Los símbolos de Lourdes

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Aparición de Lourdes. Vidriera contemporánea en la parroquia de Saint-Genis-Laval, Francia.

El Martirologio Romano el día 11 de febrero, escribe: “Beata María Virgen de Lourdes, que, a cuatro años de la proclamación de la Inmaculada Concepción de la Beata Virgen, la humilde niña santa María Bernardette Soubirous muchas veces vio en la gruta de Massabielle en los montes Pirineos, junto al río Gave cerca del pueblecito de Lourdes, donde imnumerables multitudes de fieles acuden con devoción”.

El evento mariano de Lourdes ha entrado en la memoria litúrgica de la Iglesia, que, como “memoria facultativa” celebra y exalta la revelación de María “en la gruta de Massabielle en los montes Pirineos, junto al río Gave, cerca del pueblecito de Lourdes” como la Inmaculada Concepción.
Pero, ¿qué es lo que ocurrió en Lourdes que nosotros aun seguimos celebrando?. Escuchemos el relato de la memoria de Sor María Bernardette Soubirous:

“La primera vez que fui a la gruta, era el jueves 11 de febrero. Estaba recogiendo leña junto con otras dos niñas. Cuando estábamos en el molino, les pregunté si querían ver donde está el agua del canal que iba a unirse al Gave. Ellas me respondieron que si. A partir de ahi, seguimos el canal y nos encontramos frente a una cueva, no pudiendo ir más lejos. Mis compañeras se dispusieron a cruzar sobre el agua que estaba enfrente de la cueva y cruzaron el agua. Se pusieron a llorar y yo les pregunté por qué lloraban; ellas me dijeron que el agua estaba muy fría. Yo les pedí que me ayudaran a poner unas piedras en el agua para poder pasar sin descalzarnos. Me dijeron que lo hiciera yo si quería; me desplacé un poco sin descalzarme, pero no podía. Entonces retorné delante de la gruta y comencé a ponerme descalza. Acababa de coger el primer calcetín y sentí un ruido como de una fuerte ráfaga de viento. Entonces volví la cabeza hacia el lado de la pradera (sentido opuesto a la gruta) y vi que los árboles no se movían. Continué quitándome los zapatos y volví a sentir el mismo ruido. Tan pronto como levanté la cabeza hacia la gruta, vi a una señora vestida de blanco.
Tenía un vestido y un velo blancos y un cinturón azul y una rosa en cada pie del color de la cadena de su rosario. Yo quedé un poco impresionada. Creía ver visiones y me froté los ojos. Volví a mirar y vi a la misma señora. Metí la mano en mi bolsillo y me encontré con mi rosario: yo quería hacer la señal de la cruz. No me lo pude llevar a la frente porque mi mano se cayó. A continuación el asombro se apoderó de mí con más fuerzas; mis manos, temblaban. Sin embargo, no huí. La señora tomó el rosario que tenía en sus manos e hizo la señal de la cruz. Luego, lo intenté por segunda vez y fui capaz de hacerlo. Tan pronto como hice la señal de la cruz, la gran consternación que tenía, había desaparecido. Me puse de rodillas y yo rezaba el rosario en la presencia de aquella bella señora. La visión deslizaba las cuentas de su rosario, pero no movía los labios. Cuando terminé de rezar el rosario, me hizo un gesto para que me acercara pero no me atreví. Entonces, de repente, desapareció. Empecé a coger el otro zapato para atravesar el poco de agua que estaba frente a la gruta, para ir donde estaban mis amigas y nos fuéramos. En el camino, les pregunté a mis compañeras si habían visto algo y me respondieron que no. Les pregunté de nuevo y volvieron a decirme que no habían visto nada. Y me preguntaron: ¿y tu has visto algo?. Yo les dije: si vosotras no habeis visto nada, yo tampoco. Pensé que estaba equivocada. Pero de vuelta por el camino yo me preguntaba qué había visto. Siempre recuerdo aquello; yo no queria decirlo, pero me han dicho tantas veces que lo diga.. Lo hago pero a condición de que no hablemos de este asunto. Prometi mantener el secreto, pero tan pronto como llegué a casa, me urgió decir lo que había visto. Eso fue la primera vez”.

Detalle de la Inmaculada de Lourdes en el retablo de la parroquia de Lissone, Italia.

