Circuncisión de Nuestro Señor

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Icono ortodoxo griego doble: San Basilio el Grande (arriba) y la Circuncisión (abajo).

La fiesta de la Circuncisión de Nuestro Señor en la Iglesias Orientales y la fiesta de San Basilio el Grande
El primer día del año, el 1 de enero, tanto las Iglesias de Oriente como de Occidente celebran la festividad de la Circuncisión de Nuestro Señor. En Oriente es una de las diez fiestas dedicadas a la vida y actividad de Cristo, pero no es una de las doce grandes fiestas conocidas como Sărbători Împărăteşti (Fiesta Imperial) en Rumania, Δωδεκάορτον en Grecia o Двунадесятые праздники en los países eslavos. La razón por la cual esta fiesta es, digamos, de las llamadas fiestas pequeñas, es simple: se celebra una costumbre judía, que es importante como evento, pero que no tiene gran significado teológico.

Pero esto es lo que se aparenta a primera vista, porque la realidad es otra. Con la festividad de la Circuncisión de Nuestro Señor (Lucas 2, 21) recordamos el día en el que Jesús es llevado al templo donde fue circuncidado de acuerdo a la tradición judía al octavo día de su nacimiento (Génesis, 17, 12) y (Levítico 12, 13). Según esta misma tradición judía ese día era en el que se imponía un nombre al niño, nombre asociado normalmente a algún pariente. Pero en el caso de Jesús, se da una excepción, al igual que en el caso de San Juan Bautista, pues los padres deciden ponerle otro nombre al niño conforme había anunciado el ángel, mostrando de alguna manera el futuro profético del recién nacido. El nombre de Jesús (Yesua) significa “salvación” ó  “Salvador”.

La celebración de una práctica del Judaísmo como la circuncisión, no estaba muy acorde con las costumbres normales de la Iglesia que intentaba mezclar unas tradiciones con otras: la Nueva Ley tenía que superar a la Antigua tanto en materia de fe como en las prácticas. Por ejemplo, en el Concilio Apostólico de Jerusalén en el año 50 (Hechos, 15), los apóstoles manifestaron el sinsentido de esta práctica entre los cristianos, que no estaban obligados a ella. Otro ejemplo es la manera de celebrar la Pascua. Cuando ambas fiestas coinciden (la judía y la cristiana), nosotros la celebramos una semana más tarde para no confundir el mensaje de que la Semana Santa es la celebración de la Resurrección de Cristo y no una celebración histórica en recuerdo del paso de Israel por el Mar Rojo a su salida de Egipto.

Icono ortodoxo ruso de la Circuncisión de Nuestro Señor. Abajo, San Basilio el Grande.

La importancia de esta fiesta en los primeros siglos
Pero, ¿por qué celebramos todavía una costumbre judía que a casi todos nos parece una fiesta sangrienta y bárbara? La circuncisión de Jesús, tradicionalmente, ha sido vista cómo el primer derramamiento de su sangre (así lo recoge la Leyenda Áurea), el comienzo de su proceso redentor, que termina con su Resurrección y Ascensión a los cielos. Pero más que esta “interpretación mística” la necesidad de celebrar una fiesta vino simplemente por razones teológicas.

En los primeros siglos, la influencia del gnosticismo en la Iglesia era tan grande, que un grupo llamado “docetas” comenzó a enseñar que la Encarnación de Cristo solo era aparente y que todas sus acciones también eran solo aparentes (el verbo griego “dokeo” significa “aparentar”). Su creencia provenía de la idea de que la materia es mala, por lo cual Dios no podía adoptar una forma corpórea, ya que se contradeciría a Sí mismo. También los “verdaderos” cristianos, según estos “docetas”, debían renunciar a la práctica corporal, ya que lo único importante es que Jesús nos muestra una forma que puede ser moral, filosófica ó teológica, pero nunca corporal, material. No podemos comer su Cuerpo ni beber su Sangre; la salvación no nos viene a través de los sacramentos, sino a través del conocimiento (gnosis) que se reserva solo a un pequeño grupo. Esta enseñanza era muy peligrosa, ya que sin un fundamento material de la fe, toda la enseñanza de la Iglesia no tenía sentido.

En el año 106, San Ignacio de Antioquía en su viaje a Roma -que lo conduciría al martirio-, escribió siete cartas en las que muestra la importancia de la unidad de la Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo. Destaca también la realidad de la vida de Jesús en la tierra, que vivió en tiempos de Poncio Pilatos, que murió, resucitó y nos salvó (Epist. a Smym 3, 1; 4, 2; 5, 2;  Efes. 7, 2; 18, 2; 20, 2:  cf Magn. 11;  Tral. 7, 1). Con sus enseñanzas dejó claro que nuestro Señor es verdadero Dios y verdadero Hombre. Que tenía que haber “nacido de mujer, nacido bajo la ley para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que podamos ser adoptados como hijos de pleno derecho” (Gálatas 4,4-5).

Doble icono ortodoxo griego de la Circuncisión y San Basilio.

Como podemos ver, la lucha contra estas tradiciones gnósticas ya es visible en las cartas de San Pablo. Pero también había otros opositores, que creían que todos los cristianos debían respetar las costumbres judías. Pablo se muestra en contra de esta tesis y dice que todos estamos circuncidados en la circuncisión de Jesús, que es un hecho más espiritual que un simple ritual en el Templo. Hace hincapié en la importancia del Bautismo, que para él es la nueva circuncisión, el nuevo pacto hecho con Dios.

