Beatos Federico de Berga y veinticinco compañeros capuchinos mártires

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Foto de los beatos Federico de Berga y Modesto de Mieres.

Foto de los beatos Federico de Berga y Modesto de Mieres.

Hoy son beatificados en la catedral de Barcelona y si queremos hablar mínimamente de cada uno de ellos, este artículo ha de ser más largo de lo habitual. Durante el Capítulo Provincial de los capuchinos de Barcelona, celebrado del 13 al 16 de julio de 1936 se habló de la posibilidad de que estallase algún tipo de revuelta, con incendios de iglesias y asesinatos de sacerdotes, como había sucedido ya en otros lugares, así que se buscó el modo de poner a salvo en casa de amigos los vasos litúrgicos, reliquias y los ornamentos sagrados. Cada convento, además, tenía una lista de personas cercanas a los frailes, dispuestas a acogerlos, de manera que, al iniciarse la persecución, inmediatamente después del estallido de la guerra civil, los frailes se dispersaron y fueron acogidos por los familiares y por los amigos. Los lugares donde los frailes encontraron refugio, podían dar seguridad por algunos días o a lo más por alguna semana, ya que así se pensaba que pudiera durar la revuelta y no ciertamente por dos años y medio que era cuanto iba a durar la clandestinidad, la persecución y la caza a quien fuera sacerdote o religioso.

No fueron las autoridades de la República quienes persiguieron a los religiosos. En aquellos primeros meses de guerra, la retaguardia republicana permaneció bajo el poder de los comités revolucionarios anárquicos, que se hicieron dueños de la calle sin que nadie se lo impidiese. Los frailes capuchinos, en general, habían mantenido siempre una actitud dialogante con la República. Además, en Cataluña eran particularmente queridos por su sintonía con “la Renaixença”, el movimiento de redescubrimiento y revalorización de la identidad catalana de finales del siglo. XIX y de principios del XX. Sin embargo, precisamente esto constituyó un agravante para algunos revolucionarios, los cuales consideraban la misma República y el amor a la propia tierra y cultura como características burguesas que debían ser erradicadas como la religión. Pero la persecución no fue simplemente obra de personas no controladas. Había instrucciones bien precisas para buscar y suprimir a los religiosos. Se hicieron pesquisas en muchas casas privadas y algunos de estos mártires tuvieron que huir de una a otra casa, sin poder hallar un refugio seguro. Vamos a describir brevemente la biografía de cada uno de ellos.

Beato Zacarías de Llorenç.

Beato Zacarías de Llorenç.

Beato Federico de Berga (Martín Tarrés Puigpelat)
Nació el 8 de octubre de 1877. Vistió el hábito capuchino el 21 de noviembre de 1986 en el noviciado de Arenys de Mar. Terminados los estudios fue ordenado de sacerdote el 24 de junio de 1901. Ejerció diversos cargos en la Provincia: definidor provincial, superior regular, visitador provincial de Centro América y ministro provincial. Hay que remarcar que durante toda su vida se dedicó a predicar siendo uno de los predicadores más apreciados de su tiempo. La revolución le sorprendió siendo guardián del convento de Arenys de Mar. Fue detenido en Barcelona – en el domicilio que le había dado refugio -, el 16 de febrero de 1937. Preguntado sobre su identidad confesó sin ambages que era sacerdote. Fue asesinado la noche del 16 al 17 de febrero de 1937.

Beato Modesto de Mieres (Juan Bover Teixidor)
Nació en el pueblecito de Mieres en la provincia de Girona, el día 8 de junio de 1876. Curso estudios de humanidades, filosofía y teología en el seminario diocesano de Girona. Interrumpió los estudios poco antes de terminar la carrera. Vistió el hábito capuchino el 20 de junio de 1899, siendo ordenado de sacerdote el 20 de julio de 1902, después de haber hecho dos cursos de moral. Durante el resto de su vida se dedicó a enseñar teología. Escribió gran número de artículos, fruto de su investigación, en la revista Estudios Franciscanos y en otras publicaciones de prestigio Como cargos ejerció de definidor provincial y segundo custodio provincial. Era un religioso de profunda oración, amable, bondadoso y comprensivo con los estudiantes. El 20 de julio de 1936 abandonó forzosamente el convento de Sarrià y se refugió junto con fray Ángel de Ferreries en una casa vecina al convento. Allí fue detenido e interrogado por los patrulleros y confesó su condición de sacerdote, firmando así su sentencia de muerte, ejecutada en las afueras de Sarrià el 28 de julio de 1936.

Beato Remigio del Papiol.

Beato Remigio del Papiol.

Beato Zacarías de Llorenç (Sebastián Sonet Romeu)
Nació el 4 de junio de 1884, entró el noviciado de Arenys de Mar, vistiendo el hábito capuchino el día 25 de junio de 1899, profesando el 26 de julio del año siguiente. Cursados los estudios filosóficos en Olot y tras una breve estancia en el convento de Manresa, pasó al Comisariato de Pasto donde estudió teología. Fue ordenado de presbítero en Bogotá el 31 de marzo de 1907 y al poco tiempo regresó a la Provincia, donde durante unos pocos años fue profesor de patrología y de historia de la iglesia. Estuvo destinado en diversos conventos y se prestó siempre con alegría a las múltiples ocupaciones ministeriales. Como predicador popular incansable buscó el provecho de los oyentes y no el aplauso humano. Sus ideas expuestas con claridad, fruto de su preparación, eran comprendidas por cultos e ignorantes. Dejó varios escritos de carácter piadoso e histórico. La revolución sorprendió al padre Zacarías en el convento barcelonés de l’Ajuda. El 25 de agosto de 1936, el padre Zacarías, pasada la medianoche, fue asesinado por los anarquistas, junto a la pared del hospital Francés, única y exclusivamente por haber rezado en la Plaza de Cataluña y ser religioso.

Beato Remigio del Papiol (Esteban Santacana Armengol)
Nació el 20 de septiembre de 1885. Siendo muy joven sintió la llamada del Señor por lo que estudió humanidades en el seminario diocesano de Barcelona. Conoció a los capuchinos y admirado por su porte austero y espíritu misional pidió la admisión. Vistió el sayal franciscano el día 1 de octubre de 1901, profesando temporalmente al año siguiente y solemnemente el 4 de octubre de 1905. La ordenación sacerdotal la recibió en Arenys de Mar el 5 de junio de 1909. Recién acabada la carrera fue enviado a la misión de Filipinas, después pasó a Bluefields (Nicaragua), y a Costa Rica. En 1921 regresó a la Provincia donde residió una breve temporada y fue elegido maestro de novicios. Su regreso definitivo a la Provincia fue el 15 de octubre de 1927. Con ocasión del capítulo provincial de 1936 fue trasladado al convento de Sarriá donde le cogió la revolución. Su fe y su piedad fueron su mayor fuerza, porque ambas virtudes estaban muy arraigadas en lo profundo de su ser. Era muy devoto de Santa Teresa de Lisieux, de la que fue uno de sus mayores admiradores y propagandistas. Detenido por los anarquistas fue conducido a una checa y de allí salió para el martirio. Fue asesinado el 22 de enero de 1937.

Beato Anselmo de Olot.

Beato Anselmo de Olot.

Beato Anselmo de Olot (Laurentino Basil Matas)
Nació el 28 de diciembre de 1878. Entró en la orden una vez terminada la carrera de derecho. Vistió el hábito franciscano el 18 de octubre de 1903. Al año siguiente emitió la profesión temporal y la solemne el día 20 de octubre de 1907. Se ordenó de sacerdote el 13 de junio de 1908. En 1910 embarcó para la misión del Caquetá (Colombia), y siendo un misionero muy celoso se hizo amar en extremo por los indígenas. Debido a que tenía problemas oculares regresó a la Provincia en 1918 donde residió en diversos conventos. La virtud más sobresaliente del padre Anselmo fue la piedad, toda su vida estuvo animada de un espíritu de fe viva y especialmente por un gran amor a la Eucaristía. La revolución le sorprendió en Tarragona, pero pudo ir a Barcelona donde se refugió en casa de un sobrino que era médico. Allí pasó unos días hasta que mujer de la limpieza sospechó de él y lo denunció. Fue detenido en el piso y maltratado. Al salir dijo a la enfermera: “Rosita, tenga presente que todo cuanto ha hecho por mí se lo agradeceré siempre y en el cielo me acordaré de ustedes“. Fue asesinado el 16 de agosto, siendo reconocido el cadáver por su sobrino, horriblemente desfigurado.

Beato Benigno de Canet de Mar (Miguel Sagré Fornaguera)
Nació el 15 de mayo de 1890. A los 13 años se colocó de montador en una fábrica y empezó a sentir la vocación religiosa. A pesar que no era del agrado de sus padres, vistió el hábito capuchino en la vecina población de Arenys de Mar el día 7 de agosto de 1907, profesando al año siguiente, el día 15 de agosto con asistencia de sus padres. Fue ordenado de presbítero el 17 de junio de 1916. El 1917 embarcó para las misiones del Caquetá y allí permaneció hasta 1934. En la misiones fue secretario de la prefectura, superior regular, pro-prefecto apostólico y vicario delegado general. Regresó a la Provincia por motivos de salud y fue elegido cuarto definidor y director espiritual del colegio de filosofía y teología. Cuando estalló la revolución era el guardián del convento de Sarrià. Él, junto con el hermano portero fray Eloy, también mártir, fueron los últimos en abandonar el convento. El padre Benigno se refugió en una casa de huéspedes y desde allí preparaba su salida al extranjero. Pero los huéspedes se dieron cuenta de que era sacerdote y lo denunciaron, siendo detenido y asesinado el 19 de agosto de 1936.

Beato Benigno de Canet de Mar.

Beato Benigno de Canet de Mar.

Beato José de Calella (Juan Vila Colomé)
Nació el 19 de noviembre de 1880. Deseoso de abrazar la vida capuchina vistió el hábito en el noviciado de Arenys de Mar el 7 de octubre de 1898 y emitió la profesión simple al cabo de un año y un día y el 19 de marzo de marzo de 1904 recibió la ordenación sacerdotal. Terminados los estudios, ejerció su ministerio en diversos conventos. En su último destino, el convento de Nuestra Señora de Pompeya de Barcelona le sorprendió la guerra. Por causa de una denuncia fue detenido en el domicilio que le había acogido. Uno de los milicianos le interpeló sobre si era fraile, a lo que él respondió: “Soy el padre José de Calella”. Fue fusilado el día 9 de septiembre de 1936.

Beato Martín de Barcelona (Jaime Boguñá Casanovas)
Nació el 4 de octubre de 1895. Cursó estudios de humanidades en el seminario de Barcelona. Sintió la vocación capuchina y entró en el noviciado de Arenys de Mar vistiendo el hábito el 15 de octubre de 1910: Emitió la profesión solemne el 18 de abril de 1915 y el presbiterado lo recibió el 5 de mayo de 1918. Pasó a cursar estudios de historia en la universidad de Lovaina, terminando su carrera brillantemente. Regresó a la Provincia y se dedicó a la investigación histórica llegando a ser una personalidad en el campo de la historia medieval. Sus publicaciones y el elogio de expertos corroboran esta bien ganada fama. La guerra civil le sorprendió en el convento de Nuestra Señora de l’Ajuda, el cual abandonó, pero continuó con vivo interés sus temas de investigación y estudio, frecuentando los archivos y bibliotecas que consultara con antelación antes de julio de 1936. Desde el comienzo de la revolución vivió un poco ajeno a los sucesos, creyendo que, vestido de seglar, nadie iba a reconocerle. Los milicianos sabían con detalle sus pasos y domicilios. Le detuvieron, junto al padre Doroteo de Villalba la noche del 19 de diciembre de 1936, siendo conducidos a una checa y después al cementerio de Montcada donde fueron fusilados.

