Santa Crispina, mártir de Tebessa

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Detalle de la Santa en el cortejo de mártires. Mosaico paleocristiano de San Apolinar el Nuevo, Rávena (Italia).

Hoy, día 5 de diciembre, se conmemora el martirio de una cristiana africana de nombre Crispina, madre de familia, que si bien actualmente es muy poco conocida y es casi imposible encontrar representaciones suyas, de su absoluta existencia histórica y autenticidad del martirio no podemos dudar, porque sus Actas son de las pocas realmente veraces y fiables que existen en la Antigüedad cristiana, como ya hemos visto en casos como los mártires de Cartago, los de Scilli, San Policarpo de Esmirna o como veremos en el caso de San Fructuoso y compañeros o los mártires de Lyon.

Las fuentes para conocer a esta mártir real, histórica, las encontramos en dos textos fundamentales: las Actas ya mencionadas, que son el relato de su último interrogatorio acaecido en la ciudad númida de Tebessa (Theveste o Tebaste), actualmente entre Túnez y Algeria; y las noticias que sobre ella aportan San Agustín en dos homilías pronunciadas por él en honor a la mártir. Siendo el primero uno de los mejores documentos de la Antigüedad cristiana en cuanto a sinceridad, y el segundo procedente de un autor tan fiable, podemos decir que perfectamente permiten reconstruir al completo, de forma suficiente, su vida y martirio.

Crispina, la africana
Así, San Agustín nos dice que era descendiente de una noble y rica familia de Thagore (o Tagara) y por ello, recibió una exquisita educación. Como era habitual en una matrona de la época, se casó y tuvo varios hijos, al tiempo que llevaba una fervorosa vida como cristiana, fervor que la condujo al martirio. El santo obispo de Hipona la elogia con estas palabras: “Los perseguidores se encararon contra Crispina, contra esta mujer rica y delicada; pero ella era fuerte, porque el Señor era su protección… Esta mujer, hermanos, ¿hay alguno en África que no la conozca? Fue muy notable, de familia noble y riquísima. Pero su alma no cedió: expuso a su cuerpo a ser golpeado”.

En efecto, en el año 304, desencadenada la persecución de Diocleciano, fue arrestada por ser cristiana, sin duda denunciada por sus semejantes, dado que era bien conocida. Este arresto produjo un gran dolor entre sus hijos, pero a pesar de ello, Crispina se mantuvo firme en la fe. Como consecuencia de su alto rango social y el escándalo que esto hubiese generado en su ciudad natal, la prisionera fue deportada a Tebessa y allí, interrogada por el procónsul Anulino, ante cuyo tribunal, nos dice San Agustín, tuvo que comparecer con las manos atadas, como si fuese una malhechora, lo que la regocijó enormemente por así ser escarnecida en nombre de Cristo.

Son estas Actas del procónsul las que reproduzco a continuación, rompiendo mi costumbre de no reproducir textos como éste al completo, que normalmente alargan el artículo y cansan a los lectores; porque en este caso además de breve, es un texto magnífico y totalmente auténtico.

Martirio de la Santa. Estampa devocional italiana perteneciente a la serie del ilustrador Bertino.

