Beato Juan de Fiesole (Fray Angélico)

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Retrato del Beato en un fresco de Luca Signorelli.

Retrato del Beato en un fresco de Luca Signorelli.

Hoy celebramos su festividad. ¿Quién no conoce la maravillosa obra pictórica de Fray Angélico? Yo creo que cualquier persona medianamente culta, más de una vez se ha extasiado ante una pintura de este fraile dominico que vivió a caballo entre los siglos XIV-XV. Pero, ¿conocemos su persona, su santidad de vida? Eso ya es harina de otro costal y eso es lo que modestamente vamos a intentar esbozar en el día de hoy.

Se llamaba Gil y nació en la localidad florentina de Vicchio di Mugello en el año 1387. Tuvo un hermano más pequeño llamado Benedicto y una hermana llamada Francisca. Su familia se marchó a Florencia y fue en aquella maravillosa ciudad donde Gil tuvo sus primeros contactos con los talleres artísticos. No se tienen muchas noticias sobre el ambiente en el que se desenvolvía su familia ni la formación humana y religiosa que recibió, pero allí en Florencia conoció al beato Juan Dominici y este le hizo enamorarse de la espiritualidad dominicana, por lo que, con veinte años de edad y acompañado de su hermano Benedicto, tomaron los hábitos en el nuevo convento reformado de San Domenico, en Fiesole, localidad y cabeza de una diócesis situada a menos de diez kilómetros de la capital. En este convento se sometió a la observancia de la Regla, hizo el noviciado y al realizar la profesión religiosa cambió su nombre de pila por el de Fray Juan de Santo Domingo.

Ya en este convento, mientras se preparaba para el sacerdocio, compaginó sus estudios de filosofía y teología con lo que en él era una vocación innata – la pintura -, por lo que dentro del convento creó un estudio de arte. Allí pintó los famosos cuadros de la Anunciación y de la Coronación de la Santísima Virgen con la intención de adornar los altares laterales de la iglesia conventual. El primero de estos cuadros se encuentra hoy en el Museo del Prado de Madrid y el segundo, en el del Louvre en París. De este último – el de la Coronación de la Virgen -, dice Vasari: “Entre todas las cosas que hizo fray Juan, mostró toda la grandeza de su virtud en una tabla, en la cual Jesucristo corona a nuestra Señora en medio de un coro de ángeles y entre una multitud infinita de santos y santas, todos tan bien hechos y con tan variadas actitudes que al mirarlos, se siente un verdadero placer y dulzura. Todo el colorido de esta obra parece ser hecha por las manos de un santo o de un ángel y es por esto por lo que siempre se le ha llamado a este buen religioso Fray Juan Angélico”.

El Beato pintado por Lorenzo Buti (1590). Convento de Santo Domingo, Fiésole (Italia).

El Beato pintado por Lorenzo Buti (1590). Convento de Santo Domingo, Fiésole (Italia).

Debido a diversos problemas eclesiásticos, tuvo que seguir el devenir de su joven comunidad, viéndose obligado a establecerse en Foligno en el año 1409 y en el convento de Santo Domingo en Cortona. Estos traslados los puso en contacto con la región de Umbría, lo que influyó de manera decisiva en su formación artística.

En el año 1418, los frailes de Fiesole pudieron retornar al convento de San Marcos de Florencia, donde tuvo como prior y maestro a San Antonino Pierozzi, donde terminó sus estudios eclesiásticos y se ordenó de sacerdote. En dicho convento pintó los célebres frescos del claustro y de la sala capitular, compaginando la pintura con las tareas administrativas del convento. Pintó asimismo en el convento de Santa María Novella y en su antiguo convento de Fiesole, donde entre otras obras, realizó el tríptico en el que se representa a la Virgen con el Niño circundada por ocho ángeles, y en los laterales, por los santos Bernabé y Tomás de Aquino, Domingo de Guzmán y Pedro de Verona. Serafino Razzi nos dice que admirándolo Miguel Ángel, exclamó: “¡Seguro que este hombre santo ha visto cómo se hizo el cielo!”.

