Abril de 1927, en la casa que se hospedaba se presentaron unos militares para registrarla. Él los recibió y atendió y fue por sus maneras humildes y sencillas que fue reconocido como sacerdote: “Tiene las trazas de cura, tiene el letrero en la frente” y fue aprendido. Fue llevado en un carretón de la basura a la estación del Tren en León.

Al día siguiente fueron apresados el P. Andrés Solá y Leonardo Pérez, siendo juzgados el día 24 por la tarde en un remedo de juicio que les acusaba del descarrilamiento del tren que iba a Guadalajara. El P. Andrés se defendió diciendo: “Señor General, séame lícito manifestar que no tengo más crimen que el de haber cumplido con mi deber de sacerdote y misionero. Sepan, pues, ustedes que tanto por eso como por ser extranjero, no me pueden fusilar”. El General le respondió: “También para los extranjeros tenemos balas”. Este militar, de apellido Sánchez, recibió del General Joaquín Amaro, Secretario de la Defensa Nacional y perseguidor furibundo de la Iglesia, un mensaje oficial que decía: “Lléveselos al lugar de descarrilamiento, fusílese a los tres y a los curiosos, escarmiénteselos y déjeles libres”.

Montaje de los Beatos Mártires de San Joaquín y la imagen de Cristo Rey de la Paz venerado en el Cubilete, México.

Montaje de los Beatos Mártires de San Joaquín y la imagen de Cristo Rey de la Paz venerado en el Cubilete, México.

Fueron llevados en tren en una góndola abierta, con una escolta de cinco soldados. Durmieron en Lagos de Moreno y el 25 reanudaron en la madrugada el camino hacia Encarnación de Díaz. El tren se detuvo en el km. 491 y a las orillas de las vías, exactamente en el lugar del descarrilamiento, en un lugar despoblado, perteneciente al Rancho de San Joaquín, fueron bajados. Los reos llegaron a un espacio donde había unos charcos de chapopote y en profundo silencio, luego de darse la absolución mutuamente y de dársela a Leonardo Pérez, reciben la orden de dar la espalda, se les hace la descarga y también el tiro de gracia. Los soldados despojan luego de las víctimas de sus pertenencias y posteriormente el oficial dio la orden a unos trabajadores ferroviarios de quemar los cuerpos. Eran las 8 y 52 minutos de la mañana del 25 de abril de 1927.

El P. Solá no murió inmediatamente, al acercárseles los trabajadores les dijo: “¿Qué va a hacer conmigo? ¿Ves a esos dos muertos a mi lado? Uno es sacerdote de Silao, de la Iglesia del Perdón y yo soy sacerdote español, de León. Somos dos sacerdotes que morimos por Dios, muero por Jesús”, luego le dijo que el otro señor no era sacerdote y que por favor los enterraran.

La agonía del Beato Andrés Sol fue tremenda, sobrevivió como dos horas en el charco de chapopote con fiebre, atormentado por la sed, no podía moverse ni tampoco salir. Ayudado por los peones, fue recostado en la hierba; la sed le devoraba y la calentura le consumía, varias veces pidió agua, a falta de vaso, le sirvieron en un plato de barro. En su agonía exclamaba: “Jesús mío, misericordia. Jesús, perdóname, Jesús muero por ti”. Falleció como a las doce horas.

En vez de quemar los cadáveres, los ferroviarios cavaron tres tumbas, poniendo piedras para señalar el lugar. Manuel Pérez Larios, hermano de Leonardo, obtuvo de las autoridades que fueran exhumados el 1 de Mayo y fueran sepultados en Lagos de Moreno, por ser el lugar más cercano. La madre del P. Rangel, al saber la triste noticia de la muerte de su hijo exclamó: “¡Dios me lo dio y él me lo quitó. ¡Hágase su Santa Voluntad! ¡Antes mártir que apóstata!”.

Fotografía del Beato José Trinidad Rangel.

Fotografía del Beato José Trinidad Rangel.

Cabe recordar que al hacer las averiguaciones, luego de cuatro días y a pesar de que había llovido, la sangre del P. Rangel estaba fresca. Las reliquias de los tres beatos reposan en un Santuario al pie de la Sagrada Montaña del Cubilete, dedicada a Cristo Rey, por quien sufrieron el martirio. A continuación se ofrece una semblanza personal.

