San Pedro II, arzobispo de Tarantasia

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Icono del Santo.

Icono del Santo.

Nació en el año 1102 en la villa de Saint-Maurice-de-l’Exil, siendo el segundo de los cinco hijos de unos padres muy piadosos y caritativos, que daban hospedaje a cuantos religiosos pasaban por su pueblo. Por esto, desde su infancia, conoció a algunos monjes cartujos y a algunos cistercienses pertenecientes a la recién fundada Abadía de Bonnevaux, cercana a su casa. En esta abadía, cuando tenía veinte años de edad, acompañado de su hermano Lamberto, tomaron el hábito cisterciense. Años más tarde, el más pequeño de los hermanos y su padre ingresaron también en la abadía, mientras que su madre y su hermana, tomaron el velo monacal en la abadía cisterciense de San Pablo de Izeaux. O sea, de los siete miembros de la familia, seis se hicieron religiosos cistercienses.

En el año 1120, algunos monjes de la Abadía de Bonneveaux habían fundado el monasterio de Mazan en la región de Vivarais y el de Montpeyroux en Alvernia y en el 1132, bajo los auspicios del arzobispo Pedro I de Tarantasia, hicieron la fundación de Tamié en la región de Saboya, nombrando a Pedro como abad, el cual se prodigó sin límites en conseguir para su abadía todo tipo de bienes, tanto espirituales como materiales. El arzobispo San Pedro I de Tarantasia, promotor de esta fundación, había sido un antiguo monje de Citeaux y abad de La Ferté.

En el 1140, cuando murió el santo arzobispo Pedro I, le sucedió Isdraël – que era capellán del conde de Saboya -, pero que poco a poco se mostró indigno para ocupar este cargo hasta el punto de que la Santa Sede lo depuso del mismo. Entonces, se apeló a Pedro (que como he dicho era abad de Tamié), el cual, en un principio se mostró renuente a aceptar el cargo, aunque finalmente tuvo que hacerlo ante la insistencia de los abades de Citeaux y de Bonnevaux y, sobre todo, de San Bernardo de Claraval. Y así, siguiendo el ejemplo de su antecesor San Pedro I, conservó el hábito monacal y mantuvo en todo lo posible durante toda su vida, el cumplimiento personal de la Regla Cisterciense. Reformó el Capítulo de su catedral recurriendo a los Canónigos Regulares de la Abadía de San Mauricio de Agaune, viviendo con ellos en comunidad. Esta vivencia la compaginó con la visita pastoral a todas las parroquias de su diócesis, prodigándose en la realización de obras sociales y en la administración de los sacramentos de la Penitencia y de la Confirmación.

Abadía de Tamié.

Abadía de Tamié.

En el año 1153, el Papa Eugenio III – que había sido antiguo monje de Claraval -, delegó en él la solución de una disputa entre el obispo de Maurienne y los señores de La Chambre. Dos años más tarde, el Papa Adriano IV, de acuerdo con el santo obispo Amadeo de Lausanne, le encargó el restablecimiento de la paz entre los Premonstratenses de Lac-de-Joux y los monjes de Lieu-Poncet, los cuales dependían de la Abadía de San Claudio. Como, según su biógrafo, en esta abadía se le atribuyeron la realización de algunos milagros, comenzó a difundirse por toda la región su fama de santidad. Huyendo de esto, decidió dejar su diócesis para esconderse en el monasterio cisterciense de Lucella, en la diócesis de Basilea, aunque allí fue descubierto camuflado como un monje más, dedicado a las labores agrícolas del monasterio. Contrariado, retornó a su diócesis dedicándose plenamente a sus deberes pastorales.

Deseoso siempre de practicar la caridad, transformó su palacio episcopal en una casa de acogida para los pobres; su mesa siempre estaba dispuesta para los más necesitados, con los cuales compartía todo cuanto tenía. Pero, dada la cantidad de menesterosos que acudían a él, pronto se dio cuenta de la necesidad de instituir obras y organizaciones de caridad, entre las cuales cabe destacar el llamado “Pan de Mayo”, que sobrevivió hasta la llegada de la Revolución Francesa y que consistía en la distribución de un plato de sopa caliente a cuantos acudían al que había sido el palacio episcopal. Su biógrafo dice que en más de una ocasión fue tan grande el número de necesitados que acudían, que la sopa se multiplicaba de manera milagrosa; algo similar al célebre milagro que llevó a la canonización a San Juan Macias.

Hospicio del Pequeño San Bernardo.

Hospicio del Pequeño San Bernardo.

Asimismo agrandó el llamado “Hospicio del Pequeño San Bernardo”, en la célebre Colonne-Joux, que como sabemos es un puerto de montaña que separa Tarantasia (en la Saboya francesa) del Valle de Aosta en Italia. Este hospicio había sido fundado por San Bernardo de Menthon a fin de proteger a los peregrinos contra los bandidos y las inclemencias del tiempo, pero que con el paso de los años se fue deteriorando, por lo que San Pedro II de Tarantasia lo reconstruyó. Quién desee más información sobre este emplazamiento, lea este enlace.

Por su forma de ser y de actuar consiguió tener una gran autoridad moral en toda aquella región: el conde de Saboya lo llamaba para recibir sus consejos y en más de una ocasión recurrió a él para que intermediara en alguna disputa. Así, restableció la paz entre el conde y el obispo San Guerino de Sión, quién había sido abad del monasterio cisterciense de Aulps. En el año 1156 redactó un tratado de alianza entre el abad de San Mauricio de Agaune y el del monasterio de Nuestra Señora de Abondance. Ese mismo año, en San Segismundo, resolvió otra discrepancia entre el obispo de Ginebra y el conde del Ginebrino (lo que hoy sería el alcalde), acerca de los respectivos derechos o competencias de cada uno de ellos sobre aquella ciudad.

Relicario con el húmero del Santo.

Relicario con el húmero del Santo.

Pero su más importante actividad fue aquella que llevó a cabo en defensa de la unidad de la Iglesia cuando en el año 1159, a la muerte del Papa Adriano IV, después de la elección de Alejandro III, cuatro cardenales fieles al emperador se reunieron eligiendo a uno de ellos que tomó el nombre de Víctor IV. Entonces, en la ciudad de Crema, el emperador Federico Barbarroja convocó a un cierto número de obispos y arzobispos a los cuales les propuso la oportunidad de convocar un concilio. Allí se presentó San Pedro II de Tarantasia, acompañado de los abades de Claraval, de Morimond y de otros abades cistercienses para encontrarse con el emperador, el cual iba avanzando camino de Milán y suplicarle que respetase a aquella ciudad y a sus habitantes. En el “seudoconcilio” convocado por Barbarroja en Pavía a principios del año 1160, los cardenales fieles al emperador reconocieron a Víctor IV como legítimo Papa. Pedro, prácticamente solo, se enfrentó al emperador y al antipapa y se marchó a Tarantasia y a las regiones vecinas de Borgoña, Alsacia y Lorena para predicar la unión en torno al legítimo Papa Alejandro III. Su biógrafo nos dice que en esta campaña de defensa del legítimo Papa, realizó numerosos milagros y curaciones.

