Los Santos y la medicina (I)

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Icono ortodoxo ruso de San Pantaleón.

Prefacio
Sólo donde florezca un anuncio de redención que contenga la explícita promesa de la resurrección de la carne, puede ser vencido el temor a la muerte aquí en la tierra. Es el ofrecimiento de Cristo a la libertad humana; pero precisamente porque está consignado a la libertad, este don no evita el drama del último viaje, la pérdida total siempre desagradable, la muerte y todo lo que la rodea de sufrimiento y de enfermedad. Si Cristo nos ha liberado del miedo a la muerte, nos ha dejado la lucha diaria para que nos eduquemos en asumir en nuestra propia persona el poder de su victoria: “mors ero mors tua” (la muerte será tu muerte).
Los cristianos damos así testimonio desde el lecho de la enfermedad, no dejamos de atestiguar, también al hombre de hoy que está sofisticado pero también está perdido, la conveniente belleza del seguimiento de Cristo: “porque si vivimos o morimos, somos del Señor” (Romanos, 14, 8).

Las ejemplares figuras de los santos hospitalarios, se centran de manera persuasiva y convincente en su testimonio, vivo y lleno de caridad… prolongando en la historia la figura de Cristo médico: Camilo, Juan de Dios, Benito Cottolengo, José Moscati, Ricardo Pampuri y otros muchos, ¿qué nos enseñan? Normalmente, en el origen de sus testimonios existe la necesidad de responder de manera concisa identificándose totalmente con Cristo. Esta tesis tiene personal y comunitariamente, una atención integral. Además, ofrecen toda su vida por lo que son testigos de una brillante mezcla de amor y de inteligencia que inculca en uno mismo y en los demás una cierta esperanza.

Card. Angelo Scola
(La Buona Salute…, Ed. Cantagalli)

Introducción
“En Él hemos sido elegidos, antes de la creación del mundo, para ser santos e inmaculados en el amor” (Efesios 1,4). Existe un designio que nos precede. Esto es, una acción de Dios, absolutamente libre y gratuita: prescindir de todo nuestro derecho y de todo nuestro mérito porque “Él nos eligió antes de la creación del mundo”. Nos ha amado siempre y desde el principio, “para ser santos… en el amor”. Siempre será una exageración hablar de santidad en la actualidad, ya que se habla más de personalidad, de dignidad, de realización de sí mismo… La santidad es considerada intimismo, intolerancia, evadirse de la tierra para pensar en el cielo… Sin embargo, paradójicamente, la verdadera realización de uno mismo es, precisamente, la santidad, porque esta es la plenitud de la vida cristiana, es el cumplimiento del designio del amor de Dios, que quiere que seamos felices, como Él lo es: “Sed santos porque yo soy santo” (Levítico, 11, 44).

La imposibilidad de lograr la santidad es el mayor y verdadero fracaso de nuestras vidas. Todas las demás cosas son relativas, no son definitivas, pero si es verdad que nos pueden ayudar en el camino de la perfección. Si hay alguna cosa que nos debe doler es el no ser santo: decepcionar a Dios por no haber respondido a sus expectativas, por haber frustrado su proyecto, su gracia. Gracias al misterio de la Comunión de los santos, nuestra pobreza espiritual influye negativamente en el Cuerpo Místico de Cristo, nuestra mediocridad y nuestra fealdad hace más opaco y más lleno de arrugas el rostro de la Iglesia.

Detalle de San Lucas (s.XVII) en la Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

El no ser santos es también una responsabilidad social; se ha dicho que un alma que se eleva, eleva al mundo entero. Simon Weil escribió: “hoy en día tenemos la genialidad de la santidad, el momento actual exige una santidad nueva, sin precedentes. El mundo necesita santos geniales, como una ciudad en la cual la peste está haciendo estragos, necesita de buenos médicos especialistas”. (Pensamientos desordenados sobre el amor de Dios).
Y el papa San Juan Pablo II: “Los santos salvan a la Iglesia de la mediocridad, la reforman por contagio y la conducen por donde debe ir” (Discurso a los jóvenes, del 5 de octubre de 1986). Nos preocupamos mucho por agradar a los hombres y descuidamos nuestra relación con el Señor. Apreciamos el afecto y la estima de las criaturas e ignoramos fácilmente el juicio de Dios. Somos serviciales ante los poderosos de este mundo y perezosos con aquello que Dios quiere: “¿Para qué le vale al hombre ganar todo el mundo si se pierde a sí mismo?” (Lucas, 9, 25).

