San Beda el Venerable

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El Santo en un mosaico de la abadía de Westminster, Londres (Inglaterra).

Al igual que San Patricio es el emblema del cristianismo en Irlanda, San Beda, conocido como el Venerable, puede ser considerado como símbolo de la riqueza cristiana de Inglaterra. El cristianismo anglosajón siempre ha tenido algunas particularidades que lo hace especial dentro de la Iglesia de Cristo. La insularidad tanto de Inglaterra como de Irlanda, hizo que de alguna manera, las costumbres fueran distintas, si las comparamos con las de la Iglesia de Oriente y la de Occidente.

La conversión de Inglaterra fue especial y lo fue como resultado de la llegada de dos grupos distintos de misioneros, (unos de origen celta, de Bretaña o Irlanda) y otros llegados desde Roma. Incluso durante bastante tiempo, los sacerdotes y los obispos estaban casados, mientras que los monjes llevaban una vida ascética individual al estilo de los monjes del desierto egipcio; las iglesias normalmente estaban  vacías de imágenes y habitualmente el bautismo se administraba en las orillas de los ríos. Incluso durante muchos años la Pascua se estableció de forma independiente al resto de la Iglesia.

Al igual que en Egipto y Capadocia, los monasterios representaban los inicios de una nueva cultura. Incluso antes de las invasiones danesa y más tarde, normanda, los monjes escribían en latín o en celta las obras originales del Cristianismo. Beda que sabía leer y escribir vivió en el noreste de Inglaterra durante parte de los siglos VII y VIII.

Beda (en inglés antiguo Bæda o Bēda, que significa oración) fue un monje benedictino del monasterio de Northumbrian en Monkwearmouth (hoy Sunderland) y posteriormente, del monasterio de San Pablo en la que actualmente es Jarrow.  El reino de Northumbria, en el que él vivía, tenía un habla nativa propia y estaba en la zona noreste de la actual Inglaterra; resistió la invasión danesa pero fue conquistado por los normandos en el año 954.

Entre los conventos de la zona, el de Beda disponía de una gran biblioteca que incluía las obras de Eusebio y de Orosio, en las que él se basó en sus trabajos de historia. A causa de su preocupación por la historia, se le conoce como el “padre de la historia inglesa”, tanto de la eclesiástica como de la civil.

El Santo enseñando a sus alumnos. Miniatura del siglo XIV. Libro de Horas de Aviñón, Francia.

Vida de San Beda
Beda nació probablemente en el año 672 o en el 673 en Wearside o en Tyneside, ambos cercanos al monasterio de San Pedro en Wearmouth, al que ingresó siendo muy niño, con solo siete años de edad. Su educación estuvo a cargo de San Benito Biscop (cuya fiesta se celebra el día 12 de enero), que provenía de una familia de clase alta. San Benito vino del monasterio francés de Lerins, por lo que tenía una gran cantidad de libros que fueron posteriormente, las primeras fuentes de San Beda. Posteriormente, como dije antes, Beda marchó al monasterio de Jarrow en el año 682 y allí estuvo junto a su nuevo maestro, San Celofrith (su festividad se celebra el 25 de septiembre), permaneciendo hasta su muerte, acaecida en el año 735.

Existe un documento anónimo sobre la vida de San Celofrith del cual se pueden sacar algunos otros datos sobre la juventud de San Beda, como por ejemplo, que una epidemia del año 686 provocó la muerte de la mayoría de los monjes del monasterio. Solo el abad y un joven permanecieron vivos, siguieron conservando las normas monásticas y continuaron con los santos servicios. El joven fue ordenado como sacerdote y gracias a este dato sabemos que el ritual del monasterio mantenía el “canto antifónico”, lo que significa que los monjes se dividían en dos grupos, sentados frente a frente en el coro que cantaban alternativamente, por lo que el servicio litúrgico era más activo. Según otra fuente documental, Beda se ordenaría de diácono con diecinueve años y más tarde, con treinta años, lo ordenaría de sacerdote San Juan de Beverley (cuya festividad se celebra el día 7 de mayo) y que era el obispo de Hexham y York.

San Beda, un erudito
Antes de escribir el histórico libro que lo haría famoso y que es la “Historia Eclesiástica”, San Beda escribió algunas obras menores que son entendidas como manuales de clases: “De Arte Metrica” y “de Schematibus et Tropis” (escritos en el año 710 sobre artes poéticas). En total escribió unos sesenta libros, siendo el último una carta dirigida a su alumno Egberto de York, escrita en el año 734.

