El Cristo del Sahúco

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Vista de la imagen del Cristo del Sahúco, patrón de las Peñas de San Pedro, Albacete (España).

Vista de la imagen del Cristo del Sahúco, patrón de las Peñas de San Pedro, Albacete (España).

A sólo unos días de revivir la semana de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, qué mejor que hablaros de esta devoción a Jesús crucificado. Hablar del Cristo del Sahúco en la provincia de Albacete es hablar de fe, sentimiento y tradición. Y es que, como ya hemos visto en este blog, existen muchas y muy conocidas devociones marianas en esta provincia manchega, pero devociones a Jesús crucificado hay muy pocas y ésta se encuentra entre las más queridas por los paisanos, extendiéndose su devoción a otras provincias como Cuenca, Murcia, Alicante, Valencia etc.

La imagen
La venerada imagen presenta a Cristo crucificado, muerto, con un aspecto sereno y sin exageradas heridas de la Pasión. Se desconoce su autor, así como la fecha exacta en la que lo realizó. A pesar de esto y gracias a pruebas evidentes, se sabe que pertenece a la época de finales del s.XVI o principios del s.XVII. Su iconografía fácilmente podría coincidir con la extensión del culto a Jesús crucificado que se propagó en España durante esos siglos.

La talla no está hecha para vestirla, pero desde la época barroca o incluso antes, la devoción de sus devotos lo ha vestido con el típico paño de pureza, peluca de cabello natural y sudario en el brazo horizontal de la cruz. Por lo general estos ornamentos son muy ricos en telas, bordados, etc. Dependiendo del tiempo litúrgico en el que nos encontremos, así se le cambian estos ornamentos de color.

La cruz donde está clavada la sagrada imagen es una cruz sencilla, sin demasiados adornos y acabados llamativos, ya que es la talla de Cristo crucificado la que llama la atención. En el año 1779 se le añadieron unos acabos en los tres extremos, unas ráfagas en el centro y un cartel de INRI de bronce. Pero es en el año 1856 cuando se vuelve a hacer otro juego idéntico, que en la actualidad es el que porta la cruz. Se cree que el antiguo juego de estos ornamentos se perdió durante la desamortización de Mendizábal.

Origen de la devoción
No se conocen detalles concretos que hayan llegado a nuestros días del origen de la devoción al Cristo del Sahúco, aunque sí se tiene constancia de que ya se veneraba a mitad del siglo XVII. Fue a comienzos del siglo XVIII cuando, a nivel local y provincial, adquirió cierta fama. Llegando la segunda mitad de este siglo, alcanzó la devoción interprovincial, llegando muchos devotos en peregrinación desde lugares muy distantes para alcanzar el amparo y consuelo del Cristo.

La imagen venerada por los devotos, año 2012. Fotografía: Diputación de Albacete.

La imagen venerada por los devotos, año 2012. Fotografía: Diputación de Albacete.

La sagrada imagen tenía fama de milagrosa, y así lo corroboran los escritos que nos dicen que los primeros milagros fueron curaciones a enfermos de Bogarra, Barrax, Pozohondo etc. A partir de entonces se fue construyendo un pequeño santuario en su honor, teniendo las primeras referencias escritas de este lugar de culto en el año 1677. El santuario, aparte de la ermita, también tenía un convento, que en 1753 empezó a gestionarse por los PP. Franciscanos, permaneciendo allí durante 14 años. Desde la partida de los PP. Franciscanos, el santuario pasó a gestionarse por el clero de las Peñas de San Pedro, que reconvirtió el convento en casa de colonias.

La ermita es una joya arquitectónica, su interior es de estilo rococó, así como el camarín del Santo Cristo, que es de planta octogonal, muy al estilo de las “modas” del s.XVIII.

Sobre el origen del nombre del Sahúco, que como hemos dicho da nombre a la aldea donde está el santuario y al mismo Cristo, no hay nada seguro y los historiadores no llegan a un conclusión clara. La hipótesis más extendida menciona que el paraje recibió este nombre por la abundancia de un arbusto leñoso llamado saúco que crece en las zonas húmedas.

