Santos Tiburcio, Valeriano y Máximo, mártires de Roma

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Mosaico de los Santos Cecilia, Valeriano y Tiburcio. Cripta de la Basílica de Santa Cecilia in Trastevere, Roma (Italia).

Mosaico de los Santos Cecilia, Valeriano y Tiburcio. Cripta de la Basílica de Santa Cecilia in Trastevere, Roma (Italia).

Pregunta: Buenos días. Quisiera saber algo más sobre San Valeriano de Roma, mártir y esposo de Santa Cecilia. Gracias por su atención.

Respuesta: No te vayas a creer que es fácil tratar sobre este tema, porque aunque estos tres santos mártires son mencionados en fuentes escritas muy antiguas (siglo V), sin embargo sus personalidades y existencia histórica no están exentas de ciertas dudas. El primer hecho está vinculado con la “passio” de Santa Cecilia, pero las incertidumbres dependen también de la autenticidad y del valor que se le puedan atribuir a las menciones que de ellos hace el Martirologio Jeronimiano. ¿Qué el Martirologio Jeronimiano plantea dudas? Pues si y para resolver este doble problema parece útil que examinemos a fondo ambas fuentes, aunque siempre quedarán estas dudas en las conclusiones que cada uno saque al leer estos argumentos.

En el Martirologio Jeronimiano estos tres santos son recordados en cuatro ocasiones: el 14 de abril como sepultados en las catacumbas de Pretextato en este orden: Tiburcio, Valeriano y Máximo. La segunda vez, el 21 de abril como sepultados en las catacumbas de San Calixto y en este orden: Valeriano, Máximo y Tiburcio. La tercera vez, el 11 de agosto, pero mencionando solo a Tiburcio y Valerio sepultados en el cementerio “ad duas lauras” en la vía Labicana y la cuarta vez, el 22 de noviembre, junto con Santa Cecilia, sin ninguna indicación geográfica y en el siguiente orden: Valeriano, Tiburcio y Máximo.

Tiburcio espía a Cecilia y Valeriano y contempla la aparición del Ángel. Pintura contemporánea en la iglesia de Santa Cecilia de Sao Paulo, Brasil.

Tiburcio espía a Cecilia y Valeriano y contempla la aparición del Ángel. Pintura contemporánea en la iglesia de Santa Cecilia de Sao Paulo, Brasil.

Sin ningún género de dudas, esta última mención depende de la “passio” de Santa Cecilia que es venerada en ese mismo día. La conmemoración del 11 de agosto debe considerarse como una pequeña pifia (error) del redactor del Martirologio dependiendo también de algún modo, de esta misma “passio” ya que a los dos mártires se le añade también el nombre de Cecilia. En realidad, el Tiburcio conmemorado en esa fecha es otro santo distinto al que estamos tratando en este artículo: es un Tiburcio mártir en Roma, cosa que pudiera también ocurrir con las otras dos menciones del 14 y 21 de abril. Pero entonces tenemos que preguntarnos, ¿cuál de estos dos días es el verdadero “dies natalis” y en qué catacumba fueron realmente sepultados estos tres mártires?

El hagiógrafo De Rossi defiende que el “dies natalis” es el 14 de abril y que estaban sepultados en las catacumbas de Pretextato y que la mención del día 21 de abril podría indicar un traslado de las reliquias al cementerio de San Calixto. Sin embargo, Duchesne, defiende todo lo contrario, o sea, que el “dies natalis” es el día 21 y que los mártires estaban sepultados en el cementerio de Calixto, luego la mención del 14 sería la del traslado al cementerio de Pretextato. Delehaye, legítimamente, rechaza la idea de cualquier traslado y acepta como el “dies natalis” el 14 de abril, pero no da ninguna explicación acerca de la conmemoración del día 21 de abril, aunque si deja abierta la hipótesis de que pudiera tratarse de una conmemoración “in die octava”, o sea, de lo que todos conocemos como una Octava.

La solución que plantea Delehaye no parece del todo convincente y por eso hay quienes proponen una cuarta hipótesis fundada en la observación del orden en el que aparecen los nombres de los mártires en las dos menciones: En las catacumbas de Pretextato estaría solo sepultado San Tiburcio y su “dies natalis” sería el 14 de abril. Valerio y Máximo estarían sepultados en el cementerio de Calixto, siendo su “dies natalis” el 21 de abril. Sin embargo, desde el momento en el que la tradición hagiográfica (mediante la “passio” de Santa Cecilia) une íntimamente estos tres nombres, siempre que se recurre a uno de ellos, se unen espontánea e inmediatamente los otros dos. Así, el 14 de abril a Tiburcio se le unen Valeriano y Máximo, mientras que el 21 de abril, a Valeriano y Máximo se le une Tiburcio. Si esta hipótesis diera en el blanco habría que admitir consecuentemente que las dos menciones del Martirologio Jeronimiano no respetarían la redacción original primitiva, sino que sería una especie de “refrito” influenciado por la “passio” de Santa Cecilia, emparejando simplemente los nombres, ya que las fechas no dependen de la “passio”, pues en ella estas fechas no se mencionan. El tema del 11 de agosto y del 22 de noviembre, quedaría claro.

Los Santos Valeriano y Tiburcio visitados en prisión por Santa Cecilia y por el papa Urbano. Lienzo de A. Botazzi.

Los Santos Valeriano y Tiburcio visitados en prisión por Santa Cecilia y por el papa Urbano. Lienzo de A. Botazzi.

