Beato Ceferino Namuncurá, seglar argentino

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía del Beato.

El Beato Ceferino Namuncurá (este apellido significa firme, decidido) nació en Chimpay, en la Patagonia el día 26 de agosto del año 1886; de origen mapuche, era hijo de una mestiza chilena llamada Rosario Burgos y del cacique Manuel Namuncurá, señor de la Pampa, que luchó contra el ejército argentino en la batalla del 5 de mayo del año 1883 y que después de haberse rendido, recibió el título honorífico y las insignias de coronel del ejército argentino por parte del general Roca que llegó a ser presidente de la República.

Ceferino era nieto del caudillo mapuche Calfucurá y con solo un año de edad estuvo a punto de morir ahogado mientras jugaba en la orilla del Río Negro, siendo bautizado meses más tarde, el día de Nochebuena, por don Domingo Melanesio que era un sacerdote misionero salesiano defensor del pueblo mapuche.
Cuando su padre fue ascendido a coronel se lo llevó a Buenos Aires y Ceferino ingresó en los talleres que la Armada argentina tenía en Tigre, que es una ciudad del Partido de Tigre en la misma provincia de Buenos Aires; allí estuvo unos tres meses ya que al no gustarle dicha profesión le pidió a su padre que lo sacara de allí. Entonces, el 20 de septiembre del año 1897, con once años de edad, ingresó como alumno interno en el colegio salesiano Pío IX de Buenos Aires.

Allí conoció a Monseñor Juan Cagliero, que era un obispo salesiano que siendo Vicario Apostólico de la Patagonia colaboraba con las misiones salesianas en Argentina y que cogió a Ceferino un cariño muy especial. Para el joven Ceferino, aquello valió la pena, demostrando un gran interés por las enseñanzas impartidas en el colegio: aprendió el castellano y el catecismo, hizo la Primera Comunión en septiembre del año siguiente y recibió también el sacramento de la Confirmación. Allí, después de haber leído la vida de Santo Domingo Savio, se apasionó con las prácticas piadosas de este discípulo de San Juan Bosco y decidió imitarlo.

Su deseo era llegar a ser sacerdote para así poder dedicarse a ayudar y evangelizar a sus hermanos indígenas. Tenía un carácter abierto y sincero, era extremadamente piadoso, sentía pasión por la Eucaristía y llegó a ser modelo de sencillez, de dulzura, de observancia de las normas y de una infatigable dedicación al estudio, siendo todo un ejemplo para sus compañeros de colegio.

Fotografía del Beato junto a monseñor Cagliero.

Físicamente hablando, era de naturaleza débil y en los primeros meses del año 1902 cayó enfermo de tuberculosis y meses más tarde, como su salud empezara a resentirse debido al clima de la ciudad, Monseñor Cagliero lo llevó a Viedma para adaptarlo a un ambiente más acorde con su débil naturaleza física creyendo que allí sería más fácil que pudiera realizar sus estudios eclesiásticos en el colegio de San Francisco de Sales. En Viedma estuvo un año dando ejemplo a todos con su actitud y con su bondad y en dicha ciudad fue cuidado por el Beato Artémides Zatti, que era enfermero del hospital.

El 18 de abril de 1904, San Pío X llamó a Italia a Monseñor Cagliero proponiéndole la sede arzobispal de Sebaste estableciéndose en Turín. El se llevó consigo a Ceferino el día 19 de julio para que en Turín pudiese recuperar mejor su salud, conocer mejor la cuna de la obra salesiana y prepararse para el sacerdocio. Asistió a la primera exhumación de los restos mortales de San Juan Bosco; Ceferino tenía diecisiete años de edad.

El Beato Miguel Rúa, que fue el primer sucesor de Don Bosco, lo acogió también con especial cariño, conversando e incluso comiendo a menudo con Ceferino y se lo llevó a Roma donde San Pío X lo recibió en una audiencia privada, junto con Monseñor Cagliero y otros sacerdotes salesianos, el día 27 de septiembre del año 1904. Ceferino pronunció unas palabras delante del Papa y le regaló un quillango, que es una prenda hecha con pieles y que usan los mapuches para abrigarse. El Papa le obsequió con una medalla igual que las que acostumbraba regalar a los príncipes que iban a visitarle.

