Santa Eufrasia Eluvathingal, religiosa de rito malabar

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía de la Santa en su hábito de carmelita.

Fotografía de la Santa en su hábito de carmelita.

Santa Eufrasia del Sagrado Corazón de Jesús, nació el 17 de octubre del año 1877 en la aldea de Kattor, perteneciente a la diócesis de Trichur, en la India, siendo hija de Antonio y Kunjethy, católicos de Rito Siro-malabar, quienes le impusieron el nombre de Rosa en el bautismo, celebrado el día 15 del mismo mes de octubre. Frecuentó la escuela elemental de su localidad y la profunda devoción que tenía su madre a la Santísima Virgen, se la inculcó desde niña a su hija Rosa, llegando a tener esta devoción mariana gran influencia en la futura vida de nuestra santa. Su madre le hababa también frecuentemente de Santa Rosa de Lima, de su forma de vida y de sus virtudes y esto influyó asimismo en los deseos de Rosa de querer llegar a la santidad aunque viviendo de manera escondida y tranquila.

Conforme crecía, empezó a despreocuparse de las cuestiones materiales, estando cada vez más interesada por todo lo relacionado con la vida religiosa. Se dice que con sólo nueve años de edad, se le apareció la Virgen María y ante Ella, Rosa se consagró a Jesús y que, a pesar de la fuerte oposición de su padre, que quería casarla con un hombre rico para mantener el estatus social de la familia, determinó que quería ser religiosa. Y de hecho, aunque desde pequeña su salud era muy débil, ya en su casa vivía como tal, pues compaginaba los estudios y la ayuda a su madre, con una intensa vida de oración, el rezo diario del rosario y la abstinencia de comer carne. Pero en su casa ocurrió una desgracia: una hermana menor murió de muerte súbita y eso hizo cambiar radicalmente la oposición de su padre, que accedió a que Rosa ingresase en un convento. Él mismo la acompañó personalmente para que ingresara en el colegio anexo al convento, que en Koonammavu tenía la Congregación de la Madre del Carmelo, fundada por San Kuriakose Elías Chavara. Allí permaneció por espacio de nueve años, siempre con el propósito de entrar en el convento.

He dicho anteriormente que era débil de salud y este estado físico le ocasionaba a veces dolores muy intensos. En una ocasión tuvo un ataque particularmente doloroso y eso puso a las monjas en la disyuntiva de si podría o no continuar allí, pero Rosa tuvo una visión de la Sagrada Familia y de forma milagrosa y repentina se recuperó y pudo continuar. El 10 de mayo de 1897 tomó el velo de postulante adoptando el nombre de Sor Eufrasia del Sagrado Corazón de Jesús y el 10 de enero del año siguiente, vistió el hábito religioso e inició el noviciado.

Grupo escultórico de los desposorios místicos de la Santa.

Grupo escultórico de los desposorios místicos de la Santa.

Era humilde, caritativa y hasta cariñosa, renunciaba a cualquier comodidad y sobre todo era devotísima de la Santísima Virgen, la cual la recompensó con una intensa alegría interior, que le hacía olvidar los dolores que le producían sus continuos achaques, sufrimientos que ella aceptaba, de los que nunca se quejó y los cuales, como ella misma más tarde dejó por escrito, la convertían en una esposa doliente con Jesús Crucificado. El 24 de mayo del año 1900, fue fundado el convento de Ollur, en la archieparquía de Trichur y en él, junto con otras tres hermanas, emitió sus votos solemnes, algo que le produjo una alegría indescriptible, pues desde ese momento ya sí que era una verdadera virgen consagrada.

Apenas realizada la profesión solemne fue nombrada ayudante de la maestra de novicias y desde el año 1904, por espacio de nueve años, tuvo la responsabilidad de ser la maestra del noviciado del convento de Ollur. A esa tarea se entregó con tanto empeño que de sus manos salieron futuras religiosas que al ver como su maestra llevaba una extrema vida de humildad, pobreza, penitencia, obediencia y abandono total en las manos de Dios, la tomaron como ejemplo y llevaron una vida santa.

Aunque ella quería pasar lo más desapercibida posible, fue elegida superiora de ese mismo convento de Santa María en Ollur; por humildad no quiso asumir esta responsabilidad, pero después de tener una nueva vivencia interior, la asumió, compró una escultura del Sagrado Corazón de Jesús, la puso en el lugar más honorífico del convento y se confió totalmente a Él. De esta manera, ocupó esa responsabilidad desde el 1913 al 1916, cuando fue destinada a Manalur, aunque a causa de su salud, tuvo que regresar pocos meses después al convento de Ollur. Allí permaneció hasta su muerte, viviendo como religiosa cuarenta y ocho años, observando una vida tan recta y ejemplar que la gente la conocía como la “Madre oración” y las monjas de su comunidad como el “Tabernáculo móvil”, ya que siempre estaba en la presencia de Dios e irradiaba esta presencia en todo su entorno. Gran parte de su vida la pasaba junto al Sagrario y ante los pies de la Virgen, por lo que se convirtió en una apóstol de la Eucaristía y del rosario, que rezaba diariamente.

De esa unión completa con Cristo, le venía su capacidad de darse totalmente a los demás, encarnando plenamente el lema de su Congregación: “Permanecer unidas a Dios en la contemplación y consagradas a Dios en la acción”. Era tanta su entrega que acostumbraba a decir: “No os olvidaré, ni siquiera después de la muerte”.

Cama donde murió la Santa. Convento de Santa María, Ollur , Thrissur (India).

Cama donde murió la Santa. Convento de Santa María, Ollur , Thrissur (India).

Como buena religiosa malabar tenía un profundo sentido de Iglesia, por lo que sufría por los problemas de la Iglesia de su tiempo, ofreciendo todos sus sufrimientos y oraciones por la unión de todos los cristianos de la India. Como bien sabemos, en el estado de Kerala viven tanto los cristianos malabares como los malankares y aunque los primeros son todos católicos, entre los segundos hay católicos y ortodoxos. Estas oraciones por la unidad de las Iglesias se las inculcaba a sus religiosas y a cuantos convivían con ella. Era un apóstol de la unidad y del ecumenismo.

Enferma, pero abandonada en los brazos de Dios, moría santamente el 29 de agosto del año 1952. Fue sepultada en el cementerio, pero en el año 1990 fue exhumada y trasladada a la capilla del convento. Todos quienes la conocieron estaban convencidos de su santidad, creciendo su fama sobre todo por los presuntos milagros que se realizaban junto a su sepulcro.

Durante toda su vida religiosa, prácticamente fue dirigida espiritualmente por el obispo Juan Menacherry, quién le ordenó revelarle todos los aspectos de su vida espiritual, bien de manera oral o escrita, guardando todas sus cartas. En total, se conservan 94 cartas manuscritas. Cuando este obispo murió entregó estas cartas a su sucesor, Mor Jorge Alappatt, quién se las entregó al superior de la Congregación de las Carmelitas de Trichur, diciéndole estas palabras, que fueron proféticas: “Guárdelas, porque las necesitará”. De hecho, estos documentos no solo nos revelan la espiritualidad de Santa Eufrasia, sino que sirvieron en la Causa de su beatificación y canonización.

