Los Santos y el gato (II)

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Icono de Santa Clara con la gata. Obra del hermano Robert Lentz, OFM.

Icono de Santa Clara con la gata. Obra del hermano Robert Lentz, OFM.

Otro caso de gato caritativo lo hallamos en la vida de Clara de Asís. Santa Clara, que el Martirologio Romano recuerda el 11 de agosto: “Memoria de Santa Clara, virgen, que fue el primer retoño de las Pobres Señoras de la Orden de los Menores, siguió a San Francisco, llevando en Asís de Umbría una vida áspera, pero rica en obras de caridad y de piedad; insigne amante de la pobreza, de la cual nunca, ni en la extrema indigencia ni en la enfermedad, quiso ser separada”.

Clara sólo tenía doce años, habiendo nacido en 1194 de noble y rica familia -los Offreducci-, cuando Francisco de Asís tuvo el gesto de despojarse de todos sus vestidos para devolvérselos a su padre Bernardone. Conquistada por el ejemplo de San Francisco, la joven Clara, siete años después, huyó de casa para unirse a él en la Porciúncula. El Santo le cortó los cabellos y le impuso el sayo franciscano, para después conducirla al monasterio benedictino de San Pablo en Bastia Umbra, donde su padre intentó, en vano, convencerla de que volviese a casa. Se refugió entonces en la iglesia de San Damián, en la cual fundó la Orden femenina de las “pobres reclusas” (hoy clarisas), de la cual fue nombrada abadesa y donde Francisco dictó una primera Regla. Clara escribió posteriormente una Regla definitiva, solicitando y obteniendo de Gregorio IX el “privilegio de la pobreza”. Por haber contemplado, en una Nochebuena, sobre las paredes de su celda el pesebre y los ritos de las funciones solemnes que tenían lugar en Santa María de los Ángeles, fue elegida por el papa Pío XII como patrona de la televisión. Heredera del espíritu franciscano, se preocupó de difundirlo, distinguiéndose por su culto hacia el Santísimo Sacramento, que salvó el convento de los sarracenos en 1243. Murió en Asís el 11 de agosto de 1253.

En la vida de Santa Clara aparece una gata. Su presencia está atestada en los procesos para su canonización. Se cuenta que Santa Clara, enferma en su lecho, necesitaba cierta toalla, pero no encontrando a quien se la pudiera traer, una gata empezó a arrastrar la toalla hacia ella, llevándosela como podía. Pero la Santa la riñó, porque se la traía arrastrándola por el suelo. Entonces la gata, como si la hubiera entendido perfectamente, recogió y plegó la toalla, cuidando que no tocase el suelo, y se la llevó.

Tabla gótica de San Luis de Tolosa coronando a Roberto de Anjou, rey de Nápoles. Obra de Simone Martini (ca. 1317). Museo de Capodimonte, Nápoles (Italia).

Tabla gótica de San Luis de Tolosa coronando a Roberto de Anjou, rey de Nápoles. Obra de Simone Martini (ca. 1317). Museo de Capodimonte, Nápoles (Italia).

Después del gato caritativo, hallamos el gato “diabólico” en la vida de Luis de Tolosa. San Luis de Anjou o de Tolosa, obispo franciscano, nació en Brignoles (Provenza) en febrero de 1274 y murió aquí el 19 de agosto de 1297. Hijo de Carlos de Anjou, rey de Nápoles, desde muchacho fue llevado prisionero con sus hermanos junto al rey de Aragón, y tuvo ocasión de conocer a los franciscanos. Esos contactos franciscanos tuvieron una influencia decisiva en la vida de Luis, y en el mismo período catalán, despertó su vocación al sacerdocio, de modo que el resto de su vida vivió intensamente en la oración por sus hermanos, con episodios premonitorios como la lucha contra un grande gato negro que lo habría acosado mientras estaba en oración y al que ahuyentó con la señal de la cruz. Obtenida la libertad, renunció al trono y a cualquier otra perspectiva de grandezas terrenas. Luis fue ordenado sacerdote en febrero de 1296, con 22 años, y obispo el siguiente diciembre. Fue enviado a regir la diócesis de Tolosa.

En el rico episcopado Luis implantó la propia vida según rígidas reglas de la pobreza franciscana. Tuvo predilección por los pobres, los enfermos, los judíos víctimas de persecuciones y marginaciones, y los encarcelados, a los que se acercaba a visitar. Fue elevado a los honores de los altares en 1318 por Juan XXII, en la ciudad pontificia de Aviñón en Francia, estando presentes su madre y su hermano Roberto.

