Beato Felipe Rinaldi, SDB

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El Beato en una fotografía coloreada usada como estampa para su beatificación.

El Beato en una fotografía coloreada usada como estampa para su beatificación.

Introducción
La Congregación Salesiana tiene como objetivo la formación y educación de los jóvenes. Este carisma, nacido en la vida y obra de San Juan Bosco, se ha trasmitido generacionalmente y para que su espíritu subsistiera, hombres cercanos al santo fundador, que vivieron a su lado, que conocieron su obra, que sintieron su afecto, han transmitido su aliento y por ello ocuparon en su momento el cargo de Rector Mayor dentro del Instituto. Si el fundador es santo, necesariamente este estilo de santidad lo ha transmitido a sus primeros colaboradores y sucesores, tal como se transmite un apellido. De esta manera, nuestro Beato ha desarrollado un estilo propio pero siendo una impronta del Padre y Maestro de la Juventud.

Infancia
Nació el 28 de mayo de 1856 en Lu Monferrato, provincia de Alessandría, Italia, hijo Cristóbal y Antonia, es el penúltimo de nueve hemanos. Con cinco años de edad conoce a San Juan Bosco, que hace una visita a su pueblo natal, acompañado de una chiquillada bulliciosa que se tornó silenciosa y orante al ingresar al templo del lugar. Desde entonces, la familia Rinaldi tuvo contacto con el santo educador. Con diez años cumplidos, ingresa a estudiar al colegio fundado por Don Bosco en Borgo San Martino, distante a unos seis kilómetros, asistiendo solamente una temporada, pero siendo un periodo suficiente para despertar su interés en Don Bosco.

Juventud y vocación
Don Bosco le echó el ojo y lo hizo su amigo. Lo buscaba para sembrar en él grandes ideales, insinuándole la vida sacerdotal. Pero él no cedía. Siempre evasivas, miedo, testarudo: “Salesiano sí, sacerdote no”. Ponía de excusa su salud, a lo que San Juan Bosco le dijo con seriedad: “Tus cefaleas desaparecerán y siempre tendrás vista suficiente para cumplir con el cargo”. A final de cuentas el santo ganó la batalla y con 20 años cumplidos Felipe Rinaldo aceptó el proyecto de Don Bosco. Ingresó a un seminario de vocaciones tardías que el propio Don Bosco había abierto en Sampierdarena.

Aplicado en el estudio, con una brillante formación, sobresalía por sus cualidades morales. Estimado por los superiores y con ascendencia extraordinaria con sus condiscípulos. En el verano de 1877 inicia el noviciado y el 20 de octubre de 1878 recibe del Fundador la sotana. Entonces fue maestro de canto, asistente general de los connovicios, profesor de Latín. Fue ordenado presbítero el 23 de diciembre de 1882, celebrando su primera misa en la intimidad del noviciado. Su segunda misa la celebró en su pueblo, asistido por Don Bosco. Su primer destino es una nueva fundación en Mathi Torinese y un año después a la Iglesia de San Juan en Turín.

Fotografía del Beato.

Fotografía del Beato.

Salesiano
Con 27 años, es un hombre con buen juicio, dinámico, prudente y muy humilde. En una ocasión platicaba con el Beato Miguel Rúa, por entonces Vicario General: “Padre, seré el hombre de sus desilusiones, no de sus esperanzas.” Y el Beato le respondió. “No soy yo quien te ha nombrado, es Dios quien te manda”. Compartía el tiempo en el aula y la predicación parroquial, encargado de la administración doméstica, cultiva el espíritu de familia, siempre con alegría, ilusionado en la formación de apóstoles y misioneros, siempre bajo la sombra de Don Bosco, a quien visitaba constantemente y con quien convivió familiarmente hasta su muerte en 1888.

España
El año de la muerte de Don Bosco será el que marque su destino como responsable de la casa de Sarría en Barcelona, obra fundada por San Juan Bosco en su visita a este lugar. Aprendió muy bien el español para desempeñar su función en este lugar, pues se quiso hacer español con los españoles. Se ganó a pulso su cariño y pudo con soltura predicar desde el púlpito en la lengua de Cervantes, de quien era ferviente admirador. Entusiasta del Quijote, cuya lectura era obligada en sus viajes: “Le enseñaba mucha filosofía práctica y sobre todo, el arte de comprender y tratar a los hombres y de gobernar a los súbditos que Dios le daba”. Son sus palabras.

