Santos gallegos y portugueses llamados Gonzalvo (Gonzalo)

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Xilografía del Beato Gonçalo do Amarante, presbítero dominico.

Xilografía del Beato Gonçalo do Amarante, presbítero dominico.

Pregunta: Buenas a todos. Desearía obtener información sobre San Gonzalo de Amaranto, cuya onomástica, si no estoy equivocado, es el 10 de enero. También desearía conocer cual es su iconografía. Gracias de antemano por su información y me tienen a su disposición, por si en algo les puedo ayudar. Un cordial saludo.

Respuesta: Aprovecho la ocasión que nos da tu pregunta y cómo el hablar de San Gonzalo de Amarante no daría para un artículo, hablaremos de los cinco santos y beatos gallegos y portugueses que llevan ese nombre.

Beato Gonzalo de Amarante, dominico
Nació en Tagilde (Portugal), en el año 1187 en el seno de una familia noble, siendo instruido desde pequeño por un sacerdote que destacaba por su piedad. Cuando tuvo la edad apropiada, el arzobispo de Braga lo ordenó de sacerdote asignándole una importante asignación económica a la que él renunció. Durante catorce años estuvo de peregrinación por Tierra Santa, Constantinopla, Roma y otros lugares y de vueltas a Portugal, decidió llevar una vida de ermitaño en Amarante.

Era muy devoto de la Santísima Virgen y después de haber tenido una aparición suya, decidió vestir el hábito de la Orden de Predicadores en Guimaraes. Después de haber ejercido durante algún tiempo el apostolado de la predicación, obtuvo permiso de sus superiores para retirarse nuevamente a Amarante y dedicarse de nuevo a llevar vida de ermitaño y a socorrer a cuantos a él acudían. Se le atribuye la construcción de un puente sobre el río Tamega. Con respecto a la construcción de este puente hay una leyenda que dice que estando el santo buscando dinero para la construcción del mismo, acudió a un rico solicitándole algunas monedas. El rico escribió una nota en un papel y le dijo al santo que se la llevara a su esposa que estaba despachando en una tienda, quién al leerla se echó a reír, ya que la nota decía: “Pon esta nota en un platillo de la balanza y dale tantas monedas como sea necesario para equilibrar la balanza”. Puso el papel en un platillo y empezó a echar monedas en el otro, asombrándose de que el platillo se desbordaba sin que la balanza se equilibrara. Fue el santo el que dijo “basta”, cogió las monedas, las echó en una bolsa y se fue. Otra anécdota que se cuenta es que cuarenta años después de la muerte del santo, ante unas lluvias torrenciales, el agua del río comenzó a subir peligrosamente y un árbol que era arrastrado por la corriente, quedó cogido en el puente estando a punto de romperlo. El santo se apareció, quitó el árbol y las aguas volvieron a su cauce.

Sepulcro del Beato Gonzalo de Amarante. Convento de San Gonzalo, Amarante, Portugal.

Sepulcro del Beato Gonzalo de Amarante. Convento de San Gonzalo, Amarante, Portugal.

Profetizó el día de su muerte, que fue el 10 de enero del 1259 después de habérsele aparecido de nuevo la Santísima Virgen. Desde un primer momento su sepulcro fue muy venerado y el propio rey Juan III, construyó sobre el mismo el actual convento dominico de Amarante. Su culto fue aprobado para Portugal por parte del Papa Julio III. Posteriormente, el Papa Paulo IV, en el 1560, le concedió un oficio litúrgico propio. Esta fiesta del 10 de enero y este oficio, fue extendido a toda la Orden de Santo Domingo por el Papa Clemente X. Sobre su iconografía, solo puedo decirte que se le representa vestido con el hábito de la Orden de Predicadores, con un bastón de peregrino en una mano y con unos peces en la otra.

Beato Gonzalo, abad de Azebeyro
Existe poquísima información sobre este beato. Se dice que vivió en el siglo XV, que ingresó en la Orden del Císter, llegando a ser el abad del monasterio gallego de Azebeyro. Murió en el año 1466 y es conmemorado el día 6 de julio. Según un epitafio del siglo XVI, le fue tributado un cierto culto y los fieles se acercaban a su sepulcro buscando su intercesión. Los bolandistas solo hacen de él una breve referencia cuando el 10 de octubre hablan del beato Gonzalo de Junias. Según ellos, la misma duda que existe sobre uno con respecto a la “praescriptio cultus”, también la hay sobre el otro.

Imagen del Beato Gonzalo de Lagos.

Imagen del Beato Gonzalo de Lagos.

Beato Gonzalo de Lagos
Nació en la localidad portuguesa de Lagos alrededor del año 1360. Entró en el convento de los frailes agustinos de Lisboa, llegando a destacar por su sabiduría y, al mismo tiempo, por su humildad, por lo que rechazó ser nombrado profesor de teología. Era un buen predicador aunque le satisfacía especialmente la catequesis de los niños y la atención a los pobres.

Destacó también por su piedad y por su vida de mortificación. Fue nombrado prior de varios conventos de la Orden y en todos ellos mostró un celo especial en la observancia de la Regla Agustiniana. Murió en Torresvedras el 15 de octubre del año 1422.

En vida, fue venerado como santo, cosa que siguió ocurriendo después de muerto, especialmente en el sur de Portugal, donde es considerado como el protector de los marineros. Su culto fue aprobado “ab immemorabili”, por el Papa Pío VI, el 23 de mayo del año 1778, siendo conmemorado por la Orden Agustina el día 21 de octubre.

Beato Gonzalo, abad de las Junias
Siendo un monje de la Abadía gallega de Osera, en el año 1135, fue nombrado abad de la nueva fundación de Las Junias, en la diócesis portuguesa de Braga. Habiéndosele sido revelados el día y la hora de su muerte, se escondió en el hueco de un acantilado cercano al monasterio, donde permaneció en oración hasta su muerte. Dice la leyenda que sus monjes fueron advertidos en el mismo momento de la muerte porque las campanas del monasterio se pusieron solas a repicar.

