“Katherine of Alexandria” (2014): crítica de una adaptación cinematográfica

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Una de las portadas de la película.

Una de las portadas de la película.

Hace unos meses, esta servidora se estrenaba en el campo de la crítica cinematográfica de películas de Santos con el título de “Santa Bárbara” (2009) de Carmine Elia. Hoy, apenas unos días después de su esperado lanzamiento, se presenta la oportunidad de hablar sobre una producción británica inspirada en la vida y martirio de una Santa que es tan conocida, famosa y venerada como lo ha sido Santa Bárbara a lo largo de los siglos de existencia de la cristiandad: Santa Catalina, mártir de Alejandría en Egipto, celebérrima patrona de filósofos, estudiantes y sabios, conocida por su martirio en la rueda de cuchillas.

Esta película, que ha sido lanzada directamente a su formato DVD sin pasar por la gran ni por la pequeña pantalla, es importante al ser la última película en la que apareció el ya fallecido Peter O’Toole, un actor de renombrada talla y fama mundial. Además, para que los lectores no se pierdan, es importante hacer notar que esta producción ha aparecido con dos títulos: el original Katherine of Alexandria (“Catalina de Alejandría”), que hace referencia a la auténtica protagonista de la película; y el posterior y más comercial Decline of An Empire (“La Decadencia de un Imperio”), título con el que ha sido comercializada en Estados Unidos.

Ficha técnica
Título: Katherine of Alexandria – Decline of An Empire
Web oficial: http://katherineofalexandria.com/
Año: 2014
Duración: 108 minutos
Productora: Katherine of Alexandria Ltd.
Colaboración: Lionsgate
Director: Michael Redwood
Reparto: Nicole Keniheart (Catalina), Peter O’Toole (Galo), Julien Vialon (Majencio), Samantha Beckinsale (Vita), Edward Fox (Constancio Cloro), Jack Goddard (Constantino), Joss Ackland (Rufo), Steven Berkoff (Liberio), Tony O’Brien (Justo), Jean Marlow (Elena), Kate Gartside (Teodora)

Sinopsis
“¿Por cuál fuerza divina tal pureza en cuerpo y alma nos fue concedida sobre esta tierra? Entiendo que no había idiomas que ella no pudiera hablar, ni poemas que no conociera, ni rincón de la mente humana que no hubiera sondeado. ¿Fue un deseo de los dioses crear y admirar esta Santa desde las alturas celestiales? ¿O quizá nació para que los mortales la contemplemos y nos maravillemos de su conocimiento, belleza, y, ¡ay!, de su eventual sufrimiento?” (Galo)

Acercamiento a la historia real de Catalina de Alejandría, mártir cristiana del siglo IV, que fue la primera mujer en criticar públicamente a los dioses romanos, ayudando a convertir a la nueva religión, el cristianismo, a infinidad de personas antes de morir ajusticiada.

Trailer:

Resumen y crítica
ATENCIÓN: A partir se este punto se desvelan detalles importantes de la trama (spoilers).
Esta película pretende ser una versión de la vida de Santa Catalina de Alejandría, virgen y mártir cristiana de la Antigüedad, ampliamente conocida y venerada desde entonces. En principio, lo que uno esperaría de una película sobre la Santa, es que se tratase de una adaptación cinematográfica de la passio de la Santa, es decir, de la leyenda en torno a su vida y martirio (ver artículo para más información). Aún así, habría que advertir y recordar a los telespectadores que se trata de una ficción, ya que realmente desconocemos el mínimo detalle acerca de la vida real de la Santa. Sin embargo la presente película no se trata, en ningún caso, de la adaptación literal de la passio de la Santa, documento carente de todo valor histórico, sino que es una versión personal del director. La trama es bastante fiel a la figura de Catalina, tomando bastantes detalles de la passio, pero se trata de una adaptación realista, creíble, sin los elementos fantásticos ni milagrosos que abundan en la passio, presentándonos una trama más verosímil, por lo que los que esperen ver la historia de la Santa tal cual la han leído en los libros y la han visto en cuadros y esculturas, deben saber que no van a encontrar tal cosa, sino una historia adaptada de forma que nos muestra a una mujer santa, pero real, que debido a su valor y sabiduría acaba sufriendo un terrible martirio. Daremos un rápido recorrido sobre la trama y una crítica en general, y cada cual, después de visionarla, que juzgue por su cuenta.

La trama
“Roma es un reptil moribundo, y tú eres uno de sus más insignificantes venenos”. (Catalina)
Catalina (Nicole Keniheart) -llamada en la película Caterina o Ekaterina– es la hija de una tribu nómada de árabes del desierto egipcio. Durante una acampada en la costa de Alejandría, su familia se encuentra con una avanzadilla del emperador Majencio (Julien Vialon), el cual, cautivado por la belleza, elocuencia y atrevimiento de la adolescente -que no vacila en enfrentarse a él y llamarle “veneno”-, decide secuestrarla para su satisfacción personal, ordenando matar al resto de la familia, salvo a un chico joven -el futuro Constantino (Jack Goddard)- que se había criado con ella. Llevada a palacio, y fascinado por el talento de la muchacha, que sabe hablar y escribir en varios idiomas, la pone bajo el custodio de Galo (Peter O’Toole), bibliotecario de Alejandría, ordenándole que la instruya en sus costumbres, religión, sabiduría y literatura; aprovechando la facilidad de idiomas de Catalina para usarla como traductora en palacio.

El emperador Majencio (Julien Vialon) está obsesionado con Catalina (Nicole Keniheart), quien lo rechaza.

El emperador Majencio (Julien Vialon) está obsesionado con Catalina (Nicole Keniheart), quien lo rechaza.

Quince años después, la bonita adolescente se ha convertido en una mujer cuya belleza sólo es superada por su sabiduría. Para complacerla, Majencio le ha construido una biblioteca para ella sola y le ha traído todos los libros y obras fundamentales de la literatura grecolatina, con la esperanza de que ella acceda a cohabitar con él, ante la consternada emperatriz Vita (Samantha Beckinsale), su esposa, que se debate entre los celos y la perplejidad al no entender cómo simplemente su marido no la toma como a cualquier esclava y se deshace de ella. Catalina rechaza a Majencio, y aprovecha su tiempo escribiendo libros sobre su fe, proclamado al único Dios todopoderoso y saliendo a predicar a los más pobres y desfavorecidos de Alejandría, a los que convierte al cristianismo. Molesto por esta actitud, Majencio la hace encerrar en prisión de vez en cuando, para escarmentarla, pero las noches pasadas en la celda no hacen mella en el ánimo de la valiente mujer. Los libros de Catalina cruzan el mar, llegan a los confines del Imperio, son leídos y asimilados por gentes de todas partes del Mediterráneo, y para cuando los senadores y notables de Roma se dan cuenta, alarmados, de lo que ha sucedido, se encuentran con que los escritos de Catalina, además de contener las verdades de la fe cristiana, denuncian a Roma, a sus dioses, e incitan a la rebelión.

Uno de esos lugares adonde han llegado los escritos de Catalina -pasados por contrabando en las naves mercantes- es el Muro de Adriano, en Caledonia (actual Escocia), en Britania, donde el emperador Constancio Cloro (Edward Fox) combate a los bárbaros con ayuda de un joven comandante, Constantino. Casi todos los bárbaros varones han sido ya liquidados por las tropas romanas, por lo que son las mujeres -madres, hijas, hermanas, parientes, esposas- las que han tomado las armas contra sus enemigos, quienes, perplejos, se encuentran con que no pueden hacer frente a su enconada resistencia. Estas mujeres bárbaras dicen seguir las enseñanzas de una cristiana egipcia llamada Ekaterina, y ostentan un símbolo parecido a una especie de rueda con puntas. Constantino, que se había unido al ejército romano desde joven con la esperanza de encontrar a quienes asesinaron a su familia y se llevaron a su amiga de la infancia, reconoce en este símbolo un dibujo que ella solía hacer sobre las rocas de la playa, y cae en la cuenta de que Ekaterina, “la profeta” como la llaman sus seguidores, es su amiga Catalina, la que ha estado buscando todo este tiempo.

Catalina (Nicole Keniheart) predicando a los pobres de Alejandría.

Catalina (Nicole Keniheart) predicando a los pobres de Alejandría.

En Roma ha cundido la alarma por los escritos transgresores de la cristiana egipcia, muy difíciles de controlar ya que ella los copia en diversos idiomas. Cuando una delegación de senadores romanos llega a Alejandría para consultar el tema con Majencio, son recibidos por la emperatriz Vita, quien reconoce enseguida que esos panfletos son de Catalina. El estilo de la culta cristiana es tan poético y profundo que, en principio, Vita no ve nada peligroso en él, pero cuando Catalina es convocada a hablar con ella y con los senadores, admite abiertamente que ella no da culto a sus dioses y que no cree en ellos. Vita busca entonces una solución y propone que Catalina se enfrente, en una audiencia pública, a los más sabios e instruidos senadores de Roma, para que sea derrotada, humillada y avergonzada por ellos en público, y así, sea desacreditada y olvidada como farsante y charlatana. Esta solución le parece a la emperatriz mucho más aceptable que ejecutarla en público, como querrían los senadores, pues así la convertirían en mártir y sólo lograrían la rebelión y la furia de sus innumerables seguidores, lo que no convenía al Imperio en un momento de debilidad política, con dos emperadores enfrentados y el ejército dividido y sin moral. De hecho, para forzar más las cosas, intentan presionar a Catalina para que se deje vencer por los sabios, pero ella se niega rotundamente a mentir y a contribuir a una farsa. Entonces, envían a un soldado, que le da una brutal paliza, y la encierran en prisión; para que el día de la audiencia tenga un aspecto lamentable que contribuya a empeorar su imagen. En la celda, es visitada por un arrepentido y conmovido Galo, quien está obligado a asistir a la audiencia como rival suyo, pidiéndole perdón por lo que tiene que hacer y adivirtiéndole que, si no se deja vencer, la matarán. “Conozco las palabras falsas que podrían salvarme, le dice Catalina, pero una muerte natural, de anciana, al cabo de los años, no parece ser apropiada para una alma como la mía. Jamás renegaré de mi Padre”.

