Beato Augusto Czartorysky, presbítero SDB

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Fotografía del Beato.

Fotografía del Beato.

Introducción
El pueblo polaco ha dado muchos nombres e historias al santoral, desde San Estanislao, obispo de Cracovia y mártir, hasta los Beatos Mártires de la Segunda Guerra Mundial. La vida del Beato Augusto Czartorisky se ofrece como un ejemplo juvenil de renuncia al mundo y de la lucha por lograr alcanzar la vocación a que Dios nos ha llamado. Cuando San Juan Bosco convivía con sus muchachos, para llamar su atención y ganar su confianza, les llamaba de muchas maneras, entre ellas, señor marqués y otros títulos nobiliarios. Hacia la última etapa de su vida hizo algunos viajes fuera de Italia, entre ellos Francia en 1883. En París fue invitado por el noble polaco Ladislao Czartorysky, jefe de una de las familias nobles de Polonia en el exilio. En su hogar, Don Bosco celebró la misa y le ayudó en el altar el hijo del mencionado noble. Se trata de Augusto, que cuenta con 25 años. En la primera oportunidad que tuvo le dijo: “Señor Príncipe, hace tiempo que deseaba conocerlo”. Este muchacho, heredero de una de las familias más nobles y antiguas de Polonia, podría llegar a ser jefe de esa nación.

Infancia
Augusto es hijo del príncipe Ladislao Czartoryky y de la princesa María Amparo Muñoz de Vista Alegre, hija de la reina Cristina de Borbón y media hermana de la reina Isabel II. Nació en París el 2 de agosto de 1858 y recibió en el bautismo los nombres de Augusto Francisco María Ana José Cayetano. Pronto quedará huérfano de madre, que morirá en 1864 y quien además de heredarle la nobleza, le predispondrá a la misma enfermedad que le quitará la vida: la tisis. Ya desde este tiempo mostrará los signos latentes de esta enfermedad, por lo que su padre buscará el remedio mandándolo a vivir a distintas partes para buscar que el clima le restableciera la salud. Así conoció Pau, Montpellier, Roma, Polonia, África; mientras estudia francés y polaco. Cuando tiene 13 años hace la Primera Comunión en la iglesia parroquial de Sienawa, cripta familiar donde reposan los restos de sus abuelos y de su madre. La fiesta que se hizo para festejar este evento lo fastidió más que alegrarlo. A un sirviente de confianza le comentó: “¿No podrían dejarme solo en paz este día y en compañía de Nuestro Señor?”.

Fotografía del Beato en su juventud.

Fotografía del Beato en su juventud.

Un Beato animado por un Santo
En 1874 es un joven espigado y alto. Para educarlo, su padre lo puso bajo la tutela de un preceptor lituano polaco lleno de una calidad moral y muy notable por su vida santa. Se llamaba Rafael Kalinowsky. Tres años estuvo a su cargo. Luego el maestro abandonó el mundo e ingresó al Carmelo, donde se hizo Santo. Hoy lo conocemos como San Rafael de San José Kalinoswky. Con él leyó la vida de San Luis Gonzaga y de San Estanislao de Kostka, que prefirieron la vida religiosa a la política y la vida noble y; cuando su maestro murió para el mundo, Augusto pensó seriamente en hacer lo mismo.

Un destino con una mala salud
Su salud es precaria entonces y por invitación de su primo, el rey Alfonso XII, pasa a España buscando un alivio. Luego va a Davos, Nápoles, Capri, Asís, donde piensa más en el pobrecillo Francisco que en las prescripciones médicas. Luego va a Sicilia y después Normandía, hasta llegar al Sáhara. Allí conoció al obispo Lavigerie. En 1879 alcanza la mayoría de edad y recibe de su padre el depósito del patrimonio familiar. Un gesto simbólico, ya que él seguirá al frente de la familia. Además, tiene el alivio que del segundo matrimonio de su progenitor, con Margarita de Orleáns, han nacido otros dos hermanos con mejor salud que la suya.

