Dos beatos sacerdotes mártires murcianos

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Estampa del Beato Pedro Sánchez Barba.

Estampa del Beato Pedro Sánchez Barba.

El pasado día 29 de enero publicamos un artículo sobre dos frailes franciscanos, martirizados en 1936 y beatificados el pasado día 13 de octubre. En su misma Causa iban incluidos estos dos sacerdotes de la diócesis de Murcia, martirizados también en aquellas fechas y sobre los que no escribimos a fin de no alargar en exceso el artículo; pero lo haremos hoy y basándonos en las mismas fuentes, o sea, en la “positio” de la Causa. Estos dos sacerdotes son: los beatos Pedro Sánchez Barba y Fulgencio Martínez García.

Beato Pedro Sánchez Barba
Nació el día 1 de julio del año 1895 en una Hacienda murciana llamada “Llano de Brujas”, siendo sus padres José Sánchez Sánchez y Encarnación Barba Sánchez. Al día siguiente de su nacimiento, festividad de la Visitación de Nuestra Señora, fue bautizado en la iglesia de Nuestra Señora de las Lágrimas, en Baena. Recibió la confirmación el día 13 de julio de 1898.

Como sus padres eran unos piadosos cristianos, creció en un ambiente propicio como para que muy pronto aparecieran los primeros signos de su vocación hacia el sacerdocio. Entró en el seminario murciano de San Fulgencio, en el cual se ordenó en el año 1919. Sus primeros destinos fueron el de ecónomo del propio seminario, administrador del diario “La Verdad” y animador de la “Confederación Católica Agraria”.

En el año 1931 fue nombrado párroco de la iglesia murciana de San Bartolomé, una de las más importantes de la ciudad. Allí dejó muy buen recuerdo pues se dedicó plenamente a su ministerio sacerdotal, atendiendo las necesidades de sus feligreses, dedicándose especialmente a los pobres y a los jóvenes y fundando varias asociaciones de seglares, entre ellas la Acción Católica. Tuvo fama de buen predicador.

Ingresó en la Tercera Orden de San Francisco de Asís, llevando siempre el escapulario y el cordón de la Orden y distinguiéndose por el espíritu de pobreza franciscano. Cuando se iniciaron los primeros disturbios en el 1936 y los primeros atentados a los templos y casas religiosas, él, a fin de evitar que su parroquia fuese incendiada, montaba guardia por la noche en el interior de la misma, acompañado por algunos jóvenes de la Acción Católica.

Sarcófago donde se encuentran los restos del Beato Pedro Sánchez Barba en su parroquia murciana de San Bartolomé.

Sarcófago donde se encuentran los restos del Beato Pedro Sánchez Barba en su parroquia murciana de San Bartolomé.

En la noche del 3 al 4 de septiembre, los milicianos lo apresaron en su propia casa parroquial, junto con su hermano Fulgencio, el cual intentó protegerlo engañando a los milicianos, cosa que no consiguió. Fue conducido, junto con su hermano y con el beato franciscano Buenaventura Muñoz, al lugar donde fue fusilado y allí quisieron que se declarase fascista. Él respondió: “De fascistas no tenemos nada. Conmigo, como sacerdote que soy, haced lo que queráis, pero dejad libre a mi hermano, para que cuide de mi madre enferma, pues es el único apoyo que le queda”. Inmediatamente fueron fusilados los tres aunque, milagrosamente, Fulgencio sobrevivió, siendo testigo del martirio de su hermano y de Fray Buenaventura. Sus restos descansan en su parroquia.

Beato Fulgencio Martínez García
Nació en Rivera de Molina (Murcia), el día 14 de agosto del año 1911, siendo el hijo primogénito de Fulgencio Martínez Bernal y Emérita García García, los cuales lo bautizaron al día siguiente, festividad de la Asunción de María, en la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús.

Su ambiente familiar era también muy cristiano y ya con solo cinco años de edad manifestaba su deseo de ser sacerdote. Fue confirmado el día 13 de enero del 1919 por parte del obispo de Cartagena-Murcia, don Vicente Alonso Salgado. Ese mismo año, el 29 de mayo, realizaría su primera comunión.

Estampa del Beato Fulgencio Martínez García.

Estampa del Beato Fulgencio Martínez García.

Tenía un tío materno que era sacerdote y a través de él entró en el seminario de Murcia, dando pruebas que presagiaban que sería un santo sacerdote. Entre los años 1933-1934 tuvo que realizar el servicio militar, lo que fue terrible para él, no sólo por el hecho de tener que coger las armas, sino por el ambiente moral con el que se encontró. Estos contratiempos le dieron más fuerzas en sus convicciones religiosas. Fue ordenado de sacerdote el día 15 de junio del año 1935, siendo su primer destino la rectoría de La Paca, en los campos murcianos de Lorca. Allí estuvo sólo un año, pero dejó un buen recuerdo entre sus feligreses, los cuales empezaron a frecuentar la iglesia nada más verlo llegar y actuar.

El 18 de julio de 1936 fue arrestado junto con otros dos sacerdotes. Los llevaron a la cárcel de Lorca y los declararon prisioneros políticos. El 28 de septiembre fue trasladado a Murcia a fin de que fuese juzgado por un tribunal popular que se había constituido en la iglesia de San Juan, transformada en cárcel. El viernes 2 de octubre fue condenado a muerte con la falsa acusación de haber afirmado: “Ya ha caído el gobierno de los traidores”, aunque la verdadera causa era su condición de sacerdote. Cuando al día siguiente le comunicaron la noticia, se mostró sereno y feliz por poder dar su sangre en defensa de su fe.

El día 4, escribía a sus padres: “No sufran ustedes por mi muerte, ya que me siento muy honrado por morir por Cristo. Voy contento a la muerte, ofreciendo mi vida en reparación por mis pecados y para que pronto termine este luto que está ensangrentando a España. Que mi sangre sea semilla de nuevos cristianos y sirva para regenerar nuestra tierra”. Conducido al campo de tiro de Espinardo, se negó a que le vendaran los ojos y de frente al pelotón de fusilamiento, murió gritando “Viva Cristo Rey. Está sepultado en la parroquia de Ribera de Molina (Murcia).

Urna con las reliquias del Beato Fulgencio Martínez García en la parroquia de Ribera de Molina (Murcia).

Urna con las reliquias del Beato Fulgencio Martínez García en la parroquia de Ribera de Molina (Murcia).

Como señalé en mi artículo anterior, el proceso fue iniciado en la diócesis de Cartagena-Murcia, cuya validez jurídica fue reconocida por la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos mediante un decreto emitido el 5 de junio del año 1992. Se preparó la “Positio super martyrio” que fue votada favorablemente por la Comisión de teólogos el 25 de septiembre del 2009 y por los cardenales y obispos, el 16 de noviembre del 2010. Finalmente, el Papa Benedicto XVI autorizó la publicación del decreto reconociendo el martirio de estos siervos de Dios, el 10 de diciembre del mismo año.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es