A pesar de haber sido maltratada, Catalina (Nicole Keniheart) se enfrenta a los sabios y eruditos de Roma y los vence en lid dialéctica.

A pesar de haber sido maltratada, Catalina (Nicole Keniheart) se enfrenta a los sabios y eruditos de Roma y los vence en lid dialéctica.

El día en que Catalina es llamada ante los eruditos de Roma, está harapienta, magullada y sin poder mantenerse en pie. Esto satisface a los eruditos porque creen que será fácil vencerla, pero se encuentran con una enconada resistencia por parte de la Santa, la cual, recurriendo a su cultura y a su inmensa fe, deshace los argumentos de sus contrincantes y los hace enmudecer de consternación, mientras es jaleada por sus discípulos, que están en la sala. Galo, iluminado, se adelanta y proclama que Catalina dice la verdad, atrevimiento que pagará con su vida. En cuanto Majencio descubre lo que ha sucedido, monta en cólera y ordena que sea ejecutada con crueldad: siendo destrozada en una rueda de púas.

Cuando la noticia de la muerte de Catalina llega a oídos de Constantino, él, consternado, quiere desertar del ejército, pero Constancio Cloro le nombra su sucesor. No le queda más remedio que asumir la púrpura imperial y encontrarse con Majencio en el puente Milvio, cerca de Roma, donde ha sido convocado. Pero cuando están uno frente a otro, Constantino reconoce en Majencio al hombre embozado que secuestró a Catalina y mató a su familia. Furioso, lo asesina, vengándose del daño hecho; y emprende un viaje a Alejandría con las mujeres bárbaras seguidoras de Catalina para encontrar su cuerpo. Allí, rodeado de sus seguidores, la hace enterrar en el monte Sinaí, y hace solemne promesa, sobre la tumba de Catalina, de honrar su memoria permitiendo que todos puedan acudir allí a venerarla sin miedo, asegurando que no habrá más persecuciones de cristianos y que en adelante, todos podrán rezar a Dios en paz y libertad, como ella quería.

Semejanzas y divergencias con la passio
Quienes conozcan a fondo la leyenda de Santa Catalina, habrán comprendido a estas altura que esta película es muy fiel a algunos aspectos de la misma, aunque otros los adapta libremente. Eso no está mal en absoluto porque, como ya hemos indicado, la passio de Santa Catalina es un relato fantasioso, inverosímil y de nulo valor histórico, cuya adaptación fiel y literal hubiese resultado un tanto ingenua. La versión de Michael Redwood nos ofrece una visión más verosímil, por lo menos en cuanto respecta a la trama de la Santa.

Secuencia del martirio: Catalina (Nicole Keniheart) es torturada y ejecutada en una rueda de púas.

Secuencia del martirio: Catalina (Nicole Keniheart) es torturada y ejecutada en una rueda de púas.

Por ejemplo, hay diferencias en el origen de la Santa: en la passio era una princesa, hija de una reina siciliana y un príncipe samaritano, pagana en origen y conversa por un ermitaño. En la película es hija de una tribu nómada árabe, que ha sido cristiana desde siempre. Es más creíble lo segundo respecto a lo primero, ya que príncipes y princesas no había ya a esas alturas del Imperio, ya plenamente provincializado; pero también es verdad que el nombre de Ekaterina -pura, inmaculada- es griego y no parece el más lógico en una muchacha árabe. En cualquier caso, en lo demás se ha respetado considerablemente la passio: la Santa es una mujer culta, instruida, muy sabia, que se enfrenta a los eruditos que ostentan el poder -no son cincuenta y no son filósofos propiamente dichos, como en la passio, sino que son unos diez y son más bien senadores, bibliotecarios y sabios en general, lo que es casi lo mismo- y que sufre un terrible martirio en una rueda de púas.

En el martirio tenemos una diferencia sustancial, y es que estamos acostumbrados a los lienzos y esculturas de la princesita castamente arrodillada entre ruedas de cuchillas que se rompen sin tocarla, mientras angelitos del cielo bajan a salvarla. Naturalmente, esto pretende ser una película histórica y no una copta -que sí hubiese adaptado este tipo de pasajes literalmente, como se ve en la película de Santa Damiana-; por tanto, la protagonista de la película no elude el tormento: Catalina muere en la rueda, no descuartizada, troceada ni fileteada en una rueda de cuchillas estrictamente; sino en otra variante de rueda que también existía en la época: la rueda de púas, de rotura –breaking wheel, en inglés- es decir, en una rueda-plataforma lanzada desde gran altura que, efectivamente, al final de la secuencia del martirio se rompe, sólo que el cuerpo de la ajusticiada se rompe con ella. Un punto fuerte a favor de la película que destruye las fantasías milagreras de las passio y nos da un baño de auténtica realidad: la de los mártires cristianos que hallaron una muerte horrible por confesar a Jesucristo.

Secuencia del funeral de la Santa: Constantino (Jack Goddard) besa el cadáver de Catalina (Nicole Keniheart).

Secuencia del funeral de la Santa: Constantino (Jack Goddard) besa el cadáver de Catalina (Nicole Keniheart).

Por lo demás, el punto fuerte de la película es la interpretación de Nicole Keniheart como Santa Catalina: el católico medio, devoto de la Santa, quedará estupefacto al ver lo acertada y fiel que está la figura de la mártir en la película, es imposible no reconocer a Catalina en la actuación de esta actriz rumana, hasta ahora desconocida. Desde el primer instante de la película no nos cabe duda de que estamos ante una Santa, de hecho, los paganos que la rodean, como se constata a lo largo de la película, creen que están ante una diosa encarnada en mujer mortal. Y no es de extrañar con el aura sobrenatural que rodea a Catalina en toda la película, una mujer en la que la belleza es sólo un accesorio sin importancia: serena, inspirada, inalterable, habla con una dicción lenta y solemne que hace que todos los que la oyen se queden escuchándola embobados, eruditos y realeza incluida. Habla poco, pero cuando habla dice todo un mundo. En personas viles o malvadas no malgasta palabras salvo que se vea forzada a ello. Su mensaje es para los pobres y sufrientes del mundo. Y ante la adversidad, la tortura o el sufrimiento, se entrega a su destino mansamente, sin resistencia, sin gritos, como si desde el principio supiera lo que le esperaba. De hecho, que de niña pintara ya un símbolo semejante a una rueda de púas es una insinuación de que tiene el don de profecía y sabía cómo iba a morir. “La profeta”, la llaman los suyos, y esto viene reforzado en otra escena en la que profetiza la condenación del alma de Majencio. Indiferente a los requerimientos sexuales del emperador, que no sabe obligarla ni someterla; y a los celos de su esposa Vita, que está perpleja ante una mujer que es incapaz de mentir para salvar la vida.

Nicole Keniheart es Santa Catalina de Alejandría, la ha interpretado con una grandeza y dignidad que ridiculiza a muchas actrices que han interpretado a Santas en la pantalla; y sólo por ella vale la pena verse esta película. Todo un aplauso para el director que ha mostrado el máximo respeto por la dignidad de esta mártir cristiana y la ha llevado a la pantalla dignamente, sin caer en el cliché facilón de presentar a una cara dulce, inocente y bonita pero con nula inteligencia; y buscándole un “novio” o pareja sentimental. Catalina brilla por sí sola y no necesita a nadie más. Su mejor escena: la disputa con los eruditos, que logra ponerte los pelos de punta y que es, sin duda, el clímax de la película.

Panorámica de la escena de la disputa con los sabios.

Panorámica de la escena de la disputa con los sabios.

El despropósito histórico
Pero no todo es positivo en esta película, y también tiene aspectos negativos que deben ser criticados. Se puede decir, tranquilamente, que las partes de Constantino y los bárbaros sobraban totalmente en esta película. Y no sólo porque es bastante inverosímil que en el siglo IV de nuestra era, los bárbaros -las bárbaras, perdón- aposentadas en el extremo norte del Imperio hubiesen oído hablar de una cristiana predicadora egipcia, fueran capaces de leer, fueran capaces de leer en griego, de hablar latín -inglés en la película (!!)- con sus enemigos y convertirse al cristianismo. Esto no tiene nada de histórico, pues no ya la romanización, sino la evangelización de Britania e Hibernia, como sabemos, también fue muy posterior.

Por si esto no fuese suficiente despropósito histórico, el director, que tanto respeto y acierto ha mostrado en adaptar la figura de Catalina, la ha fastidiado totalmente con la de Constantino (sí, Constantino I, el Grande, al que Lactancio y Eusebio calificaron erróneamente de “primer emperador cristiano”, que no lo fue hasta el lecho de muerte). Es de perogrullo recordar que Constantino y Catalina no vivieron en la misma época y, aunque lo hubieran hecho, difícilmente se hubieran conocido un militar de alta promoción romano, hijo de emperadores, emperador y padre de emperadores; y una cristiana de Egipto martirizada en una rueda. Pero bueno, esta modificación histórica, en pro de la trama de la película, se tolera. Lo que no se tolera es la total alteración de hechos históricos que son bien conocidos y relevantes para la historia romana y del cristianismo, en pro de una versión totalmente inventada, salida de los delirios personales del director. Sabemos que Constantino era hijo de Constancio Cloro y de Flavia Julia Helena –Santa Elena-, y que heredó el Imperio tras derrotar a Majencio en la batalla del puente Milvio. ¿Por qué en la película, Constantino “el Grande” es simplemente un comandante militar cualquiera, hijo de una tribu nómada árabe de Egipto, y Constancio Cloro le elige sucesor aún después de que haya manifestado su deseo de desertar, haya vilipendiado en público a los dioses romanos y a la Roma misma, confesado que se unió a la milicia sólo por venganza y por encontrar a su amiga perdida de la infancia? Esto no tiene ningún sentido. ¿Por qué va a todas partes sin apenas escolta, sin distintivo ni uniforme, las bárbaras le pegan palizas, los soldados se ríen de él y hasta los harapientos cristianos de Alejandría quieren esconderle el cuerpo de Catalina? Está claro que los personajes estirados, solemnes y grandilocuentes no son buenas adaptaciones, pero la del Constantino de esta película parece una broma de mal gusto por parte del director.