¿Qué sentido tiene la vida, la vocación, el trabajo, la lealtad, la alegría, el conseguir nuestras metas, si no se tiende a la santidad? ¿Para qué sirve vivir si no es para crecer en el amor? ¿Para qué sirve morir si no es para realizar eternamente lo propio y realizarse por siempre en él? (G. Courtois). No les ha faltado ni el aliento ni la ayuda a aquellos que han llegado a la meta; ellos brillan como estrellas en el cielo. Por esto, los veneramos, los amamos y esforzamos por imitarlos. Ellos nos demuestran que ser santos es posible. Decimos como decía San Agustín: “Si este y el otro lo han hecho, ¿por qué para mi va a ser demasiado trabajoso?” Él nos exhorta a ser vigilantes y generosos, a no ceder ante las lisonjas ni ante las amenazas del mundo, a no atar el corazón a las cosas que pasan, a agarrarnos a la Roca de nuestra salvación.

Decía Bergson: “Los santos no necesitan exhortarnos. Basta solo con que existan. Sus vidas nos interpelan, desafían”. Nos interpela la vida luminosa de María, de Lucía, del apóstol Pablo… Nos interpelan y nos llaman a la responsabilidad, despiertan nuestros más altos ideales, estimulan nuestras mejores energías, nos lanzan con decisión hacia lo más alto. Porque como hemos dicho muchas veces, se nos hace volar hacia lo más alto. Como el águila, pero sin la soledad del águila. El Espíritu Santo, que vivifica y santifica, ya está haciendo su obra; seamos dóciles a su guía. Vamos a crear, vamos a llevar, no nos entristezcamos. Él es el principio de una vida nueva, es el Maestro interior, del cual debemos dejarnos conducir.

(Mons. Giuseppe Costanzo, arzobispo de Siracusa)

La santidad tiene muchos rostros: desde la mística hasta la elección del mundo como teatro de actuación de la acción salvadora de Dios y lugar de difusión de su Palabra.
Entre estos últimos, tenemos a los santos que se esforzaron en el arte de la medicina, en la curación de los enfermos. He aquí un modesto elenco de ellos:

Icono ortodoxo búlgaro de los Santos Cosme y Damián, siglo XIX.

Santos, Médicos, Medicina y Enfermos

San Lucas Evangelista, patrono de los médicos y farmacéuticos. Exactamente no se sabe si verdaderamente era médico, aunque todos le reconocen habilidades médicas.

San Alejandro de Lyon, oriundo de Frigia y mártir en Lyon alrededor del año 200.

San Zenobio Sidonense, mártir en tiempos del emperador Diocleciano, sacerdote en Sidón (Líbano).

San Dionisio de Roma. En algunos epígrafes se dice que era “un médico hábil” y que curaba gratuitamente.

San Teodoro de Laodicea, obispo de Laodicea aclamado por el pueblo como médico apreciado.

San Cesareo, natural de Nacianzo, en Capadocia, en el año 330, hijo de los santos Gregorio y Nona, sacado de las ruinas de su casa que fue destruida durante un terremoto que le reportó graves heridas, a consecuencia de las cuales falleció.

San Pantaleón, considerado con Lucas, Cosme y Damián, patrono de los médicos. En la iglesia de san Pantaleón, en Roma, sede de la Asociación Italiana de Médicos Católicos, se distribuye el agua bendecida con las reliquias del santo. Nació en el año 283 en Nicomedia. Después de soportar varias torturas y realizar muchos milagros, fue decapitado. La ampolla que contenía su sangre está distribuida entre varias iglesias: Ravallo (la porción mayor); Iglesia Nueva de Santa Maria in Vallicella en Roma; la Basílica de san Marcos en Venecia; en Nápoles, en San Gregorio Armeno; en Vallo; en Lanciano; en Montauro (CZ) y en Madrid, España. Como la sangre de San Jenaro, la sangre de San Pantaleón también se licúa.

Santos Cosme y Damián, patronos de los médicos. Después de varias e inútiles tentativas para matarles, fueron decapitados. Hicieron muchos milagros. Se dice que realizaron trasplantes de piernas. La Basílica a ellos dedicada en Roma está situada en la vía Sacra ai Fori Romani.

Vista del ábside de la Basílica de los Santos Cosme y Damián, Roma (Italia).

San Emiliano, murió en Cartago a manos de los vándalos de Hunerico en el año 484.