En el año 708, unos monjes  de Hexham acusaron a Beda de haber cometido herejía en su obra “De Temporibus” ya que contradecía la visión estándar teológica que concebía la historia del mundo, la creación del mundo, en seis días y que era la opinión de San Isidoro de Sevilla. En su libro, Beda calculó la edad del mundo en lugar de aceptar la autoridad de San Isidoro, y así llegó a la conclusión de que Cristo había nacido 3.952 años después de la creación del mundo, en vez de aceptar la cifra de 5.000 años, que era la aceptada comúnmente por los teólogos de la época. Beda escribió una carta a San Wilfredo, obispo de Hexham, en la que replicaba defendiéndose con éxito a si mismo.

El Santo en su scriptorium. Imitación moderna de una miniatura bizantina.

Sin entretenernos en sus obras menores, vayamos directamente a su “Historia ecclesiastica gentis anglorum” (historia de la Iglesia inglesa), una obra sobre la historia eclesiástica y política, que consta de cinco libros y cerca de cuatrocientas páginas. Esta obra empieza por el período de la República de los Césares (alrededor del año 55 antes de Cristo) y llega al mismo año 731 que es el año en el que la escribió. Los veintiún capítulos primeros trata de la historia de la iglesia inglesa antes de que llegara el misionero San Agustín de Canterbury, es decir, escribe sobre el período “celta” anterior al período de llegada de la misión oficial enviada por Roma.

La “Historia de la Iglesia” de San Beda hace referencia a diversos pasajes de escritores anteriores a él, como Paulo Orosio, San Gildas, San Próspero de Aquitania o el mismísimo Papa San Gregorio I y en ella, mezcla leyendas con hechos históricos. Su especialidad es “contar con la nueva era del año” lo que significa que calcula los años de la misma forma en que lo hizo el monje exicasta “Dionysius Exiguus”, en el año 525. ¿Qué significa esto? Que no utiliza los viejos calendarios que se basaban en la Fundación de Roma o en las Olimpiadas Griegas, y señala el año 1 como el año del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo.

Aunque los estudiosos encontraron años más tarde un error de alrededor de 4 a 7 años en el cálculo de Dionisio, esto representó una revolución en el pensamiento, pues ponía  a Jesucristo en el centro de la historia y por lo tanto, como el inicio del llamado “Tiempo de Salvación”. Si Dionisio fue el autor de esta nueva fórmula de calcular, San Beda fue el que popularizó este calendario en la Europa occidental, con algunas expresiones como “ab anno incarnatione Domine” (para los años anteriores a Cristo) y “anno incarnationis Dominicae” (para los años y acontecimientos anteriores a la Encarnación), por lo que el año nuevo comenzaba el 25 de marzo, fecha de la Anunciación. Al final de su “Historia Ecclesiastica”, San Beda escribió algunas líneas sobre sí mismo, diciendo que estuvo toda su vida en el monasterio y que estaba interesado en el estudio de las Sagradas Escrituras.

Otras obras de San Beda
San Beda fue además un lingüista y traductor experimentado y sus trabajos con los escritos latinos y griegos de los primeros Padres de la Iglesia, contribuyó significativamente en el cristianismo inglés, lo que significa que sus escritos son mucho más accesibles para sus compatriotas anglosajones. San Beda es también conocido por algunas crónicas y por una adaptación del Martirologio Romano (muchas veces se ha escrito en este blog sobre el Martirologio de Beda). Tradujo algunas obras de los Padres de la Iglesia, escribió homilías, comentarios a los libros de la Biblia, sobre el cálculo astronómico y el tiempo (en su obra “De Temporibus”) y escribió asimismo obras educativas y algo de poesía, todo en su lengua vernácula.

Sepulcro de San Beda en la catedral de Durham, Inglaterra.


Muerte de San Beda
El año 735, San Beda cayó enfermo, al parecer de alguna enfermedad respiratoria, pero no dejó de enseñar y dictó personalmente sus últimas obras. El martes anterior al día de la Ascensión, se agravó su enfermedad, su respiración se hizo más fatigosa y se le hincharon los pies. Aun así, continuó dictando a un escribano y a pasar las noches en oración, dictando de nuevo al día siguiente. En su última noche pidió a los monjes que lo recordaran en sus oraciones. Dijo: “el tiempo de mi partida ha llegado y mi corazón anhela ver la belleza de Cristo, mi Rey”. Murió exactamente después de terminar de dictar su última obra, una traducción del Evangelio de San Juan, cantando “Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo”.