Como dice la misma Bernardetta, esta fue la primera vez de un total de dieciocho apariciones de la Virgen de Lourdes. He aquí una pequeña síntesis.

Primera Aparición — 11 febrero 1858
Acompañada por su hermana y una amiga, Bernardette, se acerca a Massabielle, cerca el Gave, para recoger leña seca. Quitándose el calzado para atravesar el canal, siente un ruido como de un fuerte viento, alza la cabeza hacia la gruta y ve a una Señora, vestida de blanco: llevaba un vestido blanco, un velo también blanco, un cinturón azul y una rosa de oro en cada pie. Hace la señal de la cruz y reza el rosario con la Señora. Terminada la oración, la Señora desaparece.

Segunda Aparición — 14 febrero 1858
Bernadette siente una fuerza interior que la empuja a volver a la Gruta, no obstante la prohibición de sus padres. Ante su insistencia, la madre la dejó y después de rezar la primera parte del Rosario, vio aparecerse a la misma Señora. Le echa agua bendita, la Señora sonríe e inclina la cabeza.

Tercera Aparición — 18 febreso 1858
En la primera vez que habla la Señora. Bernadette le presenta una pluma, un tintero y un folio de papel y le pide que escriba su nombre. Ella le responde: “No es necesario” (N’ey pas necessari) y añade: “¿serás tan amable de venir aquí durante quince días?”. (Boulet aoue ra gracia de bié aci penden quinze dias?). Bernardette responde que si y la Señora dice: “No te prometo hacerte feliz en este mundo, pero si en el otro” (Nou prometi pas deb hé urousa en este mounde, mès en aoute).

Cuarta Aparición — 19 febrero 1858

Quinta Aparición — 20 febrero 1858

Sexta Aparición — 21 febrero 1858

Séptima Aparición — 23 febrero 1858

Octava Aparición — 24 febrero 1858
Mensaje de oración y de penitencia. La Señora dice a Bernadette: “Penitencia! Penitencia! Penitencia!” (Penitenço… penitenço… penitenço…). “Rogad a Dios en la tierra por los pecadores”.

Novena Aparición — 25 febrero 1858:
La Fuente. “Ve, bebe de la fuente y lávate”. (Anat béoué en’a houn é b’y laoua). Bernardette dice: “Me ha dicho que vaya a beber a la fuente… yo solo he cogido un poco de agua turbia”. En el cuarto intento, pudo beber.

Décima Aparición — 27 febrero 1858

Undécima Aparición — 28 febrero 1858

Duodécima Aparición — 1 marzo 1858

Decimotercera Aparición — 2 marzo 1858
La Señora dice a Bernadette: “Ve y dile a los sacerdotes que vengan aquí en procesión y que construyan una capilla”.

Décimo cuarta Aparición — 3 marzo 1858
Nueva solicitud de una “iglesia o capilla”.

Décimo quinta Aparición — 4 marzo 1858
Ultimo día de la quincena.

Décimo sexta Aparición — 25 marzo 1858, Fiesta de la Anunciación.
La Señora dice su nombre: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. (Que soy era Immaculada Councepciou).

Decimoséptima Aparición — 7 abril 1858
El “Milagro de la Vela”.

Decimoctava Aparición — 16 Julio 1858, Fiesta de Nuestra Señora del Carmen.
Bernadette, desde la pradera frente al Gave, vió a la Virgen: “está más bella que nunca”.

Es cierto que el evento mariano de Lourdes no es solo un conjunto de visiones o de palabras, porque la Virgen María quiso educar primeramente a la pequeña Bernardette y posteriormente a cada uno de nosotros.
He aquí un resumen de una interpretación de los signos presentes en las apariciones de Lourdes: el agua, la roca, la luz, las multitudes y las personas que están enfermas o con dificultades.

Bernadette busca el agua según se lo pide la Virgen. Vidriera decimonónica en el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, Francia. Fotografía: Louis Dufaur.

