Beato Pedro de Asúa y Mendía, sacerdote mártir

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Fotografía del Beato.

Fotografía del Beato.

Hoy, día de su beatificación, queremos escribir este artículo sobre el Beato Pedro de Asúa y Mendía, arquitecto y sacerdote mártir de la diócesis de Vitoria.

Pedro de Asúa y Mendía, nació en Valmaseda (Vizcaya) el día 30 de agosto del año 1890, siendo el penúltimo de seis hermanos, hijos del matrimonio formado por don Isidro Luís de Asúa y San Millán y doña Francisca Mendía Conde. Fue bautizado por el coadjutor de su parroquia el día 4 de septiembre, quién le impuso los nombres de Pedro León Juan. Cuando tenía cuatro años, ingresó en el Colegio de las Hijas de la Cruz en Valmaseda para recibir la instrucción primaria y en él permaneció hasta que cumplió los nueve. Era un niño inocente, respetuoso, juicioso y dócil a quién le gustaba asistir a las ceremonias religiosas que se celebraban en la capilla del colegio.

Recibió el sacramento de la Confirmación el día 23 de julio del año 1899 e hizo su Primera Comunión el día de la Inmaculada del año 1900. Desde ese año hasta el 1906 estudió en el colegio de Orduña, preocupándose cada vez más por sus estudios y teniendo informados de ellos a sus padres mediante una relación epistolar bastante estrecha. Era además muy desprendido con sus compañeros y es por esto por lo que quiero transcribir unas palabras que sobre él escribió su buen amigo y compañero Ignacio María Smith: “En la época en la que fui encargado de la procura – nombre que dábamos a una especie de economato que teníamos para proveernos de los objetos imprescindibles para los estudios – era frecuente la aportación de Pedro con sus vales, pues las monedas no nos servían para las transacciones, para socorrer las necesidades de otros compañeros, hecho no insólito en él, pero que no abundaba en los demás”.

Conseguido el título de bachiller en el año 1906, como era un gran amante de la naturaleza, observando la belleza y el orden de las construcciones naturales y como además le entusiasmaban las matemáticas, marchó a Madrid para estudiar arquitectura, consiguiendo terminar la carrera en el año 1914, cuando tenía veinticuatro años de edad. El título oficial de arquitecto, le fue expedido por el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, el día 11 de marzo del 1915. Compaginaba sus estudios de arquitectura con la música, algo que le venía de familia porque ambos padres eran grandes aficionados musicales. Las vacaciones las pasaba en Valmaseda, donde seguía participando en la escolanía de la parroquia y, junto con su grupo de amigos, en las diversiones y romerías propias de la época estival. Aunque tenía muchas amigas, no se le reconoce ninguna relación especial con ninguna de ellas, lo que no fue obstáculo para que conociera los problemas propios de esa etapa juvenil; en este sentido, le escribía a un amigo que se encontraba en Cuenca: “Debes tener cuidado de no intimar demasiado con personas que no lleven una vida honesta y, si bien es verdad que a veces no hay más remedio que trabar amistad con ellas, no es menos cierto que esa amistad debe reducirse entre ciertos límites prudenciales, que sin pecar de grosero sirven para darse uno a respetar”.

Calle del seminario y catedral de Vitoria, España, donde el Beato se formó para sacerdote.

Calle del seminario y catedral de Vitoria, España, donde el Beato se formó para sacerdote.

Conseguida la titulación, en el mismo año 1915, dirigió la construcción del “Coliseo Albia” de Bilbao y terminado este, en el año 1917 realizó diversos trabajos en Madrid, principalmente dirigiendo reformas de casas y construyendo el frontón “Jay-Alay”. Posteriormente, marchó de nuevo a su pueblo natal para construir las “Escuelas Mendía”, un proyecto de uno de sus tíos, que finalizó en el otoño del 1920, fecha en la que ingresó en el seminario. Sus trabajos como arquitecto lo compatibilizaba con sus obras de apostolado y – como era un enamorado de la Eucaristía, que recibía diariamente y ante la cual pasaba largas horas de adoración en el Sagrario -, con su entrega a la obra de la “Adoración Nocturna Española”, quiso extender esta devoción en todos los ambientes donde se movía. Con solo veintisiete años de edad era todo un apóstol de la Eucaristía. Un joven arquitecto que amaba su profesión, a quién la vida se le mostraba sin tropiezos ni dificultades pero que estaba dispuesto a dejarlo todo para “ser sacerdote en el mundo, ya que hacen falta sacerdotes celosos y cultos”. Se lo comunicó a sus padres y ellos, complacidos, le dieron su bendición.

