San Camilo de Lelis, sacerdote fundador

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Lienzo del Santo, obra de un autor anónimo italiano. S.XVII.

Lienzo del Santo, obra de un autor anónimo italiano. S.XVII.

Hay hombres que se entregan siempre para con su semejante, hombres que ven algo oculto en el otro que muchas veces nosotros no podemos ver o que vemos y simplemente ignoramos. Es muy reciente lo que en la Iglesia llamamos Jornada Mundial del Enfermo que fue instituida por el papa San Juan Pablo II por primera vez el 13 de mayo de 1992: “He decidido instituir la Jornada mundial del enfermo, que se celebrará el 11 de febrero de cada año, memoria litúrgica de la Virgen de Lourdes… la celebración anual de la Jornada mundial del enfermo tiene, por tanto, como objetivo manifiesto sensibilizar al pueblo de Dios y, por consiguiente, a las varias instituciones sanitarias católicas y a la misma sociedad civil, ante la necesidad de asegurar la mejor asistencia posible a los enfermos”.

A lo largo de la historia de la Iglesia tenemos a muchos santos que se han dedicado a ejercer la medicina como es el caso de San Cosme y Damián, San Lucas Evangelista, San José Moscati, Santa Gianna Beretta Molla y muchos más; pero también han existido otros santos que han tratado directamente al enfermo como es el caso de San Juan de Dios y San Camilo de Lelis.

San Camilo de Lelis nació de Camila de Compelis, quien se acercaba a los 60 años de edad, el 25 de mayo de 1550, en Buquiánco, Italia central, el día de San Urbano patrono del pueblo; es por ello que su nacimiento se considera por la avanzada edad de la madre como un milagro. Su madre ya antes había concebido un hijo que pronto moriría por una enfermedad. Años pasarían hasta que naciera nuestro santo ya que su padre, Juan de Lelis no estaba frecuentemente en casa ya que era mercenario al servicio de España o de Valencia. Como Doña Camila no concebía hijo, quizás resignada a no tenerlo, se dedicó a ayudar a los pobres y vagabundos que en el siglo XVI abundaban por todas partes.

Ya estando en cinta su madre soñó que una pandilla encabezadas por su hijo, todos con una cruz roja en el pecho, avanzaba por la calle. ¿Qué sería esto? ¿Ladrones?, ¿bandoleros? Pero Dios en su Providencia haría todo lo contrario a pesar de que siendo niño tenía un carácter rebelde y reacio, descuidaba sus estudios, no hacía caso a su madre. A los trece años de edad de Camilo moriría su madre lo cual le marcó profundamente en la persona de su hijo. Se quedó a cargo de su padre quien le buscó profesor pero al ver que no tenía remedio su hijo, quedó solo la opción de los caballeros, las armas. A sus 18 años lo llevó a las batallas. San Camilo creyó que esta era su vocación se sintió lleno de placer, de aventura, de riquezas. Venecia sería amenazada por los turcos, así que su padre, él y dos primos parten hacia allí; enfermos y con hambre en Ancora deciden regresar a casa donde son acogidos en el camino en San Elpidio por un amigo y es aquí donde morirá su padre de fiebre, (recordemos su avanzada edad). San Camilo se queda sin rumbo, sin camino, sin dinero, sin ningún oficio y quehacer, enfermo, pobre pero por primera vez toma las riendas de su propio destino.

El Santo atendiendo a los enfermos. Lienzo de Pierre Sybleyras, s. XVIII.

El Santo atendiendo a los enfermos. Lienzo de Pierre Sybleyras, s. XVIII.

Viendo a franciscanos alegres por las calles cree que su vocación es ser hijo de San Francisco lo que le hace ir a L’Aquila donde vive su tío materno Fray Pablo de Loreto; cojea ya de una llaga que lleva en el pie derecho de la cual nunca se curará y sería su compañera de por vida. En dicha ciudad lo acoge su tío con alegría y pronto le diría que esa no es su vocación. Lo más importante es que tuvo toda la razón y dejó el convento. De ahí partiría al Hospital Santiago en Roma, allí debe de ganarse la comida y el tratamiento trabajando de auxiliar en dicho hospital, pero por su mala conducta, por ser jugador es despedido de dicho hospital y cuatro años más seguiría su vida de derroche y perdición.

En Manfredonia opta por pedir limosna, esta acción limpia pero humillante para él, le es dura de aceptar. Es ahí donde trabajaría en la construcción de un convento capuchino. Es con los capuchinos donde poco a poco comienza a reflexionar sobre su presente, su pasado y su porvenir. Meses después ingresaría a la Orden de los Frailes Menores Capuchinos y le llamarían “Fray Humilde” pero es una alegría que le durará poco, porque debido a su llaga le explican que debía abandonar el convento.

