Contestando a algunas breves preguntas (XXIX)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía de Santa Olga Michael con uno de los bebés que ayudaba a traer al mundo.

Fotografía de Santa Olga Michael con uno de los bebés que ayudaba a traer al mundo.

Pregunta: Me llamo Olga. Se que la santa más famosa que lleva mi nombre es la que colaboró estrechamente para difundir el cristianismo en Rusia, pero he oído decir que en este país hay otra santa que también lleva este nombre, pero no se a cual se refieren. Yo vivo en los Ángeles (Estados Unidos), aunque soy de origen colombiano. Les agradecería me facilitasen alguna información. Gracias por este maravilloso blog.

Respuesta: Pues llevas razón. En Estados Unidos, se venera a una santa ortodoxa llamada Santa Olga Michael de Alaska. Te daremos algunos datos sobre ella. Se la conoce por Matushka Olga y pertenecía a la raza Yupik de Alaska. Nació en el mes de febrero del año 1916, estaba casada con Nicolás Michael y vivían e Kwethluk, cerca del río Kuskokwim. Su esposo, que tenía una pequeña tienda y que era el cartero del pueblo, se ordenó de sacerdote ortodoxo y desde ese momento, ella fue colaboradora de su esposo en las tareas eclesiales, pero principalmente en cuestiones sociales y de manera especial cosiendo y tejiendo calcetines y ropas de pieles para todos aquellos que lo necesitaban. El matrimonio tuvo trece hijos, de los cuales, cinco murieron siendo muy pequeños.

Hacía también labores de partera, atendiendo en sus casas a las mujeres que estaban embarazadas e iban a dar a luz. Estaba al tanto de este tema más que las propias embarazadas, que a veces habían perdido la cuenta de su embarazo. Fue muy famosa porque tenía especial compasión y cuidado con aquellas personas que habían sido maltratadas, sobre todo con las que habían sufrido algún tipo de acoso o violación sexual. Eran muy pobres, tenían muchos hijos, pero en su casa nunca faltó ninguna ayuda a quienes acudían pidiendo alimentos o ropas. Por eso la llamaba “Matushka”.

Icono de Santa Olga Michael con los atributos de una comadrona.

Icono de Santa Olga Michael con los atributos de una comadrona.

Murió el 8 de noviembre del año 1979 y aunque ya era otoño avanzado y el tiempo en Alaska era terrible, su funeral fue multitudinario, pues pudieron asistir cientos de amigos de otros pueblos vecinos que ya estaban prácticamente incomunicados. Ese día ocurrió un fenómeno meteorológico que a todos les llamó la atención: el viento del norte frío y gélido, cambió a viento del sur, más cálido y la nieve y el hielo se derritieron haciendo más factible la llegada de los vacinos hasta Kwethluk, que era donde se celebraba el entierro. Prácticamente, en noviembre, tuvieron un día primaveral. Además, cuando el pueblo llevaba a hombros el cadáver de Olga, se formó un cortejo de aves que cambiando el rumbo de sus vuelos, los acompañó hasta el cementerio. Al llegar al cementerio, ante el asombro de todos, pudo comprobarse que el suelo estaba descongelado y pudo cavarse fácilmente la tumba. Inmediatamente después de sepultada y de celebrarse la comida conmemorativa, volvió el viento y el frío del norte, el suelo se recongeló y el hielo volvió a cubrir el río.

Personas que aún viven cuentan de ella algunas historias que podrían considerarse milagrosas. Una mujer, originaria de Kwethluk pero que actualmente vive en Arizona, tuvo un sueño en el que se le apareció Matushka Olga diciéndole que su madre estaba enferma y quería verla antes de morir. Ella no sabía nada, pero de inmediato se puso en camino hacia Anchorage, comprobando que su madre había sido hospitalizada. Llegó a tiempo y la mujer murió en paz en brazos de su hija. Existen otras muchas anécdotas, pero tampoco se trata de alargar la respuesta.

Aunque oficialmente aun no está canonizada, el pueblo ortodoxo ya la venera como santa. Solo falta el reconocimiento oficial que parece ser inminente.

Fotografía del "Helichrysum splendidum" hallado en la Síndone de Turín y el Sudario de Oviedo.

Fotografía del “Helichrysum splendidum” hallado en la Síndone de Turín y el Sudario de Oviedo.

Pregunta: He oído decir que la universidad de mi ciudad ha realizado algunos estudios al Sudario de Oviedo y han hallado algunos indicios que podrían confirmar su autenticidad comparándola con la Sábana Santa de Turín. ¿Qué hay de cierto en esto?

Respuesta: Supongo que te estarás refiriendo a la Universidad Católica de San Antonio de Murcia. Es cierto que estudiando el Sudario de Oviedo han encontrado un grano de polen que es compatible con la especie botánica “Helichrysum splendidum”, que también ha sido identificada en la Sábana Santa. Como la planta de la que se ha encontrado el grano de polen era utilizada con fines embalsamatorios por los judíos del siglo I en sus ritos funerarios, no es de extrañar el encontrarla junto con la sangre en los lienzos utilizados para amortajar un cadáver.

La universidad emitió un comunicado explicando que la palimnóloga Marzia Boi (que pertenece al equipo de investigación del Centro Español de Sindonología) había descartado que fuera una contaminación posterior ya que el polen se encontraba adherido a la sangre, lo que quiere decir que tanto la sangre como el polen llegaron simultáneamente a la reliquia y no con posterioridad. Esto es una garantía más de que el Sudario de Oviedo es auténtico y no una falsificación. Tú sabes que existen algunas otras circunstancias y hechos objetivos que relacionan ambas reliquias: la sangre de ambas reliquias es sangre humana del grupo AB (que es bastante raro) y que las manchas de una reliquia encajan completamente con las manchas del rostro de la otra, lo que quiere decir que ambas cubrieron el rostro del mismo cadáver.

