Beato Ciríaco María Sancha y Hervás, cardenal fundador

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Retrato del Beato, revestido como arzobispo de Toledo. Fotografía: David Garrido.

Retrato del Beato, revestido como arzobispo de Toledo. Fotografía: David Garrido.

“Vivió pobre y pobrísimamente murió”.

Infancia
El niño Ciríaco nació en el pequeño pueblo burgalés de Quintana del Pidio, la mañana del 18 de junio de 1833. Era hijo de Dº Ambrosio Sancha y Dña Baltasara Hervás, ambos humildes trabajadores de la tierra. Al día siguiente fue bautizado con “el agua del socorro”, así se le llamaba a los bautizos que requerirán urgencia por la posibilidad del que el niño enfermase y muriera prematuramente. El nombre de Ciríaco le fue impuesto por el santo del día y más tarde él mismo se añadiría el de María por su devoción a la Virgen.

Con tan sólo 10 años pierde a su madre, y la felicidad del hogar se ve truncada por este motivo, que precipita a los demás familiares a emigrar y a trabajar en las duras faenas del campo. El día 13 de 1849 recibe la confirmación de manos del obispo de Burgos-Osma, y desde aquel momento empieza a sentir su vocación al sacerdocio.

Vocación
A la edad de 19 años, en 1852 fue admitido como seminarista en el seminario de Santo Domingo de Guzmán en Osma, gracias a la ayuda del párroco del pueblo, que veía en él a un santo sacerdote. En dicho seminario siempre destacó por su talento, amabilidad y cercanía con todos (cualidades que incrementaría con el paso de los años), con 25 años, fue ordenado sacerdote el 27 de febrero de 1858 y cantó su primera misa el 4 de marzo en la iglesia parroquial de su pueblo natal, Quintana del Pidio.

Siguió completando sus estudios teologales en la prestigiosa Universidad de Salamanca y desde allí, en 1862 se trasladó a Cuba, como secretario del arzobispo Primo Calvo y Lope, un burgalés, que había sido nombrado arzobispo de Santiago de Cuba y que conocía al joven Dº Ciríaco desde que era un seminarista.

Retrato del cardenal como arzobispo de Valencia.

Retrato del cardenal como arzobispo de Valencia.

Fundaciones y episcopado
Los pobres de bienes materiales y espirituales siempre fueron sus predilectos, en vista de las necesidades que vio en aquellas tierras, se comprometió con todos ellos desde el primer momento, movido por su ardiente caridad. Con la gente anciana y desprotegida, así como los niños y niñas abandonados llevó a cabo una labor asistencial y de atención en las necesidades más básicas, por ello se ganó el apodo de “padre de los pobres”. El 5 de agosto 1869 cumplió su sueño de fundar una congregación femenina de religiosas para el cuidado de huérfanos, inválidos y desamparados: la Congregación de Hermanas de los pobres inválidos y niños pobres, conocidas hoy en día como las Hermanas de la Caridad del Cardenal Sancha. Continuamente les decía a las primeras religiosas: “Quiero que mis religiosas sean el amparo de los pobres”. En la actualidad están presentes en 10 países.

Por defender su amor y fidelidad a la Iglesia y al Papa, estuvo 10 meses prisionero en las cárceles públicas de Cuba, su “delito”, oponerse al nombramiento como obispo que el gobierno español dio a un sacerdote de dudosa conducta moral, sin el debido consentimiento y aprobación de la Santa Sede. Allí se dedicó a evangelizar a los presos, hasta tal punto de ser para todo ellos un verdadero y respetado amigo.

Regresó a España en 28 de mayo de 1876 por haber sido nombrado obispo auxiliar de Toledo, con sede en Madrid. Recibió la ordenación episcopal el 12 de marzo del mismo año, de manos del cardenal Moreno y Maisanove. Seis años más tarde fue nombrado obispo residencial en Ávila, ejerciendo como obispo de esta ciudad, y para dar oportunidad de realizar su vocación religiosa a jóvenes carentes de recursos económicos fundó en Tiñosillos, el 5 de octubre de 1884, la Primera Trapa Femenina de España. Trasladado dos años después a Madrid en 1886 tras el asesinato de su primer obispo, monseñor Martínez Izquierdo. Allí su tarea no fue para nada fácil, ya que tuvo que poner en funcionamiento la recién creada Diócesis de Madrid-Alcalá y apaciguar los ánimos de odio a la Iglesia e ideas cismáticas que se estaban levantado. Siendo obispo de esta naciente diócesis, en 1888 convocó con gran existo el primer Congreso Católico Nacional para estrechar los vínculos de los cristianos y obispos divididos por cuestiones políticas. Divisiones, que como años más tarde diría; apenaban su alma en lo más profundo, pero que afrontó con valentía y ecuanimidad.