San Liberato, graduado en medicina en Boloña. Murió mártir el día 23 de marzo del año 484.

San Liberato de Scandiano, llamado Cesare Magati, médico en el año 1600 en Emilia Romaña. Se graduó en Bologna y perfeccionó sus estudios en Roma, enseñando medicina en la Universidad de Ferrara. Murió en el quirófano en una operación de cálculos.

San Guillermo Firmat, nacido al inicio del milenio en Tours. En Francia existen tres Fuentes que llevan su nombre, junto a las cuales, se dice que surge agua milagrosa. Una está adjunta a la iglesia que lleva su nombre en Tours, otra en la carretera que va desde Mortain a Teilleul y la otra junto a la iglesia de Mantilly, en la diócesis de Selz.

San Gil de Santarem, de Vagliadinos (Portugal), nacido en el año 1190. Estudió medicina en París. Sus contemporáneos lo consideraron un hechicero, hijo del demonio, alquimista al servicio del “Señor de las tinieblas”, un brujo. Se decía que había hecho un pacto con el diablo. En un sueño legendario encontró la conversión y en el año 1221, entró en el convento de Santarem (Santa Irene), donde vivió hasta los 75 años de edad.

Santa Hildegarda de Bingen, nació en el 1098 en Berbersheim, en Francia, en la diócesis de Mainz, siendo la décima de diez hijos y por esto fue destinada a la vida religiosa. Entró con ocho años en el monasterio benedictino de Disibodemberg, y recibió el velo a los quince años. Nunca realizó ningún curso de medicina, pero por sus numerosísimos escritos médico-científicos “inspirados por el Espíritu Santo”, siempre se le atribuyó la calificación de médico, función que practicaba dentro de la abadía. Fue también abadesa del convento y fundo además la abadía de Rupertsberg.

San Juan XXI (Pedro Hispano). Nació en Lisboa. Después de realizar estudios en Francia, fue docente en Siena y seguidamente en Roma y en Viterbo. Fue amigo y médico de los papas Urbano IV, Clemente IV y Gregorio X. Eran tiempos en los que los papas morían muy pronto. A estos tres les sucedieron Inocencio V y Adriano V. El día 13 de septiembre de 1276 los cardenales eligieron papa a Pedro, que tomó el nombre de Juan XXI, causando gran rabia entre los franciscanos y dominicos que lo tachaban de mago. Dante lo puso en el Cielo del Sol.
Después de ocho meses de pontificado, durmiendo en su cama, cayó al darse una vuelta y después de siete días de agonía, murió.

Grabado del papa San Juan XXI (Pedro Hispano).

San Felipe Benizi, nacido en Florencia en el año 1233 en el seno de una familia noble. Desde su infancia, su vida estuvo salpicada de hechos milagrosos y de santidad. Estudió medicina en París y después en Padua y graduándose, ejerció la profesión en Florencia. Allí conoció a los Siervos de María y por ello decidió ingresar en la Orden, abandonando definitivamente la profesión de médico y dedicándose a la difusión de la Orden de los Servitas en Francia. Rechazó por dos veces el papado (en su puesto estuvieron Clemente IV y Gregorio X). Murió el 22 de Agosto de 1285 en Todi.

Beato Marcos de Montegallo, nacido en Santa Maria in Gallo, fue un gran médico en Ascoli. Se casó y posteriormente, comprendiendo que su vocación no era la de esposo ni la de médico, se hizo Fraile Menor Observante. Fue un gran difusor por toda Italia de los bancos caritativos de empeño, llamados Montes de Piedad. Murió de una enfermedad en la garganta (contra estos males es invocado) en Piacenza en el año 1490.

Damiano Grenci

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Santos Cosme y Damián, mártires

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Iluminación de los Santos en un manuscristo del siglo XV, Toulouse (Francia).

Los santos Cosme y Damián sufrieron el martirio en Ciro, ciudad episcopal, cuyo obispo Teodoreto, muerto en el año 458, los recuerda y los llama atletas y mártires generosos. Allí estaba su basílica martirial, muy célebre en la antigüedad desde la cual, su culto se difundió por todo el mundo. Aunque en Oriente hubo un momento en el que se perdió la noción de unidad de este grupo de dos santos y surgieron otros muchos grupos ficticios, ninguno de ellos tuvo una fiesta propia.