Tumba de la Santa.

Tumba de la Santa.

El proceso diocesano de su Causa fue iniciado por la Eparquía de Trichur en el año 1988 terminando tres años más tarde. El decreto que convalidaba el proceso diocesano se emitió con fecha de 16 de noviembre de 1991. Fue declarada Venerable el día 5 de julio del año 2002. La promulgación del decreto que reconocía el milagro previo a la beatificación fue de fecha 26 de junio del 2006, siendo beatificada el domingo día 3 de diciembre del año 2006. El decreto reconociendo el segundo milagro previo a la canonización, fue promulgado el pasado 8 de abril y finalmente, fue canonizada por el Papa Francisco el día de ayer en la Plaza de San Pedro.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– VITHUVATTICAL, L. “Bibliotheca sanctórum, apéndice II”, Città Nuova Editrice, Roma, 2000.

Enlaces consultados (13/10/2014):
– http://euphrasia.in
– www.mothereuphrasiacmc.org

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San Kuriakose (Ciríaco) Elías Chavara, sacerdote de rito malabar

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Estampa devocional del Santo.

Estampa devocional del Santo.

Hoy, el Papa Francisco canoniza en la Plaza de San Pedro del Vaticano a seis beatos, dos de rito malabar y cuatro de rito romano. A partir de hoy vamos a escribir sobre cada uno de estos seis nuevos santos y hoy lo hacemos sobre San Kuriakose Chavara, sacerdote de rito malabar.

San Kuriakose Elías Chavara es el cofundador de los Carmelitas de María Inmaculada; nació el día 8 de febrero del año 1805, en Kainakari, estado de Kerala (India), en el seno de una familia católica de Rito Siro-malabar, formada por Iko Chavara y Mariam Chothirakkunel. En el bautismo, celebrado nueve días más tarde en la parroquia de Alappuzha, se le impuso el nombre de Kuriakose, o sea, Ciríaco; y después de realizar sus estudios primarios en su localidad natal, inició los estudios eclesiásticos en Pallipuram, bajo la guía del sacerdote Tomás Palackal, que era el rector del seminario, poniendo especial empeño en el estudio de la liturgia, del latín y de las lenguas habladas en la India y distinguiéndose entre sus compañeros por su espíritu de piedad y de caridad.

Fue ordenado sacerdote en Arthunkal el 29 de noviembre de 1829, celebrando su primer Divino Qurbana en la parroquia de Chennamkary. El 11 de mayo de 1831 empezó a colaborar con el padre Palackal y con el padre Tomás Porukara en la fundación de los Siervos de María Inmaculada, con la intención de dedicarse a llevar una vida monástica, pero abierta a un apostolado ejercido fuera del convento. El primer monasterio lo fundaron en Mannanam en el año 1831. Muertos los padres Palackal en el 1841 y Porukara en el año 1849, la Congregación quedó exclusivamente bajo su responsabilidad, lo que hizo que el 8 de diciembre de 1855 la convirtiera en la Congregación de los Siervos de María Inmaculada del Carmelo (Carmelitas de María Inmaculada), emitiendo los votos de la Tercera Orden de los Carmelitas Descalzos, tomando el nuevo nombre de Kuriakose Elías de la Sagrada Familia.

Posteriormente, él mismo recibiría la profesión de otros diez sacerdotes, llegando a ser el primer prior de la Congregación, que en el año 1861 se agregaba a la Orden de los Carmelitas Descalzos, formando la Congregación de los Terciarios Carmelitas Descalzos de Rito Siro-malabar. Durante su etapa de prior de la nueva Congregación demostró tener unas extraordinarias dotes de formador y enseñante religioso, una espiritualidad fundamentada en un amor intenso a la Sagrada Eucaristía, una devoción filial a la Santísima Virgen, un acatamiento total y absoluto a la Iglesia Católica – recordemos que todos los malabares son católicos -, un gran espíritu de oración y de sacrificio y una sensibilidad muy particular hacia los nuevos métodos de evangelización en la India.

Monasterio de Mannanam, Kerala (India).

Monasterio de Mannanam, Kerala (India).

Puso especial empeño en la predicación de ejercicios y retiros espirituales, en la dirección espiritual de los fieles, imprimiendo estos sentimientos a los miembros de su Instituto, quienes ayudaban al Vicario Apostólico de Verapoly y a los misioneros europeos carmelitas que evangelizaban el estado de Kerala. Hay que destacar la labor del padre Leopoldo Beccaro, que desde el año 1864 fue su director y confesor, así como maestro de los nuevos novicios y con el cual, en el año 1866 fundaba en Konammavu en primer convento femenino de la Orden Tercera Carmelitana, del cual en el año 1887 – cuando fue reorganizada la jerarquía de Rito Siro-malabar -, surgieron dos Congregaciones, una malabar y otra latina. La de Rito Malabar se difundió de manera autónoma por muchas diócesis malabares, aunque en el siglo XX se reunificó en un único Instituto denominado “Instituto de la Madre del Carmelo”, mientras que la latina formó a las Carmelitas Teresianas de Verapoly, ciudad en la que establecieron su Casa-Madre.

Fue muy importante la actividad desarrollada por San Kuriakose durante los desórdenes causados por el intruso pseudo-metropolita caldeo Tomás Rochos, el cual se las arregló para atraerse a una parte de las parroquias de Rito Malabar, originando un cisma dentro de la Iglesia. En esa coyuntura, en el año 1861, el Vicario Apostólico Baccinelli, le impuso por obediencia la responsabilidad de ser el Vicario General de los católicos de Rito Malabar. En esta responsabilidad, trabajó intensamente a fin de recomponer la unidad, sufriendo, rogando, empeñándose, predicando y actuando con muchísima prudencia para eliminar las consecuencias del cisma.

Cuando el metropolita caldeo se marchó en el año 1863, su antiguo secretario se fue de Bagdad (Iraq) a la India con la intención de seguir la senda del primer metropolita intruso. Kuriakose intentó convencerlo de que aquella intromisión era perjudicial para la Iglesia, pues aunque las Iglesias Caldea y Malabar tienen el mismo origen litúrgico y son dos Iglesias católicas, sin embargo son independientes y autónomas. A pesar de esta intensa actividad, siempre tenía tiempo para componer algunas obras de carácter espiritual, tanto en prosa como en verso, en lengua malayalam, obras que fueron editadas poco después de su muerte, a excepción de algunos escritos pastorales y litúrgicos que él mismo, en vida, trató de publicar.

Pintura de la muerte del Santo.

Pintura de la muerte del Santo.

Siempre se preocupó de manera muy especial por la formación de las personas de las castas más bajas de la India, abriendo una escuela gratuita en el año 1846 en Mannanam, creando un original sistema de enseñanza denominado “a la escuela y a la iglesia”. Este sistema tuvo gran éxito en las llamadas “pallikudam” (escuelas) del estado de Kerala. Estaba convencido de que la educación de los niños, sin distinción de sexo, era fundamental para conseguir elevar el nivel social de los más desfavorecidos. A él se debe la fundación de la primera imprenta católica en la India y de ella salió el primer periódico escrito en lengua malayalam.