El Martirologio Romano lo recuerda el 19 de agosto: “En Brignoles en la Provenza de Francia, tránsito de San Luis, obispo, que siendo sobrino del rey San Luis, deseó la pobreza evangélica antes que las lisonjas y los honores del mundo y, aún joven de edad pero maduro en la virtud, fue elevado a la sede de Tolosa, pero, consumido por su maltrecha salud, se durmió pronto en la paz del Señor”.

Fotografía de Gema Galgani, tomada cuando tenía 22 años de edad.

Fotografía de Gema Galgani, tomada cuando tenía 22 años de edad.

Del gato “diabólico” pasamos al gato “penitencial” con Gema Galgani. Gema nació el 12 de marzo de 1878 en Bogonuovo de Camigliano (Lucca). Su madre, Aurelia, murió en septiembre de 1886. En 1895 Gema recibió la inspiración de seguir con empeño y decisión el camino de la cruz. Gema tuvo algunas visiones de su ángel custodio. El 11 de noviembre de 1987 murió también el padre de Gema, Enrique. Enferma, Gema leyó la biografía de San Gabriel de la Dolorosa -entonces era sólo Venerable- que se le apareció y la consoló. Gema, entretanto, maduró una decisión que formuló el 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada, haciendo voto de virginidad. A pesar de las terapias médicas, la enfermedad de Gema, osteitis de las vértebras lumbares con abcesos inguinales, se agravó hasta la parálisis de sus piernas, pero fue curada milagrosamente de ésta. Las visiones de Gema continuaron y le fue dada la gracia de compartir el sufrimiento de Cristo. En mayo de 1902 Gema enfermó de nuevo; mejoró, pero recayó de nuevo en octubre. Murió el 11 de abril de 1903.

En la vida de Santa Gema hay episodios en los que la virgen de Lucca, ya admirada en vida por sus dones místicos, se humilló ante las visitas de aquellos que venían a conocerla para admirarla. Es el caso de un sacerdote que vino a visitarla, y Gema, para parecer estúpida y para humillarse ante el prelado, tomó un gran gato que tenía en casa en brazos y, mientras le hacía todo tipo de halagos y caricias infantiles al gato, fue a ver al sacerdote, el cual, al verla comportarse así, se encogió de hombros, se burló de ella y se marchó. La Santa había conseguido su propósito.

El Martirologio Romano la recuerda el 11 de abril: “En Lucca, Santa Gema Galgani, virgen, la cual, insigne en la contemplación de la Pasión del Señor y en la paciente resistencia de los dolores, a los 25 años de edad, en Sábado Santo, finalizó su angélica existencia”.

Sierva de Dios María Tuci, virgen y mártir albanesa.

Sierva de Dios María Tuci, virgen y mártir albanesa.

Un caso singular de vínculo entre santos y gatos está en la vida de María Tuci. María Tuci, virgen y mártir, pertenece al grupo de los Mártires Albaneses. Los Siervos de Dios Vicente Prennushi y 39 compañeros de las iglesias católicas de rito romano y greco-católico de Albania son sólo algunos de los numerosísimos católicos albaneses que han sufrido prisión, torturas y falsos procesos en el intento de erradicar el Evangelio y la cultura de un pueblo entero. El proceso diocesano para aceptar su efectivo martirio en odio a la fe se ha desarrollado en la diócesis de Scutari del 10 de noviembre de 2002 al 8 de diciembre de 2010.

María Tuci nació en Ndërfushaz-Mirdita el 12 de marzo de 1928 y murió in odium fidei en Scutari el 24 de octubre de 1950. Tuci frecuentó el colegio de las hermanas Estigmatinas en Scutari y pidió poder entrar en su Instituto religioso. Encargada de enseñar en las escuelas elementales en dos localidades, enseñó clandestinamente también el catecismo. Arrestada con algunos familiares el 10 de agosto de 1949, fue conducida a las cárceles de Scutari, donde, por no haber querido revelar el nombre del asesino de un político comunista y por no haber querido complacer a un miembro de la Sigurimi -la policía del régimen- sufrió atroces torturas. Por ejemplo, la metieron desnuda dentro de un saco junto a un gato furioso, y entretanto, molieron el saco a bastonazos, desgarrando así sus carnes. A causa de las privaciones sufridas la hospitalizaron en el hospital civil de Scutari, donde murió el 24 de octubre de 1950. Sus restos mortales, exhumados después de la caída del régimen comunista en Albania, reposan en la iglesia de las Estigmatinas en Scutari. Es la única mujer del grupo de los 40 mártires albaneses. A su memoria ha sido intitulado un colegio de muchachas situado en Rreshen y gestionado por las hermanas Siervas del Señor y de la Virgen de Matará, rama femenina del Instituto del Verbo Encarnado.

