Beato Miguel Cipriano Iwene Tansi, monje trapense nigeriano

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía del Beato.

Nació en el año 1903 en Igboezum, en una casita en un bosque, cerca de la antiquísima ciudad de Aguleri de la Nigeria meridional, en el estado de Alambra, que le da su nombre al río que pasa por la ciudad. Pertenecía a una de las más nobles y gloriosas tribus nigerianas, la de los Igbo, que en el siglo pasado, entre los años 1967 a 1970 protagonizó una de la más triste y sanguinaria guerra civil de la antigua Biafra. Desde el punto de vista eclesiástico, la zona pertenecía a la diócesis de Onitsha, en el territorio de la Prefectura Apostólica de Nigeria inferior, ahora erigida Prefectura Apostólica de Nigeria oriental. Allí habían llegado en el año 1890, trece años antes de nacer Miguel Cipriano, los primeros misioneros católicos que procedían de la Alsacia francesa aunque pronto llegaron otros misioneros irlandeses de la Congregación del Espíritu Santo.

Los padres de Miguel se llamaban Tabani y Ejikwevi y practicaban la religión tradicional de su tribu. Al niño le impusieron el nombre de Iwene, poniéndolo, como era la costumbre, bajo la protección de Ikenga que era el dios al que ellos adoraban. Pero como la educación de los niños la dejaban en las manos de los misioneros y sus padres querían darle una buena instrucción, en el año 1909, con sólo seis años de edad, el pequeño Iwene fue enviado desde Aguleri hasta un pueblecito cristiano llamado Nduka, donde vivía una tía materna. Su primer maestro en la escuela de los misioneros, fue su primo Roberto Orekie, que era cristiano.

Con nueve años de edad fue bautizado y le pusieron el nombre de Miguel. Era un claval estudioso y exigente consigo mismo y tenía una fuerte ascendencia sobre sus compañeros, los cuales estaban fascinados por la grandeza humana y religiosa de su personalidad. Así lo afirmaban sus propios compañeros y sus profesores.
En el año 1913, marchó con su primo Roberto a Onitsha, donde se inscribió en la Escuela Primaria de la Santísima Trinidad y durante seis años se aplicó en los estudios llegando a conseguir en el año 1919 un título que lo habilitaba para la enseñanza.
Inmediatamente, la misma escuela lo contrató como maestro y en 1924, vuelto a su ciudad, asumió la dirección del colegio de San José. Pero mientras todo esto ocurría, iba madurando en él la vocación sacerdotal y así, en 1925, con veintidós años de edad y venciendo la oposición de su familia, entró en el seminario de San Pablo en Igbariam.

Estampa devocional popular del Beato.

En 1932, como testimonio de la confianza que en él tenían sus superiores, recibió el encargo de ecónomo del Training Collage. Habiendo terminado los estudios de filosofía en el año 1934, cumplió un período de prueba en Umulumbe y después de completar los estudios teológicos, fue ordenado sacerdote el día 19 de diciembre de 1937 en la catedral de Onitsha. Era el segundo sacerdote indígena de la diócesis y el primero de su ciudad.

En 1937 inició un intenso servicio pastoral como coadjutor de la parroquia de Nuewi y dos años más tarde fue nombrado párroco de Dunukofia, parroquia con una feligresía extensísima, cuyos habitantes eran mayoritariamente animistas y con una forma de ser no muy propensa a acoger el mensaje evangélico. Se dedicó incansablemente a difundir el evangelio tanto en la catequesis como en el intento de cambiar algunas de las costumbres locales no muy humanitarias. Combatió un mito maléfico que decía que los bosques eran malditos, también combatió el concubinato, instituyó centros de preparación matrimonial al que acudían los jóvenes que querían contraer matrimonio cristiano.

Instituyó la Asociación de la Legión de Maria con resultados sorprendentes. Recorría a pie o en bicicleta el amplísimo territorio de su parroquia, en la que estuvo seis años. Posteriormente, lo enviaron a la parroquia de CPU donde estuvo cinco años aplicando los mismos métodos de trabajo. Aquí recibió un nuevo signo de la gracia. En el año 1950 con ocasión de unas jornadas de retiro espiritual, su obispo expresó el deseo de que algunos de sus sacerdotes abrazasen la vida monástica para posteriormente poder implantar en la diócesis esta experiencia de vida contemplativa. Él, sin dudarlo, se brindó y el obispo lo puso en contacto con la abadía trapense de Mount St. Bernard, en el condado de Leichester en Inglaterra y allí se marchó para ser probado como monje oblato. Pero durante el viaje, paró primero en Roma pues era el Año Santo de 1950.

En la abadía trapense ingresó el día 2 de julio de 1950. De auténtico pionero y organizador de la joven iglesia misionera de la diócesis de Onitsha, Miguel se transformó, se convirtió en un monje humilde y dócil, empeñado en cumplir con fidelidad el lema “ora et labora” en la austera y silenciosa vida cotidiana de los trapenses.Durante dos años y medio vivió como humilde oblato y en la vigilia de la fiesta de la Inmaculada del año 1952 fue admitido al noviciado, asumiendo el nombre de Cipriano. Un año después emitió los votos temporales y el 8 de diciembre de 1956 pronunció los votos perpetuos.
Durante siete años vivió en completa humildad y obediencia observando la regla trapense; era propenso a la vida de oración y estaba siempre dispuesto a los oficios más humildes. En él se completó una metamorfosis radical y súbita bajo la acción evidente del Espíritu Santo.

Reconocimiento de los restos del Beato tras su exhumación en 1988.

El obispo de Onitsha pensó fundar un monasterio en Nigeria y llevarse a Cipriano como maestro de novicios, pero la violenta guerra de Biafra cambió los planes y la fundación se hizo en Camerún. Él sufrió un gran golpe y se dedicó a prepararse con el estudio y la oración para lo que Dios quisiera. Pero los planes de Dios eran otros: en enero de 1964 tuvo problemas graves en una pierna que se le inflamó y en la mañana del domingo 19 de enero quedó inmóvil en la cama. Vista la gravedad de su estado fue llevado al hospital de Leichester donde se le dijo que tenía un aneurisma aórtico. Durante la noche empeoró y la mañana del 20 de enero de 1964, en absoluta soledad, murió en el hospital. Llevado el cadáver a la abadía se celebraron las exequias con la participación de algunos sacerdotes nigerianos residentes en Londres, entre ellos, su hijo espiritual Francis Arinze, futuro cardenal arzobispo de Onitsha. Tenía sesenta y un años de edad.

El 22 de enero de 1986, veintidós años después de su muerte, el proceso de beatificación se inició en la diócesis de Onitsha. Ya entonces había en Nigeria tres comunidades de vida monástica. En 1988 se exhumó el cadáver en la abadía de Leichester, se reconoció y se le dio un tratamiento conservativo para que pudiera ser trasladado a Nigeria, donde se celebraron solemnes funerales con la participación de todos los obispos nigerianos.

El obispo de Onitsha (Nigeria) incensa los restos del Beato antes de proceder a su nueva inhumación.

Durante este funeral se curó milagrosamente la joven de diecisiete años Filomena Emeka que tenía un cáncer en fase Terminal y a la que el obispo de Onitsha le permitió tocar el féretro. Esta curación milagrosa e inexplicable fue reconocida canónicamente por el papa San Juan Pablo II el día 25 de junio de 1996. Fue beatificado en Nigeria por el mismo Papa el día 22 de marzo de 1998. Sus restos están en la catedral de Onitsha. Su fiesta se celebra el día 20 de enero.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es