Era un sacerdote que irradiaba y practicaba una intensa caridad fraterna, especialmente, con las castas más bajas de la India; en definitiva, era un hombre de Dios. Esa caridad y esa atracción que ejercía hicieron que su Congregación floreciera hasta el punto de que atravesara las fronteras de su propio país. Hoy los Carmelitas de María Inmaculada están asentados en la India y en algunos países limítrofes.

Después de una breve enfermedad, murió en Konammavu el día 3 de enero del año 1871, con sesenta y seis años de edad, rodeado de sus hijos, del vicario general de la diócesis y del padre Leopoldo Beccaro. En el año 1889, sus restos fueron trasladados a la nueva Casa central de la Congregación en Mannanam, donde su sepultura es muy visitada tanto por los cristianos malabares, malankares y latinos, como por personas de otros credos religiosos.

El mismo padre Beccaro previendo su proceso de beatificación, escribió su biografía en lengua malayalam inmediatamente después de su muerte. El proceso informativo fue iniciado por el arzobispo de Changanacherry, Mar Mateo Kayukattu el 3 de enero de 1958 y en el año 1971 fue enviada toda la documentación a la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos. La Causa fue introducida oficialmente en Roma el 15 de mayo de 1980, mientras que el decreto de reconocimiento de sus escritos ya había sido firmado el 12 de octubre del 1973. Fue declarado venerable el día 7 de abril de 1984 y solemnemente beatificado por San Juan Pablo II, el día 8 de febrero del 1986, en Kottayam (India) durante la celebración del Divino Qurbana (Santa Misa), en Rito Siro-malabar. En un artículo publicado el día 23 del mes pasado de octubre reprodujimos una foto de dicha ceremonia. El pasado 3 de abril el Papa Francisco promulgó el decreto de reconocimiento del milagro requerido para su canonización.

Sepulcro actual del Santo.

Sepulcro actual del Santo.

Repito que hoy, festividad de Cristo Rey, será canonizado por el Papa Francisco, junto a los beatos Eufrasia Eluvathingal, Juan Antonio Farina, Ludovico Palmieri de Casoria, Amato Ronconi y Nicolás Saggio de Longobardi, sobre los cuales seguiremos escribiendo a partir de mañana.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– BECCARO, L., “Ciriaco Elía Chavara” (traducción al italiano), Roma, 1974
– MACCA, V. G., “Bibliotheca sanctórum, Primer Apéndice”, Città Nuova Editrice, Roma, 1987

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Beata María de Jesús de Toledo, carmelita descalza

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Retrato original de la Beata, s.XVI.

Retrato original de la Beata, s.XVI.

Cuando se cumplen 374 de la muerte de la Beata María de Jesús López Rivas, también conocida para muchos con el sobrenombre de “el letradillo de Santa Teresa”, queremos que se conozca la vida y obra de esta compañera inseparable de la Doctora de la Iglesia, Santa Teresa de Jesús. Sea éste un pequeño aporte para que avance su causa de canonización.

Infancia
La niña María López de Rivas nació en el pueblo de Tartanedo, pueblo alcarreño de la provincia de Guadalajara el día 18 de agosto de 1560, siendo bautizada con el nombre de María. El día 25 de agosto recibió las benditas aguas de manos del sacerdote don Juan Serrano. Durante su niñez creció en el seno de una hidalga familia. Siendo todavía muy niña, murió su padre y se vio obligada a emigrar a Molina de Aragón (Guadalajara), al lado de sus tíos maternos Jerónimo de Rivas e Isabel de Ureña, los cuales eran piadosos cristianos y la criaron como una hija. Aquí vivió años felices donde serenamente se acercó a la fe en Cristo.

Vocación al Carmelo Descalzo
Cuando contaba con quince o dieciséis años, conoció al jesuita padre Antonio de Castro. Éste era conocido por ser un gran orador que, conociendo día tras día la personalidad y rica espiritualidad de la joven María, la encaminó hacia el Carmelo Descalzo, recientemente fundado por Santa Teresa de Jesús. Ella, a pesar de su juventud, se sentía atraída por la vida religiosa, sin determinarse por ningún carisma. “Hija de la fe y connaturalizada con ella”, llegó a decir un padre jesuita al conocerla y ver la santidad que había encerrada en tan débil cuerpo. Y es que nunca en su vida gozó de buena salud.

Con la edad de diecisiete años entró a formar parte de la comunidad del que era el quinto monasterio fundado por Santa Teresa de Jesús, el 12 de agosto de 1577. Tan sólo un año y unos meses después, emitió su profesión en día 8 de septiembre de 1578, en el mismo monasterio de San José, de la ciudad imperial. (De este monasterio se cuenta que fue el primero en el que residió el Doctor San Juan de la Cruz después de su arresto en prisión; algunos estudiosos afirman que precisamente aquí empezó algunas de sus célebres obras).

Estampa devocional de la Beata, al fondo la ciudad de Toledo.

Estampa devocional de la Beata, al fondo la ciudad de Toledo.

Como ya hemos dicho, a lo largo de su longeva vida no gozó de buena salud y esto le hizo sufrir mucho, no sólo corporalmente, sino también psíquicamente, el desprecio de sus hermanas en religión era frecuente, para las hermanas era dificultoso cargar con una enferma. Para que la joven monja María de Jesús finalmente se quedara, intervino con su providencial ayuda Santa Teresa de Jesús, que dijo a la comunidad: «Hijas mías, les envío esta hija mía con cinco mil ducados de dote, pero hágoles saber que ella es tal, que cincuenta mil diera yo de muy buena gana. Mírenmela no como a las demás, porque espero en Dios que ha de ser un prodigio». Era una enorme estima la que profesaban mutuamente, en muchas ocasiones y en compañía de las hermanas, la Santa Doctora de Ávila decía de la Beata María de Jesús de Toledo: «Estoy segura que será más dichoso el convento que la tenga que todos los demás, porque aun cuando sea para estar en la cama toda la vida, la quiero tener en mi casa».

Durante toda su vida permaneció en dicho convento de Toledo, pero también podemos decir que participó y fue una de las fundadoras del Convento de la Encarnación, que la comunidad de Carmelitas Descalzas fundó en el pueblo de Cuerva (Toledo), el sur-oeste de la provincia, enclavado en los Montes de Toledo. Allí la Beata María de Jesús permaneció unos meses, dejando un todas un buen recuerdo.

Vida de religiosa
Las enfermedades que sufría eran constantes, la aquejaron mucho, pero no acortaron su vida, a pesar de vivir con todo su rigor la dura vida de carmelita contemplativa y de trabajar sin descanso. Nunca aceptó que se le aligeraran sus obligaciones de ninguna clase. Como muy bien decía santa Teresa, la enfermedad que la aquejaba era la «enfermedad del amor» que sentía tan hondo y tan grande.

La Beata junto a Santa Teresa de Ávila. Estampa devocional.

La Beata junto a Santa Teresa de Ávila. Estampa devocional.

