Beato Pío Alberto del Corona, obispo fundador

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Fotografía del Beato en su atuendo episcopal.

Fotografía del Beato en su atuendo episcopal.

Hoy es beatificado en San Miniato (Italia) el Venerable Siervo de Dios Pío Alberto del Corona, obispo dominico y fundador de las Hermanas Dominicas del Espíritu Santo. Por este grato motivo, queremos dedicarle este artículo en esta fecha tan señalada.

Alberto del Corona nació el 5 de julio del año 1837 en Livorno, en un barrio muy popular llamado “Venezia”, siendo hijo de José Del Corona y de Ester Bucalossi, ricos comerciantes de calzado. Fue bautizado tres días más tarde en la catedral de la ciudad, donde le impusieron el nombre de Alberto Francisco Filomeno. Fue el cuarto y último hijo del matrimonio ya que su madre murió cuando el niño solo tenía dos años de edad. De su infancia no se sabe prácticamente nada; solo existe una carta que revela que estuvo algún tiempo en Tremoleto junto a unos antiguos zapateros. Su hermana Teresa fue quién hizo las veces de madre. A pesar de ser muy joven, sentía verdadera pasión por la música, a la que siempre amó y con la cual se deleitaba, aunque no fue capaz de adaptarse a sus estudios. También sentía atracción por las ciencias, en especial, por las matemáticas.

Con diez años de edad fue estudiante externo de los padres barnabitas en el Colegio de San Sebastián, donde se le dieron muy bien las asignaturas de letras y donde fue educado por espacio de cinco años. Tuvo tal pasión por los estudios que tuvieron que prohibirle en más de una ocasión que estudiase, proponiéndole que compaginara los estudios con las distracciones. Esto fue para él “como si le quitaran la vida”. El 16 de abril del 1851, hizo la Primera Comunión en la iglesia de los barnabitas, y desde ese momento mostró un especial amor hacia la Eucaristía, amor que siempre caracterizaría su espiritualidad.

Con catorce años de edad se inscribió como aspirante en las Conferencias de San Vicente de Paúl, siendo destinado a la distribución de ayuda a las familias pobres y a enseñar la catequesis durante las clases de la tarde en la iglesia de los dominicos; en el cumplimiento de estas tareas, se ganó los elogios del Beato Federico Ozanam, que estuvo en Livorno en el año 1853. Estuvo asociado a la Tercera Orden Dominica durante los años 1851 al 1854, cuando en el convento de Santa Catalina estaba como prior el padre Domenico Verda y como párroco, el padre Constancio Mori. Tenía un carácter muy vivo, un talento muy versátil que desde muy pequeño estaba inclinado hacia la piedad, lo que hacía que a veces pusiera su casa patas arriba montando púlpitos para predicar, altares, etc. Su mayor placer era escuchar la palabra de Dios en la iglesia, por lo que asistía a todos los sermones, sin moverse como si fuera una estatua, siempre mirando fijamente al predicador para luego repetir, palabra por palabra, el sermón que había escuchado.

Foto en el convento de santo Domingo. En el centro está el beato Jacinto Cormier y él está a su derecha.

Foto en el convento de santo Domingo. En el centro está el beato Jacinto Cormier y él está a su derecha.

Sintiendo la llamada a la vida religiosa, Alberto tomó su decisión estando en Montenero, un santuario mariano cercano a Livorno. Teniendo dudas acerca de si marchar con los barnabitas o con los dominicos, se decidió por estos últimos debido a su devoción a Santa Catalina de Siena y a la atracción por la vida dominicana, que era monástica y apostólica al mismo tiempo, vida dividida entre la oración, el estudio y la predicación. La partida de su amigo Hugo Becherini, que dejó Livorno para tomar el hábito en el convento de San Marcos donde cambió su nombre por el de Ludovico el día 27 de mayo del 1854, fue un estímulo para su decisión y con diecisiete años de edad, o sea, ese mismo año, entró como postulante en el convento de San Marcos en Florencia. Aunque dejó contento su casa paterna, su naturaleza y el cariño a los suyos se impuso y pasó llorando en el convento sus ocho primeros días.

El 1 de febrero del año 1855, vigilia de la Purificación de Nuestra Señora, después del canto de Vísperas, vistió el hábito dominicano tomando el nombre de Pío Tomás. El 3 de noviembre del 1859 hizo su profesión religiosa, consiguiendo una dispensa de veintiún meses requerida por las leyes imperantes en la región de Toscana, dispensa que fue verdaderamente extraordinaria “por ser fray Pío Del Corona un joven de una capacidad intelectual poco común y una conducta ejemplar”.