Cráneo trepanado de un santo mártir de Otranto.

Cráneo trepanado de un santo mártir de Otranto.

Pregunta: Sé que uno de vosotros tiene alguna experiencia en el tema de las reliquias de los santos y por eso quisiera preguntarle sobre un cráneo de uno de los mártires de Otranto que presenta unos agujeros que han traído de cabeza a más de un eclesiástico. Quisiera saber qué hay de cierto en esto.

Respuesta: Gracias por el piropo. Es verdad que uno de los cráneos de los santos mártires de Otranto tiene dieciséis hoyuelos, completamente redondos aunque de distintos diámetros y profundidad que ha causado muchísima extrañeza sobre todos a los arqueólogos italianos. Este tema ha sido investigado en la universidad de Pisa y los científicos han podido demostrar que el cráneo de este santo mártir fue perforado muchos años después de muerto con la intención de utilizar el polvo para el tratamiento de algunas enfermedades como la epilepsia, el derrame cerebral o la parálisis, ya que se le atribuían poderes milagrosos. En la Edad Media se creía que este polvo de hueso de una persona que había muerto violentamente era un buen ingrediente farmacológico y como además, la cabeza es la parte más importante del cuerpo, conservaba determinadas fuerzas espirituales aun después de la muerte. Se cree que esta trepanación al cráneo de uno de los santos mártires de Otranto se hizo en el año 1711, aunque se desconoce el por qué fue elegida esa cabeza en concreto y no otra; puede ser que se hiciera al azar. Las investigaciones de los científicos de la universidad de Pisa fueron publicadas en el “Journal of Ethnopharmacology”.

No voy a repetir la historia de estos mártires porque sobre ellos ya hemos escrito en el blog, pero si quiero recordar que todos los varones otrantinos mayores de cincuenta años fueron decapitados uno a uno por negarse a convertirse al Islam, mientras que las mujeres y los niños o fueron asesinados o fueron vendidos como esclavos.

Mural del Siervo de Dios Óscar Romero, arzobispo de San Salvador.

Mural del Beato Óscar Romero, arzobispo de San Salvador.

Pregunta: Gracias por la información que nos dais cada día y os aseguro que os sigo desde los inicios del blog. Una de las alegrías más grandes que nos vamos a llevar los católicos americanos va a ser la beatificación de San Romero de América. Sabemos que su Causa ha sido torpedeada por determinados elementos de la Curia Vaticana y que posiblemente, si no fuese por el empeño personal del Papa Francisco, aun estaría guardada en algún cajón de la Congregación de los Santos. ¿Se sabe con seguridad que contratiempos ha encontrado esta Causa? Muchísimas gracias por vuestra amabilidad al contestarme. Un saludo desde Ecuador.

Respuesta: No es fácil responder a esta pregunta porque siempre estaremos rozando la especulación, pero aun así me voy a atrever a hacerlo en base a determinados artículos que le leído sobre este tema. Es cierto que el Papa Francisco aprobó el día 3 de febrero de este año el decreto por el que se reconocía el martirio del arzobispo Óscar Arnulfo Romero, confirmando el voto favorable emitido por unanimidad por los teólogos y cardenales que estudiaron y valoraron la Causa. Esta Causa se había iniciado en el año 1994 siendo la Comunidad de San Egidio de Roma, quién se implicó en este trabajo y lo subvencionó. La jerarquía salvadoreña, en un principio estuvo muy remisa e incluso la tuvo paralizada por espacio de algunos años.

Se ha dicho que durante mucho tiempo la Causa ha estado bloqueada bajo sospecha de “irregularidades doctrinales” y para evitar que algunos grupos de izquierda la explotaran a su favor y que precisamente el bloqueo venía directamente de Juan Pablo II y de Benedicto XVI. Pero, por lo que se va conociendo, parece ser – tú sabes que el Vaticano nunca se ha distinguido por su claridad y transparencia -, que más bien Juan Pablo II intentó contrarrestar esta oposición y Benedicto XVI se “mantuvo neutral” cuando formaba parte de la Curia. En honor a la verdad también hay que decir que el cardenal Ratzinger, cuando era prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, fue el que avaló los escritos del futuro beato.

Fieles en torno al cadáver del Siervo de Dios tras su martirio.

Fieles en torno al cadáver del Siervo de Dios tras su martirio.

Pero este aval a los escritos de Monseñor Romero no fue “un coser y cantar” porque fueron sometidos a tres pruebas muy duras, pruebas no muy normales. La primera fue entre 1998 y el 2004; en estos años se miraron con lupa absolutamente todas las homilías de Monseñor Romero buscando si estaban contaminadas de comunismo. Una vez que pudo comprobarse que no había errores doctrinales, se examinó otra vez con lupa su relación entre su fe y su actuación como pastor, llegándose a insinuar incluso que había “ciertas inquietudes prudenciales” (¡lenguaje vaticano!) entre una y otra. El propio Secretario de Estado estuvo detrás de estas objeciones levantando dudas de sospecha. Se llegó a decir que pecó de ingenuidad, que se dejó manejar, que aunque era un hombre de Dios, psicológicamente no estaba muy bien y que por eso lo manipularon incluyendo palabras revolucionarias en sus sermones.