Actas del martirio de Santa Crispina
En Tebaste, 5 de diciembre de 304

Siendo cónsules Diocleciano y Maximiano, el día de las nonas de diciembre (5 de diciembre), en Colonia Tebestina (Tebaste), teniendo instalado el tribunal en la sala del Consejo el procónsul Anulino, dijo el escribano: “Si lo ordenas, puede ser oída Crispina de Tagara, que ha despreciado la ley de los emperadores”.
Dijo el procónsul Anulino: “Que se la introduzca”.
Y cuanto entró, le preguntó: “¿Conoces el edicto sagrado?”
– No lo conozco.- respondió Crispina.
– Te manda sacrificar a los dioses por la salud de los príncipes, según la orden dada por los piadosos augustos Diocleciano y Maximiano, y por el nobilísimo César Constancio.
– Nunca he sacrificado, sino en honor del único Dios y Nuestro Señor Jesucristo, su Hijo único, que nació y padeció.
– Deja esa superstición e inclina la cabeza ante nuestros dioses.
– Cada día adoro a mi Dios, y no conozco otros.
– Eres terca y despectiva, y vas a comenzar a sentir contra tu voluntad la fuerza de las leyes.
– Sufriré con alegría cuanto sea necesario, por defender la fe que profeso.
– Es una locura no abandonar esa tu superstición y no adorar a los dioses.
– Todos los días adoro a mi Dios, fuera del cual no conozco otro.
– Te obligaré a obedecer las leyes sagradas.
– Yo observo la ley de mi Señor Jesucristo.
– Serás condenada a la pena capital si no obedeces las leyes de nuestros señores los emperadores, como lo hace toda África, tú bien lo sabes.
– Nunca os sean las cosas prósperas si intentáis hacerme sacrificar a los demonios; yo sólo sacrifico al Señor, que hizo el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto hay en él.
– Luego, ¿no reconoces a estos dioses? Te obligaremos a servirlos, para salvarte y enseñarte la devoción.
– No hay verdadera devoción donde se fuerza la voluntad.
– Ojalá obedezcas y ofrezcas incienso a los dioses romanos, en sus sagrados templos postrada.
– Nunca hice tal cosa desde que existo, ni lo haré mientras viva.
– Hazlo ahora, si quieres verte libre del rigor de las leyes.
– No temo tus amenazas. Todas ellas no son nada; en cambio, si yo despreciara a mi Dios, que está en los cielos, sería sacrílega. Él me condenaría y no me hallaría entre los suyos en el último día.
– No serás sacrílega si obedeces las sagradas leyes.
– ¿Qué quieres, que sea sacrílega ante Dios y no lo sea ante los emperadores? Dios no lo permita. Dios es grande y todopoderoso. Él hizo la tierra, el mar y las plantas verdes. Los hombres son obra suya, ¿qué mal me pueden hacer?
– Observa la religión romana, como nuestros señores los invictos césares y nosotros la observamos.
– Sólo reconozco a un Dios; los demás son piedras y obras de las manos de los hombres.
– Blasfemas, porque no hablas lo que te conviene para salvarte.
Y añadió Anulino, dirigiéndose al escribano:
– Que se le dé un suplicio vergonzoso, que le sea rasurada la cabeza, para que comience la fiesta por la cabeza.
Santa Crispina respondió:
– Que hablen vuestros dioses y creeré. Si no buscara mi salvación, no estaría ante tu tribunal.

Urna-relicario con huesos de la Santa. Chokier, Bélgica.

Aquí me detengo un instante para hacer notar que, según San Agustín, el “suplicio vergonzoso” al que fue sometida fue ser puesta en el caballete, o sea, en el ecúleo (equuleus). Éste era un potro de tormento con forma de X cuyos extremos de brazos y piernas eran móviles y tiraban hacia afuera mediante un sistema de ruedas y poleas; y cuya presencia está documentada, por ejemplo, de la iconografía de los mártires hispanos Eulalia y Vicente. Lo que hacía era estirar brazos y piernas hasta desencajar las articulaciones del sitio (descoyuntar los huesos), lo que causaba un grandísimo dolor y era la primera tortura a la que se solía recurrir. No digo más porque ya traté este tema en su respectivo artículo de Martyrium; aunque escandaliza pensar que torturaran a una mujer rica y noble de esta manera, lo que estaba mal visto en la sociedad romana y quizá ello explique la deportación de Crispina de su ciudad natal a otra donde no sería conocida, para no causar escándalo en el público.

El segundo castigo aplicado a Crispina sería la rasuración de la cabeza, es decir, que le afeitarían el cráneo, dejándola calva. Esto más que tortura sería humillación, como también he hablado en otro artículo de Martyrium. Y no deja de ser notable que Anulino, paciente hasta el momento con la prisionera, se indignase con la blasfemia pronunciada contra los dioses romanos y por ello la enviara a la tortura y buscara humillarla pelándole la cabeza.