En el Martirologio Jeronimiano fueron conmemorados como mártires en días y lugares diferentes, pero sin embargo los latinos siempre fijaron su fiesta el día 27 de septiembre. Este hecho se basa en los sacramentarios romanos y su origen fue el día conmemorativo de la dedicación de su basílica en el Foro Romano. El elogio que se hace en el Martirologio Romano tiene como autor a Usuardo (siglo IX), quien a su vez lo copia de una “passio” que no goza de mucho crédito entre los autores más críticos. Cosme y Damián son considerados santos protectores de los médicos y tal creencia proviene del hecho de que fueron considerados “santos curanderos anargiros”, esto es, que curaban sin que les pagasen.

Según la “passio” Cosme y Damián nacieron en Arabia, pero fueron a Siria a aprender ciencias, especialmente medicina. Se establecieron en Egea, ciudad de Cilicia, donde ejercieron como médicos mostrándose al mismo tiempo como valientes cristianos y usando su profesión para hacer proselitismo cristiano. Durante la persecución de Diocleciano, en el año 303, fueron arrestados por Lisia que era gobernador de Cilicia, el cual después de haberlos torturado salvajemente, los decapitó. Sus cuerpos fueron llevados a Siria y sepultados en Ciro. Años más tarde, el emperador Justiniano que se había curado de una peligrosa enfermedad gracias a la intercesión de los dos mártires, engrandeció y fortificó la ciudad de Ciro.

Esto es lo que se sabe de ellos, aunque existen muchas versiones populares de la “passio” que narra tormentos más o menos ficticios, diálogos entre los dos santos y el gobernador y un sin fin de detalles, cuyo fin es más de pedagogía piadosa que historia propiamente dicha. El estrecho comercio existente entre Roma y Oriente hizo que los dos santos fueran pronto conocidos por los romanos, siendo también probable que tal conocimiento esté estrechamente relacionado con la traslación de reliquias al mismo tiempo.

Martirio de los Santos. Tabla de Fra Giovanni di Fiesole (Beato Angélico). Museo Nacional del Louvre, París (Francia).

En Roma, el papa San Simmaco les dedicó un oratorio próximo a la Basílica de Santa María la Mayor. En el siglo VI, en tiempos de Amalasunta, reina de los godos, el papa Félix IV les dedicó un santuario en un edificio que le regaló esta reina. En él existía un magnífico mosaico del siglo VI representando a Cristo rodeado de nubes, con aspecto solemne y majestuoso como si fuese un juez: el Juez Supremo. Delante de Cristo aparecen los apóstoles Pedro y Pablo presentándole a Cosme y Damián. En una inscripción que aun se conserva, se afirma que el templo estaba dedicado a estos médicos mártires “que traen al pueblo la esperanza de la salud”.

Los nombres de estos dos santos figuran en el Canon de la Misa.Son los dos últimos santos a los cuales se les ha concedido este honor. La antigua Misa de la fiesta de los dos mártires probablemente fue utilizada en la dedicación de su iglesia en el Foro Romano, pero pronto fue también usada como fórmula litúrgica para la misa de otros mártires. La llamada “Commune plurimorum martyrum”, misa para el común de los mártires que no tienen misa propia. Desde Roma, su culto se difundió por toda la región del Lazio. Recordemos como el monasterio de San Clemente fundado por San Benito de Norcia en el Monte Subiaco, en los tiempos del abad Honorato cambió de nombre y se les dedicó a ellos dos.

En la primera mitad del siglo V en Constantinopla se construyeron dos iglesias en su honor. Una tercera y aun una cuarta fueron erigidas también en su honor bajo el emperador Justino. Se les dedicaron iglesias en Scizia, en Capadocia, en Panfilia, en Odessa, en Jerusalén y otros muchos lugares de Oriente.

A partir del siglo V muchos cristianos empezaron a utilizar estos nombres (Cosme y Damián) como nombres propios y una de las basílicas de Constantinopla se convirtió como en un antiguo Lourdes, donde los cristianos enfermos acudían masivamente para ser sanados. De aquí viene el antiguo rito de la incubación: los enfermos pasaban la noche en la iglesia, donde dormían y durante el sueño, los santos venían a curarlos ya realizando una operación quirúrgica cuyos efectos notaban al despertarse, ya aplicándoles unas compresas impregnadas de aceite y cera y otras veces sugiriéndoles algunos remedios un tanto extraños. De estos llamados “milagros” se hizo una primera recopilación en el siglo VI.

