Beato Carlos de Foucauld

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía de juventud del Beato.

Se llamaba Carlos Eugenio de Foucauld y nació en la Alsacia francesa, concretamente, en Estrasburgo el día 15 de septiembre del año 1858, siendo hijo de una familia ilustre, cuyo padre era el vizconde José Francisco Eduardo de Foucauld y su madre, Isabel Beaudet de Morlet; él también tenía el título de vizconde de Foucauld. Sus padres se habían casado tres años antes, teniendo un hijo que murió recién nacido.
Calos Eugenio, con solo seis años de edad quedó huérfano, pues su madre murió el 13 de marzo de 1864, con solo 35 años de edad y el 9 de agosto del mismo año, murió su padre con cuarenta y cuatro años. El y su hermana Maria fueron confiados a su abuelo materno, el coronel Carlos Gabriel Beaudet de Morlet y bajo la tutela de su abuelo ingresó en la escuela diocesana de San Arbogasto y posteriormente, con solo diez años, en el Liceo de Estrasburgo.

La invasión alemana de septiembre de 1870 les obliga a dejar su casa y su ciudad, refugiándose el abuelo y sus nietos en la ciudad de Nancy donde el 28 de abril de 1872, recibió la primera comunión. Ya en ese acto mostró una especial piedad, acorde con la vida religiosa que se vivía en su familia, pero dos años más tarde, se alejó de la fe debido a la carencia de una buena formación filosófica y a la lectura de libros peligrosos, que no eran ejemplos de vida cristiana y que le facilitaban sus propios profesores.

Después de prepararse durante dos años en la Escuela de Santa Genoveva regida por los jesuitas, con dieciocho años, entró en la Escuela Especial Militar de Saint Cyr, pasando dos años de instrucción en caballería. Consiguió el grado de subteniente y fue enviado a la guarnición de Pont-à-Mousson (Francia) y posteriormente, en 1880, a Sétif (Argelia). En estos años de vida militar llevó una buena vida gracias a la herencia que le dejó su abuelo, que la había hecho a partir de la Revolución Francesa, por lo que en marzo de 1881 fue dado de baja por indisciplinado y por conducta inmoral, marchando con su amante a Évian. Pero ese mismo año reingresó otra vez voluntariamente en el ejército, incorporándose a una campaña contra un integrista musulmán llamado Bou-Amama, que fomentaba la guerra santa en el sur de Orán, en la frontera entre Argelia y Marruecos. En esas circunstancias conoció al teniente Enrique Lamperrine d’Hautpoul, que le sugirió establecerse en el macizo de Hoggar (Argelia) con un intérprete, el barón Colassanti, con el que colaboró en el estudio del “tifinagh” que era la lengua de los “tuaregs”. En esta campaña militar tuvo un comportamiento ejemplar.

El Beato junto a un anciano tuareg. Fotografía de 1904.

En el año 1882 dejó el ejército y se dedicó a estudiar el árabe en Argelia; haciéndose pasar por judío, durante dos años exploró Marruecos y al volver, recogió sus observaciones topográficas en una obra llamada “Reconnaissance au Maroc”, que fue premiada por la Sociedad Geográfica de París y que se reeditó en varias ocasiones por su indiscutible valor científico. Exploró también Argelia y parte de Túnez.

Pero en el año 1886 ocurrió lo que llamaríamos su conversión: la bizcondesa Maria Olivier de Bondy le recomendó la lectura de algunos libros religiosos y se puso bajo la dirección espiritual del sacerdote Enrique Huvelin, párroco de la de San Agustín de París. Arrepentido de la vida disoluta que hasta entonces había llevado, se dedicó a la penitencia y a la oración. Su vida dio un vuelco como un calcetín; el mismo lo cometa: “Como me creía como un dios, para mí estaba claro que no podía hacer otra cosa que vivir mi vida”.
Aconsejado por su director espiritual visitó Tierra Santa en el año 1888 y de vueltas a Francia, hizo cuatro veces los ejercicios espirituales para decidir cual sería en concreto su vocación y siendo propenso a la vida contemplativa, se decidió por la Trapa: el día 16 de enero del año 1889 fue recibido por el abad de la Trapa de Nuestra Señora de las Nieves en Viviers vistiendo el hábito cisterciense y se hizo monje trapense tomando el nombre de Maria Alberico.

