La santidad y el ciervo (I)

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Coronamiento de la fachada de la iglesia de San Eustaquio, Roma (Italia); que muestra el ciervo coronado con el Crucifijo, motivo de la visión del Santo.

Introducción
Plinio el Viejo, recopilando algunas noticias de los naturalistas griegos, escribió en la Historia Natural: “El ciervo combate a las serpientes que buscan su agujero y con el aliento de su nariz, las distingue a pesar de su resistencia. Así, es una excelente manera de expulsar a las serpientes, el olor del cuerno quemado de un ciervo, mientras que el principal remedio contra sus mordeduras, deriva del cuajo de un ciervo muerto en el vientre de su madre”. Muy pronto, el ciervo entró en la iconografía cristiana como símbolo de Cristo que combate y vence al demonio, representado por la serpiente.

Ya aparece representado en las pinturas rupestres del Paleolítico, donde parece que se formó, junto con el toro, un sistema dual mítico-cosmológico; el ciervo noble (cervus elaphus) llegó a ser un símbolo extremadamente importante en las culturas antiguas. Distribuido por toda Europa y parte de Asia, representó la renovación perpetua de la vida y de las estaciones, gracias a la cornamenta – en forma de árbol – que el varón pierde cada año al final de la temporada de apareamiento. Se encuentra en la mitología celta y de los países nórdicos, mientras que en la mitología clásica era la presa de caza preferida por Artemisa, que tenía cuatro ciervos para el remolque de su carruaje. Además, en la antigüedad se creía que el ciervo era un enemigo de la serpiente y esto, además de otras características del animal – como el hecho de cruzar los arroyos en grupo ayudándose unos a otros y el conocimiento de las plantas medicinales para curarse – que ya se remonta a Aristóteles y recogida por Plinio, continuó en la tradición de los fisiólogos y bestiarios medievales. Con el cristianismo, la figura del ciervo se enriqueció en significado, convirtiéndose en un símbolo de Cristo y metáfora del creyente, que anhela a Dios, como el ciervo anhela el agua de la fuente.

El ciervo como símbolo cristológico, también presente en la heráldica europea, alude siempre al episodio de San Eustaquio.

“Como el ciervo anhela las corrientes de agua, así mi alma te anhela a ti, oh Dios mío”. Este es el inicio del salmo 42 y pone las bases para una metáfora muy clara. De ahora en adelante, para los cristianos, el ciervo que anhela las fuentes de agua será el símbolo del alma que anhela al Señor. Además, en el Cantar de los Cantares (8, 14), el amado es invitado a escapar imitando a una gacela o “al cervatillo a los montes aromáticos”. El ciervo-alma que sacia su sed y el ciervo que huye: este segundo símbolo, se presenta ahora invitando al alma para que huya del diablo o del pecado, o eso parece visualizarse en otras partes de este mismo libro sagrado: es un símbolo cristológico (¿el Cristo que con la fuga se escapa, no es de corazón puro?).

Hemos tomado estos dos pasajes bíblicos para establecer el estatuto simbológico del ciervo para toda la iconografía cristiana. Pero, en realidad, las cosas son aun más complicadas, ya que el ciervo está cargado de otros valores simbológicos importantes, como sucede con algunos otros animales en la tradición indoeuropea y particularmente en Grecia por un lado y en la cultura céltica por otro.

El ciervo puede ser símbolo de Cristo o símbolo del cristiano: en ambos casos conducido (por el demonio o el pecado) aunque también como cazadores de ellos. Nos encontramos a Cristo perseguido y al mismo tiempo, cazador del ciervo que lleva entre sus astas la cruz, como por ejemplo en las leyendas hagiográficas de San Eustaquio y de San Huberto, que parece, recalcar lo primero; aún así, los ciervos son atributos de los santos en la leyenda y en la iconografía de San Abundio de Como, San Conrado de Piacenza, San Donaciano, San Lamberto, San Meinhold, San Procopio de Bremen, San Osvaldo y otros muchos. Es sintomático que dos santos bretones de evidente ascendencia céltica, Edern y Thelau, cabalgaran sobre ciervos.