Estampa devocional popular de San Martín de Porres.

Estampa devocional popular de San Martín de Porres.

Entre los Santos amantes de los animales está Martín de Porres. Su memoria está inscrita en el calendario universal de la Iglesia Católica, a fecha de 3 de noviembre, así como lo recuerda el Martirologio Romano: “San Martín de Porres, religioso de la Orden de los Predicadores, hijo de un español y de una mujer negra, desde la infancia, en medio de las dificultades por su condición de hijo ilegítimo y mestizo, aprendió la profesión de médico, que seguidamente, una vez religioso, ejercitó con abnegación en Lima de Perú entre los pobres, y dedicado a los ayunos, a la penitencia y a la oración, llevó una existencia de sencillez y humildad, irradiada por el amor”.

Martín nació en Lima en 1579. Su padre fue el aristócrata español Juan de Porres, que al principio no quiso reconocerlo, porque su madre era una ex-esclava negra de origen africano. Nombrado gobernador de Panamá, su padre dejó a su hija a un pariente y a Martín a su madre, con medios para que estudiara. Martín se convirtió en aprendiz de un barbero cirujano. Pero él quería entrar en los dominicos, que habían fundado en Lima su primer convento peruano. Pero como era mulato sólo lo admitieron como terciario y le asignaron tan sólo tareas humildes. Cuando los dominicos vieron su energía interior lo retiraron de esa condición subalterna, admitiéndolo en la Orden como hermano cooperador. Martín de Porres, hijo de un “conquistador”, ofreció así en Perú un ejemplo de vida ejemplar. Iban a él en busca de consejo el virrey de Perú y el arzobispo de Lima, hallándolo siempre rodeado de pobres y de enfermos, ya fueran humanos o animales. Cuando llegó la peste a Lima, cuidó él sólo de 60 hermanos. Para todos fue el hombre de los milagros: fundó en Lima un colegio para instruir a los niños pobres, el primero del Nuevo Mundo. Curó al arzobispo de México, que quería llevárselo consigo. Pero Martín murió en Lima en 1639.

La vida de San Martín es rica en episodios con animales, como perros, gatos y roedores. Un día, atravesando el patio del convento, con un hermano, vio en un extremo a un gatito que maullava deseperadamente porque tenía la cabeza herida por una pedrada. Indicó al gato que le siguiera a la enfermería, y el animalito le siguió. Después de haber lavado, tratado y cosido la herida, el Santo le colocó una especie de gorrito, indicándole que debía regresar la mañana siguiente para seguir curándole. ¡Qué cosas!

Icono francés de Santa Clotilde de California con el gato.

Icono francés de Santa Clotilde de California con el gato.

Finalmente, en esta pequeña investigación de Santos y gatos, el último caso hallado en la iconografía es Clotilde de California. Clotilde, en el siglo llamada Helena Quast, es una Santa que no pertenece a la Iglesia Católica, sino a la Iglesia Céltica. Es una Iglesia vinculada a la tradición ortodoxa e instituida en 1866, aunque sus miembros sostienen que su fundación se remonta a José de Arimatea, en el año 37 d.C, en Gran Bretaña, en un lugar hoy llamado Glastonbury. Fue sucesivamente enriquecida por el testimonio de San Aristóbulo, que evangelizó las islas británicas. Se dice heredera del gran monasticismo irlandés.

La Iglesia Céltica se inicia o restaura en 1866 por obra del obispo Jules Ferrette. En 1977 el obispo Mael, primado de la Iglesia Céltica hasta 2014, ha puesto en marcha profundas reformas, y desde entonces esta Iglesia ha seguido creciendo, recuperando la historia céltica, las tradiciones, su rito y su espiritualidad. Se han establecido nuevas comunidades y contactos ecuménicos con las demás Iglesias.

