Beatos franciscanos mártires de Murcia

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Foto del beato Antonio Faúndez López.

Foto del beato Antonio Faúndez López.

Entre los mártires que fueron beatificados en Tarragona el pasado 13 de octubre hay un nuevo grupo de mártires franciscanos (Frailes Menores, Frailes Menores Capuchinos y Franciscanos de la Orden Tercera). Ellos ofrecieron sus vidas como testimonio de su fe en aquellos años de la guerra civil española del pasado siglo.

En este artículo quiero escribir solamente sobre dos de ellos; de los demás, si Dios quiere, lo haremos en otros artículos. Me estoy refiriendo a los dos franciscanos del llamado proceso de la diócesis de Cartagena-Murcia, proceso iniciado en dicha diócesis y cuya validez jurídica fue reconocida por la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos mediante un decreto emitido el 5 de junio del año 1992. Se preparó la “Positio super martyrio” que fue votada favorablemente por la Comisión de teólogos el 25 de septiembre del 2009 y por los cardenales y obispos, el 16 de noviembre del 2010. Finalmente, el Papa Benedicto XVI autorizó la publicación del decreto reconociendo el martirio de estos siervos de Dios, el 10 de diciembre del mismo año.

Aunque en esta misma Causa iban incluidos dos sacerdotes diocesanos, los beatos Pedro Sánchez Barba y Fulgencio Martínez García, yo en este artículo, a fin de no hacerlo excesivamente largo, me voy a ceñir exclusivamente a los dos frailes franciscanos, basándome en datos de la propia “Positio”.

Beato Fray Antonio Faúndez López, sacerdote franciscano
Nació en La Hiniesta, un municipio de la provincia y diócesis de Zamora, el día 23 de julio del año 1907, siendo sus padres Jorge Faúndez y Eugenia López, que tuvieron seis hijos. Nuestro beato era el quinto de ellos y fue bautizado a los dos días de nacer en la parroquia de Santa María la Real, imponiéndosele el nombre de Miguel. En esa misma parroquia sería confirmado el 9 de junio de 1916.

Era un chaval muy dócil y muy piadoso y con sólo doce años de edad ingresó en el Colegio Seráfico (seminario franciscano) de Cehegín, en la provincia de Murcia. Realizó el noviciado en el convento de Jumilla tomando el nombre de Antonio y sus votos solemnes los emitió en el convento de Orihuela (Alicante) el día 15 de agosto del año 1928. Era amable, cariñoso y muy sencillo y cuando terminó sus estudios de filosofía y teología, fue ordenado de sacerdote el 8 de febrero del año 1931 en el mismo convento de Orihuela, donde permaneció dos años.

Ceremonia del traslado de los restos a la iglesia murciana de La Merced.

Ceremonia del traslado de los restos a la iglesia murciana de La Merced.

Fue destinado como profesor de literatura al mismo Colegio Seráfico donde él había estudiado, compaginando este trabajo de profesor, con su ministerio como sacerdote, dedicándose a la predicación, a la dirección espiritual e incluso llegando a ser el director de la Juventud Antoniana (movimiento juvenil franciscano), ejerciendo todas estas actividades con un gran espíritu de humildad franciscana y de caridad.

El día 11 de marzo del año 1936, los milicianos asaltaron el convento de Cehegín y desde este momento tuvo de vagar de un lado a otro a fin de ponerse a salvo. En un primer momento se fue al convento de Lorca y desde allí, el 23 de julio marchó al municipio murciano de Altobordo donde se dedicó a la predicación. Regresó a Cehegín, posteriormente se refugió en Orihuela y finalmente, en Bullas en casa de unos amigos.

La tarde del día 11 de noviembre de 1936, los milicianos fueron a buscarlo a aquella casa con el pretexto de llevarlo ante el Comité local. Como él se imaginaba a lo que se enfrentaba, solicitó la absolución al padre Fermín García, hijo del dueño de la casa donde se había refugiado. Una vez en la calle, viendo que no lo llevaban ante el Comité sino a otro lugar distinto para ser asesinado, salió corriendo con la intención de ponerse a salvo, pero gritando “Viva la Virgen del Rosario y Viva Cristo Rey. Los milicianos comenzaron a dispararle y alcanzado por las balas, cayó asesinado en las calles de la misma localidad de Bullas. Tenía 29 años de edad.

Foto del beato Buenaventura Muñoz Martínez.

Foto del beato Buenaventura Muñoz Martínez.

Beato Fray Buenaventura Muñoz Martínez, franciscano
Nació el día 7 de diciembre del año 1912, en el distrito de Santa Cruz, en el término murciano de Llano de Brujas, siendo sus padres Antonio Muñoz Sánchez y Josefa Martínez Navarro, matrimonio profundamente cristiano y que se dedicaban a la agricultura. Fue bautizado al día siguiente de su nacimiento y se le impuso el nombre de Baltasar Mariano.

Cuando sólo tenía dos años de edad murió uno de sus padres y tres años más tarde, también murió el otro progenitor, haciéndose cargo de la familia el hermano mayor, llamado Antonio, que apenas tenía quince años de edad. Aun así, creció como un niño sano de cuerpo y de espíritu, aficionado a las prácticas devocionales, a la ayuda en la parroquia y al rezo diario del rosario. Iba al colegio pero esto lo compaginaba con el cuidado de los animales que había en su casa. Cuando su hermano mayor se casó, Baltasar Mariano se fue a vivir con él.

Hizo la primera comunión, con ocho años de edad, el día 27 de junio del año 1920 y con catorce años ingresó en el Colegio Seráfico de Cehegín (Murcia) a fin de prepararse a la vida religiosa como fraile franciscano. En el año 1930 inició el noviciado en el convento de Santa María la Real de las Huertas, tomando el nombre de Buenaventura al mismo tiempo que vestía el hábito franciscano. En el noviciado fue un modelo de novicio.

En el mes de abril del año 1931 tuvo que dejar el convento y regresar con su familia a causa de los primeros problemas que tuvieron los frailes con los milicianos de la República. Aunque volvió en pocos días al convento, tuvo que abandonarlo definitivamente el 24 de julio recién estallada la contienda civil.

En la madrugada del 4 de septiembre fue arrestado en su propia casa en presencia de su familia y junto con el sacerdote diocesano Pedro Sánchez Barba, conducido al lugar donde fueron fusilados. Su cuerpo ensangrentado fue recogido por sus hermanos algunas horas más tarde. Tenía veinticuatro años de edad.

Sepultura definitiva en la iglesia de La Merced.

Sepultura definitiva en la iglesia de La Merced.

El sábado 19 de octubre del pasado año, una semana después de su beatificación, los restos de los dos mártires franciscanos fueron trasladados a la iglesia de la Merced de Murcia, donde definitivamente quedaron sepultados. Como dije al principio del artículo, estos datos han sido extraídos de la “Positio”.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es