Una confirmación de esta hipótesis parece encontrarse en el “Sacramentario Leoniano”, en el cual, entre los formularios del mes de abril, solo se recuerda a Tiburcio. Según defiende Bourque en su obra “Etudes sur les Sacramentaires Romains. Les textes primitifs”, editado en el Vaticano en el año 1949, esta ampliación de la festividad a los otros dos – a Valeriano y Máximo -, habría sido hecha por San Gregorio Magno en base a la “passio Caeciliae”. Sin embargo, debemos admitir que esta hipótesis estaría en conflicto directo con la “passio” – recordemos que hemos dicho antes que es muy antigua, del siglo V -, la cual afirma claramente que los tres mártires fueron sepultados en el mismo lugar y estaría también en conflicto con los “Itinerarios” del siglo VII, que dicen explícitamente que sus sepulcros estaban en el cementerio (catacumbas) de Pretextato.

Pero el testimonio de la “passio”, por muy antigua que esta sea, no tiene ningún valor histórico, ya que quién la compuso ignoró el “dies natalis” de los tres mártires, afirma que no murieron juntos, que primero murieron Valeriano y Tiburcio y algún tiempo después, Máximo. Y aunque la “passio” dice que fueron sepultados juntos, ignora el lugar concreto de la sepultura al afirmar genéricamente que los mártires fueron sepultados en un “locus qui vocabatur Pagus, quarto milliario ab urbe”, sin indicar ninguna vía o camino y hemos de tener en cuenta también que ninguno de estos dos cementerios – el de Pretextato y el de Calixto -, se encuentra en ninguna milla cuarta y mucho menos en un lugar llamado “Pagus”.

El testimonio de los “Itinerarios” sería más embarazoso, porque ya se ha señalado en alguna que otra ocasión que a menudo sus autores no son testigos, no han visto nunca personalmente los lugares a los que hacen referencia, sino que se remiten a lo que dicen otras fuentes hagiográficas anteriores. Tampoco se puede aducir o citar la autoridad de los célebres papiros de Monza – que son anteriores a los propios “Itinerarios” –, porque aunque en ellos se indican que los tres mártires están entre los que estaban sepultados en la Vía Appia, esto no nos obliga a dar por hecho que los tres estuvieran en un mismo cementerio, ya fuera el de Pretextato, ya fuera el de Calixto.

Martirio de los Santos. Grabado a partir de la iluminación del Menologio de Basilio II.

Martirio de los Santos. Grabado a partir de la iluminación del Menologio de Basilio II.

Si bien es verdad que del examen de los datos aportados por el Martirologio Jeronimiano se puede admitir la existencia de tres mártires, sobre sus personalidades y sobre cuando sufrieron martirio, podríamos decir que lo ignoramos todo, ya que la información que nos ha llegado de la famosa (pero legendaria) “passio Caeciliae”, no conoce ninguna de las que podríamos llamar “coordenadas hagiográficas”, o sea, fecha exacta, lugar del martirio, lugar concreto de sepultura, etc. Estas lagunas, esta falta de información encontradas en muchas “passios” no nos parecen razonables ya que estamos hablando de santos auténticos y en el siglo V sus sepulcros debían encontrarse intactos y eran conocidos pues anualmente se les conmemoraba, por lo que es altamente sospechoso que en aquel tiempo nada cierto se supiese; estas lagunas no parecen tener razón de ser.

De todos modos, tenemos que recordar que la “passio” dice que Valeriano era el esposo de Santa Cecilia, que fue convertido al cristianismo por ella, que fue bautizado por el Papa Urbano y que él, a su vez, convirtió a su hermano Tiburcio. Ambos fueron condenados por el prefecto Almaquio, quien los confió al corniculario Máximo, el cual antes de ejecutar la sentencia, también se convirtió (recordemos que un corniculario era un suboficial que estaba asignado al gobernador de una provincia o a un alto funcionario civil). Valeriano y Tiburcio fueron asesinados y sepultados en el “Pagus” de Cecilia y, poco tiempo después, en aquel mismo lugar, fue sepultado Máximo “en un sarcófago nuevo”.

Santa Cecilia hace recoger y enterrar los cadáveres de Valeriano y Tiburcio. Detalle de un lienzo de Negretti.

Santa Cecilia hace recoger y enterrar los cadáveres de Valeriano y Tiburcio. Detalle de un lienzo de Negretti.

Frente a estos hechos, a esta información, uno puede preguntarse de donde provienen las anotaciones del Martirologio Jeronimiano y por qué el autor de la “passio” no los conocía o no los usó, porque en verdad, si hubiera hecho esto habría dado un mayor crédito a su relato. ¿O es posible que estas anotaciones del Martirologio Jeronimiano no existiesen en su redacción original y se incorporaron bajo la influencia de la “passio”? Cualquiera que sea la verdadera solución a este problema, de todas maneras es cierto que del Martirologio (por las fechas) y de la “passio” (por los datos biográficos), estos tres santos pasaron al Martirologio de Beda y de ese, a través del resto de los martirologios históricos, al actual Martirologio Romano que los conmemora el 14 de abril.

Los sepulcros de los mártires fueron restaurados por primera vez a mediados del siglo VIII, en tiempos del Papa Gregorio III; después, en el mismo siglo, lo hizo Adriano I y finalmente, San Pascual I – ya en el siglo IX -, transfirió sus cuerpos a la basílica de Santa Cecilia en el Trastévere, donde están sepultados en su cripta.

