Beato Manuel Lozano Garrido, “Lolo”

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El Beato Lolo antes de la enfermedad, con su insignia de Acción Catolica.

El Beato Lolo antes de la enfermedad, con su insignia de Acción Catolica.

Muchas veces, cuando oímos hablar de un Santo o Beato, nos llama la atención algún aspecto de su vida o virtudes que destacaron en su persona, en el caso del Beato Lolo son muchas las cosas que a mí me llamaron la atención de él, verdaderamente fue toda su vida de incansable apostolado desde el dolor físico y la enfermedad; lo que hacen del Beato Lolo un hombre que supo anunciar a Dios, siempre alegre y lleno de esperanza.

Manuel Lozano Garrido nació en Linares (tierra natal de otro gran Santo como San Pedro Poveda), provincia de Jaén, el día 9 de agosto de 1920. Era el quinto hijo de los siete que tuvo el matrimonio. Su bautizo se celebró el día 5 de septiembre en la iglesia de Santa María la Mayor de Linares, recibiendo el nombre de Manuel Román de la Santísima Trinidad Lozano Garrido, pero este largo nombre fue sustituido por el cariñoso diminutivo de Lolo, que fueron sus familiares los que empezaron a llamarle así. Su infancia transcurrió tranquila en su pueblo natal, era un chico normal, alegre, conformista, amante de los deportes y de la información deportiva, afición que no perdió sino incrementó con el paso de los años. Pero esta felicidad de la que gozaba la familia pronto se vio truncada a causa de la prematura muerte de su padre, Agustín Lozano, que falleció el día de Año Nuevo, coincidiendo con la onomástica de Lolo.

Con muchos esfuerzos, su madre y su abuelo materno sacan adelante a la numerosa familia, Lolo sigue sus estudios en el colegio de los Padres Escolapios, donde según sus profesores destaca como buen líder y se interesa por los relatos del P. Francisco. En este colegio se prepara para ingresar en Bachiller y también para su primera comunión, que fue aplazada dos años debido al luto que en su casa llevaban por la muerte del padre, como más tarde relatará en sus numerosos escritos y libros. Lolo recordará con gran emoción, año tras año, el día de su primera comunión.

Finalmente aprueba su ingreso en Bachiller, y es aquí donde sus compañeros lo recordarán como un joven que destacaba por su tesón y constancia. Es entonces cuando empieza su relación con la Acción Católica, la institución que marca su compromiso cristiano durante toda su vida. El día 1 de enero de 1930 se constituye el centro de Acción Católica, es aquí donde se va integrando y donde se forma para ser el apóstol que más tarde fue.

El Beato Manuel Lozano Garrido en su silla de ruedas.

El Beato Manuel Lozano Garrido en su silla de ruedas.

Años de la Guerra Civil
A los difíciles años que le tocó vivir se le sumó la muerte de su abuelo Mateo y, poco tiempo después, la de su madre, quedando todos los hermanos huérfanos y divididos por la cruel guerra que también se llevó a su hermano mayor en los primeros meses del año 1937. Lolo, con diecisiete años recién cumplidos, con un corazón generoso y valiente, decide llevar una actividad apostólica más comprometida, empezando a reunir a jóvenes en su casa, formando grupos de oración que rezaban el rosario por la paz. Con su visión de adolescente, dice: “Hay muchas cosas que no veo y otras que tampoco entiendo, pero mi simple verdad de Dios me llena y me deslumbra”. La Acción Católica, mientras tanto, se reorganiza en Linares clandestinamente y en la casa de la diezmada familia de Lolo se celebra la Eucaristía cada domingo y en absoluto secreto. A Lolo se le encomienda llevar la comunión a las personas enfermas, con tan mala suerte que al poco tiempo él y su familia son arrestados por colaborar en esta reuniones católicas y encerrados en prisión durante tres meses. Durante el encarcelamiento no pierde la esperanza y se mantiene alegre. Con el tiempo, él mismo recordará cómo una de sus mejores vivencias tuvo lugar el día de Jueves Santo, adorando al Santísimo dentro de la cárcel, gracias a que su hermana Lucía que lo pudo introducir clandestinamente, escondido en un ramo de flores. A su salida, pasa a formar parte de las filas del batallón, obligatoriamente pasó a formar parte de éste por haber cumplido la mayoría de edad, pasando los últimos coletazos de la guerra en las montañas de la Alpujarra granadina.

Enfermedad
Cuando los oscuros años de la Guerra Civil quedaron atrás, Lolo no se preocupó por buscar culpables ni vencidos, sino que con la alegría que lo caracterizaba y sus dotes de liderazgo, emprendió la ardua tarea de restaurar la Acción Católica Linarense entre la sana juventud que tenía el deseo de dejar atrás las trágicas experiencias vividas.