– ¿Deseas vivir o morir en los tormentos, como tus compañeras Máxima, Donatila y Segunda? [1] – dijo Anulino.
– Si quisiera morir y perder mi alma en el fuego eterno obedecería a tus demonios.
– Te cortaré la cabeza si desprecias adorar a los venerables dioses.
– Si logro eso, doy gracias por ello a mi Dios. El único mal para mí sería adorar a los ídolos.
– ¿Continúas en tu loca manera de pensar?
– Mi Dios, que existe y siempre ha existido, me trajo a la vida, y me salvó por el agua del Bautismo, y ahora me asiste para que mi alma no cometa el sacrilegio que tú quieres.
– ¿Para qué hemos de soportar por más tiempo a la impía Crispina? – dijo el procónsul Anulino.- Que se vuelvan a leer las Actas, según el registro.
Así que se leyeron. Anulino pronunció la sentencia:
– Crispina, que persiste en su indigna superstición, y no quiso sacrificar a los dioses, como lo ordenan las leyes de los augustos, sea decapitada.
Respondió Santa Crispina:
– Gracias a Jesucristo, bendito sea el Señor, que de este modo se digna librarme de tus manos.
Padeció el martirio Santa Crispina en Colonia Tebestina, el día de las nonas de diciembre, por orden del procónsul Anulino, y reinando Nuestro Señor Jesucristo, en unión del Espíritu Santo, por todos los siglos de los siglos. Amén.

Vista de las ruinas de la basílica bizantina dedicada a Santa Crispina, fotografiadas en los años 1860-1890 en Tebessa, Algeria. Fotografía: Documentarist.com.

Martirio y memoria de la Santa
Sabemos que Crispina fue sacada de la ciudad y conforme a la sentencia, decapitada. Una mano cristiana, piadosa, añadió al relato de las Actas: “Y haciendo la señal de la cruz en su frente y exponiendo su cuello, fue decapitada por el nombre del Señor Jesucristo, a quien honramos para siempre. Amén”. Lo que hace pensar que hubo testigos de la ejecución de la mártir.

También sabemos que, más o menos en la misma ubicación del martirio, fue levantada ya a finales del siglo IV una basílica intitulada a la mártir para conmemorar su martirio, y donde seguramente se veneraría su cuerpo, aunque algunos niegan que la basílica se alzara sobre la tumba de la mártir; probablemente porque, aunque documentada la basílica, las termas y el cementerio en el complejo, no se halla hallado un martyrium o sepulcro de la Santa. Es en esta basílica donde San Agustín pronunció los dos sermones destinados a honrarla y en cuyas citas nos hemos basado. La existencia de este templo está confirmada, pues en el siglo XIX se descubrieron sus ruinas en Theveste.

En cuanto a su conmemoración, aparece mencionada en el Martirologio Cartaginés, en el Jeronimiano y en el Romano siempre el mismo día, el 5 de diciembre, fecha de su martirio, aunque con noticias realmente confusas.

En el Cartaginés es recordada con otros mártires de los cuales no se sabe nada, ni su nombre, ni su ubicación. En el Jeronimiano, todo este grupo es asociado a la ciudad númida de Thagore (Tagara), donde es posble que fueran martirizados los compañeros de Crispina, pero no ella que, como ya hemos visto, fue ejecutada sola en Tebessa.

Y el Martirologio Romano, aunque la incluye también en el grupo de mártires de Thagore, la conmemora a ella sola el 5 de diciembre, citando además que murió en Tebessa.

Vista de la urna-relicario que contiene, entre otras, parte de las reliquias de Santa Crispina. Wavre, Bélgica.

El culto a Santa Crispina se difundió rápidamente por todo el norte de África desde el primer momento, de ahí que San Agustín diga que era muy conocida. Sin embargo, pese a su fama repentina, la veracidad de sus Actas y la sinceridad de su martirio, posteriormente su culto fue decayendo y hoy está casi olvidada, como pasa con otros muchos mártires africanos de indudable existencia histórica. Hay diversas reliquias suyas esparcidas por Bélgica y, en cuanto a representaciones artísticas suyas, son prácticamente inexistentes -carece de iconografía propia- y la más importante es su representación en el séquito de Santas de San Apolinar el Nuevo, Rávena.

Meldelen

Fuente para las Actas:
– LUIS RUIZ, Baudilio; Actas Selectas de los Mártires, Tomo I. Ed. Apostolado Mariano, Sevilla 1991.


[1] Santas Donatila, Máxima y Segunda, vírgenes y mártires africanas también juzgadas por el procónsul Anulino, quien las mandó torturar, arrojar a las fieras y finalmente decapitar. Hablaremos de ellas en otra ocasión.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es