Beato José Trinidad Rangel Montaño
Sacerdote de la Diócesis de León, Guanajuato; nació el 4 de junio de 1887, en Dolores, Hidalgo, cuna de la Independencia Nacional. Seminarista modelo, ejemplar en la piedad y en la disciplina, estudiante aplicado. Sobresalía en las virtudes de la humildad, la caridad y la obediencia; al ser ocupado el Seminario de León, tuvo la oportunidad de irse a estudiar a Estados Unidos, durante la Revolución Carrancista. A quienes lo intentaban desanimar por los peligros que podría pasar, les contesto: “Si Dios quiere que muera en manos de ellos, moriré, aún cuando no sea sacerdote, de modo que eso no es un obstáculo”.

Fue ordenado sacerdote el 20 de Abril de 1919 por el Obispo de León: Emeterio Valverde Téllez; fue vicario en varias Parroquias y luego Párroco de Jaripitío posteriormente, siendo vicario de Silao, fue enviado a la atención espiritual de una comunidad religiosa femenina en San Francisco del Rincón donde fue capturado.

Beato Andrés Solá Molist
Nación en Taradell, Barcelona, el 7 de octubre de 1895, hijo de Buenaventura Solá, y Antonia Molist. A los 14 años entra en el postulantado de la Congregación de los Misioneros del Corazón de María, en Vich. Fue ordenado sacerdote el 23 de septiembre de 1922, en Segovia. Su profesión religiosa la había hecho antes, el 15 de agosto de 1913.

Fotografía del Beato Andrés Sola Molist junto a una imagen del Inmaculado Corazón de María.

Fotografía del Beato Andrés Sola Molist junto a una imagen del Inmaculado Corazón de María.

Llegó a México el 20 de agosto de 1923 y lo primero que hizo fue visitar la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en el Tepeyac. Trabajó en la ciudad de Toluca y en 1924 fue enviado a León. Durante la persecución se ocultó, realizando su ministerio con mucho cuidado y a escondidas. No aceptó irse de México porque no quería dejar sin pastor a su grey. Fue detenido el 24 de abril junto con Leonado Pérez Larios.

Beato Leonardo Pérez Larios
Nació el 28 de noviembre de 1889, en la ciudad de Lagos de Moreno, hijo de Isaac Pérez y Tecla Larios. Recibió el Bautismo el 6 de diciembre siguiente y según se cree, hizo la Primera Comunión en Encarnación de Díaz, Jalisco.

Niño obediente con sus padres y muy bondadoso con todos. En su juventud se dedicó al comercio en León en el establecimiento de “La Primavera”. Era frecuente en la recepción de los sacramentos. Tenía el deseo de ingresar en un monasterio e inculcó estos mismos sentimientos a su hermano, que ingresó en el Instituto del Espíritu Santo.

Era muy devoto del Santísimo Sacramento y tenía un cariño muy especial a la Santísima Virgen María, a quien veneraba en una imagen de la Inmaculada Concepción en el Rancho de “El Saucillo”, donde habitualmente vivía. En lo que concretaba su afán de vida consagrada, vivió durante diez años en una pequeña comunidad que tenía la finalidad de preparar vocaciones juveniles a la vida consagrada. Fue muy fervoroso en la oración, nunca se le vio enojado, a pesar de las regañadas que le daban por cualquier descuido. Su patrón, muy descreído, dijo una vez: “Si hay cielo, Leonardo lo tiene”.

Viviendo hospedado en una casa de León, propiedad de las Señoritas Alba, una de ellas, Jovita, le escuchó decir en una ocasión: “Anhelo de veras ser mártir de Cristo Rey”. Fue capturado con el P. Andrés Solá el 24 de abril de1927, mientras participaban en una hora santa. Los soldados que lo detuvieron pensaron que era sacerdote, Leonardo les aclaró: “¡Sacerdote no lo soy, pero católico, apostólico y romano, eso sí!”.

Fotografía del Beato Leonardo Pérez Larios.

Fotografía del Beato Leonardo Pérez Larios.