Como sabía árabe, fue enviado a la Trapa de Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Abbès, en Siria y allí fue testigo de la masacre de cristianos armenios por parte de los musulmanes turcos. Allí inició sus estudios eclesiásticos aunque los terminó en el Colegio Romano.
El 14 de junio de 1896 redactó la “Regla de los ermitaños del Sagrado Corazón de Jesús” y en enero de 1897 fue dispensado de sus votos simples a fin de que pudiera ir a Tierra Santa para dedicarse a la oración y al trabajo con la misma humildad y pobreza en las que vivió la Sagrada Familia.
Llegó a Nazareth y fue admitido como criado y comisionario de las monjas clarisas, viviendo como ermitaño en una pequeña choza junto al convento. Allí, dedicaba la mayor parte de su tiempo a la contemplación, a la lectura de las Sagradas Escrituras y de las obras de los Santos Padres. Estaba particularmente interesado en los textos de San Juan Crisóstomo, Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz y en las encíclicas de León XIII.

El Beato junto a un esclavo argelino.

Posteriormente, desde el 4 de octubre de 1898 al 20 de febrero de 1899, vivió en una casita adosada al muro del convento de las clarisas en Jerusalén; allí escribe “Las Constituciones de los Pequeños Hermanos de Jesús”, con un reglamento que reelaborará años más tarde previendo la fundación de una rama femenina. Volvió nuevamente a Nazareth tras renunciar a establecerse en el monte de las Bienaventuranzas y allí escribió sus meditaciones, entre ellas la célebre “Oración del abandono”.

Dejó Tierra Santa el 1 de agosto de 1900 y, pasando por Roma, fue a la Trapa de Nuestra Señora de las Nieves, en Francia a fin de prepararse para el sacerdocio, cosa que decidió tras dedicar en Tierra Santa muchísimas horas a la contemplación de la Eucaristía y decidir que había que llevar el Sacramento a las tierras donde no era conocido.
Preparado ya, el obispo de Viviers lo ordenó de sacerdote en la capilla del Seminario, el día 9 de junio del año 1901 y de acuerdo con el prefecto apostólico del Sahara, se estableció en Béni-Abbès en la frontera entre Argelia y Marruecos. Su intención, como escribió a su prima, la señora de Bondy el día 9 de septiembre del 1901, era “hacer el mayor bien posible a los numerosos y abandonados pueblos musulmanes, llevándoles a Jesús en el Santísimo Sacramento”.

El día 3 de mayo del año 1905, invitado por el general Laperrini y estimulado por el prefecto apostólico del Sahara, fue a las montañas de Hoggar, en el desierto argelino y el 13 de agosto a Tamanrasset donde construyó una pequeña ermita. Con posterioridad construiría otra en Aschrem, en una de las cimas del Hoggar. Allí, con la ayuda del barón Colassanti-Motylinski y con la intención de evangelizar a los tuaregs, se volvió a dedicar a perfeccionar el conocimiento de su lengua, redactando diversas obras de lingüística y de etnología, entre ellas, un diccionario tuareg-francés.
Sin embargo, compaginaba este importante trabajo científico y diversos viajes que realizó a Francia, con una intensa vida de oración y de beneficencia a favor de los tuaregs.

Fotografía del Beato junto a dos esclavos que liberó.

