Beatos Vicente Lewoniuk y compañeros mártires de Pratulin

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Mural contemporáneo de los mártires de Pratulin.

Mural contemporáneo de los mártires de Pratulin.

Los sucesos que condujeron a la masacre de Pratulin, localidad situada dentro de la jurisdicción de la actual diócesis polaca de Siedlice, en los que murieron Vicente Lewoniuk y doce compañeros, se debieron a la persecución a la que se vio sometida la Iglesia Católica-Rutena en la segunda mitad del siglo XIX. En aquellos tiempos se hicieron varias tentativas, algunas de las cuales fructificaron, para unificar esta Iglesia con la Iglesia Ortodoxa Rusa. Los católicos rutenos de Pratulin defendieron su fe contra el comportamiento de los rusos y contra las órdenes de algunos clérigos traidores a la fe católica. Ellos, encontrándose abandonados por sus autoridades eclesiásticas que se pasaron a la ortodoxia y sin párroco, no podían contactar con Roma. El único medio que les quedó fue el “sensus fidelium”, o sea, “el sentido de los fieles”.

Hagamos un poco de historia. Durante el pontificado de Clemente VIII, en el año 1596, se consiguió la denominada Unión de Brest, por la que voluntariamente varios metropolitas y obispos ortodoxos, así como los señores de Pinsk, Polotsk y Chelm se unieron a la Iglesia Católica conservando su liturgia bizantina. Los opositores a esta unión, con el príncipe Constantino Basilio Ostrogski a la cabeza, asistido por el obispo Gedeón Balaban de Lviv, organizaron un anti-sínodo en la misma ciudad, en el que excomulgaron a los obispos y fieles que se habían unido a Roma.

Unos nobles ortodoxos de Kiev, Volyn y Bratslav consiguieron que el Parlamento de Varsovia, en el año 1609 reconociera el derecho a la existencia de una Iglesia Ortodoxa en Polonia, consagrándose a sus nuevos obispos. De esta manera, coexistían una jerarquía católica uniata (unida a Roma) y una jerarquía ortodoxa, que utilizaban los mismos ritos. Desgraciadamente, poco a poco fue creciendo una cierta hostilidad mutua entre los ortodoxos y los uniatas. Esto culminó con el martirio de San Josafat Kuncewycz de Vladimir, arzobispo de Polotsk (de quien ya hemos escrito), en el año 1623. Los efectos de este martirio fueron positivos para la Iglesia Católica, pues algunos obispos ortodoxos se unieron a Roma.

En el siglo XVIII Polonia fue dividida y los zares de Rusia recurrieron a la Iglesia Ortodoxa Rusa para ejecutar sus planes. En el año 1794, Catalina II abolió la Iglesia Uniata de Ucrania. En 1839, el zar Nicolás I, ayudado por un ex sacerdote uniata (Joseph Siemaszko) comenzó a destruir esta Unión, liquidando la Iglesia Uniata de Bielorrusia y Lituania y designando que todas las diócesis uniatas de su imperio se integraran administrativamente en la Iglesia Ortodoxa Rusa, bajo el viejo principio de “cuius regio eius religio”. En Polonia sólo quedó la diócesis uniata de Chelm.

Ilustración contemporánea del martirio de los Beatos frente a la iglesia.

Ilustración contemporánea del martirio de los Beatos frente a la iglesia.

Desde San Petersburgo se dirigió la operación: contra la jerarquía y el clero, contra todo aquello que tuviera algún tipo de relación con la liturgia y contra los utensilios de los templos, incluidos confesionarios y campanas. Al mismo tiempo, recordándoles la nueva identidad polaca, los funcionarios zaristas instaron a los uniatas a aceptar voluntariamente la religión del zar y a quienes no aceptaban, los amenazaban, ponían impuestos tan elevados que eran difíciles de pagar, los encarcelaban e incluso, los exiliaban en Siberia. Así, los obispos y clérigos uniatas que no quisieron pasarse a la ortodoxia, fueron exilados, dejando a los fieles laicos privados de sus pastores. Finalmente, recurrieron al uso de las armas y al asesinato. Había que desmantelar la Unión, que tenía que dejar de ser católica y someterse sin más a la religión del zar, para lo cual, los funcionarios del zar se dedicaron a “purificar” todos los templos uniatas destruyendo todo aquello que pudiese mostrar la unidad con Roma.

Empezaron por la parroquia de Ostrow Lubelski y por la de Włodawa, destruyendo todo a su paso y maltratando a todos los fieles que se habían congregado en sus templos, incluidas las mujeres y los niños. A muchos los enviaron a la prisión de Biala Podlaska. Destruyeron sus granjas y pertenencias, se llevaron su ganado y alimentos almacenados e incluso los ajuares de las casas: todo aquello que pudiera ser útil a los militares o que pudiese ser vendido para conseguir dinero. Lo destruyeron todo, incluido el arbolado, al que prendieron fuego.

Fosa común donde fueron enterrados los mártires.

