San Hugo, obispo de Lincoln

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Detalle del Santo en una tabla gótica. Cartuja de Thuison-les-Abbeville, Francia.

Detalle del Santo en una tabla gótica. Cartuja de Thuison-les-Abbeville, Francia.

Nació en el año 1140 en Avalón, cerca de Grenoble en la Borgoña francesa, siendo el hijo del señor de Avalón. Después de la muerte de su madre, ingresó como profeso en un convento que los canónigos agustinos tenían en Villarbenoit, pero con veinticinco años de edad se ordenó de diácono e ingresó como monje en la Gran Cartuja, ya que deseaba vivir una vida más aislada y dedicada a la contemplación. Alrededor del año 1175 se ordenó de sacerdote y fue nombrado procurador del monasterio con el encargo de recibir a los huéspedes y dirigir espiritualmente a los hermanos legos.

Uno de los huéspedes más famosos que visitó la cartuja fue San Pedro de Tarantasia – al cual atendió personalmente, del que se hizo amigo y que posteriormente fue su mentor -, y al caballero de Maurienne, quién le presentó al rey Enrique II de Inglaterra, que como ya sabemos, era el que había ordenado asesinar a Santo Tomás Becket. En expiación por la muerte del santo, en el año 1170 Enrique II fundó y reedificó diversos monasterios entre los cuales estuvo la Cartuja de Witham. Esto lo inició alrededor del año 1178 llevando un pequeño grupo de monjes de la Gran Cartuja, pero el intento estuvo a punto de fracasar porque los superiores no eran los más adecuados, el rey los aprovisionó de fondos de manera insuficiente, los lugareños se mostraban hostiles y los monjes no se adaptaban al clima del país.

La fundación parecía venirse abajo cuando en el año 1179 fue enviado San Hugo a fin de poder controlarla y reconducirla. Su laboriosidad, su forma de trabajo tuvo tanto éxito que en siete años se completaron las principales construcciones de la nueva cartuja, los vecinos se mostraron satisfechos, la comunidad monástica creció y el monasterio consiguió una gran reputación que se extendió por todo el sur de Inglaterra. Entre los novicios que espontáneamente ingresaron estuvieron el prior y el sacristán de la abadía benedictina de Winchester, algunos canónigos agustinianos y más tarde, el abad premonstratense e ilustre teólogo, Adán de Dryburgh. San Hugo fue el primer prior de esa Cartuja de Witham, pero fue también allí donde comenzaron sus problemáticas relaciones con la realeza inglesa.

Estola de San hugo de Lincoln. Cartuja de Parkminster,  Sussex, Inglaterra.

Estola de San hugo de Lincoln. Cartuja de Parkminster, Sussex, Inglaterra.

En el año 1186, el capítulo de la catedral de Lincoln lo eligió como obispo de esta gran diócesis que se extendía desde el estuario del Humber hasta el Támesis. En un principio se opuso, pero por obediencia al prior de la Gran Cartuja, terminó aceptando el episcopado. La diócesis de Lincoln llevaba mucho tiempo vacante, la catedral había sido gravemente dañada por un terremoto y la dispersión de la población hacía realmente difícil el establecimiento de un gobierno episcopal eficaz. Como obispo destacó por su religiosidad, por su eficiencia y valentía, eligió como canónigos a los sacerdotes mejor preparados en los cuales delegó gran parte del trabajo de la diócesis y reorganizó las escuelas de Lincoln, las cuales llegaron a tener la misma importancia que las escuelas de Paris. Reconstruyó la catedral en el más primitivo estilo inglés llegando incluso a trabajar personalmente con sus propias manos.

Viajó incansablemente por todo el territorio de su diócesis realizando visitas pastorales, en las cuales fundó diversas organizaciones benéficas, se acercaba a todos para aconsejarles, disfrutaba especialmente jugando con los niños y administrándoles la confirmación, comía con los leprosos y pordioseros en lugar de hacerlo con los nobles, se paraba en los caminos para sepultar dignamente a los cadáveres abandonados que se encontraba a su paso a los cuales dedicaba un especial funeral al llegar a la primera localidad, ordenaba sacerdotes y consagraba iglesias, o sea, no solo realizaba las tareas propias de un obispo al visitar a sus feligreses, sino que actuaba más como un párroco cercano que como un alto jerarca eclesiástico.

El Santo visita el refectorio. Lienzo del pintor barroco español Francisco de Zurbarán. Museo de Bellas Artes de Sevilla, España.

El Santo visita el refectorio. Lienzo del pintor barroco español Francisco de Zurbarán. Museo de Bellas Artes de Sevilla, España.

Actuó como juez y se hijo famoso por su justicia e imparcialidad, lo que le reportó ser elegido por tres Papas como juez delegado de la Santa Sede en los más importantes conflictos originados en su época, en algunos de los cuales llegaron a estar encausados los arzobispos de Canterbury y de York. Como dije anteriormente, destacó por su caridad, mereciendo el que mencionemos su especial protección a los judíos de su diócesis y de la de Oxford, los cuales eran sometidos a una particular violencia por parte del pueblo. Esta defensa (que hacía extensiva a cuantos sufrían cualquier tipo de opresión), ante aquella persecución puso incluso en peligro su propia vida. Realmente era incansable, aunque su máxima felicidad la encontraba cuando retornaba a su Cartuja de Witham, en la cual pasaba un mes todos los años comportándose como un cartujo más. Hay constancia de que dentro de la cartuja, su pasatiempo preferido era el lavar los platos de los monjes. Resumiendo: su forma de ser lo distinguió de la mayoría de los obispos de su época.

Fue amigo personal de tres reyes ingleses y de un escocés, pero como era un acérrimo defensor de la libertad de la Iglesia ante el poder político, como dije anteriormente, tuvo algunos roces y enfrentamientos con algunos de estos reyes, lo que no le impidió conseguir el respeto e incluso el afecto de Enrique II y Ricardo I. Aunque San Hugo llegó a excomulgar a varios oficiales reales y le había negado algunos beneficios eclesiásticos a determinados cortesanos del reino, Enrique II lo envió como embajador a Francia en el año 1188 para terminar de redactar un tratado de paz entre los dos reinos.

Éxtasis de San Hugo. Lienzo de Vicente Carducho.

Éxtasis de San Hugo. Lienzo de Vicente Carducho.