De vueltas a Turín frecuentó la escuela del Oratorio de Valdocco (ya escribimos sobre ella cuando publicamos el artículo sobre San Juan Bosco el día 31 de enero del año pasado), pero como su naturaleza era frágil y no pudiendo resistir los primeros fríos del otoño, fue llevado a Frascati (Roma) donde estuvo desde el 15 de noviembre de 1904 al 28 de abril del 1905. Su delicada salud no soportaba la rigidez del clima y como físicamente se consumía cada vez más fue ingresado en el hospital de los Hermanos de San Juan de Dios existente en la isla Tiberina, donde fue atendido por el médico personal del Papa y donde el día 11 de mayo del mismo año moría con solo diecinueve años de edad, estando acompañado por el inseparable Monseñor Cagliero que fue quién le administró la Extremaunción. Murió diciendo: “Bendito sea Dios y María Santísima”.

Vista del sepulcro del Beato. San Ignacio, Neuquén (Argentina).

Sus restos mortales fueron sepultados al día siguiente en el cementerio romano de Campo Verano de donde fueron exhumados en el año 1915 y, posteriormente, en el año 1924, llevados a Fortín Mercedes en Argentina, un fortín antiguo donde se había construido una capilla en la cual Ceferino había ayudado a decir misa a Monseñor Cagliero y donde había estado en numerosas ocasiones orando delante de la Virgen de los Desamparados.

A los seis años de llegar sus restos a Argentina, el sacerdote Luís Pedemonte empezó a propagar la devoción a Ceferino y recopiló todos los testimonios de presuntos milagros obtenidos mediante su intercesión; asimismo, publicó las cartas que había escrito Ceferino dando a conocer su espíritu salesiano, amor a la Eucaristía y a la Virgen.

Concluido el proceso diocesano que se había iniciado el 2 de mayo de 1944, el proceso apostólico fue introducido el día 11 de diciembre de 1956. El 3 de marzo del año siguiente, el Papa Pío XII aprobó la introducción de la Causa de beatificación y el 22 de junio del año 1972 fue declarado Venerable por parte del Papa Beato Pablo VI.
Su devoción se extendió rápidamente por Argentina y por motivos de seguridad, en el año 1992, sus restos fueron llevados al Santuario de Maria Auxiliadora de Fortín Mercedes.

Vista exterior de la tumba del Beato. San Ignacio, Neuquén (Argentina).

El decreto de reconocimiento del milagro previo a la beatificación, fue firmado por el Papa Benedicto XVI el día 7 de julio del año 2007. El milagro consistió en la curación de una joven madre cordobesa, Valeria Herrera, que tenía cáncer de útero. A esta mujer, de manera prodigiosa según el dictamen de los médicos, le desapareció el cáncer después de haberse encomendado a Ceferino. El 11 de noviembre del mismo año (2007), fue solemnemente beatificado por el cardenal Tarcisio Bertone en su localidad natal. Su festividad se celebra el día 26 de agosto.

Se dice que cinco meses más tarde, unos vecinos de El Trébol (que es un municipio del Departamento de San Martín, en la provincia de Santa Fe), vieron una imagen del Beato encima de un fresno, por lo que se decidió erigirle una capilla en aquel lugar.
Los familiares de Ceferino, que viven en un paraje rural llamado San Ignacio en la provincia de Neuquén, pidieron autorización para que sus restos descasaran con ellos; este traslado se inició el día 12 de agosto del año 2009, llevándose desde Fortín Mercedes y pasando por Chimpay, su lugar de nacimiento; finalmente llegaron a San Ignacio donde vive la tribu Namuncurá, muy cerca de Junín de los Andes.

Relicario con una vértebra del Beato venerada en su capilla del Santuario de Santa María Auxiliadora, Fortín Mercedes, Argentina.

El Beato Ceferino Namuncurá, cuya vida proponemos hoy como modelo, fue un joven que viviendo sólo diecinueve años, tuvo trato con un santo (San Pío X), con dos beatos (Artémides Zatti y Miguel Rua) y con el primer cardenal que ha tenido la Congregación Salesiana: Monseñor Juan Cagliero, su consejero y amigo, que fue cardenal arzobispo de Turín desde 1909 a 1912.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es