Tuvo la valentía de presentarse de nuevo ante el emperador para responsabilizarle de la desunión de la Iglesia, pero éste se mostró inflexible. De todos modos, gracias a sus enormes esfuerzos, fue reuniendo en torno a sus tesis a muchos obispos y abades cistercienses, como al obispo Enrique de Baeuvais – hermano del rey de Francia y antiguo monje de Claraval -, al abad Lamberto de Citeaux, a Felipe de Aumône, a San Elredo de Rievaulx y a otros. Finalmente, gracias a sus esfuerzos, en el mes de mayo del 1163, en el Concilio de Tours, los reyes de Francia y de Inglaterra reconocieron solemnemente la legítima autoridad del Papa Alejandro III, el cual se había refugiado en Francia huyendo de la persecución ejercida contra él por Federico Barbarroja. Este siguió en sus treces y a la muerte del antipapa Víctor IV, hizo elegir a otro que tomó el nombre de Pascual III.

En el año 1165, el Papa Alejandro III llamó a Roma a San Pedro de Tarantasia, el cual realizando un triunfal viaje por toda Italia, se presentó ante el Papa acompañado por Gualberto, futuro obispo de Aosta. Digo que este viaje fue triunfal, porque a su paso por las ciudades de Pavía, Bolonia, etc., la población se echaba a la calle para recibirlo; dice asimismo su biógrafo que durante este viaje, el santo realizó numerosas curaciones por el camino. A su vuelta, en Tolosa (Toulouse), logró imponer la paz entre el conde Raimundo V y el conde Humberto III de Saboya. También en ese mismo año intervino eficazmente en una disputa jurisdiccional entre el conde de Forez y la Iglesia de Lyon, consiguiendo que llegaran a un acuerdo.

Urna con el cráneo y la pierna izquierda del Santo.

Urna con el cráneo y la pierna izquierda del Santo.

En el 1170, cuando el emperador se encontraba en Besançon, fue nuevamente a verlo a fin de convencerlo para que firmase la paz con la Iglesia Romana, pero nuevamente fracasó en el intento. Era capaz de poner de acuerdo a multitud de contendientes, pero con el emperador, no lo conseguía. Un año más tarde, durante una estancia de reposo en la Gran Cartuja, hizo división de los bienes materiales de la Iglesia de Tarantasia, determinando la parte que quedaba reservada para los canónigos y la pequeña porción que dejó a la administración del propio obispo.

Sus últimos años de vida fueron particularmente activos. El 12 de febrero del 1173 estaba presente en el castillo de Montferrand (en Alvernia), acompañado de los obispos de Ginebra y de Maurienne y de un numeroso grupo de nobles de la región de Saboya, donde consiguió que firmaran un acuerdo el rey Enrique II de Inglaterra y el conde Humberto III de Saboya; este acuerdo estaba relacionado con el proyecto matrimonial entre la princesa Alicia de Saboya y Juan sin Tierra. Pocos días más tarde, lo encontramos en Limoges, donde por espacio de doce días se quedó en la corte del rey de Inglaterra, realizando diversas curaciones de las que nos ha llegado información gracias al clérigo escritor Gautier Map. Los contactos que tuvo con este rey tuvieron como objetivo el abordar un acercamiento con el rey de Francia, más que deseable ya que los eventos provocados por los cruzados en Tierra Santa se estaban precipitando. Y parece ser que estos contactos no fueron inútiles, pues el 23 de agosto de ese mismo año, el Papa – después de haberlo consultado con el obispo Ponce de Clermont, el abad Alejandro de Citeaux, el prior de la Gran Cartuja y el Gran Maestro del Temple -, delegó en él para que negociara la paz entre el rey de Inglaterra y sus hijos, a los cuales se había unido el rey de Francia y así, el Miércoles de Ceniza del año 1174, el santo obispo Pedro II impuso la ceniza al rey de Inglaterra y a su séquito en la abadía cisterciense de Mortemer, en Normandía.

Urna con la pierna derecha del Santo.

Urna con la pierna derecha del Santo.

De retorno a su diócesis, el arzobispo Pedro II realizó diversas paradas deteniéndose en el monasterio de Hautes-Bruyères (dependiente de la abadía de Fontevrault, en la diócesis de Evreux), en la ciudad de Montmorency, en la abadía cisterciense de Vaux de Cernay, en la abadía de Longuay que está cercana a Langres y finalmente, en Lyon donde fue testigo de una donación realizada por Ulderico de Villars a favor de los cistercienses de Chassagne. Una vez llegado a Tarantasia, recibió un nuevo encargo del Papa ante los monjes de Bellevaux, lo cual hizo que de nuevo tuviese que viajar, pero llegando a su lugar de destino se vio atacado por un violento estado febril, llegando a duras penas al monasterio, donde murió pocos días más tarde, el 14 de septiembre del año 1174, día de la Exaltación de la Santa Cruz. Fue sepultado en la iglesia de Bellevaux junto al altar dedicado a la Santísima Virgen. Godofredo de Auxerre, que entonces era abad de Hautecombe, quién frecuentemente había estado en contacto con él, escribió su “Vita” con la intención de solicitar su canonización. De hecho, fue canonizado por el Papa Celestino III el 10 de mayo del año 1191, o sea, solo diecisiete años después de su muerte.

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San Pedro II de Tarantasia, San Bernardo y San Guillermo arzobispo de Bourges, son los únicos tres santos canonizados de la Orden de Citeaux. Su fiesta fue fijada el día 11 de septiembre, pero muy pronto fue trasferida al 8 de mayo. Los cistercienses lo conmemoran el día de su muerte, el 14 de septiembre. La Abadía de Tamié, de la cual fue su primer abad, poseo tres reliquias insignes del santo: la cabeza, la pierna izquierda y un húmero, mientras que la iglesia de San Jorge de Vesoul, conserva la pierna derecha. El resto de reliquias están muy repartidas.