Imagen actual de la cripta donde reposan los restos de los Santos Cecilia, Tiburcio y Valeriano (sobre el altar adosado). Iglesia de Santa Cecilia In Trastevere, Roma (Italia)

Imagen actual de la cripta donde reposan los restos de los Santos Cecilia, Tiburcio y Valeriano (sobre el altar adosado). Iglesia de Santa Cecilia In Trastevere, Roma (Italia)

Esto es lo que puedo contarte acerca de estos tres santos, aunque bien es verdad que tú me has preguntado solo por uno de ellos, pero como he pretendido demostrarte, los tres están íntimamente unidos. Te aconsejo también que releas los artículos que sobre Santa Cecilia escribió nuestra compañera Ana María.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– AMORE, A., “Bibliotheca sanctórum, tomo XII”, Città Nuova Editrice, Roma, 1990
Acta sanctórum, mensis aprilis.
– PEPE, G., “Introducción al estudio del medioevo latino”, Roma, 1987.

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Sobre sepulcros y reliquias de Santas: dos consultas

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Detalle del sepulcro de Santa Cristina en su basílica de Bolsena, Italia. La imagen yacente es obra de Benedetto Buglioni.

Detalle del sepulcro de Santa Cristina en su basílica de Bolsena, Italia. La imagen yacente es obra de Benedetto Buglioni.

Pregunta: No sé si te he comentado alguna vez que una de mis pasiones dentro de todo el tema de santos es saber donde se hayan sus cuerpos o restos. Seguro que podras ayudarme a saber en qué iglesia, basilica, convento etc y ciudad se hayan los cuerpos(o los restos más importantes o cuasi completos) de estas santas: Cristina, Inés, Cecilia, Quiteria, Lucía, Engracia (¿en qué iglesia de Zaragoza?), Eugenia (la que va acompañada de San Proto y San Jacinto), Bárbara, Dorotea (he leído sobre ella que media Europa afirma poseer sus reliquias). España

Respuesta: Me alegro de que me hagas esta pregunta, porque la mayoría de veces son datos que se ignoran y por ignorarse se pone hasta en duda la existencia de estas Santas, cuyas reliquias, por cierto, están todas autentificadas, sin posibilidad de discusión. Hasta hace relativamente poco yo no había trabajado mucho el tema, centrándome más en las vidas y certezas históricas de su existencia, pero gracias a la ayuda de Antonio Barrero he podido aprender casi todo lo que sé del tema -y lo que me queda por aprender-. Sintetizando lo máximo que puedo, aquí tienes las ubicaciones básicas:

Santa Cristina, virgen y mártir (24 de julio): La niña mártir de Bolsena está enterrada, valga la redundancia, en Bolsena (Italia). Concretamente en la Basílica de Santa Cristina, que fue construida sobre el lóculo original donde fue depositado y venerado su cuerpo después del martirio. En cierto momento su cuerpo fue desenterrado y llevado a Palermo. Luego fue devuelta, pero algunos restos se quedaron allí, en una esplendorosa tumba en el Duomo de Palermo.

Detalle del cráneo de Santa Inés. La inscripción del relicario dice: AGNE SANCTISSIMA (Santísima Inés). Iglesia de Sant'Agnese In Agone, Roma (Italia).

Detalle del cráneo de Santa Inés. La inscripción del relicario dice: AGNE SANCTISSIMA (Santísima Inés). Iglesia de Sant’Agnese In Agone, Roma (Italia).

Santa Inés, virgen y mártir de Roma (21 enero): Estuvo, tras su martirio, enterrada en la catacumba de la Via Nomentana en Roma, que tomaría su nombre. Actualmente su cuerpo está, junto con el de Santa Emerenciana, en la iglesia de Sant’Agnese Fuori le Mure. El cráneo, separado del cuerpo, se venera en la iglesia de Sant’Agnese In Agone. Por tanto, la mayor parte del cuerpo sigue en Roma. Sin embargo pequeños fragmentos de reliquias se han enviado a muchas zonas de Europa.

Santa Cecilia, virgen y mártir romana (22 de noviembre): Su cuerpo, luego de ser extraído de las catacumbas, ha reposado en la cripta de la iglesia de Santa Cecilia In Trastevere, en Roma. Son dos urnas de mármol donde están Cecilia, Valeriano y Tiburcio. No se puede acceder a ellas, están detrás de una celosía de mármol, pero un con reclinatorio frente al cual se puede rezar. La gente suele creer que el sepulcro está bajo la imagen yacente que esculpió Stefano Maderno para el altar, pero no es verdad.

Santa Quiteria, virgen y mártir (22 de mayo): Su cuerpo reposa en un hermoso sarcófago en su iglesia de Aire sur l’Adour, Landes (Francia).

Santa Lucía, virgen y mártir de Siracusa (13 de diciembre): Su cuerpo está actualmente en la iglesia de los Santos Jeremías y Lucía en Venecia (Italia). El rostro de la Santa fue recubierto con una máscara de plata ante las quejas de cierto santo varón que decía que era desagradable mirar el cadáver directamente. Un brazo, el izquierdo, fue sin embargo arrancado del cuerpo y actualmente se venera en el santuario de la isla de Ortigia, en Siracusa. También se veneran allí el vestido, el velo y las sandalias de la mártir, pero cuya autenticidad queda a la sombra de la duda. Como en las otras, existen muchas otras reliquias diseminadas por ahí, éstas son las principales.

Vista superior del cuerpo de Santa Lucía. Iglesia de los Santos Jeremías y Lucía. Venecia (Italia)

Vista superior del cuerpo de Santa Lucía. Iglesia de los Santos Jeremías y Lucía. Venecia (Italia)

Santa Engracia, virgen y mártir hispana (16 de abril): Ella, sus esclavos y las Santas Masas –también llamados los Innumerables Mártires de Zaragoza- están en la cripta de la iglesia de Santa Engracia en Zaragoza (España). Ella y los dieciocho en una urna bajo el altar, los demás, en un pozo en el suelo.