Los menologios cistercienses lo conmemoran el 10 de octubre, basando su culto apelando a la “antiqua monumenta domus” y a un antiguo oficio en su honor. Los bolandistas lo ponen en entredicho dudando que su culto estuviese ya desarrollado – como dice algún escritor español -, en el 1534, defendiendo que este culto se fundamenta más en las prescripciones de los decretos del año 1634 del Papa Urbano VIII.

Arca antigua del Beato Gonzalo de Lagos. Torres Vedras, Portugal.

Arca antigua del Beato Gonzalo de Lagos. Torres Vedras, Portugal.

San Gonzalo Arias, obispo de Mondoñedo
Este santo es venerado en Mondoñedo desde tiempo inmemorial. Parece ser que fue un monje benedictino antes de ser nombrado obispo. La leyenda nos cuenta que con sus oraciones destruyó la armada de un ejército enemigo que atacaba las costas gallegas, que algunos atribuyen a los musulmanes mientras que otros lo hacen a los normandos. Esto último parece lo más probable.

Fue obispo de Mondoñedo (Lugo) en el siglo IX, pero en el elenco de los obispos de esa diócesis no aparece ningún obispo del siglo IX con ese nombre, sino que el que aparece con ese nombre, estuvo al frente de la diócesis desde el año 1071 al 1112. Sin embargo hay que decir también que en el mencionado elenco episcopal hay una laguna entre los años 942 al 969, por lo que pudiera ser que fuera un obispo de esa época, aunque ya no sería de siglo IX, sino del X. Su muerte se sitúa el día 1 de noviembre.

La primera noticia documentada que nos han llegado sobre su culto es una carta del 1611, escrita por el obispo Diego González al rey Felipe III, en la que le habla de una antiquísima iglesia construida sobre el lugar en el cual el santo había realizado dicho milagro. San Gonzalo Arias está sepultado en la iglesia de San Martín de Mondoñedo en un rústico sarcófago de piedra, que es usado como altar donde se celebra la Santa Misa. Este sarcófago está cerrado con tres llaves, que están guardadas por el obispo, el cabildo de la catedral y el prior de la iglesia de San Martín.

Sepulcro de San Gonzalo de Mondoñedo.

Sepulcro de San Gonzalo de Mondoñedo.

En el año 1648, el obispo Francisco de Torres hizo el reconocimiento canónico de los restos, encontrando un esqueleto completo, un pastoral dorado y un cíngulo de seda bordado en oro. Otro reconocimiento se hizo en el año 1704. Es venerado el lunes de Pentecostés.

Aunque existen algunos beatos mártires españoles del siglo XX que también llevan este nombre, escribiremos sobre ellos en otra ocasión.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– FLORES DE LEMUS, I., “Año Cristiano Ibero-Americano”, Barcelona, 1950.
– MAYÁN FERNÁNDEZ, F., “Gonzalo, el obispo santo”, Mondoñedo, 1955.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo VII”, Città Nuova Editrice, Roma, 1988.

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Santas de nombre Lutgarda

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Lienzo de Santa Lutgarda de Tongres, obra de Francisco de Goya y Lucientes (1787). Monasterio de San Joaquín y Santa Ana de Valladolid, España.

Lienzo de Santa Lutgarda de Tongres, obra de Francisco de Goya y Lucientes (1787). Monasterio de San Joaquín y Santa Ana de Valladolid, España.

Pregunta: Quisiera saber la historia de Santa Lutgarda y si hay algún icono bizantino de ella y/o imagen. Gracias.

Respuesta: Santas (o más bien beatas) con este nombre existen dos: Santa Lutgarda patrona de los flamencos y Santa Lutgarda de Wittinchen; y como tú no especificas a cuál de ellas te refieres, te daremos algunos datos de ambas. Creo que es la mejor solución. Decirte también que como ambas vivieron en el siglo XIII, difícil es que haya iconos de ellas, como no sean de factura moderna, aunque sí diversas obras de arte.

Santa Lutgarda de Tongres, patrona de los flamencos
Es también conocida como Liudgarda, Liutgardis y Lutgardis. Su “Vita” se atribuye a Tomás de Cantimpré y fue escrita sólo dos años después de la muerte de la Santa. Este autor era uno de sus familiares y su testimonio es muy importante por cuanto la escribe con mucha prudencia y un cierto espíritu crítico. Por otra parte, él mismo modificó en parte su relato, alrededor del año 1254, añadiendo datos facilitados por otro familiar, llamado Fray Bernardo, que era penitenciario del Papa Inocencio IV. Esta “Vita” tuvo cierto éxito, a juzgar por las versiones populares escritas, algunas de ellas en flamenco y que fueron relativamente abundantes. Citemos, por ejemplo, la escrita por Guillermo de Afflinghem (editada en el año 1900) y la de un tal Gerardo, que también fue editada en el año 1857.

Según estos textos, Lutgarda nació en el año 1182 en Tongres, que es un municipio belga de habla flamenca y con unos doce años de edad entró en el monasterio que las benedictinas tenían en Saint-Trond. Como fue elegida priora contra su voluntad, ese mismo día abandonó el monasterio para marcharse a la comunidad de Awirs – cercana a Lieja – y posteriormente, a Lillois y a Aywières, comunidad de habla francófona donde ella se empeñó en seguir hablando el flamenco. Obstinada, sí que era.

Santa Lutgarda pertenece a un grupo de “mujeres piadosas” del siglo XIII, que llevaron una vida mística considerada excepcional, como Santa Cristina de Saint-Trond, Santa Juliana de Cornillón, Santa Ida de Nivelles y algunas otras. De ella se afirma que fue especialmente favorecida por el Sagrado Corazón de Jesús, que se le apareció en repetidas ocasiones y con quien tuvo encuentros muy conmovedores. Ella se impuso a sí misma un régimen de excesiva austeridad con la intención de hacer penitencia para conseguir la conversión de los albigenses y de algunos señores de aquella región que llevaban vidas bastante licenciosas.

Conjunto escultórico de la visión de Santa Lutgarda de Tongres. Puente de Carlos, Praga (República Checa).

Conjunto escultórico de la visión de Santa Lutgarda de Tongres. Puente de Carlos, Praga (República Checa).