Como hemos podido comprobar siguiendo este breve relato de su vida, fue un obispo que vivió como un monje, un hombre de Iglesia, tremendamente trabajador y conciliador, muy caritativo y con fama de taumaturgo aun en vida.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Godofredo de Auxerre, “Vita Sancti Petri Tarentasiensis”, Biblioteca de Troyes, siglo XII.
– Burnier, A., “Histoire de l’abbayé de Tamié”, Chambery, 1865.
– Dimier, A., “Saint Pierre de Tarentaise”, Ligugé, 1935
– Dimier, M.A., “Bibliotheca sanctórum, tomo X”, Città Nuova Editrice, Roma, 1990.
– Lenssen, S., “Aperçu historique sur la vénération des Saints cisterciens dans l’ordre de Citeaux”, Collectanea Ordinis Cisterciensis III, 1939.
– Múller, G., “San Pedro arzobispo de Tarantasia”, Crónicas cistercienses III, 1891.

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Beatas María Micaela Baldoví Trull y María Natividad Medes Ferrís, mártires cistercienses

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Fotografía de las fundadoras de Fons Salutis. De derecha a izquierda, la primera es la Beata Micaela y la tercera, la Beata Natividad.

Fotografía de las fundadoras de Fons Salutis. De derecha a izquierda, la primera es la Beata Micaela y la tercera, la Beata Natividad.

Ayer, nuestro compañero Antonio nos presentó la historia del Beato Pío Heredia Zubía y sus dieciocho compañeros, mártires cistercienses, recién beatificados. Entre los mismos había dos religiosas, las únicas mujeres del grupo, de las cuales esta servidora hablará hoy para hacerles un homenaje, no sólo en tanto que mujeres mártires, sino también en tanto que naturales de su ciudad natal, Algemesí, y por tanto, paisanas de esta que os escribe.

Necesariamente el artículo habrá de ser corto para no explayarse en demasiados detalles, quien desee ampliar la información al respecto, recomiendo la consulta de la bibliografía remitida al final del artículo y en particular, la visita al excelente blog Algemesí en la memoria, también citado, para ampliar con datos y fotografías más concretas.

Beata María Micaela Baldoví Trull
Como decíamos, nació en Algemesí (Valencia, España) el 28 de abril del año 1869, por lo que contaba con 67 años de edad en el momento de su martirio. Su nombre civil fue María de la Salud Baldoví Trull, hija de Juan Bautista y Joaquina, siendo bautizada en la parroquia de San Jaime y confirmada en 1879. Aunque de niña no fue a centros educativos, ni tampoco estudió en su juventud, poseía una gran capacidad intelectual que ella misma se encargó de cultivar y ampliar, destacando ante todo en su autodominio.

Fotografía de la Beata Micaela.

Fotografía de la Beata Micaela.

Ingresó en la Orden cisterciense en 1892, en el monasterio de Gratia Dei en La Zaydía, Valencia, haciendo sus votos solemnes un año después, con 24 años de edad. Desempeñó las tareas de tornera, ropera y mayordoma; y finalmente, siendo muy fiel a las observaciones monásticas de la Orden, fue elegida como abadesa de La Zaydía desde 1917 a 1921. Años después, queriendo extender el Císter, fundó en su ciudad natal, Algemesí, un nuevo monasterio, Fons Salutis, al cual se trasladó el 30 de octubre del año 1927 con otras seis monjas, comunidad de la que fue la primera abadesa.

Sin embargo, al estallar la Guerra Civil en 1936, la comunidad se vio obligada a retirarse del monasterio. Esto ocurrió el 21 de julio, de modo que en la madrugada del día 22, tras oír misa y consumir todas las formas del sagrario, la comunidad abandonó el monasterio y la madre Micaela se fue a vivir con sus hermanos, Juan Bautista y Encarnación. Por desgracia, a los cuatro meses, el 16 de octubre las dos hermanas fueron detenidas y encarceladas precisamente en Fons Salutis, el mismo monasterio que ella había fundado y que ahora era usado como cárcel. Incluso le dieron como calabozo la misma celda que había ocupado como abadesa.

Los diversos interrogatorios a los que fue sometida durante su encierro le causaron un gran sufrimiento, pues fueron muy duros con ella. Pero, no abstrayéndose en sí misma, se dedicaba a consolar y a animar a las demás religiosas prisioneras, oraba sin cesar y se la veía besar las paredes de su celda, como santificando su propia prisión. De esta actitud valiente y ejemplar nos quedan diversos testimonios de gente que coincidió con ella:

Vista del monasterio de Fons Salutis, hogar y prisión de las mártires. Algemesí, Valencia (España).

Vista del monasterio de Fons Salutis, hogar y prisión de las mártires. Algemesí, Valencia (España).

“Yo fui detenida y llevada al convento de Fons Salutis, convertido en prisión, creo que el 26 de octubre de 1936, y me encerraron en la celda que habían ocupado María Teresa Ferragud Roig y sus cuatro hijas, que las mataron el día anterior. Una vez en la celda, la Madre Micaela, que estaba en la de al lado, me llamó golpeando el tabique y preguntándome quién era y qué ocurría en la calle. Luego, un carcelero llamado Pedro Fernández abrió las celdas y hablé con ella, la cual se mostraba muy animosa y valiente y me dijo: “¡Quién me iba a decir que este convento que yo fundé iba a ser mi prisión, ocupando la misma celda de abadesa y de presa!”; y añadió que, cuando llegara el momento de la muerte, debíamos gritar: “¡Viva Cristo Rey!”, y las demás contestar: “¡Viva!”. Este fue el tema de la conversación durante los días que convivimos juntas en la prisión, mostrándose siempre muy animosa”. (Josefa Giner Botella, detenida)

“Yo estaba ocupando el cargo de jefe del Cuerpo de Guardia, que vigilaba el monasterio-cárcel, donde estaba detenida M. Micaela. Cuantas veces fui a abrir la celda en que ella se encontraba, la vi encogida, pero sin perder el ánimo, más bien estaba como muy recogida interiormente. Algunas veces arrodillada y otras rezando”. (Pedro Fernández López, carcelero)

Fotografía de la Beata Natividad.

Fotografía de la Beata Natividad.

Finalmente, el 9 de noviembre de 1936, en torno a las nueve de la noche, la fusilaron a ella y a su hermana Encarnación en la carretera de Benifaió, en el término municipal de Almussafes. Parece que Encarnación murió al instante, pero la madre Micaela quedó con vida y agonizó durante toda la noche, hasta que, al amanecer, la remataron machacándole la cabeza. Sus restos, enterrados en el cementerio de Benifaió, fueron posteriormente trasladados a Algemesí e inhumados en el mismo Fons Salutis, en 1974.