Santa Eugenia, virgen y mártir romana (25 de diciembre): Está junto con su madre Claudia, también mártir, y otros doce compañeros, en un altar de la Basílica de los Doce Apóstoles en Roma.

Santa Bárbara, virgen y mártir de Nicomedia (4 de diciembre): Al ser trofeo disputado entre católicos y ortodoxos y botín de saqueo durante las Cruzadas, su cuerpo está un poco más fragmentado. Hay una gran parte en Burano (Venecia, Italia), otra en la catedral ortodoxa de Kiev (Ucrania), y en la llamada Cripta de Santa Bárbara en Rieti (Italia). Hice hace algún tiempo un artículo con una reseña más extensa sobre las localizaciones de las reliquias, para hacerse una idea de lo “desmembrada” que está. Es la consulta que he publicado más abajo.

Santa Dorotea, virgen y mártir de Capadocia (6 de febrero): El cuerpo está bajo el altar de la iglesia de Santa Dorotea en el Transtíber (Roma). Dentro de una muñeca, por cierto, bastante decepcionante para tratarse de una santa tan famosa. Es verdad, como dices, que también hay muchas otras reliquias de ella por Europa, pero aquí está la mayor parte del cuerpo.

Meldelen

Santa Bárbara: estatus y reliquias
(Esta consulta se desarrolló como un diálogo, de modo que así lo reproduzco).

Detalle de la figura que contiene las presuntas reliquias de Santa Bárbara en Burano, Venecia.

Detalle de la figura que contiene las presuntas reliquias de Santa Bárbara en Burano, Venecia.

Comentario: Santa Bárbara siempre ha sido mi preferida de toda la corte celestial. Ella me cuida mucho y me ha hecho muchos milagros, entonces por eso le digo mi Santa Patrona. Aunque mitológica y como la quieran llamar los modernistas, ¡es mi Santa! 🙂 Estados Unidos

Respuesta: Santa Bárbara, virgen y mártir de Nicomedia en Asia Menor, conmemorada el 4 de diciembre, no es en absoluto una santa mitológica. Es una santa real, cuya existencia histórica está fuera de toda duda, después de que la Sociedad de los Bolandistas, los más prestigiosos investigadores en hagiografía, determinaran la veracidad de su existencia a través de la antigüedad de su culto y de sus reliquias. A pesar de ello fue retirada del calendario oficial romano en 1960 junto con una serie de santos considerados de dudosa existencia histórica. Es evidente que se han cometido errores en esta gestión, en principio bienintencionada, porque hemos visto rectificaciones de la misma, como el caso de Santa Catalina mártir, retirada en 1960 y devuelta al calendario en 2005.

Comentario: Ignoraba yo toda aquella información…aun así siempre la he querido muchísimo y me da mucho gusto el saber que existan datos historicos sobre ella. Lo unico que he leido de ella es el relato que se encuentra en el libro de santos de Jacopo de Voragine. Por cierto nunca la he creído mitológica en realidad, eso lo dije con tono de burla/sarcasmo/coraje en referencia a que los modernistas quieran descanonizar o llamar mitológicos a todos los santos que puedan, sobre todo cualquier santo cuya historia sea un poco dificil de creer. Ya lograron destruir la Santa Misa.

Respuesta: Los datos históricos fehacientes sobre Santa Bárbara se encuentran en la Bibliotheca Sanctorum, obra fundamental de los Bolandistas, que por desgracia se trata de una publicación extensa y carísima, de modo que sólo unos pocos privilegiados tienen acceso a ella (ya quisiera yo ser una de ellos…). En cuanto a la Leyenda Áurea de Jacopo Della Voragine, que citas, es una obra amena y entretenida para conocer leyendas de santos, pero en modo alguno es una fuente histórica: únicamente es respetable en cuanto a antigüedad y por el rico bagaje cultural que compiló Della Voragine, pero no debe tomarse en serio más allá de esto.

Relicario del cráneo de Santa Bárbara en Montecatini Alto, Italia.

Relicario del cráneo de Santa Bárbara en Montecatini Alto, Italia.

Por otra parte, no sé muy bien a quién te refieres con “modernistas”, quizás hagas referencia a las nuevas corrientes surgidas tras el Concilio Vaticano II. La retirada de los santos de dudosa existencia histórica, como digo, fue bienintencionada, pero equivocada e injusta respecto a algunos santos, como por ejemplo, Santa Catalina mártir, Santa Apolonia, y desde luego, Santa Bárbara. Ninguna de las tres es “de dudosa existencia histórica”. Quien pasa el filtro de los Bolandistas, supera la última de las barreras. Con esto no digo que sean infalibles: sólo digo que no hay quien investigue más y mejor que ellos.

Por otra parte, ningún santo se descanoniza, el culto puede seguir en ámbito local o privado. Y respecto a lo de destruir la Santa Misa, creo que más podrían contribuir otros en eso que yo, que no le veo nada malo a la misa de ahora.

Comentario: Por cierto ¿en dónde se veneran las reliquias de mi Santita?

