Las reliquias de San Benito y Santa Escolástica

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Cripta de Montecassino, en arte de Beurón, donde se encuentran las urnas con las reliquias italianas de San Benito y Santa Escolástica.

Cripta de Montecassino, en arte de Beurón, donde se encuentran las urnas con las reliquias italianas de San Benito y Santa Escolástica.

San Benito y Santa Escolástica, juntos en vida y en muerte
Sobre las reliquias de San Benito de Nursia hay una discusión multisecular por su posesión entre las Abadías benedictinas de Montecasino en Italia y Fleury en Francia. De igual manera, paralelamente a las reliquias de San Benito, los restos de Santa Escolástica son reclamados por Le Mans en Francia y la misma abadía de Montecasino. El presente artículo no pretende crear controversia o emitir un juicio sobre la validez de estas reliquias, únicamente se quiere presentar los hechos como se han dado en base a los diversos testimonios y también a los huecos que en ellos hay. Los textos sobre las reliquias del Patriarca de los monjes y su hermana son vastos, la controversia aún no termina y solo hasta que se retomen los estudios que a mediados del siglo XX se hicieron sobre los restos que se presumen pertenecen a los dos santos se podrá dar un resultado con rígor científico; el lector podrá aquí confrontar un resumen de esta controversia.

La cuestión de la validez de reliquias antiguas, o al menos una aproximación a su autenticidad, solo ha sido posible en tiempos modernos gracias a los aportes de ciencias médicas, forenses, arqueología y otras ramas afines dependiendo el caso a ser estudiado. Es de desear que gran parte de las reliquias veneradas en la cristiandad puedan pasar por un examen crítico si es que en ellas hay un atisbo de duda. Los estudios realizados a los relicarios de San Lucas en Padua y San Nicolás de Myra en Bari confirmaron las tradiciones de la veracidad de las reliquias; ambos santos son muchos siglos anteriores a San Benito.

San Gregorio Magno, en el 2º libro de los Diálogos, narra la vida de San Benito en base a sus milagros y da las primeras pistas sobre las reliquias que aquí tratamos. Tres días después de un último coloquio fraterno, San Benito vio el alma de su hermana Santa Escolástica volar al cielo en forma de paloma blanca. Inmediatamente llamó a los monjes para que trasladaran el cuerpo de la santa a Montecasino y fuera depositado en el mismo sepulcro que se había preparado para el mismo. Así sucedió que ni siquiera la tumba pudo separar los cuerpos de aquellos cuyo espíritu había sido siempre una sola cosa en el Señor (Dial. 2, 33). La santa al parecer falleció el 10 de febrero del año 547.

El tránsito de San Benito, grupo escultórico en el claustro de la Abadía de Montecasino.

El tránsito de San Benito, grupo escultórico en el claustro de la Abadía de Montecasino.

Siguiendo la narración gregoriana, San Benito murió poco después. La fecha del transitus Sancti Benedicti es fijada el 21 de marzo de 547 y no parece ser arbitraria, sino sustentada en una tradición antigua, ya que ordinariamente este día coincide con la Cuaresma y si fuera inventada se habría buscado un día fuera del rigor cuaresmal para celebrar una solemnidad. El patriarca murió de pie, después de haber recibido la Eucaristía, sostenido por sus hijos espirituales. Fue sepultado en el oratorio de San Juan Bautista junto a su hermana Escolástica. San Gregorio indica que en su tiempo el cuerpo del santo aún permanecía en Montecasino: Aquí… resplandece por sus milagros hasta el día de hoy (Dial 2, 38).

Es todo lo que sabemos por parte de San Gregorio. La Abadía de Montecasino fue destruida por los lombardos en el 584 y los monjes huyeron a Roma. Más de un siglo después los religiosos regresaron para reconstruir la casa madre, pero es casi seguro de que un pequeño grupo de benedictinos se estableciera en los alrededores del cenobio, tal vez no permanentemente pero si constante.

Tres hipótesis
Aquí es donde empieza la disputa; tres han sido las teorías sobre la posesión de las reliquias:
1) Hay un rapto total de las reliquias en el siglo VII por parte de los monjes franceses de Fleury debido a la destrucción de Montecasino. San Benito permaneció en Fleury y el cuerpo de Santa Escolástica fue llevada a Le Mans, hoy custodiado en la villa de Juvigny.
2) La permanencia de los sepulcros y de las reliquias de los santos en Montecasino a pesar de las diversas destrucciones del monasterio. Solo fueron cedidas algunas pocas reliquias a diversas abadías benedictinas. El cuerpo no salió de Montecasino.
3) Se acepta la tesis del robo de los cuerpos de los santos y una restitución parcial de las reliquias a su antiguo sepulcro; en los dos monasterios se conservan reliquias verdaderas. También se puede aceptar que los franceses no se llevaron los cuerpos completos.

La urna con las reliquias de San Benito conservadas en Fleury y el relicario de Santa Escolástica de Le Mans, ambas en Francia.

La urna con las reliquias de San Benito conservadas en Fleury y el relicario de Santa Escolástica de Le Mans, ambas en Francia.

La tercera hipótesis ha sido descartada desde hace tiempo, en especial por los exámenes hechos a las reliquias conservadas en las Abadías de Fleury y Montecassino y las adjudicadas a Santa Escolástica veneradas en Juvigny. No pertenecen a dos cuerpos sino a cuatro. Entre los que no conocen la tradición de las dos tesis se postula que ningún cuerpo es verdadero, que muy probablemente los sepulcros fueron profanados o los santos no existieron. Esta opinión no es aceptada por estudios serios que comprueban la historicidad del Patriarca y el hecho de que hay solidas pruebas en las tesis de las reliquias que, seriamente, no pueden echarse por la borda.

La hipótesis de Fleury
Quien investiga sobre las reliquias de San Benito inmediatamente encuentra a Fleury y no a Montecasino como la Abadía poseedora de las reliquias. Textos antiguos, leyendas, conmemoraciones litúrgicas y devoción benedictina tienen base en la teoría floriacense; en internet la mayoría de las referencias da por hecho que el cuerpo de San Benito está en Fleury. Esta hipótesis tiene muchas variantes en cuanto a las fechas, los hechos y los “milagros” ocurridos durante la sustracción de los restos. Estas reliquias se encuentran en la cripta de la Abadía románica, en el pilar central, con la sobriedad propia del medioevo monástico.

Se cuenta que el Abad de Fleury, Múmmolo, envió al monje Aigulfo para sustraer las reliquias de San Benito en Italia, el Obispo de Le Mans envió también un grupo a Montecassino para traer el cuerpo de Santa Escolástica. Las fechas varían:lLa tradicional de Fleury data la traslación cerca del año 660, Mabillon menciona el año 653, Munding el 672 y el grupo Stilting, Chamard y otros la retrasan al 703. La intervención divina ayudó a la comitiva a encontrar las reliquias entre los escombros de lo que fue el oratorio de San Juan Bautista. Los cuerpos fueron llevados a Fleury y de allí, según una de las variantes, el cuerpo de Santa Escolástica se trasladó a Le Mans. Otro de los testimonios mencionan que Santa Escolástica llego a Le Mans a finales del siglo VIII, pues hay testimonios de que a mediados de este siglo los dos cuerpos se encontraban en Fleury.

Urna con las reliquias francesas de San Benito, en la Abadía de Saint-Benoit-Sur-Loire, Fleury.

Urna con las reliquias francesas de San Benito, en la Abadía de Saint-Benoit-Sur-Loire, Fleury.

Los historiadores, a pesar de dudar de varios puntos flacos en la tesis francesa, consideran cierto una traslación a Francia. La fecha de la traslación al parecer fue el 4 de diciembre, ya que en diversos calendarios conmemoraban en ese día la adventio corporis Sancti Benedicti abbatis. Pero con el tiempo esta conmemoración dio paso a la fiesta del 11 de Julio, la Traslatio Sancti Benedicti, festividad que se extendió a toda la familia benedictina y que luego fue llamada la Solemnidad de San Benito Abad. El papa Beato Pablo VI eligió este día para celebrar a San Benito como patrón de Europa independientemente del origen de la festividad como conmemoración de la traslación de las reliquias. Por tanto se puede decir que hay argumentos litúrgicos e históricos que comprueban una traslación y la veneración de supuestas reliquias de San Benito al menos poco antes de los años 800. Esto no comprueba la veracidad de las reliquias, incluso con la extensión de la fiesta del 11 de Julio a casi todos los monasterios, ya que durante el medioevo hay diversas festividades locales de supuestos traslados y conmemoraciones de santos que ni siquiera existieron. Fleury tiene muchos puntos flacos en especial por que las historias de las traslatio tienen inconsistencia en cuestión de hechos, “milagros” (que copia de los Diálogos gregorianos), el tiempo de que ocurrió el hecho y separación de las reliquias de los dos santos hermanos.

Sobre Santa Escolástica se sabe que Riquilda, esposa de Carlos el Calvo, fundó un monasterio en Juvigny en 874. Con cierta violencia logra que la iglesia de Le Mans cediera a la fundación benedictina una parte de las reliquias allí conservadas. Según la tradición desde entonces, y a pesar de la destrucción del monasterio, lo que se creen son los restos de Santa Escolástica reposan en la iglesia de Juvigny-sur-Loison. El 8 de Junio se conmemora esta traslación.

La Abadía de Fleury fue fundada hacia el año 650 y estaba dedicada a San Pedro; fue siglos después que tomó el nombre de Abadía de San Benito y el mismo Fleury cambió de nombre: Saint-Benôit-sur-Loire. Los testimonios de las reliquias en esta abadía son constantes y precisos a partir del siglo X. Incluso Santa Juana de Arco visitó este lugar de devoción, una placa conmemora esta visita. Durante la Revolución Francesa y posteriores conflictos en Francia las reliquias se han escondido y tales movimientos están documentados. En el siglo XIX, cuando la Abadía se encontraba casi abandonada los monjes de La-Pierre-que-vire, inspirados por su fundador Dom Jean Baptiste Muard, quisieron establecerse en este monasterio no sólo por la historia milenaria de esta Abadía sino por la posesión del cuerpo de San Benito. Esto prueba que aún en tiempos modernos Fleury estuvo relacionado con San Benito y sus reliquias.

Ana de Austria y sus hijos rezando ante los Santos Benito y Escolástica. Lienzo de Philippe de Champagne en el retablo de las reliquias de Santa Escolástica, Juvigny-sur-Loison (Francia).

Ana de Austria y sus hijos rezando ante los Santos Benito y Escolástica. Lienzo de Philippe de Champagne en el retablo de las reliquias de Santa Escolástica, Juvigny-sur-Loison (Francia).

Desde 1952 la Abadia de Fleury , bajo el Abad Dom Maliano Desplanques, impulsó un estudio de las reliquias conservadas en la cripta. Una comisión pluridisciplinar se dedicó a responder a las preguntas en base al cuerpo que tenían como de San Benito. En 1953 se compararon los huesos de Fleury con aquellos que se conservaban en otras Iglesias y se tenían como del santo. En 1979, año jubilar benedictino, los resultados se publicaron.

El estudio dio como resultado encontrarse frente a un esqueleto incompleto, de un hombre de alrededor de 75 años y vegetariano. Se confrontaron asímismo las reliquias atribuidas a Santa Escolástica conservadas en Juvigny-sur-Loison, pertenecientes a una persona de sexo femenino. Se descubrió que existe en el lote de huesos de Juvigny, huesos pertenecientes al de Fleury y viceversa, por lo que se dedujo que hubo un tiempo en que los cuerpos estuvieron mezclados entre sí.

