Beatos Juan Descalzo y Juan “Paniagua” de Sacramenia

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Escultura del Beato Juan Descalzo. Iglesia parroquia de Pleuven (Francia).

Escultura del Beato Juan Descalzo. Iglesia parroquia de Pleuven (Francia).

Aunque inevitablemente este tenga que ser un artículo corto, pues poco se sabe de ellos, quiero escribir sobre estos dos sencillos beatos cuya festividad conmemoramos hoy, día 14 de diciembre.

Beato Juan Descalzo, fraile franciscano
El beato Juan Descalzo era llamado así porque, incluso antes de ingresar en la Orden Franciscana, debido a su gran espíritu de pobreza y de mortificación, andaba siempre descalzo. Su casa era llamada la “casa del descalzo”. Gonzaga y posteriormente Wadding y De Moustier, dicen que era uno de los compañeros de San Francisco, pero esto no es cierto, no es exacto. De una leyenda escrita en el año 1364, se deduce que Juan Descalzo nació alrededor del 1278 en la diócesis de Saint Pol de Léon, en la Bretaña francesa, y si San Francisco había fallecido en el año 1226 –cincuenta y dos años antes-, difícilmente pudo ser un compañero suyo.

Nació en el seno de una familia pobre y cuando fue bautizado le impusieron el nombre de Yannig, que en bretón significa “pequeño Juan”. Pronto quedó huérfano y tuvo que trabajar con un familiar haciendo de albañil y de carpintero. Desde muy joven se dedicaba a hacer el bien, ayudar a todos, pedir limosnas y repartirlas, a hacer obras de caridad y cuando tuvo la edad apropiada, marchó a Rennes, donde realizó los estudios eclesiásticos y se ordenó de sacerdote en el año 1303, ejerciendo de párroco y de canónigo en la catedral de la diócesis. Durante trece años ejerció su apostolado entre sus feligreses diocesanos, llevando siempre una vida austera, de penitencia, de pobreza y como dije al principio, caminando siempre descalzo ya fuera invierno o verano. Pasado ese tiempo, ingresó en la Orden de los Frailes Menores, donde permaneció por espacio de treinta y tres años, siendo siempre un ejemplo de virtud y dedicándose especialmente al apostolado de la confesión y de la dirección espiritual. Aunque vestía el rudo hábito religioso, continuó siempre andando descalzo.

Sentía una predilección especial por los pobres y los enfermos, asistió a los habitantes de Quimper durante el asedio de Carlos de Blois en los años 1344-1345, al año siguiente estaba en Cornualles asistiendo a las víctimas de la hambruna que asoló la región en 1346 y era tanta su entrega y su generosidad que habiéndose dedicado por completo a socorrer a los enfermos de Quimper afectados por la peste – quienes veían en él a su ángel protector -, se contagió, muriendo en el convento de Santa María Magdalena de aquella ciudad en el año 1349. En este y en otros conventos de la provincia había estado viviendo durante este tiempo y en todos ellos dio muestras de santidad.

Relicario de parte del cráneo del Beato Juan Descalzo en la catedral de Quimper.

Relicario de parte del cráneo del Beato Juan Descalzo en la catedral de Quimper.

Fue sepultado en la capilla de San Antonio de la iglesia anexa al convento. Como en su sepulcro se realizaban numerosos milagros, este se convirtió rápidamente en meta de peregrinación especialmente de quienes estaban afectados por problemas de cefaleas y jaquecas. Actualmente sus reliquias se veneran en la catedral de San Corentino, en Quimper.

Siendo canonizado de viva voz por el pueblo llano, el Martirologio Franciscano lo conmemora el 14 de diciembre, o sea, hoy, aunque aun sigue en curso ante la Congregación para las Causas de los Santos la confirmación de su culto “ab immemorabili”, habiéndose realizado ya la llamada “sesión histórica” en la cual fueron presentados todos los documentos referentes a su vida y milagros, sobre todo del siglo XIV.

Beato Juan “Paniagua” de Sacramenia, eremita
El beato Juan “pan y agua” fue descubierto dentro de una gruta perteneciente a los monjes cistercienses del monasterio “Scala Dei”, cuando en el año 1142 fueron llamados por el rey Alfonso VII mientras estaban preparando la fundación del monasterio de Sacramenia, en la provincia de Segovia. O sea, toda su vida había sido un eremita que había vivido en la primera mitad del siglo XII en unas montañas cercanas a la ciudad de Segovia.

Era un anciano, vestido de harapos, físicamente encorvado, que había pasado la mayor parte de su vida haciendo penitencia y viviendo en soledad y oración a imitación de San Juan Bautista. Durante toda su vida se había alimentado únicamente de pan y agua y a esto se debe el nombre popular por el que era conocido por los vecinos que vivían en su entorno, quienes acudían a él ya que tenía fama de realizador de milagros. Hoy diríamos que era una especie de curandero.

Fachada de la abadía cisterciense de Santa María en Sacramenia.

Fachada de la abadía cisterciense de Santa María en Sacramenia.

Descubierto por los monjes, fue admitido en el nuevo monasterio de Sacramenia, aunque murió antes de cumplir lo que podríamos llamar el año de noviciado. En ese poco tiempo fue tal su fama de santidad acompañada de la realización de milagros, que los monjes, solo dos años después de su muerte dedicaron el monasterio a “Santa María y a San Juan de Sacramenia”. Sus reliquias fueron veneradas inmediatamente después de su muerte y actualmente se encuentran detrás de una sencilla lápida en el monasterio. Los menologios cistercienses también lo conmemoran el día de hoy y es considerado como protector contra la sequía y para conseguir abundantes cosechas.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Acta Ord. Min., “Un documento inédito del siglo XIV: la vida de San Juan Descalzo, de los frailes menores”, Roma, 1910.
– Henriquez, C., “Menologium cistertiense”, Amberes, 1630
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo VI”, Città Nuova Editrice, Roma, 1988.

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