Fosa común donde fueron enterrados los mártires.

Los rusos continuaron forzando a los uniatas, llegando incluso a secuestrar a los niños recién nacidos para que fueran bautizados en las iglesias ortodoxas. Esto, para muchas familias fue un verdadero drama, especialmente en la parroquia de Mszanna Dziadkowskie, donde las familias católicas se encerraban en sus casas cuando veían venir al sacerdote ortodoxo y escondían a sus niños incluso dentro de los hornos donde hacían el pan. A tal grado llegó la opresión que en alguna ocasión algún militar ruso se opuso a que los niños fueran bautizados mediante coacción. Las familias uniatas reunían en secreto a sus hijos y en secreto eran bautizados por algún sacerdote uniata. Algo parecido ocurrió en numerosas ocasiones con el sacramento de la penitencia, llevando a rastras a los fieles uniatas para que forzosamente se confesaran con sacerdotes ortodoxos. Fue tal la presión que algunas familias (como la familia Koniuszewskich), llegaron a auto-inmolarse antes de renunciar a su fe católica recibiendo algún sacramento por parte de un sacerdote ortodoxo. Antes de apostatar de su fe, prefirieron sufrir la muerte por el fuego.

Cualquier desobediencia era castigada con golpes y latigazos e incluso con el asedio hasta conseguir la ruina de todo el pueblo, como ocurrió con la localidad de Sworach, que era la más rica de toda la región y en la que los niños llegaron a morir de hambre ya que el asedio fue completo en 1874 y 1875. Aun así, el espíritu religioso y la constancia en la fe, no se debilitaron, lo que incluso despertó la admiración de los rusos y la conversión de algunos de ellos. Las autoridades militares se percataron de este hecho y optaron por sustituir el contingente militar cada dos meses.

En este contexto, ocurrieron los hechos de Pratulín, localidad donde la población uniata era muy numerosa y se mantenía unida en torno a su fe. El 24 de enero de 1874 un contingente militar ruso, acompañado por un sacerdote ortodoxo, quiso tomar la parroquia uniata para profanarla. Un grupo de vecinos de la ciudad, sabiendo que podían morir defendiendo su fe, se despidieron de sus seres queridos y vestidos con sus mejores galas, se opusieron pacíficamente, defendiendo y rodeando la iglesia, armados con una cruz de madera. Fueron amenazados para que se dispersaran y como no lo hicieron, fueron brutalmente asesinados ese mismo día. Estos son los defensores de la fe:

Sepulcro de los mártires en su santuario de Pratulin.

Sepulcro de los mártires en su santuario de Pratulin.

Vicente Lewoniuk, hijo de Basilio, había nacido en el año 1849 en el poblado de Krzyczew, siendo bautizado en la iglesia parroquial según el rito greco-católico (católico bizantino), por lo que al mismo tiempo, recibió el sacramento de la crismación o confirmación. Era agricultor y estaba al servicio del señor Brindas, en la finca que tenía en Woroblin. Se distinguía por su mansedumbre, dulzura, capacidad de servicio y piedad y teniendo conocimiento de que los militares rusos estaban forzando a los habitantes de Pratulin para que les entregaran la parroquia católica de rito bizantino, junto con otros compañeros, tomaron una cruz e hicieron pacíficamente todo lo posible para impedir que este último baluarte del catolicismo cayera en manos de los ortodoxos. Fue herido por arma de fuego, recibiendo por parte de un soldado, un golpe en la cabeza con una piedra, causándole la muerte; era el 14 de enero de 1874, tenía 25 años de edad y dejó viuda a su esposa Mariana. Fue el primero en caer martirizado.

Daniel Karmasz, era hijo de Kondras y de Anastasia Hrycuniak y había nacido el 22 de diciembre de 1826 en Przedmiescie-Pratulin, recibiendo los sacramentos del bautismo y confirmación al día siguiente de su nacimiento, según el rito greco-católico. Era un cristiano temeroso de Dios y dotado de especiales sentimientos religiosos. Buen marido y padre de familia y como presidente de la Hermandad constituida por los uniatas, portando la cruz, fue también a defender la iglesia parroquial de Pratulim, muriendo el mismo día que sus compañeros, con cuarenta y ocho años de edad.

Lucas Bojko, de familia noble, era hijo de Demetrio y de Anastasia Wojda. Nació en Zaczopki el 29 de octubre del 1852. Estaba soltero y era muy estimado por todos por ser una persona muy honesta y religiosa. En su defensa de la iglesia de Praturlin, llegó a subir al campanario y con veintidós años de edad, encontró la muerte junto con sus compañeros, cuando defendía su iglesia parroquial.

Bartolomé Osipyuk, era hijo de un agricultor llamado Basilio y de Maria Kondrasiuk. Nació el 3 de septiembre de 1843, estaba casado y tenía dos hijos. Mientras defendía su parroquia, fue herido en el vientre y transportado aun vivo a la localidad de Bohukal, donde sufriendo terribles dolores, murió sin increpar a los ortodoxos rusos que lo habían matado. Tenía treinta y un años de edad.

