Venerable María de Jesús de Tomelín y del Campo: «el Lirio de Puebla»

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Retrato colonial de la Venerable madre Tomelín. Foto cortesía de Tacho de Santa María.

María de Jesús de Tomelín del Campo nace un 21 de febrero de 1579 en la ciudad de Puebla de los Ángeles, México, hija de don Sebastián de Tomelín y doña Francisca del Campo. Varios biógrafos de la Venerable refieren como en toda buena leyenda de santos, de milagros piadosos que sucedieron en su niñez y de apariciones de la misma Virgen.

Se dice que su madre habiendo tenido un terrible percance en el octavo mes de gestación y por miedo a perder la criatura, se encomendó a la Inmaculada Concepción y se dice que la misma Virgen le dijo: “Hija, no temas; yo te ayudaré y tomare a mi cuidado a la niña que tan de corazón me has ofrecido”. Al siguiente mes nació la niña sana y salva y sin ningún percance, su madre siendo tan devota de la Virgen siempre le repetía el nombre de esta a la niña, lo que hizo que sus primeras palabras fueran “Ave María”. Como en otras leyendas piadosas se dice de la madre Tomelín que desde los tres años hacia oración mental y que a los 5 años ya tenía arrebatos de éxtasis. Aunque esto parezca difícil de creer hay que recordar que es algo muy repetido en varias vidas de Santos como referencia a que desde muy pequeños se habían entregado por completo a Dios.

Cuando ya tuvo cierta edad, el deseo de ingresar como religiosa en María de Jesús ya era muy grande, pero se interponía su padre, quien quería casarla con algún joven de buena familia. Llegó al grado de amenazar a su hija y casi intentar matarla con un puñal por querer seguir la vida religiosa, pero su madre al ver estos sucesos extremos planeó la forma de ingresar en secreto a su hija al convento concepcionista y un día regresando de misa, siendo escoltadas por el hijo mayor, pasaron por el convento y la madre alegando que tenia sed y querían pedirle un vaso de agua a las religiosas aprovechó para meter a María en el convento y estando dentro esta se apego al privilegio de ser lugar de asilo y ya nadie la pudo sacar de nuevo del convento. A los 19 años de edad en 1598, María vistió el hábito de la Concepción, tomando por nombre Sor María de Jesús.

Óleo colonial de la Venerable. Foto cortesía de Tacho de Santa María.

Ya como religiosa su fama de santidad se extendió al grado de ser consultada por el obispo de Puebla para resolver situaciones difíciles. Su amor a María la llevó a fundar varias cofradías entre las hermanas del convento: la Cofradía del Rosario, la del Carmen y la del Dulce Nombre de María.

Debido a su piedad estuvo a punto de ser elegida como abadesa, pero cuando la madre Tomelín se enteró de esto comenzó a hacer oración pidiéndole a Dios que no permitiera tener aquella carga y que le diera otra cruz a cambio. Al hacer la elección salió elegida otra religiosa. Todo esto provocó que muchas de las religiosas que antes la habían apoyado y admirado se pusieran en su contra y le echarán la culpa de muchas cosas que sucedían en el convento debido a que no había querido aceptar el cargo de abadesa. Esto llegó a tal grado que el Obispo tuvo que llamar a sor María de Jesús a su presencia. Al llegar ante el obispo este la cuestionó sobre todas las culpas que se le imputaban y la madre Tomelín solo contestaba que ella era culpable y que no era digna de vestir el hábito de la Concepción y que todas las demás hermanas eran mejores que ella; debido a la obediencia tuvo que contestar uno a uno los cuestionamientos que le hacia el Obispo, y este al escuchar las respuestas pudo darse cuenta de que sor María era inocente de todas las culpas.

Mucho se dice en la vida de sor María como en otros casos de visiones sobre la Virgen con el Niño, de varios santos de su devoción y varios éxtasis.

También tuvo el don de profecía y una de las más interesantes es esta: “Yo he de morir pronto, después de mi morirá el Señor Obispo, a quien sucederá un pastor escogido y santo, aunque a esta hora no está ordenado todavía de sacerdote, cuyo gobierno será justo y santo…” Un año después del fallecimiento de la madre Tomelín, falleció el Obispo y su sucesor fue el Beato Juan de Palafox y Mendoza.

Actual tumba de la Venerable madre Tomelín del Campo, en el Convento de la Inmaculada Concepción, de Puebla, Puebla. Foto cortesía de Tacho de Santa María.