Juan Pablo II intuyó o se dio cuenta de estas maniobras y cuando en 1983 visitó la tumba del nuevo beato dio su aprobación para que se iniciase el proceso aunque pidiéndole a la Iglesia Salvadoreña – que tampoco estaba muy entusiasmada -, que no iniciase el proceso hasta estar seguro de que en el Vaticano no se la iba a boicotear. Pero allí, los cardenales colombianos López Trujillo y Castrillón Hoyos se encargaron de “meter cizaña”. El primero objetando sobre las colaboraciones entre Monseñor Romero y el padre jesuita Jon Sobrino quién decía, le influía en sus homilías y el segundo reiterando estos mismos argumentos cuando fue prefecto de la Congregación para el Clero. Ambos lograron que la Causa pasara de la Congregación para las Causas de los Santos a la Congregación para la Doctrina de la Fe, que era quién organizaba la campaña vaticana contra la Teología de la Liberación y que fue quién congeló la Causa hasta que revisó con lupa todos sus escritos, como dije anteriormente: para esta gente, Jon Sobrino era quién manipulaba a Romero. Realmente, de pena o de vergüenza.

Fotografía del funeral del Siervo de Dios.

Fotografía del funeral del Siervo de Dios.

Cuando en el Jubileo del año 2000, Juan Pablo II insertó de su puño y letra el nombre de Monseñor Romero entre los testigos de la fe del siglo XX que deberían ser homenajeados en el Coliseo de Roma, dejó confusa a toda esta gentuza vaticana, pues ellos lo estaban investigando bajo sospecha de herejía o de marxismo, pero aun así, siguieron erre que erre durante cuatro años más investigando todos sus escritos. De poco valieron las palabras del Papa: “Acuérdate, Padre de los pobres y de los marginados, de aquellos que testimoniaron la verdad y la caridad del Evangelio hasta entregar su propia vida: pastores apasionados, como el inolvidable arzobispo Oscar Romero asesinado en el altar durante la celebración del sacrificio eucarístico”.

Y los enemigos de Monseñor Romero siguieron en sus trece y fue por eso por lo que al no encontrar errores doctrinales decidieron investigar sobre su fe y su actuación pastoral. El postulador de la Causa no se daba por vencido e intentó que la Causa volviera a la Congregación para las Causas de los Santos, pero perdió a un gran aliado al morir el Papa Juan Pablo II y quedar la Causa paralizada de nuevo. Aun así, muy lentamente, todas las dudas se iban despejando aunque el padre Jon Sobrino no se libró de una durísima reprimenda y condena.

En el mes de mayo del año 2007, el Papa Benedicto XVI manifestó públicamente que no tenía ninguna duda de que Monseñor Romero tenía que ser beatificado, pero aun así predominaba el criterio de que quizás era santo a nivel personal pero que, debido a su debilidad, se dejó influenciar por teorías marxistas. El propio Papa llegó a decir que el problema había sido que una parte política quería tomarlo injustamente como si fuera una bandera y ¿cómo poner adecuadamente de manifiesto su figura protegiéndola de esos intentos de instrumentalización? O sea, una de cal y otra de arena.

Mural del Siervo de Dios en una calle de El Salvador con una cita suya: "Las estructuras de injusticia social son las que han dado muerte lenta a nuestros pobres".

Mural del Siervo de Dios en una calle de El Salvador con una cita suya: “Las estructuras de injusticia social son las que han dado muerte lenta a nuestros pobres”.

Buscaron como locos errores doctrinales y no los encontraron, buscaron defectos pastorales y tampoco los encontraron y entonces empezaron a hablar de manipulaciones y de ambigüedades. Pero aunque la jerarquía vaticana estaba empeñada en no beatificar a Monseñor Romero, el pueblo fiel, que no es tonto, comenzó a venerarlo como San Romero de América y ya sabemos: “Vox populi, vox Dei”. Y Benedicto XVI “se vio obligado” a permitir que la Causa siguiera su proceso normal levantando la “Dilata” a la que se había visto sometida durante tanto tiempo por la Congregación de la Doctrina de la Fe. Fue el Papa Francisco quién en abril del año 2013, recién elegido obispo de Roma, ordenó que se retomara el trabajo abandonado en el 1998, que se redactara la “Positio super martyrio” y que se acelerara la Causa recuperando en solo dos años todo el tiempo perdido, tanto por negligencia como por malicia. Y en eso estamos y por eso estamos llenos de alegría porque finalmente, la Iglesia va a hacer justicia, a pesar de la perfidia de determinados jerarcas vaticanos. Seguro que el Beato Oscar Arnulfo Romero perdonará a todos estos individuos.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Beato Óscar Romero, arzobispo mártir (II)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía del Siervo de Dios durante una concelebración.

Fotografía del Beato durante una concelebración.

Denuncia profética
A partir del asesinato del padre Rutilio, el clero se unió en torno al nuevo arzobispo, y los fieles sintieron el llamado y la protección de una Iglesia que les pertenecía; así, la fe de los hombres se convirtió en el arma más potente, capaz de desafiar a las cobardes armas del terror.  La situación del país se tornó más complicada aún con el fraude electoral que impuso al general Carlos Humberto Romero en la presidencia. La protesta generalizada muy pronto se hizo escuchar. También instaba a la Iglesia a que se hiciera al lado del pobre porque “una Iglesia que no se une a los pobres no es verdadera Iglesia” (Febrero, 1980).

El arzobispo Romero pasó a ser un implacable protector de la dignidad de los seres humanos, sobre todo de los más desposeídos; de hecho emprendió una actitud de denuncia contra la violencia, animándose a enfrentar cara a cara a los regímenes del mal. Sus homilías dominicales se convirtieron en algo sumamente esperado, puesto que desde allí analizaba la situación del país con la luz del Evangelio, al tiempo que despertaba esperanza para transformar la estructura de terror reinante. “Yo tengo que escuchar qué dice el Espíritu por medio de su pueblo y, entonces, sí, recibir del pueblo y analizarlo y junto al pueblo hacerlo construcción de la Iglesia” (30 de septiembre de 1979).

