Beatos Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles, mártires de Cajonos

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Imagen oficial de la beatificación, pintura hecha por Nicéforo Urbieta en 2002.

Imagen oficial de la beatificación, pintura hecha por Nicéforo Urbieta en 2002.

Introducción
La evangelización de los pueblos conforme a la voluntad de Cristo antes de su Ascensión ha venido realizándose en cada época y región del mundo desde el principio de la Iglesia. Este proceso conlleva muchas dificultades, tanto para el evangelizador como para el evangelizado, pues se enfrentan dificultades culturales, incomprensión y rechazo, dando consecuencia el odio, la persecución, la cárcel y la muerte. Quienes abrazan la fe cristiana y dejan antiguas costumbres, algunas de ellas contrarias al Espíritu del Evangelio, son señalados como traidores de su gente y padecerán la animadversión y también el martirio.

Se habla actualmente de la inculturación del Evangelio y este es un reto a vencer desde muy antiguo, pues inoportunamente se ha llegado a considerar este proceso celebrando la liturgia en los idiomas nativo, cuando lo correcto es que la cultura receptora, para fortalecerla, debe ser permeada por el Evangelio, dándole así mayor proyección y más plenitud. Debe amalgamarse en la vida ordinaria del individuo que es neófito para que su persona, desde su experiencia, descubra, viva y se asemeje a Jesucristo.

En México la población indígena ha recibido con alegría, convicción y esperanza la Palabra de Dios pero la labor hecha hasta ahora ha sido insuficiente. Faltan misioneros y sobre todo, el cabal testimonio de quienes llamándose cristianos no viven como tales. Si así fuera, los hermanos indígenas se podrían adherir con mayor facilidad y prontitud. Oaxaca, en la región suroeste de México es un terreno fértil que se ha ganado para Cristo, pero falta fortalecer y animar a los bautizados, atraer y convences a quienes son indiferentes o no conocen a Cristo, incluso, hacer volver a quienes han abandonado la fe católica. Al evocar en este artículo a los Beatos mártires de Cajonos: Juan Bautista y Felipe de los Ángeles, indígenas nativos de esta zona, sirva para que su ejemplo e intercesión sea una luz que anime a continuar esta tarea.

Referencia histórica
Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles son dos indígenas de origen zapoteca, originarios de la Sierra norte de Oaxaca. Nacieron alrededor del año de 1660 en San Francisco Cajonos. El primero se casó con Josefa de la Cruz, con quien tuvo una hija llamada Rosa; el segundo se enlazó con Petrona de los Ángeles, procreando dos hijos: Juan y Nicolasa. Ambos pertenecían a esta Vicaría de Cajonos, atendida por los padres dominicos Gaspar de los Reyes y Alonso de Vargas. Ambos tuvieron una vida íntegra como ciudadanos, como esposos y como personas. Desempeñaron por ello los cargos de topil, juez de tequío, mayor de vara, regidores, presidente, síndico y alcalde. Tenían un aprecio por las costumbres civiles de su pueblo y eran responsables como ciudadanos en los cargos que la comunidad les designaba. Igualmente fueron evangelizados, bautizados y catequizados constantemente. En el ambiente eclesiástico fueron acólitos, sacristán menor y mayor y topilillo.

Traslado de las reliquias en la ceremonia de beatificación.

Traslado de las reliquias en la ceremonia de beatificación.

Finalmente desempeñaron los cargos de fiscal, cargo civil y eclesiástico instituido a instancias del III Concilio Provincial Mexicano en 1585, responsabilidad designada a alguien por sus costumbres irreprochables que ayudaban al párroco al cuidado de las costumbres públicas. Era su oficio propio inquirir los delitos y vicios que perturbaban la moral comunitaria: amancebamientos, adulterios, divorcios indebidos, perjurios, blasfemias, infidelidades, etc.

