Beato Domingo Iturrate Zubero, OST

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía del joven padre Domingo.

Fotografía del joven padre Domingo.

Infancia
En una humilde familia de labradores de Dima (Vizcaya), nacía el día once de mayo de 1901 el niño Domingo. Fue el primogénito de una numerosa familia de once hermanos, formada por Dº Simón y Dña Marta. Al día siguiente fue bautizado en la iglesia de San Pedro, recibiendo el nombre del santo del día, como se acostumbraba. Durante sus primeros años destacó por su docilidad y obediencia a las tareas que sus padres y profesores le confiaban, sus más allegados coincidían en que era un niño noble y pacífico. A los diez años hizo la primera comunión, y dos años más tarde recibió la confirmación de manos del Sr Obispo de Victoria.

Desde muy pequeño, antes incluso de recibir la primera comunión, asistía a misa casi a diario y ayudaba al sacerdote como monaguillo. Aquí conoció a Jesús sacramentado y cada día que asistía al divino sacrificio estaba más convencido de que su destino era ser sacerdote y servir a la Iglesia. Tal era su deseo, que no tardó mucho en verlo cumplido. El día treinta de septiembre de 1914, con tan sólo trece años ingresó en el seminario trinitario de Algorta, antes había intentado ingresar en los Franciscanos de Aránzazu. En los años de aspirantado no destacó mucho, aunque muchos de sus entonces compañeros coinciden en destacar sus virtudes y sus “luchas” de espíritu, y es que a lo largo de su vida se mostró siempre discreto, en un segundo plano.

Vocación
Acabados sus años de aspirantado y ya madurado su deseo de ser sacerdote de la Orden de la Santísima Trinidad, llega hasta el convento de los Trinitarios de la Bien Aparecida (Santander) para iniciar su noviciado. Durante este año que duró el noviciado, hasta que profesó el día 14 de diciembre de 1918, siempre lo recordará como un año de intensas vivencias en Dios. Su total y dispuesta entrega al espíritu religioso trinitario le hacen ganarse el apodo de “santito”. Sus superiores le tienen una gran estima, uno de ellos afirmaba: “Llegará un día en que nuestro Fray Domingo será algo grande y extraordinario”.

Estampa devocional del Beato trinitario. Fuente: samuelmiranda.com

Estampa devocional del Beato trinitario. Fuente: samuelmiranda.com

No todo fue un camino de rosas, el Beato Domingo del Santísimo Sacramento, durante este período, sufre en su vida espiritual, lo que a su vez muchos santos han sufrido; la noche oscura. En sus apuntes personales escribe sobre el estado por el que pasa su alma y lo afligido que se encuentra por ello, mortifica su cuerpo, recurre al cielo y acude al patrocinio de la Santísima Virgen. El día de su profesión cesa esta noche oscura y desde entonces recibe el don de la tranquilidad, la paz interior y serenidad.

Terminado el noviciado en Santander, es seleccionado para cursar unos estudios en Roma. Se establece en el convento de San Carlino y estudia filosofía y teología en la Pontificia Universidad Gregoriana. Aquí permaneció durante siete años, donde con muchos esfuerzos vio terminadas ambas carreras con doctorado, su obsesión era “ser apto instrumento de Dios en la salvación de las almas”. Consiguió la máxima puntación y hasta recibió una medalla por excelente conducta de aplicación.

Durante estos siete años de estancia en Roma, en aquel austero convento se forjó la personalidad de un Santo. Recibió varios cargos, como el de maestro de estudiantes y celador de novicios. En sus horas libres de estudio tuvo tiempo de conocer a muchas personas destacadas de la curia, como por ejemplo el cardenal Salotti. También en estas horas que no estaba estudiando ayudaba al cocinero del convento, al sacristán, a los alumnos menos aventajados, pero sobre todo a los enfermos que eran sus predilectos. A estos les curaba, los asistía,les acompañaba al médico y hasta les compraba las medicinas. Viéndose capaz de atender a los más necesitados, surgieron en su alma los deseos de ser misionero en América. Pidió permiso a sus superiores para emprender este camino, pero por desgracia no pudo ver realizadas estos nobles deseos. A sus compañeros decía: “¡Quién tuviera la dicha de ir a esas regiones a llevar la Fe de Cristo!”.

Estampa devocional del Beato y firma del mismo.

Estampa devocional del Beato y firma del mismo.

Sacerdocio
En 1925, Año Santo de la Redención, después de recibir meses antes el subdiaconado y el diaconado, finalmente el nueve de agosto de ese mismo año, en la Basílica romana de los Doce Apóstoles recibe la ordenación sacerdotal, era la meta que desde hacía años deseaba alcanzar. Ese día el Beato Domingo escribe a sus padres que están en España: “He sido constituido mediador entre Dios y los hombres. ¡Sean felices y mil veces las familias que entre sus miembros tienen un sacerdote que intercede por ellos! ¡Felices los padres que en su vejez, cuando ven cercana la muerte, puedan decir: ¡Tengo un hijo sacerdote que ofrece sacrificios por mí! ¡Qué consuelo sentirán entonces en sus almas!”.

Un año más tarde se prepara muy costosamente para los exámenes finales del doctorado. No le resultaba fácil estudiar, ya que afloraban los primeros síntomas de su enfermedad, pero como no le gustaba dejar nada improvisado o incompleto, siguió constante en este su deber de sacar adelante las últimas pruebas. Este debilitamiento físico no pasó desapercibido para ninguno de los que lo conocía, a pesar de esto, aprobó con excelentes calificaciones, “probatus cum laude”, y con tan sólo 25 años, el Beato Domingo era Doctor en Filosofía y Teología.