Una obra conocida como “carta de Cutberto”, relata un poema de cinco líneas, escrito en la lengua vernácula de Beda, compuesto en su lecho de muerte y que es conocido como “La canción de la muerte de Beda”. Es el poema escrito en inglés antiguo más ampliamente copiado pues aparece en cuarenta y cinco manuscritos, aunque su atribución a San Beda no está absolutamente confirmada. El texto del poema, adaptado al inglés moderno, tendría la traducción siguiente:

“Frente a ese viaje forzado, ningún hombre puede ser
Más prudente de lo que para él ha sido lo bueno,
Por tanto, si se considera antes de su partida,
Lo que para su espíritu era el bien o era el mal,
Se determinará después del día de su muerte”
.

Una conocida frase de San Beda es la siguiente:”Mejor un hermano estúpido y analfabeto, que trabajando las cosas buenas que él sabe consigue méritos para el cielo que el que a pesar de ser distinguido por su saber sobre las Escrituras, y que incluso es considerado un erudito, le falta el pan del amor”.

Otra vista del sepulcro. Catedral de Durham, Inglaterra.

Veneración a San Beda
San Beda murió el día 25 de mayo del año 735 en el monasterio de Jarrow. Su cuerpo fue trasladado desde el monasterio hasta la catedral de Durham alrededor del año 1020, donde fue colocado en la misma tumba con San Cutberto de Lindisfarne. Con posterioridad, en el año 1370, lo pusieron en un lugar dentro de la capilla Galilea de la misma catedral. En tiempos de la Reforma Inglesa, este lugar o santuario fue destruido, pero sus restos se salvaron y de nuevo fueron enterrados en la misma capilla. El 1831 sus restos fueron exhumados y enterrados a continuación en un sepulcro nuevo que aun existe.

Otras reliquias fueron solicitadas por las catedrales de York, Glastonbury e incluso por la ciudad alemana de Fulda. Como dije anteriormente, es el autor de “Historia ecclesiástica gentis Anglorum”, obra por la cual ha sido llamado “padre de la Historia Inglesa”.

En el año 1899, el Papa León XIII lo declaró Doctor de la Iglesia por la importancia de su aportación teológica; él es el único nativo de la actual Gran Bretaña que ha logrado esta designación, designación también otorgada a San Anselmo de Canterbury, pero éste había nacido en Aosta (Italia). También es el único inglés mencionado en el Paraíso de Dante (Paradiso X, 130), que lo menciona entre los teólogos y doctores de la Iglesia en un mismo canto, junto con San Isidoro de Sevilla y Ricardo de San Víctor.

Desde el siglo IX es conocido como “Beda el Venerable” (del latín Venerabilis), aunque este apelativo no estaba vinculado a su condición de santo por parte de la Iglesia Católica Romana. Según una leyenda, este epíteto le fue puesto milagrosamente por los ángeles a fin de completar su epitafio. He dicho que esto sucedió en el siglo IX, cuando San Beda fue unido con otros nombres, denominados también “venerables” en los concilios celebrados en Aix en los años 816 y 836. Aunque ya antes, Pablo el diácono se refirió a él llamándolo “venerable”, esta denominación se generalizó a partir del siglo XI.

Miniatura del Santo en una Biblia franca del siglo XIII, Reims (Francia).

No existen evidencias de que San Beda recibiese culto en Inglaterra inmediatamente después de su muerte; quizás fuera esto así, porque él murió el día de la festividad de San Agustín de Canterbury. Posteriormente, cuando fue venerado en Inglaterra, lo fue un día después de San Agustín, o sea, el día 26 aunque finalmente su fiesta fue trasladada al día 27 de mayo. Por primera vez fue venerado fuera de Inglaterra, gracias a los esfuerzos de San Bonifacio de Fulda y de Alcuino. El culto a San Beda prosperó cuando en el siglo X renació la vida monástica.

San Wulfstano, obispo de Worcester (1008-1095) fue particularmente devoto de San Beda, dedicándole una iglesia en el año 1062, cosa que hizo inmediatamente después de ser consagrado como obispo. Su fiesta fue incluida en el Calendario Romano en el año 1899, el día 27 de mayo y no el día de la fecha de su muerte, pues el 25/26 se celebraba la festividad de San Gregorio VII. Después de la reforma del calendario en el año 1969, la festividad de San Beda se trasladó a su día propiamente dicho, o sea, el 25 de mayo. En el calendario ortodoxo se le conmemora el día 27 de mayo.

Himno (Tropario)
En los años oscuros de los tiempos, ¡Oh Beda!, las tierras inglesas y todo el Occidente fueron regadas con la efusión de tu gracia, y tu has sido, sembrador experto en echar la semilla del conocimiento divino de tu Maestro a lo largo y ancho de los campos, en los cuales ha brotado dando sus frutos en un ciento por uno, por lo que habiendo adquirido tal valor ante El, ¡Oh Venerable! ora incesantemente para que se salven nuestras almas”.

Mitrut Popoiu

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