Beato Miguel Rúa, presbítero SDB

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Estampa tradicional del Beato.

Estampa tradicional del Beato.

Introducción
El carisma del fundador de una congregación religiosa debe ser acogido y amado entre sus miembros, pues son los receptores y transmisores del mismo para las futuras generaciones dentro de esa comunidad. Por ello cuando muere el fundador, es vital que quien continúa a la cabeza de la obra, esté lleno de este espíritu para proseguir y fortalecer el proyecto iniciado y echado a andar. La Congregación Salesiana también experimentó este proceso con la muerte de San Juan Bosco, luego de lo cual, fue elegido el Beato Miguel Rúa como Rector Mayor de los Salesianos, quien como veremos, fue mano a mano con el Santo Fundador, ambos distintos pero unidos e inseparables. Don Bosco inició la obra, Don Rúa la guió, el primero tiene la simpatía, el segundo el don de la organización.

Infancia
El Beato Miguel Rúa nació en Turín el 9 de junio de 1837, hijo de Juan Bautista Rúa y de Juana María Ferrero, fruto de un segundo matrimonio que le dio el cuarto lugar entre los hijos procreados, uniéndose a la prole que ya había engendrado Juan Bautista de su primer matrimonio, del que sobrevivieron tres vástagos de los cinco que tuvo con su primera esposa. Recibió el bautismo dos días después de haber venido a este mundo en la parroquia de los Santos Simón y Judas Tadeo. Desde pequeño tuvo un aspecto frágil pero con gran fortaleza interior; a la edad de ocho años murió su padre y bajo el cuidado de su madre, hizo los estudios primarios y de catecismo en una escuela local; luego estudió con los hermanos de las Escuelas Cristianas, donde conoció a Don Bosco, que iba a confesar semanalmente a los alumnos. Estos se le acercaban en remolino para juguetear con él y pedirle algún regalo: estampas o medallas. Miguelito tenía como nueve años entonces y se le acercó para pedirle algo también, pero Don Bosco no le dio nada, extendió entonces su mano izquierda mientras con la derecha hacia como que la cortaba, dándole a entender que tomara la mitad. El niño no comprendió ese signo hasta cinco años después en que tuvo la oportunidad de preguntar la razón del gesto, Don Bosco le contesto: “Mira, Rúa, quería decirte que un día iría a medias contigo. Los comprenderás más tarde”.

Don Bosco invitó a Miguelito a conocer a la obra que estaba fundando y éste aceptó. En 1852 concluyó el bachillerato con buen rendimiento y pronto se convirtió en el asistente de Don Bosco, revisando sus escritos y transcribiéndolos, organizando su correspondencia y destacando por su dedicación. Decían de Miguel que era santo como Don Bosco, con la diferencia de que este tenía cuarenta años y el otro dieciséis. El 24 de septiembre de ese año ingresó como interno al Oratorio y escuchó de San Juan Bosco esta admonición: “Comienzas una vida nueva, pero antes de llegar a la meta, hay que atravesar el desierto y el Mar Rojo, si me ayudas lo pasaremos uno y otro y llegaremos a la Tierra Prometida”.

El Beato junto a San Juan Bosco en su visita a Barcelona, España.

El Beato junto a San Juan Bosco en su visita a Barcelona, España.

Salesiano
Don Rúa estudiaba asiduamente con resultados excelentes, en tanto daba clases al alumnado, a quienes explicaba con buen dominio el sistema métrico decimal. En 1855 emitió privadamente sus votos de pobreza, castidad y obediencia; por entonces estudiaba filosofía. Entonces Don Rúa invito a su Madre a ir Oratorio para ayudar en las tareas domésticas, porque Mamá Margarita está enferma. Cuando ésta murió, el propio Don Bosco la reemplazo con su trabajo: era un signo de aprecio hacia Miguel y su madre, a quien el Santo consideraba como su primogénito.

