El Padre Cleopa Ilie

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Fotografía del Padre Cleopa Ilie.

Fotografía del Padre Cleopa Ilie.

El padre Cleopa Ilie (10 de abril de 1912 – 2 de diciembre de 1998), a menudo conocido como el líder de la generación postcomunista de padres espirituales rumanos, fue durante muchos años el abad de monasterio Sihăstria. La última década y media vida suya la dedicó a predicar y a aconsejar la más amplia gama de visitantes, desde cristianos de a pie hasta personalidades de alto rango político y religioso.

Nacido en Suliţa, condado de Botoşani al norte de Rumanía el 10 de abril de 1912, fue el quinto de los diez hijos de Alexandru y Ana Ilie, siendo bautizado con el nombre de Constantin. Sus padres eran campesinos de clase media, tenían 150 ovejas, 20 ganados y unas 30 hectáreas de acre, lo que era mucho para una familia antes de la gran reforma agraria de mediados de los años 20. Alexandru y Ana eran cristianos muy piadosos y su casa estaba llena de iconos. El padre Cleopa solía hablar de la educación cristiana que había recibido y de la oración en común hecha por sus padres con sus hijos. Como resultado, cinco de los diez hijos siguieron el camino monástico, así como la madre en sus últimos años. Constantin asistió a la escuela primaria en su pueblo y su aprendizaje y capacidades memorísticas estaban fuera de lo común, como se verá en el futuro. Además, era un niño a menudo enfermizo y su madre solía llevarlo a los monasterios. Una vez lo llevó al eremitorio de Cozancea, al padre Conon Gavrilescu, que aconsejó a la madre ofrecer el niño a Dios. Después de esto, el niño ya no volvió a enfermar.

Antes de ser monje, Constantin fue aprendiz durante muchos años del monje Paisio Olaru, que vivía recluido en el eremitorio de Cozancea, y que guió su vida espiritual durante muchos años en el futuro.

El joven monje Cleopa.

El joven monje Cleopa.

Constantin se unió a la comunidad del eremitorio de Sihăstria en diciembre de 1929, junto con su hermano mayor, Vasile. En una historia escrita por el metropolita Antonio Plămădeală de Transilvania se menciona el modo en que fue aceptado en Sihăstria. El abad Ioaniche Moroi respetaba las viejas costumbres y la tradicional “tentación”, es decir, un examen preliminar que duraba tres días. Se le dejaba a la entrada del convento, se le mandaba golpear el tronco de un árbol con una vara, sin comida, agua ni lugar donde dormir. Al final, el abad lo llevaba al convento y le preguntaba si el tronco había chillado por los golpes. El joven Constantin respondió “no”, y el padre replicó que un monje debía ser silencioso como ese árbol y soportar cualquier injusticia e insulto.

Su trabajo en el monasterio fue cuidar ovejas. En esa ocasión, solía tomar prestados libros de la biblioteca del monasterio y de otros monasterios. Sus lecturas consistían en las bases de la literatura ascética: las vidas de los Santos, los Dichos de los Padres (Apophthegmata Patrum), la Escalera de San Juan Clímaco, las Homilías de San Macario el Grande, la Dogmática de San Juan Damasceno, las Homilías de San Juan Crisóstomo y los tratados ascéticos de San Isaac y San Efrén el Sirio. Sobre sus preocupaciones literarias él era muy discreto, es probable que sólo el abad y pocos monjes supieran cómo de sabio se estaba volviendo aquel joven.

En 1935, se unió a la armada en la ciudad de Botoşani, y volvió al eremitorio un año después, donde fue finalmente tonsurado el 2 de agosto de 1937, tomando el nombre de Cleopa (“guía”). En junio de 1942 el abad Ioanichie Moro se sintió enfermo y pidió que su sucesor fuese el pastor Cleopa. Esta decisión causó sorpresa y preguntas entre los monjes, pero aceptaron la voluntad del viejo abad. El metropolita Antonio se dio cuenta de que toda la comunidad se quedó estupefacta oyendo el primer sermón del “estúpido de las ovejas”, como algunos monjes solían llamarlo. A repetidas preguntas en los siguientes años acerca de dónde había estudiado, él respondía que sus estudios y su universidad espiritual fueron la compañía de sus ovejas y los Santos Padres.

El padre Cleopa cuidando de sus ovejas.

El padre Cleopa cuidando de sus ovejas.