La madre Tomelín fallece el 11 de junio 1637 y en 1661 el obispo Diego Escobar y Llamas introdujo su causa y se logró que fuera declarada Venerable. Hasta 1946 su proceso seguía vigente, pero por desgracia hasta el día de hoy no se ha logrado la beatificación. Sus reliquias estuvieron primero en el convento de la Concepción de Puebla, posteriormente pasaron al templo de Santa Gema en la misma ciudad de Puebla y actualmente al haberse cambiado el Convento concepcionista de sitio las reliquias se encuentran dentro del mismo pero al ser de clausura es difícil el poder visitarlas; quizá esto mismo haya hecho que su devoción fuera disminuyendo.

Actualmente es muy desconocida y muy difícil de encontrar bibliografía sobre ella fuera de Puebla, se narra que muchos milagros se consiguieron mezclando agua de San Miguel del Milagro con tierra de la tumba de la madre Tomelín, pero como bien se sabe en estos casos, es difícil saber quien hizo el milagro si San Miguel o la madre Tomelín.

André Efrén

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Santa Beatriz de Silva, fundadora de la Orden de la Inmaculada Concepción

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La Santa fundadora con la Inmaculada Concepción, patrona de su Orden.

Beatriz de Silva y Meneses fundadora de la Orden de la Inmaculada Concepción (Concepcionistas Franciscanas) fue hija de Ruy Gómez de Silva y de Dña. Isabel Meneses. Durante la estadía de Ruy como militar en Ceuta, brilló como ejemplar soldado, tanto que el Gobernador don Pedro de Meneses, Conde de Viana le ofrece la mano de su hija. En esta familia nacería nuestra Santa, familia formada por once hijos. Es por este dato que muchos han creído que Beatriz vino al mundo en Ceuta, pero la Orden considera a Campo Mayor, como lugar natal de su ilustre fundadora en el año de 1426. Entre sus hermanos se encuentra el Beato Amadeo de Silva de la Orden Franciscana y fundador de los Amadeístas.

El padre es nombrado Alcalde de la Villa de Campo Mayor gracias a su desposorio con Dña. Isabel que pertenecía al linaje de la Casa Real de Castilla; en aquel lugar administraban la parroquia los franciscanos, quienes inculcaron a la pequeña Beatriz una piedad y un amor a Dios y a su Madre Santísima, en especial al misterio de su Concepción Inmaculada, del que la Orden Seráfica ha sido siempre abanderada. La niña Beatriz era tan bella que sus biógrafos nos dicen que posó para hacer una pintura de la Virgen que su padre mandó hacer para el Oratorio del castillo. El pintor que venia de Italia sugirió que no había mejor modelo que la dulce Beatriz y las facciones de la adolescente quedaron plasmadas en la obra a la que después se le llamó: “la Madonna de los Ojos cerrados”.

Su niñez y adolescencia transcurrió como cualquier persona de su rango y posición, a la vez que aumentaba su belleza y su piedad muy prematura en ella. La vida reservaba para Beatriz, un gran proyecto, pero lejos de sus padres. Al casarse la hija del príncipe Don Juan de Portugal, Dña. Isabel, como segunda mujer Don Juan II de Castilla, lleva a Beatriz como su dama, residiendo en Tordesillas, Valladolid. A sus 20 años se distinguía en la corte castellana por su belleza, pues se decía que era la mujer más bella de España, esta fama cundía en toda la Península y el rey recibía peticiones de su mano por todos los jóvenes de la nobleza. La negativa real hizo suponer -como cruel calumnia- que el monarca también estaba enamorado de la joven. La reina Isabel –celosa terrible- en un rapto de locura intentó poner un remedio criminal al asunto; invitó a su dama a que la acompañara y al pasar junto a un arcón, deliberadamente abierto, la empujó dentro, cerrándolo con llave sin escuchar los gritos de desesperación de la doncella.

Óleo de la Inmaculada Concepción basado en la visión de la Santa. Obra de José de Ibarra, Templo de San Diego, Guanajuato (México).