Pero Dios, a sus veintidós años, le tenía destinada otra tarea; que era la enfermedad que lo dejó postrado en su sillón de ruedas treinta y dos años a causa de una severa parálisis, nueve de los últimos completamente ciego. Él sobrellevó y aceptó lo que Dios le mandó, no perdiendo su pasión por el periodismo, la radio y la comunicación. En uno de sus libros, “Cartas con la señal de la Cruz” decía: “Aparentemente, el dolor cambió mi destino de modo radical. Dejé las aulas, colgué mi título, fui reducido a la soledad y el silencio. El periodista que quise ser no ingresó en la escuela; el pequeño apóstol que soñaba llegar a ser dejó de ir a los barrios; pero mi ideal y mi vocación los tengo ahora delante, con una plenitud que nunca pudiera soñar”.

Misa celebrada en su habitación, con su hermanda y cuidadora Luci.

Misa celebrada en su habitación, con su hermanda y cuidadora Luci.

Cada vez su enfermedad se agravaba más y su cuerpo era un cúmulo de huesos doloridos, quedándose sin movilidad; pero Lolo nunca se preocupaba por ser el centro de la atención, nunca hablaba de sí mismo y era admirable su superación: cuando perdió la movilidad en la mano derecha, aprende a escribir con la izquierda. Cuando también pierde la izquierda, dicta a un magnetófono y así se convierte en el escritor y periodista incansable desde su cátedra del dolor, que fue el sillón de ruedas.

Pronto su casa se convierte en un ir y venir de personas amigas y anónimas que se acercaban a él para compartir sus alegrías y penas, también en busca de sus sabios consejos. En vista de su gran amor a la Eucaristía, el obispo de Jaén dio permiso para que se celebrara la misa en su habitación, teniendo así Lolo todos los días “mesa redonda con Dios”, como relataría en otro de sus libros. Este mismo día tuvo la corazonada de poner su máquina de escribir debajo del altar “para que así el tronco de la cruz se clave en el teclado de mi máquina y eche allí mismo sus raíces”.

Con los años y ya muy aquejado de su enfermedad, funda la Obra Pía del Sinaí, que la formaban casi 300 enfermos incurables junto con monasterios de clausura, que, divididos en pequeños grupos, rezaban por un determinado medio de comunicación, siendo apoyo cristiano y apostólico para los periodistas. Lolo se consolida como periodista en la década de los años sesenta, escribiendo nueve libros de espiritualidad, diarios, ensayos, una novela autobiográfica y cientos de artículos para la prensa nacional y provincial, siendo así un enfermo que trabaja de sol a sol y cuyo único secreto era la Eucaristía y una gran piedad mariana; que hicieron de él un gran apóstol.

Restos mortales de Lolo, sostiene la cruz que sirvió para el milagro.

Restos mortales de Lolo, sostiene la cruz que sirvió para el milagro.

Muerte y beatificación
Lo extraordinario lo vivió con normalidad, hizo ver que aquellos terribles dolores que padecía fuesen “normales”, su médico cuando lo visitaba decía: “Eres el enfermo grave que goza de más buena salud”. Finalmente la vida de Lolo se fue apagando y el tres de noviembre de 1971, tal día como hoy hace cuarenta y dos años, el periodista, el escritor, el apóstol, el inválido, el amigo; murió en su casa de Linares dejando huérfana a la Acción Católica. Era el día de San Martín de Porres ”fray Escoba”, Santo que creció en santidad en un rinconcito del convento, al igual que Lolo que creció y creció en el metro cuadrado que ocupaba su sillón de ruedas. Quienes lo conocieron decían: “¡Hoy ha muerto un Santo!”

Con la iniciativa de sus amigos y con la ayuda del obispo de Jaén, nació la Asociación de Amigos de Lolo, que se encargó de promover la causa de canonización, desde su fundación hasta 1996 tuvo lugar la fase diocesana. En abril de 1996 llegó esta causa a Roma, a la Congregación de las Causas de los Santos. En septiembre de 1998 se clausuró la primera parte de la Positio y finalmente en 2001 se concluyó con la publicación completa de la Positio. En noviembre de 2007 son declaradas sus virtudes heroicas y en septiembre de 2009 el Papa Benedicto XVI aprueba un milagro atribuido a su intercesión, de un niño gravemente enfermo y en peligro de muerte que, al ponerle el crucifijo que Lolo tenía en su lecho de muerte, en la cama del hospital, sanó rápidamente y sin explicación.

Urna relicario donde descansan los restos del Beato Lolo desde 2010.

Urna relicario donde descansan los restos del Beato Lolo desde 2010.

El 12 de junio de 2010 se celebró su beatificación en el recinto ferial de Linares, con numerosa asistencia de paisanos, autoridad y obispos. El Papa Benedicto XVI, en el rezo del Angelus del domingo siguiente, pronunció unas emotivas palabras para el Beato Lolo, poniéndolo como ejemplo de periodistas, ya que hasta esa fecha fue el primero en ser beatificado y es patrono de este gremio.

David Garrido

Bibliografía:
– RUBIO FERNÁNDEZ, Juan, Lolo, una vida a ras de suelo, BAC Biografías, Madrid 2009.

Enlaces consultados (20/10/2013):
http://www.accioncatolicageneral.es/
http://www.aciprensa.com/
http://www.amigosdelolo.com/

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