La Cristiada: los soldados de “Cristo Rey”

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Bandera del ejército Cristero con los colores de la bandera nacional pero con la Virgen de Guadalupe como escudo y con la frase "Viva Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe".

Con motivo de que se han escrito algunos artículos anteriores referentes a los mártires de la Cristiada en México y debido a que soy historiador mexicano, me ofrecí para escribir un artículo sobre el conflicto religioso llamado “la Cristiada” para poder entender mejor el contexto en el que se dio el martirio de muchos que hoy son venerados como santos; debo aclarar que no es más que una breve reseña del mismo conflicto  sólo para poder entender mejor como ya mencioné el contexto en el que se dio el martirio, le dedico especialmente el articulo a mi amigo fray Marcelino quien es un apasionado investigador sobre la guerra cristera.

Mexicanos volad presurosos,
del pendón de la Virgen en pos,
y en la lucha saldréis victoriosos,
defendiendo a la Patria y a Dios.

Con esta estrofa inicia el Himno a la Virgen de Guadalupe que es considerado un himno Cristero y que en ese pequeño párrafo inicial revela mucho del ideal de los mártires de este terrible episodio de la historia de México que inicia el 5 de febrero de 1917 cuando se promulga una nueva constitución para el país (la cual sigue vigente hasta nuestros días pero con varias reformas) la cual denotaba ser bastante liberal y anticlerical en varios de sus artículos, entre los que destaca la prohibición de las órdenes monásticas y de los votos religiosos, se negaba cualquier personalidad jurídica a la Iglesia y se negaba a los sacerdotes el derecho ciudadano. Debido a estos artículos el clero católico junto a la feligresía protestaron fuertemente tratando de derogar dichos artículos, lo que propició la expulsión de varios obispos del país.

Se funda la “Liga Anticlerical Mexicana” y la “Confederación Nacional de Librepensadores” los cuales se dedicarían a presionar al gobierno para llevar hasta las últimas consecuencias el cumplimiento de las leyes anticlericales. En respuesta a estos grupos  en varios estados del país se formaron organizaciones como “La Unión de Católicos Mexicanos” y la “Asociación Católica de la Juventud Mexicana” (ACJM) las que se encargarían de preservar la fe en caso de una persecución. Hay que decir que estas asociaciones fueron jardín fructífero que dieron muchos mártires a la causa, posteriormente cuando se inicia la parte más cruenta de este conflicto religioso.

Debido a los enfrentamientos entre la Iglesia y el Estado y las nuevas leyes anticlericales, el Nuncio Apostólico Monseñor Filippi es expulsado del país por asistir a la bendición de la primera piedra del monumento a Cristo Rey en el cerro del Cubilete, en Silao, Guanajuato, el cual era una imagen del Sagrado Corazón y que posteriormente por ordenes del gobierno es dinamitado, pero milagrosamente se conservaron intactos el corazón y la cabeza de la imagen, los cuales se conservan hasta la actualidad en el Santuario.

Grupo de Cristeros con otra versión de la bandera Cristera.

Se presentan atentados dinamiteros en varias residencias de obispos y arzobispos por órdenes del gobierno y el 14 de noviembre de 1921 en el altar de la Basílica de Guadalupe, a los pies de la sagrada imagen, entre un arreglo floral se pone una dinamita de las usadas en los trabajos en las minas para hacer explotar el santuario y la imagen con ello; provoca enormes destrozos, pero la imagen de la Virgen de Guadalupe es preservada milagrosamente, mientras una plancha de mármol de 3 toneladas cercana había sido quebrada por el estallido, y un Cristo de bronce que se encontraba frente a la imagen queda doblado; desde ese momento se le comenzó a llamar el “Señor del Atentado” pues fue el que más daño recibió y el pueblo devoto decía, que el hijo quiso recibir el estallido para proteger la imagen de su madre. Este Cristo aun hoy es venerado en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe y posteriormente se descubre que quien había ordenado este atentado era la presidencia de la república.

Con la subida al poder del general Plutarco Elías Calles el conflicto religioso se recrudece aun más de lo que había estado hasta ese momento, especialmente a partir de que en febrero de 1925 el presidente Calles promueve la creación de una iglesia cismática mexicana, a cargo del llamado “Patriarca Pérez”, Joaquín Pérez Budar se hacía llamar así mismo Patriarca de la Iglesia Católica Apostólica Mexicana ,vestido del mismo modo como lo hacía el Papa y tomando como su sede el templo de la Soledad en la ciudad de México. Posteriormente tanto el patriarca Pérez como sus seguidores se retractarían de su error y volvieron a la verdadera Iglesia.

Hacia 1926 el presidente Calles promulga la llamada “Ley Calles” que será el principal detonador de la lucha armada (curiosamente aunque Calles consideraba fanáticos a los cristeros el acudía con un curandero llamado el Niño Fidencio de Espinazo, Nuevo León a que le curara sus males), entre sus artículos anticlericales prohíbe que extranjeros ejerzan el ministerio religiosos en el país, se castiga con arresto y multa la celebración de actos religiosos fuera del templo y a las personas que fuera del templo usen algún tipo de uniforme o distintivo religioso (especialmente este articulo aunque la ley Calles fue derogada hace mucho, este punto aun hoy se sigue observando en muchos lugares de la república donde casi nunca se ve sacerdotes vestidos con sotana o alguna clase de hábito, esto también provocó que en aquella época muchas religiosas abandonaran el país y que otros grupos de religiosas se negaran a entrar en el mismo) y se castiga con prisión a quien destruya o dañe los templos (este último artículo no siempre se cumplió o mejor dicho no se cumplió, pues en muchos Estados se acabó con gran parte del acervo artístico de las iglesias). El presidente Calles ordenó a todos los gobernadores de los Estados la aplicación estricta de esta ley y con esto en muchos Estados se comenzó a legislar el número de sacerdotes autorizados. En Durango se autoriza a 25 sacerdotes para 500,000 fieles, en San Luís de Potosí, 10 para 92,000, en Aguascalientes 1 por cada 50, 000 fieles y en Estados como Tabasco en el que la persecución fue una de las más crueles, además de esto se pedía que para ser sacerdote se debía ser tabasqueño de nacimiento, haber cursado todos los estudios en escuelas oficiales, ser mayores de 40 años, de buenos antecedentes y moralidad y estar casado, requisitos que eran difíciles de completar especialmente el último.