Gozó de muchos dones místicos, como la profecía, el éxtasis, visiones y revelaciones. Éstos pasaron a un segundo plano, eclipsados tal vez por los famosos dones de su predecesora, que fue Santa Teresa. En una ocasión, en presencia de las hermanas que no sabían ni veían lo que estaba pasando, la Beata María de Jesús fue favorecida con la tierna visión del Niño Jesús. Estando ella en recogida oración delante de una imagen de San José (aún conservada en la actualidad), el Niño Jesús se desprendió se los brazos de su padre, para regalarse entre los brazos de la Beata. Por este motivo, es fácil ver pinturas de la Beata con el Niño Jesús recostado en sus brazos.

Era sabido por todas las Hnas.Carmelitas Descalzas, que en una ocasión, estando la Beata en Toledo, la Santa fundadora estaba escribiendo en su celda del convento de Toledo, la Beata entró y la sorprendió arrobada por el Espíritu Santo.

Dentro de estos santos muros, desempeñó varios cargos como: sacristana, enfermera, maestra de novicias, priora, sub-priora… y todos los desempeñó con gran entrega y caridad. Todas acudían a ella para pedirle consejo y la amaban con toda su alma. La misma Santa Teresa en más de una ocasión, le pidió que le solucionara alguna dificultad sobre la vida de oración, por ese mismo motivo y porque siempre recurría a su sabiduría y acertada orientación, le puso el cariñoso nombre de «mi letradillo»: «Así debe ser como dices, letradillo mío…». Antes que a ninguna otra persona dio leer la Santa su libro de las Moradas, muestra de su incondicional confianza y afecto. Sus devociones predilectas fueron el Sagrado Corazón de Jesús, el Santísimo Sacramento y la Virgen María, especialmente en el misterio de la Asunción. El famoso padre Jerónimo Gracián, que la conoció y trató mucho, la elogió grandemente en su obra “Peregrinación de Anastasio”.

Acusada y calumniada por motivos que no se conocen con veracidad, fue depuesta de su cargo, que en esa etapa desempeñaba de priora, y debió sufrir mucho durante muchos años la oposición del provincial, después del padre general. Aunque tratada injustamente, siempre se mantuvo serena y sumisa a la autoridad, y fue apreciada por las monjas más prudentes, las cuales, a pesar de haber sido depuesta como priora, le eligieron para el cargo más comprometido de maestra de novicias, y reelegida como priora veinte años después.

Cuerpo incorrupto de la Beata en el bajo coro del convento.

Cuerpo incorrupto de la Beata en el bajo coro del convento.

Muerte y beatificación
Rica en méritos y con fama de santidad, alcanzó el sublime conocimiento de Cristo Jesús mediante una altísima contemplación de sus misterios, avivada en las celebraciones litúrgicas. Con 80 años de edad y 36 de vida religiosa, murió en Toledo el 13 de septiembre de 1640, rodeada de todas sus hijas. Fue desde el primer momento considerada como santa, por esa razón se inhumó entro del convento.

El tribunal diocesano de la archidiócesis de Toledo inició su proceso de beatificación el día 15 de enero de 1914, celebrándose 262 sesiones. El 28 de mayo de 1976, en presencia del cardenal primado monseñor Gonzalez Martín, se exhumó el cuerpo de la Beata. Con anterioridad ya se había exhumado el cuerpo en tres ocasiones en 1642, 1914 y 1929, y ni antes ni después de ellas el cuerpo fue embalsamado. Como consta en las últimas actas, en las exhumaciones del último siglo el cuerpo despedía un agradable aroma que permaneció impregnado en las estancias.

Detalle del rostro de la Beata. Fotografía: David Garrido Martínez.

Detalle del rostro de la Beata. Fotografía: David Garrido Martínez.

Finalmente, pasados varios siglos de su muerte, fue beatificada el 14 de noviembre de 1976 por el Beato Pablo VI, reconociéndose así la santidad que todos, incluida Santa Teresa, veían en ella. Su cuerpo incorrupto, pero con el rostro desfigurado por el paso del tiempo, permanece expuesto permanentemente el coro bajo, junto a la reja que separa la clausura de la iglesia-convento de San José de Toledo. Su fiesta se celebra hoy.

David Garrido

Enlaces consultados (04/09/2014):
– http://books.google.es
– http://www.misas.org/p/parroquia-de-la-beata-maria-de-jesus-guadalajara
– http://lasdiezvirgenessensatas.blogspot.com.es
– http://santosocd.blogspot.com.es/2007/08/beata-mara-de-jess-lpez-rivas.html

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Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein): judía, filósofa, carmelita, mártir (III)

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Fotografía de Edith Stein en hábito carmelita. Al pie de la foto, su firma.

Fotografía de Edith Stein en hábito carmelita. Al pie de la foto, su firma.

Rosa
La última etapa de la vida de Edith estuvo ligada a su hermana, Rosa. Tras la muerte de la madre se vio libre para seguir su vocación. Ella, que se había bautizado en la Navidad de 1936, deseaba ser terciaria carmelita, aunque su primer intento la llevó a caer víctima de una embaucadora en Bélgica, que la despojó de lo poco que había podido traerse de Alemania. Entonces, Edith pidió ayuda para que su hermana pudiera pasar a Holanda, y acabaron recibiéndola en el Carmelo de Echt, adonde llegó sin casi nada. Obtenido el permiso de residencia allí, a los seis meses Rosa pudo ver cumplido su sueño de ser terciaria carmelita, con el nombre de sor Rosa María de Jesús, emitiendo sus votos el 25 de junio de 1941 y quedándose como portera del convento, como sacristana, y ayudando también en las tareas del jardín. Era muy trabajadora y laboriosa y, aunque no llegó a hacer el año de noviciado que deseaba, trabó muchas amistades en el lugar, hasta el punto de que fue vivamente llorada por muchas personas, cuando se la llevaron junto con su hermana.

El agravamiento de la situación
Pronto llegaron noticias de carmelitas expulsadas de sus conventos, usurpados por el régimen nazi. Y de pronto, Edith, que había sido trasladada a Echt como medida preventiva, se encontró con que de nuevo estaba poniendo en peligro a la comunidad que la había acogido. Hizo las pesquisas que consideró necesarias, solicitando que ella y su hermana pudieran quedarse permanentemente en Echt -ya que, oficialmente, no estaban integradas- y se las borrara de las listas de emigrantes. Las dos hermanas tuvieron que sufrir interrogatorios interminables por parte de las SS de Ámsterdam, declarando durante horas y horas, mientras se rellenaban ficheros sobre sus personas y respuestas dadas. En realidad, las estaban fichando, para luego proceder más fácilmente a su deportación. Aunque habían solicitado Estados Unidos como posible destino en caso de tener que emigrar, y Edith había recibido invitación por parte de un Carmelo en España, lo cierto es que no pudieron hacer nada ya. Ni siquiera recurrir a su última opción, que era salir hacia Suiza, territorio neutral. Eso tampoco pudo ser. Entretanto, siguiendo las estrictas órdenes impuestas, las dos hermanas tuvieron que comprar la pertinente estrella de tela amarilla y llevarla cosida sobre el hábito, lo que las marcaba como judías.

