Contestando a algunas breves preguntas (XXVI)

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Ficha de Santa Ana Ivanovna en el archivo policial, cuando fue arrestada por el régimen comunista.

Ficha de Santa Ana Ivanovna en el archivo policial, cuando fue arrestada por el régimen comunista.

Pregunta: ¿Es cierto que a una santa rusa la martirizaron los comunistas por el solo hecho de ser escritora? Gracias por tu respuesta. España.

Respuesta: Pues sí que es cierto. Se trata de Santa Ana Ivanovna Zertsalova, escritora de temas religiosos, nacida en Moscú en enero de 1870. El 27 de octubre del año 1937, los bolcheviques la encarcelaron en la prisión de Butyrka, en Moscú, y durante el interrogatorio se le preguntó si era la autora de la biografía del padre Valentín Amfiteatrov.

Ella, después de identificarse, contestó que sí era la autora y que lo había hecho porque este santo sacerdote había obrado milagros tanto en vida como después de muerto. Dijo que en 1910, dos años después de su muerte, había escrito el primer libro y que antes de la revolución había editado cuatro libros más, con una edición de mil copias de cada libro y que, después de la revolución, al comprobar una nueva curación ocurrida por intercesión del santo sacerdote, había escrito otro libro más que, aunque no había podido imprimirlo, lo había reproducido escribiéndolo a máquina veinticinco veces para repartirlo, de lo cual no se arrepentía.

Por esto, la Troika NKVD de la región de Moscú la condenó a morir fusilada, cosa que ocurrió el 27 de noviembre de 1938 en Butovo, siendo sepultada en una fosa común con otros muchos fusilados. Fue canonizada junto con otros muchos mártires rusos en el mes de agosto del año 2000.

Urna del cráneo del padre Manuel de Solórzano

Urna del cráneo del padre Manuel de Solórzano

Pregunta: Soy natural de Badajoz en España y asiduo visitante de vuestro blog. ¿Me podríais facilitar alguna información sobre la Causa de beatificación del padre Manuel de Solórzano? Muchísimas gracias.

Respuesta:Pues que yo sepa, el padre Manuel de Solórzano, jesuita nacido en Fregenal de la Sierra en el año 1649, no tiene aún abierta ninguna Causa de beatificación, aunque murió martirizado en el año 1684. Él marchó como misionero a las Islas Marianas, se estableció en la isla de Guam, en la cual durante varios años estuvo evangelizando a los nativos. En 1684, durante un levantamiento de los isleños, lo martirizaron cortándole una mano y dándole tres machetazos en el cráneo. Como no acababa de morir, finalmente lo degollaron.

Los jesuitas trajeron a España el cráneo del mártir y se lo entregaron a su familia en Fregenal. Desde entonces, a causa de los desplazamientos familiares, esta reliquia ha estado en varios pueblos de tu provincia, hasta que en el verano del 2013 volvió a Segura junto con unas noventa cartas autógrafas del sacerdote. Entre estas cartas hay una en la que los testigos que presenciaron su muerte cuentan cómo fue la misma. Recientemente, Monseñor Anthony Apuron, arzobispo de Guam, se ha mostrado interesado en abrir la Causa de beatificación y ha solicitado que la reliquia sea devuelta a la isla, cosa que se ha realizado hace muy poco tiempo. Es ahora cuando se va a abrir la Causa, pero aún no se ha hecho.

Pregunta: Leyendo sobre la historia de la Iglesia me he encontrado varias veces con el término “Pentarquía”. ¿Qué se quiere decir con esto. Muchas gracias desde Ecuador.

Respuesta: Desde el punto de vista etimológico, pentarquía (Πενταρχίας) significa gobierno conjunto de cinco personas, siendo este un término muy utilizado cuando se escribe sobre la historia de la Iglesia. En la antigua cristiandad existían cinco importantes sedes episcopales en los dominios del Imperio Romano: Jerusalén, Antioquía, Alejandría, Roma y Constantinopla. Eran las llamadas iglesias patriarcales existentes cuando la Iglesia aún no se había dividido, cuyos obispos eran llamados patriarcas que tenían la condición de primados. El obispo de Roma (el Papa) era considerado el primero entre iguales.

S.S. Bartolomé I, Patriarca Ecuménico de Constantinopla.

S.S. Bartolomé I, Patriarca Ecuménico de Constantinopla.

La primera diócesis que se fundó fue la de Jerusalén. Podríamos decir que su fundación coincidió con el día de Pentecostés. Ese día quedó formalmente constituida la comunidad de seguidores de Cristo en aquella ciudad santa, y fueron los propios apóstoles quienes la fundaron. Su primer obispo fue el apóstol Santiago Alfeo, que murió mártir en el año 62.

La segunda en orden cronológico fue la sede de Antioquía en Siria, que fue fundada por los cristianos que huyeron de Jerusalén cuando fue martirizado San Esteban, aunque la tradición nos dice que su primer obispo fue el propio San Pedro. Éste consagraría a San Ignacio, que después de San Evodio, sería su sucesor. La tercera sede fue la de Alejandría en Egipto, fundada por San Marcos, quien sería su primer obispo.

Posteriormente, los apóstoles Pedro y Pablo fundaron la sede de Roma, siendo Pedro su primer obispo. Esto no sólo lo sabemos por tradición, sino porque existen documentos redactados por San Ireneo de Lyon y San Eusebio de Cesarea, entre otros. Finalmente, está la sede de Constantinopla, cuya fundación se le atribuye al apóstol San Andrés, el hermano de San Pedro.

En la actualidad, las cinco sedes son Patriarcados, luego podríamos decir que existen cuatro patriarcados en Oriente (Jerusalén, Antioquia, Alejandría y Constantinopla) y uno en Occidente (Roma). El Santo Padre no es sólo obispo de Roma, sino también Patriarca de Occidente. No entro en los otros “títulos” o responsabilidades que le damos los católicos, porque quiero contestarte a esta pregunta de la manera más aséptica posible.

Pregunta: En el mes de noviembre del año pasado el Papa Francisco visitó Turquía y dentro de esa visita, al Patriarcado de Constantinopla. ¿Es cierto que deliberadamente escogió el día del inicio de la visita porque en ese día se festejaba a un santo local? Gracias por vuestra contestación.

Fotografía del encuentro entre el Beato Pablo VI y el Patriarca Ecuménico Atenágoras I.

Fotografía del encuentro entre el Beato Pablo VI y el Patriarca Ecuménico Atenágoras I.

Respuesta: Es cierto que el Santo Padre visitó Turquía en el mes de noviembre pasado, pero no es cierto que la visita se iniciara el día 28 en Ankara porque ese día fuera la fiesta de San Esteban de Constantinopla. Desde que en el año 1964, el Beato Papa Pablo VI y Su Santidad Atenágoras I de Constantinopla iniciaran en Jerusalén la reconciliación de ambas Iglesias, levantando las mutuas excomuniones, se inició la costumbre de que una delegación de la Iglesia de Roma visitaba el Patriarcado Ecuménico el día del apóstol San Andrés, y una delegación del Patriarcado Ecuménico visitaba el Vaticano en la festividad de los apóstoles Pedro y Pablo. Alguna vez, esa representación romana fue presidida por el Papa, y varias veces la representación constantinopolitana ha sido presidida por el Patriarca.