En varias de sus idas a Roma acompañó al Santo fundador en sus entrevistas con el Beato Pio IX. Se dice que en la primera visita, besó dos veces la mano del Papa, una de su parte y otra por sus compañeros. En este tiempo Rúa era ya estudiante de Teología. El 9 de diciembre de 1859 Don Bosco anunció a sus colaboradores el proyecto de iniciar la Congregación Salesiana, fueron invitados a participar diecisiete colaboradores, que eligieron a Don Bosco Rector Mayor y Don Rúa, fue designado como director espiritual. Entonces comenzó a tomar fuerza un elogio que hizo el fundador sobre su Secretario. “Si Dios me dijera hágame una lista de las mejores cualidades que quiere para sus religiosos, yo no sé qué cualidades me atrevería a decir, que ya no las tenga Miguel Rúa”.

En diciembre de ese mismo año, recibió las órdenes menores junto con el subdiaconado; en marzo de 1860 el diaconado y, el 29 de julio siguiente fue ordenado sacerdote. En el Oratorio los chavales le hicieron un homenaje que le conmovió y les dijo: “Les puede asegurar que ya los amaba, pero en adelante los amaré mucho más, y si el Señor me ayuda, todas mis energías serán empleadas es su provecho espiritual y temporal”.

Un estilo propio
En octubre de ese año la dirección escolar y espiritual del alumnado quedó a su cargo, en donde puso su propio estilo: entusiasmo, firmeza, alegría y disciplina, por lo cual comenzó el aumento notorio del alumnado. En 1863 es Director del Colegio de Mirabello, una vez que obtuvo el título de profesor concedido por el Ministerio de Educación. Dos años estuvo al frente de esta obra tratando de que fuera un lugar alegre, con disciplina, con ambiente familiar y piadoso, como Don Bosco quería. Como él, siempre estaba rodeado de niños atraídos por su amabilidad. Don Cerruti, enviado a colaborar a su lado decía: “Mi dolor se endulza con el pensamiento de que había de encontrar allí, una copia exacta de mi maestro”.

Fotografía del Beato en su hábito sacerdotal.

Fotografía del Beato en su hábito sacerdotal.

En 1865 en llamado en Turín para colaborar como Prefecto de la Casa, pues el titular estaba enfermo y el Rector Mayor se veía desbordado por tanta actividad. Entonces fue cuando comenzó a ser el brazo derecho de Don Bosco, se encargó de los asuntos administrativos y de la correspondencia; en tanto era el titular del cargo, tuvo que dirigir también los talleres con 350 aprendices. Don Bosco estaba entonces muy ocupado en la construcción del Santuario de María Auxiliadora, cuyos gastos le mantenían absorbido el tiempo. Como su trabajo dio buenos resultados, a esas tareas Don Bosco le encomendó también la responsabilidad de la edificación de dicho santuario, también le delegó el seguimiento de “Las Lecturas Católicas” y la propia correspondencia del Santo Fundador. Entonces, bajo el peso de tanto trabajo, cayó literalmente en brazos de un amigo, a la entrada del Oratorio.

Su enfermedad era muy grave: una peritonitis avanzada que en ese tiempo ni siquiera se pensaba en curar mediante operaciones quirúrgicas. Por ello se le administraron los últimos sacramentos. Don Bosco no estaba ese día y al llegar por la tarde, le salieron al encuentro muchos jóvenes alarmados que le pusieron al tanto de la situación. Extrañamente el Santo se puso a bromear y dijo: “Voy a cenar”, luego de lo cual subió a la habitación del enfermo, quien al verlo le dijo: “Deme la Extremaunción y su bendición que me siento morir”. Le respondió serenamente Don Bosco: “Tú tranquilo, que no te marcharas sin mi permiso. No sabes la de cosas que tienes que hacer todavía”. Tres semanas después estaba curado y en su puesto de trabajo.