Durante la Primera Guerra Mundial, se mostró especialmente vigilante en la protección de estas poblaciones nómadas, amenazadas por las bandas de los bandidos “rezzou” que provenían principalmente de territorio libio. Aunque algunos intentaron tergiversar su misión diciendo que era un colonialista o un espía francés, su único objetivo en el Sahara era la evangelización de los militares, de las tribus locales y de los tuaregs.
Como consecuencia del ambiente criminal que se había extendido por el Sahara, el 1 de diciembre del año 1916 fue asesinado en la puerta de su ermita en el curso de un ataque de forajidos a Tamanrasset. Él lo había presentido: “Creo necesario morir como mártir, despojado de todo, tendido en el suelo, desnudo, cubierto de heridas y de sangre, de forma violenta y con una muerte dolorosa”.

Su causa de beatificación la inició en el año 1927, el prefecto apostólico de Ghardaia, pero como sus escritos eran muy numerosos y fueron examinados con lupa y además el proceso se interrumpió durante la guerra con Argelia, no se aprobó hasta el 1 de junio de 1968, así que la Causa se introdujo en Roma el 13 de abril de 1978.
Parte de sus escritos originales pertenecientes al archivo de la causa de beatificación, son actualmente propiedad de la diócesis de Laghouat y están depositados en el archivo de la Conferencia Episcopal Francesa.
El papa San Juan Pablo II lo declaró venerable el día 24 de abril del 2001 y fue beatificado el 13 de noviembre del año 2005, por el Papa Benedicto XVI en la Basílica de San Pedro. Su festividad se celebró ayer, día 1 de diciembre. Está sepultado en el desierto argelino (El Golea) y su tumba es meta de peregrinaciones.

La espiritualidad del Beato Carlos Jesús de Foucauld tiene algo de ignaciana, adquirida cuando hizo los ejercicios espirituales; cisterciense por los años que estuvo en la Trapa; franciscana por el contacto que tuvo con ellos y con las clarisas en Tierra Santa; carmelita por su avidez de leer las obras de Santa Teresa y San Juan de la Cruz. En fin, en su formación espiritual tuvo diversas influencias, incluso de los Padres del desierto.
Esta espiritualidad era predominantemente cristocéntrica, eucarística y misionera, caracterizándose por la imitación a Cristo, por su predilección por la Sagrada Familia de Nazareth y por una fraternidad universal. De hecho se le llama “el hermano pequeño de Jesús” y el “hermano universal”. Destacan también en él el inmenso amor a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y a Santa María Magdalena. Fue un testimonio de vida contemplativa y de caridad. Él mismo dice: “Mi vida es una vida de monje misionero fundamentada en tres principios: la imitación de la vida oculta de Jesús en Nazareth, la adoración al Santísimo Sacramento y el establecimiento en medio de los infelices más abandonados intentando hacer todo lo posible por conseguir su conversión”.

Sepulcro del Beato. Desierto de El Golea, Argelia.

El Vaticano reconoció sus virtudes antes de ser beatificado, pues el Papa Beato Pablo VI en su encíclica “Populorum progressio”, lo menciona llamándolo “hermano universal” presentándolo como modelo de apóstol. San Juan Pablo II, en su visita a París, lo mencionó como uno de sus maestros espirituales.
Después de su muerte han aparecido diversas congregaciones religiosas que se han inspirado en su espiritualidad. Tres de ellas son de derecho pontificio: “Las pequeñas hermanas del Sagrado Corazón de Jesús”, “La fraternidad de las pequeñas hermanas de Jesús” y “Los pequeños hermanos de Jesús”.
Existen también “Las pequeñas hermanas del Evangelio”, “La Unión de Nazarenas del Padre de Foucauld”, “Las pequeñas hermanas de Nazareth”, “Los pequeños hermanos del Evangelio” y “Los pequeños hermanos de la Cruz”. Existen otros grupos religiosos que se inspiran en su espiritualidad, pero sería largo enumerarlos.

Son tantos sus escritos que para no alargar el artículo he preferido no relacionarlos a sabiendas de que hay información suficiente en Internet. Asimismo, son numerosas las biografías escritas sobre nuestro beato y aun más los estudios realizados sobre su espiritualidad. Todo esto daría para un segundo y largo artículo.
Como existen numerosas fotos auténticas del beato es fácil representarlo iconográficamente.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es