Respuesta: Aquí he tenido que recurrir a la cortesía de mi buen amigo Antonio Barrero, experto en reliquias de santos. Él es quien me ha facilitado la lista de los lugares donde se veneran reliquias de Santa Bárbara:

Burano (Venezia): parte del cuerpo.
Rieti (Italia): sarcófago con reliquias
Mantova (Italia): presunto cráneo
Montecatini (Italia): “parte del cráneo”
Piacenza (Italia): “reliquias”
Sevilla (España): “parte del cráneo”
Pamplona (España): “reliquias”
Paternò (Catania): reliquias
Kiev (Ucrania): parte del cuerpo
Old Cairo (Egipto): reliquias
Ravello (Salerno): reliquias (creo que del cráneo)
Roma (Italia): “parte del cráneo”
Braine le Comte (Bélgica): reliquias.
Lviv (Ucrania): reliquias.
Mechelen (Bélgica): reliquias
Dignano (Croacia): pie incorrupto

Con todo, Antonio me advierte que todas no son auténticas, sino que pasa lo que a otros santos: si se juntaran sus reliquias, aparecerían varios cuerpos y varias cabezas. Las más verosímiles son las de Burano, Rieti, Dignano y de Kiev.

Detalle del pie incorrupto de Santa Bárbara en Dignano (Croacia).

Detalle del pie incorrupto de Santa Bárbara en Dignano (Croacia).

Comentario: (viendo la fotografía del pie, que también es cortesía de Antonio Barrero) WOW, que reliquia, válgame. ¡El pie sagrado de mi santita! La verdád no pense que existieran ya reliquias suyas. Gracias. Ademas gracias por cualquiera información al respeto, te agradezco muchísimo que me ayudes a saber mas de mi santita querida.

Respuesta: De nada, es un placer ayudar. Para eso estamos aquí.

Meldelen

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Santa Cecilia, la mártir romana (III): su patronazgo

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"El cántico de Santa Cecilia", óleo neoclásico de Antoine-Joseph Navez. Colección privada, Francia.

Nos quedaba ya tratar únicamente una cuestión sobre esta mártir antigua, que es la más controvertida: su patronazgo sobre la música. Lo hemos visto ya:  es universalmente reconocida como patrona de los músicos y ningún Santo posterior le ha arrebatado este papel en la cultura y devoción cristianas, ni siquiera aquellos que sí fueron músicos en su vida terrenal, o protegieron la música mediante el mecenazgo. ¿Por qué? Vamos a verlo.

Por sorprendente que nos parezca a los que estamos acostumbrados a asociarla a la música, hasta pasada la Edad Media realmente no tuvo nada que ver con tal. De hecho, durante la Edad Media, el patrón de los músicos fue San Juan Bautista (!!). Esto se debe, en primer lugar, porque a su nacimiento su padre Zacarías entonó el Benedictus, y éste acabó por convertirse en el himno oficial de laudes que se cantaba diariamente por las mañanas en las comunidades monásticas. Y en segundo lugar porque algo tendrá que ver eso de “Oíd la voz que clama en el desierto…” y buena voz debió tener el Precursor para predicar en esas zonas tan yermas y abiertas, donde la voz la engulle el viento. Aunque en principio ni una cosa ni otra tengan mucho que ver con el canto en sí (en todo caso, ¿no debió ser Zacarías, y no Juan, el escogido como protector de los músicos?). Sin embargo a partir del Renacimiento es Cecilia, la mártir romana, quien reemplaza al Bautista en esta función de protectora de los músicos.

No fue un cambio brusco, de la noche a la mañana. En Historia las cosas jamás son así. Ya en muchos manuscritos medievales iluminados, así como en tablas góticas, Cecilia empezó a ser representada con un atributo que nos recuerda claramente al canto y a la música: una ave canora, esto es, un pajarito de especie indefinida, posado en sus dedos, que sin duda alude a esas especies de aves que tienen una gran capacidad de canto y entonación para atraer a las hembras. Son los primeros indicios que luego se convertirán en atributos más sonantes en este sentido: los instrumentos musicales. Pero incluso célebres artistas como Cimabue y el Beato Angélico la representaron únicamente con la palma del martirio. Nada musical había aún en ella.

Pero antes de seguir con la iconografía, la pregunta esencial: ¿por qué una antigua mártir romana que jamás había tenido nada que ver con la música, de repente empieza a aparecer con atributos musicales? Como era de esperar, esto es a causa de una interpretación errónea de un pasaje de su –ya de por sí- inventada passio. Concretamente el pasaje “cantantibus organis illa in corde suo decantabat” (que se traduce como “mientras sonaban los instrumentos, ella cantaba a Dios en su corazón”). Se refiere al pasaje que menciona su boda con Valeriano y comenta que mientras sonaban los instrumentos y la algarabía de los músicos y bailarines en el salón del banquete, ella interiormente le rogaba a Dios que la preservara virgen en su noche de bodas. Esto se ha quedado anclado en el oficio divino dedicado a la Santa el día de su fiesta, donde el himno de maitines (“in corde suo soli Domino decantabat”) y en laudes y vísperas, donde una antífona reza:“Cantantibus organis, Concilia Domino decantabat dicens: Fiat cor deum inmaculatum ut non confundar”(“cantaba diciendo, Dios, haz mi corazón inmaculado para que no sea confundida”).

"Santa Cecilia", óleo de la pintora Joséphine Calamatta. Museo Ingres, Montauban (Francia).

A partir de esta interpretación, que data del siglo XV, empezó a creerse que Cecilia era músico o cantora, cuando sabemos que en la Antigüedad, y especialmente en la sociedad romana, a las mujeres de alta alcurnia no se les permitía aprender música ni canto; y no por machismo, sino porque el canto y la música eran consideradas actividades libertinas, de baja estofa, propias de gentuza y de esclavos, y por tanto indignas de una matrona romana. Pero, ¿es que fue Cecilia una matrona romana? ¡Eso si aceptamos la passio! Y como ya vimos, es inventada, por lo que ni podemos afirmar ni negar nada. No sabemos nada de ella.