También se opuso a su amigo Ricardo I, negándose a proporcionarle el servicio de algunos canónigos de Lincoln que el rey quería utilizar en determinadas misiones diplomáticas. Tanto el rey como el santo tenían un fuerte carácter, aunque siempre vencía la bondad de San Hugo, lo que hizo que el rey llegase a afirmar: “Si todos los obispos fueran como mi señor de Lincoln, ningún príncipe de entre nosotros podría levantarse contra ellos”. En el año 1200, a petición del rey Juan I (Juan sin Tierra), sucesor de Ricardo I, suscribió el tratado de Le Goulet y mientras estuvo en Francia, visitó por última vez la Gran Cartuja, los lugares donde pasó su infancia y las abadías de Cluny y Citeaux.

A su regreso a Londres cayó gravemente enfermo de disentería e incluso perdió la vista y esta enfermedad lo llevó a la muerte. En su lecho de muerte, siguió atendiendo a cuantos lo visitaban, continuó dando instrucciones acerca de la finalización de la construcción de su catedral y cómo quería que fueran sus funerales. Asimismo, se negó a abandonar la posición de defensa de la libertad eclesiástica, que había tomado contra Huberto Walter, arzobispo de Canterbury y primer juez de Inglaterra, que era partidario de que hubiese más condescendencia entre los poderes políticos y eclesiásticos, aunque lo hizo de tal manera que, después de su muerte, este mismo arzobispo de Canterbury se convirtió en el primer benefactor de los cartujos.

San Hugo murió en Londres la tarde de día 16 de noviembre del año 1200. Sus funerales en Lincoln fueron multitudinarios, acudiendo miles de personas, entre ellas muchísimos judíos, los cuales participaron en su cortejo fúnebre, donde los reyes de Escocia e Inglaterra, acompañados por más quince obispos y arzobispos y cientos de abades y sacerdotes, se disputaban por llevar su féretro. En el funeral se leyó uno de sus sermones, en el cual él mismo decía que: “Cualquiera que practique de corazón la caridad, cualquier persona de la que de sus labios salga la verdad y que practique la pureza de alma y cuerpo, tendrá en el paraíso el mismo premio, ya sea un simple laico, monje o incluso Papa”.

Sepulcro del Santo. Catedral de Lincoln, Inglaterra.

Sepulcro del Santo. Catedral de Lincoln, Inglaterra.

San Hugo de Lincoln fue un hombre gentil y al mismo tiempo austero, intransigente en la defensa de la libertad de la Iglesia, pero humilde al mismo tiempo y es por eso por lo que el sociólogo y reformador social británico del siglo XIX, John Ruskin, llegó a escribir sobre él: “Ha sido el más bello personaje sacerdotal de la historia, que yo haya conocido”.

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Recibió culto inmediatamente después de su fallecimiento, aunque el interdicto que se impuso a Juan I, impidió que su canonización oficial no se hiciera hasta veinte años después de su muerte, o sea, en el año 1220. Fue el primer santo cartujo formalmente canonizado, aunque fue su diócesis y no su Orden quién solicitó su canonización. Desde la Edad Media es el santo más famoso de la ciudad de Lincoln, fijándose su festividad el día 17 de noviembre. El traslado de sus reliquias se realizó el día 6 de octubre del año 1280. A partir del siglo XIV comenzó a rendírsele culto como “fiesta capitular” en todas las cartujas, no solo en las inglesas, sino también en las de todo el continente europeo.

Iconografía de San Hugo: el cisne y el cáliz con el Niño. Lienzo de Francisco de Zurbarán.

Iconografía de San Hugo: el cisne y el cáliz con el Niño. Lienzo de Francisco de Zurbarán.

Sus habituales atributos son un cisne domesticado (algunas veces se le representa con una gallina) y un cáliz con la imagen del Niño Jesús, en memoria de una visión eucarística que sobre él tuvo uno de sus canónigos. Aunque existen muchas representaciones iconográficas suyas, cabe destacar la imagen existente en la torre de Santa María Virgen en Oxford, un bellísimo altar en la Cartuja de Thuison, la pintura de Vaccaro conservada en Nápoles y el célebre retrato de Zurbarán conservado en Cádiz.

En el año 1887, se abrió la tumba en la que se creía que estaba su cuerpo, encontrándose que estaba vacía, aunque contenía alguna de sus vestimentas episcopales. Hasta el año 1956 sus reliquias han sido buscadas sin descanso, pero la realidad es que no se han encontrado. Se desconoce cuándo desaparecieron.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Adam de Eysham, “Magna Vita of St. Hugh of Lincoln”, Londres, 1962.
– Avranches, H., “Metrical Life of St. Hugh of Lincoln”, Lincoln, 1860.
– Farner, H., “Bibliotheca sanctorum, tomo XII”, Città Nuova Editrice, Roma, 1990
– Poncelet, A., “El traslado de San Hugo de Lincoln”, Analecta Bolandista, XXXI, 1912.

Enlace consultado (19/12/2015):
– http://feastssaintsmedievalchurch.blogspot.com.es

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Santos de la Casa Saboya (II)

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Lienzo de la Beata Luisa de Saboya contemplando a la Virgen María.

Lienzo de la Beata Luisa de Saboya contemplando a la Virgen María.

Beata Luisa de Saboya, princesa de Chalons
Ilustre princesa de la Casa de Saboya, Luisa nació probablemente en Bourg-en-Bresse el 28 de julio de 1462, siendo la quinta de los nueve hijos del Beato Amadeo IX de Saboya y de Yolanda de Francia, hermana del rey Luis XI.

Después de algunos años de matrimonio, se quedó viuda siendo jovencísima y abrazó la regla de Santa Clara según el espíritu de Santa Coleta. Pasó sus años en el monasterio como un brillante modelo de las virtudes religiosas. En el último período de su vida, Luisa sufrió diversas enfermedades; murió susurrando el nombre de la Virgen María, el 24 de julio de 1503. El rey Carlos Alberto obtuvo en 1839 la confirmación del culto por el papa Gregorio XVI, que fijaba la memoria litúrgica de la Beata el 24 de julio. Su nombre consta en el Martirologio Romano.

Beato Bonifacio de Saboya, arzobispo de Canterbury
Undécimo hijo del conde Tomás I de Saboya y de Margarita de Ginebra, Bonifacio nació en 1207 en el castillo de Sainte-Héléne-du-Lac en Saboya. Fue monje cartujo y arzobispo de Canterbury.

