Beato Pedro To Rot, catequista mártir

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Estampa hecha en base a una foto.

Estampa hecha en base a una foto.

Pedro To Rot nació en el año 1912 en Rakunai, un poblado en la isla melanesia de Nueva Bretaña, perteneciente actualmente a Papúa Nueva Guinea. Debido a la falta de documentación, destruida por los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial, es imposible determinar con exactitud su fecha de nacimiento, así como otros muchos datos acerca de su vida. En aquellos tiempos, los habitantes de la actual Papúa no eran muy dados a utilizar documentos públicos, y los pocos que existían, fueron destruidos por los japoneses durante la guerra.

Se sabe que sus padres se llamaban Ángel To Puia Rot y María Ja Tumul, que tuvieron seis hijos, siendo Pedro el tercero, y que fueron bautizados ya adultos, perteneciendo a la primera generación de católicos en aquellas islas. El 29 de septiembre del año 1882 llegó a Matupit el primer grupo de Misioneros del Sagrado Corazón y, diez años más tarde, también lo hicieron un grupo de misioneros metodistas que crearon una misión en Malaguna. El padre del beato Pedro, que era el gran jefe de la tribu Gunantuna, que habitaba la aldea Rakunai, recurriendo a los Misioneros del Sagrado Corazón, les manifestó en el año 1898 que todos los habitantes de su poblado querían ser católicos y no metodistas. Él y otros líderes de su tribu y de otras tribus fueron bautizados, formando el primer núcleo o generación de católicos de aquellas islas, colaborando abiertamente con los misioneros, preocupándose del bienestar social y religioso de su pueblo, lo que conllevó que siguiera siendo el jefe tribal por espacio de cuarenta años.

Ya de niño y aun más de adolescente, Pedro To Rot era muy dócil y obediente, y viendo su padre en él unas especiales cualidades que podían llevarle a ser su sucesor al frente de su pueblo, nunca lo mimó, frecuentemente lo aconsejaba y le reprendía todas sus travesuras, por pequeñas que fuesen; en más de una ocasión se llevó un tortazo por parte de su padre. Fue escolarizado con siete años de edad y, salvo que estuviese enfermo, jamás faltó a clase. Esto, que parece algo obvio, no lo era tanto, pues entonces la asistencia diaria a la escuela no era obligatoria, ya que en su tribu los niños eran casi independientes, vivían con quienes querían – ya fuesen sus padres o sus tíos maternos -, pero siempre bajo el dominio o protección de la madre, ya que aquella era una sociedad casi matriarcal.

Foto familiar.

Foto familiar.

Era muy inteligente y religioso, y como aprendió muy pronto el catecismo, fue admitido a recibir la primera comunión no teniendo aún la edad reglamentaria. Desde ese momento se hizo muy devoto de la Eucaristía y, siempre que acudía a la iglesia, se le veía postrado ante el sagrario. Era el líder de todos los compañeros de la escuela, estaba al frente de sus juegos y de sus trabajos, y todos lo obedecían; era lo que quería su padre: un verdadero jefe. Nunca se le escuchó ninguna palabrota, aunque era muy bromista y, cuando veía posibilidades de conflictos entre algunos de sus compañeros, siempre se dirigía a ellos bromeando, a fin de hacerles reír y lograr que el enfado desapareciese. Siempre ponía paz entre ellos. Pronto mostró una fuerte inclinación hacia la piedad y obediencia a su párroco, que era el padre Emilio Jakobi, manifestándole que quería ser sacerdote. Pero al padre Jakobi aquella decisión le pareció prematura, porque consideraba que los habitantes de aquellas islas aún no estaban preparados para recibir el sacerdocio. Sin embargo, ante la insistencia del muchacho, accedió a formarlo para que fuera un buen catequista.

Con dieciocho años de edad, en el año 1930, fue inscrito en la escuela de catequistas de la misión, donde empezó a colaborar con los misioneros en la evangelización de sus conciudadanos, y donde se fue preparando como catequista, cosa que consiguió tres años más tarde, después de haberse esforzado en estudiar a fondo las verdades de la fe católica. Pero sus estudios los compaginaba con los ratos de expansión y de deportes, siendo especialmente aficionado al fútbol. Los misioneros llegaron a manifestar que, “aunque era el más joven de cuantos estaban en el colegio, dejándose guiar de buen grado por los consejos de los más veteranos, siendo modesto y sencillo y careciendo de toda vanidad, superó al resto de los estudiantes y pronto se convirtió en el líder indiscutible de todos ellos”.

Estampa relicario.

Estampa relicario.

Terminados sus estudios a los tres años, a Pedro se le asignó la misión de su propio pueblo, por lo que comenzó su trabajo de catequista ayudando al párroco de Rakunai. Trabajó intensamente organizando la catequesis, creando grupos de formación y familiarizándose con todas las personas. Era muy sencillo y muy eficaz, siempre llevaba consigo la Biblia – algo muy raro en aquella época -, a cuyos textos recurría cada vez que era necesario o tenía oportunidad. Estaba especialmente dotado para granjearse la confianza de la gente, que recurría a él no sólo para contagiarse de su innata alegría, sino también para contarle sus problemas y recibir sus consejos.