Helena Quast nació el 12 de septiembre de 1912 en Seattle, en el estado de Washington, EEUU. No sabemos nada de su infancia, pero siendo joven entró en un convento de una congregación de hermanas franciscanas. Helena dejó el convento para cuidar de su madre enferma, cosa que hizo hasta su muerte. Después de ello conoció la Iglesia Céltica en Davis, en California, cuyo obispo era Elías en aquella época y su auxiliar, Nathan. A ellos, Helena les expresó su deseo de entrar en la vida monástica y de ser una hermana en el espíritu de San Francisco de Asís.

Entró en el noviciado en 1979 con el nombre de sor Clotilde. Hizo la profesión monástica de manos del obispo Elías el 4 de octubre de 1981, que renovó en 1982 de manos el obispo Mael, el único abad en aquel entonces de la Iglesia Céltica. El abad Mael se convirtió en su padre espiritual. Maltrecha de salud, no pudiendo vivir sola, entró en una pequeña casa de reposo para ancianos en Sacramento, California, a condición de poder mantener su hábito monástico en todo momento. Se durmió en la paz del Señor el 25 de octubre de 1993, con 83 años. Fue canonizada el 10 de agosto de 2008 en la catedral de Nuestra Señora del Signo en Saint-Dolay.

La Iglesia Céltica celebra la memoria de Santa Clotilde el 25 de octubre. En su icono para la canonización, según el estilo oriental, aparece representada con un gato.

Damiano Grenci

Bibliografía y sitios:
* AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II appendice – Ed. Città Nuova
* Barbagallo Sandro – Gli animali nell’arte religiosa. La basilica di San Pietro in Vaticano – LEV, 2010
* C.E.I. – Martirologio Romano – Libreria Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
* Frigerio Luca – Bestiario medievale. Animali simbolici nell’arte cristiana – Ancora, 2014
* Grenci Damiano Marco – Archivio privato iconografico e agiografico: 1977 – 2015
* Jones D.M. – Animali e pensiero cristiano – EDB, 2013
* Maspero Francesco – Bestiario antico – Piemme, 1997
* Pisani Paolo – Santi, Beati e Venerabili nella provincia di Grosseto – Cantagalli. 1993
* Rossetti Felice – Un’amicizia coi baffi. Sorie di Santi e dei loro animali – Porziuncola, 2011
* Sitio web ladanzadellacreativittravelandexplore.blogspot.it
* Sitio web orthodoxie-celtique.net
* Sitio web papalepapale.com
* Sitio web wikipedia.org

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Santa Clara de Asís, virgen fundadora

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Tabla gótica de la Santa (s.XIII) con escenas de su vida. Basílica de la Santa en Asís, Italia.

Pregunta:¿Se conoce la bula de canonización de Santa Clara de Asís?España

Respuesta: Hoy había que hablar de Santa Clara y reconozco que esta pregunta me ha venido muy bien porque así me he ahorrado escribir sobre ella, pero la realidad es también que estamos ante un documento maravilloso, que explica con claridad cómo fue su vida y qué motivos existen para que la veneremos como santa.

Bula de canonización de Santa Clara, promulgada por el Papa Alejandro IV, el 26 de septiembre de 1255
“Alejandro, obispo, siervo de los siervos de Dios, a todos los venerables hermanos arzobispos y obispos establecidos en el reino de Francia: salud y apostólica bendición.

Elogio de la “claridad” de Clara
Clara, preclara en claros méritos, brilla clara en el cielo con claridad de insigne gloria, y con esplendor y sublimes milagros en la tierra. Brilla aquí abajo la estricta y excelsa religión de Clara, irradia en lo alto la abundancia de su premio eterno y su poder deslumbra a los mortales con magníficos signos.

Esta Clara fue diplomada aquí con el privilegio de la máxima pobreza; en el cielo la recompensan con abundancia de inestimables riquezas; y los fieles católicos le rinden el más alto honor, con devoción cumplida.
Aquí, sus obras luminosas hicieron brillar a Clara. La plenitud de la luz divina la ilumina en las alturas. Sus espléndidos prodigios la esclarecen admirablemente ante el pueblo cristiano.
¡Oh Clara!, dotada de tantos y tales títulos de claridad. Fuiste clara de verdad antes de la conversión, más clara desde aquella hora, preclara en tu vida claustral y, finalmente, clarísima, una vez apagada tu vida en el tiempo
.