Pasaron tres días y su tío Don Juan de Meneses inició la búsqueda, implorando la ayuda del monarca; al ser cuestionada duramente la reina, confesó su acción y los condujo hasta donde se encontraba Beatriz, que supusieron asfixiada. Para sorpresa de todos, la muchacha estaba con vida y muy tranquila, les relato que al poco de quedar encerrada, la Virgen María se le apareció, la consoló grandemente y le hizo esta petición: “Hija mía, no temas. Pronto quedaras libre y mi deseo es que fundes una Orden en honor de mi Inmaculada Concepción. El vestido de tus hijas será éste que llevo: una túnica blanca y un manto azul”. La reina, arrepentida, tomó personalmente el patrocinio de esta iniciativa y envió a Beatriz junto con dos doncellas a Toledo. Se dice que en este recorrido la acompañaron San Francisco de Asís y San Antonio de Padua, que la consolaron y vaticinaron el porvenir de la futura Orden que debía fundar.

Al llegar a Toledo, por la Puerta de Visagra y dirigirse a la Plaza de Zocodover, llegó al Templo de Santa Leocadia, donde se reconfortó para luego proseguir al convento de la Monjas Cistercienses de Santo Domingo de Silos, (en recuerdo de esto, sus hijas le tuvieron una gran devoción a la santa mártir). Llegó al citado Monasterio en 1453, llevando una vida retirada mientras llegaba la hora de poner en obra el mensaje de la Virgen. Ofreciendo a Dios su virginidad, llevaba por devoción el rostro siempre cubierto con un velo blanco y conducida por una vida ejemplar y santa. En el Monasterio Cisterciense toledano estuvo 30 años como beata o agregada pero sin pertenecer a esa Orden.

Muerto el rey Juan II, la reina viuda reconoció la promesa hecha a Beatriz y con su hija Isabel –la Católica- renovó el compromiso, dado que la Virgen había urgido a la santa para que fundara la Orden. Es así que en 1484 deja el Monasterio de Santo Domingo de Silos y con la ayuda de la Reina Isabel la Católica y el papa Sixto IV, cambia de casa con doce compañeras al Palacio de Galiana con la Iglesia de Santa Fe, regalo de la reina para iniciar la vida comunitaria y en la cual nuestra santa escribe la regla. Isabel al ser ya soberana plena de Castilla solicita al papa Inocencio VII la aprobación, concediéndola el pontífice mediante la bula “Inter Universa”, el 30 de abril de 1489, sometiéndolas a la Regla del Cister; la adopción de la regla autónoma de la Orden inspirada en la de San Francisco de Asís, tendrá aún que esperar bastante tiempo a la muerte de la fundadora.

Escudo de la Orden de Concepcionistas Franciscanas fundada por la Santa.

Antes de que la Bula fuera enviada a Toledo, llegó un joven al Monasterio pidiendo hablar con la Sierva de Dios, y diciéndole que la aprobación era un hecho, pero en la nave donde venia desde Roma el dicho documento había naufragado. Grande fue el desconsuelo que tuvo Beatriz que durante tres días rogó al cielo una señal, sobre todo implorando la ayuda del Arcángel San Rafael, del que ella era devota y que había sido él en forma de joven que la visitó. Al tercer día por Inspiración Divina, le fue ordenado abrir cierto cofre donde apareció la Bula de Aprobación. Este hecho, corrió por la ciudad que llamo a tal documento la “Bula del Milagro”.

Cuando después de largos preparativos para la solemne promulgación de la Orden, solo faltaban 10 días, en agosto de 1491, Beatriz enfermó gravemente y entonces la Virgen María se presentó ante ella diciéndole: “Hija mía, de hoy en diez días vendré a buscarte para traerte conmigo al cielo…”. Llegando el día, en su lecho de muerte acompañada de las doce religiosas próximas a tomar el hábito, y de algunos padres franciscanos, cuando el fraile iba a hacer una cruz con la Santa Unción, levantó el velo que la cubría y admirado observó en la frente de la enferma una estrella brillante, (la cual forma parte de la iconografía de Santa Beatriz), mientras su rostro se presentaba como una persona que está en el cielo, según algunos testigos. Después de haber recibido públicamente el nuevo hábito y Regla del gran Padre San Benito de Norcia según las constituciones del Cister, entregó su bienaventurado espíritu en manos de su Creador , a la edad de 66 años. Así terminó la vida y labor en la tierra de la Santa e inició formalmente la Orden de la Inmaculada Concepción.