Beato José de Calella

Beato José de Calella

Beato Rafael María de Mataró (Francisco de Padre Soteras Culla)
Nació el 12 de abril de 1902. De muy jovencito sintió la llamada al sacerdocio. Conoció a un capuchino, el padre Pío de Igualada y pidió ser admitido en el seminario seráfico, ingresando a los 10 años y de allí pasó al noviciado de Manresa donde tomó el hábito el 5 de agosto de 1917. Terminados los estudios, fue ordenado de sacerdote el 1 de febrero de 1925. Fue profesor de filosofía y director del colegio de filosofía. En el capítulo de 1933 fue nombrado secretario provincial y archivero. El perfil espiritual del padre Rafael es el de una persona de gran pureza de espíritu y rectitud de intención, acompañadas de un profundo sentido sobrenatural. Hombre obediente siempre estuvo a disposición de lo que mandaran sus superiores. Identificado como religioso en la estación del tren de Sarrià fue detenido y asesinado el 1 de agosto de 1936.

Beato Agustín de Montclar (José Alsina Casas)
Nació el 8 de diciembre de 1907. Vistió el hábito capuchino en Manresa el 13 de julio de 1924, emitiendo la profesión temporal el día 14 de julio del año siguiente, y la solemne el 9 de diciembre de 1928. Recibió la ordenación presbiteral el día 20 de febrero de 1932 de manos del también mártir Dr. Manuel Irurita Almándoz, obispo de Barcelona. Apenas acabada la carrera actuó de secretario provincial. El padre Agustín, aparte de sus dotes y sensibilidad literaria, fue un religioso marcadamente piadoso. Al estallar la guerra, fue acogido en un domicilio particular; logrando pasar desapercibido aun después de varios registros e interrogatorios. Pero por motivo de una denuncia, se presentaron otra vez los milicianos buscando “al fraile”. El se presentó declarando con toda entereza que él era el religioso a quién buscaban. Eran las tres de la tarde del 12 de agosto. Antes de ser fusilado pidió a los verdugos que le dejasen preparar para morir y se lo permitieron. Impaciente uno de los milicianos ante su prolongada oración, disparó su arma contra él, cayendo desplomado.

Beato Martín de Barcelona.

Beato Martín de Barcelona.

Beato Doroteo de Vilalalba dels Arcs (Jorge Sampé Tarragó)
Nació el 14 de enero de 1908. Entró en el seminario seráfico a los 13 años, vistiendo el hábito capuchino el 13 de julio de 1924. Terminados los estudios de filosofía pasó a Roma donde se doctoró en teología dogmática. En Roma profesó solemnemente el 27 de enero de 1929 y en la misma ciudad recibió el sacerdocio el 26 de marzo de 1932. Vuelto a la Provincia su primer destino fue el de vice director de estudiantes y profesor de teología. Después ocupó otros cargos relacionados con los estudiantes, como el de director de los filósofos. Religioso piadoso, nunca murmuraba de nadie y en cuestiones sociales, siempre se inclinaba con preferencia a los pobres. Cuando fue detenido en el domicilio que le había acogido, estaba leyendo tranquilamente el Evangelio. Era la noche del 19 de diciembre de 1936 y de aquel domicilio salió para el martirio.

Beato Alejandro de Barcelona (Jaime Nájera Gherna)
Vino al mundo el 25 de julio de 1910. El día 1 de agosto de 1925 vistió el hábito capuchino, profesando solemnemente el 27 de julio de 1931. Fue ordenado de sacerdote el 11 de marzo de 1933. Su presencia como predicador era reclamada por todas partes. Además de éste ministerio se dedicó a la catequización de los niños y también demostró una especial sensibilidad hacia los más pobres. Abandonado el convento, se refugió en diversos domicilios, siendo el último una pensión, pero el 23 de noviembre de 1936, probablemente a consecuencia de una denuncia de la sirvienta de la pensión, se presentaron unos milicianos a hacer un registro. El padre Alejandro fue detenido junto con otro sacerdote, no oponiendo ninguna resistencia. Pasó a una checa y de allí salió para ser fusilado el mismo día de su detención.

Beato Rafael María de Mataró

Beato Rafael María de Mataró

Beato Miguel de Bianya (Pelayo Ayats Vergés)
Nació el 23 de agosto de 1915. Entró en el seminario seráfico el 12 de septiembre de 1924, vistiendo el hábito en el noviciado de Manresa el 24 de agosto de 1930. Profesó temporalmente al cabo de un año y un día. Cursó la filosofía en Olot, y de allí pasó a Sarrià a cursar teología y en este convento le sorprendió la guerra civil. Tenía plena conciencia de su vocación religiosa y esperaba con ilusión llegar al sacerdocio. Intentó, junto con su tío fray Eloy y con fray Jorge de Santa Pau dirigirse a su pueblo. Identificado como religioso, fue fusilado el 28 de julio de 1936.

Beato Jorge de Santa Pau (Manuel Collellmir Senties)
Nació el 7 de junio de 1917 e ingresó en el seminario seráfico de Igualada el año 1930. Vistió el hábito capuchino el 26 de agosto de 1934, profesando el 29 de agosto del año siguiente y pasando a estudiar filosofía en el convento de Sarriá. Allí le sorprendió la revolución al terminar el primer curso. Era callado y de profundas convicciones religiosas. La noche del 19 al 20 de julio de 1936, pernoctó, junto con otros religiosos, en una casa cercana al convento. Llegado el momento manifestó a la familia que le había acogido, su decisión de marchar a Olot con fray Eloy y fray Miguel. Reconocido como religioso, juntamente con fray Cipriano de Tarrasa fue detenido y asesinado el 28 de julio de 1936.

Beato Agustín de Montclar

Beato Agustín de Montclar

Beato Eloy de Bianya (Juan Ayats Plantalech)
Nació el 4 de junio de 1875. Vistió el hábito capuchino el 22 de junio de 1900, aunque antes de entrar en la Orden ejerció el oficio de albañil en el cual era muy hábil y experimentado. A fray Eloy todos los que le conocían le llamaban el “santo portero”, oficio que ejerció en el convento de Sarrià, aunque también había ejercido otros oficios. Fray Eloy estaba continuamente en la presencia de Dios y el trabajo era para él un medio para comunicarse con la divinidad. Desde la portería atendía con ecuanimidad a todos los que llamaban, auxiliando diariamente a gran cantidad de pobres, llegando a privarse de la comida e incluso a pedir trabajo para ellos. El día 20 de julio, como portero, esperó a que saliera el último religioso. El 28 de julio se reunió con fray Jorge de Santa Pau y su sobrino fray Miguel de Bianya, para partir hacia su pueblo. En la estación del Norte se hicieron sospechosos. Ninguno de ellos llevaba documentación. Les registraron y encontrando el breviario de fray Miguel, rosarios y libros piadosos, ellos confesaron sin ambages que eran religiosos. Fueron maniatados y conducidos a un desván de la estación e interrogados largamente. Antes de tres hora ya habían sido asesinados y Fray Eloy cruelmente atormentado sin ofrecer resistencia. Era el 28 de julio.

Beato Buenaventura de Arroyo Cerezo (Tomás Díaz Díaz)
Vino al mundo el 7 de marzo de 1913. Vistió el hábito capuchino en Manresa, el 21 de septiembre de 1930 y profesó temporalmente al año siguiente, el día 26 de septiembre en Arenys de Mar. En mayo de 1936 emitió la profesión solemne y recibió las órdenes menores. La guerra le sorprendió terminado el segundo curso de teología. Fue detenido en la casa donde se había refugiado. No negó su condición de religioso y dijo a los milicianos: “Por la cruz he entrado en la Orden y por la cruz quiero morir”. Y así sucedió la noche de 25 de agosto de 1936, muriendo acribillado mientras gritaba “¡Viva Cristo Rey!”.

Beato Doroteo de Vilalalba dels Arcs.

Beato Doroteo de Vilalalba dels Arcs.

Beato Marcial de Villafranca del Penedés (Carlos Canyes Santacana)
Nació el 16 de abril de 1917. Ingresó en el seminario seráfico y, alcanzada la edad para entrar en el noviciado, vistió el hábito en Manresa el 24 de julio de 1932, profesando el 25 de julio del año siguiente. La revolución le sorprendió terminado el tercer curso de filosofía. Se refugió en casa de sus padres, pero tuvieron que cambiar de domicilio ya que además de conocidos por el vecindario eran cuatro hermanos capuchinos y tres eran ya sacerdotes. En el nuevo domicilio, fray Marcial fue detenido, aunque según parece buscaban a otro hermano. Al llevarse al joven religioso la madre se puso a llorar y él la animo diciendo: “Mamá, quédate tranquila por lo que pueda sucederme. Mi conciencia está en paz con Dios”. Entrada ya la noche del 20 de agosto fue fusilado en Pedralbes. Tenía 19 años.

Beato Eudaldo de Igualada (Luís Estruch Vives)
Vino al mundo el 6 de abril de 1918. Ingresó en el seminario seráfico de su población, y, cuando llegó a la edad canónica, vistió el hábito en Manresa el 3 de septiembre de 1933, profesando el día 9 del mismo mes del año siguiente. La guerra se sorprendió cuando estudiaba el segundo curso de filosofía. Abandonó el convento el 20 de julio y, después de permanecer escondido unos días, y al funcionar de nuevo los trenes, decidió ir a vivir con sus padres en Igualada. Estuvo en el domicilio familiar y provisto de un carnet sindical se puso a trabajar en una fábrica de cartucheras, ayudando así a su familia. Algunos compañeros de trabajo le atacaban pues conocían su condición de religioso. La noche del 31 de octubre de 1936 llamaron a su domicilio tres hombres armados con un fusil, preguntando por Luis para llevarlo a declarar al comité y regresar enseguida. Al día siguiente algunos viajeros vieron el cadáver del joven religioso cerca del cementerio de una población vecina a Igualada. Tenía 18 años, siendo el benjamín de los mártires que hoy son beatificados.

Beato Marcial de Villafranca del Penedés

Beato Marcial de Villafranca del Penedés

Beato Paciano María de Barcelona (Francisco María Colomer Presas)
Nació en Barcelona el 29 de abril de 1916. Terminados brillantemente los estudios de perito mercantil, entró en la orden vistiendo el hábito el 21 de marzo de 1935 y, emitiendo los votos simples el 25 de marzo de 1935, pasó al convento de Sarrià para prepararse para los estudios de filosofía. En este convento le sorprendió la guerra. Estuvo refugiado en diversos domicilios y para más seguridad y no comprometer a los que le acogían, se refugió en una pensión de Barcelona; allí, precisamente, fue detenido junto con otro estudiante el 21 de enero de 1937. Conducidos a una checa permanecieron en ella hasta el día 24 en que fueron sacados y ejecutados clandestinamente en el cementerio de la población de Cerdanyola.