Martirio
El 14 de septiembres ambos fiscales descubrieron que en San Francisco Cajonos se reunió un gran número de personas se reunieron para hacer cultos ancestrales e idolátricos. Dieron la voz de alerta a los padres dominicos que acompañados por el Capitán Antonio Rodríguez, sorprendieron a los congregados, los dispersaron y se apropiaron de la ofrenda que fue resguardada en el convento. Al día siguiente, el pueblo se amotinó, por lo que los padres, el capitán y los fiscales se resguardaron en el convento. Durante casi todo el día hubo negociaciones entre los sediciosos y las autoridades recluidas en el convento sin llegar a un acuerdo. Ante el peligro de que se incendiara el lugar y todos fueran asesinados, finalmente el Capitán Rodríguez decidió entregar a los fiscales al pueblo con la condición de que se les respetaría la vida, arreglo que no estuvieron de acuerdo los padres dominicos.

Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles pidieron la absolución y la comunión y se entregaron dócilmente luego de deponer sus armas. Ambos aceptaron la perspectiva de morir y Juan Bautista decía: “Vamos a morir por la ley de Dios. Como yo ya tengo a su Divina Majestad, no temo nada ni he de necesitar armas”. Luego, cuando se vio en las manos de sus verdugos, les dijo: “Aquí estoy, si me han de matar mañana, mátenme ahora”. Fueron torturados tremendamente, fueron azotados sin compasión y como podían mirar hacia arriba del convento, ambos les decían: “Padres, encomiéndennos a Dios”. Sus captores se burlaban de ellos diciéndoles: “¿Te supo bien el chocolate que te dieron los padres?”. Pero ellos nada respondían.

Ceremonia de la beatificación.

Ceremonia de la beatificación.

El 16 de septiembre, los verdugos condujeron a Juan Bautista y Jacinto a San Pedro, donde siguieron azotándolos y luego los encarcelaron. Los invitaron a apostatar de la fe católica a cambio del perdón, mas ellos contestaron: “Una vez que hemos profesado el Bautismo, continuaremos siempre a seguir la verdadera religión”. Luego los condujeron a la sierra, subiendo y bajando laderas, hasta el monte Xagacía, donde amarrados los despeñaron, casi los degollaron y mataron a machetazos, sus corazones fueron arrancados y echados a los perros, que no se los comieron. Los verdugos Nicolás Aquino y Francisco López bebieron sangre de los mártires, para animarse y fortalecerse, según costumbre de beber sangre de animales de caza, pero también como signo de odio y coraje, según un dicho ancestral que dice: “Me voy a tomar tu sangre”. Y luego los sepultaron en el mismo monte, desde entonces llamado “Monte Fiscal Santos”.

Algunos opinan que los fiscales no son mártires sino delatores de sus paisanos y traidores a su cultura; pero es claro que los fiscales estaban designados civil y religiosamente para el ejercicio de un cargo público en el pueblo y en la comunidad religiosa. Más aún, desde el principio en el proceso civil que se llevó a cabo entre 1700-1703 y en el proceso eclesiástico hasta el día de hoy, viene la fama de martirio y de santidad, que finalmente la Iglesia reconoce con la beatificación.

Culto
En 1889 sus restos mortales fueron trasladados a la catedral de Oaxaca, fueron beatificados por San Juan Pablo II el 1 de agosto de 2002. En 2003 se realizó la primera misa en su honor precisamente en el lugar donde fueron martirizados y sepultados originalmente. Su celebración litúrgica ha sido dispuesta que se conmemore el 18 de septiembre.

Sepulcro en la catedral de Oaxaca, México.

Sepulcro en la catedral de Oaxaca, México.

Oración
Dios todopoderoso y eterno, que concediste la gracia de morir por Cristo a tus Beatos mártires Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles, ven en ayuda de nuestra debilidad, para que podamos dar con nuestra vida, el mismo testimonio de ti que ellos no dudaron en dar con su muerte. Por…

Humberto

Enlace consultado (15/09/2014):
http://www.vatican.va/news_services/liturgy/saints/ns_lit_doc_20020801_los-angeles_sp.html

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