EL AGUA:
El jueves 25 de febrero de 1858, Bernardetta escucha estas palabras: “ve a beber a la fuente y lávate”.
“Aqueró (“Ella”, término utilizado por Bernadette para referirse a la Virgen) me dice de que vaya a beber y a lavarme a la fuente. No viéndola, me dirigí al Gave para beber. Pero me hizo seña con el dedo para que fuera bajo la roca. Fui y me pareció agua turbia, con barro y tan poca que apenas podía llenar el cuenco de la mano. Tres veces la tiré porque estaba sucia y a la cuarta vez, pude beberla” (Bernadette).

El Evangelio nos presenta la siguiente escena: Jesús, cansado del camino, estaba sentado cerca de un pozo. Una mujer vino a sacar agua y Jesús le dice: “El que venga a beber el agua que yo le daré, no tendrá sed jamás, pués el agua que le daré será para él una fuente de vida eterna”. (Juan 4,14).

El agua de Lourdes es el símbolo de aquella “agua viva” que Jesús nos da. Con este signo, Dios, a través de María, nos reclama que vayamos a los orígenes de nuestro camino en la fe: el Bautismo. Esto también significa recordar la memoria de aquel día en el que nos convertimos en hijos de Dios, hijos en el Hijo, un pueblo nuevo que se prepara y espera el cumplimiento del Reino.

LA ROCA.
Es en la Gruta de Massabielle, donde Bernardette ha visto a la Virgen dieciocho veces.

En la Biblia se dice que Dios es nuestra roca. Es la roca sobre la cual podemos sostenernos: “Señor, mi roca, mi fortaleza, mi liberador, mi Dios, mi roca en la que me refugio, mi escudo, mi potente salvación y mi baluarte”. (Sal. 18) “El, solo es mi roca y mi salvación; mi defensa: no podré vacilar”. (Sal. 62) “Dios es la roca de mi corazón” (Sal. 73) “Tu eres mi padre, mi Dios y la roca de mi salvación” (Sal. 89) “Bendito el Señor, mi roca, que adiestra mis manos para la guerra y mis dedos para la batalla” (Sal. 144)

El Señor es el sostén de nuestra vida. Esto nos lleva de nuevo a las páginas del Evangelio de Mateo: “Inmediatamente obligó a los discípulos a subir a la barca y le precedieran a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud. Despidió a la gente y subió aparte al monte para orar. Cuando llegó la tarde, se quedó allí solo.
Mientras tanto, la barca distaba ya muchas millas de tierra, el viento era contrario y era agitada por las olas. Al llegar la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. Al verlo caminar sobre el mar, los discípulos se sorprendieron y dijeron: “¡Es un fantasma!” Y gritaban de miedo, pero enseguida, Jesús les habló diciendo: “Vamos, soy yo, no tengais miedo”. Entonces Pedro le dijo: “Señor, si eres tu, ordename ir hacia ti sobre las aguas”. Y él le dijo: “Ven”. Pedro bajó de la barca y se puso a caminar sobre las aguas yendo hacia Jesús; pero viendo que el viento era fuerte, sintió miedo y comenzando a hundirse, gritó: “¡Señor, sálvame!”. Enseguida, Jesús le tendió la mano, lo agarró y le dijo: “Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?. Apenas subieron a la barca, el viento cesó. Los que estaban en la barca se postraron ante él diciendo: “verdaderamente, tu eres el Hijo de Dios”
. (Mateo 14)

Reproducción en miniatura de la gruta en la parroquia de Nuestra Señora de Lourdes, Taurisano (Italia).

La poca fe de Pedro es sostenida por el Señor, que lo elige como una piedra sobre la que edificará la Iglesia: La piedra es el apóstol que se apoya en la roca, que es Cristo.
El signo de la roca nos recuerda también a la Iglesia y nos recuerda que debemos ser piedras vivas que la edifican y testimonian ante el mundo su Evangelio.
También este signo es un signo bautismal: por el Bautismo llegamos a ser miembros, piedras, que participan en la vida de la Iglesia.

LA LUZ.
La decimosexta aparición, que duró una hora, tuvo lugar el día 25 de marzo, dia en el cual la Iglesia conmemora la Anunciación del Señor. Durante la visión tuvo lugar el milagro de la vela. Bernadette tenía entre las manos una vela, que durante la visión ardió del todo y las llamas tuvieron contacto directo con su piel durante más de quince minutos, pero ella, aparentemente, no mostraba ningún signo de dolor o herida.