A nuestro tiempo se le mostró en Clara un claro espejo de conducta; en el jardín celeste ella aporta el delicado lirio de la virginidad; por ella, en la tierra experimentamos la ayuda de los auxilios divinos.
¡Oh admirable y dichosa claridad de Clara! ¡Cuanto más es el amor y la atención con que se estudia esta claridad en los hechos concretos, tanto más luminosa la descubrimos en cada uno!

Detalle del rostro de la Santa en un fresco de Giotto di Bondone. Basílica della Santa Croce, Florencia (Italia).

Brilló cuando vivía en el mundo, resplandeció aún más en la vida religiosa, en su hogar fue un rayo de luz, en el claustro, fulgor resplandeciente. Brilló en vida, resplandece radiante tras la muerte. Fue clara en la tierra, y en el cielo inmensa claridad.
¡Cuán viva es la fuerza de esta luz, y qué vehemente su claridad! Mas esta luz permanecía cerrada en el secreto de la clausura, e irradiaba fuera destellos luminosos; se recluía en el estrecho cenobio, y se difundía por todo el mundo. Se recogía dentro y se extendía fuera. Porque Clara moraba oculta, mas su conducta era notoria. Clara callaba, mas su fama era un clamor. Se recataba en su celda, mientras su nombre y su vida se pronunciaban en las ciudades.

Y no es extraño, pues una lámpara tan inflamada, tan reluciente, no podía quedar oculta sin iluminar y dar clara luz en la casa del Señor. Ni podía ocultarse un vaso de tales esencias sin emanar aromas, llenando de suave fragancia la casa del Señor. Es más, rompiendo en el angosto encierro de su celda el alabastro de su cuerpo, inundaba con los aromas de su santidad todo el edificio de la Iglesia.

Infancia y conversión
Siendo niña aún en la vida seglar, desde su más tierna edad buscó la manera de atravesar por un sendero de pureza este mundo frágil e impuro. Guardando el precioso tesoro de su virginidad con intacto pudor, se dedicaba asiduamente a obras de caridad y de piedad, de modo que su fama se extendía, agradable y digna de elogio, entre vecinos y extraños. Hasta que San Francisco, oyendo alabar su virtud, se puso a exhortarla, dirigiéndola al servicio perfecto de Cristo.

Y ella, siguiendo con diligencia sus santos consejos, deseosa ya de renunciar del todo al mundo y a los bienes de la tierra, para servir al Señor en pobreza voluntaria, puso en práctica enseguida su ardiente deseo. Y, por último, enajenó todos sus bienes y los repartió en favor de los pobres, para emplear en limosna, por amor de Dios, todas sus pertenencias.

Los Santos Francisco y Clara de Asís. Fresco gótico de Giotto di Bondone. Basílica de San Francisco, Asís (Italia).

Deseando luego retirarse del ruido del mundo, huyó a una iglesia rural, donde el mismo San Francisco le hizo la sacra tonsura. De allí se refugió luego en otra iglesia. Sucedió allí que, al querer llevársela con ellos sus parientes, ella resistió con fortaleza y constancia; se abrazó enseguida al altar y, sin soltar los manteles, descubrió ante ellos su cabeza rapada, para que viesen que no podía permitir que la arrancaran de servir a Cristo, habiéndose desposado, de todo corazón, con Cristo.
Por último, el mismo San Francisco la condujo a la Iglesia de San Damián, en las afueras de Asís, donde ella nació. Allí el Señor, deseoso de amor y culto perseverante a su nombre, le asoció muchas compañeras.

Aquí tuvo su saludable origen la noble y santa Orden de San Damián, extendida ya por todo el orbe. Aquí Clara, animada por el mismo San Francisco, dio comienzo y auge a esta nueva observancia. Ella fue el primero y seguro fundamento de esta excelsa vida religiosa, la piedra angular este encumbrado edificio.

Noble por su estirpe y más noble por su conducta, bajo esta regla de admirable santidad, mantuvo la virginidad que ya antes había guardado. Después, también su madre, llamada Hortelana -mujer entregada a obras de piedad-, siguió los pasos de su hija, profesó devotamente la vida religiosa en esta religión, y en ella acabó felizmente sus dias la muy hábil hortelana, que produjo tal planta en el huerto del Señor. Unos años después, la dichosa Clara, cediendo a las insistencias de San Francisco, aceptó el gobierno del monasterio y de las hermanas.