Fue conociendo todas las responsabilidades, fogueándose en todos los cargos que Don Bosco le encomendaba. Fue Inspector Provincial de los Colegios entre 1870 y 1872; echo mano a cuantas iniciativas comenzaban: Cooperadores Salesianos o la organización de la Congregación de las Hijas de María Auxiliadora; comenzaba a cumplirse el todo “a medias” que Don Bosco había pactado con él, pues él no tomaba resoluciones sin el visto bueno de Don Rúa.

En 1886 acompañó a San Juan Bosco a Barcelona, por esta razón compró “La Imitación de Cristo” en España y una gramática, con lo que sacó a Don Bosco de apuros. Se dice que allí le echo mano para un milagro: una mujer con su hijo enfermo se acercó para pedir la bendición de María Auxiliadora, la que una vez dada obtiene la curación para el muchacho. El mérito se le apunto a Don Bosco, que decía bromeando: “Si Don Rúa quisiera, podría hacer milagros”.

El Beato fotografiado en oración ante una imagen de la Virgen.

El Beato fotografiado en oración ante una imagen de la Virgen.

Sucesor de Don Bosco
En 1885 San Juan Bosco platicaba con Don Juan Cagliero y le preguntó que a su muerte quién le podría remplazar y éste le respondió: “Don Rúa, no hay otro”. Don Bosco confirmo entonces que era su brazo derecho. El 8 de diciembre de 1885 viviendo que su salud decaía rápidamente, el Santo lo nombra su Vicario General, dándole autoridad y plenos poderes para gobernar. La noche entre el 30 y 31 de enero de 1888, el Santo de la Juventud está agonizando, en torno suyo están sus más cercanos colaboradores y Don Rúa le habla al oído: “Denos una vez más su bendición, yo le tomaré las manos y pronunciaré la formula”. Levanta la mano del moribundo e invoca la protección de la Auxiliadora sobre todos los Salesianos presentes y esparcidos por todo el mundo. Después Don Bosco vive su propia Pascua.

Tres semanas después, el Papa León XIII recibe a Don Rúa y le dice: “Usted es el sucesor de Don Bosco; él es un santo y no dejará de ayudarlo desde el cielo”. Para entonces, el Consejo Superior de los Salesianos solicitó al Pontífice que confirmara como nuevo Rector Mayor a Don Rúa, exponiendo entre las causas, haber sido colaborador íntimo del fallecido, tener eximia virtud y reconocida habilidad en el gobierno. El Papa dio su aprobación. Dos meses luego de la muerte de Don Bosco, acompaña en su salida a una expedición misionera que parte para Sudamérica. Se le preguntó que si iba a ir a ese continente pero el contestó que como Don Bosco no había ido allá, lo más seguro es que tampoco el iría. Hasta en eso tendría semejanza.

Fotografía del Beato en su despacho.

Fotografía del Beato en su despacho.

Su programa de trabajo se podría sintetizar en estas palabras: “Continuaré la obra de Don Bosco, especialmente en favor de los jóvenes pobres y abandonados y de las misiones”. Su manera de hablar será la de un vicario, pues no dirá: “Yo les digo, yo les aconsejo” sino “Don Bosco nos enseñaba, Don Bosco quería, Don Bosco decía”. Durante su gestión, los Oratorios se enriquecieron con gimnasios y círculos sociales, las escuelas profesionales tuvieron programas teóricos-prácticos, abriéndose a los retos de la época. Junto a los Colegios dispuso internados; gracias a su interés, los enfermos leprosos, por entonces rechazados y exclusivos de la sociedad, vieron a su lado decenas de salesianos y de FMA. Las obras salesianas pasaron de 64 a 341, la misiones se triplicaron y Don Rúa visito entre 1890 y 1900 países de Europa, Asia y África. A él se debe la presencia de Salesianos en México. En 1897, en el Capítulo General comunicó su deseo de retirarse y dejar el cargo. De los 213 presentes recibió la misma cantidad de votos para que continuara en el cargo sin apelación posible.