Tal acontecimiento fue visto por muchas personas que estaban presentes, incluído el médico de Lourdes (doctor Pierre Romaine Dozous), que cronometró y documentó el hecho.
Según mostraba su informe, la piel de Bernardette no mostraba ninguna señal de que se hubiera visto afectada de ninguna manera y que tuvo bajo control a la niña, aunque sin intervenir. Después de que la visión hubo terminado, el doctor dijo que había examinado la mano de la niña sin encontrar ningún rastro de quemadura y que ella no era consciente de lo que le había sucedido. Luego, dijo el médico que él le aplicó brevemente una vela encendida en una mano a la niña y que esta reaccionó inmediatamente.

Día y noche, en invierno y en verano, se encendieron y encienden velas en la Gruta. La vela es la luz de la fe y esta luz, es Cristo.
“Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no caminará en tinieblas y tendrá la luz de la vida”. (Juan, 8, 12).

También este signo da respuesta a la temática bautismal. De hecho, el ritual del Bautismo dice: “Recibe la luz de Cristo (Se enciende la llama del cirio pascual)
A vosotros, padres, a vosotros, padrino y madrina,
se os confía este signo pascual,
llama que siempre debeis alimentar.
Tened cuidado que vuestro niño, iluminado por Cristo,
viva siempre como hijo de la luz;
y perseverando en la fe,
vaya al encuentro del Señor que viene,
con todos los santos, del reino de los cielos”
.

Vista de la multitud de enfermos y peregrinos de la Hospitalidad de Granada que visitaron el Santuarui de Nuestra Señora de Lourdes en junio de 2009.

LA MULTITUD.
Siempre ha sido inmensa, de cualquier raza, lengua o nación. De los pocos peregrinos del principio se ha pasado hoy a más de seis millones al año. En Lourdes, se vive ya la Iglesia; encuentro de la unidad de todos los hijos de Dios que están dispersos.

“Viendo a la multitud, sintió compasión porque habían estado desamparadas y dispersas como ovejas sin pastor…. Bajó de la barca, y vió una gran muchedumbre y sintió compasión por todos y curó a los que estaban enfermos… Entonces, Jesús, llamó a sus discípulos y les dijo: “Siento compasión de esta muchedumbre. Llevan tres días conmigo y no tienen nada para comer. No quiero despedirlos en ayuna, no vayan a desfallecer en el camino” (Del Evangelio de Mateo, cap.9, 14,15)

La peregrinación a Lourdes es el encuentro con el Misterio de Dios, que hace de un pueblo disperso y sin guía un único pueblo, que escucha a la Madre que dice: “Haced lo que él os diga”. (Juan, 2, 5).

LAS PERSONAS ENFERMAS Y CON DIFICULTAD.
Desde el tiempo de la curación de Caterina Latapie (verificada el 1 de marzo de 1858), los enfermos afluyen a Lourdes buscando la curación del cuerpo, pero sobre todo, la curación del corazón, el coraje de empezar de nuevo y la alegría de vivir.
He aquí dos pasajes evangélicos que cuentan dos curaciones, una física y otra espiritual.

“Partiendo de allí, Jesús se retiró a la zona de Tiro y de Sidón. Y he aquí, que una mujer cananea que venía de aquella región, se puso a gritar: “¡Ten piedad de mi, Señor, hijo de David! Mi hija está muy atormentada por un demonio”. Pero Jesús no le respondió ninguna palabra. Entonces sus discípulos se le acercaron implorándole: “¡Escúchala, porque viene de lejos gritando!” El les respondió: “No he sido enviado, sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel”. Pero ella se acercó y se postró delante de él, diciendo: “Señor, ayúdame”. El le dijo: “No está bien coger el pan de los hijos y echarlo a los perrillos”. “Es verdad, Señor (dijo ella), pero también los perros comen el pan que cae de la mesa de sus padres”. Entonces Jesús le replicó: “¡Mujer, grande es tu fe!, hágase como tu deseas” y en aquel instante, su hija quedó curada”. (Mateo 15, 21-28)

Virgen de Lourdes coronada que preside la explanada de acceso al Santuario.