Cuando en el año 1436 los frailes de Fiesole obtuvieron definitivamente este convento de San Marcos, encargaron a Fray Angélico la realización de un gran cuadro para el altar mayor y le dieron la tarea de pintar al fresco todos los recintos conventuales. Él pobló las austeras paredes con visiones de otros mundos: en el claustro pintó un gran Crucifijo con Santo Domingo a sus pies, sobre la puerta del hospicio pintó a Cristo vestido de peregrino, en la puerta de la sacristía un San Pedro mártir, en la sala capitular el gran fresco de la Crucifixión… en el rellano de la escalera que subía a las celdas de la parte superior ejecutó una “Anunciata” a la que puso la siguiente frase: “Virginis intactae cum veneris ante figuram, praetereundo cave ne sileatur Ave” (Cuando llegues ante una imagen de la Virgen intacta, ten cuidado, no pases de largo sin rezar un Avemaría). Estos fueron los primeros de tantos maravillosos frescos pintado por Fray Angélico en los que invocaba con su pincel, de manera inimitable, todos los misterios de la vida de Cristo y de los santos.

Escultura del Beato con la paleta y los pinceles. Duomo de Santa Maria Nascente, Milán (Italia).

Escultura del Beato con la paleta y los pinceles. Duomo de Santa Maria Nascente, Milán (Italia).

Durante los nueve años en el que estuvo pintando en el convento de San Marcos de Florencia, o sea, desde el 1436 al 1445, tuvo numerosos encargos por parte de los cartujos, franciscanos, camaldulenses y benedictinos. A todos los atendió y esta actividad, que era cada vez más intensa, hizo que fuese más conocido y que se extendiera su fama de artista. En el 1445, el Papa Eugenio IV lo llamó a Roma para que pintara la capilla del Sacramento del Palacio Apostólico, que fue destruida posteriormente en tiempos de Paolo III para construir la Sala Regia. Fue entonces cuando el Papa le propuso nombrarle arzobispo de Florencia, cargo que él rechazó a favor de San Antonino Pierozzi, que como he dicho antes, fue su prior en el convento.

A este período en el que estuvo trabajando en el Vaticano pertenece un episodio que nos ha llegado a través de la pluma del padre Girolamo Borselli, quién hablando sobre la modesta simplicidad del fraile pintor, nos cuenta que un día el Papa, invitándole a comer le dijo: “Querido Fray Angélico, hoy quiero que descanses, que no trabajes tanto y que te sientes a comer conmigo un poco de carne”, a lo que Fray Angélico, que era un riguroso cumplidor de la Regla dominicana y que había prometido no comer carne sin la autorización de su prior, le contestó: “Beatísimo Padre, no puedo hacerlo porque no tengo el permiso de mi prior”. El Papa, sonriendo, le dijo: “No te preocupes, que yo te dispenso”. En el Vaticano aun permanecen los frescos que pintó en la capilla del Papa Nicolás V, con las historias de San Esteban y San Lorenzo, en los que se aprecia que Fray Angélico se vio influenciado por la fastuosidad de la Curia y de la ciudad de Roma.

En el 1446, dejó el Vaticano a fin de pintar, junto con otros artistas, los frescos que decoran la capilla della Madonna de San Bricio en la Catedral de Orvieto. Trabajar en esta ciudad de la región de Umbría fue para Fray Angélico como un necesario paréntesis que le sirvió para serenarse y escapar del ambiente de Roma. Cuando volvió a la ciudad eterna continuó con los frescos de la capilla del Papa Nicolás V, obra que finalizó en el año 1449.

Icono griego del Beato portando una imagen de Santa María Magdalena.

Icono griego del Beato portando una imagen de Santa María Magdalena.

En el año 1450, coincidiendo con la muerte de su hermano Benedicto, regresó a Fiesole donde fue elegido prior del convento. No aceptó nuevos encargos aunque los responsables de la catedral de Prato requirieron su trabajo para que pintase unos frescos. Tres años más tarde, abandonó definitivamente la región Toscana marchando al convento romano de Santa María sopra Minerva, donde fue llamado para que pintara el claustro. En este convento murió el día 18 de febrero de 1455 con sesenta y ocho años de edad. Fue sepultado en la capilla de Santo Tomás de Aquino en un sencillo pero noble sepulcro, con su imagen esculpida en la tapa sepulcral y con dos epitafios que algunos historiadores dicen que fue obra o idea del Papa Nicolás V. En uno de ellos, se dice: “Hic iacet venerabilis pictor, Frater Iohannes de Florentia, Ordinis Praedicatorum 1455. Non mihi sit laudi quod eram velut alter Apelles, sed quod lucra tuis omnia, Christe, dabam. Altera nam terris opera esctant, altera celo; Urbs me Iohannem flos tulit Aetruriae” (Aquí yace el venerable pintor fray Juan de Florencia de la Orden de Predicadores, 1455. No tenga yo alabanzas porque sea como otro Apeles, sino porque el beneficio lo entregaba a los tuyos, oh Cristo. Unas obras quedan en la tierra, otras en el cielo. La tierra que a mí, Juan, me trajo, es la flor de Etruria).