Beato Vicente de Besalú (Julián Gibrat Marcé)
Nació el 24 de marzo de 1897. Vistió el hábito capuchino en el noviciado de Arenys de Mar el 12 de septiembre de 1912. Profesó temporalmente el día 14 del mismo mes del año siguiente y la profesión solemne el 8 de septiembre de 1899. Terminados sus estudios de filosofía y teología, fue ordenado de sacerdote en Sarrià el 28 de marzo de 1903. Era devoto y entregado a una vida eucarística y mariana. La guerra le sorprendió en Olot, y, como los demás religiosos, buscó refugio. Es difícil describir las peripecias que pasó: llegó a colocarse de mozo y guardando bueyes, llegando incluso a vestirse de pordiosero para pasar desapercibido. Mientras pedía limosna fue detenido por los milicianos y llevado al Comité, que de momento no le identificaron como religioso sino como pordiosero. Fue él mismo el que se identificó como sacerdote y enseguida se pusieron a maltratarle y a insultarle. Después de un breve interrogatorio lo llevaron al lugar del martirio. Quiso que le dispararan mirando a sus verdugos. Era el 22 de agosto.

Beato Tarsicio de Miralcamp

Beato Tarsicio de Miralcamp

Beato Tarsicio de Miralcamp (José Vilalta Saumell)
Vino al mundo el 11 de junio de 1912. A los once años comenzó humanidades en el seminario menor diocesano de Solsona, pero al año siguiente entró en el seminario menor capuchino. El 4 de agosto de 1927 vistió el hábito profesando temporalmente el año siguiente el día 5 de agosto. Al comenzar la teología, tuvo que hacer el servicio militar. Emitió la profesión solemne el 14 de marzo de 1935 y el sacerdocio lo recibió el 20 de abril de 1935. Fue destinado como profesor al seminario menor, dedicándose más a la enseñanza y al estudio de la música que a la predicación. La guerra civil le sorprendió en la residencia de Borges Blanques, donde se encontraba supliendo. Se refugió en una casa amiga unos días. Al ser movilizada su quinta y al ver las seguridades que el gobierno daba a los soldados del reemplazo determinó presentarse, acompañándole el mismo alcalde. Quedó colocado en las oficinas, pero fue reconocido como religioso y, encarcelado el 5 de agosto, fue destinado a la “capilla”. La noche del 19 al 20 de agosto entraron en la capilla los milicianos y sacaron a setenta y dos víctimas, entre ellas el padre Tarsicio. Todos fueron asesinados delante del cementerio.

Beato Timoteo de Palafrugell (Jesús Miguel Girbau)
Nació el 24 de marzo de 1897. Inició el noviciado en Arenys de Mar el 12 de septiembre de 1912, emitiendo la profesión temporal al año siguiente y la solemne en septiembre de 1916. Fue ordenado de sacerdote en Vic el 20 de diciembre de 1919. La guerra civil le sorprendió en el convento de Sarrià, aunque el capítulo provincial le había destinado a otro convento. Pudo salir de Barcelona y trasladarse a Olot donde se estableció, pero a primeros de septiembre, en un registro lo encontraron, siendo conducido a la cárcel y de allí salió para el martirio, junto con otros once presos siendo sacrificados en las afueras de Olot el 31 de octubre de 1936.

Beato Ángel de Ferreries

Beato Ángel de Ferreries

Beato Ángel de Ferreries (José Martí Coll)
Nació el 11 de febrero de 1905. Entró en la orden capuchina y vistió el hábito en el noviciado de Manresa el 8 de noviembre de 1923, profesando temporalmente al cabo de un año y un día. La profesión solemne la emitió en Manresa, al cumplirse los tres años de la simple. Ejerció los oficios de limosnero de la ciudad de Manresa y de sacristán. Estaba dotado de gran habilidad para los trabajos mecánicos. Como religioso era muy piadoso y mortificado. Desde 1934 residía en Sarrià donde le sorprendió la guerra. Se refugió en el mismo domicilio que el padre Modesto, al cual no quiso abandonar. Detenido junto con el padre Modesto confesó su condición de religioso. Ambos fueron asesinados en las afueras de Sarrià el 28 de julio de 1936.

Beato Prudencio de Pomar de Cinca (Gregorio Chárlez Ribera)
Nació el 17 de noviembre de 1875. Después de superadas algunas dificultades, por causa de su salud, pudo vestir el hábito capuchino el 4 de febrero de 1905, profesando temporalmente al año siguiente y emitiendo la profesión la solemne el 6 de febrero de 1905. Ejerció los oficios de hortelano, limosnero, zapatero, portero, refitolero y cocinero. Era muy piadoso y amante de la oración y el recogimiento. Al estallar la guerra, abandonó el convento de Arenys de Mar y se refugió en casa de una familia. El buen religioso era casi ciego y el 28 de julio fue detenido junto con otros dos sacerdotes. A poca distancia del lugar del suplicio comenzaron a maltratar a las víctimas, especialmente a fray Prudencio, dándole culatazos. Finalmente cayó acribillado a balazos. Era el 28 de julio de 1936.

Beato Cipriano de Tarrasa

Beato Cipriano de Tarrasa

Beato Cipriano de Tarrasa (Ramón Gros Ballbé)
Nació el 23 de enero de 1871. Después de los estudios entro a trabajar en un comercio de Barcelona. Vistió el hábito capuchino el 7 de septiembre de 1893 y después de profesar temporalmente pasó un año en Pamplona. Volvió a Arenys de Mar y de allí a Igualada, donde profesó solemnemente el 13 de octubre de 1898. Estuvo destinado en Filipinas, Centro América y de nuevo a la provincia. Ejerció los oficios de limosnero, portero, sacristán y sastre. Por su jovialidad, llegó a ser el prototipo de la alegría franciscana, pero era también un religioso discreto y humilde. Detenido y maltratado por los milicianos en el mismo hogar donde fue acogido salió hacia el martirio. Fue fusilado el 28 de julio de 1936.

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Beato Félix de Tortosa (Juan Bonavida Dellà)
Nació el 2 de abril de 1894. Vistió el hábito seráfico el 22 de enero de 1894, profesando temporalmente al cabo de un año y un día. Emitió la profesión solemne en Igualada el 23 de enero de 1926. Después de ejercer el oficio de hortelano y limosnero de Olot, pasó al convento de Sarrià como limosnero, dependiendo del padre Provincial. La guerra les sorprendió recogiendo limosnas en Tordera. Una vez restablecidas las comunicaciones, decidió llegar hasta Arenys de Mar. Se despidió del domicilio que le había acogido y en la estación, quizás por su comportamiento y forma de vestir, fue reconocido como religioso, por lo que los milicianos le detuvieron, no oponiendo resistencia. Subió al coche y, poco después, caía fusilado junto con el párroco de la población. Era el 1 de agosto de 1936.

Como hemos visto, algunos de los nuevos mártires fueron misioneros. De estos veintiséis mártires que hoy son beatificados, diecisiete murieron entre julio y agosto. Luego la persecución comenzó a perder intensidad. El último en morir fue Fray Federico de Berga el 16 de febrero de 1937. En mayo de 1937 el gobierno de la República tomó el control de la situación de Barcelona y prácticamente cesaron los asesinatos. No obstante, la Iglesia continuó viviendo en la clandestinidad hasta el fin de la guerra en 1939.

Solo se conservan los restos de nueve de estos mártires, sepultados en diferentes cementerios catalanes, los cuales han sido exhumados previamente a la beatificación y que serán colocados en una urna. Los restos de los otros mártires no han podido ser localizados.

Antonio Barrero

Bibliografía:
Carta circular del Ministro General de los Frailes Menores Capuchinos, Roma, 4 de octubre del 2015
– Fr. Isidoro de Villapadierna, “Bibliotheca sanctórum, apéndice I”, Città Nuova Editrice, Roma, 1987
– Fr. Martín de Tarragona, “Beatificationis seu declarationis martyrii servorum Dei Friderici a Berga et sociorum ex O.F.M. Cap., in odium fidei, uti fertur, interemptorum”, Barcelona, 1957.

Enlaces consultados (06/11/2015):
– www.ofmcap.org/
– www.geocities.ws/roquegl43/vene20.pdf
– http://newsaints.faithweb.com/martyrs/MSPC44.htm

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Los Santos y el gato (I)

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Detalle de un gato en "La Anunciación" de Lorenzo Lotto.

Detalle de un gato en “La Anunciación” de Lorenzo Lotto.

Introducción
En la mitología griega y romana el gato no está presente. En cambio, solemos asimilarlo a Egipto. Heródoto narra que los egipcios le tenían gran devoción en la ciudad de Bubastis. Aquí veneraban a la diosa Bastet, representada con cuerpo de mujer y cabeza de gato. El culto al gato en la civilización egipcia se conoce desde 1550 a.C.

La simbología del gato es ambivalente: es expresión tanto del bien como del mal. Un gato puede verse en la escena de la Anunciación, obra de Vico Consorti, en la Puerta Santa de la Basílica Vaticana. Es el único caso en San Pedro del Vaticano. En la Cábala hebrea, el gato es asociado a la serpiente, símbolo del mal, siendo automáticamente convertido en emblema de la mentira y la traición, hasta tal punto de que los cristianos empezaron a representar un gato a los pies de Judas. También en el budismo el gato es asociado a la serpiente y se le reprocha que no llorara la muerte de Buda.

En la tradición patrística poco o nada se dice del gato, por lo demás, la Sagrada Escritura parece ignorarlo. Sólo hay un versículo del libro de Baruc, en el cual, profetizando la deportación a Babilonia del pueblo elegido, lo amonesta para que no caiga en los cultos paganos:

"La Virgen del Gato", óleo de Federico Barocci.

“La Virgen del Gato”, óleo de Federico Barocci.

“Tened cuidado, por lo tanto, no os volváis completamente similares a los extranjeros; que el temor a sus dioses no se apodere de vosotros. A la vista de una multitud que se postra delante y detrás de ellos y los adora, decíos a vosotros mismos: “Debemos adorarte, Señor.” Pues mi ángel está con vosotros, y es él quien se cuida de vuestras vidas. Ésos tienen una lengua pulida por un artesano, cubierta de oro y plata, pero son simulacros falsos y no pueden hablar. Y como una doncella que ama los adornos, toman oro y hacer coronas para las cabezas de sus dioses. A veces también los sacerdotes, quitándoles el oro y la plata a sus propios dioses, los gastan en sí mismos, y también lo dan a las prostitutas en los burdeles. Luego adornan con ropa, como a los hombres, los dioses de plata, oro y madera; pero no son capaces de escapar de la oxidación y la carcoma. Están envueltos en un manto de púrpura, pero hay que limpiarles la cara del polvo del templo que se posa abundante en ellos. Como el gobernador de una región, el dios tiene un cetro, pero no extermina a quien le ofende. Él tiene un puñal y un hacha en su mano derecha, pero no se librará de la guerra y de los ladrones. Por ello, es evidente que no son dioses; ¡no les temáis, pues! Así como un vaso de barro se vuelve inútil una vez roto, así también lo son sus dioses, colocados en los templos. Sus ojos están llenos de polvo, levantado por los pies de los que entran. Así como alguien que ha ofendido a un rey mantiene atrancado el lugar donde está para no ser llevado a la muerte, así los sacerdotes aseguran los templos con puertas, con cerraduras y barras, para que no sean saqueados por los ladrones. Encienden lámparas, incluso más de las que necesitan, pero los dioses no pueden ver ninguna. Son como un tramo del templo cuyo interior, se dice, se quemó, y también, sin darse cuenta, junto con sus túnicas se quemaron los insectos que se arrastran fuera de la tierra. Sus caras están ennegrecidas por el humo del templo. En su cuerpo y la cabeza anidan los murciélagos, las golondrinas, las aves, así como los gatos. De esto se deduce que ellos no son dioses; ¡no les temáis, pues!” (Bar 6, 4-22).

