Cristo Yacente de El Pardo

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Vista completa del Cristo yacente de Gregorio Fernández (s.XVII), más conocido como Cristo de El Pardo.

Vista completa del Cristo yacente de Gregorio Fernández (s.XVII), más conocido como Cristo de El Pardo.

A pocos kilómetros de Madrid nos encontramos con el pueblo de El Pardo, denominado como Real Sitio por su vinculación con la realeza española desde hace siglos. En la antigüedad servía como zona cinegética de los diferentes monarcas, residencia de verano, cuartel general; entre otras muchas funciones que cumplió durante los siglos XIX y XX. En la actualidad allí se encuentra el convento de los Padres Capuchinos, conocido popularmente como el convento del Cristo de El Pardo. Este antiguo convento lo mandó construir el rey Felipe III, y en su interior alberga la relevante talla barroca del Cristo yacente, considerada como obra maestra de este período.

Historia
Según la tradición, el rey Felipe III, para conmemorar el día del nacimiento de su hijo Felipe, futuro monarca que reinaría con el nombre de Felipe IV, y que nació el día de Viernes Santo del año 1605; mandó hacer una escultura de esta escena de la Pasión, que encargó al escultor Gregorio Fernández, cuyo taller estaba fuera de la Corte, en la ciudad de Valladolid: la escuela vallisoletana.

Pasados unos años, en vista de las dimensiones que había tomado el pueblo gracias a los sirvientes, guardas, campesinos etc. que allí se instalaron, acompañando a la familia real y a toda la corte real, se construyó una residencia-capilla provisional y rudimentaria, al estilo de las primeras construcciones francisanas, para cubrir las necesidades espirituales de los pobladores. “En este mi bosque del Pardo tengo mis frecuentes diversiones, tengo mi palacio, mis criados y guardas en casas distantes, pero no hay más iglesia que una sencilla capilla en mi palacio, ni más sacerdote que un capellán que va a decir misa los días de fiesta. Quiero que tengan más pasto espiritual y que no les falte por falta de ministros; y quiero que seáis los capuchinos; id desde luego, escoged sitio cerca de mi palacio; hágase en él a mi costa y de mi orden un convento de advocación a Nuestra Señora de los Ángeles…” (Felipe III). Asistieron a la primera misa el rey Felipe III, el duque de Lerma y otros muchos caballeros notables de la Corte, siendo el día 21 de Noviembre de 1612.

Detalle del busto de la escultura y el convento donde se venera. Estampa devocional de los años 40.

Detalle del busto de la escultura y el convento donde se venera. Estampa devocional de los años 40.

Al siguiente año se amplió considerablemente la zona de la iglesita (como los capuchinos cariñosamente la llamaban), supervisando estas obras el mismo rey. La primera misa en esta nueva iglesia la celebró don Diego de Guzmán y asistió la Corte al completo, quedando bajo la titularidad de Nuestra Señora de los Ángeles. En el año 1615, diez años después de haber mandado hacer la imagen, el monarca Felipe III hace donación al convento de los capuchinos de la imagen del Cristo yacente. “Su majestad gustó donarla a su Convento Real del Pardo, y mandó se trajese a él y que se colocase en una urna de la capilla de la iglesia, como se hizo…”. Este traslado se hizo desde el oratorio del Palacio Real de Madrid hasta el convento de los capuchinos de El Pardo, siendo un acontecimiento religioso de los más solemnes de aquel año en España. A su llegada, el convento de El Pardo fue eje de peregrinaciones, sucediéndose por varias semanas un número incontable de personas que venían a depositar sus oraciones ante la imagen del Cristo.

El 30 de noviembre de 1638, apenas 30 años después de la primera construcción del convento, se pone la primera piedra del nuevo y definitivo convento en el lugar que ocupa actualmente, con asistencia del nuevo rey, Felipe IV; y toda su Corte. El convento antiguo, situado en la ladera sur, a unos 150 m del actual, resultaba para los Hnos. Capuchinos poco adecuado, a causa de la excesiva humedad en invierno y altas temperaturas del verano.

Durante casi todo el siglo XIX y parte del siglo XX, el convento de los PP. Capuchinos y la imagen del Cristo Yacente sufren las consecuencias de los diferentes períodos bélicos. En plena Guerra de la Independencia tuvo lugar la primera expulsión violenta de los religiosos, quedando el convento vacío y expoliado de sus casi 500 obras de arte, algunas firmadas por pintores tan importantes como Lucas Jordán o Francisco Rizzi. La santa imagen del Cristo pasó algún tiempo escondida en el convento, y posteriormente, en el pueblo de El Pardo. Ya en 1814 volvieron los PP. Capuchinos, encontrando a su paso todo totalmente en estado de ruina. Por deseo del monarca se reconstruye parte del convento y el 24 de junio de 1815 volvió la santa imagen a su capilla. Recorriendo la procesión por segunda vez el empinado camino que, con el tiempo, recibiría el nombre de “Cuesta del Cristo”.

Vista de la imagen restaurada desde los pies.

Vista de la imagen restaurada desde los pies.