Relicario e icono de los mártires en Kostomloty (Polonia).

Relicario e icono de los mártires en Kostomloty (Polonia).

Onofre Wasiluk, había nacido el 20 de abril del año 1853 en Zaczopki, destacando por su defensa del catolicismo y por una intensa vida de piedad. Con veintiún años de edad, murió defendiendo la parroquia de Pratulin.

Felipe Geryluk, era hijo de Basilio y de Domínica Koroluk y había nacido el 26 de noviembre del año 1830, también en Zaczipki. No dudó en participar en la defensa de la iglesia de Pratulin, siendo fusilado con cuarenta y cuatro años, por los soldados rusos.

Constantino Bojko, hijo de Román y de Ghwedora Kononiuk, había nacido el 25 de agosto de 1826 en la granja donde trabajaban sus padres, en Derlo. Cuando defendía la iglesia, fue herido mortalmente en la cabeza. Tenía cuarenta y ocho años de edad. Era un campesino muy pobre, pero muy honesto.

Nicetas Hryciuk, hijo de José y de Juliana, nació en Zaczopki en el año 1855. Con diecinueve años de edad murió defendiendo la parroquia de Pratulin. Es comparado con San Estanislao de Kostka.

Ignacio Franczuk, nacido en Derlo en el año 1824, era hijo de Daniel y de Acacia. Era muy religioso, estaba casado con Elena y había educado cristianamente a sus siete hijos. Con firmeza y coraje, se dispuso a defender su fe aun previendo lo que habría de pasarle. Antes de salir de su casa para defender la parroquia de Pratulin, había limpiado todo y se puso ropa limpia porque decía que sabía que no regresaría y quería morir por su fe llevando vestidos limpios y decentes. Tenía cincuenta años de edad.

Juan Andrzejuk, hijo de Esteban y de Juana Tomaszuk, nació en Derlo el 8 de abril de 1848. Era el cantor de la parroquia. Estaba casado con Marina y tenía dos hijos. Fue gravemente herido en la cabeza y habiendo perdido la conciencia, fue llevado vivo a casa de sus padres, donde murió el mismo día que sus compañeros. Tenía veintiséis años de edad.

Detalle de un relicario de los mártires colocado sobre su sepulcro en Pratulin.

Detalle de un relicario de los mártires colocado sobre su sepulcro en Pratulin.

Constantino Lukaszuk, había nacido en 1829 en Zaczopki, siendo hijo de Fadaj y de Franka; como todos sus compañeros fue bautizado y crismado según el rito greco-católico. Estaba casado y tenía siete hijos. Herido mientras defendía la iglesia donde había recibido las aguas bautismales, murió dos días más tarde, o sea, el 16 de enero de 1874.

Máximo Havryluk, hijo de Pablo y de Bárbara Wasyluk, había nacido en Bohukaly el día 2 de mayo de 1840. Trabajaba como agricultor, estaba casado con Dominica y era muy estimado por su rectitud. Murió en defensa de la parroquia de Pratulín, tres días más tarde, o sea, el 17 de enero.

Miguel Wawryluk, hijo de Nicetas, nació en la localidad de Derlo en el año 1853 y trabajaba en la finca de Pablo Pikuli. Encontró la muerte con sus compañeros, aunque muriendo tres días más tarde.

Todos ellos eran gente sencilla, con edades comprendidas entre los diecinueve y los cincuenta años y aunque no se tiene mucha información sobre sus vidas – sólo lo que he reseñado – los testimonios de los testigos y los documentos históricos nos dicen que eran conscientes de que ponían en riesgo sus vidas, defendiendo la madurez de su fe. Fueron mártires similares a los de los primeros siglos del cristianismo, simples fieles que profesaron con audacia su fe en Cristo unidos a la sede de Pedro.

Concelebración en ritos bizantino y latino conmemorando a los mártires.

Concelebración en ritos bizantino y latino conmemorando a los mártires.

Los rusos enterraron a los mártires en una fosa común en un lugar apartado y posteriormente arrasaron la tumba. Cuando Polonia recuperó la independencia en el año 1918, los habitantes de Pratulin, comenzaron a venerarlos en su tumba y el 18 de mayo de 1990, exhumaron sus restos y trasladaron sus reliquias a la iglesia parroquial. El proceso de beatificación fue incoado por la diócesis de Siedlice y el día 21 de diciembre de 1968 fue emitido el decreto aceptando la Causa en Roma. Fueron beatificados por el Papa San Juan Pablo II, el día 6 de octubre de 1996. Su fiesta se celebra en 23 de enero.

Antonio Barrero

Bibliografía:
“Index ac Status Causarum”, Sacra Congregatio pro Causis Sanctorum, Roma, 1985.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctorum” I Apéndice, Città N. Editrice, Roma, 1996.

Enlaces consultados (02/10/2013):
http://diecezja.radiopodlasie.pl/ (web de la diócesis)
http://unici.pl/content/view/22/

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