Pero dejando aparte estas divagaciones, aún queda ver cómo posteriores interpretaciones, todavía peores que esta primera, propias del desvirtuamiento del latín clásico, llegaron a traducir este pasaje como “y mientras sonaba el órgano, ella cantaba a Dios…”. “Organis” traducido como “órgano”, ¡un instrumento musical que no existió hasta la época barroca, y por tanto, mucho menos existía en la Antigüedad! Y hete aquí que Cecilia empezó a aparecer, no ya oyendo sonar el órgano, sino tocándolo ella misma… un instrumento inexistente en su época, una actividad indigna de su supuesto estatus. El colmo de los despropósitos.

Posteriormente, en el arte ya tardío, manierista y neoclásico, se ha querido arreglar este desastre poniéndola como cantora, o dándole instrumentos más propios de la época, como arpas o liras; pero lo cierto es que siguen siendo instrumentos musicales que sólo se hubiera permitido manejar a una esclava. Por último, hay quien propone que quizá organis hiciera referencia a los instrumentos, no de música, sino de tortura (“y mientras la torturaban, ella cantaba al Señor en su corazón”); lo cual es bellísimo, pero igualmente ridículo: a una matrona de su alcurnia jamás se la hubiera sometido a tortura, pues la ciudadanía romana la preservaba de ello. Vuelvo a insistir: eso si aceptamos la passio, que no es aceptable.

Es por esto que desde la mitad del siglo XVI, especialmente en Francia, todos los músicos la festejan como patrona, hasta día de hoy, el 22 de noviembre. Pero como hemos visto, es más que probable que ella jamás tuviese nada que ver con la música o el canto, ya que todas las interpretaciones posteriores que se lo atribuyen son tardías y basadas en un error de lectura de una passio que ya es legendaria en sí misma. Mientras tanto, nuestra pobre Cecilia sigue cargando con instrumentos de música allá donde va, y si no fuera por esto, quién sabe si haría tiempo que hubiera sido olvidada como tantas otras. Bienvenido sea, pues, tal error, y sigan invocándola los músicos y cantores (yo misma lo soy), para que su memoria no se pierda.

Meldelen

O clavis David
Et sceptrum domus Israel,
Qui áperis, et nemo claudit;
Claudis et nemo áperit:
Veni
Et educ vinctum de domo cárceris,
Sedéntem in ténebris et umbra mortis.
Oh llave de David
Y cetro de la casa de Israel,
Que abres y nadie puede cerrar,
Cierras y nadie puede abrir,
Ven
Y libra a los cautivos,
Que viven en tinieblas y sombras de muerte.

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Santa Cecilia, la mártir romana (II): reliquias

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Imagen actual de la cripta donde reposan los restos de los Santos Cecilia, Tiburcio y Valeriano (sobre el altar adosado). Iglesia de Santa Cecilia In Trastevere, Roma (Italia)

Hemos hablado previamente de la conocida passio de Santa Cecilia, y vimos ya cómo esta passio no merece credibilidad histórica, básicamente por ser un documento posterior, compendio de otros relatos ficticios y edificantes de la época, y por no haber mención de ella en las fuentes básicas martiriales que nos sirven para documentar a otras mártires. Sin embargo, ello no le resta credibilidad histórica a la propia Cecilia: hoy hablaremos de sus reliquias.

¿Cómo han llegado las reliquias de la Santa a nosotros? El relato lo tenemos en la biografía de San Pascual I (817-824), donde leemos que, en el año 821, “estando haciendo reformas en la iglesia de la mártir, se le apareció en sueños una joven de aspecto angelical que se identificó como Cecilia, sierva de Cristo. Estando obsesionado el pontífice con que el rey longobardo Astolfo lo había sustraído [el cuerpo de ella] en el año 756, Cecilia le dice que eso no es cierto y le invita a que busque sus reliquias y las coloque en la iglesia que San Pascual estaba reconstruyendo. El papa las encuentra en el cementerio de Pretextato, no en el de Calixto y las traslada junto con las de Valeriano, Tiburcio y Máximo a la iglesia”. Esta iglesia es la actual Santa Cecilia In Trastevere, donde podemos aún hoy venerar sus restos.

Pero he aquí otro error de la passio: ella no estaba sepultada en el cementerio de Calixto, sino en el de Pretextato. Duchesne arregla el asunto diciendo que previamente al papa Pascual I se había llevado a Cecilia junto al cuerpo de su esposo y de su cuñado, pero, ¿es esto realmente así?

En cualquier caso, Pascual I dispuso que el cuerpo de la mártir fuese colocado dentro de un ataúd de madera de ciprés y éste dentro de un sarcófago de mármol. En otro dispuso que fueran colocados Valeriano, Tiburcio y Máximo; y en un tercero a los también mártires Urbano y Lucio, que también habían ido a parar allí. Estos tres sarcófagos se encuentran actualmente en la confessio, en la cripta bajo el altar mayor de esta iglesia, donde podemos venerarlos (y no, como comúnmente se suele creer, donde está la imagen yacente de mármol esculpida por Stefano Maderna, que es simplemente eso: una estatua). La cabeza de Cecilia, sin embargo, no está ahí: fue colocada en un cofre de plata, que en tiempos de San León IV fue llevada a la Basílica de los Cuatro Santos Coronados.

Imagen yacente de Santa Cecilia. Escultura en mármol de Stefano Maderno. Iglesia de Santa Cecilia In Trastevere, Roma (Italia).