Al terminar la guerra, tras una larga investigación, sus cuerpos fueron hallados, exhumados y recuperados. Con gran horror, encontraron las dos cabezas separadas del resto del cuerpo, con lo que se cree que fueron decapitadas, probablemente post-mortem.

Beata María de la Natividad Medes Ferrís
Al igual que la madre Micaela, Úrsula Medes Ferrís -tal era su nombre civil- nació en Algemesí, el 18 de diciembre de 1880 -por lo que tenía 56 años en el momento de su martirio-, hija de José y Vicenta María, siendo bautizada en la parroquia de San Jaime al día siguiente y confirmada el 1 de agosto de 1891. Ingresó en la Orden del Císter en el monasterio de La Zaydía de Valencia, el 6 de octubre de 1915, profesando al año siguiente. Nacida en una familia numerosa, con dos hermanos carmelitas descalzos -Ernesto, sacerdote, y Vicente, religioso no clérigo-, ella destacó por ser una religiosa sencilla, de carácter afable, que se incorporó al monasterio de Fons Salutis de Algemesí cuando éste fue fundado en 1927.

Cuando por la guerra hubo de abandonarlo, marchó a refugiarse a su casa natal, propiedad de su hermano José, labrador, donde también se alojaron sus dos hermanos religiosos, Ernesto y Vicente. Allí pasaron unos meses, compaginando la vida cristiana y trabajando en el campo. Pero pronto fueron denunciados al comité revolucionario local, se cree que por parte de una vecina suya, vendedora ambulante de prensa, que precisamente pertenecía a la célula comunista de Algemesí.

Escudo de la fundación del monasterio Fons Salutis en 1927. Algemesí, Valencia (España).

Escudo de la fundación del monasterio Fons Salutis en 1927. Algemesí, Valencia (España).

El caso es que al atardecer del día 11 de noviembre se presentaron allí unos enviados del comité local, exigiendo a la esposa de José, una mujer llamada Purificación Esteve Martínez, que entregara a las personas que tenía escondidas, y la amenazaron muy gravemente si no lo hacía. Después de un inútil forcejeo, tuvieron que entregarse los tres, siendo sor Natividad conducida al mismo Fons Salutis, que ahora iba a ser su cárcel. Sus dos hermanos fueron en cambio recluidos en el convento de las Bernardas de la Villa, que también se usaba de prisión.

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La estancia duró poco: el mismo día de su detención fue juzgada y condenada a muerte. A las once de la noche, la metieron en un coche con su hermano Ernesto, mientras que Vicente y José ocupaban otros dos coches respectivamente. Marcharon a la carretera de Alcúdia a Carlet y, a la altura del término de Alcúdia, a unos 8 kilómetros de Algemesí, mataron a los cuatro hermanos, siendo en torno a la madrugada del 12 de noviembre de 1936. Un testigo ocular afirma que el padre Ernesto, en nombre de sus hermanos, habló así a los asesinos, que los habían hecho avanzar atados y a golpes de culata: “Sabemos que nos vais a matar, pero moriremos con gusto por la religión y por España. ¡Viva Cristo Rey!”. Los asesinaron mediante tiros en la nuca. Más tarde, los cadáveres aparecieron con las manos atadas: Vicente con las manos sobre la cabeza, Ernesto y José atados, y el de sor Natividad estaba partido en tres pedazos. Esto se explica, según su biografía, porque su cadáver “cayó en medio de la carretera, y no se dignaron apartarla, por lo que habiendo pasado un camión, la cortó en varios pedazos”.

Terminada la guerra, la viuda de José, Purificación, exhumó los restos de su marido y los tres hermanos y los enterró en el cementerio de Algemesí. En 1940 los dos carmelitas descalzos fueron llevados al panteón de los Mártires de la comunidad carmelita del desierto de las Palmas.

Sepulcro de las Beatas en el monasterio Fons Salutis. Algemesí, Valencia (España).

Sepulcro de las Beatas en el monasterio Fons Salutis. Algemesí, Valencia (España).

Beatificación
El proceso de declaración de martirio y beatificación de la madre Micaela y sor Natividad se inició en Valencia en 1962 por parte de la Orden Cisterciense, y, como sabemos, fueron beatificadas finalmente en el día de ayer, después que se unificara su causa con la del Beato Pío Heredia Zubía el 2 de marzo de 2001. Los dos hermanos carmelitas también fueron incluidos en la causa de 34 mártires carmelitas descalzos de la provincia de Aragón y Valencia. Finalmente, el hermano seglar, José Medes Ferrís, fue beatificado el 21 de marzo de 2001 por el papa San Juan Pablo II dentro de un numeroso grupo de mártires valencianos, como seglar de Acción Católica.

Actualmente, las dos mártires estaban sepultadas en el mismo monasterio que fundaron, donde vivieron y estuvieron prisioneras; aunque lleva largo tiempo cerrado por falta de vocaciones, habiendo sido trasladadas las restantes monjas, pocas y muy ancianas, a otro lugar. En principio se pensaba reaprovechar el edificio para instalar allí el colegio diocesano de María Auxiliadora, aunque hasta el día de hoy dicho traslado no se ha efectuado y el monasterio sigue cerrado, con el sepulcro de las dos nuevas Beatas dentro. Quizá, con motivo de la beatificación, se realicen algunas nuevas gestiones al respecto.

Meldelen

Bibliografía:
Las monjas mártires de Fons Salutis, opúsculo publicado por el monasterio de Santa María de Viaceli.
– RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ, Gregorio, El hábito y la cruz. Religiosas asesinadas en la Guerra Civil Española, Edibesa, Madrid 2007, pp. 472-475.

Enlace consultado (03/10/2015):
– http://algemesienlamemoria.blogspot.com.es/2015/02/martires-de-fons-salutis.html

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Beatos Pío Heredia Zubía y dieciocho compañeros mártires

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Icono de los Beatos.

Icono de los Beatos.

Todos ellos eran monjes del monasterio cisterciense de “Santa María de Viaceli”, situado en el municipio cántabro de Cóbreces y dos monjas del monasterio “Fons Salutis”, situado en Algemesí (Valencia), los cuales fueron martirizados en el año 1936.