Se dice también que, por intercesión de las Almas del Purgatorio, realizó curaciones milagrosas y que asimismo, se vio beneficiada por diversas premoniciones, especialmente relativas a la duquesa de Brabante e incluso a su propia muerte. De mayor, se quedó ciega, pero aun así, vivió once años ejerciendo una cierta influencia beneficiosa entre los cercanos a ella. Murió el 16 de junio de 1246 en la abadía de Aywières.

Fue beatificada conforme al denominado “modo antiguo” y su tumba en el coro del monasterio de Aywières es objeto de veneración. Fue inscrita en el Martirologio Romano en el año 1584, aunque nunca ha sido oficialmente canonizada. El 4 de diciembre de 1796 las monjas tuvieron que huir a Ittre (Bélgica) como consecuencia de la Revolución Francesa, llevándose las reliquias de la Santa, que en el 1870 pasaron a ser propiedad de la parroquia. Su fiesta se celebra el día 16 de junio. Se la representa vestida de monja, con un libro y un rosario en las manos en referencia a sus visiones místicas. También se la ha pintado intercambiando su corazón con el de Jesús e incluso bebiendo la sangre que sale del costado de Cristo. También se la ha pintado muriendo junto a la cruz, mientras Jesús alarga su brazo derecho para estrecharla junto a su pecho.

Santa Lutgarda, fundadora de la comunidad de Wittinchen
Nació en el año 1291 cerca de Schenkenzell, en la Selva Negra, en el seno de una familia de campesinos. Como tenía una deformación física, con sólo dos años de edad fue acogida por las beguinas de Oberwolfach. Sabemos que las beguinas eran una asociación de mujeres cristianas que se dedicaban a ayudar a los enfermos, niños, ancianos y mujeres necesitadas. Después de llevar veinte años de vida muy pobre y muy mortificada, por inspiración divina, se dedicó a recaudar fondos para fundar un convento para treinta y cuatro religiosas de la Orden de San Francisco. Ésa era su intención, pero pronto se vio desbordada por más de setenta religiosas.

A los dos o tres años de su fundación, en el año 1327, el monasterio quedó destruido por un incendio y ella se dedicó a reconstruirlo buscando ayuda en Alsacia, Suiza y Hungría. En el año 1332 obtuvo del Papa – que estaba en Avignon – la confirmación de su comunidad como perteneciente a la Tercera Orden de San Francisco, transformándose cinco años más tarde, en una comunidad de monjas clarisas. Aunque el convento era extremadamente pobre, siempre se la veía gozar de una alegría que era tenida como sobrenatural.

Reliquias de Santa Lutgarda de Tongres en Ittre (Bélgica).

Reliquias de Santa Lutgarda de Tongres en Ittre (Bélgica).

Ella se distinguió por sus meditaciones sobre la vida y la pasión de Cristo, siendo asimismo devotísima del Sagrado Corazón de Jesús y de las ánimas del Purgatorio, devociones que recomendaba a sus religiosas. Se dice que un día, mientras rezaba por la conversión de los pecadores delante de un Crucifijo, de éste comenzó a brotar sangre por todas sus heridas, mientras mucha gente se refugiaba en su corazón.

Murió en el año 1348 y fue sepultada en la iglesia conventual que hoy en día es la iglesia parroquial de Wittinchen, ya que el convento fue secularizado en el año 1803. Su tumba es muy visitada, especialmente el día 16 de octubre, que es su festividad. Aunque su culto nunca ha sido confirmado oficialmente, es tratada como santa y/o como beata.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– VV.AA. “Bibliotheca sanctorum”, tomo VIII, Città N. Editrice, Roma, 1988

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Beato Pedro de Castelnau, ¿martirio o asesinato?

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Martirio del Beato. Miniatura francesa del siglo XIV.

Martirio del Beato. Miniatura francesa del siglo XIV.

Su fecha de nacimiento nos es desconocida, aunque sabemos que en el año 1203 era un monje converso de la abadía cisterciense de Fontfroide, cuando el Papa Inocencio III lo designó con plenos poderes para que combatiera – inútilmente – contra los cátaros, junto con su legado en el Languedoc francés, Raul Ranier. Estos poderes incluso iban en detrimento de las jurisdicciones de los obispos, algunos de los cuales se opusieron – como los de Tolosa, Béziers y Viviers – los cuales fueron suspendidos de sus funciones episcopales.

Predicaron junto con Santo Domingo de Guzmán y con el obispo Diego de Huesca, pero Pedro realizó una campaña política tan violenta contra Ramón VI, conde de Tolosa y marqués de la Provenza, que fue asesinado por un vasallo de este conde, siendo este el detonante del comienzo de la Cruzada Albigense, que, como sabemos, fue una enorme campaña militar iniciada por el Papa para perseguir y eliminar a los cátaros en Occitania.

Pero la muerte de Pedro de Castelnau, ¿fue realmente un martirio o un simple asesinato? Vamos a intentar analizar los hechos y que cada cual, saque sus conclusiones.

Mientras Santo Domingo de Guzmán rezaba y predicaba intentando convertir a los cátaros y fundaba conventos para expandir su Orden, Pedro de Castelnau, como hemos dicho antes, se dedicaba a luchar violentamente contra Ramón VI, al que incluso le tendió una trampa. En el año 1207, se fue a la Provenza e impuso sus condiciones a los vasallos del conde, prometiéndoles la paz si se alzaban en armas contra su señor, para lo cual organizó una especie de Liga para combatir la herejía. Cuando todo esto estaba tramado, invitó al conde a adherirse a esta Liga.