El gato, según los autores medievales, es tratado con sospecha y bien poca benevolencia. ¿Será culpa de esos ojos que brillan en la oscuridad y que parecen tan inquietantes? ¿O quizá por su índole sensual, que aún hoy nos hace decir “parece una gata en celo”? ¿O quizá porque, a diferencia del perro, es muy poco adiestrable, hasta tal punto de ponerlo como modelo de aquellos que no quieren someterse a las leyes divinas? He aquí por qué se asimila el gato -especialmente el de color negro- al demonio, y por extensión, a la brujería y a la blasfemia.

"Última Cena", fresco de Domenico Ghirlandaio. Convento de San Marcos, Florencia, Italia.

“Última Cena”, fresco de Domenico Ghirlandaio. Convento de San Marcos, Florencia, Italia.

El gato aparece en el arte sacro. Como ya hemos dicho antes, tenemos a Judas con el gato. Un ejemplo es Ghirlandaio y su Última Cena en el pequeño refectorio del convento dominico de San Marcos de Florencia (1481). Otros ejemplos son Lorenzo Lotto, Leonardo Da Vinci, Pieter Huys, Guido Reni, Federico Barocci y muchos otros. También el gato ha aparecido representado en lucha con el perro, en una clara alusión a la lucha entre el bien y el mal.

Sin embargo, el gato siempre ha sido útil contra los ratones, animales que valía la pena alejar porque eran portadores de la terrible peste y de otras infecciones. Esto hizo que el gato fuera un animal “de casa”, tanto que empezó a estar presente en los monasterios, entre los monjes y las monjas. El más famoso es el llamado gato cartujo. Una leyenda dice que los Cruzados que volvían de la expedición a Tierra Santa eran hospedados en las cartujas. Para compensar a los monjes por la hospitalidad ofrecida, ellos les regalaban un ejemplar de este exótico gato de pelaje azul grisáceo. Tenían fama de ser grandes cazadores de ratones, por ello los monjes empezaron a criarlos, para proteger sus graneros y despensas, así como para evitar la destrucción de sus preciosos manuscritos. Pero sólo es una leyenda, pues el gato cartujo es una de las razas felinas más antiguas, que fue importada a Francia desde Oriente por los caballeros templarios en torno al año 1100.

El gato, en las comunidades monásticas, se convirtió en casi un espejo de las virtudes propias de la vida monástica: adaptación, pobreza, soledad, discreción y capacidad de pasar repentinamente del sueño a la vigilia. Un ejemplo es el gato pintado por Antonello da Messina, en la National Gallery de Londres: “San Jerónimo en su estudio”. Aquí el gato evoca una silenciosa complicidad, una muda inspiración para los pensadores y escritores. Por último, también en la hagiografía está el gato. Una presencia esporádica, que va desde instrumento de tortura, hasta compañía caritativa.

Icono de Santa Gertrudis de Nivelles, patrona de los gatos. Obra de Marice Sariola.

Icono de Santa Gertrudis de Nivelles, patrona de los gatos. Obra de Marice Sariola.

Los Santos y el gato
Debemos iniciar, para hablar de la santidad y el gato, de la Santa de Nivelles, Gertrudis. El Martirologio Romano la recuerda el 17 de marzo: En Nivelles de Brabante, en la actual Bélgica, Santa Gertrudis, abadesa, que nacida de noble familia, tomó el santo velo de las vírgenes del obispo San Amando y gobernó con sabiduría el monasterio hecho construir por su madre, fue asidua en la lectura de las Escrituras y se consumió en la austera práctica de vigilias y ayunos.

Santa Gertrudis de Nivelles nació en Nivelles, en la región de Brabante (Bélgica) en 626 y murió el 17 de marzo de 659. Hija de Pipino de Landen, señor de Brabante y antepasado de Carlomagno, a la muerte de su padre (639) se hizo monja, junto a su madre Itta y su hermana Begga. Y la abadesa fue Itta hasta su muerte (652). Le sucedió Gertrudis, que aceptó el título, pero dejó a un fraile el poder efecto y se reservó para sí misma la tarea de instruir a monjes y monjas. Llamó de Irlanda a monjes doctos en la Sagrada Escritura y envió gente a Roma para enriquecer la comunidad con libros litúrgicos. Fue pronto rodeada de una aureola de santidad. Pero su verdadero prodigio fue la paz que consiguió entre las familias señoriales locales, divididas siempre por eternos enfrentamientos que para el pueblo sólo suponían saqueos, secuestros de rehenes y años de miseria. Cuando murió con sólo 33 años, en 659, la veneración fue inmediata.

Su cuerpo fue depositado en una capilla que posteriormente fue ampliada, arrasada y reconstruida hasta convertirse en basílica, de nuevo engrandecida, arrasada y reconstruida a través del tiempo. Sus restos serán entonces colocados en un precioso relicario del siglo XIII, destinado a ser víctima de la guerra, destruido en un bombardeo en 1940, junto con muchas viviendas de Nivelles.

Gertrudis ha sido venerada desde hace mucho como protectora contra las invasiones de ratones. La narración, carente de base histórica, es todavía señal de la admiración que siempre la ha acompañado. Esta invocación contra la infestación de roedores hace de Gertrudis de Nivelles la patrona de los gatos.

Sueño experimentado por San Juan Bosco a los nueve años de edad, en relación a Jesús, María y la salvación de las almas.

Sueño experimentado por San Juan Bosco a los nueve años de edad, en relación a Jesús, María y la salvación de las almas.

De la patrona de los gatos pasamos al sueño del santo patrón de los jóvenes: Juan Bosco. La Iglesia Católica lo recuerda el 31 de enero. Este año 2015 va a ser el bicentenario de su nacimiento en Castelnuovo d’Asti el 16 de agosto de 1815, fiesta del santo peregrino de Montpellier, que tiene en común con Don Bosco el perro, el famoso Grigio. Don Bosco murió en Turín el 31 de enero de 1888.

San Juan Bosco es el gran apóstol de los jóvenes, fue su padre y guía en la salvación mediante el método de la persuasión, de la religiosidad auténtica, del amor listo siempre para prevenir tanto como para reprimir. Sobre el modelo de San Francisco de Sales, su método educativo y apostólico se inspira en un humanismo cristiano que saca motivaciones y energías de las fuentes de la sabiduría evangélica.

Fundó los Salesianos, la Pía Unión de cooperadores salesianos y, junto a Santa María Mazzarello, las Hijas de María Auxiliadora. Entre los bellos frutos de su pedagogía, destacamos a Santo Domingo Savio, quinceañero, que bien había entendido su lección: “Nosotros, aquí en la escuela de Don Bosco, hacemos consistir la santidad en estar muy alegres y en el cumplimiento perfecto de nuestros deberes”. San Juan Bosco fue proclamado Santo en la clausura del Año de la Redención, el día de Pascua de 1934. El 31 de enero de 1988 Juan Pablo II lo declaró Padre y Maestro de la juventud, “estableciendo que con tal título sea honrado e invocado, especialmente por cuantos se reconozcan hijos espirituales suyos”.

El Martirologio Romano así lo recuerda: “Memoria de San Juan Bosco, sacerdote. Después de una dura juventud, ordenado sacerdote, dedicó todas sus fuerzas a la educación de los adolescentes, fundando la Sociedad Salesiana y, con la colaboración de Santa María Dominica Mazzarello, el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, para la formación de la juventud en el trabajo y en la vida cristiana. En este día, en Turín, después de haber cumplido con muchas obras, pasó devotamente al banquete eterno”.

Don Bosco es muy famoso por sus sueños proféticos y premonitorios, y como en las Sagradas Escrituras, el Señor habla al Santo con los sueños. El más famoso es el que tuvo a los nueve años: le pareció estar junto a su casa, en un patio muy grande, donde se veían muchos muchachos. Algunos reían, otros jugaban, no pocos decían palabrotas. Al oír las palabrotas, se lanzó a por ellos, intentando disuadirlos con puños y palabras. Pero en ese momento apareció un nombre majestuoso, noblemente vestido: su rostros era tan luminoso que no llegaba a verlo. Lo llamó por su nombre y le ordenó hacerse cargo de todos esos muchachos. Juan le preguntó quién le mandaba semejante imposible: “Yo soy Hijo de Aquélla a quien tu madre te enseñó a saludar tres veces al día”. En aquel momento apareció una mujer majestuosa junto a él, y en aquel instante, en lugar de la multitud de muchachos, había un montón de cabritos, perros, gatos, osos y otros animales. La Virgen le dijo: “He aquí tu campo, he aquí donde debes trabajar. Crece humilde, fuerte y robusto, y he aquí que lo que ahora verás que sucede con estos animales, tú deberás hacerlo por mis hijos”. Entonces, en lugar de los animales feroces, aparecieron muchos corderos mansos, que corrían, balaban y saltaban. Después de este sueño el joven Juan Bosco sintió la vocación.

Beato Ángel de Acri. Lienzo de M. Zammatei (1815).

Beato Ángel de Acri. Lienzo de M. Zammatei (1815).

El sueño de los gatos amansados que se convierten en corderos nos lleva al “predicador de los gatos”, Ángel de Acri. El Beato Ángel de Acri, religioso franiscano de la reforma capuchina, es recordado en el Martirologio el 30 de octubre: “En Acri de Calabria, el beato Ángel, sacerdote de la Orden de los Frailes Menores Capuchinos, que, recorriendo incansablemente el reino de Nápoles, predicó la palabra de Dios con un lenguaje dirigido a los simples”.

Nació en Acri el 19 de octubre de 1669, y murió en su ciudad el 30 de octubre de 1739. Lucantonio Falcone tuvo un camino vocacional singularmente trabajado. Entró y salió del noviciado capuchino dos veces. La tercera intentona fue la decisiva. Fue ordenado sacerdote en 1700 en la catedral de Cassano en Ionio. Ejercitó su apostolado como padre provincial y, sobre todo, como predicador en todo el Mediodía durante 40 años. Era conocido como el Ángel de la paz, pero la predicación sistemática fue el ministerio principal de servicio que dio a la Iglesia en la Orden Capuchina durante cuarenta años. Fue el misionero más buscado y escuchado en la Italia meridional, tanto, que se decía que cuando predicaba “en casa no se quedaban ni los gatos”. Los testimonios jurados recuerdan cómo citaba de memoria la Sagrada Escritura y cómo hacía uso siempre de la evangelización del pueblo.

En vida y tras su muerte, acaecida en 1739, realizó numerosos milagros. Su cuerpo es venerado en la basílica de Acri, que le está dedicada. Ha sido beatificado por el papa León XII en 1825. Su cuerpo, recompuesto en una urna, es objeto de veneración cotidiana en la basílica a él dedicada en la ciudad de Acri.

Si Roque de Montpellier tenía un perro caritativo, Guido de Selvena tenía un gato caritativo. Guido de Selvena, religioso franciscano de la provincia de Grosseto, nació en Selvena en 1200 y murió en el convento del Colombaio en Seggiano en 1287 o 1278. Su memoria litúrgica de Beato se circunscribe a Maremma y a la Orden, el 4 o 5 de diciembre.

Ilustración del Beato Guido de Selvena con el gato trayéndole un pájaro cazado.