Enfermedad y muerte
En los últimos meses que estuvo en Roma, se sentía fatigado y aquejado de diversas molestias, que se fueron incrementando por sus largas jornadas de estudio y trabajo. Se le diagnosticó una pleuritis que más tarde derivaría en una severa tuberculosis. Los mismos médicos que lo atendieron le recomiendan su vuelta a España. A pesar de encontrarse tan enfermo, pasaba horas velando el Sagrario y celebrando misa con el permiso de sus superiores, que al verlo tan fatigado, pensaban que en una de estas celebraciones moriría. En una ocasión dijo estas palabras al padre provincial: “Padre Provincial, es increíble el tesoro de gracias que se obtiene con la celebración de una sola Misa”; éste, emocionado por estas palabras, accedió a dejarle celebrar la misa, que pudo celebrarla a duras penas.

Estampa moderna del Beato Domingo.

Estampa moderna del Beato Domingo.

El cinco de septiembre de 1926 regresa a España y aquí es examinado por tres prestigiosos doctores, que después de estudiar el caso, llegan a la decisión de no poder operarlo quirúrgicamente por el debilísimo estado físico en el que se encontraba. En Yurre (Vizcaya) permanece tres meses convaleciente y aquejado de múltiples dolores, mientras tanto, sus padres y hermanos no dejan de visitarlo, pero lejos de preocuparlos por su dolor, les consuela hablando de la santidad, la voluntad de Dios y la pureza de alma. Es consciente de que se acerca su inmediato final.

Más tarde es trasladado a Madrid con la esperanza de que pueda hacer algo por atajar su avanzada enfermedad, el doctor Collar es el encargado de examinarlo, sin mucho éxito como se esperaba, y este doctor, al volver a su hogar, expresó: “Vengo de visitar a un santo. ¡Qué resignación la suya! Es como un San Luis Gonzaga. En su aspecto físico no se le adivina la enorme tragedia de su enfermedad… tiene destrozados los dos pulmones. Se trata de una tuberculosis doble, avanzada e incurable”. Haciendo caso a los consejos médicos, fue enviado el veintiocho de septiembre de 1926 al convento de Belmonte (Cuenca), aquí encontraría un clima diferente. El Beato Domingo del Santísimo Sacramento, al llegar y ver este convento, dijo a sus acompañantes: “Aquí dormiré y descansaré”.

Cuatro meses después de ingresar, casi moribundo, en este convento trinitario de Belmonte (Cuenca), empieza su empeoramiento físico y, por consiguiente, su agonía. Aunque su inacción era total, dentro de esta enfermedad se santificaba día tras día. Daba gracias a Dios por lo que le exigía en la enfermedad, eran mucho mayores las gracias que le había concedido. El seis de abril de 1927 su estado se agravó. Con el rosario en la mano recibe la extremaunción y pide perdón a los que le acompañaban, se encontraba tranquilo, soportando santamente la voluntad de la Santísima Trinidad. Eran las cinco de la mañana del día siete de abril de 1927, y el Beato Domingo del Santísimo Sacramento moría santamente como hijo fiel de la Iglesia. Tenía tan sólo 26 años.

Al día siguiente se celebraron sus funerales, que fueron numerosos en asistencia. Los que lo acompañaban eran conscientes que había muerto un santo. El epitafio de su austera tumba decía: “Todo lo hizo bien”.

Vista de la urna-relicario del Beato. Fotografía cortesía de los Trinitarios de Algorta.

Vista de la urna-relicario del Beato. Fotografía cortesía de los Trinitarios de Algorta.

Proceso de beatificación
En septiembre de 1948, veintiún años después de su muerte, sus restos mortales son trasladados desde el cementerio de Belmonte a la iglesia conventual de los PP. Trinitarios de este mismo pueblo donde murió. A este acto asistieron seis mil personas. En la nueva lápida había esta inscripción: “Fue dechado de perfección religiosa; angelical en su pureza; encendido de celo por la gloria de la Santísima Trinidad; devotísimo de la Madre de Dios; extremoso en la caridad con su prójimo; fiel imitador de Cristo crucificado; dotado por Dios de gracias muy singulares”.

Finalmente y de forma definitiva, dieciséis años después de la última exhumación, la urna de plata con sus reliquias fueron llevadas a la nueva iglesia del Santísimo Redentor de Algorta (Vizcaya). Aquí fue depositada esta urna en la parte izquierda de la iglesia. En este mismo lugar, en un ambiente de absoluto recogimiento, acuden a diario cientos de personas a visitar sus reliquias, que están depositadas bajo el altar de esta capilla.

En la diócesis de Vitoria, desde 1928 a abril de 1981 se fue celebrando el proceso informativo sobre su fama de santidad. Entre los años 1932 y 1935 se fue celebrando otro proceso similar en Roma. La introducción de la causa de beatificación y canonización se lleva a Roma en el año 1958. En 1964 se dan por válidos estos procesos. Casi veinte años después, en 1980 se aprueban sus virtudes heroicas y es declarado Venerable. Finalmente es proclamado Beato por el Papa San Juan Pablo II, el día treinta de octubre de 1983 junto a los beatos Giacomo Cusmano y Geremía de Valacchia.

David Garrido

Bibliografía:
– FUENTES, Manuel, OST, La voluntad de ser santo: Beato Domingo Iturrate Zubero, trinitario.
– IGARRI, S.C.L., Vivencias del padre Domingo Iturrate Zubero.


O radix Jesse,
Qui stas in signum populórum,
Super quem continébunt reges os suum,
Quem gentes deprecabúntur:
Veni
Ad liberandum nos, iam noli tardáre.
Oh retoño del tronco de Jessé,
Que te alzas como un signo por los pueblos,
Ante quién los reyes enmudecen,
Y cuyo auxilio imploran las naciones,
Ven
A librarnos; no tardes.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es