Una de las escenas eliminadas de la película: Elena -¿Santa Elena?- (Jean Marlow) lava y unge el cuerpo la Santa (Nicole Keniheart).

Una de las escenas eliminadas de la película: Elena -¿Santa Elena?- (Jean Marlow) lava y unge el cuerpo de la Santa (Nicole Keniheart).

La adaptación del emperador Majencio es todavía peor, mostrándonos a un lunático cobarde, psicópata y tiránico que se pasa la película chillando y dando bastonazos a la gente de su alrededor -Catalina incluida- y mirando a todo el mundo como si estuviera rodeado de idiotas. ¿A qué viene esto? ¿Por qué todos los emperadores perseguidores de cristianos son retratados como una mini-copia del estereotipo de Nerón? Lógicamente, todos los emperadores no son Nerón -más bien, lo que la mentalidad cristiana pensaba de Nerón- y por tanto, resulta ridículo retratar a un emperador romano como un pelele loco y desequilibrado mental. Por no mencionar que su esposa no se llamaba Vita -sino Valeria Maximila- y que seguramente tampoco coincidió con la época del martirio de Santa Catalina, que suele ubicarse durante el reinado de Maximino Daia. Y por no mencionar que murió en batalla, no a pedradas por parte de un histérico y amargado Constantino.

En las escenas de batallas entre romanos y bárbaras no me meto, tampoco en la triste y limitada recreación de la ciudad de Alejandría. Digamos simplemente que Alejandro Amenábar, en su obra maestra “Ágora”, hizo un muchísimo mejor trabajo en ese sentido, aunque también contaba con mayor presupuesto, porque, no lo olvidemos, estamos ante una película independiente que ha estado años estancada en postproducción debido a la falta de inversores. Así que ese pequeño desliz que tiene en algunas recreaciones y decorados se lo vamos a permitir, siendo cierto también que los vestuarios están bastante conseguidos.

El tema de la religión: claramente no estamos ante una película religiosa. Parece que el director -o los inversores o los productores, vete a saber- tienen miedo de que se note que es una película sobre una Santa mártir cristiana. ¿Por qué, si no, llegado el momento del lanzamiento, cambian el título original de la película –Katherine of Alexandria-, que hace referencia a la Santa, por el génerico Decline of An Empire, y pasan a anunciarla como una película militar de romanos y una historia del emperador Constantino, cosa que no es, eliminando a la Santa de la sinopsis y de la portada de la película, para poder comercializarla en Estados Unidos? Una clara muestra de la presión del marketing y lo banal de lo comercial en nuestra sociedad: la historia de una mártir cristiana no vende, pero la de unos bárbaros dándose de tortas con romanos en Britania mientras Constantino lo ve todo, sí. De vergüenza.

Otra de las escenas eliminadas de la película: la emperatriz Vita (Samantha Beckinsale) visita a la Santa en prisión.

Otra de las escenas eliminadas de la película: la emperatriz Vita (Samantha Beckinsale) visita a la Santa en prisión.

Lo irónico es que NO es una película de romanos con bárbaros, sino de una mártir cristiana. Pero hasta bien llegada la mitad de la película no se dice que Catalina es cristiana. De hecho, la palabra Jesús es apenas mencionada dos veces, y ninguna de ellas por Catalina, que, sin embargo, sí habla de un “Dios único todopoderoso” al que ella llama “Padre”. Estrictamente hablando, igual hubiese podido referirse a Jesucristo, que al Sol Invicto o al dios egipcio Atón, porque no hay más especificaciones. Sabemos que es cristiana porque así es mencionado por algunos personajes de la película, aunque de nuevo, no refiriéndose a ella, sino a sus seguidores. Esto puede excusarse si consideramos que la película está hecha desde el punto de vista de los paganos -que creen que es una diosa reencarnada, los que la admiran; o un demonio poseído, los que la odian-; paganos que no sabían gran cosa del cristianismo ni les importaba, salvo su rebelión política a la religión de Estado.

Otro error típico de las películas históricas es pecar de anacronismo, es decir, introducir valores contemporáneos en contextos donde éstos aún no existían. Que una persona criada en un palacio imperial incite a la sedición política contra el Estado romano es bastante inverosímil, más tratándose de una Santa cristiana. Pero además, algunas de las razones aducidas por ella para denunciar a los dioses romanos -por ejemplo, que son un mero préstamo de la mitología griega- eran sobradamente conocidas no sólo por la gente culta, sino también por la gente de a pie: la virtud amalgamante y sincrética de Roma, que fagocitó e incorporó sin problemas los dioses y religiones de las tierras conquistadas, era vox populi y hasta es aducida como argumento por la propia emperatriz Vita en la película, por lo que no se entiende por qué luego este razonamiento, en boca de Catalina, logra escandalizar a los senadores. Tal realidad era obvia para los contemporáneos.

Por último, una gran crítica a la postproducción: hay muchas escenas originales, rodadas para la película, que han sido eliminadas en la versión final. Esto suele suceder, lo inaceptable es que hayan sido escenas dedicadas a la Santa, que en mi modesta opinión eran imprescindibles, como la visita de la emperatriz a su celda, la quema de su biblioteca, su cuerpo arrojado a las cenizas de esa biblioteca, y cómo los seguidores lo recogen y lo honran. En cambio, las escenas de peleas con bárbaros han sido todas incluidas. Una lástima, una ocasión perdida en una película donde sobran romanos y faltan escenas de la protagonista. Menos bárbaras. Más Catalina.

Detalle de la Santa (Nicole Keniheart) durante la disputa con los eruditos.

Detalle de la Santa (Nicole Keniheart) durante la disputa con los eruditos.

Conclusiones
Estamos ante una excelente versión de la vida y martirio de una famosísima Santa cristiana que, hasta día de hoy y pese a que está rodeada de leyenda, sigue siendo venerada por toda la cristiandad católica y ortodoxa. No es una película religiosa ni devota -aunque sí inspiradora e impactante-, sino más bien una ficción pseudohistórica cuya virtud es rendir un sentido homenaje a una mujer de gran talento y sabiduría que fue brutalmente asesinada por desafiar al Estado opresor; un mensaje que sí es recurrentemente aceptable para telespectadores creyentes de todas las religiones, y no creyentes también. Estableciendo una analogía con la filósofa neoplatónica, alejandrina también, Hipatia, que también fue salvajemente asesinada por sus creencias, podemos decir, salvando las obvias distancias, que Catalina es la Hipatia cristiana, como Hipatia es la Catalina pagana.

Por desgracia, todo lo que concierne a la Santa es la parte buena de la película; la parte mala, la que sobra, la que aburre, son las interminables escenas de peleas de bárbaras con romanos y Constantino dando vueltas por el campamento mientras los soldados hacen el payaso en sus ratos libres. No entiendo las intenciones del director al llenar la película con esta morralla pseudohistórica que no tiene pies ni cabeza. Aparte de esto, es una película interesante, fascinante, y recomiendo verla. Ha salido directamente comercializada en DVD como Decline of An Empire en Estados Unidos, con audio en inglés y subtítulos en inglés y en español, aunque no se descarta que se hagan versiones para Europa y otros países y que -Dios lo quiera- mantengan su título original, Katherine of Alexandria, para hacer justicia a la que es la auténtica protagonista de la película.

Le doy un 8 sobre 10 a la película. Le hubiese dado el 10 rotundo de no ser por las bárbaras, por Constantino y las peleas de romanos que no vienen a cuento; porque la parte dedicada a la Santa es fantástica, la recreación de la disputa y el martirio son excelentes, y la actriz que la ha interpretado lo merece. Lástima que las películas independientes respondan mucho al capricho de un director que tiene una pobre documentación histórica de la época que pretende recrear; pero que al mismo tiempo ha dotado a la figura de la Santa de un acierto y dignidad inmejorables. Os la dejo aquí: no os la perdáis.

La actriz rumana Nicole Keniheart interpreta a Santa Catalina, mártir de Alejandría.

La actriz rumana Nicole Keniheart interpreta a Santa Catalina, mártir de Alejandría.

LO MEJOR: La interpretación de Nicole Keniheart como Santa Catalina. La escena de la disputa con los eruditos.

LO PEOR: Las escenas en Britania. La penosa adaptación de las figuras de Constantino y Majencio. La total tergiversación histórica de una parte absolutamente prescindible de la película.

“Mi queridísimo Padre,
mantengo que toda la gente que vive en la tierra son Tus hijos.
Ésta es Tu tierra, protégela. Permíteme descansar en paz”
. (Catalina)

Meldelen

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santa Catalina de Alejandría y el calendario

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santa Catalina de Alejandría, lienzo de Jacques Louis Touzé. Iglesia de Santo Tomás de Aquino, París (Francia).

Santa Catalina de Alejandría, lienzo de Jacques Louis Touzé. Iglesia de Santo Tomás de Aquino, París (Francia).