Ilustración del Beato Guido de Selvena con el gato trayéndole un pájaro cazado.

El convento del Colombaio fue fundado por San Francisco en 1220 cuando regresaba de Viterbo, donde había visitado al papa Onofre III. Muchos autores, hagiógrafos y cronistas franciscanos antiguos han escrito sobre el Beato Guido, pero quien se ha ocupado de él en su mayor parte es Wadding. Todavía novicio “mereció hablar dulcísimamente con Cristo”. Transcurrió su aprendizaje en Siena, y fue llevado junto con otros jóvenes al Colombaio por el Beato Pedro Pettinaio.

El Beato Guido era un hombre de tan gran fe y amor por el Señor Jesús, que cuando estaba ya cargado de años y enfermedades, el mismo Señor quiso mandarle un gato con un afecto y una disposición singular: cada día, cazaba en el bosque un pájaro y se lo traía para que el padre Francisco de Montalcino lo cocinase y se lo sirviese al Beato. En aquella época era ya su único alimento. El mismo día en que el Beato murió, el gato también expiró a sus pies. La fecha de la muerte no es segura, de ahí que se crea que pudiera ocurrir el 21 de abril de 1287 o de 1288.

Damiano Grenci

Bibliografía y sitios:
* AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II appendice – Ed. Città Nuova
* Barbagallo Sandro – Gli animali nell’arte religiosa. La basilica di San Pietro in Vaticano – LEV, 2010
* C.E.I. – Martirologio Romano – Libreria Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
* Frigerio Luca – Bestiario medievale. Animali simbolici nell’arte cristiana – Ancora, 2014
* Grenci Damiano Marco – Archivio privato iconografico e agiografico: 1977 – 2015
* Jones D.M. – Animali e pensiero cristiano – EDB, 2013
* Maspero Francesco – Bestiario antico – Piemme, 1997
* Pisani Paolo – Santi, Beati e Venerabili nella provincia di Grosseto – Cantagalli. 1993
* Rossetti Felice – Un’amicizia coi baffi. Sorie di Santi e dei loro animali – Porziuncola, 2011
* Sitio web ladanzadellacreativittravelandexplore.blogspot.it
* Sitio web orthodoxie-celtique.net
* Sitio web papalepapale.com
* Sitio web wikipedia.org

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Beato Jeremías de Valaquia, fraile capuchino

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Estampa devocional del Beato.

Estampa devocional del Beato.

Hoy quiero escribir sobre un hermano lego capuchino, rumano de nacimiento (Ieremia Valahul) e italiano por adopción, y quiero hacerlo porque considero ejemplar su vida, causa de unidad entre católicos y ortodoxos, y porque hoy conmemoramos su festividad.

Nació en la ciudad de Tzazo, en Valaquia (Moldavia Inferior) el día 29 de junio del año 1556. De su infancia no se tienen muchos datos, aunque se sabe que sus padres eran unos piadosos campesinos católicos, que vivían con cierta holgura, que eran muy generosos y que estaban rodeados de vecinos ortodoxos con quienes tenían una cordial y pacífica convivencia. Era el primogénito de seis hermanos y cuando fue bautizado se le impuso el nombre de Juan. Sus padres, Stoika Kostist y Margarita Barbato (de origen italiano), desde pequeño, según sus propias palabras, le inculcaron las excelencias de la península italiana “pues allí vivía el Papa y todos los monjes eran santos”. Su madre había tenido contactos con los frailes franciscanos conventuales, y aunque convivía pacíficamente con sus vecinos, sentía la presión de los ortodoxos, protestantes y turcos, y añorando el catolicismo de su tierra, quería que su hijo la conociera, la sintiera y la viviera.

Juan Kostist (nuestro beato) nos cuenta que un día, cuando iba al mercado a vender las verduras que cultivaba su padre, se encontró con un mendigo, a quien socorrió y que le dijo: “Tú has de ir lejos, más allá de los montes, a tierras meridionales, a un país que se llama Italia. Recorrerás un camino muy largo y sufrirás mucho, pero no tengas miedo, porque no te ha de pasar nada malo. Al término de tu viaje te pondrás al servicio de un grandísimo Señor, lo servirás con inmenso amor y gozo y serás gratificado generosamente por ello”.

Sintiendo la llamada a la vida religiosa, recordando las palabras de su madre, el vaticinio del mendigo del mercado y un cierto impulso que finalmente le dio su padre, analfabeto como era, ya que no sabía ni leer ni escribir, sin dinero, hablando sólo el dialecto de su tierra y sin una ruta concreta preconcebida, se puso en marcha. Quería volar como los pájaros, recordando una frase que su padre le había dicho un día en el campo: “¿Ves esos pájaros que suben y bajan al cielo? Pues se parecen a los monjes, que sin ataduras terrenales vuelan diariamente hacia el Señor”.

Reliquias del beato reconocidas en Nápoles (Italia).

Reliquias del beato reconocidas en Nápoles (Italia).

El viaje fue largo, duro y aventurero, ya que el mismo nos cuenta que “para llegar hasta donde había llegado y para salvarse, había sufrido lo increíble desde que salió de su tierra. Había hecho de todo: obrero de fábrica, darle a la azada, guardar animales, servir a un médico y a un farmacéutico. Todos los oficios menos dos: paje y verdugo”. Pasó hambre y frío, tuvo que dormir a la intemperie, sentir pánico cuando era sorprendido por una tormenta y no tenía donde resguardarse e incluso verse asaltado en el camino. Atravesando la cordillera de los Cárpatos y bordeando el río Tatros, llegó hasta Brasov, cerca de Alba Iulia, que era la capital de Transilvania, quedándose allí hasta el año 1576.

Ese año recibió una ayuda inestimable: el príncipe Esteban Barthory cayó gravemente enfermo y trajo desde Bari al médico italiano Pietro Lo Iacono. Este, cuando curó al príncipe, se dispuso a regresar a su ciudad natal, necesitando un criado que le acompañara durante el viaje. Teniendo conocimiento de que en la ciudad estaba Juan Kostist, que deseaba a toda costa llegar a Italia, lo aceptó y se pusieron en marcha. Pasaron por Belgrado y llegaron a Dalmacia. El camino duró tres meses, en los cuales, Juan se hizo casi dos mil kilómetros a pie siguiendo a su señor, que iba montado en un caballo. En la ciudad de Ragusa se embarcaron para atravesar el Mar Adriático rumbo a Bari, y allí se quedó como ayudante del farmacéutico Cesare Del Core.

En Bari se llevó uno de los desengaños más grandes de su vida: pensaba encontrarse entre católicos practicantes, pero se encontró con un pueblo despegado de la práctica religiosa, donde las blasfemias, las borracheras, las reyertas e incluso los asesinatos y la prostitución estaban a la orden del día. Aquello no se parecía en nada a su Tzazo natal, donde imperaba la paz y la convivencia, donde todo era diferente, y desanimado, decidió volver a su tierra, embarcándose de nuevo hacia Ragusa.

Tumba del beato en Nápoles, Italia.

Tumba del beato en Nápoles, Italia.

Pero todo cambió de manera providencial, pues un día se encontró a un anciano que, sin conocerlo, le preguntó: “¿Adónde vas, amigo Juan?”. Él se quedó sorprendido al ver que lo llamaban por su nombre de pila y respondió: “Me vuelvo a mi tierra porque no he encontrado en Bari lo que venía buscando en Italia”. El anciano le dijo que Bari no era toda Italia, que fuera a Nápoles, a Roma y a Loreto, donde se encontraría con la Virgen y hallaría a buenos cristianos. Quedó convencido y como el farmacéutico tenía familia en Nápoles, le dio una carta de recomendación y, acompañado por un amigo, puso rumbo a Nápoles, adonde llegó en el mes de abril del año 1578, conoció a los frailes capuchinos, se puso en contacto con el padre provincial e ingresó en la Orden el día 8 de mayo, tomando el nombre de Jeremías de Valaquia.

El noviciado lo hizo en el convento de Sessa Aurunca (Caserta) y allí conoció al fray Pacífico de Salerno, viejo y santo religioso con quien trabó una amistad que le duraría toda la vida. El padre Francisco Severini de Nápoles, su confesor, superior y primer biógrafo, lo definió como un “hermano lego, simple e ignorante, despreciado por algunos de los frailes y que siempre se ocupaba de los trabajos más serviciales y penosos”. El 8 de mayo de 1579 hizo la profesión religiosa, emitiendo los votos simples de pobreza, castidad y obediencia, siendo destinado como cocinero y hortelano a los conventos de San Efrén el Viejo en Nápoles y al de Pozzuoli.

A principios del año 1584 fue enviado al convento napolitano de San Efrén en Nuevo a fin de atender a los frailes enfermos. Dicho convento tenía una gran enfermería donde se atendía a todos los frailes enfermos de los conventos pertenecientes al Reino de Nápoles, de otras partes de Italia e incluso del extranjero, o sea, que trabajo no le faltó. Él atendía preferentemente a los frailes más humildes, porque decía que “los superiores ya están suficientemente atendidos por los otros frailes”. Fue allí donde demostró un extraordinario heroísmo, asistiendo amorosamente a los frailes enfermos durante cuarenta años, hasta el día de su muerte. Los lavaba, los curaba, les daba de comer, aguantaba sus impertinencias, trabajaba sin descanso y muchas horas de la noche, se las pasaba en oración en la capilla de la enfermería. Nunca tuvo una celda propia, dormía en la enfermería donde podía y cuando estaba completamente agotado. Cuando le preguntaban el por qué no tenía una celda, decía simpáticamente que “porque no tenía dinero para pagarse una pensión”.

Instalación definitiva de la figura-relicario en el convento-seminario de Onesti (Rumania).

Instalación definitiva de la figura-relicario en el convento-seminario de Onesti (Rumania).

Pero su amor no sólo se lo demostró a los frailes enfermos; también a los pobres, a quienes daba todo cuanto podía, ya fuera de la huerta del convento, ya fuera de lo que a él le correspondía. Uno de los testigos del proceso, que lo conoció personalmente, llegó a decir que “era tan grande su misericordia y su caridad, que incluso hubiera dado sus propios ojos a quien los necesitara”. Dejaba entrar a los pobres en el convento y en la huerta, y cuando unos frailes le pusieron una cerca para impedirles el paso, protestó y profetizó: “Ya no se cosecharán más esas cebollas gordas y hermosas como cuando no existía la cerca, porque esta avaricia que no es propia de los hijos de San Francisco, causará carestías en el convento”.

Y al igual que San Francisco, ese amor lo mostraba también de manera especial con los animales, procurando su alimentación y curándolos cuando estaban enfermos o heridos. Un día, para evitar que un burro se cayera en un pozo, hizo tal esfuerzo que se dislocó un pie, haciéndose tanto daño que durante meses anduvo como un cojo.

Su amigo, fray Pacífico de Salerno, dice que cuando veía algo que no era correcto, lo hiciera quien lo hiciera, le llamaba la atención, y que siempre estaba atento a los demás, llegándole a escuchar a escondidas: “Señor, te doy gracias porque siempre he servido y nunca he sido servido, siempre he sido súbdito y nunca he mandado”. Otra frase que repetía con insistencia era: “Confiemos en la Sangre de Jesucristo que ha sido derramada por nosotros y en la Santísima Virgen, que es nuestra Madre” y esta otra: “No perdamos el tiempo, fatiguémonos cumpliendo con nuestros deberes ya que así servimos y amamos a Dios. Cuando nos sobre el tiempo, nos retiraremos a hacer oración”. Estas tres frases, resumen su vida de humildad, su opción por la vida apostólica antes que por la contemplativa y su espiritualidad cristocéntrica y mariana.