“Marchó de nuevo al mar y toda la muchedumbre venía a él y él les enseñaba. Pasando, vió a Leví, el hijo de Alfeo, sentado en el banco de los impuestos y le dijo: “Sígueme” y el se levantó y lo siguió..
Mientras estaba comiendo a la mesa en su casa, estaban con Jesús y sus discípulos sentados muchos publicanos y pecadores; eran muchos los que lo seguían. Entonces, los escribas y fariseos, viéndolo comer con los publicanos y pecadores, decían a sus discípulos: “Por qué come y bebe junto a los publicanos y los pecadores?. Oyéndolo Jesús, les dijo: “No solo los sanos tienen necesidad del médico, sino los enfermos y yo he venido a llamar a los justos, pero también a los pecadores”
(Marcos 2,13-18)

La peregrinación a Lourdes es un encuentro con el Misterio de Dios, que genera vida nueva, una nueva llamada al discipulado cristiano.
Concluyo este pequeño discurso mariano-lourdiano con una oración a la Virgen Inmaculada:
Dóciles para escuchar tu voz materna, Oh Virgen Inmaculada de Lourdes, corremos a tus pies junto a la gruta, donde te dignaste aparecer para señalar a los pecadores el camino de la oración y de la penitencia y para dispensar a los que sufren las gracias y los prodigios de tu soberana bondad.
Oh Visión blanca del Paraiso, aleja la oscuridad de la mente con la luz de la fe, levanta a las almas afectadas con el perfume de la esperanza, aviva los corazones estériles con las ondas divinas de la caridad. Haz que amemos y sirvamos a tu dulce Jesús, para merecer la felicidad eterna. Amén
.

Damiano Grenci

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santa María Bernarda Soubirous (Bernardette)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía de Bernardette en su juventud, durante el tiempo de las apariciones.

Nació el domingo día 7 de enero del año 1844, en el molino de Boly, cerca de Lourdes, sobre las dos de la tarde. Era la primera hija de Francisco Soubirous y Luisa Casterot. Fue bautizada dos días más tarde y le pusieron ese nombre, aunque desde pequeña siempre la llamaban Bernardette. Después de ella nacieron seis hermanos y dos hermanas, aunque solo tres llegaron a la mayoría de edad.

Su padre trabajó como molinero para la familia Casterot, casándose muy joven con Luisa.  Cuando nació Bernardette, la familia no estaba mal económicamente y una prueba de ello era que la niña había sido confiada a una nodriza durante seis meses. La nodriza, llamada María Avarant, vivía en Bartres a cinco millas de Lourdes. Amamantó a Bernardette hasta octubre de 1845, fecha en la que Bernardette retornó a Boly (Lourdes), donde vivió con su familia durante diez años, hasta que en 1855, como las cosas empezaron a ir mal para la familia, emigró a Arcizaces-Angles, viviendo en una choza. Corrió el riesgo de morir de cólera y la enfermedad minó su salud durante toda su vida; además de pobre, era de condición enfermiza. En Arcizaces estuvo hasta el otoño de ese año, aunque el invierno lo pasó con una tía en Monières.

En mayo de 1856, de fracaso en fracaso, su padre deja el molino y no encuentra otro refugio que la antigua prisión llamada Le Cachot, donde en una sola habitación y sin luz, vivía toda la familia: padres y los cuatro primeros hijos. Como Bernardette era la mayor tenía que quedarse al cargo de sus hermanos por lo que no podía frecuentar la escuela ni aprender el catecismo; no sabía leer ni hablaba el francés; solo el dialecto de aquella zona. Acusado de hurto, su padre fue ingresado en prisión desde el 27 de marzo al 4 de abril y a finales de junio Bernardette vuelve a Bartrés para poder asistir a la escuela. Tenía catorce años de edad y era, prácticamente, la única niña de Lourdes que a esa edad aun no había hecho la Primera Comunión. Sin embargo, las verdaderas intenciones de quienes le ayudaron para ir a Bartrés no era prepararla para que aprendiera a leer, escribir y hacer la Comunión, sino que en realidad la querían para que se ocupase de los hijos de su antigua nodriza y para tenerla como pastora, ocupada del pastoreo de las ovejas, aunque sin paga ni jornal. Trabajaba solo por la comida y por el techo. Como era muy buena en su trabajo, la obligaban a estar más tiempo cuidando de las ovejas, lo que no le permitía asistir a clases.