Pregunta: Quiero mucho a Santa Catalina mártir, era la santa de mi abuela. He oído que la quitaron del Calendario Católico Romano de Santos, ¿por qué hicieron algo así? Filipinas

Respuesta: Antes que nada, te agradará saber que Santa Catalina de Alejandría (como suele llamarse, para distinguirla de las otras Santas Catalinas) vuelve a estar presente en el calendario, desde el año 2005, como Memoria Libre. Este problema de los “santos caídos del calendario”, se debe a que el Beato Pablo VI, en 1969, ordenó revisar el calendario litúrgico para suprimir del mismo a los santos de cuya existencia histórica no hubiese suficientes pruebas (lo que, atención, no implica descanonizarlos ni prohibir su culto), en pro de nuevos cultos a santos más contemporáneos que conocemos mejor. Aunque la idea en principio no es nada mala, se cometieron algunas injusticias al respecto, siendo el caso de Santa Catalina, la mártir, uno de ellos.

Hay una tendencia general a suponer que si la vida de un santo es legendaria, el santo también lo es (dicho en plata, si se cuentan muchas trolas de un santo, ese santo también está inventado) y yo fui la primera que, en otro tiempo, pecó de esto. Pues bien, esto no vale para todos los casos ni mucho menos. Hay que pensar que allá donde surge el culto a un santo, hay un origen que lo motivó. Detrás de una leyenda siempre hay una persona real cuya vida sirvió de inspiración a uno o a muchos, empezando un culto a esa persona por sus méritos. Que posteriormente los detalles de su vida se fueran perdiendo o se desconocieran, y tuvieran que ser reemplazados por relatos fabulosos y legendarios para tratar de rellenar ese vacío, no significa en absoluto que esa persona jamás haya existido.

En el caso de Catalina, es bien cierto que sus famosas actas son pura leyenda y que es poco creíble la princesa filósofa que se desposara místicamente con Cristo (¡nótese que este pasaje no estaba aún incluido en la Leyenda Áurea, es posterior!), derrotara a cincuenta filósofos en lid dialéctica y fuese torturada y ejecutada en la populosa Alejandría de Egipto. Pero eso no significa que no existiera esa mártir. Debió existir cuando la comunidad cristiana (y no una bandada de ángeles) se encargó de trasladar sus restos a donde hoy se emplaza el monasterio que lleva su nombre en la península del Sinaí, entre Egipto y Arabia. Si se llamaba realmente Catalina, si era joven o vieja, filósofa o esclava, ya son cosas que no sabremos nunca. Debió existir cuando, sin exagerar, se trate probablemente de una de las Santas más conocidas y veneradas en toda Europa desde la tardía Antigüedad hasta inicios del siglo XIX, y desde luego existen más representaciones artísticas de ella que de ninguna otra Santa, le supera únicamente la Virgen María.

Sepulcro de la Santa. Monasterio de Santa Catalina del Sinaí (Egipto).

Sepulcro de la Santa. Monasterio de Santa Catalina del Sinaí (Egipto).

Santa Juana de Arco afirmó y refrendó hasta la muerte que era Catalina una de las santas que se le aparecían y le hablaban, llevando precisamente ella la voz cantante en la mayoría de las ocasiones. Naturalmente esto no hay modo de demostrarlo y si era verdad o no sólo Juana lo sabía. Pero permite hacerse una idea de la importancia que había alcanzado a nivel de devoción popular. No había nadie en toda la cristiandad que no hubiese oído hablar de ella o conociese algún episodio de su vida, y además, hasta hoy mismo, los ortodoxos siguen venerándola como Gran Mártir, el título martirial más alto concedido a los santos ortodoxos.

Además, Catalina estuvo mucho tiempo atrapada en las redes de los Bolandistas, hasta que al fin dieron su visto bueno a su existencia histórica, descartadas de una vez las extrañas teorías que pretendían identificarla con Hipatia. Las reliquias que se veneran de ella en el monasterio ortodoxo del Sinaí, que están prácticamente completas (el cuerpo está en un sarcófago, mientras que el cráneo y la mano derecha se guardan en relicarios separados), se consideran auténticas y recibieron el reconocimiento de Juan Pablo II, quien se trasladó en visita oficial hasta el Sinaí para venerarlas. Y finalmente el colofón fue restituir a esta Santa al calendario oficial.

La realidad es que el culto a Santa Catalina de Alejandría ha retrocedido considerablemente desde inicios del siglo XIX, pero no ha muerto ni mucho menos. En muchas partes (como en Valencia, por ejemplo) sigue teniendo iglesias consagradas a ella (antiguas y nuevas) y se le celebra fiesta cada 25 de noviembre. Y como ella, existen otras Santas que fueron retiradas del calendario y que debería considerarse su reincorporación, precisamente por lo que decía al principio, porque habiendo un culto muy antiguo e importante, y unas reliquias reconocidas como auténticas, y con ello habiendo pasado el filtro de los Bolandistas, no queda ya ninguna barrera por la que un santo debiera ser apartado del culto. Otra cosa es, naturalmente, una leyenda, y lo que ésta pueda decir. Ésa sí que es otra historia.

Fotografía de San Juan Pablo II venerando el cráneo de Santa Catalina. Monasterio del Sinaí, Egipto.

Fotografía de San Juan Pablo II venerando el cráneo de Santa Catalina. Monasterio del Sinaí, Egipto.

Pregunta: Me quedó una duda sobre Santa Catalina de Alejandría, decíais que su culto estuvo abolido después del Concilio y que luego más tarde se retomó, ¿me puedes explicar esto?. Me interesa mucho el tema, porque esta Santa fue patrona de mi pueblo y no sé por qué razón dejó de serlo. Como sabes mi calle se llama Santa Catalina, en honor suyo. España

Respuesta: El culto a Santa Catalina mártir, que yo sepa, nunca estuvo abolido. No se puede abolir un culto a menos que éste tenga algo contrario a la fe; y no es el caso. Tampoco puede prohibirse ni descanonizarse a un Santo. Lo que ocurrió es lo que he relatado en la consulta de arriba: que en tiempos del Beato Pablo VI se retiraron del calendario romano oficial algunos Santos considerados de dudosa existencia histórica, entre ellos, a Santa Catalina. Pero ello no implica ni la prohibición de su culto ni su “descanonización”, algo que sería inabarcable y, a lo sumo, tiránico, teniendo en cuenta de que esta Santa sigue siendo venerada y sigue siendo patrona de muchas ciudades, pueblos, asociaciones, universidades… que podían seguir celebrándola en el día de su fiesta (25 de noviembre) como siempre. Eso antes de que fuese oficialmente devuelta como Memoria Libre, recordemos, en el año 2005. Entre otras razones de peso, como la antigüedad de su culto y la ininterrumpida presencia y veneración de sus reliquias en el Sinaí (Egipto), la misma visita de San Juan Pablo II a este lugar y la pública veneración de las reliquias de la Santa por parte del mismo. Si esa Santa no existía, si la Iglesia hubiese querido prohibir su culto o descanonizarla, ¿a Santo de qué un Papa de Roma se pondría en ridículo fotografiándose con ellas o venerándolas? Hay que decir que como mínimo, hubiese sido algo hipócrita o contradictorio. Por esto y por otras razones supongo que fue devuelta al calendario oficial.

Sin embargo, culturalmente la gente ha interpretado esta retirada del calendario como una prohibición universal o como un descrédito de la Iglesia hacia estos Santos. Esto no es cierto y es descorazonador la cantidad de personas que afirman “este Santo no existe porque hasta la Iglesia lo tiró del calendario/prohibió su culto/lo quitó de sus fiestas luego dijo que no existía”, algo que ha sido muy aplicado al caso de Santos que ha interesado mucho descalificar, como Santa Filomena. La retirada de un Santo del calendario oficial no es un descrédito de la Iglesia hacia este Santo, sino una sustitución del mismo por un Santo más contemporáneo y conocido. Y eso no implica ni descréditos ni desprecios ni prohibiciones. La fiesta de estos Santos retirados sigue celebrándose de forma local en aquellos lugares donde existe su culto, con pleno consentimiento y autorización de la Iglesia. Un sentimiento de devoción sana y entrañable, de acuerdo a la fe, no puede ni debe prohibirse.

Mano incorrupta de la Santa. Monasterio de Santa Catalina, Sinaí (Egipto).

Mano incorrupta de la Santa. Monasterio de Santa Catalina, Sinaí (Egipto).

Por ello, lamentaría mucho que la retirada del culto a Santa Catalina en tu ciudad se debiera a la influencia que tuvo esta reforma de los años 60, tan mal interpretada por algunos. La Santa sigue mereciendo el culto y el cariño de los cristianos, porque pese a su pasión y martirio envueltos en la leyenda, históricamente sus reliquias siempre han sido veneradas en el Sinaí, por Santos y Papas incluidos, como podemos ver.

Por último, decir que con esto he expresado mi opinión personal sobre lo poco que sé de este tema, y que animo a que los que saben más que yo me corrijan y completen. Sólo por citar un ejemplo final: el patrón de la ciudad donde ahora vivo es San Cristóbal, otro retirado del calendario, y su culto y fiestas no se han resentido ni lo más mínimo, como debe ser.

Meldelen

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Los Desposorios Místicos de Santa Catalina de Alejandría

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Matrimonio místico de Santa Catalina mártir. Óleo decimonónico de Joseph Navez.

Matrimonio místico de Santa Catalina mártir. Óleo decimonónico de Joseph Navez.