No se precisó la época en que vivieron los personajes pero si la posibilidad de que a fines del siglo VII ya se tuvieran como reliquias. Por miedo a la pérdida de una parte de los huesos, no se hizo la prueba del Carbono 14 porque implicaba una combustión y pérdida de los restos. Los resultados de las reliquias no se oponían al relato de la traslación. Desde el punto de vista histórico las reliquias si pudieron pertenecer a una persona del siglo VI, como lo es San Benito.
Aquí no termina la controversia. Montecasino también reclama la posesión del cuerpo e hizo igualmente un estudio de las reliquias recobradas después del bombardeo de la Abadia Madre.

Sepulcro barroco de San Benito y Santa Escolástica, en la parte posterior del altar de la Basilica de Montecasino.

Sepulcro barroco de San Benito y Santa Escolástica, en la parte posterior del altar de la Basilica de Montecasino.

La tesis de Montecasino
Son pocas las referencias sobre la permanencia de las reliquias de San Benito en Montecasino, la mayoría apuntan a Fleury. La hipótesis dice que después de la destrucción de Montecasino por los lombardos los monjes se refugiaron en Roma; la casa madre resurge más de un siglo después de su destrucción. Se presume que hubo monjes en las cercanías de las ruinas del monasterio pero no de manera constante; no hay una certeza que avale una profanaron de las tumbas de los monjes con la destrucción de los lombardos. Hacia el 717 el Monasterio fue restaurado por Petronax noble de Brescia; desde entonces hay una tradición continua de la presencia de las reliquias de San Benito y por ende las de Santa Escolástica, pero no una autentificación debido a que se encontraban sepultadas por lo que a través de los siglos hay testimonios de hallazgo del sepulcro, olvido y recuperación.

Una carta del año 750 atribuida al Papa San Zacarías I avala la tradición de Fleury y en ella se pide a los monjes franceses restituyan el cuerpo de San Benito a los italianos. Hoy este testimonio no se tiene como prueba por varias incongruencias históricas pues contemporáneamente a los hechos no hay otros testimonios que apoyen la tesis de Fleury. Pedro Diácono, de Montecasino, a pesar de testificar una presencia de las reliquias de Patriarca en Italia, da crédito a la historia de Fleury y a una restitución parcial de reliquias de Francia. Sin duda la fama de la posesión de reliquias en Francia trascendió fronteras y Pedro Diacono se hace eco de esta historia.

Cerca del año 758 los monjes italianos cedieron reliquias de san Benito, un brazo, para el monasterio de Bresia. Aun así queda el hueco entre los años 740 y 758 fecha en que posiblemente, según la tesis de Fleury, se hizo una restitución parcial de las reliquias pero estas no corresponden con las francesas.

Imagen yacente de San Benito en las criptas de Montecasino y fotografía de las reliquias italianas tras su reconocimiento en los años 50´s.

Imagen yacente de San Benito en las criptas de Montecasino y fotografía de las reliquias italianas tras su reconocimiento en los años 50´s.

Los estudios a las reliquias casinenses han sido los más criticados y esto no es en defensa de la teoría de Fleury, la cual es descartada por la mayoría de los críticos. Estos estudios se hicieron después de la destrucción de la Abadía.

La tesis casinense tiene puntos a favor pero también huecos que han sido señalados con agudeza por los críticos, en especial por la falta de documentación o mención de la presencia de los restos por mucho tiempo a pesar de los testimonios de Pedro Diácono, el celo de Abad Didier de Montecasino (futuro Papa Beato Víctor III) por encontrar el sepulcro en 1066 y los hallazgos hechos en los Siglos XV y XVI. Lo que si es cierto es que no hay evidencia histórica de una restitución de reliquias desde Francia según lo pedía la supuesta carta del Papa San Zacarías.

Despues de la “inventio” del Abad Didier, siglos después sucedieron otros hallazgos. En 1487 se menciona el sepulcro de San Benito, sin mencionar a Santa Escolástica salvo los relicarios conservados en el tesoro; se supone que al mencionar el sepulcro de San Benito indirectamente se le adjudica el mismo a Santa Escolástica.

En 1545 durante la remodelación de la Basílica de forma inesperada hubo otra inventio. En el examen a las reliquias se mencionan los dos cráneos de los santos que fueron besados por una concurrencia, los monjes presenciaron en las reliquias el fenómeno de la “sacra mana” (líquido que sale del sepulcro de los santos). Esto ocurrió entre el 12 y 15 de marzo, días antes de la fiesta del tránsito de San Benito. El sepulcro fue cerrado de nuevo.

En 1637 el Abad Caffarelli Simplicio hizo cambios nuevos en la iglesia y no se tocaron, nos dicen, los huesos del santo patriarca por temor al castigo del cielo. Las reliquias de San Carlomán, San Simplicio y San Constantino fueron llevados a la sacristía; se encontraron delante de los de San Benito.

En 1659 bajo el Abad Della Noce se habla de nuevo de las reliquias para explicar que se había roto accidentalmente uno de los cráneos. Las reliquias de los dos hermanos se encuentran en un mismo lugar bajo una loza de mármol dentro de una urna. Estas fueron las reliquias que se desenterraron en 1950 y que se remontan al menos, históricamente, al Abad Didier. Lo cierto es que el culto a San Benito en Montecasino ya es mencionado en siglo VII como lo demuestran las fiestas litúrgicas y la dedicación de un altar a San Benito el 3 de junio en el oratorio de San Juan Bautista. Los cráneos no aparecieron, ni siquiera fragmentados, en la inventio de 1950.

Imagen yaciente de Santa Escolástica en las criptas de Montecasino y fotografía de las reliquias italianas tras su reconocimiento en los años 50´s.

Imagen yaciente de Santa Escolástica en las criptas de Montecasino y fotografía de las reliquias italianas tras su reconocimiento en los años 50´s.

Durante la 2ª. Guerra Mundial, la Abadía de Montecasino fue reducida a escombros por los aliados, ante la protesta del Papa y muchos países, pues este lugar era considerado la cuna de Europa. Con anterioridad los monjes trasladaron la biblioteca, obras de arte, reliquias y personas encubiertas a la ciudad de Roma. El abad fue el último en salir, aseguraba a los aliados que el monasterio estaba vacío. El sepulcro de San Benito no se tocó pues, según la tradición, había permanecido allí y por tanto esta vez no sería la excepción; el 15 de febrero de 1944 Montecasino fue destruido innecesariamente por cuarta ocasión.

Un grupo de monjes, acabada la guerra, construyeron un pequeño edificio cerca de las ruinas del monasterio. Sobre lo que fue la basílica barroca se erige una capilla de ladrillo en lo que había sido el altar que resguardaba el sepulcro del santo fundador. El 1º de Agosto de 1950 el obispo – abad de Montecasino Dom Ildefonso Rea OSB comenzó las excavaciones debajo del altar. Se descubrió la placa de Giovanni Antonio Caraffa de 1482, bajo la cual encontraron una urna de alabastro en la cual el Abad Angelo della Noce había colocado las reliquias en 1659. La urna fue llevada a los edificios improvisados de la comunidad monástica.

Abierta la urna se encontró una inscripción que identificaba los huesos y cenizas de San Benito y Santa Escolástica. Una comisión médica trabajó en la selección de huesos y su estudio. Se les dio un tratamiento a fin de asegurar su conservación.

Las reliquias fueron devueltas al sepulcro el 1 de diciembre 1955 bajo el altar mayor de la basílica aun en restauración. Europa exigió la restauración completa de la abadía destruida por los aliados.

El examen científico menciona que no se puede afirmar que las reliquias conservadas en Francia pertenezcan a los mismos cuerpos, ya que en Montecassino hay dos esqueletos, incompletos, uno femenino y otro masculino pero diferentes a los de Fleury. La comparación con la reliquia, un brazo, atribuida a San Benito y conservada en Brescia desde la época de Petronax, concordó con el esqueleto masculino. Estas reliquias por tanto eran veneradas como de San Benito antes del siglo XI cuando el Abad Didier, futuro Papa Beato Víctor III, hizo uno de los hallazgos en la basílica.

Lienzo de los Santos, obra de José Ximénez Donoso. Antiguo convento de la Encarnación de Corella, España.

Lienzo de los Santos, obra de José Ximénez Donoso. Antiguo convento de la Encarnación de Corella, España.

Situación actual de las reliquias
Actualmente las dos Abadías se disputan la gloria de tener el cuerpo de San Benito. A raíz de los estudios hechos a los restos de ambos relicarios se disiparon algunas dudas; el debate aún está abierto. En internet y en la bibliografía medieval, litúrgica e histórica se da por hecho la traslación de las reliquias a Fleury; en la actualidad y debido a los estudios más recientes, la tesis francesa no tiene mucho apoyo.

En cambio las reliquias de Montecasino se tienen por auténticas desde los años posteriores a la guerra y al hecho de que se conservaran ilesas después del bombardeo de la Abadía, cosa que muchos consideran un milagro. Pío XII en Fulgens Radiator (1947) tenía por cierto que las reliquias auténticas se encontraban en Montecasino: casi nada quedó intacto (hablando de la destrucción del monasterio), excepto el sagrado sepulcro donde piadosísimamente se conservan los restos del Santo Patriarca. En ocasión de la restitución de las reliquias de los dos santos al sepulcro, un gran concurso de abades de todo el mundo estuvo presente en la ceremonia y desde entonces la tesis casinense es la más defendida.

El Beato Pablo VI, al dedicar la Basílica de Montecasino en 1964, Juan Pablo II en 1979 y Benedicto XVI en el 2009 veneraron el sepulcro con las reliquias, dando por hecho que allí estaban San Benito y Santa Escolástica.

Montecasino, en su página web, alega la posesión de las reliquias y desmiente la tesis de Fleury. La Abadía Francesa, en su web, hace eco de la tradición y de los estudios científicos del siglo XX, pero no menciona Montecasino. Las reliquias de Santa Escolástica llevadas a Le Mans hoy se encuentran en la diminuta villa de Juvigny, donde anualmente es centro de devoción, pero no hay mucha información fuera del examen que se les practicó por la Abadía de Fleury. Es un culto local.

Los hijos de San Benito tienen algo más que inciertas reliquias del Padre fundador: la Santa Regla. En ella su espíritu y virtudes florecen y se trasmiten a través de los siglos. La gloria de los benedictinos no se ostenta en los relicarios de Montecasino o Fleury sino en la fidelidad al espíritu de su fundador, en el “Ora et labora” que lleva a la santidad con la sencillez del día a día. Si en el futuro se determinan cuáles son las reliquias verdaderas de San Benito y Santa Escolástica, o se desmienten las dos teorías, no cambiaría en nada el legado del Patrón de Europa, que supera en mucho a la posesión o no de sus huesos.

S.S. Benedicto XVI en Montecasino

Poncho

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

El ejército de Santos benedictinos

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

La Gloria de San Benito que decora la entrada de la Basílica de Monte Cassino. Fresco  de Pietro Annigoni.

La Gloria de San Benito que decora la entrada de la Basílica de Monte Cassino. Fresco  de Pietro Annigoni.

En este artículo se abordará el tema de los quince siglos de santidad benedictina. Gracias a Dios se cuenta con suficientes referencias bibliográficas en las abadías, lo cual permite tener una lista de aquellos hijos de San Benito que se han distinguido por la heroicidad de las virtudes cristianas y son recordados como ciudadanos del cielo. Gracias a los monjes y oblatos seculares que me enviaron alguna información para completar este artículo.

Primeramente hay que aclarar que no existe una Orden de San Benito propiamente dicha; los monasterios son independientes y solo estrechan lazos de unión por la vivencia de la Santa Regla y la afiliación a confederaciones a las que pertenecen. Si se habla aquí de Orden será por costumbre nominal; las iniciales O.S.B. (Orden de San Benito) fueron impuestas a los monjes únicamente para distinguirse ya que San Benito en ningún momento pretendió fundar una orden, él dio la Santa Regla [1] para el gobierno de monasterios autosuficientes.