En otoño de 1575 regresaría al Hospital Santiago como enfermero y es allí donde poco a poco se siente sumido en las necesidades ajenas. Atendía enfermos, los escuchaba, era enfermero y a la vez enfermo, practicaba la oración y los sacramentos. Conoció a San Felipe Neri (el llamado Apóstol de Roma) sería éste su confesor y director espiritual. Regresaría a la Orden Capuchina desoyendo incluso a su confesor ya que había recuperado la salud y sería aceptado nuevamente, pero nuevamente también regresaría la llaga por lo cual sería expulsado definitivamente. Regresando al Hospital Santiago le ven sus cualidades sobre todo de bondadoso y noble y le ofrecen el cargo de “Directo Gerente” cargo que toma ya que en parte le dará un sueldo para poder vivir.

Conocida estampa del Santo abrazando a un enfermo.

Conocida estampa del Santo abrazando a un enfermo.

San Camilo se encuentra con la cruda realidad del servicio que se les prestaban a los enfermos. El servicio no era adecuado, prestado por hombres “mercenarios” que buscaban más sus ventajas personales que el propio bien de los pacientes. Médicos que practicaban con los enfermos una medicina retrasada en la cual buscaban su propio prestigio. Enfermeros perezosos y hasta en la morgue se encontraban enfermos moribundos. El ambiente era irresistible debido a la falta de higiene, existían plagas en el propio hospital como pulgas, piojos, chinches, gusanos en los cuerpos de los enfermos. Los enfermeros de esta época pertenecían a las familias más pobres y marginadas las cuales carecían de toda preparación, higiene y auxilio espiritual. Más o menos esta era la realidad a la cual se enfrentaba San Camilo.

Y qué hablar del sacerdote de este tiempo que más que asistir espiritualmente a los enfermos pensaba más en cobrar su sueldo que ejercer su ministerio. La situación era similar en todos los hospitales pero era aún peor en los otros que en el hospital de Santiago. Pasaron meses hasta que poco a poco San Camilo se fue haciendo cada vez más sensible, vio la necesidad de estar con los que sufrían y se sintió en plena unión con aquellos, sus hermanos e hijos de Dios. Curen a los enfermos… y díganles: “El Reino de Dios está cerca de vosotros” (Lc 10,9).

En el año de 1582 sintió una inspiración tras un largo día caluroso (vísperas de la Asunción) el cual incomodaba más a los enfermos y al ver la negligencia e indiferencia de los servidores mercenarios, decidió actuar mediante la conformación de una compañía de hombres píos y generosos, quienes supliendo a esos servidores mercenarios tuvieran como finalidad la de ayudar a servir a dichos hombres, no con recompensa, sino con amor y por servir a Dios; estos hombres cargarían una cruz en el pecho como distintivo.

Le siguieron hombres que trabajaban en el mismo hospital como Bernardino, un hombre ya mayor pero con espíritu joven que se encargaba de la bodega y de enfermos. Cursio, Ludovico y Benigno y además se les unió el Padre Francisco Profeta recién nombrado capellán del hospital. Camilo les dictó clases prácticas de asistencia y luego las resumió por escrito en unas “Reglas y modos concretos, para bien servir a enfermos en los hospitales”, 25 artículos muy sencillos si otro fin que el de “servir a los enfermos con toda caridad, tanto en cuanto al alma como en cuanto al cuerpo porque deseamos, con toda gracia de Dios servirles con aquel amor que una madre pone en cuidar a su único hijo enfermo” (regla 27). Posteriormente ideó la segunda parte de la “Regla de la Compañía de los Siervos de los Enfermos”.

Xilografía del Santo presente en unos Gozos en su honor.

Xilografía del Santo presente en unos Gozos en su honor.

Como todo en la sociedad surgieron chismes, calumnias por aquellos que no formaban parte del grupo y que sentían una envidia, hasta el punto en que decide dejar el hospital. Camilo, confortado por el Padre Soriano de los Hermanos de San Juan de Dios le pidió que regresara al Hospital de Santiago y retomara su cargo. En reunión con sus hermanos le aconsejan una fundación y que él se ordenase Sacerdote, algo que él nunca se había planteado, pero con 32 años ingresa al Colegio Romano de los Padres Jesuitas donde progresa rápidamente; se cuentan bromas que le hacían las jóvenes vocaciones debido a su edad a una voz: “Abuelo, tarde viniste…”. Sería ordenado el 26 de mayo de 1584 en la Basílica de San Juan de Letrán, y el 10 de Junio cantaría su primera misa en la Iglesia de Santiago.