Murió el 4 de julio de 1270, en su castillo natal de Sainte-Hélène en Saboya. Fue sepultado en la abadía cisterciense de Hautecombe, en el lago de Bourget, donde todavía reposa. El Papa Gregorio XVI, el 1 de septiembre de 1838, aprobó su culto para la Orden de la Cartuja y para la diócesis de Chambéry. Su nombre consta en el Martirologio Romano.

Beato Amadeo IX de Saboya, duque
Nacido en Thonon el 1 de febrero de 1435, hijo de Ana de Lusignano y de Luis, duque de Saboya, hijo del antipapa Félix V (Amadeo VIII de Saboya), en 1452 Amadeo se casó con Yolanda de Valois, hija de Carlos VII de Francia, como estaba acordado desde su nacimiento, para fortalecer la amistad entre los dos países. Fue duque de Saboya.

Sepulcro del Beato Amadeo IX de Saboya. Catedral de San Eusebio, Vercelli (Italia).

Sepulcro del Beato Amadeo IX de Saboya. Catedral de San Eusebio, Vercelli (Italia).

Murió el 30 de marzo de 1472 en Vercelli, sus últimas palabras fueron: “Sed justos, amad a los pobres y el Señor dará paz a vuestras tierras”, nobilísimo testamento espiritual de un óptimo príncipe. Fue inhumado en la iglesia de San Eusebio en Vercelli, bajo los escalones del altar mayor.

Pronto, la piedad popular lo proclamó Santo, y ante la perspectiva de la extensión de su culto, el 11 de julio el obispo de Turín, Claude de Seyseel, ordenó la exhumación del cuerpo e inició el proceso de canonización, que se prolongó mucho, hasta el 3 de marzo de 1677, cuando Inocencio XI confirmó el culto de Amadeo, fijando su fiesta el 30 de marzo. San Francisco de Sales, con gran celo, recogió las pruebas de santidad de Amadeo y San Roberto Belarmino lo propuso como ejemplo a los soberanos. Su nombre consta en el Martirologio Romano.

Beata María Cristina de Saboya, reina de las Dos Sicilias
Cagliari, 14 de noviembre de 1812 – Nápoles, 31 de enero de 1836

María Cristina de Saboya, hija del rey Víctor Emmanuel I y de María Teresa de Habsburgo, recibió de sus piadosos progenitores una sólida fe cristiana. En 1832 se casó con Fernando II, rey de las Dos Sicilias, y en el doble papel de esposa y de reina fue modelo brillante de toda virtud. Verdadera madre de los pobres, supo hacerse cargo de los sufrimientos de su pueblo, por cuya promoción ideó muchas obras sociales.

Lienzo neoclásico de la Beata María Cristina de Saboya, reina de las Dos Sicilias.

Lienzo neoclásico de la Beata María Cristina de Saboya, reina de las Dos Sicilias.

Murió todavía joven, después de haber dado a luz a su primogénito, Francisco, en medio del unánime llanto de la familia real y del pueblo napolitano. Fue enterrada en la basílica de Santa Clara de Nápoles. El 6 de mayo de 1937 el papa Pío XI declaró heroicas sus virtudes. Ha sido beatificada el 25 de enero de 2014. Su memoria litúrgica es el 31 de enero.

Beato Humberto III de Saboya, conde
Avigliana, Turín 1136 – Chambéry, Saboya, 4 de marzo de 1188

Concedió derechos y dones a los monasterios y tuvo un papel decisivo en la organización de la abadía de Altacomba. Se dice que hubiese preferido ser monje a ser rey. Tuvo cuatro esposas: Faida de Tolosa, fallecida en 1154, Gertrudis de Flandes (matrimonio anulado), Clemencia de Zharingen, fallecida en 1162 y Beatriz de Macon. A la muerte de su tercera esposa se retiró a Hautecombe, pero cambió de idea y de su cuarta esposa obtuvo finalmente un heredero varón.

Se alió con el partido güelfo del papa Alejandro III contra los gibelinos del emperador Federico Barbarroja. La consecuencia de esto fue la invasión de sus Estados hasta dos veces: en 1174 Susa fue arrasada a hierro y fuego y en 1187, Enrique VI lo expulsó del Imperio y le quitó la mayor parte de sus dominios, quedándole sólo los valles de Susa y de Aosta.

Murió en Chambéry en 1189. Fue el primer príncipe enterrado en Hautecombe. El difunto conde recibió pronto una gran veneración, respaldada por no pocos milagros, hasta que en 1838 el rey Carlos Alberto de Cerdeña consiguió del papa Gregorio XVI la aprobación oficial del título de Beato para él.

Grabado romántico del Beato Humberto III de Saboya, conde.

Grabado romántico del Beato Humberto III de Saboya, conde.

En Italia, el Beato Humberto III es recordado hasta hoy particularmente cerca de Racconigi, donde en el Real Santuario de la Virgen de Gracia se guarda un cuadro del Beato, donado por la reina Elena y restaurado por el rey Humberto II. También es venerado en Aosta, donde aparece representado en la fachada de su catedral, y en el castillo de Sarre, también en el valle de Aosta.

Beato Gualberto de Saboya, dominico (s.XIII)
De este fraile dominico saboyano, llamado también Talberto, Calberto o Alberto, tenemos pocas noticias, contenidas en las Vitae Fratrum de fray Geraldo de Frachet, la única fuente antigua fiable. Según este escrito, nació probablemente a finales del siglo XII o inicios del XIII; era estudiante en Bolonia en tiempos de la muerte de Santo Domingo (1221) y fue testigo de la curación de un endemoniado acaecida en el sepulcro del Santo el mismo día de su sepultura.

“Así pues -escribe fray Geraldo- habiendo predicado durante más de veinte años en las montañas de Saboya y habiendo llegado a una aldea llamada Acquabella, en la cual había cantado su primera misa y obtenido muchos frutos predicando, sintiéndose enfermo, dijo: “Permitidme que diga misa, porque yo celebré la primera misa en esta villa y creo que ahora celebraré la última”. En la cual, celebrada devotamente, se hizo administrar la extremaunción y edificó con su devoción a los asistentes, después de esto, se durmió en el Señor. Y se hizo un gran concurso de gente en su sepulcro, y se dice que muchos fueron liberados de grandes males, y la iglesia de canónigos regulares en la cual fue enterrado, en aquel mismo lugar, se vio enriquecida con muchas vocaciones”.

No conocemos ni el día ni el año de la muerte del Beato. Piò, siguiendo probablemente a Alberti, dice que “santamente expiró en torno al año 1264”. Sin embargo, es más probable que muriese antes de 1260, pues éste es el año en que se redactaron definitivamente las Vitae. En 1872, a instancia de la diócesis de San Giovanni de Moriana, se abrieron los procesos del culto ab immemorabili.