Virtudes y santidad de vida en el monasterio
Ella fue el árbol alto y esbelto, de ramas frondosas, que produjo frutos suaves de vida religiosa en el campo de la Iglesia, y a cuya sombra amena y deliciosa acudían en tropel de todas partes, y aún acuden hoy, muchas almas engendradas en la fe, a saborear tan dulce fruto.

Ella fue la mujer nueva del valle de Espoleto, que nos ha alumbrado una nueva fuente de agua vital, para refrigerio y beneficio de las almas; agua que, dividiéndose en arroyuelos por el campo de la Iglesia, ha hecho próspero el plantío religioso.

Consagración de la Santa. Lienzo contemporáneo de J.Benlliure.

Ella fue el candelabro cimero de santidad que alumbra con vivacidad en el tabernáculo del Señor, a cuya luz esplendorosa acudieron, y aún se apresuran a venir muchas almas, a encender sus lámparas en esa llama.

Ella, ciertamente, plantó y cultivó en el campo de la fe la viña de la pobreza, donde se recogen frutos pingües y abundantes de salvación.

Ella dispuso en la heredad de la Iglesia su huerto de humildad, adornado de toda clase de pobrezas, donde florece abundantemente toda virtud.

Ella levantó en la ciudadela de la vida religiosa una fortaleza de estricta abstinencia, donde se suministra abundante comida de manjares espirituales.

Ella fue primicia de los pobres, guía de los humildes, maestra de los castos y abadesa de las penitentes.

Ella gobernó su monasterio y la familia que se le encomendó con toda discreción y diligencia, en el temor y servicio del Señor y en la perfecta observancia de la Orden.

Vigilante en el deber, hacendosa en sus oficios, cauta en el exhortar, amorosa al amonestar, moderada en el corregir, con mesura en el mando, admirablemente compasiva, discreta en sus silencios, sensata en el hablar y hábil en todo lo relativo al buen gobierno, prefería servir antes que mandar, y honrar a las demás, antes que ser honrada.

Basílica y protomonasterio de la Santa en Asís, Italia.

Este estilo de vida era, para las demás, enseñanza y escuela de sabiduría. En este libro de vida aprendieron su regla de conducta, en este espejo de vida se miraron, para conocer el sendero de la vida.

Estaba, sí, con el cuerpo en la tierra, mas con el alma moraba en el cielo. Vaso de humildad, joyero de castidad, ardor de caridad, dulzor de bondad, vigor de paciencia, lazo de paz y comunión de familiaridad, afable en la conversación, dulce en la acción y en todo y siempre amable y agradable.

Y como quiera que uno se hace más fuerte cuando más domina a su enemigo, Clara, con el fin de vigorizar su espíritu abatiendo la fuerza de la carne, tenía por lecho el suelo desnudo o, a veces, unos duros sarmientos, y un duro leño como almohada para reclinar la cabeza. Se contentaba con una sola túnica y capotillo de paño basto, vil, áspero y vulgar. Con esta humilde indumentaria cubría su cuerpo, ciñendo, a veces, su carne desnuda con un áspero cilicio, tejido de cordelillos de crines de caballo.

Parca en el comer y sobria en el beber, era tal la austeridad de su abstinencia, que por mucho tiempo, tres días a la semana -lunes, miércoles y viernes- no probaba alimento; y aún los demás días lo reducía tanto, que sus compañeras se admiraban de que pudiera subsistir con un rigor tan excesivo.

Dada también a frecuentes vigilias y oraciones, dedicaba primordialmente a ello las horas del día y de la noche.

Clara besa y amortaja el cuerpo de Francisco en su entierro. Fresco gótico de Giotto di Bondone. Basílica de San Francisco, Asís (Italia).

Aquejada, por último, de prolijas dolencias que no le permitían levantarse por sí misma para las ocupaciones domésticas, se incorporaba con ayuda de las hermanas y, recostada sobre almohadones, trabajaba con sus manos, a fin de no permanecer ociosa ni siquiera en las enfermedades. De ese modo consiguió que, de la tela de lino fruto amoroso de su labor y arte, se hicieran muchos corporales para el sacrificio del altar, y que los repartieran a distintas iglesias del valle y de los montes de Asís.