Escultura de la Santa en Boston (EEUU) ostentando la estrella que la marcaba como judía.

Escultura de la Santa en Boston (EEUU) ostentando la estrella que la marcaba como judía.

Finalmente, llegó el factor desencadenante: la carta de los obispos holandeses al Comisariado del Tercer Reich, denunciando la terrible situación que se vivía y exigiendo el cese inmediato del plan de deportaciones masivas de judíos, acusando al gobierno de “ofender gravemente a Dios” y “herir el sentimiento moral del pueblo holandés” con tales disposiciones. Se ofreció un intento de negociación por parte del régimen, que ofrecía no deportar a ningún judío bautizado antes del 1 de enero de 1941, lo que de hecho incluía a Edith y a Rosa; pero estas condiciones no fueron aceptadas por los obispos: ellos hablaban por y para todos los cristianos, sin excepción. A continuación, publicaron una carta pastoral denunciando la situación que fue leída en los sermones de todas las iglesias de Holanda, haciendo así públicas las deportaciones en masa y exponiendo la atroz política del Gobierno. Acababan de sellar el destino de Edith, Rosa y los demás judíos cristianos, pues las represalias serían terribles: la deportación sin condiciones de todos los judíos católicos, y la de los evangélicos, a menos que sus Iglesias demostraran que no habían firmado tal carta. El tiempo de Edith y de Rosa se agotaba.

“Vamos con nuestro pueblo”
El intento de emigración con Rosa a Suiza, como ya hemos dicho, no tuvo éxito. Tenía que estar preparada en todo momento para la “llamada victimal”. A finales de 1939 escribía: “He recibido el nombre que he querido; bajo la cruz, tengo mi destino. Ahora se mejor qué quiere decir estar desposada con el Señor bajo el signo de la cruz, aunque jamás se comprenderá por completo, porque es un misterio”. Así, cuando la Gestapo se presentó el día 2 de agosto de 1942 en el convento del Carmelo de Echt, preguntando por ella y por su hermana, Edith se acercó humildemente a Rosa susurrándole llena de fe: “Vamos con nuestro pueblo” y así comenzó su Vía Crucis.

Amersfort, Westerbork y Auschwitz fueron las etapas en las cuales, la humilde carmelita descalza se fue acercando a la cruz, no tanto como judía sino como judía católica, a través del cual el nacionalsocialismo quería herir a la Iglesia Católica por sus protestas, realizadas a través de los obispos, contra el pensamiento y la actuación nazi. Edith, plenamente abandonada a aquel Dios al cual se había ofrecido como víctima, escribía coherentemente desde Westerbork a la priora del convento de Echt el día 6 de agosto: “Una “scientia Crucis” sólo se puede conseguir si se siente la pesadez de la cruz con toda su crudeza. De esto estoy convencida desde el primer momento y por eso he dicho con todo mi corazón: ¡Ave Crux, spes unica!”.

Edith y Rosa Stein en Auschwitz. Ilustración contemporánea.

Edith y Rosa Stein en Auschwitz. Ilustración contemporánea.

Podemos aportar diversos testimonios de supervivientes que la vieron y conocieron en Westerbrook, que creo interesante reseñar: “El barracón estaba dividido en dos partes por un tabique (…) las monjas constituyen un grupo aparte, una especie de comunidad, que recita el breviario y el rosario. Edith Stein es considerada por todos la superiora. Su actitud silenciosa suscita un gran sentido de la autoridad”.

“Se mantenía sumamente tranquila y dueña de sí. No traslucía señal alguna del miedo al futuro incierto que la aguardaba. Serenamente abandonada a su destino, había puesto su vida en manos de Dios. En sus ojos claros resplandecía el ardor de la carmelita santa, que habla con voz sumisa, pero callaba sobre sus peripecias personales. Rosa Stein aseguraba estar bien. El ejemplo de su hermana Edith era para ella de gran ayuda”.

“La gran diferencia entre Edih Stein y las demás monjas estaba en el silencio. Mi impresión personal es que en el fondo estaba dolorida y no asustada (…) pienso que sabía lo que se les venía encima a ella y a las demás. (…) pensaba no en su sufrimiento, sino en el dolor que soportarían las demás. Todo en su aspecto me suscitaba un pensamiento, al recordarla sentada en el barracón: una Piedad sin Cristo”.

“Entre los prisioneros recién llegados (…) sor Benedicta se distinguía por su extrema tranquilidad y calma. (…) circulaba entre las mujeres consolando, ayudando, tranquilizando (…) Muchas madres, casi enloquecidas, habían desatendido desde hacía varios días a sus hijos (…) sor Benedicta se ocupó enseguida de los pobres pequeños, los lavó, los peinó y cuidó de ellos, alimentándolos y asistiéndolos. (…) A mi pregunta: “¿Qué va a hacer ahora?”, me respondió: “Hasta ahora he rezado y trabajado; desde ahora trabajaré y rezaré”.

En Auschwitz siguió viviendo de esta “ciencia de la Cruz”, dando caridad, mostrando paciencia y dulzura, dándose ella misma, abandonándose plenamente en las manos de Dios y en las de sus hermanos de cautiverio, especialmente los más pequeños.

Reliquia de la Santa en la catedral de Speyer, Alemania.

Reliquia de la Santa en la catedral de Speyer, Alemania.

“Ad orientem”: el martirio
En la mañana del 7 de agosto de 1942, los prisioneros de Westerbrok son trasladados a Auschwitz. En una parada del tren no lejos de Speyer, donde Edith había sido profesora, ella logra intercambiar unas palabras con el capellán de Ludwigshafen, y arrojarle por el portillo, cuando el tren ya estaba en marcha, media hoja de una página de agenda en la que estaba escrito: “Saludos de sor Teresa Benedicta de la Cruz, que se dirige ad orientem”. Esta sencilla nota es la última señal de vida de Edith Stein que conocemos. Lo que ocurrió después con certeza sólo lo sabe Dios, pero parecía seguro que consumó su sacrificio en una cámara de gas entre los días 8 y 11 de agosto de 1942.

Se supone que el convoy de Edith llegó a destino el domingo 9 de agosto y que ese mismo día fue martirizada; no concretamente en Auschwitz, sino más bien en Birkenau, porque el primero no tuvo cámaras de gas hasta 1943. Ya sabemos cómo era la muerte en la cámara de gas: por asfixia, causada por el ácido cianídrico, un veneno empleado contra ratones. La supervivencia era de cinco a diez minutos. No más.

Durante 10 años, las hermanas del Carmelo no perdieron la esperanza de volver a saber de Edith. Esperaban contra toda esperanza. Finalmente, la terrible confirmación llegó el 16 de febrero de 1950, cuando el Boletín oficial del Ministerio de Justicia holandés publicó la lista de víctimas número 34. En ella estaba su nombre: Edith Teresa Hedwig Stein, número 44.074, y la fecha de su muerte: 9 de agosto de 1942.