En 1835 tiene lugar en España la exclaustración de las órdenes religiosas, afectando también a los capuchinos, que se vieron obligados a abandonar el convento. Al encontrarse éste deshabitado, fueron muchas las preocupaciones y deseos de vuelta los que tenían la reina Isabel II y su esposo el rey consorte don Francisco. Pero jurídicamente las órdenes religiosas estaban prohibidas en España; por esta razón recurren a un simple cambio de nombre, aunque con el mismo fondo: en vez de “Capuchinos” se llamarán “Señores Capellanes”, usarán sotana y capa negra, tendrán estatutos propios y no podrán ausentarse del convento sin ir acompañados. Mientras tanto, la imagen del Cristo yacente, por una orden fechada el 8 de noviembre de 1836, retorna al Palacio Real de Madrid. Y una nueva orden emitida el día 24 de enero de 1837, comunica que debe ser trasladada a la iglesia del Buen Retiro, donde permanecerá nada menos que trece años. Finalmente, por voluntad del rey consorte don Francisco, se expide una Real Orden para que el Cristo volviese al que era su lugar, cumpliéndose este voluntad el 12 de noviembre de 1850.

Con la revolución de 1868 el edificio quedo abandonado y la comunidad provisional de los “Padre Capellanes” tuvo que ser disuelta. Al término de este conflicto, la reina regente doña María Cristina de Habsburgo-Lorena, por concesión especial, devuelve el convento a los Capuchinos y les permite su regreso para hacerse cargo de la custodia del Santo Cristo yacente. Siendo esta concesión ratificada en 1902 por Alfonso XIII. En 1910, restablecida la paz en España, los PP. Capuchinos fundan el que casi durante un siglo sería el Real Colegio Seráfico. Allí recibirían su formación los niños y jóvenes aspirantes a la Orden Capuchina.

Desgraciadamente, durante la Guerra Civil, el día 21 de julio de 1936, el convento y el colegio fueron asaltados por cientos de milicianos, con el consiguiente saqueo y destrucción. Religiosos y alumnos fueron detenidos y separados violentamente. Algunos religiosos, como el superior fray Alejandro Sobradillo, fray Gregorio de la Mata, fray Carlos de Alcubilla, fray Primitivo de Villamizar, fray Gabriel Aróstequi y el donado Norberto Cembrados fueron martirizados. Todos ellos fueron beatificados el pasado 13 de octubre de 2013 en Tarragona. Si Dios quiere escribiremos pronto sobre este grupo en el blog. Algunos alumnos fueron enviados a otros países, como Francia. El edificio quedó como cuartel de los milicianos de la CNT.

Vista de la escultura de Gregorio Fernández sacada en procesión dentro de una urna.

Vista de la escultura de Gregorio Fernández sacada en procesión dentro de una urna.

Pasada la Guerra Civil, la santa imagen, que fue salvada milagrosamente del expolio, vuelve de nuevo al convento. Durante los tres años del conflicto había peregrinado por diferentes lugares, como la iglesia de San Francisco el Grande, el Museo del Prado y la iglesia de Jesús de Medinaceli. Desde esa vuelta del año 1939, la imagen del Cristo yacente se halla expuesta en una ornamentada urna de bronce y mármol, obra del orfebre Félix Granda, en una capilla lateral del convento. A la entrada se puede leer: “Aquí yace el cuerpo venerable de Cristo”.

La imagen
Como ya hemos dicho al principio del artículo, a esta talla se la denomina como “joya del barroco español” por su gran calidad artística. Está realizada en madera policromada, pintada al óleo, mide 1,60m y se concibió para ser contemplada lateralmente. Representa a Jesucristo en posición yacente sobre un sudario y una almohada donde apoya la cabeza. La cabeza del Cristo está inclinada hacia el lado derecho, también la pierna izquierda esta más adelantada que la derecha, que está levemente contraída. Los brazos se extienden separados del tronco, dando la sensación de simetría, que también se aprecia en la cabellera, al quedar desplegadas varias madejas de cabello a los lados de la almohada.

El escultor Gregorio Fernández consiguió que destacaran las llagas de la crucifixión, siguiendo las pautas estéticas de la escultura religiosa española del barroco. No fue la única talla de estas características que salió de sus manos, ya que se le atribuyen otras muchas. Pero sobre todo, la que hay en la catedral de Segovia, que es de semejantes características. Quedó tan satisfecho con esta imagen, no sin antes tener complicaciones realizando la cabeza, que solía decir: “El cuerpo yo lo hice, pero la cabeza la hizo Dios”. Y es que según él mismo contaba, se encomendó a Dios estando tres días en oración, ayuno y confesión; con el fin de que Dios interviniera en esa tarea.

Detalle del busto de la imagen.

Detalle del busto de la imagen.

En la actualidad se puede visitar en convento y sale en procesión cada Semana Santa, el día de Viernes Santo, llegando hasta la iglesia del pueblo de El Pardo.

David

Enlaces consultados (04/02/2014):
http://www.cristodelpardo.com/
http://www.elpardo.net/2012/02/06/imagen-del-santo-cristo-yacente/

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