La visión de San Huberto. Lienzo de Peter Paul Rubens y Jan Brueghel el Viejo (1617-1620). Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

Una interpretación cristiana para apoyar al ciervo como un símbolo de Cristo, que lucha contra el mal, son algunos versículos de la Segunda Carta de San Pablo a los Tesalonicenses, en la que se ve relatada la tradición greco-romana de la lucha entre la serpiente y el ciervo: “Acerca de la venida de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra reunión con Él, os rogamos, hermanos, que no os dejeis perturbar fácilmente ni os alarmeis, sea por anuncios proféticos o por palabras o cartas atribuidas a nosotros, que hacen creer que el Día del Señor ya ha llegado. Que nadie os engañe de ninguna manera. Porque antes tiene que venir la apostasía y manifestarse el hombre impío, el hijo de la perdición, el adversario, el que se alza con soberbia contra todo lo que lleva el nombre de Dios o es objeto de culto, hasta llegar a instalarse en el templo de Dios, presentándose como si fuera Dios. ¿No recordais que cuando estuve con vosotros os decía estas cosas? Ya sabeis que es lo que ahora lo retiene para que no se manifieste sino a su debido tiempo. El misterio de la iniquidad ya está actuando, solo falta que desaparezca el que lo retiene y entonces, se manifestará el impío, a quién el Señor Jesús destruirá con el aliento de su boca y aniquilará con el resplandor de su venida. La venida del impío será provocada por la acción de Satanás y estará acompañada de toda clase de demostraciones de poder, de signos y falsos milagros y de toda clase de engaños perversos, destinados a los que se pierden por no haber amado la verdad que los podía salvar. Por eso, Dios les envía un poder engañoso que les hace creer en la mentira, a fin de que sean condenados todos los que se negaron a creer en la verdad y se complacieron en el mal” (II Tesalonicenses, 2, 1-12).

Por último decir que este animal, el ciervo, tiene un papel importante en la heráldica, donde representa la bondad y la nobleza.

Estampa devocional anglosajona de Santa Catalina de Suecia y su iconografía habitual: hábito de brigidina, lirio, libro y el ciervo.

Santos con el ciervo
San Simeón de Polirone. Monje ermitaño, Armenia (?) – Polirone (Mantova), 26 de julio del 1016.
Martirologio Romano, 26 de julio: En el monasterio de San Benedicto Po, cerca de Mantova, San Simeón, monje y ermitaño.
La “Vita” del siglo XI narra que Simeón había nacido en Armenia y que dejando a sus padres y a su prometida, se dedicó la llevar vida de eremita, retirándose a una montaña junto con otros monjes. Durante un inviarno particularmente duro, su celda fue obstruída por la nieve durante siete días y estando los monjes a punto de morir de hambre, sus plegarias fueron escuchadas y un ciervo se les ofreció como comida. Este es el milagro más famoso hecho por el Santo, que de hecho siempre es representado junto a un ciervo.

Santa Catalina de Suecia. Religiosa, 1331 – 24 marzo 1381.
Martirologio Romano, 24 de marzo: En Vadstena de Suecia, santa Catalina, virgen: hija de santa Brigida, durante la fecha de su boda contra su voluntad, de acuerdo con su esposo, conservó la virginidad hasta su muerte y después, llevó una vida piadosa; peregrinó a Roma y a Tierra Santa, trasladó las reliquias de su madre a Suecia y las colocó en el monasterio de Vadstena, donde ella misma vestió el hábito monacal.
Santa Catalina es representada a menudo junto a un ciervo que, según la leyenda, se le apareció misteriosamente muchas veces para salvarla.

San Eustaquio Plácido. Mártir del siglo II.
Martirologio Romano, 20 de septiembre: En Roma, conmemoración de San Eustaquio mártir, cuyo nombre es venerado en una antigua diaconía de la ciudad.
Cuenta la leyenda que un día (año 100-101) yendo de caza, persiguió a un ciervo de rara belleza y grandeza el cual se detuvo ante un precipicio y volviéndose hacia el rastreador y portando una cruz luminosa entre sus cuernos y sobre ella la figura de Cristo, le dijo: “Plácido, ¿por qué me persigues? Yo soy Jesús, a quien sin saberlo, tú honras”. Cuando se recuperó del susto, Plácido, que era general de Trajano decidió bautizarse tomando el nombre de Eustaquio o Eustacio y con él, también su esposa y sus dos hijos, de nombres Teopista, Teopisto y Agapio.

San Nicodemo del Kellarana. Eremita, cerca del 940 – 12 de marzo del 1015.
Nicodemo, monje italo-greco, nació a mediados del siglo X en Sicrò, zona de las Salinas, (hoy, Piana di Gioia Tauro). Hablaba con los animales (el ciervo y el escorpión), pero más aun con los hombres para confortarlos y consolarlos.