Pregunta: ¿Santa Catalina de Alejandria tambien fue mística? He visto algunas pinturas sobre desposorios misticos. ¿Hay algo sobre este tema, desposorios misticos? México

Respuesta: No, Santa Catalina de Alejandría, virgen y mártir (25 de noviembre) no fue mística, como sí lo han sido otras santas con el mismo nombre, por ejemplo, la célebre Santa Catalina de Siena (29 de abril). Sobre los desposorios místicos de los que hablas, se trata de un episodio legendario de la vida de la Santa que fue añadido muy tardíamente a sus actas, y con tardíamente me refiero ya a la época medieval –resulta muy significativo que este pasaje todavía no esté presente en la Leyenda Áurea de Iacopo Della Voragine, manual de referencia obligatoria para los fieles de la época-. Es decir, ya de entrada tenemos que saber que el episodio de los desposorios místicos de la mártir de Alejandría es puramente legendario y no tiene nada que ver con la vida real de la Santa –que es desconocida- e incluso me atrevería a decir que tiene bastante influencia sobre otros episodios de matrimonios místicos conocidos en otras vidas de Santos. O, más bien, diría que es al revés: que los episodios de matrimonios místicos de otros Santos han influido sobre éste. De hecho, creo que es más que probable que el matrimonio místico por excelencia, experimentado por Santa Catalina de Siena, pasó a la leyenda de Santa Catalina de Alejandría por “contaminación”, es decir, que se confundió a una Catalina con otra -¡simplemente porque ambas llevan el mismo nombre!- y pasó de la mística a la mártir. Pero voy a describir la leyenda en sí.

La tradición dice que Santa Catalina era hija de una reina siciliana y de un príncipe samaritano, y a sus dieciocho años seguía sin desposar porque se consideraba tan bella y tan inteligente que ningún hombre mortal la merecía. En esto la interpeló el ermitaño Ananías, quien le propuso un esposo superior a todos los hombres de la Tierra. Ella exigió verlo antes de empeñar su palabra, y el ermitaño le indicó entonces que de noche, se encerrara en su aposento, encendiera las antorchas como para recibir a un gran invitado, y pronunciara en voz alta la invocación “Señora, Madre de Dios, mostraos graciosa conmigo permitiéndome ver a vuestro Divino Hijo”. Así lo hizo ella y se le apareció la Virgen con el Niño, quien le ofreció a Jesús en matrimonio. Ella se mostró inmediatamente dispuesta, pero el Niño la rechazó diciendo que era demasiado fea, y la visión desapareció.

Otra versión de la leyenda: el ermitaño Ananías muestra a la Santa un icono de la Virgen con el Niño. Fresco gótico en S. Maria della Roca, Offida (Italia).

Otra versión de la leyenda: el ermitaño Ananías muestra a la Santa un icono de la Virgen con el Niño. Fresco gótico en S. Maria della Roca, Offida (Italia).

Se quedó desconsolada Catalina porque se tenía por la mujer más hermosa de la Tierra, y cuando acudió al ermitaño Ananías para contárselo éste le dijo que su cuerpo era muy bello, pero que su alma era feísima porque estaba manchada de egoísmo, soberbia y paganismo; y que sólo convertida y bautizada sería aceptada por el Divino Esposo. Tras lo cual la instruyó en la fe cristiana, la bautizó, y cuando volvió a invocar a la Virgen y ésta se apareció, el Niño dijo: “Ahora sí que la quiero, pues se ha trocado en doncella purísima y hermosa”. Y se desposó místicamente con ella, intercambiando un anillo de bodas –que es uno de tantos atributos de la Santa-, tras lo cual desapareció la visión de nuevo.

Otras versiones, en lugar de una aparición, hablan de una estatuilla de la Virgen con el Niño que tendría Catalina en su cuarto -algo ridículo si tenemos en cuenta que los cristianos antiguos tendrían tal cosa por idolatría-, y que le daría la espalda hasta su conversión, momento en que se volvería hacia ella, o un icono en el que la Virgen y el Niño se negarían a mirarla hasta que la hubieran visto convertida -igualmente poco probable, al no haber llegado todavía la época de la veneración de iconos-.

Este relato no es más que una ilustración simbólica y devota de cómo la virgen cristiana que se consagra a Dios se desposa místicamente con Cristo (es decir, lo místico es el matrimonio, no la Santa, al menos en este caso). Lo vemos en otros relatos de vidas de Santas, como Santa Catalina de Siena, Santa Teresa de Jesús… pero en el caso de Santa Catalina mártir no es más que una leyenda, leyenda que sin embargo ha creado toda una amplísima corriente de temas iconográficos que han quedado sobretodo reflejados en la pintura. La variedad de versiones de los desposorios de Santa Catalina en el arte es inmensa –inmensa hasta aburrir- y probablemente sea el tema más representado después de los temas marianos.

Meldelen

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Breves cuestiones sobre iconografía de algunas Santas mártires

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Imagen de Santa Catalina, mártir de Alejandría, que adorna la fachada del Sagrario Metropolitano, México D.F. (México).

Imagen de Santa Catalina, mártir de Alejandría, que adorna la fachada del Sagrario Metropolitano, México D.F. (México).

Santa Catalina mártir
Pregunta: ¿Alguien me podría decir qué escena representa esto? México

Respuesta: Esta escultura representa a Santa Catalina de Alejandría, virgen y mártir, conmemorada el 25 de noviembre. Reproduce la iconografía más usual de la Santa:

La rueda de cuchillas: con la que tradicionalmente se dice fue torturada. Aquí apenas se ve, y no lleva cuchillas, pero asoma por la parte inferior de su vestido, en su lado derecho.

La espada: atributo general del martirio, después del tormento, fue decapitada.

La cabeza cortada: es la del César Maximino, que emitió su sentencia de muerte. Representa el triunfo de la mártir sobre el tirano pagano. Naturalmente, ella no volvió de entre los muertos para matarlo, es una alegoría. Y tradicionalmente se le representa como un turco, pero debido a la ignorancia de la época respecto al aspecto de un César romano.

La palma: símbolo de la victoria del martirio. Es curioso cómo la está sujetando por la parte superior y no por la inferior, que es más habitual.

La escultura se halla en la fachada del Sagrario Metropolitano de la Ciudad de México. Gracias amigo, por compartirla con nosotros.

Santas con rueda
Pregunta: ¿Y cómo se puede distinguir a cada una de ellas, si tienen los mismos atributos? México.

Respuesta: Hola, me preguntas por las santas que aparecen con una rueda de cuchillas, un instrumento de tortura conocido ya en la Antigüedad. La más conocida es Santa Catalina de Alejandría (25 de noviembre) y es por eso que la gente tiende a identificarlas a todas con ella. La mayoría de veces acertarán, pero como en todas las cosas, hay excepciones.

Escultura en bronce de Santa Eufemia, mártir de Calcedonia, que motivó la pregunta. Rovinj, Croacia.

Escultura en bronce de Santa Eufemia, mártir de Calcedonia, que motivó la pregunta. Rovinj, Croacia.

Otra santa que aparece con la rueda de cuchillas es Santa Eufemia de Calcedonia (16 de septiembre) porque también fue torturada en una de ellas, según la legendaria passio. Para distinguir una de otra simplemente tienes que tener en cuenta los otros atributos: Eufemia suele llevar un par de leones, o uno solo, con ella, porque fue arrojada a las bestias, cosa que no le sucedió a Catalina –que sepamos, claro-. En el caso concreto que nos ocupaba, es decir, la imagen que preside la panorámica de la ciudad de Rovinj (Croacia) es cierto que aquí no lleva leones, por lo que tendrías que saber que Rovinj es uno de los dos lugares donde más reliquias de la Santa hay, y es patrona de la ciudad. Sabiendo eso da lo mismo que lleve leones o no: es Santa Eufemia. Además, en Rovinj es más frecuente que aparezca llevando una pequeña maqueta de la ciudad, símbolo de su patronazgo sobre ella, lo que también contribuye a distinguirla.

Aún hay otra –que yo conozca- que lleva la rueda de cuchillas: Santa Augusta de Serravalle (22 de agosto), ésta mucho menos conocida. Es una mártir de la zona de Treviso a quien su padre también mandó torturar en una rueda. Se distingue de las otras dos porque suele llevar a su lado una pequeña hoguera –fue colgada de un árbol bajo las llamas- y unas tenazas –su padre también mandó arrancarle los dientes-. Aquí también hay que tener en cuenta de dónde proceden las imágenes porque es más frecuente que una santa local aparezca más representada en cierto ámbito que otras santas más famosas con la misma iconografía. Es decir, que es más probable que una santa con rueda en Treviso o Vittorio Véneto sea Augusta a cualquiera de las otras dos. Es pura lógica.

Desde mi propia experiencia, para trabajar con la iconografía lo más útil es acostumbrarse a observar las imágenes de los santos e ir reteniendo los atributos y sus variaciones en la memoria. He leído libros de iconografía que se las daban de expertos pero que al basarse únicamente en “lo más general”, no profundizaban en las variantes y en las excepciones, y se quedaban a medio camino, identificando mal no pocos santos. Al final lo único que vale es observar mucho y no leer tanto lo que otros digan, y si se lee no quedarse con lo primero que se lea, sino profundizar, contrastar y hacer crítica. Porque efectivamente no todas las Santas con una rueda de cuchillas tienen que ser Santa Catalina.

Estampa devocional norteamericana de Santa Águeda, que propició la consulta.

Santa Águeda
Pregunta: ¿Alguien sabe qué Santa podría ser ésta? Alemania

Respuesta: Es Santa Águeda o Ágata, virgen y mártir en Catania (Sicilia) conmemorada el 5 de febrero. Ésta es una estampa muy difundida en ámbito norteamericano pero apenas conocida aquí en Europa. No incluye los atributos iconográficos habituales de esta mártir, y por eso no es tan fácil reconocerla.