Este año pasado el Papa Francisco ha querido presidir esta representación y ha aprovechado la ocasión para visitar oficialmente Turquía. Tú sabes que previamente ha estado en Brasil, Tierra Santa (Jordania, Palestina e Israel), Corea del Sur, Albania y el Parlamento Europeo. Bueno, pero como decimos en España: “Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid”, como tocas el tema del santo constantinopolitano, te diremos algo sobre él.

Fresco ortodoxo de San Esteban de Constantinopla.

Fresco ortodoxo de San Esteban de Constantinopla.

San Esteban nació en Constantinopla y es uno de los mártires más famosos de la persecución iconoclasta. Con quince años entró en el monasterio de San Auxencio cerca de Calcedonia, siendo elegido egumeno del mismo monasterio cuando murió el abad Juan. Era un monasterio troglodita, o sea, constituido por varias celdas (oquedades) desperdigadas en una montaña. Él se instaló en la que en altitud estaba más arriba y allí se dedicó a la oración y a escribir.

Eran los tiempos en los que gobernaba el emperador Constantino V Coprónimo, hijo de León III Isáurico que había declarado la guerra al culto a las imágenes. Estamos hablando del siglo VIII. El emperador encarceló a Esteban porque se había opuesto a la celebración de un sínodo convocado en Hiera para tratar el tema del culto a las imágenes, y lo sometió a un interrogatorio en el monasterio de Crisópolis. Al preguntarle el por qué se había opuesto a la celebración de ese sínodo, el santo le respondió que porque no había sido convocado ni por los Patriarcas ni por el Papa, luego no era ecuménico y porque además, él estaba a favor de la veneración de las imágenes sagradas. Lo trataron brutalmente y lo desterraron a la isla de Prokonnesos.

Dos años más tarde, el emperador ordenó que lo encerraran en una cárcel en Constantinopla y unos días después, lo llamó a su presencia y le preguntó si creía que pisotear una imagen era lo mismo que pisotear a Cristo. Esteban dijo que no, pero cogió una moneda, la tiró al suelo y le preguntó al emperador si pisotear su cara en la moneda era lo mismo que pisotearlo a él. El emperador enfureció y entonces Esteban, valientemente, le dijo: “¿Así que es un crimen enorme insultar la imagen del rey de la tierra y no lo es el arrojar al fuego las imágenes del Rey de los cielos?”. El emperador se puso aun más furioso y ordenó azotarlo. Posteriormente fue asesinado en el propio palacio imperial el 28 de noviembre del año 764.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Contestando a algunas breves preguntas (XXV)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Vista de un stergar o pañuelo sobre un icono ortodoxo del Salvador.

Vista de un stergar o pañuelo sobre un icono ortodoxo del Salvador.

Pregunta: Buenas tardes. En primer lugar felicito a todo el equipo por este magnífico sitio y por el bien que hacéis en él. Quisiera saber cómo se llama y qué significado tiene esa tela más o menos decorada, que los fieles ortodoxos colocan a modo de estola sobre los sagrados iconos, tanto en los templos como en los hogares. Muchas gracias.

Respuesta: Esa tela a la que haces referencia es un simple adorno que solo se usa a nivel popular; muy raramente se utiliza en los templos. No tiene por lo tanto, ningún significado litúrgico. Su nombre es “stergar”, aunque posiblemente en algunas localidades puedan darle otros nombres populares. En esta foto podrás ver un “stergar” puesto en un icono griego de Cristo.

Pregunta: Mi esposa se llama “Betina” y no tengo noticias de que tenga una santa patrona homónima. Supongo que el nombre es de origen germánico, ya que en Alemania es frecuente. Cualquier noticia que tengan al respecto, les agradezco desde ya su ayuda.

Respuesta: Santa Betina no existe. Como nombres más parecidos existen Betelino, Betón y Bett o Betti. ¿No será el femenino de este último nombre? A mi entender es lo más probable y por eso te daré algunas notas sobre este santo apóstol del Anglia Central y del Reino de Mercia.

Cuando Peada, hijo de Penda (625-655) heredó de su padre el gobierno de Anglia Central marchó hacia donde estaba el rey de Northumbria a fin de solicitarle la mano de su hija. El soberano se mostró dispuesto pero poniéndole como condición que abrazara el cristianismo y se hiciesen bautizar tanto él como todo su pueblo. El joven aceptó y después de hacerse catequizar por su futuro suegro, se convirtió junto con sus acompañantes siendo bautizados por San Finán, obispo de Lindisfarne. Cuando se iba a marchar de vueltas le pidió al rey cuatro sacerdotes para que evangelizaran su pueblo y con él se marcharon San Cedda, San Adda, San Betti y San Diuma. Los tres primeros eran ingleses y el último era escocés.

Icono de San Betti, apóstol de Anglia y Mercia.

Icono de San Betti, apóstol de Anglia y Mercia.

Cuando llegaron a Anglia, los cuatro sacerdotes de pusieron a predicar el evangelio, obteniendo un gran número de conversiones. Enseguida, con el consentimiento de Penda, los cuatro sacerdotes evangelizaron también el Reino de Mercia. Las dos regiones, o sea, Anglia Central y Mercia se unificaron en una sola diócesis, cuyo primer obispo fue San Diuma, consagrado por San Finán. De San Betti de Wirksworth no se conoce ningún dato más, solo que los bolandistas determinaron su festividad el 11 de febrero.

Resumiendo, si tu esposa quiere que San Betti sea su santo patrono, puede hacerlo sabiendo que fue un sacerdote del siglo VII, apóstol de Anglia y Mercia, que nada tuvo que ver con Germania y que se conmemora el 11 de febrero.

Pregunta: Aunque sé que Santa Águeda no es la única santa cuyo cuerpo está troceado y que sus restos andan repartidos por medio mundo, por ser devota de ella os agradecería que me informaseis un poco sobre sus reliquias. Su vida ya la he leído en el magnífico artículo del 5 de febrero del 2011 hecho por Meldelen.

Respuesta: Pues llevas razón porque sus restos, aunque mayoritariamente están en Catania, lo están también en otros relicarios repartidos por otros muchos lugares, especialmente en Italia y en otros países europeos.

En primer lugar tenemos que destacar el magnífico busto relicario de plata del siglo XIV, obra del orfebre italiano Giovanni Di Bartolo, que contiene el cráneo y parte del tórax de la santa. Este relicario, que tiene la forma de una escultura de cintura para arriba, que está esmaltado y repujado con abundantes joyas, está hueco por dentro y ese es el sitio donde se encuentran las reliquias, que como te he dicho es el cráneo y algunos huesos del tórax e incluso ¡algunos órganos internos de la santa! A mi entender, este es el relicario más popular, al que a lo largo de los siglos se le han hecho numerosas donaciones papas, reyes, cardenales, etc., algunas de ellas muy valiosas, como por ejemplo, la corona que le regaló Ricardo “Corazón de León”, que ella sola lleva casi un kilo y medio de piedras preciosas. Ni que decir tiene que este busto relicario está en la ciudad de Catania y que sale en procesión.

Busto-relicario procesional de la Santa que se venera en su catedral de Catania, Sicilia (Italia).