Entre los hijos de San Benito se encuentran las ramas tradicionales como la orden de Citeaux (cisterciences), Camaldoli, Vallombrosa, Monte Oliveto, Monte Vergine, De Fiore, Pulsano, La Trapa, los Celestinos y los Humiliati. Ademas de las congregaciones ya extintas de Cava y Cluny y las Órdenes militares de caballería Alcántara, Templarios, Montesia, Cantavra y de San Esteban [2].

Una pléyade de santos
El 13 de noviembre de cada año los benedictinos conmemoran a todos “sus” Santos, sean canonizados o no. Si digo “sus” es en el sentido de aquellos que vivieron la espiritualidad benedictina según su estado ya que los santos no son exclusivos de nadie, están en el cielo y comparten la bienaventuranza de Dios sin distinción de hábito.

San Benito con San Mauro y San Plácido. En una serie de frescos que adornan Sacro Specco en Subiaco, Italia.

San Benito con San Mauro y San Plácido. En una serie de frescos que adornan Sacro Specco en Subiaco, Italia.

En el siglo XIX con la renovación monástica, impulsada en Europa después de la Revolución Francesa, se calculó en más de 55,000 los santos benedictinos [3]. Esto haría de los hijos de San Benito la familia religiosa con más santos reconocidos aunque muchos de ellos son desconocidos fuera de sus propias regiones o monasterios.

El exorbitante número mencionado tiene un justificante si se toma en cuenta que los benedictinos tienen presencia en la historia de la Iglesia desde el siglo VI. Parte de estos santos solo reciben veneración de manera local o dentro de una abadía por lo que no están inscritos en el antiguo martirologio romano. El reconocimiento de santidad no siempre está sancionado oficialmente por la Santa Sede romana sino que la anuencia para veneración se ha dado por autorización del obispo (una canonización diocesana o abacial si es que le queremos poner algún nombre), o por la “vox populi, vox Dei” que proclamó la santidad de la persona después de su muerte.

Hay muestras de culto inmemorial que recientemente ha sido sancionado por Roma con la canonización pública: El Santo Padre Benedicto XVI eleva a los altares a San Bernardo Tolomeo en 2009 y en 2012 a Santa Hildegarda, quien meses después sería declarada Doctora de la Iglesia, pero el culto a estos benedictinos ya era común desde hace siglos en los monasterios benedictinos. El papa únicamente legitima y extiende el culto de manera oficial de santos locales; antes así lo hizo San Juan Pablo II con Santa Eduviges de Polonia o León XIII en 1900 con Santa Rita de Cascia.

La presentación de San Mauro y San Plácido a San Benito, por  Velazco.

La presentación de San Mauro y San Plácido a San Benito, por  Velazco.

El revisionismo del “martirologio” benedictino
No existe como tal un martirologio de monjes en el sentido de libro litúrgico que mencione la gesta de los santos del día. Lo que si hay son listas independientes y regionales que dan testimonio del culto local de diversos santos así como intentos de catalogación. Los revisionistas y los estudiosos de la hagiografía no han objetado la historicidad del número de santos benedictinos que suele llevarse hasta 55,500 y 60,000; solo algunos de estos santos fueron puestos en duda o se aclaró las circunstancias en torno a su vida ya que muchos de ellos estaban envueltos en fabulas y leyendas; en todo caso dentro de narraciones con fines didácticos, pero sin una base histórica sustentable.

Entre las revisiones está San Plácido al que siempre se le consideró el protomártir benedictino. Se relacionó a San Plácido, discípulo de San Benito, con otro Plácido que fue martirizado en Italia por los piratas. Durante siglos la conmemoración de San Plácido fue la de “confesor” hasta que los monjes sicilianos del siglo XII le aplicaron una “Passio” que lo identifica como mártir lo que terminó en la representación del monje con la palma del martirio y un cuchillo con el que fue degollado. Luego de la aclaración histórica los benedictinos respondieron con la remoción de la fiesta de “San Placido y Compañeros mártires” del 6 de octubre y trasladaron la conmemoración del santo junto con San Mauro para el 15 de enero como confesor, no como mártir. El calendario Romano siguió conservando la fiesta de octubre ya que los martirios al parecer si sucedieron.

A cada quien su santo… benedictino
Con San Benito de Nursia divino comienza una nueva faceta en el monaquismo occidental [4] y bajo su paternidad la Iglesia se ha enriquecido con santos de toda índole y condición. La vida monástica hace santos pero no “famosos” [5], la vida monástica hace santos para el cielo; de allí que los más preciosos tesoros de los monasterios no están en los relicarios de las capillas sino en los cementerios, pero sobre todo la santidad se forja en la fidelidad a la regla y en el silencioso seguimiento de Cristo desde la celda y en el “Ora et labora” que tan famoso se ha hecho como resumen de la espiritualidad monástica benedictina [6]. No quiero decir que no hay santos benedictinos populares, sobre esto menciono que actualmente la devoción a San Benito va en aumento, al menos en México, y con ello ha llegado una mezcla de superstición en torno a la medalla y al patrocinio del santo, en franca oposición a la verdadera devoción y piedad cristiana.

De entre los santos que tienen el honor de ser llamados hijos de San Benito hay hombres y mujeres de toda edad y condición: Ricos, pobres, clérigos, hermanos, monjas, obispos, cardenales, papas, seglares, viudas, vírgenes, matrimonios, familias enteras, gobernantes, príncipes, soldados, pecadores arrepentidos, doctores, mártires… la gracia está en cualquier estado de vida si se es fiel y se busca la santidad; san Benito propone la Santa Regla que fue, es y será inspiración para vivir el Evangelio y santificarse. Un papa dijo confirmando esta verdad: “Dadme un monje que durante su vida haya vivido la Regla y yo inmediatamente le canonizo sin necesidad de milagro”, y esto es verdad, pues vivir la Regla es un verdadero milagro de la gracia.

El ultimo coloquio entre los hermanos gemelos San Benito y Santa Escolástica.  Monasterio de Sacro Speco, Subiaco (Italia).

El ultimo coloquio entre los hermanos gemelos San Benito y Santa Escolástica. Monasterio de Sacro Speco, Subiaco (Italia).

Entre estos santos benedictinos encontramos a miembros de la realeza europea: Emperadores, reyes, duques, condes, príncipes… Muchos nobles fueron educados dentro de las abadías y luego fueron gobernantes santos. San Enrique II Emperador del Sacro Imperio Romano es considerado el modelo de Oblato Benedictino, alguien que sin ser monje vive la Santa Regla en la vida secular. Es el celestial patrón de todos los oblatos junto con Santa Francisca Romana. La realeza, el poder temporal y las riquezas no son obstáculo para el llamado a ser santos. Jesús en el Evangelio nos dice que para los ricos es difícil entrar al reino de los cielos, pero no imposible. El apego a los bienes temporales es lo que aleja de Dios, la indiferencia hacia ellos marca la diferencia.

Un gran número de reinas y princesas optaron por los claustros, no a la fuerza sino por convicción. Mujeres fuertes que después de la viudez consagraron su vida al servicio de Dios con humildad y arrastraron con su ejemplo a otras. Las hay también quienes rehusando el santo matrimonio optaron por desposarse con Cristo bajo los votos monásticos. Son muchas las abadesas y religiosas que dan testimonio de esto, algunas no dudaron en arremangarse la cogulla monástica1 y solucionar los delicados problemas del estado con su influencia y santidad, también su decisiva intervención resolvieron pugnas y evitaron guerras intestinas.

Entre los monjes también hay mártires, principalmente en las antiguas tierras de Europa. Ejemplo de ello es San Bonifacio, apóstol de Alemania. Las persecuciones contra la fe siempre han manifiestan su odio con más furia hacia los focos de oración, cuando estas suceden los monasterios son los primeros en ofrecer su. La reforma protestante, especialmente en Inglaterra, y la Revolución Francesa confirman esta verdad. Entre las conmemoraciones martiriales estan los 2,000 mártires de Calatrava, venerados en España y de culto reconocido. Aparte la memoria por otros hermanos de diversas persecuciones se hace presente en toda la orden como los mártires de Marmoutiers, los mártires de Mount Tabor, los mártires San Vicente, los benedictinos mártires de la guerra civil española y los trapenses de Africa entre otros.

Los monasterios han sido centros de reforma eclesial en tiempos de crisis. Los mismos monasterios se relajan cuando la Iglesia entra en alguna irregularidad, por llamar de algún modo a esas tensiones históricas, tal vez necesarias, para que la Iglesia tome nuevos bríos. No cabe duda de que sea dentro de los muros monásticos donde se inician las reformas de la Iglesia, son las semillas de fidelidad que germinan en toda la Iglesia. El mejor ejemplo lo tenemos con la reforma de Cluny, una autentica renovación en tiempo de escandalosa relajación. Por más de cien años los abades que gobernaron Cluny fueron santos y están canonizados oficialmente: Berno, Odo, Mayol, Odilón, Hugo…

San Beda Venerable traduciendo a  San Juan, por James Doyle Penrose.

San Beda Venerable traduciendo a  San Juan, por James Doyle Penrose.

En la cátedra de Pedro
Son muchos los hijos de San Benito se han sentado en el trono de San Pedro y algunos de ellos están en los altares o en proceso de beatificación. Solo menciono a algunos de los santos y beatos papas benedictinos. El primero fue San Gregorio Magno (540-604), de entre los más destacados están San León IV (¿ – 855), Gregorio VII o Hildebrando de Cluny (1073-1085), Beato Víctor III o de Montecassino (1087), San Celestino V o Pietro de Murrhone (1294) papa por unos meses ya que renuncio, Beato Urbano V (1362-1370) abad de San Víctor, de Marsella. Un papa benedictino que está en proceso de beatificación es Pio VII o Barnaba Chiaramonti (1800-1823) el cual fue elegido papa en el conclave secreto de Venecia y sufrió persecuciones por parte de Napoleón Bonaparte. El último de los papa benedictinos, aunque no está en lista de beatificación, fue Gregorio XVI elegido papa sin ser obispo ya que era cardenal Abad de San Gregorio en Roma. Su predecesor el Beato Pío IX, sin ser benedictino, fue el impulsor de la renovación monástica europea posterior a la Revolución Francesa y a las revueltas que le sucedieron, de cierta forma este gran papa es considerado por los monjes como padre y protector debido a su decisivo apoyo para evitar la extinción del monaquismo occidental.

La luz de los doctores
La Iglesia propone a una serie de santos como doctores, lo que implica que la doctrina y enseñanzas de sus escritos son luz cierta para la vida cristiana; el doctorado es un reconocimiento como maestro seguro de la fe. La iglesia católica pone tres condiciones para el doctorado: una doctrina eminente en sus escritos, la insigne vida de santidad y la declaración formal de la misma Iglesia. Solo 35 santos gozan del doctorado. De entre ellos 6 son benedictinos:

San Gregorio Magno. Uno de los 4 grandes doctores latinos junto con San Ambrosio, San Agustín y San Jerónimo.
San Anselmo de Canterbury. Proclamado doctor por Clemente XI en 1720.
San Pedro Damián, cardenal obispo de Ostia. Proclamado doctor por León XII en 1828.
San Bernardo de Claraval. Proclamado doctor por Pío VIII en 1830. Llamado Doctor melifluo.
San Beda el Venerable. Proclamado doctor por León XIII en 1899. Llamado Doctor admirable.
Santa Hildegarda de Bingen. Proclamada doctora por Benedicto XVI en 2012. Es la cuarta mujer que ostenta este título después de Santa Teresa de Ávila, Santa Catalina de Siena y Santa Teresa de Lisieux.

Cuerpo del Papa San Gregorio VII en Salerno. El monje Hildebrando de Cluny una vez elevado al papado emprendió una reforma profunda de la Iglesia. Murió en Salerno, exiliado de Roma. La frase grabada delante de su sepulcro es la que pronunció antes de morir: «He amado la justicia y odiado la iniquidad; por ello muero en el destierro».