Beato Lucio de Saboya, mártir mercedario
+ Constantinopla, 5 de mayo de 1470

Descendiente de la noble familia de los Saboya, el Beato Lucio recibió el hábito de la Orden Mercedaria en el convento de Carcasona, en Francia. Enviado a redimir esclavos en África, fue sorprendido en el mar por corsarios que lo llevaron a Túnez, donde le infligieron todo tipo de horribles torturas.

Llevado después a Egipto, durante 16 años soportó una cruel prisión y fue afligido con muchos tormentos, ninguno de los cuales le hicieron renegar de la fe en Cristo Jesús. Indignados por su constancia, por orden del sultán Bajazet II, fue decapitado en la ciudad de Consantinopla el 5 de mayo de 1470. La Orden lo festeja el 5 de mayo.

Lienzo de la Beata Margarita de Saboya, religiosa dominica.

Lienzo de la Beata Margarita de Saboya, religiosa dominica.

Beata Margarita de Saboya, dominica
Pinerolo, Turín, 1390 – Alba, Cuneo, 23 de noviembre de 1464

La Beata Margarita de Saboya es conocida con el apelativo de “la Grande”. Nacida en 1390 en Pinerolo, se quedó pronto sin padres y pasó, junto con su hermana Matilde, a estar bajo la tutela de su tío Luis, el cual, a falta de herederos, sucedía al difunto príncipe Amadeo.

Para resolver las largas discordias entre Piemonte y Monferrato, el tío la destinó a ser esposa del marqués de Monferrato. Pero ella consintió, gracias a las palabras de Vicente Ferrei, verse ya en el claustro. A la muerte de su marido se retiró al palacio de Alba, donde, con la aprobación del Papa Eugenio IV, en 1441, fundó el monasterio de Santa María Magdalena. Habiendo vestido el hábito de la Tercera Orden Dominica, posteriormente abrazó la regla más austera de las monjas de la Orden. Murió en 1464. Su nombre consta en el Martirologio Romano.

Damiano Grenci

Bibliografía y sitios:
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29. Giaccaria, Angelo, Sebastiani, Maria Letizia (a cura di), Armi e monogrammi dei Savoia: mostra di legature dal XV al XVIII secolo, Ministero per i Beni Culturali e Ambientali, Roma 1992.
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– www.cartantica.it/pages/collaborazionisavoia.asp
– www.cronologia.it/storia/biografie/reitalia.htm
– www.gdonotizie.com/
– www.guardiedonore.it/
– www.il-regno.it/DEFAULT.HTM
– www.romacivica.net/anpiroma/DOSSIER/protagonistia.htm
– www.santiebeati.it

Mi agradecimiento particular a Fabio y a Patrizia de Cartantica.it.

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San Bruno, el primer cartujo

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Lienzo del Santo, obra de Girolamo Marchesi (1525). Walters Art Museum, Maryland (EEUU).

Lienzo del Santo, obra de Girolamo Marchesi (1525). Walters Art Museum, Maryland (EEUU).

La vida de San Bruno la conocemos por los primeros seguidores de la Cartuja, que nos proporcionaron datos sobre su vida, así como documentos en tiempos del Papa Urbano II, e incluso documentos y cartas firmados por el Santo cuando fue canciller en Reims. Así pues, Bruno nació en Colonia (Alemania), probablemente entre los años 1024 y 1031, ya que no se sabe con certeza la fecha. Estos datos se basan en cálculos hechos sabiendo la fecha de su muerte: el 6 de octubre de 1101. Respecto a quiénes fueron sus padres, se sabe que no pertenecían a la nobleza, pues éstos no tenían notoriedad en el pueblo; no se sabe tampoco si tuvo hermanos o no, pues no existen datos ni cartas dirigidas a ellos. En Colonia creció y vivió Bruno, y allí mismo adquiriría sus primeras letras, siendo muy probable que hubiera estudiado en la Colegiata de San Cuniberto, pues llegó a ser nombrado canónigo de ella.

San Bruno tuvo importantes dotes intelectuales, ya que siendo joven fue enviado de Colonia a la célebre escuela de la catedral de Reims. Reims dejaría huella en Bruno, hasta el punto de que, olvidando su origen alemán, se le llama más tarde Bruno, el francés. Probablemente su sensibilidad religiosa le vino a edad muy temprana, como a los 20 años, cuando el Papa León IX viajó a Reims, para celebrar allí un concilio el 30 de septiembre de 1049. Todo aquel suceso lleno de prelados, religiosos y abades creó una fuerte impresión en el joven estudiante; dicho concilio trató, sobre todo, de la simonía que minaba entonces a la Iglesia y que urgía extirpar. Comparecieron varios obispos, convictos de haber comprado su obispado. El Papa y el Concilio los depusieron y excomulgaron. Después se tomaron las medidas disciplinares para atajar el mal. Bruno estuvo al corriente de las medidas y decisiones del Concilio, a las que la presencia del Papa confería una autoridad y solemnidad excepcionales.

Bruno, aparte de ser una persona religiosa, lo era también recta y vio con mayor claridad los problemas que enfrentaban a la Iglesia, vio la necesidad de reformas. Es probablemente tras estos acontecimientos que iniciara sus estudios religiosos. No se sabe dónde pasó los siguientes años de su vida y cuándo y dónde sería ordenado sacerdote, pero un hecho sí es cierto: Bruno fue canónigo de San Cuniberto. Hacia 1056 fue nombrado en Reims “Summus Didasccalus”, un cargo sumamente pesado “de responsable supremo de todos los estudios”. Cerca de la catedral de Reims habitaban monjes benedictinos, a los que Bruno, inclinándose a estas formas de vida, vio en ellos que el Señor no le llamaba para ingresar en esa Orden.

Figura de cera de un cartujo entregado al estudio. Cartuja de Valldemossa, Mallorca (España). Fotografía: Ana Mª Ribes.

Figura de cera de un cartujo entregado al estudio. Cartuja de Valldemossa, Mallorca (España). Fotografía: Ana Mª Ribes.

Quienes le conocieron joven decían de él: “Superaba a los doctores y era su maestro…”. “Filósofo incomparable, lumbrera en todas las ciencias…”. “Espíritu enérgico, de convincente palabra, superior a los demás maestros; era un portento de sabiduría; no sólo lo digo yo a ciencia cierta, sino toda Francia conmigo…”. “Maestro de gran penetración, luz y guía en el camino que conduce a las cumbres de la sabiduría…”. “Sus lecciones se hicieron famosas en el mundo…”. “Honor y gloria de nuestro tiempo”.