Visión de San Eustaquio. Miniatura románica en un misal medieval.

San Petroc. Abad del siglo IV.
Martirologio Romano, 4 giugno: En Cornualles, San Petroc de Gales, abad.
Muchas leyendas folcloricas de Cornualles surgieron sobre él: sanó a muchos enfermos, salvó la vida de un ciervo en una cacería y convirtió al cazador y a sus ayudantes, amansó a un monstruo local y solicitó un medicamento para un dragón que se había presentado ante él con una astilla en un ojo.

San Procopio de Sazava. Abad, Kourim, Chotoun (Bohemia), año 975 – Sázava (Bohemia), 25 de marzo del 1053.
Martirologio Romano, 25 marzo: En Sázava de Bohemia, san Procopio, que dejando a su esposa e hijo, se dedicó a llevar vida eremítica, quedándose en un monasterio en este lugar fundado por él mismo y celebrando las alabanzas divinas según el rito griego y en lengua eslava.
Un día, el duque Oldrich (Ulderico) persiguiendo a un ciervo en el bosque, se extravió y encontró a Procopio; de este encuentro surgió una relación de amistad y de estima, por lo cual el duque favoreció la construcción de un monasterio que acogió a sus monjes y también al hijo y nieto de Procopio, Jimram y Vito.

San Humberto de Tongeren-Maastricht. Obispo, Region de las Ardennes (?), año 685 – Tervuren (Bélgica), 30 de mayo del 727.
Martirologio Romano, 30 de mayo: En Tervueren siempre en el Brabante en Austrasia, el tránsito de San Humberto, obispo de Tongeren y Maastricht, que siendo discípulo y sucesor de san Lamberto, se dedicó con todas sus fuerzas a difundir el evangelio en el Brabante y en las Ardennes, donde extirpó las costumbres paganas.
Según una tradición hagiográfica inspirada en la leyenda de San Eustaquio, un Viernes Santo, durante un viaje de cacería, tuvo la visión de un crucifijo entre la cornamenta de un ciervo, lo que le invitó a dejar su vida disoluta y lo convirtió.

San Julián el Hospitalario. Patrono de Macerta, 29 de enero y 31 de agosto.
La leyenda que ha llegado hasta nosotros data del siglo XII, siendo escrita en Francia por Vicente de Beauvais y copiada en Italia por el Beato Jacobo de Varezze en la Leyenda Aurea. Se narra que un día, un joven llamado Julián estaba cazando un ciervo y de repente, el animal huyó y volviendo adonde él estaba le dijo: “¿Cómo te atreves a perseguirme, tú que matarás a tu padre y a tu madre?” Al oir estas palabras, Julián no solo abandonó la persecución asustado por esta profecía, sino que decidió abandonar su país sin decírselo a sus padres.

Iluminación gótica de San Huberto y el ciervo en la página de un misal medieval.

Después de un largo peregrinaje, llegó a un lugar muy lejano entrando al servicio de un príncipe que estaba enemistado con un noble. Se comportó muy bien en la paz y en la guerra, se convirtió pronto en el jefe de la milicia. Se casó con una noble que como dote poseía un castillo y mientras tanto, sus padres recorrían el mundo buscando a su hijo. Un día llegaron por casualidad hasta el castillo donde vivía Julián y fueron recibidos por su esposa porque su marido estaba de viaje. Cuando los dos ancianos le contaron su historia, ella se imaginó que eran sus suegros porque su marido se lo había contado antes, pero por precaución, no le dijo nada a ellos. Les dió cobijo en su casa cediéndoles su habitación para dormir y marchando ella a otra.

Mientras tanto, al amanecer del día siguiente, llegó Julián a su casa e inmediatamente fue a la habitación a despertar a su esposa notando que en la cama había dos personas. Creyendo que era su esposa con su amante, los mató en un ataque de furia. Cuando Julián salió de la habitación, se encontró con su esposa que regresaba de la iglesia y le preguntó sorprendido y preocupado por qué estas dos personas habían dormido en su cama. Ella le dijo: “Son tus padres que tanto te han buscado y yo misma los he invitado a nuestra habitación”. La profecía del ciervo se había hecho realidad y Julián desesperado, junto con su esposa, vagaron por todo el mundo esperando el perdón de Dios.