Como había estudiado latín, ingresó directamente como alumno externo en los cursos de Filosofía del Seminario de Vitoria. Como asimismo tenía profundos conocimientos de Lógica, Psicología Experimental y Ética, solo le quedaba estudiar Metafísica General y la Especial, en los tres campos de la realidad: el mundo, el hombre y Dios. En el Seminario de Vitoria permaneció un año. Sin que se sepa el por qué, el año siguiente, se matriculó como alumno externo en el Seminario Conciliar de Madrid, cursando el primero de Teología: Teología fundamental, Teología Dogmática, Lengua Hebrea y Arqueología. Al año siguiente volvió a Vitoria matriculándose como alumno interno en el Seminario Conciliar, donde terminó sus estudios teológicos. El Rector del Seminario definió brevemente su comportamiento: “A pesar de que Don Pedro de Asúa reunía relevantes cualidades personales y sociales, no pretendió nunca ni singularidades ni excepción alguna respecto de la disciplina del Seminario, apareciendo en todo como uno de tantos”. Trabajo, sencillez, compañerismo y oración.

Fotografía del Beato en su hábito sacerdotal.

Fotografía del Beato en su hábito sacerdotal.

En el último curso se plantea la idea de acondicionar mejor el Seminario de Vitoria, le encargan la confección de los planos del nuevo Seminario, hace sus primeros croquis de las plantas y cómo sería la fachada y recaba la ayuda de otro arquitecto. Compagina estos trabajos profesionales con sus estudios y preparación para recibir las Órdenes Sagradas. El 5 de abril de 1924 fue ordenado de diácono y el 14 de junio, de sacerdote. Cantó su Primera Misa solemne, en su localidad natal, el día 27 de junio, festividad del Sagrado Corazón de Jesús.

Determinados cuales serían los terrenos donde se construiría el nuevo seminario, se colocó la primera piedra el 28 de abril de 1926; la construcción del seminario duraría casi cuatro años y medio. Dejó de ser arquitecto para ser sacerdote y ahora, que ya lo era, trabajaba de nuevo como arquitecto, aunque sin cobrar ni un solo céntimo en concepto de honorarios. Además, se sabe que más de una factura las pagó él de su propio bolsillo. Dirigía las obras con toda amabilidad, aun cuando algún trabajador se hubiera equivocado al realizarlas, su paciencia era inalterable, su modestia y simpatía no tenían limitaciones; todos los trabajadores apreciaban en él un conjunto de virtudes que sobresalía de lo corriente, de lo ordinario. Aunque pertenecía a una noble y rica familia y había adquirido un importante prestigio y renombre como arquitecto, jamás se observó en él el menor atisbo de vanidad, sino todo lo contrario. El 28 de septiembre de 1930 fue bendecido e inaugurado el nuevo Seminario, asistiendo al acto el rey Alfonso XIII. Roma lo premió dándole el título de Camarero Secreto Supernumerario, lo que suponía darle el título de Monseñor, título que jamás utilizó.

Durante la época de la República él fue el arquitecto de la diócesis: arregló iglesias en ruinas, reparó casas e instalaciones parroquiales, dirigió las obras de las escuelas de Guecho, hizo los planos de una reforma en el Seminario de Santiago de Compostela, los planos del Seminario de Oviedo y otras muchas obras más. Esto le dio la posibilidad de relacionarse con muchos sacerdotes, de abonar personalmente muchas de esas obras cuando las parroquias no disponían de medios económicos y de aprovechar su presencia en los pueblos para hacer comprender a los sacerdotes y seglares comprometidos, la importancia de la catequesis y del apostolado en la Acción Católica. Aun así, a pesar de ocupar este puesto de arquitecto, su mayor anhelo era ser nombrado párroco de la parroquia más humilde de la diócesis, por lo que tuvieron que insistirle una y otra vez para que entendiera que esa también era una forma de trabajar, de prestarle un gran servicio a su diócesis. El quería ser como el santo cura de Ars y como no le fue posible hacerlo en un pueblo o aldea, se dedicó al apostolado en su pueblo natal, al que acudía siempre que tenía algún tiempo libre.

Fotografía del nuevo seminario construido por el Beato.

Fotografía del nuevo seminario construido por el Beato.

Como sacerdote era humilde en extremo, pacífico aun en las mayores contrariedades, de una prudencia exquisita, generoso con todos sin hacer distinción alguna, comprensivo, piadoso y que llevaba una vida espiritual conforme en todo con lo dictaminado por el Derecho Canónico para un sacerdote secular. Un rasgo que ya desde niño le caracterizó fue su amor a la Eucaristía y eso lo expresaba no solo en el modo en el que oficiaba la Santa Misa y en su predicación, sino en sus asiduas visitas para orar ante el Sagrario. Tenía por costumbre cada vez que iba a un pueblo para visitar unas obras, pasarse antes por la parroquia para visitar al Santísimo. La Eucaristía era el foco que iluminó toda su vida sacerdotal. Suyas son estas palabras: “Qué queremos expresar al decir que Cristo está personalmente en la Eucaristía? Que ahí está el Verbo Divino unido a su sacratísima Humanidad, en la que habita, como dice San Pablo, la plenitud de la divinidad corporalmente. Por tanto, está en su compañía la Santísima Trinidad, porque no puede separarse una Persona de otra, ya que son un solo Dios…”. Como consecuencia de estos sentimientos eucarísticos, fundó la Adoración Nocturna en Valmaseda.