El reconocimiento de estas reliquias se llevó a cabo el 19 de octubre de 1599, bajo supervisión del cardenal Sfondrati, que extrajo los sarcófagos de debajo el altar mayor. Ella estaba incorrupta, y no acostada, sino recostada del lado derecho y con las piernas encogidas, como si estuviese durmiendo. Así lo dice literalmente el acta de reconocimiento: “Visebaturque non ut assolet in sepulchro resupinum positum corpus, sed ut in lecto iacens, supra dexterum cubare latus, et contractis nonnisi ad modestiam genibus, ut durmientes imaginem redderet potius quam defunctae”. Este hallazgo del cuerpo en estas condiciones probablemente inspiró la decisión de no tocarla en absoluto: no se extrajeron reliquias de ella, ni un fragmento. Por lo tanto, todos los relicarios sueltos que haya por la cristiandad y que se atribuyan a ella, con la excepción de la cabeza, son evidentemente falsos.

En el año 1600 Antonio Bosio reeditó la famosa passio, dedicándola a Sfondrati y añadiendo el episodio del reconocimiento de las reliquias. Pero en el mismo año del reconocimiento, acabado éste, fueron puestas a veneración pública las reliquias de la Santa hasta el día 22 de noviembre de 1599, con la ocasión de la festividad, momento en que fueron devueltas a la cripta, hasta día de hoy. Ante ellas pasaron media Roma, más de cuarenta cardenales (San Roberto Belarmino, entre ellos) el futuro León XI y el futuro Pablo V. Ahí fue cuando la vio el escultor barroco Stefano Maderno, y tomando el modelo, esculpió la imagen yacente de mármol que de sobra conocemos.

Imagen yacente de Santa Cecilia, imitación policromada neoclásica del original de Maderno. Catedral de Santa Cecilia, Albi (Francia).

Tocado el tema de las reliquias y del lugar donde actualmente han quedado –la cripta de Santa Cecilia In Trastevere- conviene hablar también de la que fue su segunda tumba en las catacumbas de Calixto. Su descubrimiento lo menciona De Rossi en su segundo tomo de la obra “Roma Soterranea” (año 1854). Como decíamos, estaba en la cripta de los papas del cementerio de Calixto. Había una inscripción en negro, en forma de libro, que rezaba: “Decori sepulchri S. Conciliar martyris……” sobre unos ladrillos decorados en amarillo y negro con una inscripción en griego que rezaba: “Señor, ayuda a tu siervo Juan. Amén”. Vamos, lo que viene siendo un típico graffiti de peregrino que llega al sitio y quiere dejar constancia de su visita, lo mismo que hacen hoy en día turistas y viajeros. Otros graffitis de sacerdotes fueron hallados junto a éste: de Prando, Benedicto, Sergio, Crescencio, Esteban, León, Lupo, Bonifacio… vamos, que era un lugar bastante frecuentado.

De Rossi argumenta que tales grafitos podrían datar de época de San Pascual I, es posible que sean anteriores porque entonces el cuerpo de la mártir no estaba aún allí, en el cementerio de Calixto, sino que el Papa lo halló en el de Pretextato como va dicho. En lo alto del lucernario de la cripta de los papas y de Santa Cecilia en el dicho cementerio de Calixto estaba pintada la Santa, de aspecto juvenil y en actitud orante, también una cruz y dos ovejas.

Habiendo hablado ya de su passio y de sus reliquias, nos queda por tocar una cuestión fundamental respecto al culto de esta antigua y célebre mártir romana: ¿por qué es patrona de la música? Sin embargo, esta cuestión merece un artículo aparte.

Meldelen

O radix Jesse,
Qui stas in signum populórum,
Super quem continébunt reges os suum,
Quem gentes deprecabúntur:
Veni
Ad liberandum nos, iam noli tardáre.
Oh retoño del tronco de Jessé,
Que te alzas como un signo por los pueblos,
Ante quién los reyes enmudecen,
Y cuyo auxilio imploran las naciones,
Ven
A librarnos; no tardes.

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Santa Cecilia, la mártir romana (I): historia y leyenda

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"Vida de Santa Cecilia", tabla gótica del Maestro de la Vida de Santa Cecilia (ca. 1304). Galería de los Uffizzi, Florencia (Italia)

Una de las santas más conocidas y veneradas a lo largo de la historia cristiana ha sido Cecilia de Roma. Universalmente reconocida como patrona de la música, esta mártir primitiva ya tenía una amplia veneración y reconocimiento por parte de la comunidad cristiana en el siglo IV de nuestra era, y posteriormente se la ha conmemorado tanto en Oriente como en Occidente. Su nombre también es de los que figuran entre las santas mujeres mártires conmemoradas en el Canon de la Misa. Pero, ¿sabemos realmente quién fue esta mártir tan reverenciada?

Comencemos por el nombre, que es romano de origen (Caecilia) y significa “ciega”. Lo más probable es que fuera un nombre común entre las mujeres de su gens, quizá por alguna antepasada (o antepasado) que fue ciego. Era tradición en las altas familias romanas mantener un nombre o un apodo a modo de nombre a lo largo de generaciones. Existen muchos Cecilias y Cecilios en la historia antigua romana, por lo que el origen del nombre está fuera de discusión. La etimología del nombre que da Jacopo della Voragine en la Leyenda Áurea, según la cual Cecilia provendría de “Coeli Lilia” (lirio del cielo), me parece errónea e interesada; y además no sería la primera vez que este autor incurre en errores graves de etimología.

Felizmente, no existe ninguna duda acerca de su existencia histórica, pero no está nada claro cuándo vivió y sufrió el martirio. Así pues, partiendo de que no se conoce la fecha exacta de su martirio, a ello hay que añadir que su passio, legendaria y sin la menor credibilidad histórica, fue redactada después del marco propuesto para su muerte –entre los siglos I y IV-; como suele suceder en la mayoría de casos. ¿Qué nos dice esta passio sobre ella?