Visita de la figura relicario por diversas ciudades rumanas.

Visita de la figura relicario por diversas ciudades rumanas.

Pero, aunque él no lo quiso, porque prefería el servicio al prójimo, la vida apostólica antes que la contemplativa, estuvo favorecido por el don de éxtasis y en uno de ellos, se le apareció la Virgen quien le dijo: “Mi corona es mi Hijo”. Esta noticia se corrió entre los frailes, quienes la hicieron llegar a la princesa Isabel Della Rovere, quien encargó realizar un icono al que llamaron “icono de fray Jeremías”. Con ello contribuyó a impulsar el culto a la Theotokos, tan venerada en su Valaquia natal.

De él se cuentan innumerables anécdotas que demuestran su caridad, su gracejo, su paciencia e incluso como se ganaba a aquellos a los cuales, en principio, no les caía bien dada su forma de ser, a veces, un tanto “indisciplinada” a fin de hacerles más agradable la vida a los enfermos. Yo sólo voy a contar una, aunque en la bibliografía muy muchas y están al alcance de todos. La anécdota es ésta: como estaba completamente ocupado con el trabajo de la enfermería, tenía permiso del padre provincial y del padre guardián para poder comer algo fuera de hora y fuera del refectorio. Un día, el padre vicario, al verlo comer fuera de hora, lo reprendió con dureza y de malas maneras. Él le hizo comprender que tenía permiso para hacerlo, pero que si al vicario le importunaba, estaba dispuesto a renunciar a ello. El vicario lo vio – como vulgarmente decimos -, como una tomadura de pelo y se puso más histérico. Entonces, fray Jeremías, sin excitarse y con muchísima paciencia, le dijo: “Padre vicario, se ve que está cansado. No se tome el asunto tan a pecho. Venga conmigo; tengo preparada agua caliente y la he mezclado con hierbas aromáticas. Un buen lavado de pies le va a quitar el cansancio y le va a tranquilizar”. El gracejo con el que se lo dijo e hizo fue tal que terminó ganándose incondicionalmente al padre vicario.

Ceremonia en la parroquia de la Exaltación de la Santa Cruz en Cotnari (Rumania).

Ceremonia en la parroquia de la Exaltación de la Santa Cruz en Cotnari (Rumania).

El agotamiento durante cuarenta años de servicio a los enfermos y a los pobres, y la práctica del voto de obediencia, lo llevaron a la muerte. A finales del mes de febrero del año 1625, cuando ya tenía sesenta y nueve años de edad, fue enviado por el padre guardián para que atendiera al camarlengo del Reino de Nápoles, don Juan de Ávalos, que se encontraba gravemente enfermo en Torre del Greco. El invierno era muy riguroso, llovía copiosamente y el fuerte viento arrancaba los árboles de cuajo. En esas condiciones, agotado y anciano, tuvo que recorrer a pie los doce kilómetros que separaban ambas localidades. Cuando llegó a su destino estaba calado hasta los huesos e, inevitablemente, al día siguiente cogió una neumonía que se lo llevó por delante, muriendo en el convento de San Efrén Nuevo el día 5 de marzo a las diez de la noche, dando gracias porque moría por haber cumplido con el voto de obediencia.

Al conocerse la noticia de su muerte, miles de napolitanos acudieron al convento y ante la imposibilidad de que todos ellos pudieran darle el último adiós al fraile difunto, los frailes se vieron obligados a sepultarlo secretamente durante la noche. El proceso de beatificación lo inició el arzobispo de Nápoles el 20 de septiembre de ese mismo año y dos años más tarde el Papa Urbano VIII aprobó dicha iniciativa nombrando un comité que se encargara del mismo, y fue por eso por lo que pudieron testificar numerosas personas que lo habían conocido personalmente y por lo que existe mucha información sobre la vida de fray Jeremías, pues esta información está recogida en las actas del proceso. Sin embargo, aunque los testimonios y prodigios obrados por su intercesión fueron abundantes, el proceso cayó en decadencia hasta el año 1672, cuando nuevamente fue reabierto el caso por el Papa Clemente X, acto confirmado cinco años más tarde por el Papa Inocencio XI.

Reliquias del beato reconocidas en Nápoles (Italia).

Reliquias del beato reconocidas en Nápoles (Italia).

Pero nuevamente, la Causa cayó en el olvido. En el año 1905 el rumano Gheorghe Sion, que era un investigador apasionado de los libros rumanos sobre la antigua Roma, tuvo acceso a una “Vita di Fra Geremia Valacco”, que había sido escrito por el padre Francisco Severini de Nápoles, cosa que hemos dicho anteriormente. Al comprobar el adjetivo “valacco”, compró sin dudar el libro, haciéndoselo llegar en el año 1914 a Nicolae Iorga, quien no pudo divulgarlo a causa de la guerra. Posteriormente Gheorghe Sion lo donó a la biblioteca de la Universidad de Cluj. En 1926 lo leyó el padre Elías Daianu, quien escribió un artículo sobre fray Jeremías para publicarlo en una revista.

En el año 1946, el profesor Gregory Manoilescu fue a Italia, donde encontró una biografía más moderna titulada “Un romeno eroe en terra italiana”. Se preocupó por el tema y obtuvo el permiso para investigar la tumba de fray Jeremías ayudado por el profesor Giulio Cremona. El profesor Manoilescu descubrió el sarcófago el día 14 de octubre del 1947, dentro del cual, en un ataúd de madera estaban los restos de fray Jeremías. Junto al ataúd se descubrió una placa de mármol con la siguiente inscripción: “Hix iacet P. Jeremías Valacchi P. obiit di V Marty MDCXXV”. Los restos del beato fueron descubiertos en el convento de San Efrén Nuevo y trasladados al Roma a la iglesia de San Lorenzo de Brindisi.

El proceso nuevamente tomó impulso y el 18 de diciembre del año 1959, Fray Jeremías de Valaquia fue declarado Venerable por San Juan XXIII. En diciembre del año 1961 las reliquias fueron devueltas a Nápoles y colocadas en la iglesia capuchina de la Inmaculada Concepción de Piedigrotta. Fueron los rumanos ortodoxos quienes despertaron el interés de la Iglesia católica por su compatriota. Fue un profesor ortodoxo quien descubrió su sepulcro en el convento de San Efrén el Nuevo, convento que había sido suprimido por el gobierno italiano, que lo había transformado en cárcel. Fray Jeremías unió a ortodoxos y católicos rumanos en torno a su figura y eso es un signo más de ecumenismo y de deseos de unión entre numerosos miembros de ambas Iglesias. Finalmente, fue beatificado por San Juan Pablo II el día 30 de octubre del año 1983.

El Beato, nexo de unión entre Italia y Rumanía. Ilustración contemporánea.

El Beato, nexo de unión entre Italia y Rumanía. Ilustración contemporánea.

El 24 de septiembre del año 1992, el ministro provincial de la provincia capuchina de Nápoles, con la bendición del ministro general de Roma, dio el sí a una propuesta hecha por la diócesis rumana de Iasi para que enviase a un grupo de frailes capuchinos, los cuales se establecieron en Onesti. Allí abrieron un seminario bajo a advocación del Beato Jeremías de Valaquia. Ese mismo año, treinta y seis jóvenes rumanos católicos ingresaron en dicho seminario. En el año 2008, parte de las reliquias del Beato Jeremías, puestas dentro de una figura yacente, fueron enviadas a Rumanía, donde hizo un recorrido por varias diócesis católicas, quedando definitivamente instaladas en el convento-seminario de Onesti.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Francesco da Napoli, “Un eroe romeno in terra italiana…”, Roma, 1946.
Index ac Status Causarum, Vaticano, 1985.
– Toppi, F.J. ofm cap., “Fray Jeremías de Valaquia, un testigo de caridad llegado de Oriente”, Sevilla, 1993.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo VI”, Città Nuova Editrice, Roma, 1988.

Enlaces consultados (28/01/2015):
– www.ercis.ro/actualitate/ieremia.asp
– www.franciscanos.org/santoral/jeremiasvalaquia.html

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Beato Leopoldo de Alpandeire, fraile capuchino

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Conocida fotografía del Beato.

Conocida fotografía del Beato.

“La mano en el rosario, los ojos en el suelo y el corazón en el cielo”.

Infancia y juventud
En la provincia de Málaga se encuentra el pequeño pueblo de Alpandeire, de origen musulmán, rodeado de montañas y enclavado en un marco natural inigualable; la serranía de Ronda. En este pequeño pueblecito serrano nació el niño Francisco Tomás de San Juan Bautista Márquez Sánchez. Vino al mundo el veinticuatro de junio de 1864, día de San Juan Bautista, por esta razón también lleva el nombre del santo del día. Sus padres eran Diego Márquez Ayala y Jerónima Sánchez Jiménez, humildes trabajadores del campo, quienes, aparte de nuestro beato, tuvieron dos hijos y una hija más.

Su infancia pasó como la de todos los niños de la época, estudiando con muy pocos recursos y a la vez ayudando a sus padres en las tareas del campo. Esta familia estaba muy unida y como tal, todo lo compartían. Sus padres fueron sus primeros maestros en la Fe, de ambos dos aprendió a comportarse bien, a ser buen cristiano, a rezar las primeras oraciones cristianas etc. Solía rezar el rosario en el campo mientras cuidaba el rebaño de cabras que tenía a su cargo. El carácter del joven Francisco Tomás era tranquilo y alegre, también destacaba por ser sensato y buen compañero, además de estar muy despegado de las cosas materiales. Sus paisanos decían de él que “era todo corazón”.

No se sabe con precisión cuándo tomó la primera comunión, pero lo que sí nos ha llegado es la fecha de su confirmación. En una visita pastoral por la diócesis de Málaga, el joven obispo Dº Marcelo Spínola (Beato) confirmaba en la Fe a Francisco Tomás. Era el día once de septiembre de 1881, tenía diecisiete años, por lo tanto la primera comunión la tuvo que recibir antes. La espiritualidad del obispo quedó muy marcada en él, fue providencial, teniendo en cuanta que era conocido popularmente como el “obispo de los pobres” y él dedicó toda su vida a los pobres.

Tapiz de la beatificación.

Tapiz de la beatificación.

Iban pasando los años y su vocación no afloraba. Seguía siendo el mismo joven de siempre, bueno, amable y dado a la caridad. Por todos sus vecinos eran reconocidas estas virtudes, ellos mismos cuentan cómo no era extraño verlo repartir su dinero, ropa, calzado e incluso sus aperos de labranza a los pobres que se encontraba a la vuelta de las campañas agrícolas de la recolección de la aceituna o el cereal.

Vocación
En 1893, la familia emigró a la vecina ciudad de Ronda. Buscaban una situación económica mejor, aparte de que atravesaban por el duro momento de perder a su hermano Juan Miguel, que murió en la guerra de Cuba. En esta ciudad, al oír predicar a los Padres Capuchinos que por esos días festejaban la reciente beatificación del Beato Diego José de Cádiz, fue cuando vio clara la llamada de Dios que decía que lo siguiera. “Quiero ser capuchino como ellos”, es lo que dijo a sus familiares, cuando su deseo no era otra cosa que ingresar en la orden de los capuchinos. Con total precisión no se puede decir qué es lo que le atrajo de este carisma, probablemente fuese la humildad y dedicación a los pobres, pero en alguna ocasión dijo: “Me llamó la atención lo recogidos que iban”.