El siguiente 4 de mayo, en la lista de víctimas número 86, estaba su hermana: Rosa María Inés Adelaida Stein, número 44.075, muerta el 9 de agosto de 1942. Las dos hermanas habían partido de este mundo juntas, el mismo día.

Escultura de la Santa en la catedral de Sevilla, España.

Escultura de la Santa en la catedral de Sevilla, España.

Culto y veneración
Desde el primer momento se la recordó como mártir -asesinada no sólo por ser judía, sino también por ser católica, en castigo y represalia de la oposición y denuncia cristianas contra los crímenes del nazismo- y tanto en Oriente como en Occidente, desde los intelectuales hasta los más humildes, solicitaron su beatificación, asegurando que habían sido ayudados y protegidos tanto en sus necesidades corporales, como en las morales y espirituales. Así, entre 1962 y 1972 se inició el proceso ordinario en la archidiócesis de Colonia y otros “procesos rogacionales” en otras 22 diócesis tanto de Europa como de América. El 10 de marzo de 1978 fue publicado el decreto que reconocía sus escritos, con dos votos o anotaciones verdaderamente notables: uno de carácter filosófico y el otro, de carácter teológico y ascético, los cuales, con el permiso de la Santa Sede, fueron publicados en Roma con un año de antelación.

El 15 de noviembre de 1985, la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos validaba mediante decreto todo el proceso, con lo que se abría la vía para la preparación de una voluminosa “Positio super causa indroductione”, sobre la cual, el entonces “promotor de la fe” el 14 de febrero de 1982 daba un “votum”, en el cual, más que exponer objeciones, sólo solicitaba algunas aclaraciones. De esta manera, el estudio de la vida y de la muerte de Edith hizo cambiar las perspectivas de la misma Causa, por lo cual, la propia Congregación para las Causas de los Santos, con fecha 17 de enero de 1986 concedió que esta Causa fuera propuesta “via martyrii”. Desde esta óptica, en 1986, se redactó una nueva “Positio super martyrio et super virtutibus”. El día 4 de mayo de 1987, San Juan Pablo II la beatificó en Colonia (Alemania) y el mismo Papa la canonizó en Roma el día 11 de octubre de 1998, ordenando celebrar su fiesta en el día de su martirio: el 9 de agosto.

Una mujer irrepetible
Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, es una de las figuras más admiradas de nuestro tiempo. Y no sólo se la recuerda como una gran filósofa que trató de acercar la fenomenología y el pensamiento moderno con la “Philosophia perennis”, con notables y equilibradas intuiciones sobre la vocación y la misión de la mujer y con una sagaz profundización sobre la pedagogía, sino que sobre todo se la recuerda como una cristiana que supo seguir a su Maestro con amorosa disponibilidad y fidelidad hasta la cruz. Sobre la cruz, desde el punto de vista más profundamente teológico, sintió cada vez más el amor y su pertenencia al pueblo judío. Fue una mujer de una profunda vida interior desde el mismo momento de su conversión, dándose completamente a su Señor con un espíritu de total abandono en sus manos salvadoras. Y si ya en el mundo, justo después de su bautismo, a quien la observaba en la interior de un templo, le daba la impresión de que era una especie de “Ecclesia orans”, en realidad, con anterioridad a su conversión, su deseo de buscar la verdad era una verdadera oración, como ella misma decía.

Escultura de la Santa, obra de Wolfgang Bialas (2006). Edith lleva la Torá, símbolo del judaísmo, y la Cruz, símbolo del cristianismo. Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Escultura de la Santa, obra de Wolfgang Bialas (2006). Edith lleva la Torá, símbolo del judaísmo, y la Cruz, símbolo del cristianismo. Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

En el Carmelo se reveló con un espíritu de oración tan intensa y continua como la del profeta Elías y el resto de los profetas del Antiguo Testamento, caminando siempre “en la presencia del Dios vivo”. Era humilde, sonriente, atenta en la atención a todos, aceptando cualquier trabajo que se le encomendara, aun aquellos de los que legítimamente podía escurrirse. Obligada por el padre provincial a continuar con sus estudios filosóficos, trataba siempre estar integrada en su comunidad lo más posible, ya fuera en Köln, ya fuera en Echt. Vivía de Dios, tratando de realizar su “oferta victimal” desde las más humildes realidades cotidianas, sobre todo ejercitando la paciencia y dándose a sí misma; y así, de igual manera, se comportó en los campos de concentración y fue inmolada en Auschwitz.

En ella hemos conocido a una mujer irrepetible. Y en honor a ella y lo que su figura ha significado, aunando en una misma persona -judía, filósofa, carmelita, mártir- la esencia de la misma Europa, multicultural y multirreligiosa, intelectual y espiritual; ha sido proclamada una de las patronas de Europa, la más contemporánea; junto a Benito y Brígida de Suecia, Catalina de Siena, Cirilo y Metodio.

Que ella, que sufrió en carne propia el odio racial y destructor que sólo puede darse entre seres humanos, ruegue por los europeos y por todos los habitantes de este mundo, para que no se repitan más los errores del pasado y podamos construir un lugar mejor que legar a nuestros hijos.

Dejo la primera parte de la película «La séptima morada», de Marta Meszaros, sobre la vida de nuestra Santa; para que quien esté interesado pueda seguirla a partir de los demás vídeos relacionados en Youtube. Aunque la interpretación de la actriz principal -Maia Morgenstern- como Edith Stein es excelente, hay que tener en cuenta que la película es una interpretación muy personal de la directora respecto a la vida de la Santa, por lo que no hay que tomar exactamente al pie de la letra todas las escenas o frases vertidas en la película. Para conocer a Edith Stein, lo mejor es remitirse a la bibliografía.

Meldelen

Bibliografía:
– AYLLÓN, José Ramón, 10 ateos cambian de autobús, Ed. Palabra, Madrid 2009, pp.89-94.
– MACCA, G.V., Bibliotheca Sanctorum: Enciclopedia dei Santi, Apéndice I, Ed. Città Nuova, Roma 1987.
– SALVARANI, Francesco, Edith Stein: hija de Israel y de la Iglesia, Ed. Palabra, Madrid 2012.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein): judía, filósofa, carmelita, mártir (II)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Edith fotografiada en 1922, vestida de blanco para su bautismo.

Edith fotografiada en 1922, vestida de blanco para su bautismo.

A contracorriente
A pesar de su clara preparación y precocidad en el catecumenado, la fecha del bautismo de Edith quedó fijada para el día 1 de enero de 1922. Quedaba la prueba más dura: enfrentarse a la familia. En efecto, la conversión a la fe cristiana, en particular, a la católica, iluminada por la vida de Santa Teresa de Ávila, incluía otro deseo incipiente que también había despertado en su interior: la vocación al Carmelo. No era pues, poca cosa, pues como bien dicen sus biógrafos, Edith estaba tomando tres decisiones: hacerse cristiana, hacerse católica y hacerse carmelita. Para la familia hubiera sido más tolerable que se hubiese hecho luterana.