Cuerpo del Papa San Gregorio VII en Salerno. El monje Hildebrando de Cluny una vez elevado al papado emprendió una reforma profunda de la Iglesia. Murió en Salerno, exiliado de Roma. La frase grabada delante de su sepulcro es la que pronunció antes de morir: «He amado la justicia y odiado la iniquidad; por ello muero en el destierro».

Santos de ayer y de hoy
Nuestros tiempos también tienen ejemplos de santidad inspirados en el ideal benedictino, actualmente han sido relativamente pocas las declaraciones oficiales de la Iglesia para beatificaciones y canonizaciones monásticas si se toma en cuenta los récords insuperables de Juan Pablo II. Aun así tenemos en el repertorio de los siglos XIX y XX a no pocos distinguidos hijos de San Benito de entre los que mencionó solo unos cuantos de los que ya fueron beatificados, canonizados o aun están en proceso.

Comencemos mencionando a Dom Prospero Gueranguer de la Abadía de Solems, fue el instrumento providencial que revivió la vida monástica y litúrgica de la Francia post revolucionaria. Dom Jean Baptist Muard, otro de los restauradores de la vida monástica, su causa de fue introducida con grandes esperanzas; según información proporcionada por la abadía postuladora, la causa está estancada por falta de recursos. De los nuevos monjes que están en los altares encontramos a la Beata Fortunata Viti, una hermana lega benedictina con experiencias místicas, iletrada que aconsejaba a los sabios de su tiempo. El Beato Marie Joseph Cassant joven trapense que tuvo problemas para alcanzar el sacerdocio, una vez ordenado únicamente vivió un año a su sacerdocio. El Beato Cardenal Ildefonso Schuster, abad y luego Arzobispo de Milán, liturgista y hombre de paz. También el Beato Plácido Riccardi de la Abadía de San Pablo en Roma que es de los más destacados nuevos santos en el moderno santoral monástico sus virtudes fueron reconocidas en vida incluso por el papa. Beato Dom Columba Marmion, destacado maestro espiritual del siglo XX, cuya vida se encuentra expresada en sus abundantes obras, lectura obligada para la formación del alma y la meditación según la espiritualidad monástica. El Beato Charles de Foucald, después de su conversión vivió con los trapenses y posteriormente como sacerdote ermitaño hasta su martirio en el desierto del Sahara. En proceso de canonización esta Dorothy Day, seglar norteamericana, oblata benedictina, prominente activista católica en el siglo XX muerta en 1980 así como Thomas Merton, trapense de la Abadía de Getsemaní en Kentucky. El último de los santos canonizados ha sido el hermano San Rafael Arnaiz Barón, monje de la Abadía de San Isidoro de Dueñas en Palencia (España); su testimonio es prueba de que la vida monástica y la alegría de la juventud no están en caminos opuestos. La enfermedad que le impido estar completamente entre los muros de la Abadía y que finalmente le condujo a la muerte no fue obstáculo para ser santo, sus escritos son hoy un referente de espiritualidad monástica contemporanea.

Santa Francisca Romana, estatua en la Basílica de San Pedro. En la iconografía de la santa suele aparecer su Ángel de la guarda con quien tenía  frecuentes coloquios.

Santa Francisca Romana, estatua en la Basílica de San Pedro. En la iconografía de la santa suele aparecer su Ángel de la guarda con quien tenía  frecuentes coloquios.

Conclusión
Es imposible para mí, espero que para otros no, hacer un recuento de siglos de santidad benedictina; personalmente es interesante el estudio de la transversalidad de los benedictinos con otras órdenes y tradiciones cristianas tanto orientales como de occidente; de esto se puede hablar muchísimo y profundizar hondo. Bastará recordar que Santo Tomás de Aquino estaba destinado para ser abad de Monte Cassino, lugar donde recibió su educación temprana, pero Dios le quería como luz fuera del claustro. Por designios de la Providencia el Doctor Angélico muere en otra casa benedictina: La Abadía cisterciense de Fossanova. Los monjes tienen un aprecio enorme por este santo no olvidando que antes de ser dominico fue oblato benedictino.

La tradición oriental, en especial la ortodoxa, aprecia el monaquismo benedictino y reconoce a los santos anteriores al “gran cisma”. San Gregorio es llamado “el dialoguista” y San Benito se encuentra entre los grandes santos de la Iglesia. Pocos saben que los ortodoxos veneran a los santos de occidente en especial a los monjes y confesores de la fe que son en muchas ocasiones desconocidos en la tradición latina.

La mina de hijos de San Benito es muy vasta y lo que de ella podemos sacar es impensable en un breve escrito. Creo que visitar un monasterio o abadía de observancia regular puede dar un panorama más amplio de lo que es la heroicidad de las virtudes cristianas bajo la Santa Regla, no tanto a nivel cognoscitivo sino vivencial. Pero no hay que olvidar que no todo es miel y color de rosa. En algunos lugares de Europa las abadías están cerrando una tras otra debido a la escasez de vocaciones. Solo en los monasterios de observancia puede verse una notable alza en peticiones de ingreso y permanencia. Un joven Prior de un monasterio con aumento de vocaciones mostro un ejemplar de la Santa Regla a unos viejos abades que le preguntaron cuál era el secreto para el florecimiento de su nueva fundación frente a la decadencia de las antiguas abadías. Esto dice más que las palabras.

Para terminar presento un elenco de cerca de 1,200 hijos de san Benito en los altares, lo que es poco frente al número total de santos reconocidos por la orden. La palabra venerable o beato no siempre corresponde al actual sentido en relación a los santos. Ejemplo es que para algunos monasterios a un santo le tienen por beato o viceversa (p. ej. San Orlando de Vallumbrosa o la beata Gisela a veces mencionada como venerable). Algunos de los santos mencionados no fueron benedictinos pero se les reconoce como benefactores o de especial referencia con la Orden, como San Oliver Plunket y Santa Teresa de Lisieux (la cual tuvo formación benedictina en su infancia).

San Alberico de Citeaux recibe la cogulla monástica de la Santísima Virgen.

San Alberico de Citeaux recibe la cogulla monástica de la Santísima Virgen.

Los nombres que aparecen en negritas son de los más conocidos o destacados dentro y fuera de la Orden.
A
Abades de Cluny: Beato Berno, Santos Odo, Mayol, Odilón y Hugo
San Abbo de Fleury
San Abel
San Abundo
San Acario
San Adalardo
San Adalberón de Wurzburgo
San Adalbero de Ellwangen.
San Adalberto de Magdeburgo
San Adalberto de Praga
San Adalgiso
San Adalrico
San Adamnan de Coldingham
San Adamnan de lotia
San Adegrino
San Adelberto Oberaltaicb
San Adelberto de Echternach
San Adelelm de Burgos
San Adelelm de Engelberg
San Adeleno
San Adelfio
San Adjuto
San Ado
San Adolfo
San Adrián
San Agatón, papa
San Agilolfo
San Agilo
San Agnello
San Agofredo
San Aicardo
San Aidan
San Aigulpbo
San Ailred de Rievaulx
San Aiman
San Aimo
San Alarico
San Alberico de Citeaux
San Albero
San Alberto de Crespín
San Alberto de Sestri
San Albuino
San Alcmundo

San Odilón Abad de Cluny absorto en oración.

San Odilón Abad de Cluny absorto en oración.

San Aldalberto, obispo y mártir
San Aldemar
San Aldhelm
San Aldo
San Aldrich
San Alferio
San Alfrico
San Alfwoldo
San Altfriedo
San Altigiano
San Alto
San Alvitus
San Amadeo
San Amando de Lerins
San Amando de Mastricht
San Amato de Nusco
San Amato de Remiremont
San Amato de Sion
San Ambrosio
San Amico
San Amnicado
San Amor
San Amulwino
San Anastasio de Colocza
San Anastasio de Córdova
San Anastasio de San Miguel
San Andrés de Elnon
San Angilberto
San Ansbaid
San Ansberto
San Anschar
San Ansegisus
San Anselin de Lerins
San Anselmo de Canterbury, obispo y doctor de la Iglesia
San Anselmo de Lucca
San Anselmo de Nonantula
San Ansfried
San Ansteus
San Ansuerus
San Antimo
San Antonino
San Antonio de Monte Cassino
San Antonio de Roma
San Apolinar de Monte Cassino
San Appian
San Ardagnus
San Ardo Smaragdus
San Argimiro
San Arnulfo
San Arnulfo de Gap
San Arnulfo de Soissons
San Arnulph de Metz
San Asker
San Atilano de Zamora
San Attalo
San Atto
San Audomar
San Aureliano
San Auremundo
San Aymard de Cluny
San Azo

Lienzo anónimo de Santa Aldegunda, abadesa, en su iglesia de Villenoy, Francia.

Lienzo anónimo de Santa Aldegunda, abadesa, en su iglesia de Villenoy, Francia.

Santa Acca
Santa Ada
Santa Adela
Santa Adelaida de Bellich
Santa Adelaida de Burgundy, emperatriz
Santa Adelgundis de Maubeuge
Santa Adelgundis Drongen
Santa Adeloga
Santa Adelsindis
Santa Agilberta
Santa Aldetrudis
Santa Aldetrudis de Maubeuge
Santa Amalberga de Maubeuge
Santa Amalberga de Muensterbilsen
Santa Angadrema
Santa Anstrudis
Santa Antonia de Orleans
Santa Aseelina
Santa Attala
Santa Aunofledis
Santa Aurea de Cuteclara
Santa Aurea de Milán
Santa Aurea de Paris
Santa Austreberta

Beato Abbo de Auxerre
Beata Aleidis de Villich
Beata Adelviva
Beata Alda
Beata Aleidis de Cambre
Beato Adán
Beato Alacrino
Beato Alan
Beato Albertin
Beato Alberto de Bologna
Beato Alberto de Monte Alceto
Beato Alberto de Pontida
Beato Alberto de Schoenberg
Beato Alcuino
Beato Alejandro de Citeaux
Beato Alejandro de Foigny
Beato Alfege
Beato Amaswind
Beato Ambrosio Barlow
Beato Ambrosio Chevreux
Beato Andrés de Clairvaux
Beato Andrés de Strumis
Beato Ángel al Aquapagana
Beato Ángel de Masatio
Beato Ángel of Monte Cassino
Beato Ángelo Senesius
Beato Anselmo de Hemmenrode
Beato Ansologus
Beato Ansuin
Beato Antonio de Winglic
Beato Arduin
Beato Armando de Rance
Beato Arnaldo de Catani
Beato Arno

Vitral de Santa Aleth y San Tescelín ofreciendo a su hijo San Bernardo. Abadia de Mariawald, Alemania. S. XVI

Vitral de Santa Aleth y San Tescelín ofreciendo a su hijo San Bernardo. Abadia de Mariawald, Alemania. S. XVI

Venerable Angelrannus
Venerable Adelgar
Venerable Adelhardo
Venerable Adelwin
Venerable Adeodata
Venerable Agibodo
Venerable Agrino
Venerable Alawico
Venerable Alban
Venerable Alberico
Venerable Aldulfo
Venerable Aligerno
Venerable Anno de Micy
Venerable Anno de Worms
Venerable Ansoaldis
Venerable Apolinar de Monte Cassino

B
San Baronto
San Baboleno de San Mauro
San Babolenus de Malmedy
San Bainus
San Balterio
San Bardo
San Barnardo
San Bartolomé de Durham
San Bartolomé de Marmoutier
San Bartolomé de Poblete
San Bavo Alowinus
San Beda Venerable, Doctor.
San Bellendio
San Bellerio
NUESTRO SANTO PADRE BENITO, padre de los monjes, patrón de toda Europa
San Benigno de Moyenmoutier
San Benito de Albenga.
San Benito Biscop
San Benito Camaldulense
San Benito de Aniane
San Benito de Braunau
San Benito de Chiusa
San Benito de Poitiers
San Benito Kantwerk
San Benito Sentino
San Benno de Meissen
San Benno de Metz
San Berardo
San Berchario
San Berengario
San Bernardo cardenal
San Bernardo de Clairvaux, abad y doctor de la Iglesia
San Bernardo de Poplet
San Bernardo de Tiron
San Bernardo de Val de Iglesias
San Bernardo de Vich

San Bernardo Tolomeo. Fresco del s. XV de, en Monte Oliveto, Italia. Benedicto XVI sanciono su culto canonizándolo el 21 de febrero de 2009.