Amante singular y celosa cultivadora de la pobreza, tanto arraigó en su alma esta virtud, tanto se dejó llevar por el anhelo de poseerla, que la amó cada vez más firmemente, la abrazaba cada día con más ardor y jamás se separó por nada del mundo de su estrecho y gozoso abrazo. Y jamás nadie, de ningún modo, pudo convencerla para que aceptara que su monasterio tuviese alguna propiedad, por más que el papa Gregorio (IX) de grato recuerdo, predecesor nuestro, que deseaba abastecer al monasterio de lo necesario, estuviese dispuesto a dotarlo de posesiones suficientes y adecuadas para el sustento de las hermanas.

Milagros, antes y después de su muerte
Y en verdad, puesto que una luz grande y clarísima no se puede ocultar sin que difunda su claridad, así la fuerza de su santidad resplandeció, aún en vida, con muchos y variados milagros.

En efecto, a una de las hermanas de su monasterio le devolvió la voz que había perdido casi completamente mucho tiempo antes. A otra, totalmente privada del uso de la lengua, la hizo capaz de hablar.

A otra le abrió el oído, una oreja aquejada de sordera. Con una simple señal de la cruz curó a otra de la fiebre, a otra hinchada de hidropesía, a otra llagada con una fístula y a muchas otras oprimidas por diferentes males. Y curó a un fraile de la Orden de los Menores, enfermo de locura.

Una vez faltó completamente el aceite en el monasterio, y ella mandó llamar al fraile encargado de pedir limosna para el monasterio, tomó una pequeña vasija y, después de lavarla, la dejó, vacía, en la puerta del monasterio, para que el fraile la llevase consigo, para pedir aceite. Mas, cuando dicho fraile fue a cogerla, la encontró llena de aceite, concedido por gracia de la caridad divina.

Tabla gótica de la muerte de la Santa. National Gallery of Art, Washington (EEUU).

Y también, otro día que no había más que medio pan para la comida de las hermanas, mandó que lo cortaran en trozos y lo dieran a las hermanas. Mas Aquél que es el pan vivo y da de comer a los hambrientos, lo multiplicó de tal manera entre las manos de la que lo desmenuzaba, que resultaron cincuenta trozos abundantes, que se repartieron entre las hermanas, que ya estaban sentadas a la mesa.

Por esos y otros admirables prodigios manifestó, aún en vida, la excelencia de sus méritos. Cuando ya se encontraba en las últimas, vieron entrar en el lugar donde yacía la sierva de Cristo una resplandeciente multitud de vírgenes santas adornadas con espléndidas coronas, entre las cuales una más majestuosa y bella que las demás. Llegaron hasta su lecho y, rodeándola, casi le dieron, con premuroso cuidado, alivio y consuelo.

Después de su muerte llevaron a su sepultura a un enfermo de mal pasajero, que no podía caminar, por la contracción de una pierna; y su pierna dio un sonoro chasquido allí delante, y quedó curado de ambos males.

Se vieron a personas con la espalda doblada, agarrotadas por la enfermedad, y a dementes furiosos, presa de ataques de locura, recuperar completamente la salud ante el sepulcro de Clara.

Uno que había perdido el uso de la mano derecha por un fuerte golpe recibido, hasta el punto de no poderla utilizar para nada, se curó completamente por los méritos de la Santa, recuperando su mano como la tenía antes.

Otro que había perdido la vista y estaba ciego desde hacía mucho tiempo, vino a la sepultura en compañía de otro, recuperó la visión y regresó sin necesidad de que lo guiaran.

Por estos hechos y admirables milagros, y por muchísimos más, esta dichosa virgen difundió luminosa claridad, de modo que se vio cumplida en ella aquella profecía que su madre oyó, según se dice, mientras rezaba, estando encinta de ella: que de ella nacería una luz tan grande que iluminaría todo el universo.

Vista del cuerpo incorrupto de la Santa, revestida con el hábito de las Clarisas. Monasterio de la Santa en Asís, Italia.

Canonización, fiesta e indulgencias
Alégrese, pues, la madre Iglesia, que ha engendrado y formado a tal hija, madre fecunda de virtudes, que ha engendrado con sus ejemplos a una multitud de alumnas para la vida religiosa y las ha formado a la perfección, en el santo servicio de Cristo. Se alegre también el pueblo fiel y devoto, porque el Señor y rey de los cielos ha introducido, con tanta gloria, en su altísimo y resplandeciente palacio, a su hermana y compañera, que él se eligió como esposa. Así como saltan de júbilo los coros de los santos, al celebrarse en su patria celestial las nuevas nupcias de la esposa del Rey.