A finales de enero de 1858 se vuelve a Lourdes porque desea ardientemente hacer la Primera Comunión y en la escuela anexa al hospicio fue preparada por las Hermanas de Nevers y por el sacerdote Pomian, aunque faltando a veces a clase ya que tenía que cuidar a sus hermanos. A esto se dedicaba hasta el día 11 de febrero de 1858. Ese fue el día elegido que cambiaría no solo la vida de Bernardette, sino que marcó el comienzo de toda una nueva movilización en la Iglesia: la Virgen se le apareció a la niña“Desde el 11 de febrero hasta el 16 de julio de ese año, 1858, en la gruta de Massabielle, durante dieciocho veces, la Santísima Virgen María tuvo en Bernardette a su confidente, a su colaboradora, al instrumento de su ternura maternal hacia los hombres y de la omnipotente misericordia de su Hijo, para restaurar el mundo en Cristo con una nueva e incomparable efusión de la Redención”. Estas son palabras del papa Pío XII.

Imagen de la Virgen en el lugar de las apariciones. Gruta de Massabielle, Lourdes (Francia).

Aquel 11 de febrero, la madre de Bernardette le permitió ir al campo con su hermana menor, María y con otra niña, para buscar leña seca. El lugar preferido para recoger la leña eran los alrededores de la gruta. Pasaron el arroyo, pero Bernardette no se decidía porque el agua estaba muy fría. Cuando se decidió y empezó a descalzarse, un ruido muy fuerte le obligó a mirar hacia todos los lados. Había muchísimo ruido, parecido al viento, pero las hojas de los árboles no se movían. Entró al fondo de la gruta y vio a una Señora bellísima, vestida de blanco con un vestido ajustado al talle con una cinta azul. Un largo velo blanco le caía hasta los pies envolviendo todo el cuerpo. Los pies descalzos y muy limpios parecían apoyarse sobre un rosal silvestre. Dos rosas brillantes de color de oro cubrían la parte superior de los pies de la Señora. Las manos las tenía juntas sobre el pecho, en posición de oración y entre sus dedos tenía un largo rosario blanco y dorado con una cruz como de oro. Irradiaba felicidad, majestad, inocencia, dulzura, bondad y paz. La Señora parecía saludarla inclinando la cabeza ante la niña.

Bernardette cogió el rosario que siempre llevaba haciendo la señal de la cruz como para defenderse, pero quedó paralizada. La Virgen había tomado la cruz de su rosario e hizo lo mismo. Bernardette rezó el rosario, la Señora le pidió que se acercase y sonrió, despidiéndose de la niña. La visión desapareció. Era la hora del Ángelus. Bernardette preguntó a las otras niñas si ellas habían visto algo y le dijeron que no; ella se lo contó y les pidió que guardase silencio, pero su hermana María se lo contó a su madre, que lógicamente no la creyó.

La segunda aparición fue el domingo 14 de febrero, entre el mediodía y las dos de la tarde. Estaban presentes unas diez personas que no vieron nada. La Virgen y Bernardette rezaron juntas el rosario y la voz se corrió por el pueblo y, como es normal, pronto aparecieron los comentarios malintencionados, las burlas, los desprecios y los insultos.

La tercera aparición fue el jueves 18 de febrero a las seis de la mañana. La Virgen le pidió que fuese allí durante quince días seguidos; la niña se lo prometió y la Virgen le dijo: “Yo también te prometo hacerte dichosa, no ciertamente en este mundo, sino en el otro”. Como Bernardette jamás había mentido, los padres de la niña empezaron a creerla.

La cuarta aparición fue el día 19 de febrero a primeras horas de la mañana. Fue una aparición silenciosa como las de los dos días siguientes. La quinta aparición fue el sábado día 20 a las seis de la mañana y delante de un centenar de personas.

Otra fotografía de Bernadette, con el rosario, durante la época de las apariciones.

El domingo 21 se apareció la Virgen por sexta vez. Varios miles de personas rodeaban la gruta y había tres gendarmes. Ese mismo día, por la tarde, el comisario Jacomet interrogó a la niña y la amenazó con la cárcel si continuaba yendo a la gruta. Los médicos la examinaron ese día llegando a la conclusión de que en la niña no había ningún signo de alucinación ni de histeria. Uno de los principales médicos dijo: “Aquí hay un hecho extraordinario, totalmente desconocido a la ciencia y a la medicina”.