Cleopa fue egumeno en funciones durante dos años y se convirió en el nuevo abad después que Ioaniche Moroi murió el 5 de septiembre de 1944. Pero Cleopa era entonces un simple monje. Sólo cuando el 27 de diciembre de 1944 fue ordenado hierodiácono (monje diácono) y el 23 de enero de 1945 hieromonje (sacerdote monje) por el arzobispo Galaction Cordun, abad del monasterio de Neamţ en aquel momento, sólo entonces, fue oficialmente reconocido como egumeno del eremitorio de Sihăstria.

En 1947, debido a su expansión, el eremitorio se transformó en monasterio y Cleopa Ilie se convirtió en archimandrita, con la aprobación del patriarca Nicodim, el 19 de septiembre de 1947. Debido a que el servicio secreto comunista estaba buscándole en 1948, y le interrogó durante cinco días privándole de comida y agua, siendo liberado después, desapareció en los bosques de alrededor del monasterio durante seis meses. Después de las intervenciones del patriarca, él regresó al monasterio el 30 de agosto de 1949. Poco después fue elegido abad de la comunidad del monasterio de Slatina, en el condado de Suceava, donde se unió a otros treinta monjes de la comunidad del monasterior de Sihăstria como resultado de una decisión del patriarca Justiniano, para reformar la vida espiritual según la vieja tradición exicasta de la oración de Jesús.

El padre Cleopa junto al straretz Victorin, fallecido en 2014, y Paisio Olaru, su padre espiritual.

El padre Cleopa junto al straretz Victorin, fallecido en 2014, y Paisio Olaru, su padre espiritual.

Como abad, respondió a la guía espiritual de cinco monasterios, incluyengo Slatina, Sihăstria y el viejo y bien conocido de Neamț y Secu, reestructurado y unido durante la opresión comunista. Entre los monjes que entraron en su comunidad en esa época destacan el metropolita Antonio Plămădeală de Transilvania, el abad Ioaniche Bălan y otros. Cleopa hacía especial hincapié en la confesión semanal, la participación regular en la vida litúrgica y la Santa Comunión.

Entre 1952 y 1954 fue perseguido otra vez por la Securitate y, junto con el hieromonje Arsenio Papacioc, escapó a las montañas de Stanisoara. Arsenio, que fue más tarde abad en un monasterio del Mar Negro, solía decir que Cleopa estaba siempre enfermo y le llevaba a menudo sobre los hombros, para poder huir de la Securitate que los buscaba. Cleopa fue llevado de vuelta al monasterio dos años después por orden del patriarca Justiniano.

En 1956 regresó al monasterio de Sihăstria, donde fue ungido de nuevo como abad, y en la primavera de 1959 se retiró por tercera vez a las montañas de Neamţ, pasando allí los cinco años siguientes. Esta vez se marchó por un decreto comunista, que ordenaba que todos los monjes menores de 55 años y todas las monjas menores de 50 debían dejar los monasterios y volver a la vida laica. En esa época, al menos 4000 monjes y monjas fueron obligados a dejar sus hogares. La ley pretendía debilitar la fuerza de los monasterios y amputar la tradición monástica de Rumanía.

Los padres Cleopa Ilie, Arsenio Papacioc y Ioaniche Balan. Fotografía del 2 de diciembre de 1998.

Los padres Cleopa Ilie, Arsenio Papacioc y Ioaniche Balan. Fotografía del 2 de diciembre de 1998.

Cleopa regresó a Sihăstria en otoño de 1964, pero sólo como confesor de la comunidad entera, y continuó dando consejo espiritual tanto a monjes como laicos durante los 34 años siguientes. En 1990, después del corto retiro de patriarca Teoctisto, debido a las protestas de que él habría colaborado con el régimen comunista, algunos obispos y sacerdotes propusieron a Cleopa al rango de patriarca, pero él lo rechazó y pidió al antiguo patriarca que regresara.

Fue confesor de cristianos de a pie, pero también de personalidades políticas y de jerarcas de algo rango, como el actual patriarca Daniel, el metropolita Serafim de los rumanos en Alemania y Europa Central, el arzobispo Casian de Galati y Brăila y muchos otros. Su celda en Sihăstria era bien conocida como la “cerdac” (veranda abierta), el lugar desde donde impartía sus muchas enseñanzas espirituales. Muchas de estas enseñanzas fueron grabadas y transcritas, tanto durante su vida como tras su muerte. La serie “Ne vorbește părintele Cleopa” (“El padre Cleopa nos habla”) que ha alcanzado su decimosexta secuela, gracias a su discípulo Ioaniche Bălan, es quizá el libro más leído de la ortodoxia rumana, después de la Biblia y las vidas de los Santos.