Los sesenta monjes de esta comunidad de Viaceli, perseguida y ultrajada, eran casi todos jóvenes que estaban en período de formación; todos quedaron a merced de las arbitrariedades del comité local del Frente Popular, quienes creyendo que los monjes guardaban armas y dinero en el monasterio, registraron el mismo y cachearon a los monjes en diversas ocasiones. En ese ambiente, en el que incluso les prohibieron las celebraciones litúrgicas, a partir del 23 de agosto, el padre abad puso a salvo a cuantos monjes y estudiantes les fue posible.

La tarde del 8 de septiembre de 1936 fueron registrados y arrestados los treinta y ocho monjes que quedaban en la comunidad y aunque quisieron fusilarlos de manera inmediata en las costas del Mar Cantábrico, se libraron gracias a la intervención de un capitán de carabineros, por lo que los llevaron prisioneros al colegio de los salesianos de la calle Viñas, que habían convertido en cárcel. Algunos miembros de la comunidad permanecieron detenidos en el propio monasterio, pero en la carretera que va desde Santander a Oviedo, el día 21 de septiembre, fusilaron a los padres Eugenio García Pampliega y Vicente Pastor Garrido, cuyos cadáveres dejaron abandonados en la cuneta. Fueron sepultados en una aldea llamada Rumoroso, perteneciente al municipio cántabro de Renedo de Piélagos y el 16 de junio de 1940 fueron exhumados y trasladados al claustro del monasterio.

Mártires de Viaceli en 1936.

Mártires de Viaceli en 1936.

Los que fueron encarcelados en Santander, de manera discreta, siguieron llevando vida comunitaria y gracias a la mediación de don Ángel Aldasoro que se ofreció como fiador de los monjes, fueron liberados escondiéndose en algunas casas, pero el día 1 de diciembre, el prior del monasterio, padre Pío Heredia Zubía y otros doce monjes fueron nuevamente detenidos, encarcelados y violentamente maltratados. Con especial ensañamiento trataron al padre prior, insultándolo y dándoles terribles palizas a fin de que denunciara a las personas que les habían ayudado, aunque él no se achicaba y continuamente repetía al comisario que lo interrogaba y maltrataba: “Hijo, usted puede matarme, pero tiene que saber que mi vida pertenece a Dios” y constantemente alentaba a sus compañeros diciéndoles: “Preparaos para morir por Cristo”. Absolutamente todos permanecieron tranquilos y seremos de ánimos aunque tenían la completa certeza de que iban a ser asesinados por el mero hecho de ser monjes cistercienses. Aceptaron morir por la fe y de manera fehaciente, manifestaron en numerosas ocasiones a sus verdugos que les perdonaban.

El día 3 de diciembre de 1936, a primeras horas de alba, sacaron de la cárcel a siete religiosos con las manos atadas a la espalda y los llevaron al acantilado donde se encontraba el faro desde donde fueron arrojados contra las rocas y el mar. Personas que estuvieron presentes en esta escena y que con posterioridad dieron testimonio, han manifestado que todos afrontaron el martirio con una gran serenidad y dignidad. Estos mártires eran: el padre prior, Pío Heredia Zubía (que tenía sesenta y un años de edad), el sacerdote Amadeo García Rodríguez (de treinta y un años), el sacerdote Valeriano Rodríguez García (de treinta años), el sacerdote Juan Bautista Ferrís Llopis (de treinta y un años), el estudiante profeso simple Álvaro González López (de veintiún años), el novicio Marcelino Martín Rubio (de veintitrés años) y el oblato postulante Antonio Delgado González (de veintiún años).

Padre Pío Heredia.

Padre Pío Heredia.

Al día siguiente padecieron el mismo martirio otros cinco miembros de esta comunidad: el hermano lego de votos perpetuos Eustaquio García Chicote (de cuarenta y cinco años de edad y que era el vice-maestro de los hermanos legos), el hermano lego Ángel de la Vega González (de sesenta y ocho años), el hermano lego profeso simple Ezequiel Álvaro de la Fuente (de diecinueve años), el hermano lego profeso simple Eulogio Álvarez López (de veinte años) y el novicio Bienvenido Mata Ubierna (de veintiocho años).

Como en aquellos días se encontraba en Santander el deán de la catedral de Canterbury, parece que los milicianos evitaban utilizar el Faro de Cabo Mayor como lugar de suplicio y por eso, según la declaración de algunos testigos, los sacaron en barcazas a altamar, donde difícilmente los pudieran ver y allí los tiraron a las aguas del Cantábrico. De hecho, varios días después, el mar devolvió a la playa de Somo unos cuantos cadáveres que se cree que eran de los monjes. Don Carlos Iruretagoyena escribió: “Unos días después del 3 de diciembre, parece que el mar arrojó a la playa de Somo unos cuantos cadáveres que se supone fueran de los religiosos cistercienses, porque eran bastantes. Tres de los cadáveres tenían los brazos atados a la espalda y otros, algún trozo de cuerda todavía en sus muñecas y uno tenía la boca cosida con alambres. Según la versión de algunas personas que recogieron los cadáveres, se supone que el cadáver que tenía la boca cosida era el del padre Pío”.

Con absoluta certeza no se sabe si fueron arrojados desde el Faro, ahogados en el mar o fusilados en las tapias del cementerio de Ciriego, ya que hay indicios de que pudo ser de cualquiera de esas formas; lo que se sabe con certeza es que fueron asesinados por ser monjes cistercienses. No se sabe donde fueron sepultados, aunque en la lista de los cadáveres sepultados en el cementerio de Ciriego, figuran hasta treinta y cuatro desconocidos aparecidos en diversas playas santanderinas.

Padre Pío Heredia y algunos de los mártires.

Padre Pío Heredia y algunos de los mártires.

El hermano lego Leandro Gómez Gil (profeso de votos simples y de veintiún años de edad) fue encarcelado como todos los demás y cuando lo liberaron buscó refugio con otro grupo de monjes, pero fue descubierto y él no ocultó su condición de religioso. Golpeado y herido brutalmente, fue fusilado al día siguiente y sepultado en el cementerio de Santander.

El sacerdote leridense y postulante del monasterio de Viaceli, José Camí Camí (de veintiocho años) acababa de haber sido admitido en el monasterio y se preparaba para iniciar el noviciado. Fue arrestado y martirizado de manera especialmente cruel: amarrado a un coche, fue arrastrado durante trece kilómetros hasta el cruce de Torres de Segre y allí lo fusilaron. Antes de recibir el golpe de gracia, tuvo la fuerza y el valor de perdonar y bendecir a sus verdugos, los cuales les pasaron el coche varias veces por encima del cuerpo.