Busto-relicario procesional de la Santa que se venera en su catedral de Catania, Sicilia (Italia).

De ese mismo siglo son los relicarios de algunos de sus miembros, venerados también en Catania: un fémur, un brazo, el pie derecho, la mano derecha y una pierna. Los relicarios de la mama y del velo de la santa son del año 1628. Este velo es visible dentro de una especie de urna, es de seda rosa y se expone a la pública veneración en la festividad de la santa.

Hay dos ciudades italianas de la región de Puglia – Gallipoli y Galantina -, que tienen relación con una de las mamas de la santa; de ambas ciudades es patrona Santa Águeda. En Gallipoli se cuenta que en el año 1126 Santa Águeda se le apareció en sueños a una mujer diciéndole que su bebé tenía algo en la boca. Ella se despertó, confirmó que así era, pero no le pudo abrir la boca al niño. Como no había forma de conseguirlo, recurrió al obispo de la ciudad el cual se puso a rezar las letanías de los santos. Al nombrar a Santa Águeda, el niño abrió la boca y de ella salió la mama. La reliquia estuvo en Gallipoli hasta el año 1389 cuando el príncipe Del Balzo Orsini la trasladó a Galatina, donde se colocó en la iglesia de Santa Catalina de Alejandría, que es donde actualmente se encuentra.

Relicario con la mama de Santa Águeda.

Relicario con la mama de Santa Águeda.

En Catania está también el llamado “scrigno”, que es una caja de madera que se conserva en la iglesia de Sant’Agata la Vetere, que contuvo parte de los restos de la santa hasta el 1576 y que actualmente sólo contiene dos documentos: una Bula del Papa Urbano II en la que se dice que la santa nació en Catania y no en Palermo y un pergamino del 1666 en el que se declara a la santa como protectora perpetua de Messina. Esta caja de madera actualmente está dentro de una preciosa urna de plata.

Aparte de Catania, en Sicilia existen otras reliquias de Santa Águeda, como por ejemplo el cubito y el radio de un brazo en Palermo, un hueso del otro brazo en Messina y otra reliquia insigne de un brazo en la localidad de Alí (Messina). En varias iglesias de Roma también existen reliquias menores. En la localidad de Sant’Agata dei Goti (Benevento) se conserva un dedo y otras reliquias más pequeñas en las ciudades italianas de Florencia, Venecia, Salerno, Ferrara, Capua, Pistoia, Venalzio, Siponto, etc. En España hay reliquias en Barcelona, Burgos, Sevilla, Palencia y Oviedo. En Francia las hay en Cambrai, Douai y Breau. En Bélgica tienen reliquias las ciudades de Amberes, Bruselas, Thienen y Laar. Asimismo las hay en Colonia y Kamp Lutfort (Alemania), Luxemburgo y Praga (Chequia).

Pregunta: En más de una ocasión he escuchado o leído que del Beato Pablo VI se dice que fue un papa mártir. Vosotros mismos lo habéis referido en alguna ocasión en el blog. ¿Me podríais explicar con algo más de detalle el por qué se le califica de esta manera? Muchísimas gracias desde Chile.

Respuesta: Es cierto lo que dices: muchas veces se le nombra como Papa mártir y esta calificación, como tú mismo dices, tiene cierta lógica. Este es un tema que podría dar para un artículo completo pero como ya hemos escrito sobre este beato, prefiero darte solo algunas pinceladas que muestren su sufrimiento.

Nadie duda que el beato Pablo VI fue un hombre muy inteligente, valiente y bueno aunque algo tímido. Vivió unos años difíciles desde el punto de vista eclesial porque al ser elegido Papa se encontró con un Concilio convocado, del que solo se había celebrado una sesión que daba a entender que muchos padres conciliares querían algunas reformas que podían poner en peligro la unidad de la Iglesia. Tuvo que ser muy astuto y muy firme para manifestar de manera muy delicada que si algunos de los documentos que se estaban elaborando no se modificaban, él no los firmaría. El quería conseguir que del Concilio salieran unos documentos que fueran aceptados por toda la Iglesia Católica y no solo por parte de ella.

La historia nos ha demostrado que con posterioridad al Concilio han existido dos corrientes predominantes en la Iglesia: unos que querían continuar con los modos y formas precedentes al mismo (los llamados ultraconservadores) y otros que buscaban una ruptura con el pasado (los llamados progresistas). Por eso el propio Papa Benedicto XVI llegó a decir que “el post-concilio tuvo sus luces y sus sombras”.

El Beato Pablo VI, papa.

El Beato Pablo VI, papa.

Y estas tensiones comenzaron inmediatamente después de clausurarse el Concilio y al Papa Pablo VI le tocó vivirlas y hacerles frente. Fueron años difíciles: recordemos las secularizaciones masivas de sacerdotes y religiosos, el abandono de multitud de católicos desengañados con una jerarquía que en determinados países estaba excesivamente politizada, el cisma de Lefèvre, etc. El propio ímpetu ecuménico que imprimió a la Iglesia no era comprendido por todos; era incluso atacado por determinados sectores de la propia jerarquía. Esto hizo sufrir muchísimo al Papa, tanto que recordemos que en la fiesta de los santos apóstoles Pedro y Pablo del año 1972 llegó a decir que “el humo del infierno ha entrado dentro de la Iglesia… ya no hay confianza en la Iglesia… La duda ha entrado en nuestras conciencias y entró por una ventana que debería haber sido abierta para que entrara la luz”. Sufrió mucho, muchísimo, pero jamás perdió la esperanza en Dios.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Contestando a algunas breves preguntas (XXIII)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

El Beato Pablo VI, Papa.

El Beato Pablo VI, Papa.

Pregunta: De todos es conocido el rechazo de la Iglesia al aborto. ¿Es cierto que el milagro que ha llevado a Pablo VI a los altares está relacionado con este tema? Muchísimas gracias.

Respuesta: También es sabido que el Beato Pablo VI rechazó el aborto en la encíclica “Humanae vitae” publicada el 25 de julio de 1968 y que puede leerse en este link de la web del Vaticano.

Bueno, pues refiriéndome en concreto a tu pregunta quiero decirte que, en efecto, el milagro está relacionado con la curación de un feto, realizado en el año 2001. La madre se encontraba en la semana 24 de la gestación cuando en una de sus revisiones le detectaron al feto una lesión grave en la vejiga. Aunque los médicos le dijeron a la madre que el niño no nacería vivo y que si así lo hiciera, nacería con deformaciones y necesitaría de inmediato un transplante, la madre se negó a abortar y le pidió a una amiga que había conocido personalmente al Papa Pablo VI, que le rezara por su hijo. La amiga así lo hizo y cuando los médicos le hicieron la siguiente revisión a las 34 semanas de gestación, comprobaron asombrados que la malformación había desaparecido. El niño nació sano, tiene unos catorce años de edad y estuvo presente en la beatificación del Papa Montini.

Imagen de San Ginés de la Jara, obra de la escultora española Luisa Roldán, "la Roldana".

Imagen de San Ginés de la Jara, obra de la escultora española Luisa Roldán, “la Roldana”.