San Bernardo Tolomeo. Fresco del s. XV de, en Monte Oliveto, Italia. Benedicto XVI sanciono su culto canonizándolo el 21 de febrero de 2009.

San Bernardo Tolomeo
San Bernwardo
San Bertario
San Bertilo
San Bertin
San Bertoldo de Steyergarsten
San Bertrand
San Bertulfo de Bobbie
San Bertulfo de Renty
San Betto
San Beuno
San Blaitmaico
San Blidulfo
San Bobino
San Bodo Leudinus
San Bogumilo
San Boisilo
San Bonfilio
San Bonifacio IV, papa
San Bonifacio de Lausanne
San Bonifacio de Villers

San Bonifacio, Apóstol de Alemania
San Bonifacio, Apóstol de Rusia
San Bonitus
San Bononio
San Boso
San Botulfo
San Botwino
San Bova
San Brithwaldo
San Brithwoldo
San Brituno
San Bruno de Segni
San Bundlino
San Burkardo
Sant Bertram
Santa Balda
Santa Basilissa
Santa Bathilda
Santa Begga
Santa Benedieta
Santa Berlinda de Meerbeke prima de San Amando
Santa Berta de Blangy
Santa Bertila
Santa Bertila
Santa Bilhildisia
Santa Blithildis
Beata Beatriz de Este
Beata Benincasa
Beata Berno
Beata Berta de Cauriglia
Beata Briolaya
Beato Badilo
Beato Balderico de Montefaucon
Beato Balderico de Salzburgo
Beato Baldwino
Beato Balsamus
Beato Balto
Beato Baudachario
Beato Benigno de Vallombrosa
Beato Benito de Capua
Beato Benito de San Lorenzo
Beato Beringer
Beato Bernard de Tarouca
Beato Bernardo de Clairvaux
Beato Bernardo de Maurienne
Beato Bernardo de Sauve-Majeure
Beato Bernario
Beato Bernoldo
Beato Bertoldo de Loccum
Beato Blitmundus
Beato Bruno de Ottobeuren
Beato Bruno de Scheyern
Venerable Beatriz de Nazareth
Venerable Benno de Hamburg
Venerable Bernardo de Marmoutier
Venerable Bernardo de Toledo
Venerable Berneredo
Venerable Bruno de Hirschau
Venerable Bruno de Paris
Venerable Bruno de Verden
Venerable Burkardo

Ilustración del Sacramentario de Fulda, S. XI con dos escenas  de la vida de San Bonifacio. Bautizando y siendo martirizado.

Ilustración del Sacramentario de Fulda, S. XI con dos escenas  de la vida de San Bonifacio. Bautizando y siendo martirizado.

C
San Cadroe
San Caedmon
San Carlos monje
San Celestino V, papa
San Ceolfrido
San Ceolwulfo
San Chagnoaldo
San Christian de Braunau
San Cincuino
San Cirano
San Claro de Seligenstadt
San Claro de Viena
San Claudio
San Clinio
San Columba
San Columbano

San Columbino
San Condedo
San Condelue
San Congan Abad
San Cono
San Constantino monje
San Convoyon
San Corbiniano
San Cristobal monje
San Cumiano
San Cutberto
Santa Cecilia de Remiremont
Santa Cecilia de Susteren
Santa Clodesindis
Santa Constabilisa
Santa Cunegunda, emperatriz, esposa de San Enrique II
Santa Cutburga
Santa Celidonia
Beata Catalina de Milán
Beata Clotsendis
Beato Candido Furlong
Beato Carlmann
Beato Cassiano Spiss.
Beato Claudio
Beato Columba Marmion, Abad
Beato Compagni de Padua
Beato Conhojarn
Beato Conrado de Clairvaux
Beato Conrado de Engelberg
Beato Conrado de Mondsee
Beato Cristian de Chartres
Venerable Christian de Colonia
Venerable Christian de Wuerzburgo
Venerable Conrado de Heisterbach

Dorothy Day, Obl. OSB. Periodista y activista católica norteamericana del siglo XX. La imagen corresponde a una serie de tapices en St. Sthepen the Deacon Parish en El Paso, Texas. La aureola es incorrecta en esta imagen porque no está formalmente beatificada.

Dorothy Day, Obl. OSB. Periodista y activista católica norteamericana del siglo XX. La imagen corresponde a una serie de tapices en St. Sthepen the Deacon Parish en El Paso, Texas. La aureola es incorrecta en esta imagen porque no está formalmente beatificada.

D
San David
San David de Wales
San Deocaro
San Deodato
San Desiderio (Didier) de Longret
San Desiderius (Didier) de Pistoya
San Deusdedit abad de Monte Cassino
San Diey
San Disibod
San Dodo de Lobbe
San Domiciano
San Donato de Besancon
San Donato de Sicilia, discípulo de San Benito, mártir en Sicilia.
San Druthmaro
San Dulcardo
San Dunstano
Santa Digna
Santa Doda
Santo Domingo de Silos
Santo Domingo de Sora
Santo Domingo Loricatus
Beato Daniel de Murano
Venerable Daniel de Cambron
Venerable Daniel de Hemmenrode
Venerable Daniel de Schoenau
Venerable Desiderius (Didier) de la Cour
Venerable Dida
Venerable Diemudis
Venerable Dionysius I’Argentier
Venerable Domingo de Vernagolli
Venerable Durando

E
San Eadberto
San Ebbo
San Eberardo de Ebersheimmuenster
San Eberardo de Salzburgo
San Eberardo de Schaffhausen
San Ebremundo
San Ebrulfo
San Egbert de Iona
San Egelnoto
San Egidio
San Egwin
San Eleuterio
San Elfege (Alfege) de Canterbury
San Elfege de Winchester
San Elías de Córdova
San Elías de Sainte-Foi
San Eloquio
San Elzeario
San Emiliano
San Emiliano de Saligny
San Emiliano de san Millan
San Emmerio
San Eneco
San Engelmundo
San Erardo
San Eremberto
San Erick
San Erkenbodo
San Ermenfrido
San Ermin
San Erminoldo
San Esteban de Rieti
San Esteban de Verdun

San Esteban Harding y San Vaast presentan los modelos de sus iglesias a Nuestra Señora.

San Esteban Harding y San Vaast presentan los modelos de sus iglesias a Nuestra Señora.

San Esteban Harding
San Esteban Sanctius
San Esterwin
San Ethelwaldo
San Ethelwoldo de Lindisfarne
San Ethelwoldo de Winchester
San Etto
San Eudo
San Euquerio de Orleans
San Euquerio de Lerins
San Eustasio
Santa Eanswida
Santa Earkongota
Santa Ebba, la anciana
Santa Ebba, la joven
Santa Edburga
Santa Edelburga
Santa Ediltrudis
Santa Edith
Santa Eduviges, tía de Santa Isabel de Hungría
Santa Ehrentrudis
Santa Elfeda (Elfleda) princesa y abadesa
Santa Elfleda de Ramsey
Santa Elfleda de Strenshall

Santa Epifanía de Pavía, Hermana del rey Rachis
San Erconwaldo
Santa Ermenburga
Santa Ermenilda (Hermengilda) viuda, hija de Santa Sexburga y el rey Erconberto de Kent
NUESTRA MADRE SANTA ESCOLÁSTICA, Hermana gemela de San Benito
Santa Ethelburga de Barking
Santa Ethelburga de Lyming
Santa Etheldrita
Santa Eugenia
Santa Eusebia de Hamay
Santa Eusebia de Marsella
Beata Eufemia
Beato Eberardo de Einsiedeln
Beato Elias de Cologne
Beato Engelberto de Zulpich
Beato Enrique de Pontida
Beato Enrique de Witskeld
Beato Esteban de Palermo
Beato Esteban IV, papa
Beato Eugenio de Toledo
Beato Eugenio III, Papa
Beato Eusebio de Monte San Victor
Venerable Eberardo de Villers
Venerable Egbert de Trier
Venerable Egbert de Villers
Venerable Egelrodo
Venerable Egil
Venerable Egino
Venerable Egwardo
Venerable Eigil
Venerable Elfget
Venerable Ellinger
Venerable Emmo
Venerable Engelberto de Admont
Venerable Erizzo
Venerable Erluin
Venerable Ernesto de Neresheim
Venerable Eusebio de Venecia
Venerable Evrardo
Venerable Ezzo
Venerable Enrique de Ochsenhausen
Venerable Enrique de Heisterbach
Venerable Enrique de Hemmenrode
Venerable Enrique de Villers
Venerable Enrique Luebeek

Santa Francisca Romana anuncia el fin de la plaga. Pintura de Nicolás Poussin.

Santa Francisca Romana anuncia el fin de la plaga. Pintura de Nicolás Poussin.

F
San Famiano
San Fausto de Monte Cassino
San Fausto de Siracusa
San Félix de Córdova
San Félix de Fritzlar
San Fibitio
San Filiberto
San Fintano
San Firmano
San Fitweten
San Florberto de Mont Blandin
San Forannan
San Fredegando
San Frodoberto.
San Froilan
San Froilan, obispo de León
San Frongentio
San Fructuoso
San Fulgencio

San Fulrado
San Furseo
Santa Fandila
Santa Fara
Santa Franca
Santa Francisca Romana, patrona de los oblatos junto con San Enrique.
Santa Frideswida
Beato Federico de San Vaast
Beato Félix de Chieti
Beato Félix de Fleury
Beato Ferdinand (Fernando)
Beato Floro
Beato Fortis
Beato Frowin
Beato Fulco
Venerable Falco
Venerable Félix O’Dullany
Venerable Fingenio, Abad de San Félix en Metz
Venerable Florbert de Corbie
Venerable Francisco Leuthner
Venerable Francisco Levorot
Venerable Frederic de Hirschau
Venerable Frodoin
Venerable Fulcardo

G
San Galgano
San Gall
San Gaudencio
San Gebizo
San Genesio de Besue
San Genesio de Lyons
San Gennadio
San Geraldo
San Gerardo de Besue
San Gerardo de Braga
San Gerardo de Brogne
San Gerardo de Macon
San Gerardo Sagredo
San Geremar
San German de Granfel
San German Taloire
San Geroldo
San Gervino
San Gerwaldo
San Ginguriano
San Girard
San Gislemar
San Gisleno de Zell
San Goderico
San Godhardo
San Godo
San Godofredo Amiens
San Goslino
San Gregorio de Ostia
San Gregorio de Terracina
San Gregorio de Utrecht

Éxtasis de San Gregorio I Magno, por Peter Paul Rubens.

Éxtasis de San Gregorio I Magno, por Peter Paul Rubens.