Fotografia del Beato junto al también beato y cardenal Marcelo Spinola.

Fotografia del Beato junto al también beato y cardenal Marcelo Spinola.

Gracias a su infatigable labor y apadrinamiento se fundaron varios institutos religiosos: las Trinitarias de Madrid, Religiosas de María Inmaculada (co-fundadas por Santa Vicenta María López de Vicuña), las Damas Catequistas (actualmente Instituto Catequista de la Beata Dolores Sopeña), todas al servicio de los pobres, de las sirvientas, campesinos y obreros.

Cardenalato
En 1892 fue nombrado arzobispo de Valencia, presidiendo esta archidiócesis recibió el nombramiento de cardenal, por parte del Papa León XIII, el día 18 de julio de 1894, siendo el purpurado número 96 de su pontificado y recibiendo el titulo de Cardenal Presbítero de San Pietro in Montorio. Aquí en Valencia, se sintió muy querido y poco a poco se extendía su fama de santo, gracias a las iniciativas y reformas que emprendió, como la celebración del Congreso Eucarístico Nacional en Valencia, elevación a Universidad Pontificia del seminario de Valencia, su interés especialmente de la formación de los sacerdotes, la puesta en marcha y creación de asociaciones e instituciones religiosas; produciendo con todo esto una gran renovación. Cabe destacar su intensa labor a favor de los obreros, en colaboración con el padre Vicent, sacerdote jesuita, fundó el Consejo Nacional de las Corporaciones Católico-Obreras y en 1894, organizó desde Valencia una peregrinación nacional de unos 18.000 obreros a Roma para agradecer al Papa León XIII su solicitud por la Justicia Social.

En 1898, fue trasladado a Toledo como Arzobispo Primado de España y Patriarca de la Indias (título aparejado al de Primado). Tomó posesión del cargo el 5 de junio. Se distinguió como hombre de Dios, apóstol incansable, de una fe inquebrantable, pastor ejemplar, humilde, sencillo, cercano, solidario; era sumamente comunicativo, trataba con todas las clases sociales sin distinción; desde los vendedores ambulantes y niños callejeros hasta las más altas personalidades. Para todos tenía consejos oportunos; palabras de aliento y de consuelo. Llevó a cabo una intensa labor pastoral y social entre los más necesitados, en tiempos de especial dificultad política y escasez de alimentos. A él se le atribuyen también los primeros movimientos encaminados a la unidad de los católicos.

La desorientación de la Iglesia española en estos años era muy grande. Conocedor de esta sitación, el Beato Cardenal Sancha reaccionó a tiempo, exhibiendo una vez más su inquebrantable fidelidad a la Santa Sede. Prueba de esto fue poner al frente del seminario de Toledo, que se encontraba en lamentable estado, al Beato Manuel Domingo y Sol y a su Hermandad de Sacerdotes Operarios; que cosecharían grandes éxitos. El seminario formó parte de sus desvelos más continuados y consiguió imprimir un nuevo estilo de sacerdote: de profunda y recia espiritualidad, de una sólida formación intelectual y humana, enmarcado todo ello en un estilo sencillo y de gran amor a la Iglesia.

Primer tapiz del Beato, utilizado para la beatificación.

Primer tapiz del Beato, utilizado para la beatificación.

La realidad social, política y eclesial que se encontró en Toledo era de enorme decadencia. Trabajó con especial celo social y espiritual de sus fieles. Como hemos dicho, colaboró decisivamente  en  la  fundación  de  las  llamadas  Damas  Catequistas,  que desempeñaron  una  gran  actividad  evangelizadora  en  la  capital  y  distintos pueblos  de  la  diócesis,  en  el  mundo  obrero  y  carcelario, cosechando abundantes  frutos  de  conversión.  La  reinstalación  de  los  jesuitas  en Toledo  sirvió  para  dar  un  nuevo  vigor  a  todas  estas  obras.  Igualmente impulsó  el  sindicalismo  de  inspiración  católica. También promovió la fundación de periódicos católicos que, fieles a las orientaciones del Papa y de  los obispos, sirvieran para crear un clima de conciliación en un país turbulento por un cúmulo de ideologías.