Pregunta: Buenos días. Me gustaría saber si me pueden ayudar en la iconografía de San Ginés de la Jara. Estoy intentando buscar los atributos del santo y si su patronazgo es de los viticultores, campesinos, mineros e incluso los marineros. La información que he encontrado es ambigua, inconclusa y dispersa. Un saludo.

Respuesta: Siento ser brusco, pero como a mi me gustan las cosas claras, a veces, no soy muy diplomático para decirlas y esta es una de esas veces. San Ginés de la Jara no es un santo real, no existe; es un personaje de leyenda creado en el entorno de la ciudad de Cartagena, de la que es copatrono. Es un claro desdoblamiento de un santo real: San Ginés de Arlés, un mártir del que nos hablan tanto Prudencio en el “Peristephanon” como Venancio Fortunato.

Pero este no es el único caso de desdoblamiento de San Ginés de Arlés, sino que también lo son San Ginés de Alvernia, San Ginés de Béziers, San Ginés de Barcelona, San Ginés de Córdoba y algún otro Ginés más, todos ellos falsos. En el caso de San Ginés de la Jara (o San Ginés Sciarensis) hay que decir que en el siglo XV se fundó un convento franciscano en Cartagena al que se le puso el nombre de “San Ginés de la Jara”, pero en el que se veneraba en realidad al soldado mártir San Ginés de Arlés. A partir de ahí, se armó el lío porque el pueblo se inventó una historia que hablaba de un eremita que se había establecido junto al Mar Menor mucho antes de que los árabes desembarcaran en la Península Ibérica y que había muerto como mártir. Se decía que su linaje era noble y ¡oh casualidad!, que procedía de Francia. Recordemos que Arlés es una ciudad francesa. El colmo del despropósito fue que el Papa Paulo III, lo reconoció como santo en el año 1541 y ¡oh casualidad también!, puso su festividad el 25 de agosto, que es la misma fecha en la que se conmemora al santo de Arlés.

Como el Mar Menor está en el Mar Mediterráneo y junto a las minas de cinc y plomo de La Unión, de ahí le viene su patronazgo a los marineros y mineros. Y como se dice que era un ermitaño, se le representa vestido como un monje (se puede ser ermitaño sin ser monje) y para más colmo, con el báculo de un abad. Todo un despropósito. Por eso no me extraña que, como tú muy bien dices, la información que hasta ahora has encontrado es ambigua, inconclusa y dispersa. Pues yo te lo aclaro: es falsa.

Detalle de los mártires del Zenta en un lienzo contemporáneo.

Detalle de los mártires del Zenta en un lienzo contemporáneo.

Pregunta: ¿Me podríais decir que hay de cierto sobre la Causa de beatificación de los mártires del Zenta y darme alguna información sobre estos mártires? Gracias.

Respuesta: Bueno; es cierto que el pasado 25 de octubre el Vaticano dio el “Nihil obstat” a esta Causa, manifestando que no existe ningún obstáculo para continuar el proceso de beatificación de estos presuntos mártires. La diócesis de Orán (Argentina) lleva trabajando en esta Causa desde el mes de marzo del año 2002, habiendo constituido un tribunal y una comisión de peritos en Historia y Teología, cuyo principal objetivo es la recopilación de la mayor cantidad de datos históricos posibles. Por el hecho de ser argentino, el Papa Francisco está al tanto de esta Causa.

Aunque a finales del siglo XVIII, fueron asesinados unos veinte sacerdotes y seglares cuando estaban en plena tarea evangelizadora en el Chaco salteño, la Causa de beatificación ha sido solo abierta a los sacerdotes Pedro Ortiz de Zárate (de la diócesis de Orán) y Juan Antonio Solinas (jesuita italiano de Cerdeña). Al menos, que yo sepa, en la Causa no están incluidos los dieciocho seglares que les acompañaban, ya que de ellos se desconoce absolutamente todo, salvo el número de cuantos eran. Sin embargo lo más probable es que a lo largo de la tramitación de la Causa, sean agregados como compañeros mártires de nombres desconocidos.

El padre Pedro – que era un hombre viudo que se había ordenado de sacerdote -, quería misionar la zona del Gran Chaco comprendida entre los ríos Bermejo y Pilcomayo y en esta tarea era ayudado por el padre Juan Antonio. Junto al río Bermejo habían construido una pequeña capilla dedicada a la Virgen, donde celebraban la Eucaristía. El 27 de octubre del 1683, los dos sacerdotes y los seglares criollos y aborígenes allí presentes (hombres, mujeres y niños), fueron atacados por miembros de las tribus tobas y mocovíes, quienes a golpes de macanas los martirizaron y asesinaron. En esta web puedes encontrar más información sobre estos mártires.

Tenebrario encendido durante el oficio de tinieblas.

Tenebrario encendido durante el oficio de tinieblas.

Pregunta: Buenos días. Quisiera saber con exactitud cuales eran los salmos que se recitaban en el Oficio de Tinieblas en la Semana Santa, antes de la última reforma litúrgica y el uso exacto del tenebrario. Muchas gracias.

Respuesta:
Jueves Santo
Maitines:
Primer Nocturno: Salmos 68, 69 y 70
Segundo Nocturno: Salmos 71, 72 y 73
Tercer Nocturno: Salmos 74, 75 y 76
Laudes:
Salmos 50, 89, 35, 146 y Cántico de Moisés.

Viernes Santo
Maitines:
Primer Nocturno: Salmos 2, 21 y 26
Segundo Nocturno: Salmos 37, 39 y 53.
Tercer Nocturno: Salmos 58, 87 y 93
Laudes:
Salmos 50, 142, 84, 147 y Cántico de Habacuc

Sábado Santo
Maitines:
Primer Nocturno: Salmos 4, 14 y 15.
Segundo Nocturno: Salmos 23, 26 y 29.
Tercer Nocturno: Salmos 53, 75 y 87
Laudes:
Salmos 50, 91, 63, 150 y Cántico de Ezequías.

Sobre el tenebrario y su uso ya hemos escrito en este blog.

Fotografía de Cástor Zarco García, seminarista mártir.

Fotografía de Cástor Zarco García, seminarista mártir.

Pregunta: ¿Es cierto que la archidiócesis de Madrid ha incoado la Causa de beatificación de siete seminaristas madrileños?

Respuesta: Si es cierto y concretamente, hace muy poco tiempo, se clausuró el proceso diocesano, que se había iniciado en la diócesis de Madrid el 21 de octubre del año 2010. En esta Causa no solo hay siete seminaristas madrileños, sino que también hay uno de Santander y otro de Toledo, además de un sacerdote y un seglar. Su postulador es el sacerdote benedictino Miguel Vivancos Gómez.

Como acabo de decir, en esta Causa están incluidos: un sacerdote (Julio Pardo Pernía), nueve seminaristas (Pablo Chomón Pardo, Ramón Ruiz Pérez, Jesús Sánchez Fernández-Yáñez, Miguel Talavera Sevilla, Antonio Moralejo Fernández, Mariano Arrizabalaga Español, Ángel Trapero Sánchez-Real, Ignacio Aláez Vaquero y Castor Zarco García) y un seglar (Liberato Moralejo Juan). De todos modos, quiero remacharte, que a esta Causa aun le queda mucho recorrido, aunque por el solo hecho de haberse incoado, ya estos presuntos mártires son reconocidos como Siervos de Dios.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Beato Pablo VI, papa (II)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía del Venerable pontífice, tomada en 1977.