Damiano Grenci

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La autenticidad de las reliquias de Santa Brígida y Santa Juana de Arco

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Detalle del rostro de Santa Brígida en una tabla gótica del siglo XV. Iglesia de Salem, Södermanland (Suecia).

Santa Brígida de Suecia
Según publicó Science Daily, el 17 de febrero del año 2010, el cráneo de Santa Brígida de Suecia que se conserva en la Abadía de Vadstena (Suecia), probablemente no es auténtico. Science Daily es una web que publica artículos científicos de actualidad, seleccionados a partir de los comunicados presentados por las universidades y otras instituciones de investigación. Un nuevo estudio realizado en la Universidad de Uppsala revela que los dos cráneos, que se creen de Santa Brígida y de su hija, Santa Catalina de Suecia, no pertenecen a dos personas que estén relacionadas por vía materna. Por otra parte, la datación realizada muestra que los cráneos no pertenecen al período en el que estas dos santas vivieron.

La parroquia de Vadstena asignó al grupo de investigación de la profesora Marie Allen del Departamento de Genética y Patología de la Universidad de Uppsala, la tarea de examinar el ADN de los dos cráneos, con el fin de confirmar el parentesco y la autenticidad. Para analizar los cráneos se utilizó un método sensible basado en el análisis del ADN mitocondrial de herencia materna. Este método hace que sea posible examinar cantidades muy pequeñas de ADN, y es a menudo un análisis exitoso de cualquier material aunque esté envejecido y degradado.

Aunque aun no hemos escrito sobre ella, cosa que haremos pronto, todos sabemos que Santa Brígida de Suecia vivió entre 1303 y 1373 y fue canonizada en el año 1391. En el año 1999, el beato Papa Juan Pablo II, la declaró como uno de los santos patronos de Europa.

Según la tradición, los cráneos de Santa Brígida y de su hija Santa Catalina (1331-1381) se han conservado en la Abadía de Vadstena, situadoa en el centro de Suecia. Santa Brígida fue famosa por sus revelaciones, profecías y peregrinaciones. Después de su muerte, sus restos fueron trasladados desde Roma a Vadstena, donde fueron colocados en una urna en el año 1381. A través de los años, pequeñas trozos de las reliquias fueron donados a diversas iglesias, monasterios, reyes y papas. Actualmente, el santuario de Vadstena contiene dos calaveras, así como veintitrés huesos. Entre ellos, un fémur que se atribuye a Santa Brígida. Un tercer cráneo que fue robado de Vadsrena en 1645, se encuentra ahora en una abadía en Holanda.

Vista de los presuntos cráneos de las Santas conservados en Vadstena, Suecia.

Un estudio antropológico y arqueológico de la década de 1950 llegó a la conclusión de que los dos cráneos que permanecen en Vadstena probablemente son de dos mujeres, de edades comprendidas entre 60-70 años y entre 50-55 años, respectivamente. Esto se corresponde bien con la teoría de que los cráneos podrían ser de Santa Brígida y de su hija.

Los científicos de Uppsala analizaron pequeñas piezas de los cráneos y concluyeron, mediante la realización de un análisis de ADN nuclear, que los dos cráneos son de sexo femenino. Por otra parte, una relación maternal puede excluirse mediante análisis de ADN mitocondrial. Hubo indicios de una diferencia en la preservación del ADN, lo que podría ser debido a la diferencia de edad entre los cráneos. El laboratorio del profesor Göran Possnert de la Universidad de Uppsala realizó pruebas adicionales, con la tecnología más avanzada de datación por radiocarbono (C-14). Los resultados también confirmaron los datos obtenidos por la realización del análisis de ADN nuclear.

Vista de la urna con las presuntas reliquias de las Santas. Abadía de Vadstena, Suecia.

Uno de los dos cráneos no puede atribuirse a Santa Brígida o a Santa Catalina, ya que pertenecen a un período de tiempo que va desde el 1470 al 1670. El otro está datado en una franja temporal del 1215 al 1270, por lo que si Santa Brígida vivió en el siglo XIV, tampoco puede ser suyo. Si la dieta de la santa hubiera sido exclusivamente de peces, estos podrían cambiar los resultados de la datación, pero según el profesor Göran Possnert, esto es muy poco probable, ya que lo lógico es que la dieta de la santa fuera variada.