Pero puede dilucidarse su identidad por:
1.- El apretado vendaje que cubre su zona pectoral, aludiendo al daño recibido en los senos, uno de los cuales le fue torturado y arrancado; de ahí su patronazgo sobre los males mamarios.

2.- Al fondo, el monte Etna, volcán siempre activo cerca de Catania, patria natal de Santa Águeda. La tradición dice que un año después de su muerte el volcán entró en violenta erupción y la colada de lava amenazaba la ciudad. Los habitantes, temiendo un desastre, corrieron al sepulcro de la mártir, arrancaron su velo –que aún cubría su lápida- y lo tendieron frente al río de lava, que inmediatamente se detuvo y no fluyó más. Dícese que entonces el velo se volvió rojo como la grana y sigue así en la actualidad (en Alí Superiore, Sicilia, se venera este velo tenido como auténtico). Desde entonces ella es la patrona contra erupciones y otros desastres del fuego, de ahí la presencia del volcán.

3.- Al fondo, se ve una tumba hipogeo que alude a la sepultura de la mártir, enterrada en un principio a las afueras de la ciudad y desde muy temprano centro de peregrinaciones y veneración de la comunidad cristiana.

4.- La propia hoja de palmera, que naturalmente, alude al martirio cristiano.

Esta estampa siempre me pareció curiosa y en muchas partes la hacen pasar por otra mártir aprovechando que muchos desconocen esta iconografía. Espero sinceramente que este artículo ayude a clarificar el tema y que nadie pueda ser engañado respecto a quién representa esta estampa.

Busto de Santa no identificado, obra del escultor murciano Francisco Salzillo. La garganta seccionada es un indicador de martirio.

Busto de Santa no identificado, obra del escultor murciano Francisco Salzillo. La garganta seccionada es un indicador de martirio. Fuente: www.salzillo.com

Atributos de los mártires antiguos
Pregunta: Lo que te quería preguntar, es que si podias haceme el favor publicar en el blog, o mandarme un correito, con los atributos básicos de los mártires romanos y su significado. si se te atraviesan algunos que no sean tan básicos me sirven también. DE ANTEMANO, MUCHAS GRACIAS. Colombia

Respuesta: De nada. Pues tras haber aclarado que con “mártires romanos” te refieres a mártires de la Antigüedad en general, aquí viene una lista muy sencilla y básica:

La corona: Es bastante anterior a la palma. Aparece ya en los primeros mosaicos paleocristianos de San Apolinar de Rávena. Es símbolo de victoria y triunfo, ya que era una condecoración y emblema sagrado ya en la religión pagana, que fue adoptado por la cristiana.

La palma: Es el atributo que más ha prevalecido. Su origen se encuentra en las famosas carreras de carros que tenían lugar en los circos. Al equipo vencedor se le entregaba una hoja de palma como símbolo del triunfo. Este símbolo también fue adaptado por el cristianismo para simbolizar la victoria del mártir sobre el Mal.

Vestimenta: Generalmente, la vestimenta con que representan a los mártires de esta época es un prototipo –a veces fantástico- de las vestiduras de la élite romana, aunque muy pocas veces estas representaciones tienen auténtico rigor histórico. Por ejemplo, cualquier santa mártir aparecerá vestida como una matrona romana, aunque no lo fuera y tuviera un status que no le permitiera para nada lucir estas vestiduras (esclava, extranjera, pobre). Los varones en cambio rara vez aparecen con el equivalente masculino (vestiduras de senador o de magistrado) sino que es muy frecuente que aparezcan como soldados, por el tema del “miles Christi” o guerrero de Dios, es decir, de luchador por la fe, aunque realmente también se da el caso de que la armadura casi nunca tenga parecido con las auténticas piezas llevadas por un legionario.

Icono ortodoxo ruso de Santa Taciana, mártir romana, que combina el atributo de martirio propio de la iconografía  ortodoxa (cruz) con el de la católica (palma).

Icono ortodoxo ruso de Santa Taciana, mártir romana, que combina el atributo de martirio propio de la iconografía ortodoxa (cruz) con el de la católica (palma).

A partir de cierta época según estilos, se simplifica el tema vistiéndolos simplemente con una túnica bastante atemporal y de los colores más inverosímiles. Se dan también errores de vestidura como representar a varones con túnicas femeninas (es decir, largas hasta los pies) o a las mujeres enseñando los tobillos (lo cual hubiera sido considerado indecente en la época). También confunden constantemente el calzado, poniendo a veces a las mujeres botas militares y a los varones sandalias de señora. Pero no me enrollo con esto…

La cruz: En la iconografía ortodoxa, los mártires se distinguen por estar portando en su mano una cruz, símbolo de su sacrificio en unión con el sacrificio de Cristo. Es su principal diferencia con la palma, más habitual en la iconografía católica. Lo que no significa que una excluya a la otra: recientemente los iconos ortodoxos han empezado a incluir palmas con las cruces y bueno, hemos visto muchos mártires representados con cruces pequeñas también en el catolicismo…

Heridas: Los cortes en el cuello, los golpes en la frente, y heridas o efusión de sangre en general indican el martirio, y lo indican de forma genérica. A veces coincide con el martirio del santo o santa en cuestión (el clavo hendido en la frente de Santa Engracia) pero otras veces no tiene por qué.

Lámpara encendida: más propia de las vírgenes, porque se las asimila a las diez vírgenes prudentes de las que habla la parábola. Las vírgenes mártires suelen aparecer con ellas, y también tenemos esta representación desde muy antiguo, en los mosaicos paleocristianos.

Instrumentos de martirio: aparatos de tortura y armas de todo tipo. Algunos son muy específicos (cruces, potros, ecúleos) y otros son genéricos: una espada o un hacha. Indican muerte violenta.

Celda, grilletes, cadenas: para los que padecen encierro.

Se podría decir mucho más, pero ya he desarrollado muchos otros atributos en la sección de Martyrium. Te recomiendo que le eches un vistazo. Creo que he cumplido con lo básico, pero si algo se me ha pasado, acepta mis disculpas. Un saludo.

Vista de la imagen de Santa Marina virgen que se venera en la ciudad italiana de Miggiano, que motivó la pregunta, y que es un buen ejemplo de sincretismo entre tradición católica y ortodoxa, pues lleva el dragón de una y la maza de la otra.

Vista de la imagen de Santa Marina virgen que se venera en la ciudad italiana de Miggiano, que motivó la pregunta, y que es un buen ejemplo de sincretismo entre tradición católica y ortodoxa, pues lleva el dragón de una y la maza de la otra.

Santa Marina-Margarita y el dragón
Pregunta: Ya que eres experta en mártires, ¿me podrias explicar el porqué del animal que porta Santa Marina en los pies? Aquí sale un dragón pero en otras imágenes he visto otros… ¿o quizás es la misma que Santa Margarita? España

Respuesta: Vayamos por partes, porque es un tema complicado. En primer lugar, Santa Marina y Santa Margarita son la misma Santa. Su culto nació en Oriente y ya era venerada por los primeros cristianos con el nombre de Marina, que es posible que sea el auténtico, pero no hay modo de saberlo. De hecho, hasta hoy día los ortodoxos la siguen venerando como la Gran Mártir Marina de Antioquía. Sin embargo, cuando su culto fue exportado a Occidente, su nombre fue cambiado por el de Margarita. De modo que es la misma Santa, sólo que católicos y ortodoxos la llamamos de modo distinto. Yo soy partidaria de llamarla Marina por ser ése el primer nombre que tuvo, pero realmente no tiene mayor importancia.

Dicho esto, centrémonos en el dragón. El dragón es un animal mítico que en la cultura cristiana simboliza el pecado, o más a menudo Satanás. Las representaciones más antiguas de la mártir (en iconos coptos y bizantinos) la representan agarrando al demonio y propinándole golpes de maza en la cabeza, lo cual probablemente sería una alusión a cómo ella, con su martirio, venció el pecado. Esta iconografía la comparte enteramente con otra mártir, Santa Juliana de Nicomedia. Pero cuando su culto se trasladó a Occidente, el diablo fue sustituido por un dragón y apareció una alusión en su legendaria passio, según la cual el diablo en forma de este fabuloso reptil la habría atacado y ella le habría rechazado con la señal de la cruz (¡este pasaje no aparece en el relato ortodoxo!). En realidad, dragón o diablillo no importa demasiado, son formas diferentes de representar a Satanás.

Con el tiempo y debido a los estudios hagiográficos de los bolandistas, empezaron a conocerse las diferentes tradiciones de culto a esta Santa y empezó a mezclarse la iconografía. Es por eso que Marina-Margarita a veces aparece portando una maza en contexto católico, cuando en origen era algo propio de la iconografía ortodoxa, o sometiendo a un diablillo en lugar de un dragón, con lo que resulta fácil confundirla con Juliana de Nicomedia. Y no es el único problema que ha planteado esta Santa, sino que, debido a la gran extensión de su culto por toda Europa, se la ha confundido con otras mártires de similar nombre, a saber, Santa Marina virgen (Marino, el monje) y Santa Marina de Orense, quien al no tener iconografía propia, copió la de la mártir de Antioquía, aumentando la confusión. Pero eso ya merecería un artículo aparte.

Santa Eulalia torturada en el ecúleo. Detalle del relieve de su sarcófago. Cripta de la catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia, Barcelona (España).

Santa Eulalia torturada en el ecúleo. Detalle del relieve de su sarcófago. Cripta de la catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia, Barcelona (España).