La acción pastoral de Romero encontró marcadas oposiciones entre los sectores económicos de mayor poder y en las estructuras de gobierno. Pero también sumó descontento entre las nacientes organizaciones político-militares de izquierda, empeñadas en conducir al país hacia una revolución. Este calvario que recorría la Iglesia ya había dejado rasgos en la misma, luego del asesinato del padre Rutilio Grande, se sucedieron otros asesinatos más. Fueron asesinados los sacerdotes Alfonso Navarro y su amiguito Luisito Torres, luego fue asesinado el padre Ernesto Barrera, posteriormente fue asesinado, en un centro de retiros, el padre Octavio Ortiz y cuatro jóvenes más. Por último fueron asesinados los padres Rafael Palacios y Alirio Napoleón Macías. La Iglesia sintió en carne propia el odio irascible de la violencia que se había desatado en el país.

Tampoco faltaron quienes desde dentro mismo de la Iglesia intentaron manchar su nombre, llegando hasta los oídos del Vaticano. “Muchos andan diciendo que yo soy presionado y que estoy predicando cosas que no creo. Hablo con convicción, sé que les estoy diciendo la Palabra de Dios. He confrontado su palabra con el magisterio y creo en mi conciencia que estoy bien” (15 de mayo de 1977). A finales de 1979 Romero supo del inminente peligro que acechaba contra su vida y en muchas ocasiones hizo referencia de ello consciente del temor humano, pero más consciente del temor a Dios a no obedecer la voz que suplicaba interceder por aquellos que no tenían nada más que su fe en Dios: los pobres.

El Siervo de Dios en audiencia con el papa San Juan Pablo II.

El Beato en audiencia con el papa San Juan Pablo II.

Por esta lectura de la Palabra de Dios, fue acusado por el propio presidente de El Salvador, quien afirmó que en «la iglesia salvadoreña hay crisis a causa de clérigos tercermundistas, y que la predicación del arzobispo es una predicación política y que no tiene la espiritualidad que otros sacerdotes si siguen predicando». Pero nada logró intimidarlo. Óscar Romero continuó predicando muy claramente su evangelio y respondía a los que lo criticaban con mucha elocuencia.

Durante los tres años siguientes, sus homilías, transmitidas por la radio diocesana YSAX, denunciaban la violencia tanto del gobierno militar como de los grupos armados de izquierda. Señaló especialmente hechos violentos como los asesinatos cometidos por escuadrones de la muerte y la desaparición forzada de personas, cometida por los cuerpos de seguridad. En agosto de 1978, publicó una carta pastoral donde afirmaba el derecho del pueblo a la organización y al reclamo pacífico de sus derechos.

Confesión de fe
Un frustrado atentado se produjo en la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús, en febrero de 1980, que de haberse perpetrado hubiese acabado no sólo con la vida de Monseñor Romero, sino además con la de muchos fieles que se encontraban dentro de dicha Basílica. A raíz de su actitud de denuncia, Mons. Romero comenzó a sufrir una campaña extremadamente agobiante contra su ministerio arzobispal, su opción pastoral y su personalidad misma, cotidianamente eran publicados en los periódicos más importantes, editoriales, campos pagados, anónimos, etc., donde se insultaba, calumniaba, y más seriamente se amenazaba la integridad física de Mons. Romero. La “Iglesia Perseguida en El Salvador” se convirtió en signo de vida y martirio en el pueblo de Dios. Era difícil entender en el ambiente salvadoreño, cómo un hombre tan sencillo y tímido como Mons. Romero pasara a ser un “implacable” defensor de la dignidad humana y que su imagen traspasara las fronteras nacionales por el hecho de ser “voz de los sin voz”.

Mural del Siervo de Dios en una calle de El Salvador con una cita suya: "Las estructuras de injusticia social son las que han dado muerte lenta a nuestros pobres".

Mural del Beato en una calle de El Salvador con una cita suya: “Las estructuras de injusticia social son las que han dado muerte lenta a nuestros pobres”.

Monseñor Romero comprendió que como cristiano, como obispo, no se podía callar ante las injusticias diarias que veía en su país. Y optó por los pobres de su pueblo, a quienes nadie defendía. Desde los pobres descubrió que Dios es de ellos, es su defensor y liberador; entre los pobres descubrió que Dios es el Dios empequeñecido, oculto, sufriente y crucificado. Esto le hizo ahondar también en el misterio de un Dios siempre mayor, trascendente, la última reserva de verdad, de bondad, de humanidad, con que contamos los seres humanos. En octubre de 1979, recibió con cierta esperanza las promesas de la nueva administración de la Junta Revolucionaria de Gobierno, pero con el transcurso de las semanas, volvió a denunciar nuevos hechos de represión realizados por los cuerpos de seguridad.

Un día antes de su muerte, el 23 de marzo de 1980, hizo un enérgico llamamiento al ejército salvadoreño: “Yo quisiera hacer un llamamiento, de manera especial, a los hombres del ejército. Y en concreto a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles… Hermanos, son de nuestro mismo pueblo. Matan a sus mismos hermanos campesinos. Y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: “No matar”. Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia, y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado. La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre. En nombre de Dios y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: Cese la represión”. Estas palabras fueron su sentencia de muerte.

Fieles en torno al cadáver del Siervo de Dios tras su martirio.

Fieles en torno al cadáver del Beato tras su martirio.