El día 1 de septiembre de 1584 renuncia a su cargo y con él se van tres de sus seguidores: el padre Francisco, Bernardino y Crucio, ya que Benigno y Ludovico se había separado del grupo. Se van a vivir a un anexo de la Iglesia de la Virgencita de los Milagros y el 8 de septiembre les proporciona a sus amigos el hábito clerical, sin dejar de ser laicos. Ya con su regla de vida de la “Compañía de los Siervos de los Enfermos” deciden ir a Hospitales y a casas de particulares a atender a los enfermos. Tuvo conflictos con San Felipe Neri, el cual se negó a ser su confesor y el de su grupo por desobediencia a Monseñor Causano que era el director general del hospital de Santiago. Más sin embargo aunque le dolió esta situación continuó con la obra, pues era la hora del Señor y no la suya. Pronto lo empiezan a seguir otros pues su caridad les llama la atención, pero hay quienes tras semanas de estar con Camilo deciden partir pues es una vida difícil llena de trabajo con un ritmo muy acelerado de vida. En agosto de 1585 pierde a su amigo Bernardino a los 60 años de edad y esto le causa un duro golpe a San Camilo y a la naciente fundación.

En aquel entonces el Papa Sixto V se caracterizaba por ser austero, exigente y severo, pensar en una aprobación era difícil ya que era el postconciliares y de reformas, pero en la calle se encuentra al Cardenal Lauro de Mondoví quien lo escucha y al que le proporciona una copia de “Las Reglas”. Por fin el 18 de marzo de 1586, por influencia de este cardenal y de otros en el estilo de vida y servicio de estos ocho o diez hombres se aprueba solamente para la ciudad de Roma y con expresa declaración de que es una asociación sin votos públicos, sólo privados; se anota también que no es una fundación nueva, sino que remota la tradición de antiguas fundaciones. El propio papa Sixto V lo mandó llamar para poder conocerlo y aprobó el distintivo de la cruz roja en el pecho.

En 1587 abría una casa en Nápoles y es momentos después cuando el Cardenal Paleotti arzobispo de Boloña le inspira el hecho de que sus compañeros tomasen “Votos Solemnes” lo que elevaría al grado de “Orden” a los “Ministros de los Enfermos” cosa que no pensaba y aspiraba San Camilo. La cuestión, de todos modos era difícil ya que Sixto V estaba más inclinado a suprimir que a crear nuevas Ordenes. Mas sin embargó preparó y presentó la “Formula de Vida” (Constitución Fundamental). En 1590 nacieron brotes de tifus y de malaria por Roma y otras ciudades, lo que generó caos, hambre, falta de alimentos debido a falta de cosechas. Sixto V moriría y reinarían tres meses de caos debido a una falta de gobierno (algo común tras la muerte de cada Pontífice). La situación no se calmaría ya que Urbano VII reinaría trece días en la sede de Pedro, pues moriría víctima de la malaria. Camilo presta sus servicios en las calles, hospitales y casas particulares para atender a enormes masas de enfermos; varios de sus compañeros morirían heroicamente ejerciendo la caridad por atender a los enfermos. Quizá tras el trabajo de los Ministros de los Enfermos y tras dos años de discusiones entre Teólogos y Cardenales, dieron su visto bueno para aprobar la nueva orden. El 21 de Septiembre de 1591, el papa Gregorio XIV firmó la bula de aprobación de la nueva Orden Religiosa de los Ministros de los Enfermos.

Detalle del relicario con el corazón incorrupto del Santo, durante una visita a Brasil.

Detalle del relicario con el corazón incorrupto del Santo, durante una visita a Brasil.

La constitución expresa en si el ideal de la Orden que tenía en mente Camilo: “Todo el que quiera ejercer perpetuamente estas obras de caridad, piense que está muerto para el mundo y todas sus cosas y que ha de vivir únicamente para Jesucristo, y se une a nosotros para hacer penitencia de sus pecados, bajo el suavísimo yugo de perpetua pobreza, castidad y obediencia y ministerio perpetuo de los enfermos, aunque fueran contagiosos, y esto no solamente en los hospitales, sino también en las enfermerías de las cárceles donde los enfermos sufren gran necesidad de todas las cosas, tanto corporales como espirituales… y a los enfermos que mueren fuera de dichos lugares”.