Ya siendo mayor de edad, aproximadamente cincuentón, sería el canciller del arzobispado de Reims. Existen tres documentos que lo atestiguan, puesto que en octubre de 1074 firma como canciller Odalrico (a quien tras su muerte le sucede Bruno), y ya para 1076 existen documentos firmados por Bruno; pero en 1078 ya no es Bruno el que firma sino Godofredo, así que la dimisión de Bruno probablemente sea en el año 1077. A principios de aquel año se desencadenó la lucha enconada que durante varios años desgarró a la diócesis de Reims. Por una parte estaban Gregorio VII, su legado en Francia, Hugo de Die y varios canónigos de la catedral, y por la otra, el arzobispo Manasés, cuyas prevaricaciones habían sido por fin desenmascaradas. Por sus cualidades, Gregorio XVII quiso nombrarlo obispo de la primera sede episcopal de Francia. El papa y Hugo de Die conocían muy bien las cualidades de Bruno como un hombre íntegro, inteligente, un hombre piadoso, recto y de caridad, un hombre de ciencia Así que, para evitar el episcopado, decidió huir de la ciudad con mucha prudencia.

Uno de los testimonios más innegables sobre los momentos más decisivos en su vida espiritual lo encontramos en una carta. Allá por las calendas de 1090-1101, es decir, unos veinte años después de la época de que ahora tratamos, Bruno escribía a su amigo Raúl le Verd, deán del Cabildo de Reims, una carta que nos da preciosas luces sobre su vocación personal: “¿Te acuerdas, amigo mío, del día en que estábamos juntos tú y yo con Fulcuyo le Borgne, en el jardincillo contiguo a la casa de Adam, donde entonces me hospedaba? Habíamos hablado, según creo, un buen rato de los falsos atractivos del mundo y de sus riquezas perecederas y también de las delicias inefables de la gloria eterna. Entonces, ardiendo en amor divino, hicimos una promesa, un voto, dispuestos a abandonar en breve las sombras fugaces del siglo para consagrarnos a la búsqueda de los bienes eternos, y recibir el hábito monástico. Lo hubiéramos cumplido enseguida si Fulcuyo no hubiera partido a Roma, para cuya vuelta aplazamos el cumplimiento de nuestras promesas. Mas, por prolongarse su estancia y por otros motivos, se resfriaron los ánimos y se desvaneció nuestro fervor”.

Reliquias de San Bruno en la Cartuja de Serra (Italia).

Reliquias de San Bruno en la Cartuja de Serra (Italia).

Con dos compañeros hizo voto en el jardín de la casa de Adam (quizá no votos públicos, sino privados), lo que iniciaría la Cartuja; de ello consta la carta dirigida a Raúl le Verd, que fue escrita diez años después de la fundación de la Cartuja. “Nos dispusimos -dice- a abandonar las sombras fugaces del siglo para tratar de conseguir los bienes eternos, vistiendo el hábito monástico”. Aunque no nos proporciona cómo sería esta vida monástica, si cenobítica o eremítica, sí podemos deducir que Bruno, junto con sus amigos, querían huir del mundo temporal y de las vanidades.

Una de las dos cartas de Molesmes relata los comienzos de Seche-Fontaine, lugar dispuesto por el abad Roberto, que reagrupaba hombres de vida eremítica a la Orden Benedictina. Es ahí, en Seche-Fontaine, donde Bruno, junto con sus amigos Pedro y Lamberto, comienzan su vida cenobítica. Pero este ambiente duraría poco, como máximo tres años, ya que Bruno tenía otro ideal, así que como monje no se siente llamado a la vida cenobítica y escoge el eremitismo. Acompañado de algunos hombres que le comienzan a seguir, quiere la soledad, a solas con el Solo, a solas con Dios. Éste es el auténtico llamamiento del Espíritu Santo en su alma y en su vida. Así que se dirige al sur de Francia, hacia Grenoble y los Alpes, a más de 300 kilómetros. A primeros de junio de 1084, Bruno y sus seis compañeros llegaban a Grenoble, comenzando así una maravillosa y misteriosa aventura…

Guigo, en su Vida de San Hugo de Grenoble, cuenta la llegada de Bruno y sus compañeros de manera muy precisa: “Encabezaba el grupo el Maestro Bruno, célebre por su fervor religioso y su ciencia, modelo perfecto de honradez, de gravedad y de plena madurez. Le acompañaban Maestro Landuino (que sucedió a Bruno como Prior de Chartreuse), Esteban de Bourg y Esteban de Die (antiguos canónigos de San Rufo que, por amor a la vida solitaria y con el consentimiento de su abad, se habían unido a Bruno) juntamente con Hugo, llamado el capellán, porque sólo él desempeñaba las funciones sacerdotales; también iban dos laicos, hoy diríamos conversos: Andrés y Guérin. Andaban en busca de un lugar a propósito para la vida eremítica y no lo habían encontrado aún. Con la esperanza de hallarlo y deseos también de gustar de la santa intimidad de Hugo, vinieron a verle. Este los recibió no sólo con gozo, sino con verdadera veneración, ocupándose de ellos y ayudándoles a cumplir su voto. Y gracias a sus consejos personales, a su apoyo y a su dirección, entraron en la soledad de Chartreuse y se instalaron allí. Por aquellos días había visto Hugo, en sueños, que el Señor se construía en esa soledad una casa para su gloria y que siete estrellas le mostraban el camino. Y siete eran precisamente Bruno y sus compañeros. Así, acogió con benevolencia no sólo los proyectos de este primer grupo de fundadores, sino también los de los que les sucedieron, favoreciendo siempre, mientras vivió, a los ermitaños de Chartreuse con sus consejos y generosos favores”.

Reliquia de un dedo de San Bruno. Saint Laurent du Pont (Francia).

Reliquia de un dedo de San Bruno. Saint Laurent du Pont (Francia).

Si, finalmente, Bruno y sus compañeros se instalan en el desierto de Chartreuse, no es porque ellos mismos hubieran escogido tal lugar: Dios mismo se lo señaló por mediación de su intérprete, el obispo Hugo. Chartreuse era un desierto (entendido como un lugar aislado y solitario), pues tenía un acceso difícil para los pueblos más cercanos, de largos inviernos con grandes nevadas, de tierras pobres; sólo podía presentar una ventaja: la separación casi total del mundo, la soledad llevada al límite extremo. Era la vida estrictamente eremítica lo que buscaba Bruno.