Fotografía del Venerable pontífice, tomada en 1977.

En el artículo de ayer escribimos resumidamente la vida del Venerable Papa Pablo VI antes de ser elegido Sumo Pontífice de la Iglesia Católica. En el artículo de hoy nos proponemos dar algunas pinceladas, sólo algunas, sobre su importante pontificado y sobre su Causa de beatificación.

Como dijimos ayer, dada su cercanía a sus dos predecesores, su conocimiento de la Curia Vaticana y su actividad en el Concilio Vaticano II, el cardenal Montini era un probable sucesor de San Juan XXIII y así fue elegido en el cónclave de 1963, teniendo como primera misión el dar continuidad al Concilio. Él sabía lo que se le venía encima y no tuvo miedo al aceptar: “Esta responsabilidad es única y me traerá una gran soledad y, aunque yo era ya antes un solitario, ahora mi soledad llegará a ser completa e impresionante”.

A muchos les extrañó el nombre escogido: Pablo, pero enseguida se supo cual había sido el significado de esa elección cuando él eligió como fecha de su coronación, no la solemnidad de los apóstoles Pedro y Pablo el día 29 de junio, sino el día siguiente, dedicado a la conmemoración en solitario del apóstol Pablo. Como San Pablo, él quería acercar a Cristo tanto a los que estaban cerca como a los que estaban lejos de Él y para realizar esta tarea, consideró que el diálogo era una herramienta primordial, como dejó bien claro en la encíclica “Ecclesiam suam” publicada el 6 de agosto de 1964. Fue el Papa del diálogo ecuménico en perfecta línea con las directrices emanadas del Concilio.

Para hacerse más cercano, acabó con parte del ceremonial tradicional y, aunque fue el último Papa coronado, donó su propia tiara a una basílica mariana estadounidense y con el motu proprio “Pontificalis Domus” suspendió casi todas las funciones ceremoniales en la corte papal, abolió la Guardia Palatina y la Guardia Noble, dejando como único cuerpo militar en el Vaticano a la Guardia Suiza. Asimismo, entre otras muchas innovaciones, reformó la Curia vaticana a fin de reducir la burocracia, estableció el Sínodo de los Obispos como institución permanente de la Iglesia, creó el Consejo Pontificio para el diálogo interreligioso, cambió las normas del Cónclave haciendo que los cardenales mayores de ochenta años no fueran electores, reformó la liturgia dándole entrada a las lenguas vernáculas y muchas otras cosas igualmente importantes, que omito para hacer breve el artículo, a fin de adaptar la Iglesia a los tiempos.

Vista de la tiara papal del Venerable, regalo de la archidiócesis de Milán, que él donó a la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción, Washington (EEUU).

Vista de la tiara papal del Venerable, regalo de la archidiócesis de Milán, que él donó a la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción, Washington (EEUU).

Su primera preocupación fue la continuidad y conclusión del Concilio que había iniciado el Papa Juan – y que según el derecho canónico quedaba suspendido a la muerte del Papa -, dirigiendo sagaz y firmemente los trabajos conciliares hasta su conclusión el día 8 de diciembre de 1965. Bajo su pontificado se celebraron la Segunda Sesión (1963), la Tercera (1964) y la Cuarta (1965). Aconsejo consultar esta web. Con posterioridad se dedicaría a poner en práctica la renovación y modernización de la Iglesia según el espíritu del Concilio.

Aunque en estos dos primeros años de su pontificado realizó un trabajo agotador, los siguientes no estuvieron exentos de problemas al poner en práctica las reformas conciliares. Fue este el período más doloroso de su pontificado, pues tenía que probar continuamente su fidelidad a la tradición de la Iglesia, pero al mismo tiempo tenía que abrirla al mundo moderno. Esto le originó muchas críticas y quejas, provenientes tanto de la derecha como de la izquierda.

La derecha se alineó con la rebelión encabezada por el arzobispo tradicionalista Marcel Lefevre, mientras que desde la izquierda no le faltaron insinuaciones calumniosas y las interpretaciones tendenciosas de sus opciones pastorales, sobre todo con la publicación de la encíclica “Humanae vitae” sobre el control de la natalidad, que fue publicada el 26 de julio del 1968. También le ocasionó numerosos problemas la puesta en marcha de la reforma que adaptaba la liturgia a los tiempos actuales, continuando con la labor que había iniciado su antecesor Pío XII cuando el 29 de junio de 1943 promulgó la encíclica “Mystici Corporis Christi” y el 20 de noviembre de 1947, la “Mediator Dei”. Pero el Papa, para llevar adelante estas reformas, fue incansable en dialogar con todos, tanto dentro como fuera de la Iglesia, con los hermanos ortodoxos, con los no cristianos y con los ateos.

Se reunió con todos los sacerdotes de su nueva diócesis: Roma; y les dijo que lo mismo que en Milán había comenzado un diálogo con el mundo moderno, como obispo de Roma, quería que todos sus sacerdotes buscaran el contacto con todas las personas de todas las clases sociales, independientemente de su manera de pensar en cuestiones de fe. Para intensificar este diálogo, fue el primer Papa en la historia moderna de la Iglesia que realizó una serie de grandes viajes misioneros que lo llevaron a todas las partes del mundo. El más memorable, realizado a principios de enero de 1964, fue a Tierra Santa, donde se encontró con el Patriarca Ecuménico Atenágoras I, tomando ambos el inicio de unas nuevas relaciones entre las dos Iglesias, entre Roma y Constantinopla, relaciones que continúan vivas y vigentes aun hoy en día.

Fotografía del encuentro entre el Venerable y el Patriarca Ecuménico Atenágoras I.

Fotografía del encuentro entre el Venerable y el Patriarca Ecuménico Atenágoras I.

Ya, durante las intervenciones de los padres conciliares, gracias a las indicaciones de Juan XXIII y posteriormente de Pablo VI, se evitaron hacer declaraciones que hiriesen a nuestros hermanos ortodoxos. Pablo VI, a través del cardenal presidente de la Secretaría para la unidad de los cristianos, garantizó que los documentos conciliares fueran abiertos a las sensibilidades del resto de las Iglesias cristianas, representantes de las cuales habían participado como invitados en el propio Concilio. El punto culminante de esta nueva relación entre las Iglesias Católica y Ortodoxa fue cuando el día 7 de diciembre del año 1965, se revocaron las excomuniones del año 1054 que mutuamente se habían lanzado entre sí, Roma y Constantinopla.

No menos importantes fueron las acciones políticas llevadas a cabo para renovar los tratados con los países del bloque comunista a fin de conseguir que la Iglesia, que estaba perseguida, consiguiera un mínimo espacio de libertad. Para conseguir lo que fue llamada la “ostpolitki”, tuvo de remover de sus sedes a dos ilustres prelados campeones de la lucha anticomunista: el cardenal de Esztergom József Mindszenty y el arzobispo de Praga Josef Beran; esto le ocasionó críticas muy duras por parte del ala más ultratradicionalista de la Iglesia, que vio en estas medidas una abdicación de la intransigencia doctrinal de su predecesor Pío XII y una ofensa a muchos católicos que habían sido víctimas de los regímenes marxistas. Pero como el Papa tenía muy claro que la ley suprema que debía imperar en la política de la Iglesia, era la salvación de las almas, para conseguir este objetivo, no tuvo miedo en alcanzar ciertos compromisos de carácter puramente político.