En su pueblo no solo desarrolló una intensa actividad sacerdotal, sino que también realizó una importante acción social. Apremiaba a los ricos para que pusieran sus bienes al servicio de los más necesitados, daba ejemplo viviendo tan modestamente que incluso llevaba una sotana raída y desteñida por el tiempo, jamás se puso el capisayo de Monseñor, los pobres siempre eran bien acogidos en su casa, visitaba asiduamente a los enfermos, consideraba escandaloso que la Iglesia se apartara de las clases trabajadoras y defendía con ahínco no solo el derecho del hombre y de la mujer al trabajo, sino que este tenía que ser justamente remunerado. Dos derechos: trabajo y justa remuneración. Decía que “el ideal de una sociedad cristiana era estar bien organizada, para dar trabajo a todos los que quieran trabajar y retribuirlos debidamente. Los esfuerzos de todos, deben encaminarse en este sentido”. Y consecuente con esto, realizó numerosas gestiones a favor de trabajadores que, o bien tenían problemas económicos familiares, o habían sido tratados injustamente en sus trabajos. También por eso, le encantaba predicar dando a conocer las enseñanzas de las encíclicas “Rerum novarum” de León XIII y “Quadragessimo anno” de Pío XI.

Realizó otras muchas actividades docentes, como consiliario de la Asociación de ex alumnos maristas, como apóstol de la Acción Católica y como director de retiros espirituales, pero para no alargar en exceso este artículo no incidiré en estas actividades apostólicas llevadas a cabo por Don Pedro. Sin embargo, no me resistir a añadir que era miembro de la Tercera Orden Franciscana.

Sepulcro del Beato en el interior de la capilla del seminario.

Sepulcro del Beato en el interior de la capilla del seminario.

Últimos días de su vida
El 18 de julio de 1936 estalló en España la Guerra Civil y el País Vasco, desde el punto de vista geográfico, estaba en el llamado bando republicano. Aunque era muy conocido y querido en Valmaseda, fue llamado varias veces por el “Frente Popular” para que se presentase en el Ayuntamiento de la localidad. Él, intuyendo que las cosas podían ir a peor, comentó un día en la parroquia: “Hay que estar preparado para todo, aun para el sacrificio de la vida, por si el Señor nos la exige”. El 25 de agosto fueron a buscarlo a su casa, pero no lo encontraron porque estaba en Bilbao. De Bilbao marchó a Erandio a casa de unos familiares y allí, el día 29 de agosto, a las tres y media de la tarde fue detenido en casa de sus tías y montado en un auto, lo llevaron a Liendo (Cantabria), donde llegaron a las once de la noche. Lo hicieron descender del coche y custodiado por unos milicianos lo hicieron adentrarse por un camino a la derecha de la carretera. Mientras ascendía, Don Pedro iba rezando: “En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Virgen Inmaculada, recíbeme en tus brazos”. Al llegar a una pequeña explanada, fue fusilado. Dos tiros atravesaron su cabeza y un tercero le destrozó la clavícula derecha. Los milicianos arrastraron el cadáver y lo tiraron al foso de un calero antiguo. Un vecino de Liendo, que escondido había presenciado toda la escena, por miedo no dijo nada.

Veinticuatro días más tarde, pasó por el lugar un pastor, quién asomándose al fondo del pozo, vio el cadáver y lo puso en conocimiento del Ayuntamiento de Liendo y del juez municipal. Recogieron el cadáver y sus pertenencias: una boina, un reloj, dos pañuelos unas tijeras y tres duros de plata que llevaba en el bolsillo pequeño de su chaqueta. Le dieron sepultura y allí permaneció durante dos años. Mientras tanto, su familia vivió temiéndose lo peor pero sin tener confirmación alguna. Cuando Vizcaya y Cantabria fueron tomadas por las tropas de Franco, sus familiares haciendo pesquisas se enteraron de que en el juzgado municipal de Liendo había depositado un reloj con las iniciales P.A. Indagando, tuvieron conocimiento de los hechos y supieron donde estaba sepultado. El 31 de julio de 1938, fue exhumado y llevaron los restos a Valmaseda, siendo inhumado en el cementerio de su localidad natal. Actualmente, desde el 11 de abril de 1956, se encuentra sepultado en la capilla del Seminario de Vitoria.

Actual sepulcro del Beato. Fotografía cortesía del Obispado de Vitoria, España.

Actual sepulcro del Beato. Fotografía cortesía del Obispado de Vitoria, España.

A nivel diocesano, el Proceso Informativo se inició el 14 de diciembre de 1960, concluyéndose, el 24 de mayo de 1962. El Nihil Obstat se dio el 30 de septiembre del 2005. El Papa Francisco ordenó la promulgación del Decreto de martirio, el 27 de enero de 2014 y su beatificación es en el día de hoy, 1 de noviembre del 2014, en la catedral de Santa María, en Vitoria (España).

Antonio Barrero

Bibliografía:
– CASIERI, A., “Bibliotheca sanctórum, I Apéndice”, Città Nuova Editrice, Roma, 1987
– GOICOECHEAUNDIA, J., “Arquitecto y sacerdote: Mons. Pedro de Ansúa y Mendía”, Gráfico-Editora, S.L., San Sebastián, 1944.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es