Bruno quería la vida eremítica pura, con soledad estricta, atemperada solamente por algunos actos de vida comunitaria. La misma comunidad será poco numerosa, e incluso en sus actos comunes, los cartujos conservarán el sentimiento de ser el “parvulus numerus”. La vida monacal que fue dando a los monjes era que deberían reunirse con bastante frecuencia -varias veces al día- para el rezo del Oficio, celebrar Capítulo o asistir al refectorio común. Tenían misa conventual, recitaban los maitines y las vísperas. Los domingos lo recitaban en común en la Iglesia. En la celda cada ermitaño tomaba su comida. Únicamente la iglesia fue construida de piedra. El 2 de septiembre de 1085, Hugo, obispo de Grenoble, la consagraba bajo la advocación de la Santísima Virgen y de San Juan Bautista.

Existían en torno a ellos, pero ligeramente un poco más retirados del monasterio, los llamados conversos, que vivían dentro de los límites del desierto; su función en parte era el hacer los trabajos exteriores, sobre todo los más rústicos, necesarios en la vida de comunidad. Se encargaban de cultivar las tierras, de cuidar el ganado, cortar leña y ejecutar los mil trabajillos que exige la difícil conservación de los edificios. Pero no por ello no se dedicaban a la vida contemplativa, a la oración y vida de soledad en sus eremitorios. San Bruno buscaba una amistad santa entre los monjes y que el cartujo fuese caracterizado como un hombre contemplativo, alimentado de la Sagrada Escritura y de los Santos Padres, así, el cartujo vive el misterio de Dios en su corazón, en su espíritu.

Reliquias de San Bruno en la Cartuja de Serra (Italia).

Reliquias de San Bruno en la Cartuja de Serra (Italia).

El 9 de diciembre de 1086, un sínodo celebrado en Grenoble por el obispo Hugo ratificó solemnemente las donaciones que habían hecho dos años antes los propietarios de las tierras de Chartreuse. Los cartujos quedaban dueños definitivamente de aquellas posesiones, y además en la carta se definía, no sin solemnidad, el fin y la razón de ser del eremitorio: “Por la gracia de la Santísima e indivisible Trinidad, estamos advertidos misericordiosamente de las condiciones de nuestra salvación. Recordando la fragilidad de nuestra condición humana y cuán inevitable es el pecado en esta vida mortal, hemos decidido librarnos de las garras de la muerte eterna, cambiando los bienes de este mundo por los del cielo y adquiriendo una herencia eterna por bienes temporales. No queremos exponernos a la doble desgracia de sufrir a la vez las miserias y trabajos de esta vida y las penas eternas de la otra”. Después de haber descrito con precisión notarial los límites del terreno, la carta continúa así: “Si algún señor poderoso o cualquier otro se esfuerza por anular en todo o en parte esta donación, será considerado como sacrílego, excomulgado y digno del fuego eterno, a menos que se arrepienta y repare el daño causado”.

La soledad de la obediencia y el don de sí a aquellos que uno no ha escogido, sino que se los ha elegido el Señor: “Otro te ceñirá y te llevará adonde tú no querías ir” (Juan 21,18). La frase de Jesús a San Pedro se realizará en Bruno.

El Papa Urbano II lo convocó a Roma para que fuera su consejero, probablemente en 1090, junto con su amigo Guillermo, abad de Saint-Chaffre, que también iba a Roma por asuntos de su abadía. Sin embargo, en Roma buscaba un clima de soledad y sosiego, pero Roma y la Corte Pontificia estaban llenas de un clima de guerra, cismas, intrigas. Bruno expuso a Urbano II su desasosiego y solicitó el permiso de abandonar de nuevo la corte para volver a su desierto. Para desvariar, Bruno conocía perfectamente la forma de obrar del Papa pues se sabía con precisión que varias veces Urbano II nombró casi inmediatamente obispos, e incluso cardenales, a personalidades que llamaba junto a sí y que quería vincularse al servicio de la Santa Sede. Adelantaba el curso de las elecciones, manifestando así su deseo: los electores, que apenas conocían a los candidatos, se fiaban de la elección del Papa. Este fue claramente el caso de Bruno: de hecho fue elegido “Ipso Papa volente”, por deseo expreso del Papa. Sin embargo, el Papa, conociendo cada vez más a Bruno, desistió de nombrarlo obispo de Reggio, pues veía en él la vocación que anhelaba. Vio en él el silencio y la vida de oración que llevaba y decidió dejarlo en paz, pues el mismo pontífice Urbano II había sido monje. Por insistencia del Papa, no regresó a la Cartuja, sino que fundó en Calabria un nuevo eremitorio, probablemente en 1092, donde poco a poco iban reuniéndose hombres en torno a él.

Muerte del Santo. Lienzo de C. Zimatore y D. Grillo (s.XX).

Muerte del Santo. Lienzo de C. Zimatore y D. Grillo (s.XX).

Fue entonces cuando en Santa María la Torre, lejos de ambientes políticos, instaló su segunda fundación. Así que le siguieron hombres doctos, quizá unos 15, entre ellos laicos y otros clérigos, donde permanecería 10 años. Pero el paso de los años afectó a Bruno, aunque no se sabe de qué murió. Se sabe que murió sereno, pues en una carta de sus hijos se afirma esta cuestión. Se sabe que hizo su profesión de fe, convocó a sus hermanos y fue evocando las distintas etapas de su vida desde la infancia, recordando los sucesos más notables de su tiempo. Esto se conoce gracias a un texto que relata su profesión de fe, encontrado en Santa María la Torre por Dom Constancio Gegetis en los archivos de la Orden. En él se expresa que, reunidos con sus hermanos, expuso su fe en la Trinidad mediante una alocución profunda y detallada; y concluyó así: “Creo también en los sacramentos que cree y venera la Iglesia, y expresamente que el pan y el vino que se consagran en el altar son después de la consagración el verdadero Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo, su verdadera Carne y su verdadera Sangre, que recibimos en remisión de nuestros pecados y como prenda de la vida eterna. El domingo siguiente su alma santa se separó de su cuerpo; era el 6 de octubre del año del Señor 1101”. Ante tal sencillez huelgan los comentarios.