Vista del Venerable en el trono pontificio, fotografiado durante el Concilio Vaticano II.

Vista del Venerable en el trono pontificio, fotografiado durante el Concilio Vaticano II.

En el corazón de Pablo VI lo prioritario era la fe y para difundirla a toda costa, soportó heroicamente todas las adversidades, sin perder jamás ni la esperanza ni el amor. Esto fue visto al día siguiente del asesinato del primer ministro italiano Aldo Moro, amigo suyo de juventud, a manos de las Brigadas Rojas, que lo tuvieron secuestrado durante cincuenta y cinco días, durante los cuales el Papa hizo un llamamiento para que tuvieran un gesto de auténtica humanidad y lo liberaran. El Papa, ya enfermo, el 13 de mayo de 1978, presidió los funerales en la Basílica Lateranense, pronunciando delante de todo el mundo, unas palabras de esperanza y de perdón. Algo parecido ocurrió cuando se produjeron los últimos fusilamientos por parte del dictador Franco, intercediendo Pablo VI en solicitud de clemencia para los condenados.

Pocas semanas después, la tarde del domingo 6 de agosto de 1978, moría silenciosamente y de manera imprevista – infarto de miocardio – en la residencia de Castelgandolfo. Entonces fue cuando muchos de los que lo habían despreciado y vilipendiado, se dieron cuenta de que había muerto un verdadero padre, cosa que fue reconocida por la misma prensa internacional. Y lo demostraron los solemnes funerales en los que hubo una inmensa participación de autoridades y de gente anónima, aun siendo uno de los días más calurosos del romano mes de agosto. Un larguísimo, apasionante y espontáneo aplauso acompañó al simple ataúd de madera en el que había sido puesto en el mismísimo suelo cuando fue transportado a su sepultura dentro de la basílica vaticana. En su testamento dejó dicho que no se le erigiese ningún mausoleo y que fuese sepultado en la misma tierra; gesto de humildad, parecido a cuando abandonó la tiara y la silla gestatoria. Para él, el obispo de Roma tenía que dar siempre muestras de pobreza y de humildad.

Vista del cuerpo del Venerable durante su funeral en el Vaticano (1978). Fotografía: David Lees. Fuente: Corbis Images.

Vista del cuerpo del Venerable durante su funeral en el Vaticano (1978). Fotografía: David Lees. Fuente: Corbis Images.

De esta humildad dio una prueba suprema cuando públicamente pidió perdón a la Iglesia Bizantina por todo el daño que le había hecho la Iglesia Católica a lo largo de los siglos, postrándose inesperadamente para besarle los pies al metropolita ortodoxo Melitón, representante del Patriarca Ecuménico Atenágoras I. El mismísimo Patriarca escribiría posteriormente al secretario del Papa: “Usted tiene la dicha de estar cercano a la persona más grande no sólo de toda la Iglesia Universal, sino de todo el mundo. Esa personalidad del Papa constituye un gran tesoro para toda la Iglesia, un nuevo profeta que esperábamos y que nos predice como será el futuro”. Con estas palabras, el santo Patriarca Atenágoras expresaba lo que sentía por el Papa Montini: profeta de la civilización del amor, quien aun en medio de críticas e incomprensiones, no se cansó de exhortar, no sólo a la Iglesia sino a todo el mundo, convencido como estaba de que el verdadero humanismo no podía entrar en conflicto con un auténtico cristianismo, así como que no podían ser contradictorios el progreso científico y la fe cristiana. Dio testimonio de esta manera de pensar en su “Credo del popolo di Dio” proclamado en la conclusión del Año de la Fe de 1968, que conmemoraba el XIX centenario del martirio de los santos apóstoles Pedro y Pablo.

Exactamente, diez años más tarde, en la misma solemnidad del 29 de junio, mientras se celebraba el decimoquinto aniversario de su coronación y teniendo el presentimiento de que su muerte estaba ya cercana, con humildad pero con firmeza hizo como propio el testamento de San Pablo cuando afirmaba: “He terminado la carrera, pero he conservado la fe” (Segunda Epístola a Timoteo, 4, 7). El propio Papa, dos años antes de ser elevado a la cátedra de Pedro había dado testimonio de esta espiritualidad y forma de entender la Iglesia cuando escribió de su puño y letra “Pensiero della morte”, documento que fue publicado después de su fallecimiento. Es indiscutible la coherencia de su pensamiento con su estilo pastoral y con su propia vida: una total dedicación al servicio de la Iglesia, primero como fiel servidor de los Papas Pío XI y Pío XII y posteriormente, siendo Papa él mismo, con su entrega total al pueblo de Dios, haciendo verdadera la frase de San Gregorio Magno de que el Papa es el “siervo de los siervos de Dios”. Su visión de la Iglesia fue posteriormente expresada de forma magnífica por el célebre filósofo francés Jean Guitton en sus “Colloqui con Paolo VI”.

Sus encíclicas fueron:
“Mense Maio” publicada el abril del año 1965 sobre la Virgen María.
“Ecclesiam Suam” (6 de agosto de 1964) sobre la identificación de la Iglesia con el Cuerpo de Cristo.
“Misterium fidei” (3 de septiembre de 1965) en la que se opuso a quienes daban a la Eucaristía sólo un carácter simbólico.
“Sacerdotales caelibatus” (24 de junio de 1967), sobre el celibato sacerdotal.
“Populorum progressio” (26 de marzo de 1967), en la que defendía que la economía tenía que estar al servicio de toda la humanidad y no sólo al servicio de unos pocos. En esta encíclica afirmaba que la paz del mundo estaba condicionada a la justicia.
“Humanae vitae” (25 de julio de 1968), en la que trataba sobre el matrimonio y el control de la natalidad.

Vista de la austera tumba del Beato en las Grutas Vaticanas. Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Vista de la austera tumba del Beato en las Grutas Vaticanas. Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

La Causa de beatificación del Papa Montini fue propuesta por algunas conferencias episcopales de América Latina y de Europa, así como por la diócesis de Brescia y la archidiócesis de Milán. El “Nihil obstat” fue concedido por la Santa Sede el día 18 de marzo de 1993, por lo que recibió el título de Siervo de Dios. Como dije al principio del artículo de ayer, fue declarado Venerable mediante decreto de Benedicto XVI, de fecha 20 de diciembre de 2012. Finalmente, el 19 de octubre de 2014 fue beatificado en Roma por el papa Francisco.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Beato Pablo VI, papa (I)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Foto tomada al Venerable en el año 1945.

Foto tomada al Venerable en el año 1945.

El día 20 de diciembre del año pasado, el Papa Benedicto XVI firmó el decreto por el que se reconocían las virtudes heroicas del Papa Pablo VI, lo que equivale a su declaración como venerable. Hay quienes afirman que es muy posible que en este Año de la Fe, la Iglesia proceda a su beatificación, cosa que a mí me agradaría e ilusionaría y que creo es de justicia, pero el tiempo dirá qué hay de verdad en esta afirmación.