Santa Eulalia y el ecúleo
Pregunta: Explícame si después de la tortura en el ecúleo Santa Eulalia fue crucificada. Verdad que la posición de su cuerpo es casi la misma en los dos casos. Brasil

Respuesta: No parece claro, por lo que se deduce del texto literal de su passio, si después del tormento en el ecúleo fue crucificada. Lo que se da a entender es que la niña fue extendida en este caballete en forma de X para ser azotada, desgarrada y quemada; y que, habiendo muerto en el tormento, su cuerpo fue dejado allí a la vista de todos como escarmiento público, porque había osado injuriar al pretor. La iconografía, desde luego, rarísima vez presenta a Santa Eulalia crucificada, y cuando lo hace, se trata de obras por parte de autores extranjeros que hicieron una interpretación muy diferente del texto, según la cual, tras el tormento, la habrían crucificado a la vista del pueblo. Yo, por mi parte, creo que tendemos a confundir el ecúleo con la cruz, apareciendo ese extraño elemento llamado “cruz en aspa” o “cruz de San Andrés”, que, personalmente, creo que no existe, sino que sería el propio ecúleo. Es decir, que San Andrés sería atormentado en este dispositivo y moriría en él. Ciertamente es extraño que una cruz en aspa se sostenga de pie, porque no hay modo de hincarla bien en el suelo, en cambio, el ecúleo tenía todo un armazón de soporte. Yo prefiero acogerme a la interpretación “purista” del texto: Eulalia murió en el ecúleo, y si la dejaron allí colgando o la clavaron en una cruz para mostrar el cadáver, ya no lo sé; aunque me parece absurdo tomarse semejante trabajo (es decir, crucificar) con un cuerpo que ya está muerto. Era mucho lo que se desperdiciaba, madera, clavos, y trabajo de clavar y desclavar, todo en vano. La cruz no aparece en ninguna representación hispana de Santa Eulalia, como digo, el instrumento que siempre, siempre lleva con ella, es el ecúleo. Y dado que ya se ha averiguado, gracias a recientes excavaciones arqueológicas en Israel, cómo era una verdadera crucifixión, parece que la cruz en aspa es sólo una malinterpretación del propio ecúleo, que, según el P. Rivadeneira, también tendría funciones de potro, al poder ser los cuatro brazos del mismo extensibles mecánicamente.

Otra cosa curiosa que destaco, y no tiene que ver directamente con la pregunta, es que el tema del ecúleo es una interesante distinción entre Santa Eulalia de Barcelona y Santa Eulalia de Mérida, cuyo desdoblamiento no es un asunto resuelto todavía: en la passio de la niña mártir de Mérida, el ecúleo no es mencionado en ningún momento, ni tampoco ninguna crucifixión.

Icono ortodoxo ruso de Santa Anastasia, mártir de Sirmio, con la botella que le da el atributo de "Pharmakolytria" (liberadora de venenos).

Icono ortodoxo ruso de Santa Anastasia, mártir de Sirmio, con la botella que le da el atributo de “Pharmakolytria” (liberadora de venenos).

Santa Anastasia “Pharmakolytria”
Pregunta: ¿Cuál es la conexión entre Santa Anastasia y la botella que lleva? ¿La forzaron a tragar un líquido ardiente? Alemania

Respuesta: La iconografía de Santa Anastasia de Sirmio, mártir (25 de diciembre) portando una botellita es exclusiva del mundo ortodoxo, donde se cuenta entre sus principales santos con el título de Gran Mártir, y que celebran el día 22 de diciembre. La razón de la botella es que ella es conocida por los ortodoxos como la “Pharmakolytria”, y se había dicho que en griego viene a significar “la que dispensa pociones”, en el sentido de medicinas. La tradición dice que ella puso su patrimonio al servicio de los cristianos encarcelados y acudía en persona a llevarles alimentos, bebidas y medicinas para socorrerlos. De este modo, la botella contiene medicina o bebida.

Yo había creído esta versión pero no es auténtica, se ha traducido mal la palabra. En realidad, aunque sí acudía a prisión a llevarles víveres, lo que lleva en la botella es un antídoto o calmante de estómago, porque con él salvaría la vida de aquellos que habían sido obligados a ingerir veneno o alguna sustancia dañina como castigo. De este modo, Pharmakolytria significa “la que libera de los venenos” –y ello es irrefutable, porque pharmakon es “veneno” en griego-.

Las actividades caritativas de Anastasia para con los presos cristianos le costaron la vida. La delataron los guardias de la prisión que la veían entrar en ella cada día, por lo que fue juzgada, encerrada largo tiempo en prisión, y finalmente desterrada a una isla junto con algunos cristianos condenados, donde la quemaron viva. Sus reliquias se conservan en su iglesia de Roma.

Santa Inés y el cordero
Hace tiempo, publiqué en cierto grupo de Flickr un breve articulillo hablando sobre el atributo más común para identificar a Santa Inés, virgen y mártir de Roma (21 de enero), que es un cordero. Esperaba que suscitara cierto interés y que diera pie a hablar de más atributos de animales en los Santos, pero la verdad es que hace ya unos seis meses de ello y no ha recibido atención alguna. De ahí que se me haya ocurrido colocarlo en el blog, aumentado y corregido, donde al menos sí espero que sea leído.

Tabla gótica de Santa Inés, mártir romana, procedente de la Cartuja de Portacoeli. Museo de Bellas Artes Pío V, Valencia (España).

Tabla gótica de Santa Inés, mártir romana, procedente de la Cartuja de Portacoeli. Museo de Bellas Artes Pío V, Valencia (España).

Se ha hablado en diversos santorales y páginas web acerca de qué significa el cordero, y por qué Santa Inés lo lleva. Hay muchas versiones y teorías, algunas realmente disparatadas, de las cuales aquí vienen algunas:
– Inés tenía un corderito como mascota (es verdad, esto estaba en cierto libro infantil que no citaré).
– Inés era tan pura y casta que el animal con que se identifica es el cordero.
– Inés era tan inocente como un cordero.
– Inés murió degollada, por lo que su atributo debe ser un animal que ritualmente muere degollado, es decir, el cordero.
– Inés, como virgen cristiana, era esposa de Cristo, Cordero de Dios, con lo cual ella es la “Cordera de Dios”, y por eso lleva un cordero, que representa a Cristo (sí, esto también lo he visto por ahí).
– Cuando Inés fue arrojada a la hoguera, tiraron a un cordero con ella (lo siento, no puedo evitar reírme: algunos interpretan demasiado literalmente los cuadros de martirios en el arte sacro).
– Cuando Inés subió al cielo glorificada, Cristo le regaló un cordero (para que se entretuviera, la pobrecita).
– Cuando Inés se apareció a sus padres después de muerta, llevaba un cordero en brazos.

Todas estas cosas –y algunas más- se han dicho acerca de por qué Santa Inés lleva un cordero. La verdad es que la mayoría no merecen mucha atención, más allá de la anécdota. En realidad, el hecho de que Santa Inés lleve un cordero, se podría resumir simplemente en esto:

Desconocemos el auténtico nombre de esta niña mártir de los primeros siglos del cristianismo, aun cuando legendariamente se nos ha transmitido que nació en la gran gens romana Clodia (en cuyo caso, su nombre propio podría haber sido Clodia, ya que era costumbre poner a las mujeres de una gens el patronímico familliar, pero en este caso particular es indemostrable). No conociendo su nombre verdadero, empezó a atribuírsele el de Agnus, que en latín significa cordero, hasta modificarse y feminizarse en Agnes, esto es, Inés. ¿Por qué? Probabemente como alegoría propia de una víctima degollada. Las primeras representaciones de esta mártir no la distinguen de las otras. A partir del siglo X empieza a aparecer con el cordero en brazos, ¿por qué? Pues para indicar su nombre a las masas de cristianos analfabetos que no podían leer su nombre (SANCTA AGNES), pero que sí veía el cordero, y recordando que es Agnus, la identificaban enseguida como Agnes, Inés. Con el tiempo, hasta el letrero dejó de aparecer, y se quedó únicamente el cordero.

A partir de ahí, las piadosas y bellas alegorías de la cordera degollada, la inocente víctima inmolada y demás símiles que se pueden hacer con el cordero, son posteriores a la generalización de la representación de esta Santa con el cordero, que tienen sin duda origen en la primera elección del nombre. Y aún posteriores a esto son esos detalles legendarios de la larga cabellera dorada, el ángel que la defendía en el burdel, la hoguera que no la consumía, etc. Incluso se ha llegado a obviar la auténtica edad de la mártir (13 años) haciéndola pasar por una joven muchacha o, incluso, por una mujer adulta, en la mayoría de sus representaciones artísticas.

Meldelen

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santa Catalina de Alejandría: entre la Historia y la leyenda

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Icono ortodoxo griego de la Santa con escenas de su vida. Monasterio Vatopedi, monte Athos (Grecia).

Ayer día 24 y hoy 25 de noviembre, cristianos ortodoxos primero y cristianos católicos después, respectivamente, celebran la fiesta de una mártir de la Antigüedad que fue muy célebre y conocida hasta el siglo XIX, llegando a ser, sin exageración, la segunda mujer más representada en el arte cristiano, después de la Virgen María: Santa Catalina de Alejandría, mártir en Egipto. La “filósofa”, la de la rueda de cuchillos, la Gran Mártir de los ortodoxos. Pero, de nuevo, la pregunta del millón: ¿qué sabemos realmente de esta mujer que presidió altares, inconostasios y retablos durante siglos en la totalidad de la cristiandad ortodoxa y católica? Vamos por partes.