San Gregorio I Magno, primer papa benedictino
San Gregorio II, papa
San Gregorio VII, papa
San Grimbaldo
San Guarino
San Guentero de Niederaltaich
San Guiberto
San Guido de Casauria
San Guido de Pomposa
San Guitmar
San Gumberto
San Gurloesio
San Gutlaco
Santa Gertrudis de Hamay
Santa Gertrudis de Nivelles
Santa Gertrudis la Grande
Beata Gundrada
Beato Garino
Beato Gerardo de Clairvaux
Beato Gerwino
Beato Goberto
Beato Godofredo de Villers
Beato Godofredo de Corvey
Beato Godofredo de Langres
Beato Godofredo Pacomio

Beato Gordiano, senador romano, padre de San Gregorio Magno
Beato Gregorio de Einsiedeln
Beato Gregorio de Nonantula
Beato Guillermo de Maniaco
Beato Guillermo de Hirschau
Beato Gundekar
Beato Guntardo
Beato Gwerwich de Waldsassen
Venerable Galdric
Venerable Gerard de Fontenelle
Venerable Gerardo de Cluny
Venerable Gerbert de Fontenelle
Venerable Gilberto el grande
Venerable Gisela
Venerable Gisla
Venerable Goderano
Venerable Godofredo de Winchester
Venerable Gómez
Venerable Goswin
Venerable Gradulfo
Venerable Guicardo
San Guillermo de Bourges
San Guillermo de Dijon
San Guillermo de Valgellon
San Guillermo Monte Vergine
Venerable Guinizo
Venerable Gundulfo
Venerable Gunfrido
Venerable Guntaro
Venerable Guntildia
Venerable Gunzelin

Precursora de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Vidriera contemporánea en Dalton, EEUU.

Precursora de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Vidriera contemporánea en Dalton, EEUU.

H
San Habentio
San Hadulfo
San Haimon.
San Hathebrando
San Hedwig
San Heldrado
San Helladio
San Herberto de Rennes
San Herberto de Wearmotith
San Hermelando
San Hilario
San Hildegrim
San Hildeman
San Hildulfo
San Honorato
San Hugberto
San Hugo de Cluny
San Hugo de Anzy-le-duc
San Hugo de Auxerre
San Hugo de Bonnevaux
San Hugo de Grenoble
San Hugo de Marchiennes
San Hugo de Rúen

San Hunfrido
Santa Haberilla
Santa Hadelina
Santa Hadeloga
Santa Harlindisia
Santa Hedda de Dorchester
Santa Hercantrudis
Santa Hereswida
Santa Hilda
Santa Hildegarda de Bingen, Abadesa y Doctora de la Iglesia
Santa Hildegunda
Santa Hildelita
Santa Hildemarca
Santa Hiltrudis de Bingen
Santa Hiltrudis de Liessics
Santa Humbelina, Hermana de San Bernardo
Santa Humilitas
Santa Huna
Santa Hunegundis
Beata Hazeka
Beata Heluisa
Beata Hunechildia
Beato Hartmano
Beato Harveo
Beato Hatto
Beato Herman de Colonia
Beato Hugo de Tennebach
Venerable Halinardo
Venerable Hartwich.
Venerable Haymo
Venerable Hedda de Medehamstede
Venerable Helinwardo
Venerable Henry de Marcy, cardenal
Venerable Hereswitha
Venerable Herluin
Venerable Herman Contractus
Venerable Herman de Marienberg
Venerable Herman de Niederaltaich
Venerable Herman de Villers
Venerable Herveus, discipulo de san Bernardo
Venerable Higbaldo
Venerable Hildeberto
Venerable Hildeburg
Venerable Himmana
Venerable Hincmar
Venerable Hogerus
Venerable Homodeus
Venerable Hucbaldo
Venerable Hugo Faringdon
Venerable Hugo Lantenas
Venerable Hugo Norwold
Venerable Hugo, abad en Roma
Venerable Humberto

anta Hildegarda instruyendo a las monjas de su Abadía. Es la 4ª doctora de la Iglesia y la 6ª. de origen benedictino.

anta Hildegarda instruyendo a las monjas de su Abadía. Es la 4ª doctora de la Iglesia y la 6ª. de origen benedictino.

I
San Ildefonso
San Isaac de Braunau
San Isaac de Córdoba
San Isidoro
San Istmido
San Istmo
San Itamar
Santa Ina
Santa Inés, emperatriz
Santa Isabel de Schonau
Santa Isabel Rose
Santa lrmina
Beata Ida de Nivelle
Beata Ilduara
Beata Inés de Venosa
Beata Irmengarda
Beata Irmina de Opfalzel, hermana de Santa Adela
Beata Itta
Beato Idesbaldo
Beato Ildefonso Schuster, obispo y Cardenal
Venerable Ida de Louvaina
Venerable Isabel de Spalbeke
Venerable Isembard
Venerable Iso

J
San Jeremías
San Jodoco
San Jonato
San Jorge de Vabres
San Juan de Beverley
San Juan de Gubbio
San Juan de Monte Marano
San Juan de Moyenmoutier
San Juan de Roma
San Juan Apulus
San Juan de Braunau
San Juan de Matera
San Juan de Mecklenburg
San Juan de Meda
San Juan de Parma
San Juan de Polonia
San Juan de San Malo
San Juan de Valencia
San Juan Francardus
San Juan Gualberto
San Junian
San Justo
Santa Juana de Lestonnac
Santa Juliana
Santa Jutta
Beata Joanna M. Bonomo
Beata Judith
Beata Juetta de Huy
Beata Juliana de Venecia
Beata Justina
Beato Jaime de Certaldo
Beato Jaime de Parano
Beato Jerónimo de Praga
Beato Joaquín de Fiore
Beato Joel de Pulsano
Beato Jordán
Beato Jordan Forzate
Beato Joscio
Beato Juan Beach
Beato Juan de Aune
Beato Juan de Gorze
Beato Juan de Monte Vergine
Beato Juan de Montfort
Beato Juan de Montmirail
Beato Juan de Surdis
Beato Juan Eustaquio
Beato Juan Rainuzzi
Beato Juan Zurita
Venerable Jacobina de Blemur
Venerable Jaime de Graffl
Venerable Jaime de Herculano
Venerable Jaime Gerius
Venerable Jarento
Venerable Jaspardo de Winek
Venerable Jerónimo Arminius
Venerable Jerónimo de Corsica
Venerable Joaquín de Maria-Zell
Venerable José de San German
Venerable Juan de Chianones
Venerable Juan de la Barriere
Venerable Juan Dederoth
Venerable Juan I de Monte Cassino
Venerable Juan III de Monte Cassino
Venerable Juan Roberts

Beato Ildefonso Schuster, OSB. Abad de San Pablo Extramuros en Roma y luego Cardenal Arzobispo de Milán durante la II Guerra Mundial.

Beato Ildefonso Schuster, OSB. Abad de San Pablo Extramuros en Roma y luego Cardenal Arzobispo de Milán durante la II Guerra Mundial.

K
Santa Kyneburga
Santa Kynedrida
Santa Kyneswida

L
San Lamberto de Lyons
San Lamberto de Maastricht
San Lamberto de san Gislen
San Lamberto de Venecia
San Landelin
San Landrico
San Landulfo
San Lauteno
San Leandro
San León de Nonantula
San Leodegardo, Obispo de Atún y mártir
San León de Cava
San Leon IV, papa
San Leotadio
San Leovigildo
San Leutfrido
San Libencio
San Lidano
San Lohemelo
San Lomer
San Lorenzo de Canterbury
San Ludger
San Ludolfo
San Ludwin
San Lullus
Santa Landrada
Santa Limbania
Santa Lioba
Santa Lutgarda
Beato Lanfranco
Beato Leopardo
Beato Lorenzo
Beato Lorenzo de Fanello
Venerable Lanzo
Venerable Lethwin
Venerable Leutberta
Venerable Louis de Blois
Venerable Luis de Estrada

M
San Macallan
San Magnus
San Malaquías obispo
San Malco
San Marcardo de Hildesheim
San Marciano
San Marcuarto de Pruem
San Mariano
San Marino de Griesstetten
San Marino de San Savin
San Marnoco
San Marquelm
San Martin de Braga
San Martin de Corbie
San Martin de Valparaíso, discípulo de san Bernardo
San Martin de Vertou
San Mateo de Braunau
San Maurilio
San Mauro de Cesena
San Mauro de Glanfeuil
San Mauro de Pecs
San Mauroncio de Breuil
San Mauroncio de Glonne
San Maximiano
San Mayol de Cluny
San Mederico
San Meinrad de Einsiedeln
San Melito
San Menelo
San Merulo
San Moderannus
San Modesto
San Morando
San Mumbolo
San Mummolen
San Mummolo

Milagro de la Beata Mafalda, abadesa de Arousa. En la pintura pueden verse los atributos iconográficos a sus pies: cetro y corona. Al fondo, sobre la puerta del monasterio en llamas, aparece el escudo de Portugal.

Milagro de la Beata Mafalda, abadesa de Arousa. En la pintura pueden verse los atributos iconográficos a sus pies: cetro y corona. Al fondo, sobre la puerta del monasterio en llamas, aparece el escudo de Portugal.

Santa Mactefledia
Santa Madelberta
Santa Madelgisila
Santa Margarita de Inglaterra
Santa María de Córdoba
Santa Matilde de Helfta
Santa Matilde de Spanheim
Santa Merwina.
Santa Milburga, Hermana mayor de S. Mildred
Santa Mildgytha
Santa Mildred
Santa Modesta
Beata Magdalena del Santísimo Sacramento
Beata Mafalda

Beata Margarita de Amelia
Beata Margarita de Rupertsberg
Beata Margarita de Valdeduc
Beata Maria Adeodata, beatificada en 2001
Beata Matildia
Beato Macario
Beato Mateo, cardenal
Beato Mauricio
Beato Megingoz
Beato Meginhard
Beato Meinrad de Sassovivo
Beato Melior
Beato Merbodo
Beato Murcherad
Venerable Manegold
Venerable Mansueto
Venerable Marcuardo de San Blasien
Venerable Margarita de Faenza
Venerable Margarita de Val de Grace
Venerable Maria de Azevedo
Venerable Maria de Carrizo
Venerable Martin, cardinal
Venerable Mauro Herbst
Venerable Mazelino

N
San Neot
San Nidgar
San Nonoso
San Notingo
Santa Notburga
Beato Nicolás de Vaucelles
Beato Notker Balbulus
Venerable Notker Labeo

O
San Odilo
San Odilón de Cluny
San Odo de Cluny

San Odo de Tulle
San Odo el bueno
San Oliver Plunket, Obispo y Mártir
San Onneno
San Osvaldo
San Othmar
Santa Odilia
Santa Offa
Santa Opportuna
Santa Ositha
Beato Oderisio
Beato Odo de Cambrai
Beato Olberto
Beato Orlando de Vallumbrosa
Venerable Oderisio Pierio

Las beatas cistercienses: Teresa, Sancha y Mafalda. Muy veneradas en Portugal.

Las beatas cistercienses: Teresa, Sancha y Mafalda. Muy veneradas en Portugal.

P
San Pablo de Córdoba
San Pablo de Verdun
San Paduino
San Paldo
San Palladius
San Pardulfo
San Parisius
San Pascasio Radbert
San Pascual I, papa
San Paterno de Abdinghofen
San Paterno de Bray-sur-Seine
San Paulino de York
San Pedro de Canterbury
San Pedro Anagni
San Pedro Damián, Cardenal y Doctor de la Iglesia
San Pedro de Cava
San Pedro de Córdoba
San Pedro de Osma
San Pedro de Tarentaise
San Pedro Urseolus
San Petronax
San Pirminio
San Placido de Pretula
San Placido y compañeros protomartires benedictinos. Entre los compañeros estaba su hermana santa Flavia y los monjes Eutiquio, Victorino, Donato, Firmato y Fausto. Su fiesta es celebrada el 5 de octubre. Los revisionistas pusieron en duda que San Placido discípulo de San Benito fuera el mismo que el mártir aquí mencionado. Los benedictinos trasladaron su fiesta junto con San Mauro al 15 de enero, celebrándolo como confesor.
San Poncio de Avignon
San Poppo
San Poreario
San Preyecto
San Procopio
Santa Pomposa
Beata Paula
Beato Pedro de San Juley
Beato Pedro de Subiaco
Beato Pedro Aldobrandini
Beato Pedro Chateauneuf
Beato Pedro de Caprario
Beato Pedro de Montepiano
Beato Pedro de Portugal
Beato Peregrino
Beato Poncio de Puy-en-Velais
Beato Probo
Venerable Pablo de Monte Cassino
Venerable Paul de Moll

R
San Rábano Mauro
San Radbodo
San Ramiro
San Ramualdo Abad
San Randoaldo
San Raymundo de Fitero
San Raynaldo de Nocera
San Raynardo
San Raynerio
San Remaclo
San Remberto
San Renovato
San Ricario
San Ricmiro
San Rigoberto
San Ritberto
San Roberto Aurillac
San Roberto de Citeaux
San Roberto de Molesme
San Roberto de Newminster
San Roberto de Sicilia
San Rodingo
San Rodio
San Rodulfus
San Román Abad, quien introdujo en la vida eremítica a Nuestro Padre San Benito y le proveyó del sustento por tres años en Subiaco.
San Romarico
San Romualdo Abad
San Rudolfo de Taloire
San Ruperto de Salzburgo

Icono de la Madre de Dios del Signo con los fundadores de Citeaux los Santos Roberto de Moles, Alberico y Esteban Harding.