El día 22 de febrero la Virgen no se le apareció, pero si lo hizo al día siguiente muy de mañana. Era la séptima aparición y es la fecha más probable de la revelación de un secreto, que no podría revelar. Al día siguiente al aparecérsele la Señora, le repitió por tres veces la palabra “penitencia” y al otro día, 25 de febrero, día de la novena aparición, le mandó beber y lavarse los pies en una fuente y comer la hierba que allí había. Como Bernardette no veía ninguna fuente, fue al riachuelo que pasaba junto a la gruta, el río Tarbes, pero la Virgen le dijo que no, que entrara al fondo de la gruta, excavase con las manos y que la fuente aparecería. Así ocurrió. Esa agua, que aun hoy sigue brotando, ha sido analizada por los mejores laboratorios químicos del mundo y es solo agua pura, carente de toda propiedad térmica, pero en la que no sobrevive ningún tipo de bacteria. Es la llamada “agua milagrosa de Lourdes”.

La Virgen se le siguió apareciendo los días siguientes hasta el 4 de marzo. Ese día quiso realizar un milagro: un niño llamado Justino, de dos años, estaba agonizando, parecía muerto. La madre, desesperada lo metió en la fuente y nada. Se lo llevó a su casa y allí empezó a respirar. Al día siguiente estaba jugando y comiendo como los demás niños. La noticia se corrió por toda Francia y tres médicos distintos confirmaron que inexplicablemente, el niño se había curado.

Bernardette seguía yendo a la gruta diariamente, rezaba el rosario, pero la Virgen no aparecía y fue el día 25 de marzo, fiesta de la Anunciación, sobre las cinco de la mañana, cuando la Virgen se le apareció por decimosexta vez comunicándole: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. Otra vez se le apareció el día 7 de abril y fue cuando ocurrió el “milagro del cirio”. Bernardette estaba absorta y la llama de un cirio que llevaba en las manos pasó a sus dedos. La gente gritaba porque la mano ardía, pero ella permanecía inmóvil. Un médico que estaba cerca comprobó por su reloj que durante más de un cuarto de hora la mano estuvo entre llamas sin que ella hiciese el menor movimiento. Miraron su mano y estaba ilesa. Este hecho lo vieron miles de personas que allí estaban. La última aparición fue el día 16 de julio.

Relicario con el corazón de Bernardette. Santuario de Nuestra Señora de Lourdes (Francia).

Entre los días 6 y 22 de marzo Bernardette había estado en Cauterets y el jueves 3 de junio, fiesta del Corpus Christi, hizo la Primera Comunión. Al día siguiente, el barón Maíz decidió encerrarla pero se encontró con la increíble resistencia del padre Peyramale, que lo impidió. Después de las apariciones, el día 8 de septiembre, la niña fue acogida por las Hijas de María. En octubre entró en la escuela y en noviembre fue interrogada por primera vez por una comisión episcopal. El día 7 de diciembre de 1861 compareció por última vez ante Monseñor Laurente, el cual en un documento firmado el día 18 de enero de 1862 proclamó la realidad de las apariciones. A finales de marzo Bernardette cayó enferma de pulmonía, por lo que se le administró la Unción de los Enfermos; inexplicablemente, sanó. Ella decía: “Quiero ser religiosa, pero no se en qué Orden porque la Virgen no me ha dicho nada”. Monseñor Forcade, obispo de Nevers le propuso entrar en las Hermanas de la Caridad y de la Instrucción Cristiana de su ciudad y ella le dijo que se lo pensaría. A principios de 1866 fue admitida como postulante en el hospicio de Lourdes, ocupándose de los enfermos del hospicio y de los escolares más pequeños.

El 21 de mayo de 1866 Bernardette asiste a la primera misa pontifical celebrada en la Gruta de Massabielle, en medio de una gran muchedumbre. La gente se le acerca, la apretuja y ella comprende que tiene que desaparecer y así, el 4 de julio se marcha a Nevers. Solicita el hábito de religiosa y dice:”He venido aquí para esconderme”. Entra en el convento de la Caridad de Nevers y ninguna de las religiosas la entendían: ni la superiora, ni la maestra de novicia, ni nadie. Sabían y admitían que la Virgen se le había aparecido, pero la veían ordinaria y no entraba en la concepción que tenían estas monjas de lo que es la santidad. Sin embargo, tenían que admitir que era fiel cumplidora de las reglas de la comunidad.