Ahora, porque conviene que una virgen de Dios exaltada en el cielo sea venerada en la tierra, por la Iglesia universal, puesto que, tras una diligente y atenta investigación y examen riguroso de la santidad de su vida y de sus milagros, aunque sus claras gestas son ya bien conocidas en regiones de cerca y lejanas, Nos, con el consejo y el asentimiento común de nuestros hermanos y de todos los prelados que se encuentran actualmente en la Sede apostólica, fiados en la omnipotencia divina, con la autoridad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, y con la nuestra, determinamos inscribirla en el catálogo de las vírgenes santas.

Por tanto, os lo anunciamos a todos vosotros y os exhortamos expresamente, mediante estas cartas apostólicas, a celebrar con toda devoción y solemnidad la fiesta de esta virgen el 12 de agosto, y a mandar que la celebren vuestros fieles con la misma devoción, a fin de que podáis merecer tenerla ante Dios como vuestra buena y solícita protectora.

Vista de la urna con el cuerpo incorrupto de la Santa. Monasterio de la Santa en Asís, Italia.

Y Nos, por la misericordia de Dios todopoderoso, confiando en la autoridad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, para que la multitud del pueblo cristiano acuda a su venerable sepulcro con más ardor y más numerosos, y su fiesta se celebre con mayor afluencia de gente, concedemos para cada año la indulgencia de un año y cuarenta días a todos aquellos que con humildad y devoción, bien contritos y confesados, se acerquen al sepulcro de esta virgen el día de su fiesta o también dentro de la octava, para pedir su protección.
Dado en Anagni el 26 de septiembre, en el año primero de nuestro pontificado”
.

Aconsejo visitar esta web: http://www.fratefrancesco.org/clara/crono.htm

Antonio Barrero

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Los amigos de Santa Clara

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Santa Clara, fresco de Simone Martini (ca. 1344). Basílica Inferior de Asís. Italia.

Pregunta: Hola. Sé que Santa Clara fundó el orden de las clarisas con amigas y familiares. Su amigo principal era Francisco. ¿Sabéis si tenía otros amigos hombres (y los nombres)? España

Respuesta: La virgen Clara sólo aparece rodeada de personas que, como ella, están o beatificadas o canonizadas por la Iglesia. Clara nace en Asís (Assisi) en el año 1193 en el seno de una familia noble y desde jovencita fue conquistada por el ideal de pobreza y de renuncia total promovido por su vecino Francisco, hijo del comerciante Pedro de Bernardone. La noche siguiente al Domingo de Ramos del año 1211 (con 18 años) da el paso definitivo y se marcha de su casa acompañada de su amiga Bona de Guelfuccio, refugiándose en la Porciúncula, pequeña iglesia donde estaban Francisco y sus discípulos Rufino y Silvestre, que eran parientes de Clara (Bona, Rufino y Silvestre son beatos). Posteriormente la acompaña su hermana Inés (Santa Inés de Asís).

Clara y Francisco fundan la segunda Orden, la de las clarisas, en la Iglesia de San Damián, que había sido restaurada por Francisco. Al principio se les llamaba “mujeres pobres recluidas en San Damiano”. El nombre de “clarisas” se les dio después de la muerte de Clara.

En el año 1215 (con 22 años de edad) fue nombrada abadesa del convento. Deliberadamente, no se extiendo en la vida de Santa Clara ya que ese no es el objetivo de la pregunta. Murió el día 11 de agosto del año 1253, siendo asistida en su muerte por los beatos León, Ángel y Junípero, compañeros de San Francisco. Fue oficialmente canonizada dos años después de su muerte, en 1255, por el papa Alejandro IV.

El Beato Tomás de Celano, biógrafo de Francisco y de Clara dice de ella: “Era noble de nacimiento pero lo era aún más de espíritu. Virgen en el cuerpo y castísima en su mente. Joven de edad pero provista de gran juicio. Constante en el bien y esposa para siempre de Cristo. Sabia y al mismo tiempo humilde. Clara era su nombre, pero aun más clara era su vida: clarísima”.

Los amigos de Clara: todos santos y beatos.

Antonio Barrero

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