Coincidiendo con sus últimos años de vida, en 1907 convoca la primera  Asamblea  de  los  Obispos  españoles  con  el  objetivo  de  tratar proyectos  comunes,  sentando  el  precedente  más  importante  de  las futuras  Conferencias  de  metropolitanos  y  de  la  actual  Conferencia Episcopal  Española.  Una  nueva  generación  de  obispos, más  libre  de ataduras  políticas  y  más  unida  a  la  Santa  Sede  que  a  los  gobiernos  de turno,se abría camino en España. Todos los esfuerzos emprendidos por el cardenal en su dilatado ministerio episcopal, no  exento de pocos  sinsabores  procedentes  de  sus  hermanos  obispos,  por  fin daban sus frutos en esta archidiócesis y en España. También se dejó ver como “político”, fue senador en las legislaturas 1887-1888 (por derecho como obispo de Madrid) y 1893-1894 (por derecho propio).

Aún hoy su recuerdo es imborrable en Toledo, porque se le recuerda como uno más, y no como una autoridad distante. Son muchas las anécdotas que han quedado para el recuerdo, como por ejemplo; sus paseos por la ciudad rodeado de una algarabía de niños que metían las manos en los bolsillos de su sotana para sacar dulces, o sus recorridos con una carreta por los barrios más pobres para repartir desde mantas, almohadas, sartenes o harina.

Muerte y proceso de canonización
En la vida de Beato Ciríaco Sancha la oración tenía un lugar muy especial; vivía en continua comunicación con Dios. Amaba la Eucaristía y solía pasar muchas horas ante Jesús Sacramentado. Confiaba plenamente en la Divina Providencia, en todo buscaba la gloria de Dios, tenía la certeza de su presencia y cercanía, siendo éste el secreto de su paz interior, de su profunda alegría y de su ánimo estable en cualquier circunstancia.

Vista de los restos mortales, de la cruz pectoral y el anillo cardenalicio, despues de la exhumación en el año 2009.

Vista de los restos mortales, de la cruz pectoral y el anillo cardenalicio, despues de la exhumación en el año 2009.

Contaba 76 años de edad cuando el 25 de febrero de 1909, moría santamente en la ciudad del Tajo, a consecuencia de un heroico acto de caridad con los pobres. Y es que el día previo a su muerte, día de nieve, repartió casa por casa ropa entre los más pobres. Por este motivo sufrió un severo enfriamiento. El cabildo catedralicio, por unanimidad, escribió en la lápida de su tumba esta inscripción: “Con celo de ardiente caridad se hizo todo para todos. Vivió pobre y pobrísimamente murió”. Esta lápida fue sufragada en parte por todos los pobres de Toledo, como muestra de gratitud. Estos pobres se quedaron huérfanos, y en general todo el país que lloró su perdida. El gobierno de la nación mando un sentido pésame con estas palabras que lo describen así: “Un corazón todo afecto y caridad; ésa era la mayor fuerza de su espíritu”.

En el año 2006, el Papa Benedicto XVI lo declaró Siervo de Dios, y tres años después se aprobó el milagro para su beatificación, que fue la curación milagrosa de un tumor maligno en el oído de una señora de la Republica Dominicana. Durante el año 2009, centenario de su muerte, se realizaron distintos actos en su memoria. El 18 de octubre de este mismo año se celebró la beatificación en la Catedral Primada de Toledo, durante una solemne misa presidida por el Prefecto para la Causa de los Santos y Legado Pontificio, y concelebrada por el arzobispo de Toledo y entre otros muchos Cardenales y Obispos de distintos países. El papa Benedicto XVI lo definió en la Carta apostólica para la beatificación como “infatigable testigo de Cristo, padre de los pobres y servidor de la unidad de la Iglesia”. Su festividad litúrgica quedó establecida para su celebración el día 25 de febrero, día de su fallecimiento.

Urna-relicario del Cardenal Sancha. Capilla de San Pedro, Catedral de Toledo, España. Fotografía: David Garrido.

Urna-relicario del Cardenal Sancha. Capilla de San Pedro, Catedral de Toledo, España. Fotografía: David Garrido.

Las reliquias del Beato Cardenal Sancha fueron exhumadas de su sepultura primitiva y, tras la ceremonia de beatificación, fueron depositadas en una urna de plata que se colocó bajo el altar de la capilla de San Pedro del templo Primado, ya que fue voluntad del Beato que se le enterrase en la nave de la catedral frente a la puerta de acceso a la citada capilla, como signo de su filial adhesión al sucesor de Pedro.

David Garrido

Enlaces consultados (04/10/2014):
– www.architoledo.org
– www.osma-soria.org/pdf/cardenal_sancha/biografia_sancha.pdf
– www.periodistadigital.com/religion/espana/2009/10/18/beatificado-en-toledo-el-cardenal-sancha.html
– www.residenciavdvalmojado.com/beato.php

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