Por eso, el texto que se lee ese día en las Iglesias Ortodoxas es de Colosenses, 2, 8-12: “Mirad, que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. Porque en El habita corporalmente toda la plenitud de Dios y vosotros estáis completos en Él, que es la cabeza de todo principado y potestad. En Él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal en la circuncisión de Cristo; sepultados con Él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con Él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de entre los muertos”.

La importancia de la Fiesta hoy en día
La teología ortodoxa destaca hoy otra visión de la fiesta y le da un nuevo significado teológico. En primer lugar, como en el pasaje citado más arriba, se hace hincapié en la diferencia entre la circuncisión de la Antigua Ley, transitoria,  y el bautismo como símbolo de vida y de la resurrección con Cristo. Esta idea es muy visible en los himnos que se cantan en el Oficio de Vísperas y en el Oficio de Laudes y también en el Sinaxario que se lee por la mañana temprano, antes de que comience la celebración de la Divina Liturgia. Nuestro Señor Jesucristo, consustancial (homoousios) con su Padre Celestial, no tenía ninguna necesidad de ser circuncidado, pero como hombre nacido en el mundo judío, aceptó su ley, y se efectuó esta ceremonia sagrada por tres razones:

1.- Para mostrar a sus correligionarios, desde el principio, que Él no había venido “a abolir la ley ni los profetas… sino para cumplirla” (Mateo 5, 17)
2.- Que ponía en marcha el derramamiento de su sangre desde un principio como sacrificio para redimirnos del pecado.
3.- Y para proporcionar un ejemplo de humildad en la obediencia a la ley (Filipenses, 2,7-11).

Tradiciones en esta Fiesta
La fiesta de la circuncisión se celebra desde muy antiguo en las Iglesias Orientales, existiendo ya testimonios de su celebración en la Iglesia desde el siglo IV en Oriente y desde el siglo VI en Occidente, especialmente en España y Francia, relacionadas con las liturgias locales (ritos mozárabe y galo). La razón de esta diferencia entre Oriente y Occidente es simple: el peligro del “docetismo” era muy grande en Oriente y era casi inexistente en las Iglesias Occidentales. En Roma, la fiesta de la circuncisión aparece por primera vez en los libros litúrgicos en el siglo XI y sustituye a la antigua fiesta de la Natividad de la Virgen María.

Miniatura de la Circuncisión en un manuscrito de la Leyenda Áurea.

En un principio, las costumbres asociadas a estas fiestas eran muy diferentes si las comparamos con las costumbres de hoy en día. Los cristianos ayunaban a fin de diferenciarse de los paganos que celebraban el día de Jano y el final de las Saturnalias, fiesta romana celebrada el día 25 de diciembre (la entrada del solsticio de invierno) y ellos, que celebraban el día 1 de enero, que era una fiesta de pureza en la que había que olvidar los viejos tiempos y costumbres.

Los restos de ambas tradiciones siguen siendo visibles en la ortodoxia. Por un lado las “oratiae” romanas (buenos deseos y oraciones), que no han desaparecido por completo y que se manifiesta con la costumbre de que los niños van por todas las casas con ramas de árboles con flores, que son preparados por ellos mismos, deseando a todos cordura, felicidad y buenos deseos y  por otro lado, el día del ayuno, que fue trasladado al día 5 de enero que es la víspera de la Teofanía (el día anterior a la fiesta del Bautismo del Señor). Las Iglesias Orientales no han eliminado por completo las costumbres paganas, aunque decidieron “cristianizarlas”. En lugar de las Saturnalias, a medianoche del Año Nuevo, los sacerdotes celebran el Servicio del Te Deum (himno de San Ambrosio), en agradecimiento a Dios por los bienes recibidos en el año que termina. Es aceptada la costumbre pagana de desear buena suerte, cristianizándola.

Pero lo más importante es que el día 1 de enero celebra la festividad de San Basilio el Grande, arzobispo de Cesarea de Capadocia, ya que él compuso la muy conocida “maldición contra Satanás”, que es un servicio especial de exorcismo. Los exorcismos paganos realizados por los romanos a finales de año, se sustituyen aquí por una variante cristiana de exorcismos.

La tradición popular no entendía muy bien la importancia del acto de la circuncisión de Jesús; era una fiesta celebrada entre otras dos más grandes: la Natividad y el Bautismo de Cristo realizado en el río Jordán por parte de San Juan Bautista. Es por eso que hoy es más conocido el día 1 de enero por la celebración de la festividad de San Basilio el exorcista. De la misma manera que en Occidente se asocia la noche del día 31 de diciembre con la noche de San Silvestre, en Oriente, se asocia la mañana del día 1 de enero con la festividad de San Basilio.

Mitrut Popoiu

El Equipo PreguntaSantoral quiere desear a todos los miembros de este espacio, colaboradores, lectores, comentaristas y demás, un Feliz Año Nuevo 2011 que nos venga lleno de salud, paz, amor y felicidad para todos. Que Dios nos ayude a superar las dificultades de cada día y miremos siempre hacia adelante con esperanza e ilusión.

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