El antiguo Cristo del Grao de Valencia

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Vista de la talla del Cristo del Grao expuesto en el altar mayor de la iglesia de Santa María del Mar de Valencia (España) con ocasión de su fiesta.

Tras la conquista cristiana de Valencia por parte de Jaime I, éste dio franquicias a los que se asentaran en el Grao a fin de crear una población portuaria. Para esto, otorgó una carta puebla el 27 de mayo de 1247 nombrando a la nueva población Vilanova Maris Valentiae (Villanueva del Mar de Valencia). Y allí tuvo sin duda uno de los acontecimientos religiosos o legendarios de mayor raigambre en nuestra ciudad.

La antigua población de Villanueva del Grao conmemora por ello cada año la llegada milagrosa el 15 de Agosto de 1411 de su Patrón, el Santísimo Cristo del Grao, llamado popularmente “El Negret” por el color oscuro que tiene y al estado en el que llegó la imagen tras su incursión por el río. Y es que la imagen apareció navegando por el río que dividía los términos de los antiguos poblados de Ruzafa y el Grao, hecho por el que los pobladores de ambos lugares tuvieron enfrentamientos disputándose la propiedad del Crucificado.

En cuanto el vigía del torreón del Grao lo vio, hizo sonar la campana alertando a los vecinos de una y otra orilla para avisarles del hallazgo. Los vecinos de Russafa quisieron atraer la imagen hacia su orilla utilizando los ganchos que entonces se usaban para trasladar troncos por el río, de ahí que Russafa sea conocida como la «tierra del ganxo» y que figure ese símbolo en su escudo. Sin embargo, los vecinos del Grao no estuvieron conformes con la utilización de estas tramposas artes para atraer la imagen hacia una u otra orilla; y las autoridades de aquel entonces decidieron volver a tirar al Cristo al mar, para ver hacia dónde se dirigía el mismo y resolver así el conflicto.

Al final, las corrientes condujeron la imagen que aparecía, según unos, levantado como un mástil sobre una escalera de 33 peldaños  y, según otros, tendida sobre una escalera, para arrimarla a la orilla del Grao. Es esta escalera uno de los elementos que más identifican esta advocación.

Detalle del Cristo en su anda procesional sacada el día de su fiesta.

Cuenta también la leyenda que, tiempo después de la llegada del Negret al Grao, un clérigo dio un sermón en el antiguo cuartel de Cantarranas, en el antiguo poblado marítimo de Nazaret de Valencia, hoy barrio, donde explicó el origen de la imagen. Al parecer, el Cristo del Grao pertenecía a un judío que se llamaba Mosen Ben Abides y que vivía en la zona de Tortosa. Éste tenía la imagen para aparentar ser cristiano en aquellos tiempos donde la conversión fue obligada, pero la vejaba con despecho cuando estaba a solas con ella. Por ello, al verse descubierto por cristianos viejos, la arrojó al río y su curso caprichoso la llevó a Valencia.

En el año 1811, la imagen del Cristo del Grao, muy venerada ya por entonces en Valencia, fue trasladada hasta Ibiza para librarla de los expolios que cometían en las iglesias los soldados franceses que ocupaban Valencia. Es por ello por lo que dos siglos después, la talla regresó de forma conmemorativa y provisional a la isla para recordar aquel acontecimiento en la que estuvo oculta durante dos o tres años. Se recuerda que estuvo “hospedada” en una casa de la Calle de la Cruz y en ella se guarda como recuerdo del hecho una reproducción en cerámica.

Y, por si fuera poco, la imagen también se salvó de la quema durante la Guerra Civil ya que, el día que ardió la iglesia, el 20 de julio de 1936, los devotos suplantaron la imagen por la réplica y escondieron el original junto a la imagen de la Mare de Déu dels Desamparats en un armario del archivo histórico del ayuntamiento.

Vista de la cerámica que indica la calle con el nombre del Cristo del Grao; y que relata también la leyenda de su llegada a Valencia.

La Iglesia Santa María del Mar es tenida como la casa de la imagen de Cristo del Grao. Ésta tiene una sola nave con capillas laterales y con un pequeño crucero. Además, cuenta con una pequeña capilla tras el altar. Al igual que muchas otras iglesias de Valencia, su cúpula es de una llamativa teja azul que maravilla a los visitantes. En el siglo XVII comenzó la construcción del nuevo templo, que creció en longitud pero no en anchura, hasta convertirse en la iglesia tal y como hoy se la conoce, salvo ciertas modificaciones y remodelaciones. El reloj del campanario se añadió finalmente en el siglo XIX.

Salvador Raga Navarro

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