Era una jugada maestra ya que si el conde aceptaba, se encontraría en medio de unos vasallos fieles a Pedro que combatían contra otros vasallos que no le eran fieles y si rehusaba, parecería a ojos de todos que el conde estaba en connivencia con los cátaros. Ramón VI, aunque vacilante, rehusó y es por esto por lo que Pedro de Castelnau lo excomulgó en el año 1207, liberando asimismo a sus vasallos del juramento de fidelidad hacia el conde. La excomunión fue confirmada por el Papa Inocencio III, el cual, en una carta fechada el 20 de mayo de ese año lo amenaza incluso en estos términos: “El ilustre rey de Aragón y casi todos los grandes señores, tus vecinos, han jurado la paz para obedecer a los alegados apostólicos, y tú solamente la rechazas buscando tu lucro en la guerra, como un cuervo que se mantiene de carroña. Como no podemos dejar impune esta gran injuria hecha a la Iglesia y a Dios, haremos que te tomen los señoríos que tienes en feudo de la Iglesia, y si este castigo no hace que te arrepientas, mandaremos a todos los príncipes vecinos que te ataquen como enemigo de Jesucristo y perseguidor de la Iglesia y les daremos permiso para que el país no se vea nunca más infectado de herejía por culpa de tu gobierno”.

Los cátaros son expulsados de Carcassonne en el año 1209.

Los cátaros son expulsados de Carcassonne en el año 1209. Miniatura medieval.

El conde sabía que Inocencio III no amenazaba en vano, pero aun así, recibió a Pedro de Castelnau cuando este se presentó en Tolosa para hacerle saber las órdenes del Papa. Lo escuchó, pero se negó a cumplirlas. El Papa pasó al ataque, escribiendo el 17 de noviembre al rey de Francia: “Es necesario que los sectarios sean estrellados por la virtud de su poder y que las desdichas de la guerra los devuelvan a la verdad”. Y no contento con esto, el Papa envió una carta a todos los señores feudales franceses ofreciéndoles las tierras del conde Ramón VI y las mismas indulgencias que tenían los cruzados, si se aliaban y luchaban contra él.

El conde deseaba que le levantaran la excomunión y para ello, convocó a Pedro y al obispo de Conserans en la frontera de la Provenza a fin de intentar llegar a un acuerdo. Ante la intransigencia de Pedro de Castelnau, el conde argüía su buena fe prometiendo cumplir lo que se le pidiera, pero puesto de nuevo entre la espada y la pared, acabó negándose a obedecerle. Pedro y el obispo no le levantaron la excomunión y se fueron, no sin antes advertirle: “Sepa, conde, que a cualquier parte donde vayáis, por tierra o por mar, no os perderé de vista”.

Los legados papales – Pedro y el obispo –, al marchar y antes de atravesar el río Ródano, pasaron la noche en un hostal y allí se encontraron con unos soldados leales al conde. Cuando a la mañana siguiente se preparaba para cruzar el río, Pedro se ensalzó en una discusión con uno de los soldados, se pelearon y el soldado, blandiendo su lanza, hirió a Pedro en el pecho. Al herir al legado del Papa, el soldado huyó al galope hacia Belcaire, mientras que Pedro murió después de recibir la comunión. Era el 15 de enero de 1208.

Aunque el conde Ramón VI estaba ajeno a lo ocurrido a orillas del Ródano, las sospechas se ciñeron sobre él y todos lo creyeron culpable, aunque este crimen a quien más perjudicaba era al propio conde, ya que daba un pretexto legítimo a todo tipo de violencias contra él. El Papa fue el primero que lo culpabilizó, dando la categoría de martirio a la muerte de Pedro, sobre todo después de recibir en Roma a los obispos de Tolosa y Coserans, que echaron aún más leña al fuego.

Tumba del Beato en la antigua abadía de San Gil.

Tumba del Beato en la antigua abadía de San Gil.

Pedro de Vaux de Cernay, monje cisterciense de la abadía de Yvelines, dice en su “Historia albigensis” que “como las predicaciones se habían demostrado ineficaces y no sirvieron para nada, estos obispos fueron corriendo a suplicar al señor Papa, para que cuidara de su Iglesia, que estaba a punto de zozobrar en la provincia de Narbona”. Inocencio III, no se preocupó mucho por aclarar el asesinato de Pedro y si para él y quienes lo seguían, Pedro de Castelnau era un representante de Dios y del Papa, había que vengar su muerte de manera inmediata. Entonces se consideraba que la Iglesia Católica y el Papa tenían plena potestad sobre toda la cristiandad y que la soberanía de la Iglesia estaba aun por encima de las soberanías de los reyes y emperadores cristianos.

Envió al cardenal Galon a la corte del rey francés, llevando consigo una carta dirigida tanto al rey como a todos los obispos franceses, exigiendo venganza por la muerte de Pedro: había que exterminar a los herejes y a quienes los apoyaban, empezando por el conde de Tolosa, a quién se definió como tirano y enemigo de la fe. Decía el Papa en su carta: “Otorguen una indulgencia plenaria a todos los que emprendan la revancha de la sangre de aquel justo encima de los herejes, que buscan quitarnos la vida del cuerpo al mismo tiempo que la del alma”. Y, como dije anteriormente, este asesinato puso en marcha la Cruzada Albigense contra los cátaros.

Aunque actualmente no aparece en ningún libro hagiográfico que se precie, Pedro de Castelnau fue beatificado por el Papa, quien designó su conmemoración el día 15 de enero, fecha de su muerte. En mi modesto entender y en el de muchos hagiógrafos, no estamos ante un acto martirial, sino ante un asesinato por motivos políticos, originado principalmente por la intransigencia y la vehemencia del mismo Pedro.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– VENTURA SUBIRATS, J., “Pedro el Católico y Simón de Montfort”, AEDOS, 1960.

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San Bernardo de Claraval, Doctor de la Iglesia (III)

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Tabla del Santo, obra de Georg Andreas Wasshuber (1650-1732).

Tabla del Santo, obra de Georg Andreas Wasshuber (1650-1732).

Las casi quinientas cartas que el Santo escribió a todo tipo de personas son la mejor fuente de información sobre su gran actividad apostólica y sobre la historia de la Iglesia en aquella época. Como vimos en el primer artículo, trabajó duramente para desarrollar la Orden Cisterciense, pues cuando él ingresó, la Orden sólo tenía tres monasterios y cuando murió, ciento sesenta y ocho, de los cuales, sesenta y ocho fueron fundados por él mismo. Además, la dotó de una regla propia, “Carta de Caridad”, en la cual estableció las normas por las cuales habían de regirse sus monasterios.