Como las humanidades las había estudiado con los padres barnabitas, fray Pío continuó con sus estudios filosóficos y teológicos y el 20 de noviembre del 1859 recibió el título de lector, o sea, se había laureado. Fue ordenado de sacerdote y el 12 de febrero del 1860, con solo veintitrés años de edad, celebró su Primera Misa en la iglesia de San Marcos de Florencia. Inmediatamente fue destinado a impartir clases de filosofía, teología y lenguas, teniendo entre sus alumnos a estudiantes tan excepcionales como el padre Ambrosio Luddi, quién llegaría a ser obispo de Asís y a monseñor Donato Velluti, que llegaría a ser arzobispo titular de Patrasso.

Foto con las hermanas del Monasterio de el Asilo, en Florencia.

Foto con las hermanas del Monasterio de el Asilo, en Florencia.

Desde los primeros años de su sacerdocio se reveló en él una especial cualidad como orador y como escritor, predicó el Adviento en la catedral de Florencia y publicó la obra “Elevazioni sull’Eucaristia e i quattro cardini della felicità” (Las elevaciones sobre la Eucaristía y los cuatro pilares de la felicidad). Entre los años 1872 y 1874 ejerció la responsabilidad de prior en el convento de San Marcos y tras la expulsión de los religiosos, se esforzó muchísimo para recuperar el convento de Santo Domingo en Fiesole, que más tarde compró y reabrió el 10 de noviembre del 1879.

Diez años antes, el encuentro que tuvo con la señora Elena Bonaguidi, lo indujo a realizar una inspiración que había tenido mientras leía la vida de Santa Paula de Roma y que era, fundar una Comunidad que reflejara la fundada por la Santa en el Aventino. Esta inspiración se materializó el 12 de noviembre del 1872, cuando con la aprobación del padre Vicente Jandel – que era el general de la Orden -, se inauguró la pequeña comunidad de Villa Nuti, en la calle florentina de Santa Marta.

Entre los años 1875 y 1878 se construyó en la vía Bolognese un monasterio más grande el cual se puso bajo la advocación del Espíritu Santo y el 28 de octubre ingresaron las primeras diez terciarias las cuales vistieron el hábito religioso de las propias manos del padre fundador. En los primeros años del pontificado del Beato Pío IX se aprobó la fundación del nuevo monasterio, encargándose de la dirección espiritual monseñor Pío Del Corona – que ya había sido consagrado obispo en el 1875 -, permitiéndosele que lo visitase cada dos meses. El 21 de junio del 1881 fue terminada y bendecida la nueva capilla del monasterio, que posteriormente, el 7 de junio del año 1906 fue consagrada de manera solemne por el propio fundador. A este monasterio, casi recién construido, comenzó a denominársele “Asilo”. Esta comunidad, que había estado bajo la jurisdicción del obispo de Florencia, fue transferida a la jurisdicción de la Orden Dominica el 5 de septiembre del 1912.

De cuerpo presente.

De cuerpo presente.

Como hemos dicho anteriormente, en el mes de noviembre del 1874, el Beato Papa Pío IX nombró al padre Pío Alberto obispo titular de Draso y coadjutor de monseñor Aníbal Barabesi, obispo de San Miniato. Este último, teniendo serios problemas con algunos sacerdotes de su diócesis, fue invitado por la Santa Sede para que dimitiera, pero como se negó le pusieron un obispo auxiliar para que buscara la paz entre el clero y se encargara de la tarea de gobernar espiritualmente la diócesis, dejando para Barabesi solo las tareas económicas y administrativas. Fue consagrado obispo el día 3 de enero del 1875 en la iglesia romana de San Apolinar e hizo su ingreso en San Miniato el día 18 del mismo mes, ganándose muy pronto el cariño y la estima de todos hasta el punto de que el Papa, en un Breve Pontificio se complacía alabando su prudencia y su caridad. En un principio, la convivencia entre los dos obispos fue difícil y problemática, pero muy pronto llegaron a convertirse en dos grandes amigos. Barabesi, hasta su muerte, continuó viviendo en el palacio episcopal y cobrando el estipendio que el Reino de Italia tenía asignado a todos los obispos, mientras que el Beato Pío Alberto se vio obligado a vivir de las donaciones de sus feligreses, hospedándose fuera del obispado.

Durante su episcopado realizó numerosas visitas pastorales a los centros parroquiales y sociales de la diócesis, estuvo muy atento a la formación del clero, impartiendo él mismo algunas clases a los seminaristas. En este tiempo escribió e imprimió “La Pequeña Summa Teológica” e “Historias y doctrinas evangélicas”, dos obras ricas en doctrina y en piedad. En 1887 predicó la Cuaresma en San Miniato y consagró la diócesis al Sagrado Corazón de Jesús. Periódicamente, enviaba cartas pastorales tanto al clero como a los fieles y él mismo predicaba las misiones en la diócesis, visitaba los hospitales y las cárceles, llegando incluso a dar ejercicios espirituales a un grupo de presos. Dio clases de religión en el Colegio de Santo Tomás de Aquino en San Miniato, interesándose por los estudiantes, seglares y clérigos, no solo intelectualmente sino espiritualmente. Cuando el colegio fue cerrado a causa de sus deudas, él, aunque no estaba obligado, se hizo cargo de buscar el dinero para saldarlas.