El 11 de noviembre del año 1936 – ésta es la única fecha exacta que conocemos de su vida – contrajo matrimonio con una joven católica de un poblado vecino, llamada Paula Ja Varpit. El matrimonio se celebró en la iglesia de Rakunai, pero incluyendo muchas de las tradiciones locales, como por ejemplo el uso de los cincuenta collares. Su joven esposa, aunque había nacido en Ramalmal, con catorce años se había ido a la granja de su madre en Rakunai y, asistiendo a la escuela de la misión, fue alumna de Pedro, su futuro esposo. Tuvieron tres hijos: un niño llamado Andrés que murió después de la guerra, otra niña llamada Rufina y un tercer hijo, cuyo nombre se desconoce y que murió prematuramente después del martirio de su padre en el año 1945. Con su primer hijo tuvo una relación muy especial, de tal modo que el niño tenía más contacto con su padre que con su madre. Cuando nació Rufina en el año 1942, ya había comenzado la ocupación japonesa de la isla y, aunque en los primeros momentos los militares se mostraron tolerantes, pronto cambiarían las cosas. Pero Pedro fue siempre un esposo y un padre ejemplar. El jefe Tarúe, pariente suyo, lo afirmó con estas palabras: “To Rot era un hombre íntegramente bueno, que nunca decepcionó a nadie. Sus palabras eran tan buenas como sus acciones. Sólo pensaba en su familia, su pueblo y la religión. Para él su matrimonio era sagrado, luchando contra la secularización de este vínculo, defendida por otros”.

En el año 1942, después de la ocupación de la isla por parte de las tropas japonesas, todos los misioneros y el personal europeo de la misión fueron encarcelados en un campo de concentración, a excepción de Pedro que, como no era un cristiano europeo, quedó como único guía espiritual de todos los católicos del poblado de Rakunai. Continuó con la catequesis, realizaba liturgias de oración, administraba el bautismo, conservaba la Eucaristía que le hacían llegar los misioneros de manera clandestina y que él distribuía entre los fieles, especialmente entre los enfermos y se dedicaba a asistir a los más pobres. A las afueras del poblado construyó con ramas una iglesia, iglesia que sería destruida por los japoneses.

Estandarte bordado del Beato.

Estandarte bordado del Beato.

Cuando el ejército japonés empezó a perder algunas batallas, se desquitaron atacando a los cristianos nativos, presionándoles para que abandonasen el cristianismo y volvieran a la poligamia. La policía militar japonesa sustituyó a las policías locales y se creó un auténtico clima de represión. La policía japonesa prohibió el culto cristiano y todo tipo de reuniones públicas o privadas. Poco a poco, la represión se fue haciendo cada vez más violenta y Pedro To Rot se enfrentó a ellos. Como consecuencia de esto, fue detenido en mayo de 1945 y condenado a dos meses de prisión. En la cárcel escribiría: “Estoy aquí por aquellos que han roto sus votos de indisolubilidad del matrimonio y por aquellos que no quieren que siga creciendo el Reino de Dios”. Posteriormente fue llevado a un campo de concentración en Rakunai, acusándolo de celebrar reuniones religiosas, interferencia injustificada con el plan japonés de la poligamia y perseverancia en sus actividades de catequista.

A pesar de los esfuerzos del líder metodista Navunaram para que lo liberaran, Pedro no fue liberado. En la cárcel fue visitado por su anciana madre y por su esposa, que le llevaban diariamente comida. En una de sus visitas, aunque estaba algo enfermo, le dijo a su madre: “La policía me ha dicho que el doctor japonés me dará algunos medicamentos, pero yo supongo que es un truco, pues realmente no estoy tan mal y no sé qué se traen entre manos”. Y en efecto: había truco porque, a pesar de las precauciones que tomaron los japoneses, un prisionero llamado Arap Para Binabak pudo ver la habitación donde el médico japonés puso una inyección a Pedro, le dieron algo de beber y luego le llenaron los oídos y la nariz con algodones. El médico y la policía le dijeron que se acostase y cuando se acostó, empezó a sufrir convulsiones y vómitos. El médico le cerró violentamente la boca y Pedro quedó inconsciente hasta que murió. Había sido envenenado y asfixiado. Era el 7 de julio de 1945.

Los japoneses no dejaron que el resto de los presos vieran el cadáver de Pedro hasta la mañana siguiente, cuando lo colocaron en el suelo de su celda e hicieron ver que se lo habían encontrado muerto como consecuencia de una infección secundaria. Entregaron el cuerpo a su familia y permitieron que lo enterrasen, pero sin la celebración de ningún rito religioso. A pesar de la presencia de la policía japonesa, una gran multitud acudió al entierro de Pedro, que de inmediato fue considerado como un mártir. Ante esta desgracia, su esposa, que tenía veinticinco años, creyó enloquecer y, a pesar de su juventud, no quiso que le hablasen de un nuevo matrimonio, porque decía: “Nunca encontraré a un hombre como Pedro”. Pero pasados unos años, debido a la presión de sus parientes y ante la necesidad de atender a sus hijos, aceptó casarse de nuevo.

Sepulcro del Beato en Rakunai, Papúa Nueva Guinea.

Sepulcro del Beato en Rakunai, Papúa Nueva Guinea.

En el año 1983 se creó un comité, cuyo propósito era promover la canonización de Pedro. El 13 de enero de 1985, se le presentó al arzobispo de Rabaul la posibilidad de abrir la Causa, la cual comenzó a nivel diocesano un año más tarde, terminada la cual, pasó a la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos, siendo su postulador el padre Lucio De Stefano, misionero del Sagrado Corazón, cuya bibliografía hemos utilizado para la realización de este artículo.

Pedro To Rot fue beatificado el día 17 de enero de 1995 en Port Moresby (Papúa Nueva Guinea), por el santo Papa Juan Pablo II, siendo el primer beato de aquel país. Su fiesta se celebra el día 7 de julio.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– DE STEFANO, L., “Papua Nuova Guinea avrà il suo primo santo?”, Annali di Nostra Signora del Sacro Cuore, nº 5, 1985.

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