Martirio
“Cristo nos invita a no tenerle miedo a la persecución porque, créanlo hermanos, el que se compromete con los pobres tiene que correr el mismo destino de los pobres: ser desaparecidos, ser torturados, ser capturados, aparecer cadáveres” (17 de febrero de 1980). Cuando su muerte era inminente e inevitable, Monseñor se resignó a su destino, como lo habían hecho muchos antes que él, en El Salvador y otros lugares del tiempo y el espacio donde la falta de justicia hace que hombres y mujeres tomen la opción fundamental por los más oprimidos. Sus últimas palabras, minutos antes de ser asesinado, nos recuerdan de la tradición que se estableció en la Última Cena de Jesús, el Hijo de Dios. “Que este Cuerpo inmolado y esta Sangre sacrificada por los hombres, nos alimente también para dar nuestro cuerpo y nuestra sangre al sufrimiento y al dolor, como Cristo, no para sí, sino para dar conceptos de justicia y de paz a nuestro pueblo.” (24 de marzo de 1980).

El día lunes 24 de marzo de 1980 fue asesinado cuando oficiaba una misa en la capilla del hospital de La Divina Providencia, en la colonia Miramonte de San Salvador. Un disparo hecho por un francotirador impactó en su corazón, momentos antes de la Consagración eucarística. Tenía 62 años de edad.

Fue enterrado el 30 de marzo y sus funerales fueron una manifestación popular de compañía, sus queridos campesinos, las viejecitas de los cantones, los obreros de la ciudad, algunas familias adineradas que también lo querían, estaban frente a la catedral para darle el último adiós, prometiéndole que nunca lo iban a olvidar. Raramente el pueblo se reúne para darle el adiós a alguien, pero él era su padre, quien los cuidaba, quien los quería, todos querían verlo por última vez. Tres años de fructífera labor arzobispal habían terminado, pero una eternidad de fe, fortaleza y confianza en un hombre bueno como lo fue Mons. Romero habían comenzado, el símbolo de la unidad de los pobres y la defensa de la vida en medio de una situación de dolor había nacido.

Fotografía del funeral del Siervo de Dios.

Fotografía del funeral del Beato.

Repercusiones
El arzobispo Romero fue uno más entre cientos de cristianos mártires, antes y después de esa fecha. En 1989 fue masacrada una comunidad jesuita completa. Seis profesores universitarios, la cocinera de la casa y su hija. Ignacio Ellacuría, el rector de la UCA, fue eliminado por su rol clave en las negociaciones por la paz entre el gobierno y la guerrilla.

En 1993 la Comisión de la Verdad, organismo creado por los Acuerdos de Paz de Chapultepec para investigar los crímenes más graves cometidos en la guerra civil salvadoreña, concluyó que el asesinato de Monseñor Óscar Romero había sido ejecutado por un escuadrón de la muerte formado por civiles y militares de ultraderecha y dirigidos por el mayor Roberto d’Aubuisson, (fundador del Partido ARENA) y el capitán Álvaro Saravia, el cual, años más tarde confesó en una entrevista periodística su participación junto con importantes miembros empresariales del país, señalando a Mario Ernesto Molina Contreras, hijo del ex-presidente Arturo Armando Molina y a Roberto D’Aubuisson entre otros. D’Aubuisson, que murió en 1992 como consecuencia de un cáncer, siempre rechazó su vinculación al hecho.

En 2004, una corte de los Estados Unidos declaró civilmente responsable del crimen al capitán Saravia. El 6 de noviembre de 2009, el Gobierno salvadoreño presidido por Carlos Mauricio Funes Cartagena decidió investigar el asesinato de Romero para acatar un mandato de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos del año 2000.

Proceso de Canonización
Con ocasión del XIII aniversario de su asesinato, en 1993, se presentó ante el entonces arzobispo Rivera Damas, la solicitud de introducción de la Causa de Canonización de Mons. Óscar A. Romero Galdámez. A partir del mismo, se instruyó el proceso informativo sobre su vida y martirio. Después de tres años, se clausuró la etapa diocesana del proceso, enviándose todo el material a la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos. La causa fue aceptada como válida e ingresó en estudio, a la espera de un dictamen definitivo favorable a su canonización. El 12 de agosto de 2013, el cardenal cubano y enviado del papa Francisco, Jaime Ortega, pidió en una eucaristía por el centenario de la archidiócesis de San Salvador la canonización del asesinado arzobispo salvadoreño.

Monseñor Romero ha sido la figura más conflictiva de la Iglesia en América Latina. Unos niegan que su martirio haya sido martirio. Ser asesinado por motivos sociales no les parece martirio. Creen que la fe no tiene que ver con la política. Les impresiona que lo hayan matado mientras celebraba la misa. Pero no ven una conexión entre la Eucaristía y la solidaridad del obispo con las víctimas de la violencia. El problema, dicen los partidarios del obispo, es qué se entiende por martirio. Éstos, por su parte, hablan de él como de San Romero de América. Lo hacen provocativamente. Si la Santa Sede no quiere reconocer su cristianismo, ellos sí lo hacen. Si algún día la Santa Sede sí lo reconoce, será porque ellos lo hicieron primero. El catolicismo liberacionista latinoamericano ve a la jerarquía aliada con los católicos enemigos de Romero.

Montaje fotográfico del multitudinario entierro del Siervo de Dios.

Montaje fotográfico del multitudinario entierro del Beato.

Ahora se avisa que el estudio de su santidad ha sido “desbloqueado”. ¿Qué pretende el Papa Francisco con rehabilitar a un hombre conflictivo? Tal vez alguno de los cardenales electores piense que se lo escogió para reformar la Curia, pero no para reformar la Iglesia. Esta palabra “desbloquear” no se le escapa a un obispo de la Curia romana. No sería extraño que Francisco la haya usado antes que el obispo vocero. La causa de canonización de Romero no había podido avanzar. Había sido intencionalmente detenida. ¿Quién la bloqueó? Alguien no quiso reconocer al obispo de El Salvador el significado que su vida y su martirio tienen en América Latina. En el contexto de exclusión, pobreza, marginalidad y opresión del Salvador, este obispo comenzó a leer el Texto Santo, Vaticano II, Medellín, Puebla, y desde allí iluminó su realidad para denunciar los atropellos del régimen salvadoreño contra sacerdotes, religiosas, religiosos, catequistas laicos y ciudadanos que denunciaban la corrupción y las pocas oportunidades de participar democráticamente en ese país.