Fue hasta el 8 de diciembre que profesaron solemnemente Camilo y veinticinco de sus compañeros. Camilo es elegido Superior General de la Orden e hizo una peregrinación a la tumba de Pedro y Pablo e Iglesias de mártires por Roma. El propio San Felipe Neri y Monseñor Causano reconocieron su error y reconocían la mano de Dios en las obras de la nueva orden. En esta obra de Dios muchos laicos siguieron desde su vocación laical a Camilo y es el 30 de octubre de 1592 el día de Todos los Santos, cuando dan comienzo a la cofradía de los laicos para atraerlos también a ellos a ejercer las obras de caridad en el servicio de los enfermos. Al ver la necesidad de la espiritualidad de los enfermos, emprende San Camilo la opción por preparar a sus hermanos en las letras y en estudio; así sería servidos mejor los enfermos y el Señor.

De San Camilo se dice que en la escuela de San Felipe Neri trató de suavizar su carácter áspero y rudo sin perder la propia disciplina; con los Capuchinos aprendió la humildad y el amor al sacrificio y las fuertes exigencias de la vida espiritual de los Jesuitas; todo ellos serían sus confesores en su vida. Rezaba diariamente el Rosario y exhortaba a que diario lo hicieran, tenía una piedad hacia la Eucaristía, celebraba la Misa todos los días (cosa contraria en ese tiempo). Conoció en Milán a San Carlos Borromeo que era cardenal y estaba San Camilo fascinado por la caridad que había ejercido el purpurado en las pestes de a principios de 1590 en Milán.

El primer capítulo General de la Orden se celebró en Roma en abril de 1596 en donde existió grandes tenciones por parte de los religiosos hacia el carácter de su fundador, pues se sentían incomprendidos y explotados por las autoridades en las pestes como en la peste pasada en Milán, ya que cuidar enfermos de día y de noche eran no solo agotador, sino abrumador para muchos religiosos. Se aceptó pues que en los hospitales se pudiera vivir de día y de noche como un acuerdo que al final no agradó y continuaron las tensiones. Ya en el segundo capítulo General en 1599 aún con tensiones sirvió para elaborar las Constituciones, en las que se indicaba el papel trascendental de los Hermanos en el servicio de los enfermos, la forma de gobierno de la Orden y el programa de formación de los novicios.

Vista del sepulcro del Santo. Iglesia de Santa María Magdalena, Roma (Italia).

Vista del sepulcro del Santo. Iglesia de Santa María Magdalena, Roma (Italia).

Por fin los arreglos y discusiones terminaron en el año santo de 1600 que fue aceptado por Camilo y fue presentada al Papa Clemente VIII que la aprobó e incluyó en la Bula “Suprema Dispositione” el 29 de diciembre de 1600, que se considera la segunda bula de fundación de la Orden. Hasta en los campos de batalla envió a sus Ministros de los Enfermos a Hungría y Croacia, “por primera vez brilló en los campos de batalla la cruz roja: 250 años antes del nacimiento de la Cruz Roja Internacional, los hijos de san Camilo mostraron al mundo como signo de fraternidad que supera las barreras del odio y nacionalismos”.

Su salud fue empeorando pues además de la llaga que lo acompañó toda la vida y que le provocaba una hinchazón en el pie se presentaron otras enfermedades que debilitaron su cuerpo como una hernia, callos en los pies, cólicos que lo hacían doblarse de dolor; él las llamaba las “cinco misericordias o caridades de Dios”, llegaba al punto de bromear diciendo que solo el Señor le había dejado las manos sin llagas, pues si las hubiese tenido con llagas no hubiera podido atender a los enfermos.

En septiembre de 1607 renuncia como superior General pues se sentía viejo y enfermo. El 9 de noviembre escribe: “Me siento muy débil. Quisiera, si Dios lo quiere, un poco de salud para servirlo”. En Génova anuncia con toda claridad a su enfermero que moriría en Roma el día de San Buenaventura (14 de julio según el viejo calendario litúrgico). Sus últimos días lo dedica a la oración y a escribir cartas, envió a sus hijos presentes y futuros una carta escrita cuatro días antes de su muerte. Murió San Camilo en Roma a la edad de 64 años de los cuales 40 años dedicó a los enfermos, como dije el 14 de julio de 1614. En la noche de su muerte embalsamaron su cuerpo y le sacaron su corazón el cual se encuentra en un relicario.

La noticia de su muerte corrió por toda Roma y ciudades y fue declarado por el pueblo santo desde el inicio. Pero sería beatificado en 1742 por el papa Benedicto XIV y canonizado el 29 de junio de 1746 por el mismo pontífice.

Emmanuel

Bibliografía:
“Una Vida al Servicio de los Enfermos, San Camilo”. Por José Villa Cerri. Religiosos Camilos, Guadalajara, Jalisco, México, Segunda Edición, Marzo 2004

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