Tres semanas después de haber recibido los hábitos, Bernardette enfermó gravemente de tuberculosis, creyendo los médicos que su muerte sería inminente. Se le administró de nuevo la Extremaunción, pero no se le pudo dar el Viático porque tenía continuos vómitos de sangre. Pensando que iba a morir, la superiora, con la aprobación del obispo y de la Comunidad, quiso darle el consuelo de pronunciar los votos aunque no había terminado el noviciado. El obispo presidió la ceremonia y ella dio su consentimiento por medio de signos ya que no podía hablar. A la mañana siguiente estaba muchísimo mejor. Tuvo que terminar el noviciado y fue tratada muy severamente y aun cruelmente, renovando su profesión al terminar el noviciado el día 30 de octubre de 1867, tomando el nombre de María Bernarda. Tenía 23 años de edad. Ese mismo día fue humillada por la superiora que dijo públicamente que “como no servía para nada, se le enviaría a la enfermería a cuidar a los enfermos”.

Fotografía de la Santa "de cuerpo presente", vistiendo el hábito de su Orden.

En el otoño de 1873 tuvo un ataque de bronquitis y tuvo que ser trasladada al hospital; se le eximió de su trabajo en la enfermería y se le dio un trabajo de menor esfuerzo físico: asistente de sacristán. Este trabajo le dio la oportunidad de estar mucho más tiempo en la capilla, pero este regalo no le duró mucho porque su salud empeoraba. A partir de 1877 no era sino una inválida. Pronunció los votos solemnes el día 22 de septiembre de 1878 y el 11 de diciembre volvió a la enfermería de donde nunca más salió. Sus últimos meses fueron muy difíciles ya que pasó por lo que se ha venido en llamar “la noche oscura del alma”. Fue tentada por el desánimo y la desesperación, pensaba que era indigna, que no merecía la salvación, perdió la paz interior y aun la certeza de poder salvarse. Físicamente también sufrió muchísimo: tanto tiempo en cama le produjo terribles llagas en la espalda, se le reventó una pierna, quedó sorda, pero su actitud fue siempre serena no manifestando nunca el menor signo de sufrimiento. El día 16 de abril de 1879  pidió a las hermanas que la cuidaban que rezaran el rosario. Al acabar un Avemaría, sonrió suavemente y murió. Eran las tres y cuarto de la tarde y tenía treinta y cinco años de edad. Sus funerales fueron multitudinarios. Fue sepultada en la Casa Madre, en la capilla de San José, situada en el huerto del convento.

El proceso ordinario diocesano para su beatificación se inició el día 20 de agosto de 1908 y tuvo ciento treinta y tres sesiones. En la primera exhumación del cadáver, el día 22 de septiembre de 1909, éste se encontró incorrupto. Se hizo un segundo reconocimiento el día 3 de abril de 1919 y seguía igual: la piel dura, pero intacta y de color rosáceo. El día 25 de agosto de 1913, San Pío X introdujo la Causa en Roma y aunque quedó paralizada durante la Primera Guerra Mundial, fue reabierta el 17 de septiembre de 1917. Tuvo doscientas cinco sesiones. El 14 de junio de 1925 fue beatificada por el papa Pío XI y su cuerpo fue trasladado solemnemente a la capilla principal de la Casa Madre. Durante el traslado, Monseñor Lemaître, arzobispo de Cartago, curó milagrosamente de una enfermedad incurable. Este milagro fue admitido y convalidado para la canonización, que tuvo lugar el día 8 de diciembre del año 1933. Su fiesta se celebra el día 16 de abril y en Francia, también el 18 de febrero.

Vista del rostro y las manos de la Santa (con cobertura de cera) en su sepulcro. Capilla del convento de las Hijas de la Caridad de Nevers (Francia).

Para hacer este resumen, hemos consultado el libro “La confidente de la Inmaculada” de M.T. Bordenave, editado en Nevers en el año 1912, “La peregrinación a Lourdes” de A. Combes, editada en 1959 y los propios documentos de la Causa.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es