Juan Bautista Montini – que así se llamaba – nació en el seno de una familia burguesa de gran tradición católica, el 26 de septiembre del año 1897, en Concesio (Brescia), en la Lombardía italiana. Era el segundo de los tres hijos de Giorgio Montini – que era un célebre abogado, director durante veinticinco años del periódico “Il Cittadino” y un hombre muy sensible en cuestiones políticas y sociales – y de Giudetta Alghisi, que pertenecía a una noble familia. Juan Bautista recibió el bautismo en la parroquia de su pueblo cuatro días después de su nacimiento, el 30 de septiembre, exactamente el mismo día en el que moría en el convento carmelita de Lisieux Santa Teresa del Niño Jesús. Se le impusieron los nombres de Juan Bautista Enrique Antonio Maria Montini.

Los primeros estudios los realizó en la escuela de las Esclavas de la Caridad, siendo posteriormente alumno en Brescia, en el colegio Cesare Arici, regentado por los jesuitas. Asimismo, frecuentó el círculo de estudiantes del Oratorio de San Felipe Neri y con algunos compañeros fundó la revista “La fionda”. El influjo del espíritu de San Felipe Neri caracterizó toda su juventud y de manera particular su apostolado sacerdotal entre los jóvenes estudiantes.

Por consejo de su director espiritual, el padre Julio Bevilacqua, en el año 1916 entró en el seminario diocesano, donde recibió la tonsura el 30 de noviembre del año 1919. Sin embargo, debido a su frágil salud, vivió en su casa familiar mientras realizaba los cursos de teología. Durante este tiempo solicitó entrar en el monasterio de los monjes benedictinos de la abadía de Santa Maria Magdalena de Marsella, que habían sido expulsados de Francia y que se habían establecido en Chieri (Torino), pero el padre abad le hizo comprender que su salud no le permitiría adaptarse a la vida monástica, aunque le profetizó que algún día él daría honor de manera muy particular a San Benito. En efecto: el 24 de octubre del año 1964, cuando siendo ya Papa visitó la abadía de Montecassino, proclamó a San Benito como patrono de Europa.

Fotografía del Venerable el día de su ordenación sacerdotal.

Fotografía del Venerable el día de su ordenación sacerdotal.

El 20 de mayo del año 1920 fue ordenado sacerdote por Monseñor Giacinto Gaggia, en la catedral de Brescia, celebrando su primera misa en la iglesia de la “Madonna delle Grazie”, cercana a su casa. Se doctoró en derecho canónico en Milán y fue enviado por su obispo a Roma para que completara sus estudios en la Universidad Gregoriana como alumno del Pontificio Seminario Lombardo, del que pasó a la Academia Pontificia Eclesiástica.

El 4 de enero de 1923 entró a formar parte del cuerpo diplomático de la Santa Sede, siendo enviado ese mismo año a Polonia como secretario de la Nunciatura en Varsovia, aunque allí solo permaneció cuatro meses, porque el clima era extremadamente frío y muy perjudicial para su salud. De allí regresó a Roma donde permaneció en la Secretaría de Estado hasta el año 1954, asumiendo distintas responsabilidades, como la de Pro-secretario de Estado para los asuntos ordinarios. Siendo ya Papa, intentó volver a Polonia en visita pastoral, pero las autoridades comunistas no se lo permitieron.

El 27 de noviembre del año 1923 fue nombrado asistente del Círculo Universitario Romano donde realizó una fecunda actividad apostólica entre los jóvenes estudiantes, labor por la que sentía verdadera vocación, llegando a ser asistente nacional de la Federación de Universitarios Católicos Italianos. Esa responsabilidad le hizo visitar numerosas ciudades italianas, donde en diversos círculos estudiantiles se ganó el aprecio como conferenciante por su palabra lúcida y profunda, inspirada siempre en un intenso sentimiento religioso que compaginaba con una sorprendente apertura hacia los problemas de la sociedad moderna, algo que posteriormente sería una de las características más sobresalientes de su pontificado.

El aquel tiempo difundió entre los jóvenes estudiantes la práctica de pequeños retiros espirituales, bien en santuarios o en monasterios. En uno de esos actos, en la Abadía romana de San Pablo, tuvo su primer encuentro con el abad don Ildefonso Schuster, futuro cardenal de Milán a quien él sucedería y que fue beatificado por el Papa San Juan Pablo II en mayo del año 1996. Tuvo que enfrentarse a las políticas fascistas de Benito Mussolini, que se mostraba muy hostil con los movimientos juveniles de inspiración católica, lo que le originó severas críticas dentro del mismísimo Vaticano, debido a las presiones que el dictador realizó sobre la Santa Sede para que retirara a monseñor Montini como asistente general de la Federación de Universitarios Católicos Italianos. El dictador lo consiguió y desde entonces tuvo que dedicarse casi exclusivamente a trabajos diplomáticos dentro de la Secretaría de Estado.

El Venerable Pablo VI atendiendo al Venerable Pío XII durante su pontificado.

El Venerable Pablo VI atendiendo al Venerable Pío XII durante su pontificado.

Eran los tiempos del final del pontificado de Pío XI y se estaba a las puertas del estallido de la Segunda Guerra Mundial, la cual marcó dolorosamente los primeros años del pontificado del Papa Pío XII, el cual, cuando era Secretario de Estado había tenido como colaborador directo a monseñor Montini, al que apreciaba de un modo muy particular hasta el punto de quererlo tener junto a sí cuando, en mayo de 1938, fue a Budapest como legado del Papa Pío XI en el Congreso Eucarístico Internacional. El cardenal Pacelli – futuro Pío XII – ya lo había nombrado previamente en el año 1931 como profesor de historia en la Academia Pontificia para diplomáticos y como Sustituto de las Relaciones Ordinarias de la Secretaría de Estado.

Cuando el cardenal Eugenio Pacelli fue elegido Papa (Pío XII), confirmó a monseñor Montini en sus tareas y todas las mañanas despachaban directamente. El mismo Pablo VI llegó a decir que “la bondad del Papa Pío XII abrió en mí la oportunidad de examinar los pensamientos e incluso el alma de este gran pontífice”. Durante la Segunda Guerra Mundial, bajo las órdenes del Papa Pío XII, monseñor Montini dirigió la transformación de la Secretaria de Estado Vaticana en una gran central de caridad con la intención de ayudar a los damnificados por la Guerra, especialmente en la ciudad de Roma. Se creó la Pontificia Comisión de Asistencia para organizar la ayuda a los más necesitados facilitándoles vivienda, comida diaria gratis, y de manera particular, a los judíos que estaban amenazados por los fascistas. Crearon una oficina de información para los prisioneros de guerra y los refugiados, a los que les abrieron las puertas del Vaticano y de la residencia de Castel Gandolfo, donde llegaron a residir hasta quince mil personas y atendieron a más de once millones de peticiones sobre personas desaparecidas. Por todo esto, monseñor Montini fue atacado en diferentes ocasiones por el gobierno fascista de Mussolini, quien consideraba que por su culpa, el Vaticano se entrometía en su política.