Espiritualidad
Hombre de gran fe, tuvo un muy grande amor por los salesianos a quienes decía. “Todos los días, todos los instantes de mi jornada, yo los consagro a ustedes; yo rezo por ustedes, pienso en ustedes, trabajando por ustedes como una madre lo hace por su hijo. Solo les pido una cosa: hágase todos santos, grandes santos”. Vivió pobremente, pidió mucho pero nunca para sí mismo; se conformaba con lo último: el último lugar, la última sotana, el último pan. Sobresale por su bondad y ciertas capacidades para conocer de antemano ciertos sucesos. Transmitía confianza a quienes lo trataban, como Superior siempre actuaba con prudencia, caridad y paternidad. Gran amante de la Santísima Virgen María, durante su gobierno tuvo el consuelo de ver coronada a María Auxiliadora en su Basílica de Turín, en cuya ceremonia fue incapaz de controlar sus emociones.

Cadáver del Beato en sus funerales.

Cadáver del Beato en sus funerales.

En 1909 hubo un terremoto en Calabria donde murieron cincuenta salesianos; su salud ya deteriorada no le impidió hacerse presente para dar apoyo y consuelo a los damnificados, pero su salud se viene entonces abajo. Su voluntad férrea le hace continuar la práctica de sus penitencias, cuando se tiene la delicadeza de ofrecerle mejores alimentos por su enfermedad, lo minimiza diciendo que solo está enfermo de sus piernas. En 1910, aunque está consciente de su próximo fin, no quiere estar encamado, prefiere estar recostado en un diván para atender a las visitas. Muchos se llenan de esperanza de poder celebrar sus bodas de oro sacerdotales en julio, pero en abril todo está consumado. El Jueves Santo recibe el Viatico y recomienda: “Gran amor a Jesús Sacramentado, viva devoción a María Auxiliadora, gran respeto a los pastores de la Iglesia”. Recomendaciones hechas por Don Bosco hacía tiempo y que “yo también les dejo”.

Luego de varias crisis que arman revuelo en la casa, vuelve en sí y pide perdón humildemente por haber perturbado la paz. A su lado estaba Don Albera para acompañarlo y darle fortaleza; el 5 de abril llega un telegrama de San Pio X con una bendición que le produce mucha alegría. A los que estaban a su lado les pedía que le rezaran jaculatorias y le dieran constantemente a la absolución. Por fin la mañana del 6 de abril su alma dejó el cuerpo para ir con Don Bosco y María Auxiliadora. Sus últimas palabras fueron: “Salvar mi alma, salvar mi alma, eso es todo, eso es todo”. Fue sepultado en Valsalice junto a Don Bosco y luego inhumano en la Basílica de Turín en mayo de 1939, donde veinte años antes habían sido trasladados los restos de Don Bosco.

Culto
Murió Don Rúa como un santo y siguiendo el camino de San Juan Bosco, también subió al honor de los altares. El 29 de octubre de 1972, el Beato Pablo VI lo beatificó en una ceremonia en la Basílica de San Pedro, recordando que hasta en la Santidad Don Bosco y Don Rúa, habían ido a medias. Su celebración litúrgica tiene asignada la fecha del 29 de octubre, aniversario de su beatificación, pues el aniversario de su muerte casi siembre ocurre en la Semana Santa o de Pascua.

Sepulcro del Beato.

Sepulcro del Beato.

Oración
Dios Padre omnipotente, el Beato Miguel Rúa, sacerdote, heredero espiritual de San Juan Bosco, ayudó con su ministerio a los jóvenes a descubrir tu imagen grabada en su alma: concédenos también a nosotros, llamados a educar a la juventud, dar a conocer el verdadero rostro de Cristo tu Hijo, que…

Humberto

Bibliografía:
– BOSCO, Teresio, Familia Salesiana, Familia de Santos, Editorial CCS, Madrid 1998 pp. 45-52.
– VVAA, Año Cristiano, IV, abril, Editorial BAC, Madrid 2003 pp. 123-133.

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