La passio que ampliamente conocemos dice que Catalina (del griego katharina, “pura”) era de estirpe real, hija del rey siciliano Costo y la reina Sabinela, que era a su vez hija de un príncipe samaritano. Vivía en Alejandría, capital helenística de Egipto, crisol de culturas y saberes, y por eso seguramente se nos haya dicho que estaba bien formada en todas las artes y ciencias y era sabia, o “filósofa”. A sus 18 años de edad estaba tan dotada de sabiduría y belleza, que consideraba a cualquier hombre indigno de ella y rechazaba constantemente a todos sus pretendientes. Hasta que un día, el ermitaño cristiano Ananías le propuso el matrimonio con Cristo y le dio las instrucciones para invocarlo, pero cuando éste se le apareció como Niño en brazos de la Virgen, rechazó a Catalina diciendo que era fea. Dolida por esto, ella regresó donde el ermitaño, que le dijo que su alma estaba llena de fealdad pese a la belleza de su cuerpo y el saber de su mente, porque no era cristiana (!!). Así que tras instruirla y bautizarla, ella volvió a invocar a la Virgen y esta vez el Niño Jesús la aceptó como esposa, dándole un anillo de místico desposorio.

En aquellos días acudió el emperador Maximino a Alejandría y ordenó hacer sacrificios colectivos de toros y ovejas a los dioses, tanto a los ricos como a los pobres. Al oírlo Catalina acudió a observarlo y se dolió de ver a muchos cristianos sacrificando para librarse de represalias. Se acercó hasta ellos, rodeada de sus esclavos personales, y les increpó su actitud, animándoles a que perseveraran en la fe. Luego interceptó al mismo emperador en el templo, que acudía a sacrificar por su parte, y le lanzó severas recriminaciones al respecto. Maximino, deslumbrado por la elocuencia de la joven, la quiso convencer para que sacrificara, y viendo que era cristiana, convocó a los mejores 50 filósofos para que la convencieran en lid dialéctica, pero ella, debido a su saber y llena del Espíritu Santo, los derrotó y los convirtió a todos (hay versiones que dicen que hasta el arcángel Miguel bajó del cielo y la tomó de la mano para serenarla y guiarla).

"Disputa de Santa Catalina", óleo decimonónico en la iglesia de Santa Catalina de Messina (Italia).

El emperador, furioso, mandó quemar vivos a todos los filósofos, y a Catalina probó de engatusarla proponiéndole matrimonio y asegurándole riquezas. Como ella se negara, mandó azotarla severamente con escorpiones (látigos rematados con cuchillas) y arrojarla a prisión. Allí fue atendida por ángeles que bajaron del cielo a curarla y alimentarla. En el transcurso de su estancia en prisión fue visitada por la esposa de Maximino (llamada Faustina o Constanza según versiones) y su adjunto Porfirio. La elocuencia de Catalina logró convertirlos a la fe a ambos y a unos doscientos soldados (!!). Posteriormente fue torturada siendo atada a una rueda de cuchillas, pero esta máquina se trabó y saltó en pedazos (en otras versiones, una bandada de ángeles baja directamente del cielo a romperla con sus manos). Ante esta señal, la emperatriz se levantó, recriminó a su esposo su crueldad, confesó públicamente su fe, y entonces él mandó arrancarle los pechos y ejecutarla junto a Porfirio y los doscientos soldados. Tras una nueva negativa de Catalina a apostatar y ser la nueva emperatriz, fue sacada de la ciudad y decapitada, del tajo de su cuello surgió un chorro de leche en lugar de sangre. Luego los ángeles levantaron su cadáver y lo trasladaron al Sinaí.

Como se ve, la passio es en general bastante fantasiosa y disparatada: los nombres, la intervención angélica y otros portentos que se narran en ella son más que frecuentes en la literatura hagiográfica: son repetitivos. Entrando ya en materias más serias, las fuentes que nos hablan de ella son más bien tardías. Lo primero que tenemos es una passio de origen griego que se remonta a los siglos VI o VII según los hagiógrafos Viteau y Broncini. Y en ella todavía no se menciona el Sinaí, así como el pasaje de los desposorios místicos, ausente del original, no aparecerá hasta mucho más tarde (¡ni siquiera aparece en la Leyenda Áurea!).  De los siglos VIII ó IX es el manuscrito Claromontano 4554 de Mónaco, que contiene el índice de un Pasionario con una nota: “Passio Ecaterinae virginis Dei”, siendo también de esta época dos frescos en los que se representa a la Santa y que están uno en la basílica romana de San Lorenzo al Verano y el otro en las catacumbas de San Jenaro en Nápoles. A esto hay que añadir la vida que aparece en el códice 480 de la Biblioteca de Lambach y que es del siglo IX.

En el siglo X tenemos el testimonio del subdiácono Pablo de Nápoles, autor o quizás revisor de una versión latina de la passio. También es del siglo X el Menologio de Basilio II y un códice litúrgico de la abadía de Montecassino. En ambos se escribe sobre nuestra Santa. Luego los datos principales de la vida de Santa Catalina de Alejandría los podemos sacar de todas estas fuentes. Baronio identifica a Catalina con una joven alejandrina del mismo nombre, que es recordada por Eusebio en el volumen número ocho de su “Historia eclesiástica” y a la que Rufino (otro hagiógrafo antiguo) llama Dorotea, que fue enviada al exilio por Maximiano por no haberle correspondido a sus propuestas de matrimonio.

Martirio de la Santa en la rueda de cuchillas. Lienzo barroco de Hieronymus Francken II.

Martirio de la Santa en la rueda de cuchillas. Lienzo barroco de Hieronymus Francken II.

El traslado “milagroso” del cuerpo de la santa al Monte Sinaí, difiere de la realidad, según algunos autores, ya que son muchos los que afirman que el traslado del cuerpo se hizo en el siglo VII en el tiempo de la invasión árabe de la región. Esta hipótesis coincide con la difusión de su culto en Occidente a partir del siglo VIII. Como es por todos conocido, el cuerpo de la mártir actualmente sigue venerándose en el monasterio ortodoxo de Santa Catalina en el monte Sinaí, pero su sarcófago no se encuentra bajo el altar mayor dentro del iconostasio, ni en medio de la iglesia, sino en el coro de los monjes, a la derecha.

Quizás quién redactó la “passio” originaria griega del siglo VI-VIII (redactada o escrita tres siglos largos después del martirio) fue un clérigo de Alejandría o un monje del Sinaí que conocía estos dos lugares citados. Esta narración, escrita con un objetivo piadoso, fue considerada enseguida como una biografía histórica y contribuyó bastante a la difusión del culto de la santa alejandrina. Es verosímil pensar que el autor se inspirase en las fuentes literarias y orales de la época. Sin embargo, hay aspectos que pudieran demostrar una cierta influencia de los grandes místicos benedictinos: el relato de la juventud, sus desposorios místicos con Cristo… aspectos que más tarde también influyeron en la iconografía de la santa, sobre todo durante el Renacimiento.

Para comprender por qué no hay citas del culto a Santa Catalina en los primeros siglos, es útil recordar que no se debe hacer depender la veneración a la Santa sólo de los pocos testimonios que han llegado hasta nosotros, o sea, es muy probable que se le diera culto inmediatamente después de su muerte aunque hasta nosotros no haya llegado testimonio alguno. El origen del culto que conocemos está en la difusión de la passio, primero en Oriente y más tarde en Occidente, y no en torno a su milagroso sepulcro, ya que éste no empezó a ser centro de culto hasta el siglo IX. En cuanto al traslado de las reliquias, hay testimonios de culto a la Santa en la abadía benedictina de la Santísima Trinidad de Rouen (Francia) desde el siglo XI.

Sepultura de la Santa. Icono ortodoxo griego. Monasterio de Santa Catalina del Sinaí (Egipto).

Los cistercienses, cluniacenses, franciscanos y dominicos empezaron a celebrar su fiesta en el siglo XIII.  Además de los filósofos y teólogos, la tienen como patrona los presos y los fabricantes de ruedas. También la celebran las muchachas jóvenes; por ejemplo, Santa Juana de Arco la consideraba como su patrona y hasta dijo haber oído su voz. También la tenía por protectora suya la santa mallorquina Catalina Tomás, de quien se decía que recibía las visitas de la mártir y la animaba y consolaba cuando estaba decaída.

Su nombre lo tomaron otras muchas santas: Catalina de Siena, Catalina reina de Bosnia, Catalina Vigri, Catalina Ricci, Catalina Labouré y algunas otras.

La iconografía se desarrolló paralela a su culto. Los instrumentos del martirio (la rueda y la espada) y los signos de realeza y sabiduría (corona y libro) prácticamente aparecen en todas las pinturas y esculturas. Sin embargo, el signo más característico es la rueda con clavos y sierras, como instrumento utilizado en su martirio. Esto ha tenido tanta resonancia en su culto que, en algunos lugares, se la conoce como Santa Catalina “de la rueda” y así, en Francia, los carreros, molineros y todos aquellos artesanos que utilizan alguna rueda, la consideran su patrona. Incluso una pieza concreta de los artilugios de relojería, por su forma de rueda dentada, ha sido llamada en su honor “rueda catalina”.

Sepulcro de la Santa. Monasterio de Santa Catalina del Sinaí (Egipto).

En resumen: es una santa real, histórica, puesto que no se entiende que haya sido tan celebrada y con un culto tan extendido una persona que no hubiese existido. Pero su passio no tiene valor alguno y no debe considerarse como un relato de sucesos reales. Este largo camino que ha ido recorriendo nuestra mártir al largo de los siglos, llegó a suponer que fuera extraída del calendario romano a raíz de las reformas en los años 60, por entenderse que fuera “legendaria”. Pero afortunadamente ese error se ha subsanado y actualmente ha vuelto a ser incorporada a nuestro calendario, como Memoria Libre, en el día de hoy. En cuanto a la tradición ortodoxa, menos crítica con la existencia histórica de algunos santos, jamás la ha excluido y sigue siendo hasta hoy una de sus Grandes Mártires.

Además, los que quieran ver una producción cinematográfica sobre la vida de esta mártir, les recomiendo este artículo.

Meldelen

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