Icono de la Madre de Dios del Signo con los fundadores de Citeaux los Santos Roberto de Moles, Alberico y Esteban Harding.

Santa Relindisa, experta en bordado y pintura
Santa Rudesinda
Santa Ricarda, emperatriz
Santa Rietrudis
Beata Raquilda
Beata Riquilda
Beato Rasso
Beato Raynald de Foigny
Beato Ricardo de Altwoerth
Beato Ricardo de San Vannes, apodado Gratia Dei
Beato Ricardo Whiting, ultimo abad de Glastonbury , Inglaterra.
Beato Roberto de Clairvaux
Beato Roberto de Mataplatia
Beato Roberto de Soleto
Beato Roderico
Beato Rodolfo
Beato Rodolfo de Camaldoli
Beato Rodulfo
Beato Rogelio de Elan
Beato Rufino
Beato Ruperto de Ottobeuren
Beato Ruperto de Tegernsee
Beato Rustico
Venerable Regimberto
Venerable Remigio
Venerable Ricardo, abad de Fountains en Yorkshire
Venerable Riquerio de Monte Cassino
Venerable Romualdo de Fabriano

S
San Sabas
San Sabiniano de Carmeri
San Sabiniano de Córdova
San Sebbi
San Serenico
San Servus Dei
San Severin
San Siagrio
San Sidonio
San Sigberto
San Sigfrido
San Silvano
San Silvestre Gozzolini
Santa Silvia, madre de San Gregorio Magno
San Simeon de Cava
San Simeon de Policastro
San Simon de Crespy
San Simperto
San Simplicio
San Sisebuto
San Siviard
San Sola
San Specioso
San Spinolo
San Suitbert el joven
San Suitberto.
San Sulpicio Pio
San Switin

Cuerpo del Beato Plácido Riccardi, OSB en San Pablo Extramuros.  Beatificado por Pio XII en 1954.

Cuerpo del Beato Plácido Riccardi, OSB en San Pablo Extramuros.  Beatificado por Pio XII en 1954.

Santa Salaberga
Santa Sennorina
Santa Sethrida
Santa Severa
Santa Sexburgis
Santa Sicaria
Santa Sigirada
Santa Sperandea
Beata Salome
Beata Sancia
Beata Sandra
Beata Santuccia
Beata Sibylla de Gagis
Beata Sigolena
Beato Salvius
Beato Sigo
Beato Silvestre de Florencia
Beato Simon de Aune
Beato Sperandeo
Venerable Savinus
Venerable Serafina Caietana
Venerable Sigred
Venerable Simon de Caziae

U
San Ulrico de Augsburgo
San Ulrico de Breisgau
San Ultano
San Ursicino
San Ursmaro
Beato UIrico de Kaisersheim
Beato Urbano II, papa
Beato Urbano V, papa

Beato Utto, primer abad de Metten en Bavaria

V
San Valerio
San Verdino
San Veremundo de Meda
San Vicelino
San Vicente de Lerins
San Vicente de Leon
San Vicente de Soignies
San Victoriano
San Villano
San Vimio
San Virgilio
San Virilo, abad en San Salvador en Leira, Navarra
San Vital de Salzburgo
San Vital de Savigny
San Vulgiso
Santa Ventila
Santa Vivina
Beato Victor III, papa
Venerable Venerio
Venerable Victor
Venerable Vulrick

Santa Walburga Abadesa. Tabla del maestro de Messkirch.

Santa Walburga Abadesa. Tabla del maestro de Messkirch.

W
San Walabonso
San Walafrido
San Walarico
San Waldeberto
San Walten
San Walter de Pontoise
San Wandregisilo
San Wicterpo
San Wigberto
San Wilfrido
San Willeado
San Willibaldo
San Willibrordo, obispo
San Wimo
San Winefrido
San Winewaldo
San Winnebaldo
San Winoc
San Wistremundo
San Witgar
San Wolbodo
San Wolfelm
San Wolfgang
San Worardo
San Wulfero
San Wulframo
San Wulmar
San Wulsin
San Wulstan
San Wunibaldo
Santa Walburga, abadesa de Eichstaett, Bavaria
Santa Waldetrudis
Santa Wendelin
Santa Wereburga
Santa Wiborada
Santa Wiganda
Santa Wilfetrudis
Santa Wilgis
Santa Wiltrudis
Santa Wulfhildis de Barking
Beata Wulfhildis de Wessobrunn
Beato Walter de Bierbeke
Beato Wando
Beato Wifredo
Beato Witmer
Venerable Walter de Cluny
Venerable Walter de Mondsee
Venerable Werner
Venerable Wibaldo
Venerable Wilden
Venerable Witburga
Venerable Witmar
Venerable Wolberto

Y
San Ysarnus

Z
San Zacarías, papa
San Zimio
San Zósimo

Frontal de plata que cubre el altar de la Basílica de Monte Cassino, San Benito rodeado de sus hijos. Escultor Antonio Selva.

Frontal de plata que cubre el altar de la Basílica de Monte Cassino, San Benito rodeado de sus hijos. Escultor Antonio Selva.

Et alibi aliorum plurimorum sanctorum Martyrum et Confessorum atque sanctarum Virginum.
Y en otra parte muchos otros santos mártires y confesores, así como también santas vírgenes.

Poncho


[1] Se llamará Santa Regla al código monástico escrito por San Benito bajo el cual se rigen los benedictinos y todas las ramas que han salido de ellos.
[2] Una parte de estas congregaciones ya están extintas, han dado paso a institutos de fundaciones recientes agremiadas a la Orden por la Santa Regla.
[3] A inicios del s. XIV los benedictinos habían dado no menos de 24 papas y más de 1.500 santos canonizados oficialmente más los de culto inmemorial. Se había inscrito entre sus miembros a 20 emperadores, 10 emperatrices, 47 reyes y 50 reinas.
[4] A pesar de que a San Benito se le llame el Padre del monaquismo occidental, lo cierto es que mucho antes que él ya estaba establecida la vida monástica con la influencia de la regla de San Basilio y San Columbano.
[5] Entendiendo esta palabra como santos populares, “milagreros” e incluso foco de superstición como el caso de San Judas en México y San Expedito en Sudamérica.
[6] La frase “Ora et Labora” que tan famosa se ha hecho en relación a los benedictinos no se encuentra literalmente en la Santa Regla como máxima, es más bien el resumen de la misma legislación monástica.
[7] La cogulla es el hábito monástico por antonomasia. Una amplia túnica con mangas largas y anchas que los monjes usan en el coro.

Bibliografia:
Hoffmann O.S.B., Alexius. A Benedictine Martyrology . St. John’s Abbey Collegeville, Minnesota, 1922
Johnson, Lucie. The Benedictine Handbook. Ampleforth Abbey, Yorkshire, 2003.
Knowles O.S.B., David. The Benedictines. Downside Abbey, 1930.
Kulzer, Linda – Bondi, Roberta. Benedict in the World: Portraits of Monastic Oblates. Liturgical Press, 2002.
Strittmatter, Denis. Manual for Benedictine Oblates. St. Vincent Archabbey, 2011.
St. John’s Abbey. Manual for Oblates., St. John’s Abbey press, Collegeville 1955.

Referencias web:
Consultadas el 1º de diciembre de 2012.
http://mb-soft.com/believe/tsom/benedic.htm
http://www.beneditinos.org.br
http://www.idahomonks.org
http://www.osb.com
http://www.osb.org
http://www.rctv.net

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Benito de Norcia, abad y fundador

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Detalle del Santo en un fresco de estilo renacentista.

Vida:
Las noticias sobre la vida de San Benito se deben casi exclusivamente a San Gregorio Magno: II volumen de “los Diálogos” y “Diálogo entre Gregorio Magno y un personaje ficticio llamado Pedro”. El objetivo primordial de esta obra es predominantemente edificante: habla de los muchos prodigios obrados por Benito y de sus enseñanzas morales y doctrinales. Es tan cándida la narración, que los estudiosos modernos, especialmente Schuster, habla de las “florecillas de San Benito” y no cree que todos los datos sean rigurosamente históricos, especialmente lo relativo a los milagros, visiones, manifestaciones místicas, etc.

Benito nació alrededor del año 480 en Norcia, en el seno de la familia Anicia, que era noble y acomodad y era gemelo de su hermana Escolástica. Probablemente realizó sus primeros estudios en su tierra natal; sin embargo, es cierto que siendo muy joven (con unos trece o quince años de edad), fue enviado a Roma para realizar estudios literarios y jurídicos. En Roma se vivía con una relativa tranquilidad (eran los tiempos de Teodorico) y aunque la ciudad era monumental y tranquila, disgustó a Benito los escándalos de las facciones, de los grupos de Simmaco y de Lorenzo, que se disputaban el Papado y, sobre todo, los vicios de la juventud romana. Él estaba a disgusto en Roma, por lo que cuando consideró que su cultura estaba ya algo más perfeccionada, se fugó con su nodriza a Tívoli y allí se afincó en la aldea de Afile, a unos sesenta kilómetros de Roma. Tendría entonces unos veinte años de edad y allí se dedicó a llevar una vida ascética junto con otros compañeros.

Un primer prodigio realizado por él (consistente en restaurar milagrosamente una vasija de barro que le habían prestado y rompió), se extendió tanto y le dio tanta fama, que decide marcharse con su nodriza y con sus compañeros a un lugar más apartado. Y así, en los montes Simbruinos, descubrió un lugar solitario, cerca de la villa de Subiaco, lugar que se prestaba bien a sus deseos de llevar vida eremítica. Un monje llamado Romano lo encontró y, aunque guardó el secreto, le llevó ropa monástica y se preocupó de facilitarle diariamente  el sustento desde su cenobio, que estaba cercano. Allí estuvo unos tres años.

Animado por los generosos ideales del eremitismo oriental, que también se practicaba en Italia, Benito, con fervor generoso, se entregó a todos los rigores de esa vida eremítica aunque se dice que, frecuentemente, sufría tentaciones. Los recuerdos de los vicios que había visto en Roma lo tentaban y se cuenta que una vez, viniéndosele a la mente la imagen de una mujer desnuda, se arrojó violentamente a una zarza espinosa a fin de vencer esta tentación dando sufrimiento a su cuerpo. Una leyenda piadosa dice que siglos más tarde, San Francisco de Asís hizo brotar rosas de aquella zarza.

El Santo entre las zarzas. Miniatura del Maestro de Fauvel en un códice del s. XIV.

Venerado por su austeridad y juventud fue requerido por una Comunidad vecina de monjes para que asumiera el gobierno de la misma, para que él fuese su abad. Se ha identificado a esta Comunidad como la de Vicovaro y él, aunque reacio, consintió y aceptó. Pero en su puesto de abad impuso el rigor ya que algunos de aquellos monjes eran indisciplinados. Un monje llegó a atentar contra su vida envenenando una copa de vino que Benito tenía que beber. Él, haciendo la señal de la cruz sobre la copa, se salvó milagrosamente, la copa se rompió y él les manifestó que nombrasen a otro abad.