La profesión de fe que pronunció Bruno y de la que se conserva sólo una copia del año 1522, ya que la original estaba demasiado deteriorada, dice lo siguiente en un texto latino publicado en la edición crítica de Sources Chrétiennes. A modo de prólogo, los Hermanos de Calabria pusieron estas conmovedoras palabras: “Hemos cuidado de conservar por escrito la profesión de fe del Maestro Bruno, pronunciada ante todos sus hermanos reunidos en comunidad cuando sintió que se le acercaba la hora de dar el paso que espera todo mortal, porque nos rogó con harto encarecimiento que fuésemos testigos de su fe ante Dios”.

Escultura del Santo, obra de Manuel Pereira (s. XVII). Cartuja de Miraflores, Burgos (España).

Escultura del Santo, obra de Manuel Pereira (s. XVII). Cartuja de Miraflores, Burgos (España).

Sigue la profesión de fe:
1. Creo firmemente en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo: Padre no engendrado, Hijo unigénito, Espíritu Santo procedente de ambos; creo también que estas tres personas son un solo Dios.

2. Creo que el mismo Hijo de Dios fue concebido del Espíritu Santo en el seno de María Virgen. Creo que la Virgen fue castísima antes del parto y que en el parto y después del parto permaneció siempre virgen. Creo que el mismo Hijo de Dios fue concebido entre los hombres como verdadero hombre sin pecado. Creo que este mismo Hijo de Dios fue apresado por odio de los pérfidos judíos (esta palabra, «pérfidos», nos hiere hoy día, pero téngase en cuenta la mentalidad de la época), tratado injuriosamente, atado injustamente, escupido y azotado. Creo que fue muerto y sepultado, que bajó a los infiernos para librar de allí a los suyos cautivos. Descendió por nuestra redención, resucitó y subió a los cielos, de donde ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.

3. Creo en los sacramentos que cree y venera la Iglesia, y expresamente en que lo consagrado en el altar es el verdadero Cuerpo y la verdadera Sangre de nuestro Señor Jesucristo, que nosotros también recibimos en remisión de nuestros pecados y como prenda de salvación eterna. Creo en la resurrección de la carne y en la vida eterna. Amén.

4. Confieso mi fe en la santa e inefable Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, un solo Dios natural, de una sola substancia, de una sola naturaleza, de una sola majestad y potencia. Creemos que el Padre no ha sido engendrado ni creado, sino que es ingénito. El mismo Padre no recibe su origen de nadie; de Él recibe el Hijo su nacimiento y el Espíritu Santo, la procesión. Es, pues, la fuente y el origen de la divinidad. El mismo Padre, inefable por esencia, engendró inefablemente de su substancia al Hijo, pero sólo engendró lo que Él es: Dios engendró a Dios; la luz engendró a la luz; de Él, pues, procede toda paternidad en el cielo y en la tierra. Amén”.

Tumba de San Bruno en la Cartuja de Serra (Italia).

Tumba de San Bruno en la Cartuja de Serra (Italia).

Quizás tenía alrededor de 70 años cuando murió Bruno el 6 de octubre de 1101, de los cuales 17 años fue cartujo. Oficialmente no está canonizado, pero el Papa León X permitió que la Orden lo venerara en 1514; y el Papa Clemente X extendió su culto a toda la Iglesia en el año 1674.

Emmanuel

Bibliografía:
– PP Cartujos de Miraflores, San Bruno, el primer cartujo.

Enlace consultado (02/04/14):
http://www.cartuja.org/escritos/sanbruno.pdf

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Un Santo llamado Vilmo

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Estampa del Beato Vilmos (Guillermo) Apor, obispo y mártir.

Estampa del Beato Vilmos (Guillermo) Apor, obispo y mártir. Colección de Damiano Grenci.

El nombre Vilmo está presente en la tradición italiana. Todos se preguntan ¿pero existe un Santo con este nombre? El único testimonio de la fe llamado Vilmo es el Beato de origen húngaro nacido el 29 de febrero de 1892 en Sighişoara (Segesvár), antiguamente en Hungría, hoy Rumanía: Vilmos Apor. El nombre Vilmos es la versión húngara del nombre Guillermo.

El nombre Guillermo tiene otras versiones lingüísticas: Guillem (catalán); Viljami, Vilhelmi, Ville (finés); Guillaume (francés); William, Will, Willy, Bill, Billy (inglés); Vilius, Viliumas (lituano); Willem (holandés); Guilherme (portugués); Guillermo (español) y Willhelm, Willi (alemán). Las variantes Zelmo y Azelma son características de la Emilia Romaña, Memmo es toscano, mientras que Gelmo-Gelma y Vilmo-Vilma son característicos del Véneto.

Guillermo procede del nombre germánico Willihelm, llegado a Italia por tradiciones franconas. Documentado en las formas medievales Guilihelmus, Guillelmus, Gulliemus, Guilgelmus y Wilielmus y en los hipocorísticos Lemnus, Memmus, Welmus y Willus. Deriva de las raíces germánicas wilja, voluntad, y helma, yelmo, de significado incierto en general.

Vilmos Apor, hijo de nobles húngaros, nació en 1892. En 1909 entró en el seminario de Györ. El obispo Széchényi lo envió a la Universidad de los Jesuitas de Innsbruck, donde consiguió el grado en teología. Fue ordenado sacerdote el 24 de agosto de 1915. Durante la Primera Guerra Mundial fue capellán militar en un tren-hospital de la Cruz Roja. A los 26 años se convirtió en el párroco más joven de Hungría, en Gyula. En la preocupante situación social y política fue un punto seguro de referencia para sus parroquianos. El 21 de enero de 1941 el papa Pío XII lo nombró obispo de Györ, diócesis fundada por San Esteban. Durante la Segunda Guerra Mundial, el obispo defendió a los judíos, alzando la voz incluso contra los mismos políticos gobernantes. En 1945, los rusos, en Semana Santa, atacaron Györ; fue muerto a tiros por algunos soldados el Viernes Santo, por defender a algunas muchachas refugiadas en el obispado, y murió el lunes de Pascua siguiente: el 2 de abril de 1945. La causa de canonización se inició en 1989. La Congregación para la Causa de los Santos reconoció el martirio “in odium fidei” el 7 de julio de 1977, fue beatificado por el Papa San Juan Pablo II el 9 de noviembre de 1997, en la plaza de San Pedro en Roma.

Beato Guillermo de Montreal, mercedario. Estampa perteneciente a la serie del ilustrador Alberto Boccali "Bertino".