Aun así, pareciera que con la muerte de Santa Beatriz acabaría poco a poco la obra emprendida por ella, pues queda desprotegida por el problema de la adopción de regla propia. Poco tiempo después de la muerte de la Venerable Madre Beatriz, ésta se le aparece al fraile franciscano Juan de Tolosa, pidiéndole que velara por su Orden, siendo así la Orden Franciscana protectores de las Concepcionistas. En 1504, el Papa Julio II, por fin la subordinó oficialmente a la Orden Franciscana, y en 1511 otorgó sus propias normas escritas por la fundadora y las declaró sujetas a la autoridad diocesana. En 1520, León X les hizo extensibles los privilegios de las Clarisas.

Fundadora e hijas, santidad concepctionista.

Durante la Guerra Civil desatada en España, el convento Madre de la Orden fue saqueado y las reliquias de la Venerable Beatriz de Silva fueron profanadas. Fueron encontrados y recuperaros gracias a la estrella de metal que tenía el cráneo. Fue beatificada en el año de 1926 por Pio XI y canonizada por el Beato Pablo VI en 1976.

La Orden de la Inmaculada Concepción es una orden contemplativa, que vive en el Misterio de Jesucristo, con entrega generosa y libertad de disponer desde la fe y la oración la vida, manteniendo viva la lámpara que santa Beatriz encendió para salvación de las almas. Las Concepcionistas se consagran totalmente a Dios, desposándose con Jesús, a honra de su Inmaculada Madre, realizando el seguimiento de Cristo a ejemplo de María en el silencio.

La Orden Concepcionista tuvo el enorme privilegio de ser la primera Orden religiosa femenina que arribó a América, gracias a las gestiones de Fray Juan de Zumárraga, Obispo electo de México y disposición de la reina Isabel de Portugal, esposa de Carlos V. Llegando las primero seis mujeres, que eran beatas del Monasterio de la Concepción de Salamanca en 1530. Ya recibidas y aposentadas en la capital mexicana se le unieron otras más venidas de Toledo, quienes por acuerdo del Papa Paulo III, las autorizaciones del Emperador, el Virrey Dn. Antonio de Mendoza y del ya Arzobispo Fray Juan de Zumárraga, fundaron en 1540 el primer convento femenino de la Nueva España, en el barrio de Cuepopan de la Ciudad de México.

Destacan entre las más ilustres hijas de Santa Beatriz varias mujeres de gran espiritualidad y ascetismo muchas de ellas en proceso de beatificación y canonización como:
La Madre María de Jesús de Ágreda, autora del libro La Mística Ciudad de Dios, la cual es una defensa y exaltación al privilegio de la Concepción Inmaculada de María Santísima.
La Madre María de Jesús Tomelín Medina del Campo, llamada “el Lirio de Puebla”, monja taumaturga del Convento Concepcionista de la Ciudad de Puebla de los Ángeles, México.
La Madre María Dolores del Patrocinio, amiga y confidente de la reina Isabel II, promotora de la devoción de la imagen de la Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias.

Madres Concepcionistas del monasterio de San Francisco de Santiago Michac, Tlaxcala, México; con su patrona, la Inmaculada Concepción.

La Madre Mariana Francisca de Jesús Torres y Berriochoa, que vino desde Vizcaya a la fundación del convento concepcionista de Quito, Ecuador.
La Madre María del Carmen Lacaba y sus compañeras mártires, víctimas de la Guerra Civil Española y beatificadas por el papa San Juan Pablo II.
Sor María de los Ángeles Sorazu, mística española de principios del siglo XX.
La Sierva de Dios Madre Mercedes de Jesús Egido Izquierdo, renovadora de la Orden.
Y sin duda muchas más que engrosan esta lista de santidad, hijas de Sta. Beatriz.

Tacho de Sta. María

Fuentes:
Las Iglesias de la Puebla de los Ángeles, Tomo II. Autores Eduardo Merlo Juárez y José Antonio Quintana Fernández. Secretaria de Cultura/ Gobierno del Estado de Puebla, Universidad Popular Autónoma de Puebla. Octubre de 2001.
-Sitio web consultado: www.franciscanos.org/santoral
Novenario de San Francisco de Asís. Día 5. Tema: La Virgen en la Vida Franciscana. Octubre 2011, Fray Alberto Martínez Galindo. Convento Franciscano de San Gabriel Arcángel, San Pedro Cholula, Pue.
– Colaboración de Fray Alberto Martínez Galindo O.F.M y las Hermanas de la Orden de la Inmaculada Concepción (Concepcionistas Franciscanas), del Monasterio de Ntro. Padre San Francisco de Asís de Santiago Michac, Tlaxcala, Méx.

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