En aquella época, Cluny representaba la fuerza mayor dentro del ámbito benedictino. Los cluniacenses se caracterizaban por una prudente adaptación de la regla a aquellos momentos, pero la observancia se fue relajando pues las abadías llegaron a poseer grandes riquezas, lo que distorsionaba la vida monástica. San Bernardo atacó duramente esta relajación de la disciplina, principalmente en sus primeros años como abad y sus duras polémicas con los cluniacenses consiguieron atraerse la amistad de Pedro el Venerable, amistad que siempre mantuvieron aunque a veces con discrepancias, como por ejemplo las surgidas cuando la elección del obispo de Langrés.

La concepción de la vida monástica que tenían los cistercienses era muy distinta a la de los cluniacenses. El mismo San Bernardo, en su “Apología a Guillermo” lo dice claramente: “Vuestros monasterios relumbran mientras los pobres tienen hambre. Los muros de vuestras iglesias están recubiertos de oro, pero los cristianos siguen desnudos. Ya que no os avergonzáis de estas estupideces, lamentad al menos tantos gastos”. Él se sentía responsable ante Dios y por eso quería que los monjes cumplieran rigurosamente la regla; era preferible ser un buen seglar a un mal monje. Y su trabajo dio sus frutos pues el protagonismo que tenían los cluniacenses en el siglo XI, se lo arrebataron los cistercienses, ya que muchos monjes y clérigos de otras Órdenes se pasaron a la suya y muchos monjes cistercienses fueron nombrados obispos.

Tanto se dedicó a su Orden, que llegó incluso a fijar los criterios que habrían de seguirse a la hora de construir una abadía cisterciense. Estaba en contra de que las iglesias fueran excesivamente grandes, adornadas con esculturas y frescos, pues en lo exterior quería también imprimir el ascetismo que imponía a sus monjes. Si los monjes habían huido del mundo, no necesitaban nada de eso para conseguir la unión con Dios. Consideraba que los adornos eran gastos superfluos y que ese dinero tenía que dedicarse a socorrer a los pobres. Quería que hubiese una cierta uniformidad entre sus monasterios; por lo cual, en el año 1135, se planteó que éstos no podían seguir siendo construcciones de madera y adobe y que, para darles perpetuidad, había que construirlos de piedra. Intervino personalmente en la construcción de las abadías de Claraval y de Fontenay, siendo el inspirador de ambas construcciones: tenían que predisponer al monje y al visitante a la sencillez, la pobreza, el ascetismo y el silencio.

Detalle del Santo en un grabado decimonónico de Gutenburg, Suiza.

Detalle del Santo en un grabado decimonónico de Gutenburg, Suiza.

Pero su apostolado traspasó los muros de los monasterios y alcanzó la propia curia papal. Recordemos sus esfuerzos para conseguir el reconocimiento universal del Papa Inocencio II y su influencia en el Papa Eugenio III, de origen cisterciense, quien incluso llegó a solicitarle que escribiera un tratado sobre las obligaciones del Papa, cosa que él hizo, escribiendo los cinco libros del tratado “De Consideratione”, en el que entre otras muchas cosas le recordaba que un Papa jamás debe abandonar la oración por atender los asuntos de Estado. Pero mantuvo una posición que hoy en día rechazaríamos de plano: el Papa estaba investido de una doble autoridad: la espiritual y la temporal, pues como cabeza de la Iglesia tenía autoridad sobre los estados cristianos. Es la célebre “teoría de las dos espadas”. No la desarrollo más para no alargar el artículo y a la espera de que sobre este tema entablemos un debate.

Como en su tiempo se daban casos de discrepancias entre obispos sobre todo en asuntos temporales, en el año 1126 escribió “Tractatus de moribus et officio episcoporum”, que envió al arzobispo Enrique de Sens y que tenía como fin intervenir en los conflictos entre obispos. Su prototipo de obispo era su amigo, San Malaquías de Armagh, – cuyas reliquias están en la misma urna que las de San Bernardo – y a tal fin, escribió “De vita et rebus gestis sancti Malachiae”. Esta es una obra de carácter biográfico y hagiográfico, muy útil como fuente histórica sobre la Iglesia irlandesa en el siglo XII, pues el célebre San Malaquías era el legado del Papa en Irlanda.

No quiero extenderme sobre su apostolado en tiempos de la Segunda Cruzada, que como dije, para él era una guerra santa – y que puede ser otro tema para polemizar – aunque algo si habrá que decir sobre sus controversias contra algunas “herejías populares”, como los cátaros. En los ya mencionados “Sermones super Cantica”, refutó a estos grupos de cátaros y evangélicos que estaban muy localizados en la ciudad de Colonia. En el año 1145 predicó personalmente contra ellos en el Languedoc, pero sobre todo, contra los seguidores del monje Enrique, que se caracterizaban por llevar hasta el extremo el mensaje del evangelio, defendiendo la existencia de una Iglesia puramente espiritual, libre de todo apego a lo terrenal, considerando incluso mundana a la propia jerarquía eclesiástica. Pero siempre lo hacía intentando no excluir a nadie, sino previniendo de esos errores, por lo que con “estos futuros herejes” siempre usaba la persuasión y nunca la confrontación. Sus orígenes le habían proporcionado una sensibilidad muy humana, pero es verdad que, como monje, su severidad le hizo perder “los papeles” en alguna ocasión.

Su comportamiento, en algunas ocasiones, había desatado ciertos problemas e incluso, algunas sentencias contradictorias. Sabemos de su amistad con Pedro el Venerable, pero por ejemplo, éste deplora suave pero firmemente, la vehemencia y la precipitación mostrada por San Bernardo en la controversia de Langres, como consecuencia de la elección y consagración del cluniacense Guillermo de Sabran como obispo de aquella diócesis. Algo parecido ocurrió cuando fue elegido Guillermo Fitzherbert como arzobispo de York. Estas controversias impresionaron por su dureza, pero hay que tener en cuenta que se estaba violando, en contra de Bernardo, un procedimiento que había sido fijado de acuerdo con el Papa para el nombramiento del obispo del lugar donde hubiese un monasterio cisterciense. Podríamos citar muchos otros casos que nos mostrarían cuál era la personalidad humana de San Bernardo, pero creo que no debo excederme, sobre todo cuando hay mucha bibliografía sobre este Santo.