Otros tres monjes murieron lejos de Santander. Sus nombres son: el subdiácono Santiago Raba Ríos (de veintiséis años de edad) que fue enrolado de manera forzosa en la milicia republicana y que al declararse religioso, fue amenazado si no abjuraba de la fe y que al negarse, fue sacrificado; el estudiante de teología y profeso de votos simples Ildefonso Telmo Duarte (de veinticuatro años), que fue arrestado y destinado al batallón republicano en el frente, donde encontró la muerte a manos de un miliciano que le hizo estallar una bomba en la mano; el sacerdote Lorenzo Olmedo Arrieta (de cuarenta y ocho años), monje de Viaceli y superior del monasterio de Santa María de Huerta, que fue arrestado en la zona controlada por los milicianos, encarcelado y ultrajado, siendo martirizado en Jadraque (Guadalajara). Cuando se inició la Causa de beatificación estos tres religiosos fueron incluidos en la misma; sin embargo, durante los trabajos de preparación de la “Positio” se comprobó la escasez de pruebas y documentos y, aunque hay constancia de sus martirios, por falta de argumentos suficientes, fueron excluidos de la Causa.

Estampas de los beatos.

Estampas de los beatos.

A los monjes de la Abadía de Viaceli fueron unidas en el mismo proceso, dos monjas del monasterio “Fons Salutis”, perteneciente a la misma Orden Cisterciense: las madres María Micaela Baldoví Trull y María Natividad Medes Ferris. Ambas eran naturales de Algemesí (Valencia) y monjas del monasterio “Fons Salutis” cuando fueron martirizadas. Las dos procedían del monasterio de La Zaydía y ambas fundaron el monasterio “Fons Salutis”.

El 22 de julio de 1936 la comunidad fue expulsada del monasterio que fue convertido en cárcel, por lo que las monjas tuvieron que buscar refugio en las casas de sus familiares. La madre Micaela se refugió en la casa de su hermana Encarnación y la madre Natividad en la casa de su hermano José, pero fue inútil porque fueron detenidas entre los días 18 y 20 de octubre. Junto con otros familiares, fueron encerradas en su propio monasterio, que había sido convertido en cárcel y allí permanecieron unos días esperando el martirio. La noche del 9 de noviembre, la madre Micaela y su hermana Encarnación fueron sacadas y fusiladas en la carretera, un kilómetro antes de llegar a Benifaió. A la madre Micaela la dejaron moribunda y así estuvo toda la noche hasta que a la mañana siguiente la remataron con un golpe en la cabeza. Fueron sepultadas en el cementerio de esa localidad, del que fueron exhumadas en el año 1974 y colocadas en el coro del monasterio “Fons Salutis”, donde actualmente se encuentran.

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En la noche del día 10, sacaron a la madre Natividad y a sus tres hermanos y todos, fueron fusilados también en la carretera de Alzira a Carlet. A la mañana siguiente, el cadáver de la madre Natividad apareció cortado en tres pedazos. La madre Natividad también está sepultada en el coro del monasterio “Fons Salutis”.

Lugar de enterramiento de los beatos Vicente Pastor y Eugenio García en el claustro de la Abadía.

Lugar de enterramiento de los beatos Vicente Pastor y Eugenio García en el claustro de la Abadía.

En el año 1962, los miembros del Capítulo General de los Trapenses decidieron la incoación de la Causa de los monjes de Viaceli, se iniciaron los procesos informativo y diocesano, los cuales se vieron temporalmente interrumpidos, reiniciándose el 30 de noviembre de 1995. El “Nihil obstat” fue concedido el 13 de junio de 1996, siendo iniciada la causa el día 8 de febrero del 1997. El proceso diocesano quedó validado el 16 de junio del año 2000 y el 2 de marzo del año siguiente, la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos decretaba unir esta Causa con las de las dos monjas mártires del monasterio “Fons salutis” de Algemesí, que había sido incoada en el arzobispado de Valencia en el año 1962. La “Positio” se terminó el 8 de diciembre del año 2003. El decreto reconociendo el martirio fue promulgado por el Santo Padre Francisco el día 22 de enero de este año y en el día de hoy, este grupo de diecinueve mártires cistercienses serán beatificados en la catedral de Nuestra Señora de la Asunción de Santander, presidiendo la ceremonia el cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. Serán conmemorados anualmente el día 4 de diciembre.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Moreno, D. P., “Bibliotheca sanctórum, Apéndice II”, Città Nuova editrice, Roma, 2000.
– Ruiz Carvajal, J. y De Pascual, F.R., “La Espera Liberadora”, Abadía de Viaceli, 2015.

Enlaces consultados (03/09/2015):
– www.cistercium.es
– www.monasteriocarrizo.es

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Contestando a algunas breves preguntas (XXVIII)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía del Siervo de Dios Guido Vidal França Schäffer practicando surf.

Fotografía del Siervo de Dios Guido Vidal França Schäffer practicando surf.

Pregunta: Soy surfista y creo que estoy de enhorabuena, porque acabo de enterarme de que ya tenemos un santo patrono. Con el surf descargo mi adrenalina y paso mis mejores horas de diversión. Soy católico practicante y el tener un patrón que fue surfista como yo, me hace mucha ilusión, ya que así podré encomendarme a él cuando practique este deporte. Gracias.

Respuesta: Pues yo me alegro de que tengas esta diversión tan sana aunque arriesgada, pero creo que te precipitas, porque no hay ningún santo que haya sido surfista y que sea vuestro patrono. Como decimos por mi tierra, tú “has oído campanas, pero no sabes dónde” y me explico: la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos dio el visto bueno (Nihil Obstat) el pasado 16 de octubre para que la archidiócesis brasileña de Río de Janeiro iniciase la apertura del proceso de beatificación de Guido Vidal França Schäffer, que era un seminarista muy comprometido con los pobres de Río de Janeiro y que murió muy joven, el día 1 de mayo del año 2009, cuando practicaba el surf en la playa de Recreación, en Río, ya que ésta era una de sus aficiones favoritas. Había nacido el 22 de mayo de 1974 en Volta Redonda y estaba punto de ser ordenado como sacerdote.

Ahora se pone en marcha la Causa y, como comprenderás, a ésta le queda un largo camino por recorrer, porque hay que analizar con lupa su vida y sus compromisos con las causas sociales, y el por qué “estaba tan enganchado” al surf, deporte que no abandonó ni cuando estaba en el seminario. Él también era médico y trabajaba de manera altruista en la Santa Casa de la Misericordia de la ciudad carioca. Si la Causa sigue hacia delante, y hay muchos visos de que así sea, algún día será beatificado, y entonces sí que podría ser declarado vuestro patrono. Aun así, ya es considerado Siervo de Dios y tú te puedes encomendar a él para que te proteja cuando practiques ese arriesgado deporte.