El arzobispo mártir en la cultura popular
Romero fue símbolo de unión con los pobres durante la guerra en El Salvador (1980-1992). Actualmente es considerado como un símbolo de la iglesia católica en El Salvador, y de otras partes del mundo. Algunos sectores le nombran “San Romero de América”, apelativo concebido por el Obispo emérito Pedro Casaldáliga.

La película Romero, realizada en 1989, está basada en su biografía. Con guion escrito por John Sacret Young y siendo Raúl Juliá –Homero Addams- la estrella principal. En la película biográfica sobre San Juan Pablo II para la televisión del año 2006, “Karol, el hombre que se convirtió en Papa”, el actor Carlos Kaniowsky interpreta al obispo mártir, si bien la escena de su asesinato es ubicada en la película dentro de la catedral, cuando en realidad fue en la capilla del Hospital La Divina Providencia.

Detalle de la galería de mártires del siglo XX en la abadía de Westminster, Londres (Reino Unido). De izqda a dcha: Santa Isabel Feodorovna, Marthin Luther King, el Siervo de Dios Óscar Romero y Dietrich Bonhöeffer.

Detalle de la galería de mártires del siglo XX en la abadía de Westminster, Londres (Reino Unido). De izqda a dcha: Santa Isabel Feodorovna, Marthin Luther King, el Beato Óscar Romero y Dietrich Bonhöeffer.

El Obispo mártir también es una figura y personaje central, y por algunos representantes, de la Teología de la Liberación: la preferencia de Dios por los pobres y Dios defensor de los pobres. El arzobispo mártir es venerado en la Comunión Anglicana como uno de los mártires del siglo XX y tiene una estatua dedicada en la Galería de la Abadía de Westminster en Londres, a lado de Martin Luther King y el pastor y teólogo luterano Dietrich Bonhoeffer, mártir de los campos de concentración. Un santo para todas las confesiones. Ha sido finalmente beatificado el 23 de mayo de 2015.

Óscar Romero, defensor de los pobres y mártir de Cristo Jesús, ruega por nosotros.

Alejandro

Enlaces consultados (14/11/2013):
http://www.donorione.org.ar
http://www.romeroes.com
http://es.wikipedia.org

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Beato Óscar Romero, arzobispo mártir (I)

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Mural del Siervo de Dios Óscar Romero, arzobispo de San Salvador.

Mural del Beato Óscar Romero, arzobispo de San Salvador.

“La lógica de Dios desconcierta a los hombres”.

Hoy quiero platicarles sobre la vida de un hombre que marcó el destino de su nación en una época manchada de sangre y dolor, y fue una luz de esperanza y la voz de los sin voz en un tiempo de represión.

Nació en Ciudad Barrios, departamento de San Miguel, el 15 de agosto de 1917. Su familia era humilde y con un tipo modesto de vida. Era el segundo de ocho hermanos. Practicó desde su infancia, la oración nocturna y la veneración al Inmaculado Corazón de María. Desde pequeño, Óscar fue conocido por su carácter tímido y reservado, su amor a lo sencillo y su interés por las comunicaciones. En la escuela pública donde estudió destacó en materias humanísticas más que en matemáticas.

Vocación
En el transcurso de su infancia, con ocasión de una ordenación sacerdotal a la que asistió, Óscar habló con el sacerdote que acompañaba al recién ordenado y le manifestó sus grandes deseos de hacerse sacerdote. Su deseo se convirtió en una realidad, cuando en 1930, a la edad de 13 años, ingresó al Seminario Menor de San Miguel y, a pesar de los problemas económicos que pasaba la familia para mantenerlo en el seminario, Óscar avanzó en su idea de entregar su vida al servicio de Dios y del pueblo. Posteriormente, con los padres jesuitas en el Seminario San José de la Montaña hasta 1937. Ese mismo año viajó a Roma, donde continuó sus estudios de teología en la Pontificia Universidad Gregoriana. Vivió en el Colegio Pío Latinoamericano (casa que alberga a estudiantes de Latinoamérica). En Roma fue alumno de monseñor Giovanni Batista Montini, (futuro papa Beato Pablo VI).

Fue ordenado sacerdote a la edad de 25 años en Roma, el 4 de abril de 1942. Continuó estudiando allí para completar su tesis de Teología sobre los temas de ascética y mística, pero debido a la Segunda Guerra Mundial y la inminente ocupación nazi de la ciudad, tuvo que regresar a El Salvador y abandonar la tesis que estaba a punto de concluir.

Fotografía del Siervo de Dios cuando era seminarista.

Fotografía del Beato cuando era seminarista.

Vida pastoral en su patria
En 1943 fue nombrado párroco de la ciudad de Anamorós en La Unión; después fue enviado a la ciudad de San Miguel, donde sirvió como párroco en la Catedral de Nuestra Señora de La Paz y como secretario del Obispo diocesano monseñor Miguel Ángel Machado, durante más de veinte años. El padre Romero era un sacerdote sumamente caritativo y entregado. No aceptaba obsequios que no necesitara para su vida personal. Ejemplo de ello fue la cómoda cama que un grupo de señoras le regaló en una ocasión, la cual regaló y continuó ocupando la sencilla cama que tenía.