Escultura del Santo en su iglesia de Fontaine-les-Dijon, Francia.

Escultura del Santo en su iglesia de Fontaine-les-Dijon, Francia.

En el primer artículo dijimos que San Bernardo murió en Claraval el día 20 de agosto del año 1153. Fue canonizado por el Papa Alejandro III mediante una bula decretada el día 18 de enero del 1174, o sea, veintiún años después de su muerte. Nos parecerá poco tiempo, pero aun así, ya el Papa la había retrasado deliberadamente: “Estando en París, muchos hombres venerables me pidieron la canonización de Bernardo abad de Claraval, de santo recuerdo, sugiriendo con humildes peticiones que ya que se iba a celebrar próximamente el Concilio de Tours, sería digno y laudable dar el permiso en esa ocasión. Cuando ya estábamos de acuerdo en esta cuestión, llegó una gran cantidad de peticiones que desde diversas provincias pedían otras canonizaciones. Y así, viendo que no se podía satisfacer a todos de modo congruente, se decidió, para evitar el escándalo, diferir en este caso lo que en los otros había que denegar por cuestión de tiempo”.

San Bernardo fue proclamado Doctor de la Iglesia por el Papa Pío VIII en el año 1830. El Ven. Papa Pío XII, en el octavo centenario de su muerte, en la encíclica “Doctor mellifluus”, le dio esta denominación. Este apelativo empezó a emplearse en el siglo XV refiriéndose a San Bernardo y estaba en consonancia con la suavidad y la dulzura de sus escritos.

Los restos del Santo, a excepción del cráneo, se perdieron en el 1793 durante la Revolución Francesa. Esta reliquia, en el año 1813 fue llevada a la catedral de Troyes. Su culto está muy difundido, siendo el patrón de Gibraltar y de la Liguria italiana. Su festividad se celebra el día de su muerte (20 de agosto). Las principales etapas en el desarrollo de su culto litúrgico son: el mismo año de su canonización, el Papa Alejandro III compuso una primera Misa para uso de los cistercienses. En el año 1201, Inocencio III aprobaba una nueva Misa con oraciones propias. Desde el punto de vista del desarrollo del Oficio de las Horas, la única lección que se encontraba en el Oficio de Maitines en la primera mitad del siglo XVI, se convirtió en tres lecciones con la reforma de San Pío V.

Existen numerosos testimonios de contemporáneos del santo que le atribuyen la realización de milagros. El propio Godofredo de Auxerre, su primer biógrafo, nos narra alguno, que de alguna manera, hasta el propio San Bernardo lo reconoce implícitamente en el capítulo segundo de su obra “De consideratione”. Como era natural y lógico, también las leyendas escritas sobre él le atribuyen la realización de numerosos milagros.

Detalle del cráneo del Santo en su urna de Troyes, Francia.

Detalle del cráneo del Santo en su urna de Troyes, Francia.

San Bernardo es uno de los santos que más influencia ha ejercido en la vida de la Iglesia, pues ya antes del 1500 se habían realizado cuarenta y cinco ediciones parciales de sus obras; y hasta el día de hoy, más de quinientas. Esta influencia se debe principalmente tanto a su doctrina como a su espiritualidad cristocéntrica (infancia de Cristo, nombre de Cristo, pasión de Cristo…) y al papel de María en la obra de la Redención. Por poner sólo un ejemplo, diré que el autor de la “Imitación de Cristo” basa su obra principalmente en la doctrina de San Bernardo. Iconográficamente se le representa con una pluma o un libro, con una colmena y con la figura de María.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– LECLERCQ, J., ”Saint Bernard mystique”, París, 1948
– VACANDARD, E., “Vie de Saint Bernard abbé de Clairvaux”, Paris, 1927
– ZERBI, P., “Bibliotheca sanctorum” vol. III, Città N. Editrice, Roma, 1990

Enlace consultado (01/06/2013):
http://es.wikipedia.org/wiki/Bernardo_de_Claraval

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Bernardo de Claraval, Doctor de la Iglesia (II)

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Detalle del Santo en una vidriera de 1450. Musèe de Cluny, Francia.

Detalle del Santo en una vidriera de 1450. Musèe de Cluny, Francia.

Una vez esbozada la vida del Santo, vamos a decir alguna cosa, aunque sea de manera muy escueta, sobre su pensamiento y sobre sus obras.

Teología
La originalidad de la teología de San Bernardo no está en el descubrimiento de nuevas vías de investigación ni en la conquista de nuevos resultados. El mismo San Bernardo impidió cualquier iniciativa en este sentido, declarando respetuosamente que él quería atenerse fielmente a la mejor tradición de la Iglesia. Él es un típico exponente de esta tendencia teológica que, en las investigaciones más recientes, ha sido conocida como “teología monástica”: clara, ordenada, con una cálida exposición de la verdad que sirva para predisponer al alma para la oración y la contemplación. Por eso, cuando San Bernardo habla de teología, siempre lo está haciendo como algo que vive personalmente. Como consecuencia de esta característica verdaderamente individual, está la continua presencia de una rica experiencia interior. Se puede decir que en San Bernardo ocurre algo parecido a lo ocurrido a San Agustín: la teología es la huella de su propio itinerario espiritual y siente la necesidad de comunicarle a los demás sus propias experiencias íntimas; y además, tiene la capacidad de hacerlo de manera eficaz y con un cierto poder de persuasión. En eso consiste la fascinación de su teología. Esta teología se alimenta principalmente de las Sagradas Escrituras, de los escritos de los Padres de la Iglesia (tanto de los latinos como de los griegos), de los textos que regulaban la vida monástica, especialmente la Regla de San Benito, y de la liturgia.

San Bernardo se considera un pecador que ha sido salvado por el amor de Dios; y este fuerte y eficaz convencimiento es al mismo tiempo compatible con la consideración de que el amor es la fuerza más grande de la vida espiritual. Su teología se puede resumir en muy pocas líneas: “Dios que es amor, crea por amor al hombre y por amor lo rescata”; y la prueba suprema de este amor es la Encarnación del Verbo y la Redención. Es en este marco de la Redención donde entra María, prueba exquisita del amor de Dios, que nos la da como corredentora. La salvación del hombre, herido por el pecado original y agravado por sus pecados personales, consistirá en la adhesión firme y constante a este amor, mediante un proceso de purificación, en el cual, el amor de Dios es la fuerza que cura, si el hombre coopera. Esto le ensalza hasta los más altos grados de unión con Dios.