Reliquia del cráneo de San Lucas en Praga (República Checa).

Reliquia del cráneo de San Lucas en Praga (República Checa).

Pregunta: He leído el artículo que habéis publicado sobre el estudio de las reliquias de San Lucas evangelista y lo he leído con mucho interés porque me llamo Lucas, visité su sepulcro en Padua hace algunos años y siempre me ha interesado todo lo que he encontrado escrito sobre él. Por supuesto, he leído en numerosas ocasiones su Evangelio y el Libro de los Hechos de los Apóstoles. Pero mi pregunta va por otro camino. He leído que cuando se analizaron sus huesos se descubrió que padecía de una enfermedad dental y como soy odontólogo, esto me ha llamado la atención y la verdad es que quisiera saber algo más, si es que vosotros lo sabéis. Muchísimas gracias y saludos desde Argentina.

Respuesta: Cuando el día 23 de septiembre del año 2013 publicamos el artículo sobre la autenticidad de las reliquias de San Lucas, sabíamos que dejábamos algunas cosas en el tintero, pero lo hicimos adrede a fin de no alargar excesivamente el artículo. No hace falta recordar lo dicho en ese texto, pero sí incidir en que estos restos fueron analizados por un equipo interdisciplinario y entre ellos estaba el odontoestomatólogo Antonio Beltrame, quien investigó los pocos dientes que le quedaban al cráneo, que como sabes, es el que se encuentra en Praga y no en Padua. Este especialista comprobó que los dientes estaban muy desgastados, especialmente en sus coronas, y determinó que San Lucas padecía de bruxismo, que como tú sabes mejor que yo, es hacer rechinar los dientes de manera rítmica y espasmódica principalmente durante la noche mientras se duerme. Esto antes, era considerado una manía, pero en realidad es una enfermedad que difícilmente se puede controlar, salvo que te pongas en tratamiento, y ya me dirás tú que tratamientos había en el siglo I, aun cuando él mismo fuera médico. El profesor Beltrame dedujo que debido a esto, San Lucas debió tener serios problemas al masticar. Es lo único que puedo decirte sobre este tema.

Fotografía de algunos de los mártires cistercienses que van a ser beatificados.

Fotografía de algunos de los mártires cistercienses que van a ser beatificados.

Pregunta: El pasado día 23 de enero el Papa Francisco promulgó varios decretos de la Congregación de los Santos, y entre ellos estaba el de dieciocho mártires trapenses. Supongo que publicaréis algún artículo sobre estos mártires, pero tengo entendido que el martirio fue una auténtica bestialidad. Aunque sea de manera breve, me podríais adelantar alguna información. Muchísimas gracias.

Respuesta: En efecto, muy probablemente escribiremos sobre ellos cuando sean beatificados, pero bueno, para atenderte te adelantaremos ese dato que nos preguntas. Estos mártires pertenecían a la Abadía cisterciense de Viaceli, de la que fueron expulsados de mala manera el 8 de septiembre de 1936, metidos en prisión, pero posteriormente liberados. Ellos se dispersaron en tres grupos, intentando llevar vida de comunidad de forma clandestina.

A los miembros de uno de estos grupos los volvieron a detener y, en las noches del 2 y del 3 de diciembre, los montaron en camiones para asesinarlos. A algunos los llevaron a la bahía de Santander donde los embarcaron en una barcaza y, como iban rezando, les cosieron las bocas con alambres. Cuando estaban a bastante distancia de la costa, les ataron piedras a los pies y los arrojaron al Mar Cantábrico, donde murieron ahogados. Hay quienes afirman que fueron arrojados al mar desde las rocas del faro de Santander. Al resto, después de torturarles, los fusilaron. Varios de ellos eran postulantes y novicios menores de 25 años de edad. Daremos más detalles en el artículo que publiquemos en su día.

Los Cuarenta Mártires de Inglaterra y Gales, católicos. La horca identifica a los que murieron ahorcados. Lienzo de Daphne Pollen.

Los Cuarenta Mártires de Inglaterra y Gales, católicos. La horca identifica a los que murieron ahorcados. Lienzo de Daphne Pollen.

Pregunta: Sabemos que durante el reinado de Enrique VIII de Inglaterra y algunos de sus sucesores fueron martirizados innumerables católicos que no quisieron renunciar a su fe en la Sede de San Pedro. Sé que de algunos de ellos ya habéis escrito en este blog. ¿Me podríais decir cuantas Causas fueron abiertas? Muchas gracias.

Respuesta: Si no me equivoco, de los mártires ingleses y galeses hay cinco Causas distintas, todas ellas iniciadas en Westminster:

– La primera es la de los Santos Juan Fisher y Tomás Moro, cuyo culto se confirmó el 29 de diciembre de 1886 (no hubo beatificación) y que fueron canonizados el 29 de diciembre de 1935.

– La segunda es la encabezada por San Cutberto Mayne y que está compuesta por un total de 40 mártires (del 1535 al 1679), cuyo culto también se confirmó el 29 de diciembre de 1886, pero que si fueron beatificados el 15 de diciembre de 1929 y canonizados el 25 de octubre de 1970.

– La tercera es la encabezada por la Beata Margarita Pole y 39 compañeros mártires (del 1535 al 1583) cuyo culto se confirmó también el 29 de diciembre de 1886, luego sólo son beatos, aunque no ha habido ceremonia de beatificación.

– La cuarta es la encabezada por el Beato Hugo Faringdon y 8 compañeros mártires (del 1539 al 1572), cuyo culto fue confirmado el 13 de mayo de 1895, luego sólo son beatos, sin ceremonia de beatificación.

– La quinta es la encabezada por el Beato Tomás Hemerford y 106 compañeros mártires (del 1541 al 1680), que sí fueron beatificados el 15 de diciembre de 1929 junto con Cutberto Mayne y compañeros, pero que no han sido aún canonizados.

– Y por último hay una sexta Causa, en la que se incluyeron algunos mártires escoceses, encabezada por el Beato Jorge Haydock y 84 compañeros mártires (del 1584 al 1679), que fueron beatificados el 22 de noviembre de 1987.

Grabado de mártires ingleses sufriendo el suplicio "hang, drawn and quartered".

Grabado de mártires ingleses sufriendo el suplicio “hang, drawn and quartered”.