Según las conclusiones de la profesora Marie Allen, los resultados de ambos métodos analíticos se apoyan mutuamente. Los análisis de ADN demuestran se hay que excluir la relación entre madre e hija y la datación por el método del radiocarbono da una diferencia de por lo menos doscientos años entre los dos cráneos. En consecuencia, como poco, hay que poner en entredicho la autenticidad de la reliquia.

Imagen de la Santa venerada en la catedral de Reims, Francia.

Santa Juana de Arco
Los análisis realizados a las denominadas “reliquias de Santa Juana de Arco”, fueron supervisadas por el arzobispo de Tours, quién determinó que no se tratan de restos carbonizados de una persona. Al contrario, estos restos óseos pertenecen a un hueso de un gato momificado y a una costilla humana, datadas entre los siglos VI y III antes de Cristo. Estas presuntas reliquias han tenido engañados durante decenios a numerosos fieles, pues al parecer huesos quemados, fueron atribuidos a Santa Juana de Arco (1412-1431), quién como se sabe murió quemada en la hoguera al ser declarada culpable de herejía.

Este amplio estudio fue realizado por un equipo pluridisciplinar compuesto por algunos médicos forenses, patólogos, genetistas, bioquímicos, un radiólogo, un zoólogo y un arqueólogo, cuyo resultado fue publicado por la revista Forensic Science Internacional y aceptado por la Iglesia. El frasco que contenía los huesos apareció por primera vez en el año 1867 en una farmacia y en su etiqueta se leía: “Estos son los restos encontrados bajo la pira de Juana de Arco, Doncella de Orleáns”.

En los análisis realizados a los restos del mencionado frasco se han utilizado diferentes técnicas, incluyéndose los análisis de ADN, microscopía, analítica química y datación por radiocarbono. Fue el equipo de investigación dirigido por el profesor Philippe Charlier, científico forense del Hospital Raymond Poincaré en Garches (Francia), quién determinó que el frasco contenía una costilla humana de aproximadamente cuatro pulgadas de largo cubierta de una capa de color negro. También se identificó parte de un fémur de un gato cubierto por el mismo revestimiento, tres fragmentos de carbón y un trozo textil de color parduzco, de la misma longitud que la costilla.

El profesor Charlier manifestó que algunos historiadores especularon entonces que un gato, tal vez simbolizando al demonio, fue arrojado a la pira funeraria de Juana de Arco, pero esto no pudo sostenerse porque mediante la datación del radiocarbono se pudo comprobar que estos restos son varios siglos anteriores a la muerte de la santa heroína francesa. El fragmento textil fue probablemente parte de la envoltura de la momia del gato, ya que la composición química de los recubrimientos fue comparable con la de los productos utilizados en el embalsamamiento por los antiguos egipcios. Este recubrimiento oscuro contenía una mezcla de betún, resinas de madera, yeso y otros productos químicos. Probablemente la resina fuera de pino, usada por los egipcios para embalsamar, porque también había trazas de polen de pino.

Vista de las ampollas que contenían las presuntas reliquias de las Santa (huesos y cenizas), que han resultado corresponder a la momia egipcia de un gato.

Los investigadores creen que los restos fueron almacenados por primera vez como una verdadera momia, pues en las farmacias medievales se usaban parte de estas como remedios medicinales; por ejemplo, una “compresa” para detener una hemorragia nasal, se hacía con restos de una momia y un jugo de hierbas medicinales.

Habría que preguntarse por qué existiría un cierto interés en fabricar una falsificación de restos de Santa Juana de Arco en pleno siglo XIX. Posiblemente este interés estuvo en algún político o facción política que para sus intereses quiso aprovecharse del legado de la santa. ¿O pudo tratarse de una broma por parte de algún estudiante de medicina o de farmacia? Fuera cual fuere la intención de quién lo hizo, la arqueóloga Anastasia Tsaliki, de la Universidad de Durham calificó a estos estudios como “un proyecto fascinante” porque permitía demostrar cómo la paleopatología se podía utilizar para dar información precisa sobre lo que se tiene como historia. Este frasco con los “presuntos” restos de Santa Juana de Arco, se conserva actualmente en el Museo de Arte e Historia en Chinón (Francia).

He querido en este pequeño artículo tratar sobre estos dos temas para demostrar que si se quiere, cuando hay dudas sobre la autenticidad de los restos de un santo, existen métodos científicos modernos como para determinarlo. Solo es necesario que la jerarquía eclesiástica correspondiente, así lo desee.

Antonio Barrero

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