El flamante director se encontró con un panorama de la obra nada bueno. Falta de disciplina, talleres subutilizados, la falta de maestros y técnicos hacía que los sacerdotes y clérigos suplieran sus funciones con las consecuencias imaginables. El alumnado descendía y los bienhechores menguaban. La obra iniciada por Don Bosco se iba a pique y este escenario fue el aterrizaje de Felipe Rinaldi, que decidió renovar la obra. Se hizo querer por todos y pronto estallaron los primeros brotes vocacionales. Pronto Sarrià irradiaba y de todos lados se demandaba la presencia de los salesianos. Al respecto el Beato dirá: “Yo no sabía que España fuese tan amante de los salesianos. En todas partes nos quieren, en todas las ciudades nos ofrecen casas”.

El Beato de pie, fotografiado junto al Beato Miguel Rúa.

El Beato de pie, fotografiado junto al Beato Miguel Rúa.

La razón era un buen alumnado, talleres con artesanos profesionales, obras de apostolado admiradas, un noviciado ejemplar, el prestigio docente, todo agrupado en torno a la devoción de María Auxiliadora, fomentada en su iglesia. A resultas de todo esto, en 1892, Don Felipe Rinaldi se erigió en la primera la Provincia de España. Será el primer Padre Inspector con una duración de nueve fecundos años, en los que recorrerá la península fundando, aconsejando, despertando vocaciones, estimulando, organizando, administrando. Durante su gestión se abrirá una veintena de casas en España, llenándolas de vocaciones nativas. Igual expansión tuvieron las Hijas de María Auxiliadora, entonces bajo la jurisdicción provincial del Inspector. Excelente organizador, ante una clausura de una obra dirá: “Cerrar no cuesta nada, pero cuesta mucho reabrir”. Hombre de oración, humilde, nunca tuvo repugnancia por hacer tareas humildes. Combinó la tarea administrativa con la pastoral, el púlpito y el confesionario con los hospitales, las aulas con la formación juvenil masculina y femenina. Atendiendo a Directores y responsables de Obras siempre pedigüeños y con problemas a cuestas. Siempre con tranquilidad y benevolencia, amable e imperturbable. Sereno y tranquilo. Comprensivo, paternal, caritativo. Su secretario recuerda que era enemigo de condenar y castigar. Todas las cartas que dictaba para reprender o castigar, luego de hechas, las guardaba en su escritorio un par de días, luego las revisaba y corregía para bajar el tono.

Una obra que tomó muy a pecho, como Director, luego como Inspector y también como Superior General fue la construcción del templo votivo expiatorio del Tibidabo. Presidió la colocación de la primera piedra en 1902 cuando ya era Prefecto en la Curia General (colaborador inmediato de la primera autoridad).

Rector Mayor
El 4 de abril de 1922 tuvo una mudanza administrativa. Fue el tercer sucesor de Don Bosco y cuarto Rector Mayor de la Congregación Salesiana. Pronto se diría de él: “El Rector Mayor es un verdadero Don Bosco”. “Tiene la paternidad de Don Bosco, la observancia de Don Rúa y la piedad de Don Albera”. “De Don Bosco, a Don Rinaldi, sólo le falta la voz”.

Durante su Rectoría, tuvo una atención particular al mundo misionero. Y aunque no le gustaba viajar porque no le agradaba el tren o los barcos, hacía constantes visitas. Tenía una vocación evangelizadora. Visitó Italia, Polonia, Austria, Hungría, Alemania, Francia y España.

El Beato fotografiado en 1922, cuando lo reeligieron Neo-Rector de los Salesianos, tercer sucesor de San Juan Bosco.

El Beato fotografiado en 1922, cuando lo reeligieron Neo-Rector de los Salesianos, tercer sucesor de San Juan Bosco.