Los Santos ejercen su oficio médico. Detalle de la predela del retablo de los Santos Abdón y Senén, de Jaume Huguet (s.XV). Iglesia de Santa Maria de Tarrassa, BArcelona (España).

Existe otra “passio” ésta escrita en árabe que dice que Cosme y Damián fueron martirizados con otros tres hermanos de nombres Antimo, Leoncio y Euprepio. Los Sinaxarios bizantinos conmemoran a los cinco mártires el día 17 de octubre, mientras que como dije antes, la Iglesia latina los conmemora el 27 de septiembre. Esta “passio” a la que he hecho mención, dice que antes de ser decapitados, sufrieron otros martirios de los cuales salieron ilesos: arrojados al agua atados a gruesas piedras (de ahí que sean los patronos de los trabajadores de los balnearios), quemados en la hoguera y aun crucificados. Dice también la “passio” que cuando estaban clavados en las cruces la multitud los apedreó, pero que las piedras, sin tocarlos, rebotaban golpeando a quienes las tiraban. Como se comprenderá, estos son hechos dudosamente verosímiles, más propio de una narración piadosa que de una narración histórica.

En Bizancio se dio un hecho cuanto menos curioso: hubo un momento en que veneraron a tres pares de santos con los nombres de Cosme y Damián. Los de Arabia (que son estos de los estamos escribiendo y que fueron decapitados en tiempos de Diocleciano), otro par de Roma que murieron apedreados durante el reinado de Carino y un tercer par (los llamados hijos de Teodota) que no fueron mártires. Evidentemente, se trata de los mismos.

El Martirologio Romano los reseña así:”En Egea, ciudad del Asia Menor, los dos santos hermanos Cosme y Damián, que en la persecución de Diocleciano sufrieron diversos tormentos, cargados de cadenas fueron arrojados a la cárcel, pasados por el agua y por el fuego, crucificados y por fin asaeteados sin experimentar daño alguno gracias al auxilio divino; acabaron siendo decapitados en el año 287”.

Sus reliquias son veneradas en Roma y en muchísimas otras partes del mundo, siendo el caso de que si se juntasen todas ellas se podrían formar una docena de esqueletos completos.

Altar con las reliquias de los Santos en Roma, Italia.

En la Edad Media se decía que dedicados a la medicina por mandato del Espíritu Santo, Cosme y Damián unieron esta actividad profesional a una intensa actividad apostólica y tanta fue su fama en la antigüedad que el emperador Justiniano les dedica una basílica.

Como eran y aun hoy son considerados patronos de los médicos, esto dio origen a la fundación de potentísimas cofradías en Francia, en Italia y en Flandes y, consecuentemente, eran también invocados como los santos protectores de los hospitales. ¿Y por qué los barberos o peluqueros le rinden culto? Como enla Edad Media estos profesionales practicaban la llamada medicina menor (¿quién no recuerda cuando en las barberías se quitaban las muelas?), pues simple y llanamente ese era su origen. También se encomendaban a ellos los enfermos renales, los de garganta, contra la peste, etc. y por eso se les representa como santos sanadores con las manos reverentemente escondidas bajo un manto recibiendo del Señor un cofre con los instrumentos quirúrgicos. Así están representados en un cofre relicario que se encuentra en la catedral de Kraków (Polonia), en unos frescos del siglo XIV en la iglesia metropolitana de Mistrá (Grecia) y en otros muchos lugares, sobre todo italianos. En Francia su culto fue particularmente floreciente a partir del siglo XII con la fundación de una Colegiata en la ciudad de Luzarches, en la que pusieron reliquias traídas desde Jerusalén.

Terminaremos este artículo recordando lo que escribía San Gregorio de Tours en el siglo VI en su libro “De gloria martyrum”: “Los dos hermanos gemelos Cosme y Damián, médicos de profesión, después que se hicieron cristianos, espantaban las enfermedades con el solo mérito de sus virtudes y la intervención de las oraciones. Coronados tras diversos martirios, se juntaron en el cielo y hacen a favor de sus compatriotas numerosos milagros. Porque si algún enfermo acude lleno de fe a orar sobre sus tumbas, al momento obtiene curación. Muchos refieren también que estos santos se aparecen en sueños a los enfermos indicándoles lo que deben hacer y, luego que lo ejecutan, se encuentran curados. Sobre esto yo he oído referir muchas cosas que sería demasiado largo de contar, estimando que lo dicho es suficiente” Está claro que San Gregorio de Tours no conocía los hospitales modernos ni los avances de la medicina.