Traída y llevada, “procesión del Cristo”
La tarde de cada lunes de Pentecostés, después de tener lugar una multitudinaria Eucaristía en el santuario del Sahúco, empiezan a reunirse todos los devotos y “andarines”, ataviados con vestimentas blancas y fajín rojo ceñido a la cintura. A las 5 de la tarde da comienzo esta famosa y atípica procesión. El Cristo del Sahúco es sacado en andas y la Virgen Dolorosa es sacada en segundo lugar: los dos se dirigen hacía la Cruz Chica, que es punto de encuentro de las dos imágenes. Al llegar la procesión a este lugar de la Cruz Chica (una cruz de piedra), tienen un encuentro Jesús y su Madre: la Virgen Dolorosa se despide, no continuando el siguiente recorrido.

Encuentro del Cristo con la Virgen Dolorosa. Fuente: www.laverdad.es.

Encuentro del Cristo con la Virgen Dolorosa. Fuente: www.laverdad.es.

Es después de este encuentro cuando los devotos meten la imagen del Cristo del Sahúco en una urna en forma de cruz, preparada para ser llevada a hombros. Cuatro mozos/as andarines son nombrados por el santero para portar la sagrada imagen y con los vítores ¡Viva el Cristo del Sahúco! da comienzo una carrera-procesión de 14km, hasta llegar al pueblo de la Peñas de San Pedro. Durante esta larga carrera, la urna que en su interior contiene la imagen del Cristo es portada por los andarines, que se van turnando cuando las fuerzas de los anteriores van menguando. En el trascurrir de la marcha, hay tres paradas oficiales donde se descansa unos instantes y se reúnen los fieles para besar al Cristo. Estos parajes son la Cruz del Pardalejo, la Rambla, y el Puente de la Solana.

La solemne llegada al pueblo tiene lugar sobre las ocho de la tarde: a la entrada del pueblo se agolpan los fieles devotos venidos de muchos sitios, esperando la “Cruz de Cristo”, que es recibida con vítores y aplausos. Estos vítores y aplausos se tornan en un gran silencio cuando la imagen del Cristo del Sahúco es sacada de la urna y colocada en sus andas para dar comienzo a la última procesión, que lo lleva desde las afueras del pueblo hasta la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Esperanza, donde se celebra la última eucaristía como bienvenida.

En esta iglesia de las Peñas de San Pedro permanece durante casi unos tres meses, dedicándole novenas, oraciones, misas etc. Llegando el día veintisiete de agosto, se reza el último día de novena y se saca en procesión por las calles de la localidad. El pueblo ya se prepara para despedir al Cristo y llevarlo hasta su santuario de la aldea de El Sahúco.

Fotografía de los "andarines" bajando el Cristo. Año 2012.

Fotografía de los “andarines” bajando el Cristo. Año 2012.

A las seis de la mañana del día veintiocho, se oficia la solemne misa de despedida y, con los primeros rayos del sol, se lleva la imagen del Cristo hasta la cruz que hay unos 500 metros del pueblo. También es acompañado por la Virgen Dolorosa. De nuevo allí se prepara en su urna, entre vivas y aplausos, para retornar a su santuario por el mismo camino que fue llevado hasta el pueblo. Cuando se escucha la grave voz del santero decir ¡palmas gandules!, entonces empieza la carrera-procesión.

La vuelta es igual que la traída, pero en sentido inverso, haciendo las paradas en los mismos lugares, recogiendo a los andarines durante todo el trayecto. A las nueve de la mañana llega a la explanada del santuario, donde miles de personas devotas lo están esperando. A continuación se celebra la sagrada eucaristía al aire libre y se lleva al Cristo en procesión, hasta depositarlo en su camarín, donde permanece todo el año a la espera del lunes de Pentecostés.