Un espíritu entregado totalmente a su vocación y lleno de trabajo abundante, tanto, que pronto se desgastó. Sus malestares comenzaron en agosto de 1928. Se dio cuenta de la gravedad de su salud y reflexiona: “Me he hecho viejo, debo olvidarme de la tierra”. A pesar de las prescripciones médicas, se desplaza a Valsálice y viaja a Niza para reunirse con Inspectores y Directores que están en ejercicios espirituales. En 1929 va de mal en peor, se le prohíbe escribir, leer y salir a la calle. En 1930 su corazón seguía en rebeldía. La vida se le escapaba. Pensó incluso en renunciar, pero no pudo, habría de morir con el timón en las manos. Hacia noviembre de 1931 tuvo una notable pero traidora mejoría. En ton de broma decía: “Con un secretario a cada lado y con tanto timbre, me marcharé sin que se den cuenta”. Y así sería. En diciembre el anciano religioso perdía el sueño y el hambre. Y exteriorizaba: “Muy bien, ya no sirvo para trabajar, sirvo para hacer rezar”. Ya no se levantaba de la cama. El 5 de diciembre comulgó temprano y luego se sintió con ánimos de escuchar misa. El doctor, al verlo tan animado, lo felicitó y le dijo: “A este paso pronto podrá celebrar y hasta hacer un viajecito en tren”. Al poco rato los sorprendió sentado en su despacho, en actitud orante, los ojos cerrados, la cabeza ligeramente inclinada, la frente pálida. Realmente se fue en silencio.

Durante su rectorado hubo un cuarto de millón de fundaciones, más de cuatro mil salesianos nuevos, una expansión notable de las misiones de la Congregación, un crecimiento de los Oratorios Festivos, la promoción de la prensa católica y muchas cosas más. “Consciente de la formación de los laicos, cuidó su organización y su formación espiritual, siguiendo criterios modernos al servicio de la educación cristiana de los jóvenes y de las clases populares”. (San Juan Pablo II).

Fundador
Es fundador del Instituto Secular de las Voluntarias de Don Bosco, que agrupa a laicas consagradas, inmersas en su trabajo entre la gente, a través de tareas profesionales, particularmente el trabajo educativo y social, presentes entre los jóvenes más pobres. No viven en Comunidad, pero viven en comunidad de vida. Este Instituto es de categoría secular y de derecho pontificio. Tiene su sede en Roma. Las integrantes viven solas o con su familia y se encuentra periódicamente con sus hermanas para dialogar, ayudarse y formarse. No tienen ni vida en común ni obras apostólicas comunes, como escuelas, oratorios, etc; cada una de ellas, atenta a la voluntad de Dios y a los desafíos del ambiente en donde vive, se compromete con creatividad y disponibilidad a construir un mundo más humano y a anunciar a Cristo con su vida.

Sepulcro del Beato.

Sepulcro del Beato.

Cuando Don Rinaldi inició el primer grupo de laicas consagradas salesianas fue el 20 de mayo de 1917 y en la Iglesia no existía nada oficialmente reconocido. Pero los santos saben captar los signos del Espíritu y en 1919 las primeras siete jóvenes consagraban su vida a Dios. Intuyó y recorrió un camino que conducía a la secularidad consagrada y al hacerlo tomó un ideal no realizado por Don Bosco y le dio forma. Después de la muerte de Don Rinaldi en 1931, las consagradas se quedaron sin guía, pero siguieron siendo fieles a su vocación, manteniendo encendido “el fuego bajo las cenizas”. En 1956 se reanudó un camino de nueva vida y de fortalecimiento. En 1978 el Instituto de las Voluntarias de Don Bosco (VDB) fue reconocido como Instituto Secular de Derecho Pontificio.

Beatificación y culto
Fue beatificado el 9 de abril de 1990 por el Papa San Juan Pablo II. Su celebración litúrgica para la Congragación Salesiana es de Memoria y para el Instituto Secular de “Voluntarias de Don Bosco” es de Fiesta.

Himno de laudes
Hay quien hereda blasones,
cunas altas o dinero,
mas tú, Felipe, heredaste
el corazón del maestro.
Como un río que a la orilla
del mar hace testamento,
no permitiste que el suyo
lo diluyera el océano.
Ver tu rostro es ya sentir
que nos sales al encuentro,
porque lo tuyo es ser padre,
y del padre, los desvelos.
Tus ojos, sin ver, ya van
apresurando el consejo,
y tu sonrisa ya espera
desde muchísimo tiempo.
Felipe Rinaldi, tú
que encarnaste aquel modelo,
haz de nuestro corazón
prolongación de su ejemplo.
Que vayamos por el mundo
suscitando amor y aliento,
con la sonrisa en los labios
y los brazos siempre abiertos. Amén
.

Humberto

Bibliografía:
– DE ECHEVERRÍA, Lamberto; LLORCA, Bernardino; REPETTO BETES, José Luis; Año Cristiano XII Diciembre, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 2006, pp. 162-173.
Liturgia de las Horas, Oficios Salesianos. Editorial Velar, Direzione Genarale Opere Don Bosco, 1995, p. 342.

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