Lactación mística del Santo. Iluminación gótica en un Libro de Horas medieval.

Lactación mística del Santo. Iluminación gótica en un Libro de Horas medieval.

Como hemos visto, María tiene una notable importancia en el pensamiento teológico de San Bernardo. Sería erróneo pensar que esto sólo se debe a puras razones sentimentales, pues para él, la función de María está inmersa en lo que el dogma califica como la Redención. Es verdad que San Bernardo sentía una especial predilección por María como madre, pues perdió la suya a la que estaba muy unido, pero para él, María es especialmente un instrumento de Dios en su plan de salvación del hombre. Sin lugar a dudas que por su piedad y amor hacia María, se ha dicho de él que es el Doctor Mariano por excelencia, pero hay que recalcar que esto tiene raíces más profundas. Él escribe sobre los misterios de la Inmaculada Concepción, de la Asunción a los cielos y de la Mediación de María.

Sobre la Inmaculada Concepción tuvo sus dudas, que quedan plasmadas en la famosa epístola 174, dirigida a los canónigos de Lyon a propósito de la introducción de una nueva fiesta litúrgica que no existía en la tradición antigua. Algunos admiten una sola interpretación de esta carta: la Concepción de María no puede ser objeto de culto, porque tal concepción no es santa y no es santa porque no es inmaculada, habiendo siendo María limpia del pecado original antes de su nacimiento, pero después de su concepción. Esta interpretación ahora nos choca, sobre todo después de la declaración del dogma. Con respecto a la Asunción, no existen textos suyos suficientemente claros, no manifiesta una posición definitiva y explícita, aunque parece que su pensamiento iba en la dirección del dogma declarado el siglo pasado por el Ven. Papa Pío XII, o sea, no era un antiasuncionista, que era el pensamiento que entonces predominaba. En el tema de la Mediación de María sí insiste más, sobre todo en el célebre “Sermón del acueducto”. De todas maneras, San Bernardo jugó un papel importante en la propagación del culto mariano, porque su pensamiento llegaba a la gente y sus sermones fueron escuchados por toda Europa. Como ya hemos dicho también en algún otro artículo, a él se debe el célebre “Memorare”, una de las joyas de la piedad mariana.

Sobre otros temas teológicos también se pronunció. Por ejemplo, recordemos que sobre la doctrina de los sacramentos, él sostenía la no absoluta necesidad del bautismo de agua, que podía ser sustituido por el bautismo de sangre o por el simple bautismo de deseo, justificando así la salvación de los niños no bautizados en virtud de la fe de sus padres. Estando ligada su teología a una experiencia personal de ascesis a Dios, no es posible diferenciar entre la parte propiamente dogmática de aquella que es la ascética propiamente dicha.

Fragmento del cráneo del Santo, venerado en Troyes, Francia.

Fragmento del cráneo del Santo, venerado en Troyes, Francia.

Ascética
Los tratados fundamentales para conocer esta parte del pensamiento de San Bernardo, son: “De gratia et libero arbitrio”, “De gradibus humilitatis et superbiae” y “De diligendo Deo”. No es fácil determinar cuando redactó estas tres obras – quizás entre 1125-1135 – y son el fruto del primer período de su actividad como abad, dedicado casi exclusivamente a solucionar los problemas de la vida monástica. El primero de ellos (“De gratia et libero arbitrio”), es muy importante porque nos proporciona su modo de ver la naturaleza humana, caída, pero redimida. Es un tratado de antropología y de psicología en el que trata la relación entre la gracia y el libre albedrío. Él prima la voluntad del hombre diciendo que tiene una triple libertad: “la libertad de la necesidad”, que permanece en la naturaleza caída, “la libertad del pecado”, que habíamos perdido, pero recuperado con la ayuda de la gracia y “la libertad de la miseria”, que se obtendrá sólo en el cielo. Todo el trabajo de la ascética y de la mística, coronado en la gloria, tiende a restaurar al hombre a imagen de Dios. Esta restauración se hace en Cristo y por Cristo. La colaboración entre la gracia y el libre albedrío se lleva a cabo en todos los actos buenos del hombre.

La segunda obra (“De gradibus humilitatis et superbiae”) muestra la importancia que para San Bernardo tiene la humildad, premisa indispensable para la caridad. Para él, la humildad es la verdad. Describe los tres grados de humildad y los doce grados de la soberbia. Si se consigue la humildad es gracia a la ayuda de Cristo y mediante ella, conocemos nuestras propias miserias y tenemos capacidad para enmendarlas y mediante las obras de misericordia, conocemos las miserias del prójimo. Así, purificada el alma, puede llegar a la contemplación de la verdad de Dios, consiguiendo la perfección. En este tratado explica como la Santísima Trinidad actúa en este proceso, dándole una función a cada una de las tres Personas: el Hijo nos instruye como Maestro, el Espíritu Santo nos consuela como amigo y como hermano; y el Padre nos acoge entre sus hijos. Él se reconoce a sí mismo como en el grado superior de la soberbia y debe recorrer el camino en dirección opuesta para conseguir la humildad, descendiendo por la curiosidad, ligereza, alegría tonta, jactancia, singularidad, arrogancia, presunción, defensa de los propios pecados, confesión ostentosa, rebelión, libertad para pecar y costumbre del pecado. Esta obra es la que mejor revela su capacidad para penetrar en el ser humano, aunque la explicación anterior parezca un poco caricaturesca.

Cristo abrazando a San Bernardo, óleo de Francisco Ribalta (ca. 1626). Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

Cristo abrazando a San Bernardo, óleo de Francisco Ribalta (ca. 1626). Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

El breve libro “De diligendo Deo” es la obra más importante para conocer la ascética de San Bernardo, porque se centra en el concepto que domina todo su pensamiento, o sea, el amor de Dios. Contiene una exposición de los cuatro grados del amor. Para no extenderme tanto y hacer tediosa la lectura del artículo, propongo que quien tenga especial interés en este tema, consulte este enlace.