Beato Ángel Darío Acosta Zurita
Nació en Malinalco, Veracruz, el 13 de diciembre de 1908. Fue bautizado en la iglesia parroquial de San Mateo Apóstol, el 23 de diciembre, con el nombre de Ángel Darío. Desde pequeño quedó huérfano de padre, y su madre, al quedar viuda, tuvo que hacer frente a la pobreza extrema en que quedó ella con sus cinco hijos.

Ingresó al Seminario luego de enfrentar algunas dificultades. Allí se le recuerda por su carácter ecuánime y caritativo, su dedicación al estudio y su sólida piedad. Tenía fama de ser excelente deportista. Le gustaba el futbol y fue Capitán del equipo por varios años. Fue ordenado sacerdote por San Rafael Guízar y Valencia el 25 de abril de 1931. Cantó su primera misa en la ciudad de Veracruz el 24 de mayo siguiente. Se le asigno como vicario de la parroquia de la Asunción en ese puerto. Se dedicó con empeño a la catequesis infantil y al confesionario. De una predicación se le recuerdan estas palabras: “Si Cristo sufrió tanto por nosotros en la cruz, es preciso que también nosotros suframos por Él”.

En el estado de Veracruz se promulgó el decreto 197, conocido como “Ley Tejada”, que reducía el número de sacerdotes en la entidad, para acabar con el fanatismo del pueblo; el mismo Gobernador amenazó de muerte a quien no se sometiera. El vendaval de la persecución rugía con gran violencia, y el párroco llamó en varias ocasiones a sus vicarios para manifestarles la gravísima situación en que se encontraba la Iglesia y el peligro constante que corrían sus vidas, por el simple hecho de ser sacerdotes, dejándoles en absoluta libertad de ocultarse, si así lo consideraban; o de irse a sus casas, si así lo deseaban. La respuesta que obtuvo de los tres fue siempre: “Estamos dispuestos a arrostrar cualquier consecuencia por seguir en nuestros deberes sacerdotales”. El 25 de julio siguiente era la fecha establecida para la aplicación de dicha ley. Era un día lluvioso y la Parroquia de la Asunción del Puerto de Veracruz, hoy Catedral, estaba repleta de niños que llegaban de los centros de catecismo acompañados por sus catequistas. También había muchos adultos que se querían confesar.

Ilustración del Beato Ángel Darío Acosta, en su atuendo sacerdotal.

Ilustración del Beato Ángel Darío Acosta, en su atuendo sacerdotal.

A las 18.10 hrs, varios hombres ingresaron en el recinto y sin previo aviso, comenzaron a disparar contra los sacerdotes. El P. Landa fue gravemente herido, otro, el P. Rosas, se libró al protegerse en el púlpito. En medio del caos suscitado, el P. Ángel salió del Bautisterio y fue alcanzado por uno de los proyectiles, muriendo instantáneamente, alcanzando a exclamar: “Jesús”.

Su obispo, San Rafael Guízar, escribió ese día: “En estos momentos, cuando lloro por la espada de dolor por tan enormes crímenes, los ángeles del cielo reciben el alma de este mártir con gran alegría, para colocarlo entre los héroes del cristianismo”.

Sus reliquias se veneran en la Catedral de la Asunción del Puerto de Veracruz, lugar donde trabajó escasos dos meses luego de su ordenación y donde testimonió con su muerte su fidelidad al Evangelio y su ministerio sacerdotal.

Beato José Sánchez del Río
En este grupo de mártires también fue beatificado este adolescente michoacano. Se remite al artículo ya publicado sobre él para quien quiera estar más informado sobre su vida y martirio.

Humberto

Bibliografía:
Beatificación de 13 mártires mexicanos. Libro de la Celebración.
Yo fui Testigo. María Luisa Vargas González
Testigos de Cristo en Jalisco. Colección de Testigos de Cristo en México Tomo V. Guillermo María Havers
Testigos de Cristo en México. V Centenario de Evangelización en América Latina. Guillermo María Havers
Derramaron su Sangre por Cristo. Tiberio Ma. Munari m.x.
Tierra de Mártires. Diócesis de San Juan de los Lagos.

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