Sacerdote católico momentos antes de ser fusilado.

Debido a toda esta problemática el episcopado mexicano decidió que a partir del 31 de julio de ese año en los templos se suspendería todo culto público que exija la presencia del sacerdote. Dos días antes, el 29 de julio en Puebla, muere el primer mártir, José García Farfán, por haber puesto en su tienda un letrero  que decía ¡Viva Cristo, rey!, este sería el lema de todo el conflicto religioso y el que tendrían en sus labios muchos mártires antes de morir; debido a esto es que se les puso el apodo los “Cristeros” y que a esta etapa de la historia se le ha llamado “la Cristiada o Guerra Cristera” por ser también el grito de guerra de la fracción católica que reaccionó violentamente.

Los obispos dirigen una carta al Congreso de la República en calidad de ciudadanos mexicanos para solicitar una reforma a las leyes. La petición es rechazada debido a que al no aceptar la Constitución se considera que dejaran de ser mexicanos y según el presidente Calles, eran considerados funcionarios de una nación extranjera (el Vaticano).

Sumado a todo esto la persecución se volvió cada vez más fuerte, siendo fusilados muchos sacerdotes, religiosos y laicos firmes en su fe. Mención aparte merece el caso de Tabasco en el que el gobernador Tomás Garrido Canábal “el Sagitario Rojo”, destruyó muchos templos católicos entre ellos la catedral del Señor de Esquipulas del siglo XVII y con ella todas las imágenes religiosas en su interior entre las que podemos contar la de Santa María de la Victoria traída por Hernán Cortés; otros templos fueron usados como escuelas racionalistas en las que impartían clases los docentes que pertenecían a la Liga de Maestros Ateos. El gobernador Garrido se valía de su grupo de jóvenes los “camisas rojas” (hechos a similitud de las juventudes hitlerianas) para  entrar de casa en casa para hacer acopio de la mayor cantidad de imágenes religiosas que pudieran y después quemarlas en conjunto. Se le sumaban las ferias agrícolas en las que no podía faltar la acostumbrada burla a la religión, en la que a un burro se le ponía el nombre del obispo o del Papa en turno y se le vestía con mitra y sotana o alguno de los mismos camisas rojas se disfrazaba de sacerdote para burlarse de los actos litúrgicos y demás devociones. Garrido se ufanó de haber expulsado al obispo de Tabasco, don Pascual Díaz Barreto (quien posteriormente sería nombrado Arzobispo de México y tendría un papel importante en la solución del conflicto cristero).

Acopio de imágenes religiosas en Tabasco para ser quemadas.

La lucha armada por su parte inicia el 1 de enero de 1927. Especialmente los enfrentamientos armados tendrán proliferación en la parte norte y centro de México, destacará especialmente el general Enrique Gorostieta como dirigente de las fuerzas cristeras, hay que decir que la Iglesia jamás estuvo de acuerdo en el levantamiento armado y nunca alentó a los fieles a unirse, pero esto no impidió que existieran sacerdotes y obispos que si apoyaran el levantamiento armado y que participaran en el mismo. Unido a estos hechos María Goyaz y Luís Flores fundan las “Brigadas Femeninas Santa Juana de Arco que se dedicaban a la atención médica, sanidad, labores de espionaje y atención a las familias de los cristeros entre otras cosas.

En junio de 1929 el embajador de Estados Unidos, el arzobispo Pascual Díaz Barreto y el delegado apostólico Monseñor Ruiz y Flores se reúnen con el nuevo presidente Emilio Portes Gil donde se llegó a varios acuerdos que solucionaron el conflicto a cambio de licenciar la fuerzas armadas y el gobierno daba libertad para las relaciones entre Roma y el Episcopado Mexicano, así como amnistía completa al clero y a los fieles. Con estos arreglos, el día 22 se anunció la reanudación de cultos en las iglesias. A pesar de la tregua varios generales cristeros y fieles fueron asesinados tiempo después.

Cristeros presentando armas en una misa.

De 1926 a 1929 muchos sacerdotes fueron pasados por las armas entre los que destacan el beato Miguel Agustín Pro Juárez, San Cristóbal Magallanes, San Agustín Caloca; y entre los laicos destacaran especialmente el beato Anacleto González y el beato José Sánchez. Uno de los cantos dedicados a la Virgen de Guadalupe la “marcha guadalupana” en una de sus estrofas recuerda el martirio de los cristeros:

Por miles tus hijos
cayeron destrozados
eran los soldados
de Jesucristo Rey
pero las balas les dieron fuerzas
y  alas y volarán y están a tus pies.

André Efrén

Bibliografía
– Aguirre Gil, Soledad, et. al., “México revolucionario de nación independiente a país en transformación”, Editorial Televisa, primera edición, 2010.
– Mendoza Delgado, Enrique, “La Guerra de los Cristeros”, México, IMDOSOC, primera reimpresión, 2006.
– Vidal, Ángel, “Nuevos Santos Mexicanos”, México, Selector, primera edición, 2000.
– Schneider, Luis Mario, “Cristos, Santos y Vírgenes”, México, Planeta, primera edición, 1995.

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