Antonio Barrero

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Santos Médicos

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Pregunta: hola me podrian informar sobre el santo patrono de los doctores..se los agradeceria mucho felicidades por la pagina…:D

Respuesta: Gracias por las felicitaciones. Pues resulta que no hay un santo patrón de los doctores, sino varios. Aquí tienes los principales:

San Pantaleón mártir,  S.IV (27 de julio): Fue un rico médico “pagano” de Nicodemia. Ejercía el oficio con gran dedicación. Años después se convirtió al cristianismo y seguía ejerciendo su oficio. Sanaba invocando el nombre de Jesús.
Los médicos “paganos”, envidiosos de sus curaciones ‘’maravillosas’’, le denunciaron delante del emperador Maximiano, el cual lo martirizó en el año 305. Se le invoca como patrono de los enfermos, médicos, víctimas de torturas y como protector delante de enfermedades, en especial de la tuberculosis.

San Lucas evangelista, S. I  (18 de octubre): De familia ‘’pagana’’, fue medico de profesión. Se convirtió a la fe cristiana y siguió a San Pablo en su segundo viaje apostólico. Escribió el evangelio con su nombre “de san Lucas’’ y también parte de los Hechos de los Apóstoles hasta la prisión de Pablo en Roma. Se le venera principalmente como patrono de los médicos y pintores.

Santos Cosme y Damian, mártires S. IV (26 de septiembre): Según la tradición fueron hermanos gemelos, médicos y mártires. Ejercieron la profesión en Siria. Nunca pidieron dinero ni recompensa a cambio de los servicios prestados y por eso eran respetados y reverenciados por todo el pueblo.
Fueron torturados por orden de Lisias el gobernador de Cilicia. Se les venera como patrones de los médicos, farmacéuticos, cirujanos etc.

Santa Hermíone, virgen y mártir S. I (4 de septiembre): Según la tradición era hija del apóstol Felipe. Ejerció la medicina en Éfeso dedicándose a los pobres y sin cobrarles. Además, aprovechaba para predicarles el Evangelio mientras les atendía.
Fue denunciada por los otros médicos que veían marcharse su clientela en pos de ella. La detuvieron y torturaron primero bajo Trajano, pero luego la soltaron cuando se verificó que había sido objeto de envidias y calumnias. Finalmente, en tiempos de Adriano y siendo ya anciana, fue detenida de nuevo, torturada, y finalmente decapitada. Se la considera la primera mujer cristiana que ejerció la medicina.

Santas Filonela y Zenaida, vírgenes y mártires  S. I (11 de octubre): Nacidas en Tarso de Cilicia, se dice que eran primas de San Pablo. Aprendieron medicina en su juventud y al completar sus estudios partieron a Tesalia, donde ejercieron su oficio sin cobrar nada a cambio. Filonela se especializó en ginecología para atender a las mujeres y Zenaida se interesó por la pediatría, consagrándose a los niños. Se instalaron en una cueva a las afueras de la ciudad y allí atendían a los pacientes, que pronto fueron muchísimos.
Celosos los otros médicos, las denunciaron aludiendo que recurrían a la brujería cristiana para curar. Y la población, agitada contra ellas, las atacó en su misma consulta y las apedreó hasta la muerte.
Junto con Santa Hermíone, son consideradas las primeras cristianas que ejercieron la medicina. A las tres las llaman “las médico altruistas”, porque no cobraban por su ejercicio, así también Cosme y Damián.

San Blas, obispo y mártir S IV (3 de febrero): Fue obispo de Sebaste (Armenia) y tenía el don de la curación milagrosa. Desde la cueva en que se retiró atendía a las personas que le llegaban. El gobernador Agrícola lo hizo detener, torturar y ejecutar.
Se le invoca especialmente contra los males de garganta porque salvó a un niño de morir asfixiado por una espina que tenía atravesada en la garganta.

Otros santos a los que se invoca por su profesión de médico son: San Ursicino, San Alejandro, San Cenubio, San Diómedes, San Antíoco de Sulcis, San Rasifo, San Cesáreo, San Juvenal, San Leoncio, San Oreste, San Dionisio diácono, San Cirio de Alejandría, San Codratos y sus compañeros.

Finalmente, decir que Nuestra Señora del Perpetuo Socorro (27 de junio), debido al nombre de su advocación, es también patrona de los médicos españoles.

Harold Toledo Baeza

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