Se confió en primer lugar a su querida hermana Erna, quien estaba a punto de dar a luz y pasó unos días ayudándola; pidiéndole que preparara a su madre para comunicarle su decisión. Pero nada hubiese augurado la reacción de doña Augusta -la madre de ambas- para aquella noticia. Cuando se arrodilló a su lado y le confesó: “¡Mamá, soy católica!”, la reacción de la anciana mujer fue estallar en lágrimas. Ella, que era y siempre había sido una devota judía, había tolerado el matrimonio irreligioso de su hija mayor, el ateísmo, la irreligiosidad y la incredulidad de su hija menor, Edith, su predilecta; las había soportado hasta la fecha, pero que ésta hubiese abrazado la fe en Cristo, el Hombre-Dios, era una traición a la fe hebrea. La reacción de la madre -que ni en los momentos más duros de su vida había derramado una sola lágrima- desconcertó tanto a Edith que también ella se echó a llorar. Aquella brecha entre madre e hija jamás se curaría: “Estoy próxima a entrar en la Iglesia Católica. (…) Éste es un pésimo momento para mí. Para mi madre, la conversión era lo peor que podría hacerle, y para mí es terrible ver cómo se atormenta sin que pueda aliviarla. Hay aquí una absoluta falta de comprensión”.

Por ello, aunque Edith consideraba el bautismo como una antesala de su entrada en el Carmelo, no quiso de momento abordar aquel tema con su madre, para no destruir más su ánimo y las relaciones entre ellas dos. Recibió el bautismo en la fecha fijada -1 de enero de 1922-, eligiendo el nombre de Teresa, en honor a la Santa que le había abierto los ojos a la fe; y Hedwig (Eduvigis) en honor a su madrina de bautismo, la filósofa protestante Hedwig Conrad-Marius, amiga y confidente, que la acompañó en aquel renacimiento espiritual y dio fe de que, en aquel momento, “lo más hermoso era su alegría radiante, una alegría de niña”. Alegría que por desgracia no podía compartir con su propia sangre, pues, en palabras de su hermano: “(…) estábamos persuadidos de que la religión católica consistía en andar de rodillas y besar los pies a los curas. No nos cabía de ninguna manera en la cabeza, pues, cómo el alma noble y luminosa de nuestra Edith pudiera rebajarse a abrazar esta secta supersticiosa”.

Edith fotografiada en torno al año 1926.

Edith fotografiada en torno al año 1926.

Entretanto, Edith recibió la confirmación el 2 de febrero de 1923 y asistía a la misa diariamente, acompañando también a su madre a la sinagoga. Doña Augusta seguía sorprendiéndose de ver a Edith rezar los Salmos con tanto fervor, señal que durante un tiempo había interpretado, erróneamente, como un retorno al judaísmo. No era así; y para más inri, otra de las hermanas de Edith, Rosa, estaba encaminándose también hacia la fe católica, aunque no se veía con fuerzas para enfrentarse ella también con la madre. Para recorrer aquel camino a contracorriente se precisaba una fortaleza fuera de lo común.

Profesora y conferenciante
Edith, entretanto, había abandonado la universidad y se colocó bajo la guía espiritual del canónigo Swind -quien, tal y como ella había esperado, le desaconsejó el claustro, al menos de momento- y después, del abad Walzer de Beuron. En Speyer, desde 1923 hasta 1931 estuvo enseñando alemán e historia en el liceo de las madres dominicas, viviendo como una de ellas, adquiriendo una extraordinaria madurez cristiana, ayudada también por la profundización en el pensamiento de Santo Tomás de Aquino, del cual publicó la versión alemana de las “Quaestiones disputatae de veritate”. Mientras se entregaba a una intensa vida científica, se dedicaba a dar conferencias en determinados ambientes culturales y de fe, especialmente tratando sobre la vocación de la mujer en el mundo y en la Iglesia; al tiempo que su personalidad se transformaba: ella, que había sido docta y propensa a no tolerar y a corregir los defectos de los demás, se había vuelto humilde –“Sólo soy un instrumento del Señor”– y caritativa, pues pasaba sus escasas horas libres en los comedores sociales de la ciudad; y, como ya hemos dicho, hacía ya una vida prácticamente monacal, siguiendo los horarios de las madres dominicas y desarrollando una profunda vida interior de intensa oración.

Todas sus conferencias de esta época -sobre la mujer, el varón, sobre Cristo, la Iglesia, la formación de los jóvenes y la educación permanente- se desarrollaron en los años que precedieron a la llegada de Hitler al poder. El contenido de sus conferencias era como una respuesta al futuro Canciller y dictador, que ya entonces empezaba a propagar por Alemania su bronco mensaje de odio.

Edith -en el centro, vestida de negro- con sus alumnas de Speyer.

Edith -en el centro, vestida de negro- con sus alumnas de Speyer.

Cuando dejó Speyer, regresó a Breslavia, a la casa materna, y se encontró con que era ya incapaz de vivir fuera de un ambiente monacal. La vida en el mundo se le hacía insoportable, no congeniaba con su espiritualidad; pero su hermana Rosa, dividida entre su ansia por el bautismo católico y el temor de disgustar a la madre, necesitaba ayuda. Además, la sobrina de ambas, Erika, que era una fervorosa hebrea y combatía con ahínco a sus dos tías, hacía más difícil la situación si cabe.

En 1932, después de haber esperado inútilmente obtener la docencia en la universidad de Friburgo -rechazada una y otra vez, ya no por su condición de mujer, sino por su ascendencia judía, cuando no por su conversión al catolicismo-, se dedicó al Instituto superior de pedagogía de Münster, donde fue acogida con los brazos abiertos, pues ya entonces era considerada una mujer de gran prestigio. Sin embargo, la docencia durará sólo unos pocos meses: en 1933, el régimen nacionalsocialista la destituyó por ser judía. No había perdido ocasión de animar a sus alumnos a manifestar abiertamente su oposición al régimen nazi. Ella misma no había tenido pelos en la lengua a la hora de manifestar sus convicciones: en este ámbito se encuadra su valiente y decidida carta al Papa Pío XII, pidiéndole que se posicionara en contra del nazismo. Para leer el contenido de esta carta, me remito al artículo siguiente.

Edith en una fotografía de 1931.

Edith en una fotografía de 1931.

Hacia el Carmelo
Viéndose expulsada y sin posibilidad de ejercer la docencia, tomó la decisión de cumplir por fin su sueño anhelado: ingresar en el Carmelo, y eso a pesar de que había recibido una oferta de docencia en Sudamérica. El padre Waltzer atestiguaría: “Amaba el Carmelo de mucho tiempo y deseaba entrar en él. Llevó a cabo este deseo simplemente en cuanto las condiciones de vida del Tercer Reich no me permitieron retenerla más en el mundo. Oyó la voz del Altísimo y siguió su llamada sin demasiado intento de saber adónde conducía el camino”. Pero al hacer su solicitud de ingreso en el monasterio de Himmels-pforten-Würzburg, no fue admitida, por su madre y por el papel que desempeñaba en el mundo católico. Sin embargo, Edith no se rindió: en mayo de 1933 se presentó en el monasterio de Lindenthal-Köln, y siendo interrogada por la maestra de novicias acerca de cómo una mujer qué podía hacer tanto bien en el mundo quería entrar en clausura, Edith le dio una respuesta que revelaba plenamente su vocación: “No es la actividad humana la que me puede salvar, sino que es la Pasión de Cristo. Aspiro a participar en ella”. Esta vez sí fue admitida.