Episcopado. Acercamiento al Cuerpo sufriente de Cristo
Dada su amplia labor sacerdotal fue elegido Secretario de la Conferencia Episcopal de El Salvador y ocupó el mismo cargo en el Secretariado Episcopal de América Central. El 25 de abril de 1970, la Iglesia lo llamó a proseguir su camino pastoral elevándolo al ministerio episcopal como Obispo Auxiliar de San Salvador, que tenía al ilustre Mons. Luis Chávez y González como Arzobispo y como Auxiliar a Mons. Arturo Rivera Damas. Con ellos compartiría su desafío pastoral y en el día de su consagración episcopal dejaba claro el lema de toda su vida: “Sentir con la Iglesia”. Más tarde, en 1974, fue nombrado obispo de la diócesis de Santiago de María, la más nueva del país. Esos años como Auxiliar fueron muy difíciles para Monseñor Romero. No se adaptaba a algunas líneas pastorales que se impulsaban en la Arquidiócesis y además lo aturdía el difícil ambiente que se respiraba en la capital. También fue nombrado director del semanario Orientación, y le dio al periódico un giro notablemente clerical. Este “giro” le fue muy criticado por algunos sectores dentro de la misma Iglesia, considerándolo un “periódico sin opinión”.

Por aquel entonces, la situación de violencia en El Salvador iba en aumento, mientras la Iglesia comenzaba a experimentar persecución. En junio de 1975 se produjo el suceso de “Las Tres Calles”, donde un grupo de campesinos que regresaban de un acto litúrgico fue asesinado sin compasión alguna, incluso a criaturas inocentes. El informe oficial hablaba de supuestos subversivos que estaban armados; las “armas” no eran más que las biblias que los campesinos portaban bajos sus brazos. En vistas a este suceso, los sacerdotes más jóvenes de la diócesis pidieron al obispo Romero que hiciera una denuncia pública y acusara a los culpables, que eran las mismas autoridades militares. Romero no podía comprender que detrás de estas autoridades civiles y militares, y del mismo Presidente de la República, Arturo Armando Molina, que era su amigo personal, existía una estructura de terror, que eliminaba todo lo que pareciera atentar contra los intereses de “la patria”, que no eran más que los intereses de los sectores más acomodados de la nación. Mons. Romero creía ilusamente en el Gobierno, éste era su grave error. Los amigos ricos que tenía eran los mismos que negaban un salario justo a los campesinos; esto le empezó a incomodar, la situación de miseria estaba llegando muy lejos como para quedarse esperando a una solución de los demás. La situación se agudizó y las relaciones entre el pueblo y el gobierno se fueron agrietando. Poco a poco comenzó a enfrentarse a la dura realidad de la injusticia social.

Fotografía del Beato celebrando la Eucaristía.

Fotografía del Beato celebrando la Eucaristía.

Nombramiento arzobispal
El 3 de febrero de 1977, fue nombrado por el Beato Papa Pablo VI como Arzobispo de San Salvador, para suceder a Monseñor Luis Chávez y González. Su ceremonia fue una ceremonia muy sencilla. Tenía 59 años de edad y su nombramiento fue para muchos una gran sorpresa, ya que muchos sacerdotes y laicos de la Arquidiócesis sintieron extrañeza ante su nombramiento, pues preferían para el cargo a Mons. Arturo Rivera y Damas, obispo auxiliar de Mons. Chávez. Algunos consideraron a Romero como el candidato de los sectores conservadores que deseaban contener a los sectores de la Iglesia arquidiocesana que defendían la “opción preferencial por los pobres” (conocidos como clero medellinista). El 10 de febrero de 1977, en una entrevista que le realizó el periódico La Prensa Gráfica, el arzobispo designado afirmó que el gobierno no debe tomar al sacerdote que se pronuncia por la justicia social como un político o elemento subversivo, cuando éste está cumpliendo su misión en la política de bien común.

El 20 de febrero, mientras la arquidiócesis se preparaba para la toma de posesión del nuevo arzobispo, el país celebraba elecciones presidenciales. Luego de los comicios, el 26 de febrero, el Consejo Central de Elecciones declaró vencedor al general Carlos Humberto Romero, candidato del Partido de Conciliación Nacional, (en el poder desde 1962). Las fuerzas opositoras denunciaron un fraude electoral de grandes proporciones y convocaron a una concentración popular en la Plaza Libertad de San Salvador. El 28 de febrero, las fuerzas de seguridad gubernamentales disolvieron violentamente esta concentración popular, con un saldo de decenas de muertos y desaparecidos. El 12 de marzo de 1977, se conoció la terrible noticia del asesinato del padre Rutilio Grande, un gran sacerdote, muy abierto en sus ideas, consciente, activo y sobre todo comprometido con la fe de su pueblo. La muerte de un amigo duele, Rutilio fue un buen amigo para Monseñor Romero y su muerte le dolió mucho, podemos decir que un mártir dio vida a otro mártir. El arzobispo reaccionó a este asesinato convocando a una misa única, para mostrar la unidad de su clero. Esta misa se celebró el 20 de marzo en la plaza Barrios de San Salvador, a pesar de la oposición del nuncio apostólico y de otros obispos.

Fotografía de monseñor Romero en su atuendo episcopal.

Fotografía de monseñor Romero en su atuendo episcopal.

A partir del asesinato del padre Rutilio, el clero se unió en torno al nuevo Arzobispo, y los fieles sintieron el llamado y la protección de una Iglesia que les pertenecía; así, la fe de los hombres se convirtió en el arma más potente, capaz de desafiar a las cobardes armas del terror. La situación del país se tornó más complicada aún con el fraude electoral que impuso al general Carlos Humberto Romero en la Presidencia. La protesta generalizada muy pronto se hizo escuchar.