"Santa Cecilia ante el juez". Fresco de Domenico Zampieri, "Il Domenichino" (1612-1615). Capilla Pola, Iglesia de San Luigi dei Francesi, Roma (Italia)

Cecilia era hija de una noble familia romana (la gens Metela) que había sido educada cristianamente, pero a la que prometieron, en contra de sus deseos, a un joven noble romano llamado Valeriano, cuando en realidad ella ya le había consagrado su virginidad a Cristo (el mismo papa Urbano le había impuesto el velo de las vírgenes). El día de su boda, en medio de la algarabía de músicos y bailarines, ella cantaba a Dios en su corazón rogándole que la mantuviera pura. Cuando estuvo sola con su marido le anunció que tenía un ángel guardando su virginidad y que no podía tocarla. Como Valeriano quisiera ver ese ángel, Cecilia lo mandó al tercer miliario de la Via Appia, donde las catacumbas, y fue convertido y bautizado por Urbano. Regresando a donde Cecilia, vio al ángel y se comprometió a respetar la pureza de su esposa, fueron ambos coronados de lirios por el ser celestial, y llegando luego a su presencia Tiburcio, hermano de Valeriano, fue también convertido y bautizado. Como se dedicaran los dos hermanos a realizar buenas obras y a sepultar mártires cristianos, fueron denunciados ante Almaquio, prefecto de Roma, y después de interrogados y juzgados, decapitados en el Pago Triopius (a 6 km de Roma). Con ellos se convirtió y fue también martirizado un tal Máximo. Cecilia los sepultó a los tres en un sepulcro nuevo grabado con un ave fénix (símbolo pagano de la resurrección) en el cementerio de Pretextato; y luego distribuyó los bienes de su marido entre los pobres antes de que el prefecto, como era costumbre, se los incautara. Cecilia fue luego arrestada y condenada a morir asfixiada en los vapores del baño de su casa –otras versiones la ponen escaldada viva en una olla de agua hirviente, algo impensable en una mujer de su alcurnia– pero al salir ilesa, trataron de decapitarla. Tras tres golpes de espada la cabeza no se desprendía, por lo que agonizó durante tres días, y a la llegada de Urbano, le legó su casa para que la hiciese iglesia y murió, mostrando tres dedos de una mano y una de la otra (esto se ha interpretado, bien como que Cecilia quería referirse a la Santísima Trinidad, “Un solo Dios verdadero y tres personas”; o bien que quería referirse a que había vivido tres días de un solo martirio). Urbano la hizo enterrar en el cementerio de Calixto, junto a la cripta de los Papas.

Hasta aquí la passio, que no merece credibilidad por su escaso rigor histórico. ¿Por qué? Tengamos en cuenta que Cecilia no es mencionada en la Depositio Martyrum del siglo IV. No la mencionan ni los poemas de San Dámaso, ni los de Prudencio. Tampoco hablan de ella ni San Jerónimo, ni San Agustín, y ni siquiera aparece en el calendario de la Iglesia de Cartago. Y no han llegado hasta nosotros las verdaderas Actas de su martirio. Todo lo que tenemos es esta passio, escrita en el siglo V, por un escritor anónimo, y que no está fundada en documentos antiguos. Tan sólo unos escasos datos podrían tener cierta verosimilitud. Pero veamos lo que dicen los expertos acerca de este tema. Erbes dice que el autor se inspiró en la “Historia persecutionis vandalicae” de Victor de Vita y que es anterior, concretamente del siglo IV. En este libro, hay una historia similar a la de la passio de Cecilia. También tiene episodios copiados de otras dos obras: el “Apologético” de Tertuliano y el “Tractatus de Trinitate” de San Agustín. En resumen: la historia que todos conocemos sobre Santa Cecilia es un compendio de relatos ficticios con intención devota. No merecen credibilidad.

Martirio de Santa Cecilia. Fresco contemporáneo. Iglesia de Santa Cecilia, Sao Paulo (Brasil)

Sobre cuándo pudo haberse ubicado el martirio de Cecilia, los autores proponen un auténtico baile de fechas en los que no entraré por no cansar al lector con nombres y cifras. Digamos simplemente que hay muchos autores con diferentes propuestas y que el marco establecido ronda entre el año 177 (s. I) y la mitad del siglo IV… vamos, un margen de muy escasa precisión, que coge prácticamente todas las persecuciones cristianas habidas. ¿Y qué hay del día del martirio? La passio nada dice al respecto, pero la mayoría de fuentes hagiográficas lo ubican el 22 de noviembre, fecha en que actualmente la celebramos.

Hoy lo dejaremos aquí para no cansaros, pero seguiremos hablando sobre su culto y sus reliquias, y en un tercer artículo, sobre la cuestión de su patronazgo sobre la música, que tiene mucho intríngulis. Sólo dos cuestiones fundamentales a remarcar: es una mártir real, auténtica, una persona histórica, que existió de verdad. Sin embargo, no se sabe absolutamente nada de su vida y tampoco cuándo vivió.

Meldelen

O Adonái,
Et Dux domus Israel,
Qui Móysi in igne flamea rubi apparuisti,
Et ei in Sina légem dedisti:
Veni
Ad rediméndum nos in bráchio exténto.
Oh Adonai,
Pastor de la casa de Israel,
Que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente,
Y en el Sinaí le diste tu Ley,
Ven
A librarnos con el poder de tu brazo

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