Como un chico normal, también tuvo novia. Ésta se llamaba Antonia, y durante casi tres años estuvieron de novios. Francisco Tomás, en vista de que Dios lo llamaba por otros caminos, se despidió de ella, mostrándole sus verdaderos sentimientos religiosos y haciéndole saber que su vida de ahora en adelante pertenecía a Dios. Por entonces, solicitó a los capuchinos entrar en la orden. Estos religiosos lo vieron con buenos ojos, pero debido a muchos despistes y errores en los trámites de admisión, tuvo que esperar y esperar hasta que finalmente ingresó como postulante en un convento de Sevilla, era el año 1899. En este convento creció espiritualmente practicando la oración, el silencio y la caridad; sus superiores veían en él a un joven rico en virtudes. El dieciséis de noviembre de 1900, recibió el hábito capuchino y con ello el nombre de Fray Leopoldo de Alpandeire. Este nombre que recibió y con el que ahora sería conocido, le sorprendió en un principio, debido a que no era frecuente ese nombre en la orden, seguramente él habría preferido llamarse Diego en honor a su beato predecesor, que tanto veneraba e imitaba.

Óleo del Beato, al fondo la ciudad de Granada.

Óleo del Beato, al fondo la ciudad de Granada.

Su corazón: Granada
Como hemos dicho, su primer destino, ya siendo fraile, fue Sevilla. Aquí siguió haciendo un trabajo sencillo, en medio de todos sus típicos quehaceres se santificaba. Su principal tarea era cultivar el huerto de la comunidad. Aparte de esto también se destaca por su recogimiento, alegría e espiritualidad interior; sus hermanos decían: “Se trasparenta su cara, su corazón y sus ojos”. Esto nos hace ver como transcurrieron los primeros años, en los que se “moldeaba” un santo.

En el mes de octubre de 1903 fue destinado al convento de Granada, aquí siguió ocupándose del huerto y madurando espiritualmente, era habitual verlo largas horas en oración ante el sagrario. Sus hermanos los frailes decían que “era un contemplativo entre el agua de las acequias, hortalizas, árboles frutales y flores”. En noviembre de este mismo año emitió sus votos solemnes, meta definitiva de su amor. Después de los votos marchó de nuevo para Sevilla y poco tiempo después para Antequera (Málaga), volviendo definitivamente a Granada el día 21 de febrero de 1914. En esta bella ciudad permaneció cincuenta años, hasta el día de su muerte.

A su regreso a la comunidad capuchina de Granada no sólo se dedicó a cuidar del huerto, sino que también hizo de portero, sacristán y sobre todo limosnero; por este trabajo se le conocía en toda Granada y él conoció a toda Granada. Cruzaba a diario todas las calles de la ciudad, y su trato con la gente era un trato cercano y familiar. En la alforja que llevaba colgada al hombro echaba todo cuanto recibía de la caridad. El Beato Fray Leopoldo, que quería ser un fraile contemplativo, estaba en medio del mundo santificándose y santificando con su ejemplo, cercanía, gracia y amor. Eran tiempos difíciles, de escasez, y por eso el Beato era consciente de la situación, empatizaba con la gente más desfavorecida, con los que pasaba largas jornadas.

Velatorio de fray Leopoldo.

Velatorio de fray Leopoldo.

Para todos los que se le acercaban tenía buenos consejos y oraciones, sobre todo para los niños que lo acompañaban de casa en casa. Tanto la ayuda material o espiritual de Fray Leopoldo era para muchos su único sustento, “era un fraile distinto, pero no distante”, decían los que lo conocieron. Mientras pedía las limosnas para el convento y para los pobres, caminaba en constante oración, se le acercaban para pedirle oraciones por alguna necesidad y él siempre rezaba tres avemarías, así pasó a ser popularmente conocido como el “humilde fraile de las tres avemarías”.

Al Beato Fray Leopoldo también le tocó vivir y sufrir el tiempo hostil que fue previo a la Guerra Civil. No fue nada agradable para él escuchar duras amenazas como “¡Te vamos a matar!”, “Trabaja y no te dediques a ir pidiendo”, “¡Haragán, te echaremos la soga al cuello!”, entre otra muchas cosas más. Lejos de amilanarse, seguía recorriendo Granada y ante estas amenazas y seguro de la presencia de Dios, decía: “Pobrecitos, hay que tener compasión de ellos, porque no saben lo que hacen”.

Primera sepultura del Beato, en el cementerio de San José.

Primera sepultura del Beato, en el cementerio de San José.

Pasaban los años y la figura de Fray Leopoldo de Alpandeire iba creciendo, pero esto no se debía a que en su vida hubiera algo extraordinario que lo hiciera diferente, no, nada más lejos de la realidad. Su vida y su obra no tenían nada de extraordinario, andando entre la gente creció su espiritualidad, su Fe, esperanza y caridad. Como el mismo San Francisco de Asís, creció en estas virtudes en medio de la gente, aceptando la voluntad de Dios tanto en los buenos momentos como en las tribulaciones. Vivió la pobreza evangélica, por lo tanto fue pobre como los pobres que atendía, pero rico al ser bendecido por Dios y por la gran cantidad de almas que lo admiraban.

Últimos años de vida y muerte
Fray Leopoldo fue muy longevo, con ochenta y nueve años aún seguía recorriendo las calles de Granada pidiendo limosnas. Un día sufrió una grave caída que le ocasionó la rotura de un hueso, a pesar de que esto no supuso un daño irreparable para él, desde entonces ya no salió más a pedir limosna por la dificultad que tenía al caminar.

Como todo ser humano a su avanzada edad, el fray limosnero se iba quedando sin fuerzas y poco a poco se quedó sin movilidad. El día nueve de febrero de 1956, moría santamente en este convento de Granada. Tenía noventa y dos años, y como hubiera dicho San Francisco de Asís, su padre espiritual, “la hermana muerte vino a buscarlo”.

Segunda sepultura del Beato, en la iglesia.

Segunda sepultura del Beato, en la iglesia.

Desde el mismo día de su muerte por su velatorio pasaron miles de personas, que lloraban desconsoladamente al saber que a Granada se le iba un Santo. Los niños, que tanto lo quisieron, se acercaban hasta su capilla ardiente, lejos de asustarse al ver el cuerpo presente, lloraban al ver muerto a “Fray Nipordo“, como solían llamarle.

Beatificación
Murió en olor de santidad, y desde el mismo día que se abrió al público su tumba, cantidad de personas no han dejado de visitarla. En 1961, en el convento de las clarisas capuchinas de Granada, se abrió el proceso diocesano. En 1969, sus restos son trasladados desde la comunidad hasta la cripta, donde hoy en día están expuestos a la pública veneración.

Dº José Méndez, arzobispo de Granada, introduce oficialmente la causa de canonización en 1982. En el mes de marzo de 1994, la Positio se envía para su estudio a Roma. El quince de marzo de 2008 se le declara Venerable. Finalmente, el Papa Benedicto XVI firmó el decreto de milagro atribuido a Fray Leopoldo.

Vista del sepulcro actual del Santo en el convento.

Vista del sepulcro actual del Santo en el convento.

Pasados los cincuenta años de su muerte, el doce de septiembre de 2010, tiene lugar en la base aérea de Armilla, la multitudinaria beatificación del Beato Fray Leopoldo de Alpandeire.

David Garrido

Enlaces consultados (15/02/2015):
– www.franciscanos.org/santoral/leopoldoalpandeire.htm
– www.fray-leopoldo.org

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Beatos capuchinos mártires de Antequera

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Beato Ángel de Cañete la Real González Campos.

Beato Ángel de Cañete la Real González Campos.

Brevemente quiero exponer hoy las biografías de los frailes capuchinos del convento de Antequera (Málaga), martirizados en el mes de agosto de 1936 y beatificados en Tarragona el día 13 de octubre del año pasado.

Beato Ángel de Cañete la Real González Campos
Nació en el malagueño pueblo de Cañete la Real el día 24 de febrero de 1879, recibiendo el nombre de José el día en el que fue bautizado. En su pueblo natal pasó su infancia, ingresando en el noviciado de los padres capuchinos en Massamagrell (Valencia) el día 24 de junio de 1.896. Después de realizar la profesión solemne, fue ordenado de sacerdote el día 26 de abril de 1901. Tuvo diversas responsabilidades dentro de la Orden, como Padre Guardián de varios conventos, Definidor Provincial y Custodio General. Era el padre guardián del convento de Antequera cuando sus miembros fueron martirizados.

Su salud era débil pero la sobrellevaba con admirable resignación, era extremadamente caritativo con los pobres y con los obreros, fraile humilde y obediente y de un trato exquisito con quienes se relacionaban con él. El padre Manuel de Pedrera, compañero suyo nos dice que “se distinguía por su bondad hacia los pobres y su ayuda a los trabajadores. Durante los días de reclusión en el convento nos hablaba frecuentemente exhortándonos a adoptar los designios de Dios. Aunque era el superior, si creía que no había actuado bien en alguna ocasión, siempre pedía perdón y cuando registraban el convento, nos calmaba a nosotros y se dirigía a los milicianos con mucha mansedumbre”.

Beato Gil del Puerto de Santa María.

Beato Gil del Puerto de Santa María.

Beato Gil del Puerto de Santa María Soto Carrera
Nació en la gaditana localidad de El Puerto de Santa María, el día 29 de junio de 1883, siendo hijo de Andrés Soto y Genoveva Carrera, quienes al bautizarlo en la parroquia de la localidad, le impusieron el nombre de Andrés Anastasio Marcelo Pedro de la Santísima Trinidad. Era aun un niño cuando entró en el Colegio Seráfico, iniciando el noviciado el 5 de julio de 1898, profesando solemnemente el 5 de enero de 1905 y ordenándose de sacerdote el 21 de diciembre de 1907. Ocupó diversas responsabilidades como director del Colegio Seráfico, Padre Guardián, Maestro de Novicios, Secretario y Definidor Provincial de la Orden.

Sobresalía por su prudencia, amabilidad y constancia, trabajador infatigable que no rechazaba ningún tipo de trabajo, obediente y observante riguroso de la pobreza franciscana. Hombre de oración y de estudio, con gran capacidad de trabajo, que tenía en gran estima el buen uso del tiempo, que preparaba concienzudamente sus predicaciones y sus clases y que aprovechaba cualquier ocasión para mortificarse. El padre Ángel de León nos dice que: “yo estaba con él cuando lo llamaron para matarlo y pude observar que acogió la noticia con verdadera resignación y perfecto dominio de sí mismo”. Se conservan algunas cartas suyas y en una de ellas, le escribe a la capuchina de Córdoba Sor Inés del Divino Pastor: “Respecto al futuro, ¿quién, sino Dios, sabrá lo que ha de pasar? Orar, hacer penitencia y estar alerta es lo único que podemos hacer por nuestra parte… Si las cosas saliesen mal, que el arcángel San Rafael guíe nuestros pasos, que en todo momento seamos de Jesucristo y le confesemos ante todo el mundo, pues de esta manera venceremos aunque perdamos la vida”.

Beato Ignacio de Galdácano.

Beato Ignacio de Galdácano.