El padre Cleopa murió el 2 de diciembre de 1998 en el monasterio Sihăstria, después de un largo sufrimiento. En los últimos años, se había caído y roto el brazo, lesión que le había debilitado mucho. El funeral fue oficiado por ocho obispos, muchos sacerdotes y monjes en la iglesia del monasterio, aunque el patio interior y exterior del monasterio estaban llenos de gente. En el momento en que su ataúd fue colocado en la tumba, el sol salió repentinamente de entre las nubes, algo que muchos interpretaron como un signo de su santidad.

El padre Cleopa de cuerpo presente.

El padre Cleopa de cuerpo presente.

Veneración
El padre Cleopa fue un fuerte defensor del estilo de vida tradicional ortodoxo y tuvo una gran influencia en los posteriores eventos de la Iglesia Ortodoxa Rumana. Su popularidad por su ascetismo, originalmente combinada con su amabilidad, le hizo tan popular que muchos rumanos le reconocen hasta hoy como el más destacado representante espiritual.

El padre Cleopa no vivió de forma diferente a pesar de ser tan popular. Él siempre se vio como una persona inútil y constantemente minimizaba sus obras y sufrimientos a lo largo de su vida. Saludaba a sus visitas con las palabras “¿Para qué has venido a ver a esta moș putregai (vieja podredumbre)?” Cuando alguien intentaba cantarle el “y que sean muchos más” en su cumpleaños el día de San Cleofás, él replicaba: “No cantes eso, sino “Eterna Memoria” (que es el canto de Réquiem por los muertos), o: “No cantes eso, sino “Feliz cumpleaños, vieja podredumbre”.

También solía decir a cualquiera, como consuelo paternal, “mânca-te-ar Raiul” (“que te trague el Paraíso”, “vete al Paraíso”), que era lo contrario a la conocida maldición rumana “mânca-te-ar iadul” (“que te trague el infierno”, “vete al infierno”), y siempre se despedía diciendo adiós con la fórmula: “¡Que todos nos encontremos en el Paraíso!”

Vista actual de la celda del padre Cleopa, con sus objetos personales. Destaca su retrato con su frase: "¡Vete al Paraíso!"

Vista actual de la celda del padre Cleopa, con sus objetos personales. Destaca su retrato con su frase: “¡Vete al Paraíso!”

A pesar de que era estricto en cuanto a respetar las tradiciones ortodoxas del ayuno, la oración, la confesión, la conducta moral, muchos dan fe de su amabilidad y comprensión como confesor. Nunca dejó de lado el humor en sus discursos. Si alguien quería fotografiarle, solía decir: “Busca a un burro, hazle una foto y escribe “Cleopa” debajo de él”, aunque realmente no rechazaba las fotos ni las tecnologías modernas.

En contra de la ascesis radical, rechazaba que los monjes se fueran a lo agreste o a la reclusión, si al menos no habían vivido unos 20 años en un monasterio.

Su punto de vista sobre la importancia de la ecología y la responsabilidad del hombre de amar y defender el mundo natural como creación de Dios fue un largo camino para garantizar la implicación de la Iglesia Rumana en abrazar puntos de vista ecológicos.

Su mansedumbre puede considerarse su “especialidad” junto con su modestia. A pesar de su poder de influencia en la Iglesia, así como su vasta sabiduría, que no era realmente académica, sino profundamente monástica, él no tuvo ningún beneficio personal ni de de imagen. En lugar de esto, se convirtió en un emblema del rejuvenecimiento de la Iglesia tras la revolución de 1989 y un icono para muchos cristianos en Rumanía, que guardan una foto suya como si fuese un icono, aunque no está todavía oficialmente proclamado como Santo.

Una devota reza ante la tumba del padre Cleopa.

Una devota reza ante la tumba del padre Cleopa.

La tradición y el folclore realzadas en torno a la personalidad de este hombre son muy grandes e incluyen no sólo muchas enseñanzas cortas, según la tradición ortodoxa del desierto, sino también milagros y finos consejos.

Mitrut Popoiu

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