La autenticidad de las reliquias de Santa Brígida y Santa Juana de Arco

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Detalle del rostro de Santa Brígida en una tabla gótica del siglo XV. Iglesia de Salem, Södermanland (Suecia).

Santa Brígida de Suecia
Según publicó Science Daily, el 17 de febrero del año 2010, el cráneo de Santa Brígida de Suecia que se conserva en la Abadía de Vadstena (Suecia), probablemente no es auténtico. Science Daily es una web que publica artículos científicos de actualidad, seleccionados a partir de los comunicados presentados por las universidades y otras instituciones de investigación. Un nuevo estudio realizado en la Universidad de Uppsala revela que los dos cráneos, que se creen de Santa Brígida y de su hija, Santa Catalina de Suecia, no pertenecen a dos personas que estén relacionadas por vía materna. Por otra parte, la datación realizada muestra que los cráneos no pertenecen al período en el que estas dos santas vivieron.

La parroquia de Vadstena asignó al grupo de investigación de la profesora Marie Allen del Departamento de Genética y Patología de la Universidad de Uppsala, la tarea de examinar el ADN de los dos cráneos, con el fin de confirmar el parentesco y la autenticidad. Para analizar los cráneos se utilizó un método sensible basado en el análisis del ADN mitocondrial de herencia materna. Este método hace que sea posible examinar cantidades muy pequeñas de ADN, y es a menudo un análisis exitoso de cualquier material aunque esté envejecido y degradado.

Aunque aun no hemos escrito sobre ella, cosa que haremos pronto, todos sabemos que Santa Brígida de Suecia vivió entre 1303 y 1373 y fue canonizada en el año 1391. En el año 1999, el beato Papa Juan Pablo II, la declaró como uno de los santos patronos de Europa.

Según la tradición, los cráneos de Santa Brígida y de su hija Santa Catalina (1331-1381) se han conservado en la Abadía de Vadstena, situadoa en el centro de Suecia. Santa Brígida fue famosa por sus revelaciones, profecías y peregrinaciones. Después de su muerte, sus restos fueron trasladados desde Roma a Vadstena, donde fueron colocados en una urna en el año 1381. A través de los años, pequeñas trozos de las reliquias fueron donados a diversas iglesias, monasterios, reyes y papas. Actualmente, el santuario de Vadstena contiene dos calaveras, así como veintitrés huesos. Entre ellos, un fémur que se atribuye a Santa Brígida. Un tercer cráneo que fue robado de Vadsrena en 1645, se encuentra ahora en una abadía en Holanda.

Vista de los presuntos cráneos de las Santas conservados en Vadstena, Suecia.

Un estudio antropológico y arqueológico de la década de 1950 llegó a la conclusión de que los dos cráneos que permanecen en Vadstena probablemente son de dos mujeres, de edades comprendidas entre 60-70 años y entre 50-55 años, respectivamente. Esto se corresponde bien con la teoría de que los cráneos podrían ser de Santa Brígida y de su hija.

Los científicos de Uppsala analizaron pequeñas piezas de los cráneos y concluyeron, mediante la realización de un análisis de ADN nuclear, que los dos cráneos son de sexo femenino. Por otra parte, una relación maternal puede excluirse mediante análisis de ADN mitocondrial. Hubo indicios de una diferencia en la preservación del ADN, lo que podría ser debido a la diferencia de edad entre los cráneos. El laboratorio del profesor Göran Possnert de la Universidad de Uppsala realizó pruebas adicionales, con la tecnología más avanzada de datación por radiocarbono (C-14). Los resultados también confirmaron los datos obtenidos por la realización del análisis de ADN nuclear.

Vista de la urna con las presuntas reliquias de las Santas. Abadía de Vadstena, Suecia.

Uno de los dos cráneos no puede atribuirse a Santa Brígida o a Santa Catalina, ya que pertenecen a un período de tiempo que va desde el 1470 al 1670. El otro está datado en una franja temporal del 1215 al 1270, por lo que si Santa Brígida vivió en el siglo XIV, tampoco puede ser suyo. Si la dieta de la santa hubiera sido exclusivamente de peces, estos podrían cambiar los resultados de la datación, pero según el profesor Göran Possnert, esto es muy poco probable, ya que lo lógico es que la dieta de la santa fuera variada.