En secreto, ayudó al movimiento de resistencia nacional que hizo caer a Mussolini el 25 de julio de 1943 y a la liberación de Italia, dos años más tarde. Entonces, lo mismo que anteriormente había ayudado a los soldados aliados y a los judíos que habían escapado de los campos de concentración, una vez liberada Roma, ayudó a los soldados alemanes abandonados y a cuantas personas refugiadas o desplazadas acudieron solicitando ayuda. En esta tarea formaron una especie de piña los principales dirigentes de la Secretaría de Estado: el cardenal Luigi Maglione, monseñor Tardini y Montini. Esta Pontificia Comisión de Asistencia, se convertiría ya bajo su pontificado, en “Cáritas Italiana”.

El Venerable Pablo VI junto al Venerable Pío XII, papa.

El Venerable Pablo VI junto al Venerable Pío XII, papa.

Cuando en el año 1944 murió el Secretario de Estado cardenal Maglione, el Papa no quiso sustituirlo por otro cardenal sino que se valió de sus dos fieles colaboradores Montini y Tardini, nombrándolos jefes del Departamento de Estado para que dirigieran día a día el gobierno central de la Iglesia. Pío XII llegó a decir de él: “Su mente está ricamente cultivada, su capacidad poco común para la reflexión y el estudio lo lleva a evitar todas las distracciones y relajaciones innecesarias. Ha querido entrar de lleno en la historia de su tiempo y con un profundo conocimiento, ha llegado a formar parte de esa historia de aflicción. Quiso compartir los sufrimientos de su tiempo en su propio corazón y en su propia alma. Lo quiero como a un hijo”.

Organizó de manera muy especial la celebración del Año Santo en 1950, que llegó a ser el más grandioso de todos los celebrados hasta esa fecha. La mayor parte de todo este trabajo organizativo cayó sobre las espaldas de monseñor Montini, que era el Sustituto para los Asuntos Ordinarios y finalizado el jubileo, en el consistorio de enero de 1953, fue nombrado Prosecretario para los Asuntos Ordinarios, aunque no se le distinguió ni con la responsabilidad de la Secretaría de Estado ni con el capelo cardenalicio, que hubiera sido lo lógico.

Una vez finalizado el Año Mariano en 1954, después de la muerte del Beato cardenal Schuster, arzobispo de Milán el día 30 de agosto, el Papa Pío XII, que estaba gravemente enfermo, confió a monseñor Juan Bautista Montini la dirección de la diócesis más grande de Europa, nombrándolo arzobispo de Milán, lo que lo convirtió automáticamente en presidente de la Conferencia Episcopal Italiana. Con este alejamiento de Roma, lo que el Papa quiso es que monseñor Montini adquiriese una experiencia pastoral que no tenía y que le habría de ser necesaria para las responsabilidades que más tarde recaerían sobre él. Al separarse, Montini y Pío XII, lloraron como lloran un hijo y un padre cuando se separan. Fue consagrado como obispo por el Decano del Colegio Cardenalicio – el cardenal Eugenio Tisserant – en la mismísima Basílica de San Pedro el día 12 de diciembre de 1954, cosa que hubiera querido hacer el mismo Papa, que no pudo por estar enfermo en cama. Aun así, desde la cama y a través de la radio, pronunció el sermón de la Misa de consagración.

El Venerable, como arzobispo de Milán, abrazando a un niño.

El Venerable, como arzobispo de Milán, abrazando a un niño.

Tomó posesión de su sede de Milán, en la tarde del día 6 de enero del año siguiente y rápidamente comenzó a desempeñar su tarea pastoral reuniéndose con los sacerdotes, religiosos, sindicatos, intelectuales, asociaciones católicas de todo tipo y con numerosísimos fieles. Las expectativas de esta gran diócesis no le desilusionaron. Fue el arzobispo de los trabajadores y de los jóvenes, se preocupó de manera extraordinaria de los problemas sociales de los obreros y estudiantes. Inmediatamente se le consideró un progresista, porque utilizaba métodos innovadores para llegar a la gente, porque realizaba las reuniones tanto en las iglesias, como en las fábricas, escuelas, hospitales, cuarteles, etc., porque predicaba que los católicos tenían que amar con obras concretas tanto a los creyentes como a los no creyentes y porque, cuando el clero anglicano realizó una visita a Milán en el año 1957, los atendió personalmente iniciándose una personal amistad con el Primado de la Iglesia de Inglaterra.

En una diócesis tan enorme, que estaba descristianizándose, organizó en 1957 una grandiosa misión ciudadana que llamó la atención de todo el episcopado europeo. Esta misión fue precedida de una carta pastoral en la que demostraba conocer toda la problemática social y cultural de la archidiócesis así como la religiosidad de las clases populares. Comenzó una nueva evangelización como una de las necesidades prioritarias de la Iglesia. Como consideraba que los templos debían servir también como lugares de reunión del pueblo, construyó más de cien iglesias tanto en la periferia de Milán como en los pueblos donde había mayor actividad industrial.

En octubre de 1958 murió el Papa Pío XII y muchos creyeron que Montini, aunque no era cardenal, podría sustituirle en la Sede de Pedro. Parece que recibió algunos votos en el cónclave de 1958 en el que él, al no ser cardenal, estaba ausente, pero sin embargo la elección recayó en el cardenal-patriarca de Venecia, Angelo Giuseppe Roncalli, quien tomó el nombre de Juan XXIII (San Juan XXIII) y como, debido a su enfermedad, el Papa Pío XII no había realizado consistorios en los últimos años de su pontificado, San Juan XXIII, tres semanas después de haber sido elegido Papa, designó a un grupo de cardenales que Pío XII tenía “in pectore”, entre los que se encontraba el arzobispo de Milán, que era también amigo personal del hasta entonces cardenal-patriarca de Venecia. Así, el arzobispo Montini fue elevado al cardenalato el día 15 de diciembre del año 1958, con el título de los “Santi Silvestro e Martino ai Monti”. Asimismo, le dio responsabilidades en varios Dicasterios Vaticanos, por lo que, compaginando con su responsabilidad pastoral en Milán, tuvo que participar en el gobierno de la Iglesia realizando numerosos viajes por Europa, África y América.

El Venerable, ataviado como cardenal, saludando  al público.

El Venerable, ataviado como cardenal, saludando al público.

Como comentamos en los artículos de los días 29 y 30 de diciembre del año pasado, el Papa San Juan XIII convocó el Concilio Vaticano II, nombrando a Montini miembro de la Comisión preparatoria y solicitándole que trasladara su residencia al Vaticano. En la sesión de apertura, el día 11 de octubre de 1962, el cardenal Juan Bautista Montini se hizo apreciar por todos los padres conciliares por el vigor que mostró en una de las discusiones sobre la reforma de la liturgia, defendiendo el derecho a la supervivencia de las peculiaridades litúrgicas y canónicas de las iglesias locales. Recordemos que él provenía de una archidiócesis con Rito propio: el Ambrosiano. Quizás por este prestigio adquirido en las sesiones conciliares y por su cercanía a los dos Papas anteriores, cuando murió el Papa San Juan XXIII, todos estaban seguros de que el nuevo Papa sería Montini y efectivamente, después de un breve cónclave, el 21 de junio de 1963 fue elegido como Sumo Pontífice, tomando el nombre de Pablo VI.

En el artículo de mañana trataremos de su labor como sucesor del apóstol Pedro.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es