Traslado a la cripta de la iglesia del Asilo en 1925.

Traslado a la cripta de la iglesia del Asilo en 1925.

Cuando en el año 1897 murió monseñor Barabesi, a pesar de su negativa, fue nominado obispo de San Miniato, nombramiento que fue recibido con mucho júbilo tanto por el clero, como por los religiosos y los fieles de la diócesis. En 1899 fue nombrado asistente al Solio Pontificio y el 18 de enero del año 1900 celebró las bodas de plata de su consagración episcopal. Cuando el 4 de agosto de 1906 se acercó al “Asilo” para celebrar la festividad de Santo Domingo, comenzaron a manifestársele los síntomas de una enfermedad hepática de la que nunca se recuperaría. A esto se le unió una ceguera prácticamente total que le obligó a solicitar ser relevado del gobierno de la diócesis, pidiendo retirarse al convento de Santo Domingo a fin de prepararse para la muerte en la quietud de su claustro.

San Pío X le aceptó la renuncia desligándolo de toda responsabilidad pastoral y el 14 de septiembre del 1906 nombró al entonces arzobispo de Pisa como administrador apostólico de la diócesis de San Miniato. Más tarde, en el 1908, fue elegido el nuevo obispo en la persona de monseñor Carlos Falcini, siendo elevado nuestro Beato a la dignidad de arzobispo de la sede titular de Sardica. Desde el 1906 al 1912, alternó su estancia entre el convento de Santo Domingo de Fiesole y el monasterio del “Asilo” en Florencia y como la ceguera le impidió tanto el leer como el escribir, se dedicó por completo a la meditación y a la oración, aunque en el 1908 se sometió a una operación de cataratas que le permitió, de manera parcial, el reiniciar la publicación de algunas otras obras. En Santo Domingo observaba estrictamente la Regla, siendo un verdadero modelo de vida para todos los frailes del convento. El 3 de noviembre de 1909 celebró las bodas de oro de su profesión religiosa y el 12 de febrero del año siguiente, el cincuenta aniversario de su ordenación sacerdotal. Estos dos acontecimientos le procuraron todo tipo de felicitaciones, incluida una carta personal del propio Papa. Tanto el convento de Santo Domingo como el monasterio del “Asilo” se disputaban el honor de la celebración de esta Misa de oro, pero él se sustrajo a toda fiesta y se retiró durante tres días al convento de los pasionistas en Galluzzo.

Sepultura en la cripta de la iglesia del Monasterio del Asilo.

Sepultura en la cripta de la iglesia del Monasterio del Asilo.

No obstante en empeoramiento de su salud, el 18 de febrero de 1912 se empeñó en iniciar la predicación de los ejercicios espirituales de las Hermanas del Asilo, pero la creciente fiebre le obligó a renunciar al sexto día. Con la esperanza de mejorar su salud cambiando de aires, volvió a Santo Domingo, aunque esta última tentativa para recuperar la salud resultó completamente inútil por lo que, como continuaba agravándose su enfermedad, el 29 de julio decidió retornar al “Asilo”, que era el lugar elegido para morir. Hemos de tener en cuenta que entre Florencia y Fiesole hay solo unos diez kilómetros de distancia, pero mientras Florencia está en la vega del río Arno, Fiesole se encuentra en un lugar más alto.

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El 15 de agosto del 1912, festividad de la Asunción de Nuestra Señora, el mismo día que él había profetizado, rodeado de sus hijas, murió en Florencia. Fue sepultado en el cementerio de Soffiano en Florencia, aunque el 21 de octubre de 1925 su cuerpo fue trasladado a la cripta de la iglesia del “Asilo”, donde aun descansa.

Sepultura en la cripta de la iglesia del Monasterio del Asilo.

Sepultura en la cripta de la iglesia del Monasterio del Asilo.

Su Causa de beatificación fue incoada en la diócesis de Florencia en el año 1941, concluyéndose el proceso informativo en el año 1959. El decreto validando sus escritos fue publicado el 3 de diciembre de 1971 y el que validó todo el proceso informativo, el 4 de junio del 2004. Fue declarado Venerable el 9 de octubre del año 2013 y el 17 de septiembre del año pasado fue decretada la aprobación del milagro previo a la beatificación, ceremonia que, como dije al principio, se celebra en el día de hoy.

Antonio Barrero

Enlace consultado (19/08/2015):
– www.suore.it

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