Según las conclusiones de la profesora Marie Allen, los resultados de ambos métodos analíticos se apoyan mutuamente. Los análisis de ADN demuestran se hay que excluir la relación entre madre e hija y la datación por el método del radiocarbono da una diferencia de por lo menos doscientos años entre los dos cráneos. En consecuencia, como poco, hay que poner en entredicho la autenticidad de la reliquia.

Imagen de la Santa venerada en la catedral de Reims, Francia.

Santa Juana de Arco
Los análisis realizados a las denominadas “reliquias de Santa Juana de Arco”, fueron supervisadas por el arzobispo de Tours, quién determinó que no se tratan de restos carbonizados de una persona. Al contrario, estos restos óseos pertenecen a un hueso de un gato momificado y a una costilla humana, datadas entre los siglos VI y III antes de Cristo. Estas presuntas reliquias han tenido engañados durante decenios a numerosos fieles, pues al parecer huesos quemados, fueron atribuidos a Santa Juana de Arco (1412-1431), quién como se sabe murió quemada en la hoguera al ser declarada culpable de herejía.

Este amplio estudio fue realizado por un equipo pluridisciplinar compuesto por algunos médicos forenses, patólogos, genetistas, bioquímicos, un radiólogo, un zoólogo y un arqueólogo, cuyo resultado fue publicado por la revista Forensic Science Internacional y aceptado por la Iglesia. El frasco que contenía los huesos apareció por primera vez en el año 1867 en una farmacia y en su etiqueta se leía: “Estos son los restos encontrados bajo la pira de Juana de Arco, Doncella de Orleáns”.

En los análisis realizados a los restos del mencionado frasco se han utilizado diferentes técnicas, incluyéndose los análisis de ADN, microscopía, analítica química y datación por radiocarbono. Fue el equipo de investigación dirigido por el profesor Philippe Charlier, científico forense del Hospital Raymond Poincaré en Garches (Francia), quién determinó que el frasco contenía una costilla humana de aproximadamente cuatro pulgadas de largo cubierta de una capa de color negro. También se identificó parte de un fémur de un gato cubierto por el mismo revestimiento, tres fragmentos de carbón y un trozo textil de color parduzco, de la misma longitud que la costilla.

El profesor Charlier manifestó que algunos historiadores especularon entonces que un gato, tal vez simbolizando al demonio, fue arrojado a la pira funeraria de Juana de Arco, pero esto no pudo sostenerse porque mediante la datación del radiocarbono se pudo comprobar que estos restos son varios siglos anteriores a la muerte de la santa heroína francesa. El fragmento textil fue probablemente parte de la envoltura de la momia del gato, ya que la composición química de los recubrimientos fue comparable con la de los productos utilizados en el embalsamamiento por los antiguos egipcios. Este recubrimiento oscuro contenía una mezcla de betún, resinas de madera, yeso y otros productos químicos. Probablemente la resina fuera de pino, usada por los egipcios para embalsamar, porque también había trazas de polen de pino.

Vista de las ampollas que contenían las presuntas reliquias de las Santa (huesos y cenizas), que han resultado corresponder a la momia egipcia de un gato.

Los investigadores creen que los restos fueron almacenados por primera vez como una verdadera momia, pues en las farmacias medievales se usaban parte de estas como remedios medicinales; por ejemplo, una “compresa” para detener una hemorragia nasal, se hacía con restos de una momia y un jugo de hierbas medicinales.

Habría que preguntarse por qué existiría un cierto interés en fabricar una falsificación de restos de Santa Juana de Arco en pleno siglo XIX. Posiblemente este interés estuvo en algún político o facción política que para sus intereses quiso aprovecharse del legado de la santa. ¿O pudo tratarse de una broma por parte de algún estudiante de medicina o de farmacia? Fuera cual fuere la intención de quién lo hizo, la arqueóloga Anastasia Tsaliki, de la Universidad de Durham calificó a estos estudios como “un proyecto fascinante” porque permitía demostrar cómo la paleopatología se podía utilizar para dar información precisa sobre lo que se tiene como historia. Este frasco con los “presuntos” restos de Santa Juana de Arco, se conserva actualmente en el Museo de Arte e Historia en Chinón (Francia).

He querido en este pequeño artículo tratar sobre estos dos temas para demostrar que si se quiere, cuando hay dudas sobre la autenticidad de los restos de un santo, existen métodos científicos modernos como para determinarlo. Solo es necesario que la jerarquía eclesiástica correspondiente, así lo desee.

Antonio Barrero

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