Beato Ignacio de Galdácano Recalde Maguregui
Nació en Galdácano (Vizcaya) el día 7 de febrero de 1912, siendo bautizado al día siguiente de nacer, recibiendo el nombre de José María. Fue educado cristianamente por parte de sus padres y el coadjutor de su parroquia y ya desde pequeño mostró su inclinación hacia la vida religiosa. Hizo sus estudios de humanidades en el Colegio Seráfico de Antequera, entrando en el noviciado el 3 de julio de 1928, realizando la profesión solemne el 31 de agosto de 1933 y ordenándose de sacerdote el 6 de abril de 1935. Su primera responsabilidad fue como profesor del Colegio Seráfico, distinguiéndose por ser un hombre estudioso, trabajador y plenamente ilusionado con la música llegando a formar un coro que era las delicias de cuantos acudían a la misa dominical. Era el fraile más joven del convento.

El compatriota suyo, fray Romualdo de Galdácano dice que “el padre Ignacio era de carácter bondadoso y afable, criado en el seno de una familia cristiana. Su madre, doña Rosa, se distinguía por su ayuda a la ermita de San Bernabé, que estaba enfrente de su casa y él, de pequeño, acompañaba a su padre en los trabajos del campo. En el seno de esta familia cristiana de trabajadores, se forjaron los primeros años de su niñez… En el Colegio Seráfico el padre Prefecto casi siempre estaba enfermo y mientras los alumnos no nos acordábamos de él, solo el padre Ignacio tuvo la delicadeza de visitarle. Cuando el padre Prefecto se curó, nos convocó a todos los alumnos y nos puso a todos, salvo a él, un suspenso en conducta”.

Beato José de Chauchina Casares Menéndez.

Beato José de Chauchina Casares Menéndez.

Beato José de Chauchina Casares Menéndez
Nació en la granadina localidad de Chauchina el día 25 de febrero de 1897, siendo sus padres, José María Casares Chica y Modesta Menéndez Sierra. Fue bautizado una semana más tarde imponiéndosele el nombre de Alejandro de los Sagrados Corazones de Jesús y María. Con doce años de edad entró en el Colegio Seráfico de Antequera, destacando por su piedad y candidez. Ingresó en el noviciado el 18 de agosto de 1912, hizo la profesión solemne el 20 de agosto de 1916 y se ordenó de diácono, no llegando a ser ordenado de presbítero por padecer una enfermedad nerviosa.

Fue enviado al Colegio Seráfico de Antequera, donde demostró ser un gran trabajador y un buen escritor; tenía una bondad tan grande que era un verdadero padre para sus alumnos. El padre Claudio de Trigueros dice que “tenía un corazón que era aun más grande que su inteligencia”. Se distinguió por su caridad extrema, no siendo capaz de negarle un favor a todo aquel que se lo pidiese. “Era bueno y simple, un ángel, como un niño pequeño debido a su ingenuidad y simplicidad”. Antes de ser asediado el convento de Antequera en julio de 1936, Fray José de Chauchina estuvo refugiado durante unos días en casa de un carpintero, pero quiso volver al convento para correr la misma suerte que el resto de su comunidad.

Beato Crispín de Cuevas de San Marcos.

Beato Crispín de Cuevas de San Marcos.

Beato Crispín de Cuevas de San Marcos Pérez Ruano
Nació en la aldea malagueña de Cuevas de San Marcos el día 27 de diciembre de 1875; era hijo de Juan Pérez Valverde y Antonia Ruano Burgueño y dos días después de su nacimiento, fue bautizado imponiéndosele el nombre de Juan Silverio. Desde muy pequeño mostró un gran amor a la Virgen asistiendo diariamente al rezo del rosario en su parroquia. Entre sus compañeros destacaba por sus buenos modales, por su dulzura y por su candor. Con treinta años de edad, el 7 de septiembre de 1905, ingresó en el noviciado capuchino, haciendo su profesión solemne el 28 de noviembre del año 1909.

Fue destinado a la Custodia de Santo Domingo en América Latina, donde destacó por su entrega generosa y su colaboración en todos los trabajos fuesen cuales fuesen, regresando a Andalucía en el año 1925. Era muy caritativo, humilde y exquisito en el trato, fiel observante de las Reglas y muy perseverante en la oración. El padre Jerónimo de Málaga dice de él: “Fray Crispín de Cuevas era muy humilde, jamás se hacía notar, era muy amante de la pobreza. Si se le daba alguna cosa, la recogía, pero si se le negaba, nunca protestaba. Su humildad le hacía siempre pasar desapercibido. Se preocupaba mucho por su Comunidad y procuraba que siempre todo estuviese en orden. Su mente siempre estaba absorta en Dios”.

Beato Luís María de Valencina.

Beato Luís María de Valencina.

Beato Luís María de Valencina Limón Márquez
Nació en el sevillano pueblo de Valencina de la Concepción el 27 de marzo del 1885, siendo sus padres, Luís Limón y María Dolores Márquez, quienes lo bautizaron imponiéndole el nombre de Jerónimo María de la Santísima Trinidad. Sus padres eran muy piadosos y en este ambiente fue educado, ingresando en el Colegio Seráfico de Sanlúcar de Barrameda, donde destacó por su piedad y austeridad. Inició el noviciado el 8 de mayo del año 1900 e hizo la profesión solemne el 5 de enero de 1905. Se ordenó de sacerdote el 4 de abril de 1908.

Fue guardián de los conventos de Sanlúcar de Barrameda, Sevilla y Antequera y posteriormente, Ministro Provincial. Destacó como predicador, como director de ejercicios espirituales y como fiel observante de la Regla. El padre Claudio de Trigueros, que lo tuvo como guardián en Sanlúcar, dice: “Era muy delicado de conciencia respecto a la virtud de la pureza y sobre este particular, no soportaba ni siquiera que se pronunciaran palabras con doble sentido; era muy querido por la gente y un verdadero franciscano”. Era ya mayor de edad cuando fue nombrado director del Colegio Seráfico de Antequera, pero pronto se adaptó a la forma de actuar de los jóvenes seminaristas, a los que les inculcó un verdadero amor a la Santísima Virgen.

Beato Pacífico de Ronda.

Beato Pacífico de Ronda.

Beato Pacífico de Ronda Rodríguez Navarro
Nació en Ronda (Málaga) el 8 de noviembre de 1882, siendo sus piadosos padres José Rodríguez y María Navarro, quienes lo bautizaron el día 13 imponiéndoles el nombre de Rafael Severiano de la Santísima Trinidad. Desde niño mostró una conducta ejemplar y siendo adolescente quiso pertenecer a la Orden Capuchina, cosa que hizo, ingresando en el noviciado el 12 de noviembre de 1901, con diecinueve años de edad. Realizó la profesión solemne como hermano lego, el 15 de noviembre de 1906.

Fue el hermano limosnero del convento de Antequera, ganándose el cariño de todos los bienhechores de la Orden, pues su conducta era intachable y su trato era muy correcto y educado. Cuando el ambiente empezó a enrarecerse en el verano de 1936, solicitó irse a casa de unos amigos, pero aunque fue acogido cariñosamente, decidió regresar al convento al día siguiente, diciendo: “Lo que haya de pasarle a mis hermanos, me pasará también a mí. Que se haga la voluntad de Dios”. Y así, regresó al convento, participando en todos los avatares a los que se vio sometida la Comunidad.

Martirio
Iniciada la guerra civil el 18 de julio de 1936, el padre Ángel se preocupó de que los niños seráficos fueran puestos a salvo, haciéndose cargo de ellos unas familias antequeranas; aun así, quedaron en el convento catorce de ellos que finalmente se salvaron. Desde que se inició la guerra, el convento de los frailes capuchinos de Antequera se vio asediado y acosado. Durante dieciocho días no se les permitió a los frailes ni salir del convento, ni recibir comida ni visitas y ni siquiera mirar a la calle desde las ventanas, aunque bien es verdad que recibieron algo de comida y vino para celebrar la misa que, clandestinamente, les llevaron dos guardias civiles. Siempre había un grupo de milicianos apostados frente al convento y apuntando con armas de fuego. Dentro del convento tenían cierta libertad de movimiento, pero no podían salir aunque en los primeros días del asedio, algún religioso vestido de paisano, pudo escaparse y refugiarse en el Asilo de las Hermanitas de los Pobres. Luego, el control fue más exhaustivo y férreo.

Durante todos estos días, los frailes siguieron observando estrictamente las normas de vida de la Comunidad, recitando las horas canónicas en el coro, celebrando la misa conventual y exponiendo el Santísimo en el rezo de las Vísperas y del Rosario. El padre guardián, Ángel de Cañete la Real, les exhortaba para que estuviesen preparados y dispuestos a morir si fuera preciso.

Sepulcro de los mártires en el convento capuchino de Antequera (España).

Sepulcro de los mártires en el convento capuchino de Antequera (España).

Finalmente, el convento fue asaltado de manera violenta la tarde del 6 de agosto y durante este asalto, a Fray Crispín de Cuevas, que estaba rezando en la iglesia ante el altar de la Divina Pastora, a golpe de fusil lo malhirieron y derribaron por tierra. Fray Luís de Valencina intentó escaparse por una ventana del dormitorio de los seminaristas, pero en el intento cayó a tierra lesionándose el pie derecho, por lo que fue transportado en una camilla a “la Cruz Roja”. Fray Pacífico de Ronda intentó salir por la puerta de la huerta, pero fue detenido por los milicianos y llevado a comisaría.

Los frailes que estaban en el convento fueron detenidos haciéndoles desfilar entre un gentío congregado en la explanada exterior del convento y que a gritos pedían su muerte. Iniciaba la fila Fray Gil del Puerto de Santa María; todos los frailes, llevaban crucifijos entre sus manos e iban rezando el breviario. En el centro de la plaza, a los pies de un monumento a la Inmaculada, fueron fusilados Fray Ángel de Cañete la Real, Fray Gil del Puerto de Santa María, Fray Ignacio de Galdácano, Fray José de Chauchina y Fray Crispín de Cuevas.

Como he dicho anteriormente a Fray Luís María de Valencina lo cogieron al caer por la ventana y mientras era transportado a la Cruz Roja fue rodeado por numerosas personas que pedían que lo matasen. Al llegar a las puertas del centro sanitario, lo arrojaron al suelo y mientras decía: “En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu”, fue asesinado a balazos en el llamado “Callejón de los Avisos”.

Fray Pacífico de Ronda estuvo detenido en los calabozos de la comisaría y desde la ventana de la celda escuchó el vocerío de la gente cuando sus compañeros cayeron fusilados. Dándose cuenta cual era su destino, pasó todo el tiempo en oración, rezando el rosario o el Oficio Parvo de la Virgen. El 7 de agosto fue conducido, junto con otros dos detenidos, a una furgoneta y antes de subir a ella fue abatido a balazos.

Urna del Beato Luís María de Valencina en su pueblo natal.

Urna del Beato Luís María de Valencina en su pueblo natal.

Los restos de los siete mártires se veneran actualmente en el convento capuchino de Antequera, aunque parte de los del beato Luís María de Valencina, fueron enviados a su pueblo natal. Como dije al principio del artículo, estos siete frailes capuchinos de Antequera fueron beatificados el 13 de octubre de 2013.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– RAMÍREZ PERALBO, A., “Historia del martirio de siete capuchinos de Antequera”, A. Ramírez Peralbo, 1997.

Enlace consultado (08/05/2014):
http://sietecapuchinosantequera.blogspot.com.es

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