Lo más duro, nuevamente, fue tener que enfrentarse a la familia. Si ya había sido duro aceptarla como conversa católica, se presentaba la tesitura de verla desaparecer tras los muros de un convento, ella que tan activa, prolífica y enriquecedora había sido para el mundo. Doña Augusta todavía no había digerido su bautismo, y ahora esto, especialmente en un momento de dramática situación política para su pueblo -la persecución de los judíos por el régimen nazi-, por lo que su decisión fácilmente podía interpretarse como una vileza, una cobardía: esconderse. Como era de esperar, la madre reaccionó ante la noticia con un “rechazo desesperado” y a partir de ese momento, ya no hubo paz para Edith, siendo constantemente asaltada por su madre y por su sobrina Erika, la ferviente hebrea, para que desistiera de su decisión. Los demás hermanos optaron por dejarla estar: conocían bien a Edith y sabían que tomar decisiones precipitadas no era lo suyo. Es más, muchos años había postergado esta decisión. Finalmente, doña Augusta, lamentándose, le dijo, refiriéndose a Cristo: “¿Por qué has tenido que conocerlo? No quiero decir nada contra Él. Sin duda fue un hombre bueno. Pero, ¿por qué se hizo Dios?”. Después de esto no hubo más que una separación entre lamentos y lágrimas, ante la consternación de la familia y las palabras de despedida de Erika: “Que el Eterno te asista”. La experiencia fue tan terrible que Edith no pudo sentir la alegría exhuberante que deseaba, pero sí la invadió una enorme serenidad: había llegado «al puerto de la voluntad de Dios».

Edith, ya como sor Benedicta, llevando el hábito carmelita.

Edith, ya como sor Benedicta, llevando el hábito carmelita.

Sor Benedicta
Ingresó en el Carmelo de Colonia, pues, vistiendo el hábito en el mes de abril de 1934, tomando el nombre de sor Teresa Benedicta de la Cruz. Teresa, por la querida Santa de su conversión. Benedicta, en honor a San Benito, el santo de la abadía donde había aprendido a rezar con la Iglesia, su santo patrón, el de su onomástica. La Cruz de Cristo, a la que debía todo. Pero además, su nombre en latín tenía significado por sí solo: Theresia Benedicta a Cruce: Teresa, bendecida por la Cruz. Hizo la profesión simple el 21 de abril de 1935 y emitió sus votos solemnes el Viernes Santo de 1938.

La vida en el Carmelo la rejuveneció muchos años. En sus cartas, y en su rostro cuando la visitaban, quienes la veían no leían más que alegría y plenitud. Acostumbrada desde hacía años a un horario castrense y monacal, el horario del convento no se le hacía pesado. Cuando ingresó, sus superiores y compañeras no sabían nada de su carrera docente y de su notoriedad como filósofa; pues ella ni siquiera planteó la posibilidad de continuar con sus trabajos en el convento. Sólo deseaba desaparecer en el Carmelo. Al descubrir su gran valía intelectual, quedaron atónitos al comprobar que una mujer como ella hubiese elegido una Orden tan poco intelectual como la carmelita; y entendieron un poco mejor por qué se mostraba torpe e imperfecta con alguna de las labores o tareas físicas que debía realizar en el convento, a las que se aplicaba con tal ahínco que incluso temieron por su salud. Por ello, con el tiempo, fue exonerada de las tareas físicas -a pesar de sus protestas- y se le conminó a centrarse en lo que era realmente buena: la tarea intelectual. Se le permitió, pues, seguir escribiendo. Publicó diversas obras filosóficas y otras de historia de su Orden, por obediencia. Estaba tan integrada y feliz en el convento que, cuando recibía visitas, se apresuraba a corregir a quienes todavía tenían la costumbre de llamarla “señorita Stein”, indicando que debían llamarla “sor Benedicta”.

La pequeña Ester
Pero por aquellos tiempos, ya se vislumbraba un negro horizonte. Ella había terminado su gran obra “Endliches und ewiges Sein” y su nombre era todo un reclamo. Así, en diciembre de 1938, sus superiores se plantearon enviarla a Echt (Holanda), donde fue acogida fraternalmente. Allí, – mientras que la lucha contra los judíos era cada vez más dura, así como contra la Iglesia Católica que defendía los principios de la fe contra el nacionalsocialismo -, Edith Stein, en 1939, terminó de escribir la historia de su vida familiar: “Aus dem Leben einer judischen Familie” y a instancia de sus superiores, escribió una gran obra sobre el pensamiento de San Juan de la Cruz, que desafortunadamente no concluyó. Esta es “Kreuzeswissen-schaft. Studie über Joannes a Croce”.

Edith y Rosa Stein, fotografiadas en el año 1939.

Edith y Rosa Stein, fotografiadas en el año 1939.

Ésta era y es una obra que revela el período de martirio y sufrimiento de la Iglesia y de su pueblo, el judío, que se hundía en lo que representaba la cruz: vivir en espíritu oblativo-reparador este misterio, en humilde e íntima comunión con Cristo salvador: “Predicar la cruz sería cosa vana si no fuese en realidad la expresión de una vida vivida en unión con el Crucificado”. Esto es lo que ella presentía el primer viernes de abril del 1933, durante la celebración de una Hora Santa en el Carmelo de Lindenthal-Köln, intuyendo cómo era la cruz que se había puesto sobre las espaldas de su pueblo, el cual, en su mayor parte, no lo comprendía. Pero ella, que lo comprendía, debía aceptar esa cruz con plenitud de voluntad en nombre de todos: “Me sentía dispuesta y pedía al Señor que me hiciese ver cómo debía hacerlo. Tenía la íntima certeza de haber sido escuchada, aunque no supiera en aquel momento en qué consistiría la cruz que recaería sobre mis espaldas”. Gradualmente, lo fue comprendiendo con claridad. Así, el 26 de mayo de 1939, imploró a la madre priora del convento, para que le diera permiso a fin de ofrecerse como víctima. Escribió en una pequeña libreta: “Yo sé que no soy nada, pero Jesús lo quiere y Él un día me llamará a mi y a muchos otros”. Con el permiso de la priora, hizo su ofrecimiento y éste fue aceptado. Se acercaba su hora solemne.

“Siempre pienso en la reina Ester, que fue escogida para interceder ante el rey. Yo soy una Ester muy pobre y débil, pero el Rey que me ha elegido es infinitamente grande y misericordioso. Es éste un gran consuelo”.

Meldelen

Bibliografía:
– AYLLÓN, José Ramón, 10 ateos cambian de autobús, Ed. Palabra, Madrid 2009, pp.89-94.
– MACCA, G.V., Bibliotheca Sanctorum: Enciclopedia dei Santi, Apéndice I, Ed. Città Nuova, Roma 1987.
– SALVARANI, Francesco, Edith Stein: hija de Israel y de la Iglesia, Ed. Palabra, Madrid 2012.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es