Salesiano
En 1883 tiene su encuentro con Don Bosco, que desea enviar su Congregación a Polonia. En esta entrevista Augusto le comparte su deseo de ser carmelita como Rafael Kalinoswky, pero el Santo le aconseja que no se apresure y que medite muy bien acompañado de mucha oración. A partir de esta fecha se hace una profunda amistad por correspondencia entre ambos. Don Bosco le aconseja: “Si de verdad aspira al sacerdocio, debe renunciar a todos los mayorazgos, si su voluntad es fuerte, lo hará, pero si no está seguro, sebe secundar los planes de su padre y aceptar el mayorazgo”. Augusto es ya mayor de edad y sabe que tiene que tomar una decisión. Enfrentará todas las consecuencias y luego de un cierto tiempo, decide entregarse a Dios. En respuesta a una carta donde se le plantea a Don Bosco las necesidades de la juventud polaca, se le invita a mandar a sus hijos a ese país. El Santo responde: “Ya iremos, ya iremos cuando tengamos personal”, y luego arroja el anzuelo también a Augusto: “Señor Príncipe, hágase usted salesiano y luego abriremos una casa en Polonia”. Esto lo dice en broma, pues al parecer, Don Bosco se inclinaba porque el joven ingresara con los jesuitas. Sin embargo, Augusto decide ser salesiano. En julio de 1886, el príncipe Ladislao y su hijo se presentan en Valdocco. Ha tenido que vencer la oposición paterna, ha acudido al mismo Papa León XIII para conseguir que su padre diera el permiso y que Don Bosco dejara de titubear.

El Beato, de sacerdote.

El Beato, de sacerdote.

El 30 de julio de 1887, Don Bosco lo recibe en el aspirantado, y su noviciado lo comienza el 20 de agosto siguiente. Al entrar en el edificio lee un cartel que dice: “Dios, alma, eternidad”. Esa noche escribirá su impresión: “Eternidad. Qué poderosa es esta palabra. Se le debería escribir en todo lugar, en la fachada de todas las casa, al pie de los monumentos, en la portada de los libros”. El 31 de enero de 1888 muere San Juan Bosco, antes de que se termine su noviciado, y el Santo es sepultado en Valsálice, precisamente donde está él preparándose. Allí pasa largas horas orando ante su sepulcro. En la casa, conoció al Venerable Andrés Beltrami. Ambos desarrollaron una profunda amistad espiritual cuando Andrés cuidó a Augusto durante su enfermedad. A causa de la misma es enviado a la costa de Liguria, y aquí se enfrenta a los estudios de teología. El decurso de su enfermedad hace que la familia emprenda con mayor insistencia las tentativas de alejarlo de la vocación religiosa, pero Augusto se muestra feliz con la elección que ha hecho en su vida. El 2 de octubre de ese año profesa finalmente como salesiano. La noticia se conoce en Polonia a través del Boletín Salesiano. Al saberse este suceso, algunos jóvenes polacos van a Turín, queriendo seguir su ejemplo. Por fin es ordenado sacerdote el 2 de abril de 1892. Cuando fue ordenado, su familia estuvo ausente; habían hecho muchos esfuerzos para que él dejara la congregación. En su primera misa es ayudado por su hermano Vitoldo y les da la Comunión a su padre y su esposa Margarita. Esto supuso la renuncia de su padre a las aspiraciones dinásticas y a la reconciliación con su vástago.

Sin embargo, la enfermedad, que había cedido, se recrudece; y en la primavera de 1893 el novel sacerdote sabe que tiene que prepararse dejar este mundo con la alegría y facilidad que dejó el poder, el lujo y el trono. Muere en la noche del 9 de abril en Alassio. En Turín, el Beato Miguel Rúa celebra sus funerales, en los que participa su tía la princesa Marcelina Czartorysky. Al concluir la ceremonia, descubrió que habían presentes 120 jóvenes polacos, deseosos de imitar a su sobrino y llevar a Polonia el carisma salesiano. La espiga de Augusto, al morir, dio un fruto del 120 por ciento.

Sepulcro del Beato.

Sepulcro del Beato.

Culto
Sus restos fueron repatriados a Polonia y sepultados en la cripta parroquial de Sieniawa, junto a las tumbas de la familia, donde un día Augusto había hecho su primera comunión. Posteriormente sus restos fueron trasladados a la iglesia salesiana de Przemysl, donde se encuentran actualmente. Fue beatificado por San Juan Pablo II el 25 de abril de 2004 en Roma. Su celebración litúrgica se celebra el 2 de agosto, fecha de su nacimiento, puesto que la fecha de su muerte coincide con la Cuaresma.

Oración
Dios omnipotente y misericordioso, que llamaste al beato Augusto, sacerdote, a seguir las huellas de tu Hijo, que siendo rico se hizo pobre, concédenos, estimulados por su ejemplo y dóciles a la acción del Espíritu Santo, que sirvamos humildemente en los jóvenes más necesitados. Por Nuestro Señor Jesucristo…

Humberto

Bibliografía:
– BOSCO, Teresio, Familia Salesiana, Familia de Santos, Editorial CCS, 1998, Madrid, pp. 85-90.

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