Todas fueron abiertas en Westminster y ¿por qué han seguido distintos caminos? ¿Por qué algunos beatos lo son sólo por confirmación de culto, sin ceremonia de beatificación? ¿Por qué se beatifican en un mismo día a los componentes de dos Causas distintas y luego sólo los de una de ella han sido ya canonizados? Éste es un tema muy complejo, del que yo no sabría decirte por qué cada Causa ha seguido caminos distintos.

Además, hay otra cosa que me extraña: sé que en aquella época hubo muchos mártires más, pero ni siquiera se les ha abierto Causas, ¿por qué? No lo sé. ¿Habrá influido en todo esto los vaivenes de la política de relaciones entre las Iglesias Católica y Anglicana? ¡Vete tú a saber!

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Beatos Juan Descalzo y Juan “Paniagua” de Sacramenia

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Escultura del Beato Juan Descalzo. Iglesia parroquia de Pleuven (Francia).

Escultura del Beato Juan Descalzo. Iglesia parroquia de Pleuven (Francia).

Aunque inevitablemente este tenga que ser un artículo corto, pues poco se sabe de ellos, quiero escribir sobre estos dos sencillos beatos cuya festividad conmemoramos hoy, día 14 de diciembre.

Beato Juan Descalzo, fraile franciscano
El beato Juan Descalzo era llamado así porque, incluso antes de ingresar en la Orden Franciscana, debido a su gran espíritu de pobreza y de mortificación, andaba siempre descalzo. Su casa era llamada la “casa del descalzo”. Gonzaga y posteriormente Wadding y De Moustier, dicen que era uno de los compañeros de San Francisco, pero esto no es cierto, no es exacto. De una leyenda escrita en el año 1364, se deduce que Juan Descalzo nació alrededor del 1278 en la diócesis de Saint Pol de Léon, en la Bretaña francesa, y si San Francisco había fallecido en el año 1226 –cincuenta y dos años antes-, difícilmente pudo ser un compañero suyo.

Nació en el seno de una familia pobre y cuando fue bautizado le impusieron el nombre de Yannig, que en bretón significa “pequeño Juan”. Pronto quedó huérfano y tuvo que trabajar con un familiar haciendo de albañil y de carpintero. Desde muy joven se dedicaba a hacer el bien, ayudar a todos, pedir limosnas y repartirlas, a hacer obras de caridad y cuando tuvo la edad apropiada, marchó a Rennes, donde realizó los estudios eclesiásticos y se ordenó de sacerdote en el año 1303, ejerciendo de párroco y de canónigo en la catedral de la diócesis. Durante trece años ejerció su apostolado entre sus feligreses diocesanos, llevando siempre una vida austera, de penitencia, de pobreza y como dije al principio, caminando siempre descalzo ya fuera invierno o verano. Pasado ese tiempo, ingresó en la Orden de los Frailes Menores, donde permaneció por espacio de treinta y tres años, siendo siempre un ejemplo de virtud y dedicándose especialmente al apostolado de la confesión y de la dirección espiritual. Aunque vestía el rudo hábito religioso, continuó siempre andando descalzo.

Sentía una predilección especial por los pobres y los enfermos, asistió a los habitantes de Quimper durante el asedio de Carlos de Blois en los años 1344-1345, al año siguiente estaba en Cornualles asistiendo a las víctimas de la hambruna que asoló la región en 1346 y era tanta su entrega y su generosidad que habiéndose dedicado por completo a socorrer a los enfermos de Quimper afectados por la peste – quienes veían en él a su ángel protector -, se contagió, muriendo en el convento de Santa María Magdalena de aquella ciudad en el año 1349. En este y en otros conventos de la provincia había estado viviendo durante este tiempo y en todos ellos dio muestras de santidad.

Relicario de parte del cráneo del Beato Juan Descalzo en la catedral de Quimper.

Relicario de parte del cráneo del Beato Juan Descalzo en la catedral de Quimper.

Fue sepultado en la capilla de San Antonio de la iglesia anexa al convento. Como en su sepulcro se realizaban numerosos milagros, este se convirtió rápidamente en meta de peregrinación especialmente de quienes estaban afectados por problemas de cefaleas y jaquecas. Actualmente sus reliquias se veneran en la catedral de San Corentino, en Quimper.

Siendo canonizado de viva voz por el pueblo llano, el Martirologio Franciscano lo conmemora el 14 de diciembre, o sea, hoy, aunque aun sigue en curso ante la Congregación para las Causas de los Santos la confirmación de su culto “ab immemorabili”, habiéndose realizado ya la llamada “sesión histórica” en la cual fueron presentados todos los documentos referentes a su vida y milagros, sobre todo del siglo XIV.

Beato Juan “Paniagua” de Sacramenia, eremita
El beato Juan “pan y agua” fue descubierto dentro de una gruta perteneciente a los monjes cistercienses del monasterio “Scala Dei”, cuando en el año 1142 fueron llamados por el rey Alfonso VII mientras estaban preparando la fundación del monasterio de Sacramenia, en la provincia de Segovia. O sea, toda su vida había sido un eremita que había vivido en la primera mitad del siglo XII en unas montañas cercanas a la ciudad de Segovia.

Era un anciano, vestido de harapos, físicamente encorvado, que había pasado la mayor parte de su vida haciendo penitencia y viviendo en soledad y oración a imitación de San Juan Bautista. Durante toda su vida se había alimentado únicamente de pan y agua y a esto se debe el nombre popular por el que era conocido por los vecinos que vivían en su entorno, quienes acudían a él ya que tenía fama de realizador de milagros. Hoy diríamos que era una especie de curandero.

Fachada de la abadía cisterciense de Santa María en Sacramenia.

Fachada de la abadía cisterciense de Santa María en Sacramenia.

Descubierto por los monjes, fue admitido en el nuevo monasterio de Sacramenia, aunque murió antes de cumplir lo que podríamos llamar el año de noviciado. En ese poco tiempo fue tal su fama de santidad acompañada de la realización de milagros, que los monjes, solo dos años después de su muerte dedicaron el monasterio a “Santa María y a San Juan de Sacramenia”. Sus reliquias fueron veneradas inmediatamente después de su muerte y actualmente se encuentran detrás de una sencilla lápida en el monasterio. Los menologios cistercienses también lo conmemoran el día de hoy y es considerado como protector contra la sequía y para conseguir abundantes cosechas.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Acta Ord. Min., “Un documento inédito del siglo XIV: la vida de San Juan Descalzo, de los frailes menores”, Roma, 1910.
– Henriquez, C., “Menologium cistertiense”, Amberes, 1630
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo VI”, Città Nuova Editrice, Roma, 1988.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es