Otras obras interesantes de ascética son “De consideratione libri quinque ad Eugenium III” y el “Liber de laude novae militiae ad Milites Templi”, redactado entre los años 1132 y 1136 para que lo usaran los caballeros templarios; y es una peregrinación espiritual, una serie de reflexiones sobre los lugares de la infancia, vida y pasión de Cristo.

Mística
San Bernardo no nos ha dejado una exposición sistemática de la teología mística, como posteriormente lo hicieron Santa Teresa de Ávila o San Juan de la Cruz. Sin embargo, sus ochenta y seis “Sermones in Cantica Canticorum”, redactado en los últimos treinta años de su vida, son el fruto de una experiencia mística muy genuina, muy pura y muy intensa. Él no tiene ninguna duda de que la mística, en el sentido más estricto de la palabra, es la experiencia de la presencia de Dios. Aunque él no lo expone de manera sistemática, se puede afirmar que su desarrollo está en su experiencia más íntima. En su concepción de la teología, la mística se encuadra en el momento último y culminante: es la obra del Dios amoroso que quiere unirse al alma en el amor. La caridad da la experiencia y nos hace gustar a Dios mismo; y así se convierte en nuestra única fuente de conocimiento.

El amor recíproco entre Dios y el alma culmina en la noche mística, en el matrimonio espiritual. En este estadio de la unión mística, el Verbo de Dios es el esposo del alma. Es el Verbo el que visita al alma y actúa como principio que destruye las resistencias residuales que el alma pueda tener, la ilumina, la inflama, la transforma, se une a ella místicamente. La mística es por tanto, el último grado, la parte culminante del amor, con el cual Dios ha salvado su alma. Sus momentos de experiencias místicas están relacionados con momentos claves de su vida. Viviendo y describiendo un proceso interior que asciende a la cumbre de la contemplación, él experimenta de la manera más plena, la más pura tradición monástica, según la cual toda la vida de oración y de estudio del monje debe estar encaminada a la contemplación.

Lactación mística del Santo, obra de Bartolomé Esteban Murillo. Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

Lactación mística del Santo, obra de Bartolomé Esteban Murillo. Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

Pero no se nos puede olvidar que en San Bernardo reaparece otra característica de su experiencia religiosa: la necesidad de comunicarse con los demás. Por eso es el maestro de la vida espiritual de su comunidad, es el abad que les predica y que escribe sermones para que otros los escuchen y los lean. Así, dando a los demás las riquezas de su vida interior, el místico San Bernardo despliega toda su grandeza. Hay poquísimos místicos que hayan sabido describir eficazmente sus propias experiencias; aunque no nos olvidemos de que él estaba dotado de un gran talento.

Cultura
San Bernardo, al estar dotado de una buena formación literaria, es uno de los más notables representantes de la cultura monástica medieval, aunque en algunos aspectos muestra su hostilidad hacia un cierto tipo de cultura: la cultura profana tiene menos valor que la cultura religiosa. En líneas generales, se puede afirmar que San Bernardo tiene clara conciencia de la función que el estudio y el saber pueden asumir en el ascenso del alma hacia Dios. Pero para él, el conocimiento tiene valor exclusivamente para esto, para acercar el alma a Dios y por eso advierte de los peligros que puede incluir la búsqueda intelectual en si misma. Para él, la actividad racional, filosófica y teológica solo es útil si nos lleva a la oración y a la contemplación de los misterios de Cristo, que es la verdadera y única sabiduría, por lo cual, no encontrará justificación suficiente en cualquier consecución de la verdad. Todo estudio que no tienda a conseguir la contemplación divina, nos llevará a la soberbia.

Las razones por las cuales él tenía una antipatía instintiva hacia el método escolástico que se fundamentaba en el amplio uso de la razón, eran por un lado, su aguda sensibilidad hacia todo aquello que, de cualquier manera, pudiese alimentar la soberbia, y por otro, el carácter de su personal experiencia religiosa, dirigida por completo hacia lo que nosotros llamaríamos la mística. Él está convencido de la fecundidad de la gracia y no necesita muchos razonamientos ni sutilezas. Pero aunque pensaba de esta forma, le daba bastante valor al estudio como lo demuestra el hecho de que la abadía de Claraval tenía una de las mejores bibliotecas de la Edad Media y de que él mismo se relacionaba con hombres de estudio, como Guillermo de Champeaux, Hugo de San Víctor, Juan de Salzburgo y Pedro Lombardo.

Como escritor, San Bernardo maneja muy bien la prosa que siempre escribe en un latín antiguo, y lo hace no tanto por sus dotes naturales sino por su sólida formación literaria. Sus escritos tienen siempre como finalidad la edificación de las almas, pero sin embargo son un instrumento importantísimo que cuida al detalle. Él conoce bien este trabajo de escritor, sabe ordenar con claridad sus propios pensamientos, sus expresiones. Recientemente, mediante una paciente investigación, Leclerq ha tenido bastante éxito al reconstruir algunos trabajos probables de San Bernardo, revelándose siempre que es un escritor bastante suave, que no está atormentado, que no desdeñaba en absoluto la precisión de su trabajo, que revisaba y pulía. Como dije al principio, los textos sobre los cuales él se formó como escritor fueron, en primerísimo lugar, las Sagradas Escrituras y, después, los Padres de la Iglesia.

Relicario con un hueso del Santo. Champagne, Francia.

Relicario con un hueso del Santo. Champagne, Francia.

En el próximo artículo expondremos resumidamente su activad apostólica, su personalidad humana y su culto.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– LECLERCQ, J., ”Saint Bernard mystique”, París, 1948
– VACANDARD, E., “Vie de Saint Bernard abbé de Clairvaux”, Paris, 1927
– ZERBI, P., “Bibliotheca sanctorum” vol. III, Città N. Editrice, Roma, 1990

Enlace consultado (01/06/2013):
http://es.wikipedia.org/wiki/Bernardo_de_Claraval

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es