Beato Guillermo de Montreal, mercedario. Estampa perteneciente a la serie del ilustrador Alberto Boccali “Bertino”.Colección de Damiano Grenci.

El nombre Guillermo está presente en el Martirologio Romano hasta 50 veces. He aquí el elenco en orden de fecha de conmemoración:
San Guillermo de Volpiano o de Fruttuaria, abad de S. Benigno de Digione (1 enero)
Beato Guillermo Repin, sacerdote y mártir (2 enero)
San Guillermo de Bourges, obispo (10 enero)
Beato Guillermo Carter m. (11 enero)
Beato Guillermo José Chaminade, sacerdote, fundador (22 enero)
Beato Guillermo Patenson, sacerdote y mártir (22 enero)
Beato Guillermo Ireland, mártir (24 enero)
Beato Guillermo Saultemouche, mártir (7 febrero)
San Guillermo el Grande (de Malavalle), eremita (10 febrero)
Beato Guillermo Harrington, mártir (18 febrero)
Beato Guillermo Richardson, sacerdote y mártir (27 febrero)

Beato Guillermo Hart, sacerdote y mártir (15 marzo)
Beato Guillermo Pike, mártir (21 marzo)
San Guillermo Tempier de Poitiers, obispo (29 marzo)
Beato Guillermo Gnoffi de Noto, eremita (4 abril)
San Guillermo de Eskill, abad (6 abril)
Beato Guillermo Thomson, mártir (20 abril)
San Guillermo Firmato de Mantilly, eremita (24 abril)
Beato Guillermo Marsden, mártir (25 abril)
San Guillermo de Foggia, eremita (26 abril)
San Guillermo Southernem, mártir (30 abril)
Beato Guillermo Tirry, agustino mártir (2 mayo)
San Guillermo de Pontoise, sacerdote (10 mayo)
Beato Guillermo de Tolosa, agustino (18 mayo)
San Guillermo de Gellone, monje (28 mayo)
Beato Guillermo Arnaud, mártir de Avignonet (29 mayo)
Beato Guillermo Scott, mártir (29 mayo)
Beato Guillermo Filby, sacerdote y mártir (30 mayo)
Beato Guillermo Greenwood, sacerdote cartujo, mártir (6 junio)
San Guillermo de York, obispo (8 junio)
Beato Guillermo Exmew, sacerdote cartujo, mártir (19 junio)
San Guillermo de Montevergine o de Vercelli, abad (25 junio)
Beato Guillermo Andleby, mártir (4 julio)
Beato Guillermo Webster, mártir (26 julio)
Beato Guillermo Davies, mártir (27 julio)
San Guillermo Pinchon, obispo (29 julio)
Beato Guillermo Horne, cartujo, mártir (4 agosto)
Beato Guillermo Plaza Hernández, sacerdote y mártir (9 agosto)
Beato Guillermo Lampley, mártir (11 agosto)
Beato Guillermo Freeman, mártir (13 agosto)
Beato Guillermo Lacey, sacerdote y mártir (22 agosto)
Beato Guillermo Dean, mártir (28 agosto)
Beato Guillermo Browne, mártir (5 septiembre)
Beato Guillermo Way, mártir (23 septiembre)
Beato Guillermo Spenser, mártir (24 septiembre)
San Guillermo Courtet, mártir (29 septiembre)
Beato Guillermo Hartley, mártir (5 octubre)
Beato Guillermo Knight, mártir (29 noviembre)
Beato Guillermo de Fenoglio, cartujo (19 diciembre)
Beato Guillermo Howard, vizconde de Stafford, mártir (29 diciembre)

Estampas de los Beatos Ramón y Guillermo de Granada, mercedarios. Serie del ilustrador Alberto Boccali "Bertino".

Estampas de los Beatos Ramón y Guillermo de Granada, mercedarios. Serie del ilustrador Alberto Boccali “Bertino”. Colección de Damiano Grenci.

Otros Santos y Beatos cuyos nombres son recordados localmente o dentro de las órdenes religiosas son:
San Guillermo de Fruttuaria, abad (sin fecha)
Beato Guillermo de Loarte, mercedario (2 enero)
Beato Guillermo Vives, mercedario (3 enero)
Beato Guillermo de Sanjulia, mercedario (14 enero)
Beato Guillermo de Morgex, sacerdote (7 febrero)
Beato Guillermo Zucchi, sacerdote (7 febrero)
San Guillermo de Aquitania, duque (10 febrero)
Beato Guillermo Giraldi, mercedario (6 marzo)
Beato Guillermo de Norwich, mártir (25 marzo)
Beato Guillermo de San Romano, mercedario (6 abril)
San Guillermo de Florencia, mercedario, mártir (3 mayo)
Beato Guillermo Tandi, mercedario (6 mayo)

Beato Guillermo de Monferrato, dominico (16 junio)
San Guillermo de Hirsau, abad (5 julio)
Beato Guillermo de Altavilla, mercedario (6 agosto)
San Guillermo Sanz, mercedario, mártir (6 agosto)
Beato Guillermo de Castellammare de Stabia, franciscano, mártir (8 agosto)
Beato Guillermo de Parma, mercedario (14 agosto)
Beato Guillermo de Eril, mercedario (15 octubre)
Beato Guillermo de Montreal, mercedario (21 octubre)
Beato Guillermo de Granada, mercedario (21 octubre)
Beato Guillermo de Anglesi, mercedario (24 octubre)
Beato Guillermo de Paolo de Maniace, abad (30 noviembre)
Beato Guillermo de Bas, mercedario (3 diciembre)
San Guillermo de San Leonardo, mercedario, mártir (4 diciembre)
San Guillermo Saggiano, mercedario, mártir (5 diciembre)
Beato Guillermo de Carraria, mercedario (10 diciembre)
Beato Guillermo de Rovira, mercedario (14 diciembre)

Concluyo con el texto del Martirologio Romano que conmemora al Beato Vilmos:
“En Györ en Hungría, beato Guillermo Apor, obispo y mártir, que, durante la guerra, abrió su casa a unos trescientos fugitivos, fue abatido la tarde del Viernes Santo por haber defendido a algunas muchachas de las manos de los soldados, tres días después expiró”.

Damiano Grenci

Bibliografía y sitios:
* AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II appendice – Ed. Città Nuova
* C.E.I. – Martirologio Romano – Libreria Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
* Grenci Damiano Marco – Archivio privato iconografico e agiografico: 1977 – 2013
* sitio web de newsaints.faithweb.com
* sitio web de wikipedia.org

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