El único y verdadero retrato que nos ha llegado del beato es este bajorrelieve de la tapa sepulcral, que aunque se dice que es de un autor anónimo, algunos afirman que es de Isaías di Pippo de Pisa, quién parece hizo una máscara de cera o de yeso obtenida directamente del rostro del fraile difunto.

Retrato anónimo del Beato.

Retrato anónimo del Beato.

En la segunda inscripción se pone más de manifiesto la santidad del fraile pintor porque se le llama “Verus servulus Dei”, fama que en adelante siempre iría unida a la de insigne pintor: era un santo fraile mendicante que predicaba a Cristo sufriente y resucitado, no de palabras, sino mediante sus imágenes. Borselli lo llama “vir sanctitate devotus”, el cronista dominico Alberto de Castello lo llama en el siglo XVI “vir sanctus”, pero el primero que le dio el título de beato fue Leandro Alberti en su obra “De viris illustribus Ordinis Praedicatorum, libri sex”, que fue editado en Bolonia en el año 1517. A partir de ese momento empezaron a aparecer imágenes de Fray Angélico con rayos alrededor de su cabeza, siendo ya nombrado entre los patronos del convento de San Marcos y de la ciudad de Florencia, donde empezaron a considerar sus obras como auténticas reliquias del que ya entonces era reconocido popularmente como santo. En los libros dominicos de meditación, fue propuesto como modelo de fraile, el día de su muerte se recordaba en los calendarios no litúrgicos de la Orden y su imagen comenzó a estamparse junto a la de otros santos predicadores.

Su nombre fue utilizado por numerosos institutos dedicados a las artes sagradas y este culto popular se llegó a concretar en el siglo XIX en celebraciones paralitúrgicas, como por ejemplo, la que en el año 1879 se hizo en su honor en su convento de Fiesole. El Capítulo General de la Orden, celebrado en Viterbo en el año 1904 decidió solicitar la aprobación oficial de su culto y en el año 1955, quinto centenario de su muerte, se le dio un impulso a su Causa de beatificación llegándose a nombrar un ponente de la “Causa de beatificación y canonización del Siervo de Dios Fray Juan de Fiesole”. En el 1960 fue publicada la “positio”, en la que por primera vez en la historia no se adjuntaban los escritos del Siervo de Dios, sino sus numerosas obras artísticas. El 3 de octubre del 1982, San Juan Pablo II confirmó su culto y la Congregación para las Causas de los Santos, concedió la celebración de Misa y Oficio propios.

Sepulcro del Beato.

Sepulcro del Beato.

El venerable Papa Pío XII había dicho de él: “Contrariamente a la temática de sus colegas que estaban afanosamente ocupados en idolatrar al hombre entreteniéndose en la faceta humana, en llegar a la perfección de lo natural a través de la anatomía física del cuerpo, presentando el desnudo como ideal de belleza, Fray Angélico enfoca sus conquistas estéticas desde el ángulo del hombre, desde su interioridad, buscando en él el reflejo divino, empeñándose en escudriñar sus sentimientos espirituales, dando así vida a un tipo de “hombre modelo”, que acaso rara vez se encuentra en las condiciones de la vida terrena, pero que debe proponerse a la imitación del pueblo cristiano”.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Berthier, P.J., “El catecismo del Beato Angélico”, revista Memorias Dominicanas XXXI, 1914.
– Centi, T., “Espiritualidad de un pintor”, publicada en la revista Tabor, 1947.
“Index ac Status Causarum”, Sagrada Congregación para las Causas de los Santos, Vaticano, 1985
– Orlandi, S., “Beato Angélico”, Florencia, 1964.
– “Positio”, Ciudad del Vaticano, 1960.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo VI”, Città Nuova Editrice, Roma, 1988.

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