El contexto sociopolítico de El Salvador
En diciembre de 1931, el general Maximiliano Hernández Martínez  se convirtió en presidente de El Salvador, después del derrocamiento del gobernante civil, Arturo Araujo. Con el general Hernández Martínez se inició una sucesión de gobiernos militares que habrían de regir el país hasta 1979. La concentración de la tierra en pocas manos y las enormes desigualdades sociales generaron un levantamiento campesino e indígena en 1932, que fue brutalmente reprimido, con cerca de 30.000 muertos. El régimen de Martínez se consolidó después de contener la rebelión, manteniéndose en el poder hasta 1944. En la década de 1950, los gobiernos de los coroneles Osorio y Lemus, impulsaron algunas reformas sociales pero mantuvieron un fuerte control de la oposición.

La llamada “Guerra del Fútbol” con Honduras (1969), provocó el regreso en masa de miles de salvadoreños establecidos en el país vecino, lo que hizo aumentar las tensiones sociales. Durante la década de 1970, El Salvador se transformó progresivamente en un hervidero social. La falta de libertades, la abismal brecha entre ricos y pobres (el 10% de la población disfrutaba del 80% de las riquezas del país), sumados a la creciente tensión internacional entre occidente y el bloque comunista, contribuían a caldear el país.

Vista de la catedral metropolitana de San Salvador.

Vista de la catedral metropolitana de San Salvador.

En 1970, surgieron las Fuerzas Populares de Liberación “Farabundo Martí” (FPL), una escisión del Partido Comunista Salvadoreño (fundado en 1930). En febrero de 1971, el “Grupo”, una organización formada por estudiantes universitarios, (antecedente del Ejército Revolucionario del Pueblo, ERP) secuestró y dio muerte al empresario Ernesto Regalado Dueñas, en la primera acción armada de un grupo de izquierda revolucionaria.16 En las elecciones del 20 de febrero de 1972, la oposición civil conformó la coalición denominada Unión Nacional Opositora (UNO) que presentó como candidato presidencial, al ex alcalde de San Salvador, José Napoleón Duarte. Luego de los comicios, el Consejo Central de Elecciones, declaró ganador al candidato oficial, Coronel Arturo Armando Molina. La UNO realizó denunciadas reiteradas sobre un fraude electoral de grandes proporciones. Estudios hechos con posterioridad han mostrado que de forma fraudulenta el Consejo Central de Elecciones suspendió el conteo y finalmente declaró que el coronel Molina había obtenido la mayoría sobre la UNO.

El 25 de marzo de 1972, en protesta por el fraude, un grupo de jóvenes militares trató fallidamente de dar un golpe de estado. El fracaso de la oposición electoral contribuyó a acelerar el proceso de radicalización social y a engrosar las filas de las recientemente fundadas organizaciones guerrilleras. En febrero de 1977, en un nuevo proceso electoral calificado como fraudulento fue elegido presidente el general Carlos Humberto Romero.

En 1975 se constituyeron las Fuerzas Armadas de la Resistencia Nacional (FARN), como escisión del ERP y en 1976 surgió el Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos. Estos grupos armados mantuvieron una relación de cooperación con las organizaciones obreras, campesinas y estudiantiles (los llamados frentes de masas). Para financiarse los nacientes grupos guerrilleros recurrieron a los secuestros de empresarios y funcionarios públicos acontecidos en 1977. El gobierno de Molina y el de su sucesor Romero trataron de contener el crecimiento de los movimientos de izquierda con la represión ejecutada por los cuerpos de seguridad y el grupo paramilitar ORDEN. A fines de los años setenta los grupos paramilitares sumaban unos 100.000 miembros armados. Hubo asesinatos selectivos de maestros, dirigentes campesinos y sindicales y estudiantes universitarios y represión de manifestaciones públicas, como la disolución de una marcha estudiantil el 30 de julio de 1975 y la llamada “matanza de las gradas de Catedral“ el 8 de mayo de 1979.

Matanza de las Gradas de la catedral, el 8 de mayo de 1979.

Matanza de las Gradas de la catedral, el 8 de mayo de 1979.

Hacia 1979, la violencia entre el gobierno derechista y la oposición izquierdista degeneró en una guerra civil. La izquierda se organizó en la agrupación que buscaba recoger el testimonio de Farabundo Martí, el denominado Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), liderado por Schafik Handal, Salvador Cayetano Carpio y Joaquín Villalobos, con apoyo de los sectores campesinos organizados en las zonas rurales y entre los sectores obreros urbanos. La guerra civil de El Salvador, ha sido considerada como uno de los conflictos derivados de la confrontación ideológica, política y militar entre la Unión Soviética y los Estados Unidos (con sus respectivos aliados), conocida como Guerra Fría. Los dos bandos en pugna en el conflicto salvadoreño, estaban influenciados por la contienda global. El Gobierno de El Salvador había mantenido una firme alianza con los Estados Unidos de América desde mediados del siglo XX. Oficiales del ejército gubernamental, la FAES, recibieron adiestramiento en centros militares estadounidenses como la Escuela de las Américas aún en la época anterior al conflicto bélico salvadoreño, obteniendo el apoyo de los gobiernos de James Carter, Ronald Reagan y George H. W. Bush. Por otra parte, algunos movimientos de izquierda que conformaron el FMLN, en especial, el Partido Comunista Salvadoreño, mantenían relaciones de cooperación con la URSS, los países del bloque socialista de Europa del Este, Cuba y Nicaragua.

En la segunda parte hablaré sobre los últimos años de Monseñor Romero, su martirio y el proceso de elevación a los altares.

Alejandro

Enlaces consultados (14/11/2013):
http://www.donorione.org.ar
http://www.romeroes.com
http://es.wikipedia.org

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