Él se volvió a su antiguo escondite aunque pronto se le acercaron nuevos discípulos que veían en él a su maestro. Eso le hizo comprender que Dios lo llamaba a organizar a otros ermitaños bajo una Regla cenobítica disciplinaria. Y así, entre aquellos montes, surgieron hasta doce pequeños monasterios, con doce monjes cada uno y cada uno con su correspondiente abad, aunque sobre todos, estaba Benito como cabecilla, como el verdadero abad, aunque él se había reservado el vivir en el monasterio destinado a los ermitaños más jóvenes. Era una organización parecida a la de San Pacomio en Egipto, pero la cercanía entre una comunidad y otra permitía a Benito el control y la influencia espiritual sobre todos ellos.

Su fama llegó hasta Roma y eso incitó a los ilustres romanos Equicio y Tértulo a entregarle a sus hijos respectivos: Mauro (joven de doce años) y Plácido (niño de siete años), los cuales serían en el futuro los primeros santos benedictinos. De ese tiempo se cuentan frecuentes milagros: hacer brotar agua en todo lo alto de un monte, hacer flotar en un lago el hierro de una hoz que se había salido del mango, mandarle a Mauro que salvara a Plácido de morir ahogado en un lago y el cual, caminando sobre las aguas, lo llevó a la orilla y muchos otros más.

El Santo ordena a Mauro salvar a Plácido de morir ahogado. Tabla renacentista de fray Filippo Lippi (s.XV).

Pero todo esto incitó los celos de un sacerdote llamado Florencio; primero intentó envenenarle y como no lo consiguió, comenzó a difamarlo. Entonces, Benito, comienza a pensar en un nuevo tipo de monasterio y así, su pleno ideal será Montecassino, que convertiría en su definitiva residencia. Se dice que la primitiva abadía fue construida sobre las ruinas de un edificio dedicado a los ídolos paganos en la acrópolis de la antigua Cassino.

Cassino había sido sede episcopal (un obispo suyo, de nombre Severo, participó en el concilio romano del año 487) y estaba cercana a Aquino cuya sede episcopal era ocupada por San Constancio. Allí construyó Benito su abadía primitiva con la intención de organizar su comunidad y de combatir también la idolatría que seguía conviviendo con las comunidades cristianas. La tradición dice que San Benito llegó a Cassino entre los años 525 y 529 y así, mientras Justiniano cerraba la escuela filosófica de Atenas, se abría en Occidente una nueva escuela al servicio de lo divino. El poeta Marco cuenta una anécdota ocurrida durante el viaje de Benito a Cassino: que lo acompañaban tres cuervos y que lo asistían dos ángeles. Benito, antes de fundar el monasterio, hizo retiro durante toda la Cuaresma a fin de iniciar en Cassino la celebración de la fiesta de Pascua. Subió al monte y de rodillas, imploró la ayuda de Dios, hizo talar el monte que estaba dedicado a los ídolos paganos e instauró el culto cristiano en el templo de Júpiter, al que consagró en honor de San Martín de Tours, que fue el pionero de la vida cenobítica en Occidente. También construyó un oratorio en honor de San Juan Bautista, adaptó los viejos edificios, levantó nuevos y construyó la abadía, compaginando la vida contemplativa con el trabajo. Su lema: “Ora et labora”.

Vista actual de la abadía de Montecassino (Italia).

Escribió la Regla del monasterio y lo guió con sabiduría. Era famoso por sus milagros, tenía el don de la profecía, resucitaba a los muertos, etc. Construyó un monasterio en Terracina y se le atribuye también el monasterio de San Pancracio cerca del Laterano. No se sabe a ciencia cierta si fue ordenado sacerdote, aunque algunos autores, especialmente Schuster, así lo creen. Amigos suyos fueron San Savino obispo de Canosa, San Germán obispo de Capua, el diácono San Servando abad de Alatri y algunos otros santos contemporáneos.

Junto a él estuvo prácticamente siempre su hermana Escolástica (Santa Escolástica), que murió tres días después de haber mantenido su última conversación con su hermano. Llevaron su cuerpo a Cassino y Benito la hizo sepultar en el sepulcro que tenía preparado para sí mismo. Él no tardó en morir y, conociendo por revelación divina el día de su muerte, se hizo abrir una nueva tumba, ordenó lo llevaran al oratorio de San Martín de Tours donde recibió los sacramentos, levantó las manos al cielo sosteniéndole los brazos sus discípulos y así, rezando, expiró.

Dos discípulos suyos, por separado, tuvieron ese día una visión: lo vieron entrar en la gloria: una escalera de luces conducía desde su celda hasta el cielo. Desde muy antiguo se cree que era el día 21 de marzo del año 546. Lo enterraron en la tumba excavada para él en el oratorio de San Juan, al lado de su hermana y su tumba fue meta de peregrinación a lo largo de los siglos y fue considerado desde antiguo como patrono de los moribundos.

La Regla Benedictina ha sido la matriz, el ejemplar en la que se han inspirado todas las Reglas de las Ordenes Religiosas en Occidente. La Regla, que él llamó “un esbozo para principiantes” produjo una pléyade de santos: Beda el Venerable, Bonifacio, Romualdo, Odón de Cluny, Gregorio VII, Pedro Damiano, Juan Gualberto,  Anselmo de Aosta, Bernardo de Claraval, Gertrudis,  Matilde,  Hildegarda y muchísimos otros santos y santas, beatos y beatas.

Relicario del Santo. Saint-Benoît-sur-Loire, Fleury (Francia).

Reliquias:
Hay que decir que es antiquísima la creencia de que los restos de los santos Benito y Escolástica fueron llevados definitivamente a Fleury (Francia) cuando fue desvastado el monasterio de Montecassino. Pero estudiando a fondo un documento anónimo del siglo VIII y la obra de Adalberto de Fleury, del siglo IX que son los que afirman este hecho, ningún estudio serio da por cierto esta tesis.

Hay muchísimos otros testimonios de papas, santos y emperadores que demuestran que esto no ha sido así. Todos admiten que los restos están en Montecassimo, porque se afirma que hubo una restitución parcial de los restos desde Fleury a Montecassino en el siglo VIII. La crónica de Leno dice que en el año 758 fue concedida al nuevo monasterio de Montecassino una parte del cuerpo del santo. En la catedral de Brescia se conservaba un brazo que se perdió en el año 1870.

El último reconocimiento canónico de los restos realizado en Montecassino fue en el año 1950. El examen médico indica que en la urna de Montecassino existen dos esqueletos casi completos: uno masculino y otro femenino. En Fleury, actualmente, se conservan pequeños restos.

El monasterio de Montecassino fue destruido en 1944 durante la Segunda Guerra Mundial, pero los restos se encontraron intactos en la urna como informaban las actas del reconocimiento que se había hecho con anterioridad en el año 1659. En el año 1950, después de reconocidos, fueron puestos en dos cajas de plata. Ambas urnas, el día 5 de diciembre del año 1955 fueron solemnemente puestas en una artística urna de mármol en el altar mayor de la basílica, en presencia de todos los abades benedictinos y numerosos obispos.

Vista de los restos de los esqueletos de Benito y Escolástica durante el reconocimiento realizado en 1950.

Su Regla:
La síntesis de esta Regla es “Ora et labora”: vida contemplativa y vida activa. Son muchísimas las recomendaciones que hace San Benito a sus monjes y vamos a recordar algunas:
– La primera virtud que necesita un monje después de la caridad, es la humildad.
– La casa de Dios es para orar y no para charlar.
– Todo abad debe esforzarse por ser amable, como un padre bondadoso.
– El que administra el dinero no debe humillar a nadie.
– Cada monje debe esforzarse en ser exquisito y agradable en su trato.
– Cada Comunidad debe ser como una buena familia donde todos se aman.
– El monje debe ser humilde, pacífico, sobrio en la comida y bebida, activo, casto, manso, celoso y obediente.

Culto:
Inmediatamente después de su muerte fue venerado como santo; de hecho, San Gregorio Magno escribe de él solo cincuenta años después de su fallecimiento. En la Edad Media se le veneraba en toda Europa y fue cantado por todos los poetas del Medievo: Marco, Aldelmo, Alcuino, Pablo diácono, Rábano Mauro, Bertario, Pedro el Venerable, Dante… Actualmente es uno de los santos más venerados en toda la cristiandad. Se le ha llamado: “Santo de la obra de Dios”, “Santo del trabajo”y “Protector de los moribundos”. Es el patrón principal de Europa (Beato Pablo VI, 1964), patrono de los espeleólogos, arquitectos e ingenieros italianos, etc.

Su fiesta se celebra hoy día 21 de marzo, fecha en la que se dice murió y así se recuerda en el calendario de San Willibrordo (siglo VIII), en el calendario marmóreo de Nápoles (siglo IX) y en otros muchos calendarios y martirologios. También se celebra el día 11 de julio y el día 4 de diciembre. El 11 de julio es la fiesta de la “depositio” o supuesta traslación de los restos a Fleury y el 4 de diciembre, es celebrado en Fleury desde el tiempo del abad San Mummolo.

Resumiendo: el 21 de marzo lo celebra toda la Iglesia de Occidente, el 11 de julio se conmemora en la Orden Benedictina excepto en Francia y el 4 de diciembre lo celebran los benedictinos franceses.

Antonio Barrero

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La historicidad de San Benito

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Estatua de San Benito en su ciudad natal

Estatua de San Benito en su ciudad natal

Pregunta: Fui seminarista hasta la Filosofía en mi diócesis.  Me gusta mucho su blog. Y las dudas y a la vez catequesis que presentan. Dios les bendiga por su trabajo. Tengo varias dudas sobre SAN BENITO DE NURSIA.
Una es, que hablando con un Benedictino me dijo: ¿Que pensarías si te digo que San Benito posiblemente no exisitió? Si se tienen dudas de él. Ahora imagínate a Santa Escolástica.  Ya verás mi expresión. Según el creo que San Gregorio Magno es el primero en referirse a San Benito o es San Alberto Magno (Maestro de Santo Tomás de Aquino).
¿Existió realmente San Benito?
México

Respuesta: Casi toda la información que hay sobre su vida se le debe a San Gregorio Magno que le dedicó al completo el segundo capítulo de su obre “Diálogos” y escribe esta obra, cincuenta años después de la muerte de Benito. O sea, que San Gregorio Magno certifica expresamente su existencia, hablando entusiásticamente también de cual fue su personalidad. Y la autoridad de San Gregorio Magno no creo que haya nadie que la ponga en duda. No voy a decir nada de su vida ni de su Orden porque no es el tema de la pregunta.

Desde el siglo VIII se habla de su sepulcro y del de su hermana Escolástica en la Abadía de Montecassino. El último reconocimiento de los restos de ambos se realizó en el año 1950, o sea, hace sesenta años.

Se le veneró inmediatamente después de su muerte, ocurrida el día 21 de marzo del año 547 y es tanta la fama que adquiere, que inmediatamente se multiplican sus monasterios y su devoción por casi toda Europa.

En la Baja Edad Media, le dedican innumerables himnos y poesias, los autores: Marco, Aldelmo, Alcuino, Pablo el diácono, San Rábano Mauro, San Pedro Damiano, Bertario, Alfano, San Pedro el Venerable….

Gozaba de tanto honor, que su nombre fue de los pocos que se admitieron en el Canon de la Misa de los Sacramentarios Gelasianos del siglo VIII. Como su festividad caía siempre en plena Cuaresma, ya en el año 581, se permitió cambiarla de fecha: el día 11 de julio.

Para qué te voy a dar más datos. El benedictino que puso en duda su existencia, estaba completamente equivocado.

Antonio Barrero

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