David Garrido

Enlaces consultados (27/03/2014):
http://www.dipualba.es/Main/
http://www.parroquiapenasdesanpedro.org/cristosahuco05.php
http://www.xn--peasdesanpedro-rnb.es/
http://es.wikipedia.org/wiki/Pe%C3%B1as_de_San_Pedro

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Cristo Yacente de El Pardo

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Vista completa del Cristo yacente de Gregorio Fernández (s.XVII), más conocido como Cristo de El Pardo.

Vista completa del Cristo yacente de Gregorio Fernández (s.XVII), más conocido como Cristo de El Pardo.

A pocos kilómetros de Madrid nos encontramos con el pueblo de El Pardo, denominado como Real Sitio por su vinculación con la realeza española desde hace siglos. En la antigüedad servía como zona cinegética de los diferentes monarcas, residencia de verano, cuartel general; entre otras muchas funciones que cumplió durante los siglos XIX y XX. En la actualidad allí se encuentra el convento de los Padres Capuchinos, conocido popularmente como el convento del Cristo de El Pardo. Este antiguo convento lo mandó construir el rey Felipe III, y en su interior alberga la relevante talla barroca del Cristo yacente, considerada como obra maestra de este período.

Historia
Según la tradición, el rey Felipe III, para conmemorar el día del nacimiento de su hijo Felipe, futuro monarca que reinaría con el nombre de Felipe IV, y que nació el día de Viernes Santo del año 1605; mandó hacer una escultura de esta escena de la Pasión, que encargó al escultor Gregorio Fernández, cuyo taller estaba fuera de la Corte, en la ciudad de Valladolid: la escuela vallisoletana.

Pasados unos años, en vista de las dimensiones que había tomado el pueblo gracias a los sirvientes, guardas, campesinos etc. que allí se instalaron, acompañando a la familia real y a toda la corte real, se construyó una residencia-capilla provisional y rudimentaria, al estilo de las primeras construcciones francisanas, para cubrir las necesidades espirituales de los pobladores. “En este mi bosque del Pardo tengo mis frecuentes diversiones, tengo mi palacio, mis criados y guardas en casas distantes, pero no hay más iglesia que una sencilla capilla en mi palacio, ni más sacerdote que un capellán que va a decir misa los días de fiesta. Quiero que tengan más pasto espiritual y que no les falte por falta de ministros; y quiero que seáis los capuchinos; id desde luego, escoged sitio cerca de mi palacio; hágase en él a mi costa y de mi orden un convento de advocación a Nuestra Señora de los Ángeles…” (Felipe III). Asistieron a la primera misa el rey Felipe III, el duque de Lerma y otros muchos caballeros notables de la Corte, siendo el día 21 de Noviembre de 1612.

Detalle del busto de la escultura y el convento donde se venera. Estampa devocional de los años 40.

Detalle del busto de la escultura y el convento donde se venera. Estampa devocional de los años 40.

Al siguiente año se amplió considerablemente la zona de la iglesita (como los capuchinos cariñosamente la llamaban), supervisando estas obras el mismo rey. La primera misa en esta nueva iglesia la celebró don Diego de Guzmán y asistió la Corte al completo, quedando bajo la titularidad de Nuestra Señora de los Ángeles. En el año 1615, diez años después de haber mandado hacer la imagen, el monarca Felipe III hace donación al convento de los capuchinos de la imagen del Cristo yacente. “Su majestad gustó donarla a su Convento Real del Pardo, y mandó se trajese a él y que se colocase en una urna de la capilla de la iglesia, como se hizo…”. Este traslado se hizo desde el oratorio del Palacio Real de Madrid hasta el convento de los capuchinos de El Pardo, siendo un acontecimiento religioso de los más solemnes de aquel año en España. A su llegada, el convento de El Pardo fue eje de peregrinaciones, sucediéndose por varias semanas un número incontable de personas que venían a depositar sus oraciones ante la imagen del Cristo.

El 30 de noviembre de 1638, apenas 30 años después de la primera construcción del convento, se pone la primera piedra del nuevo y definitivo convento en el lugar que ocupa actualmente, con asistencia del nuevo rey, Felipe IV; y toda su Corte. El convento antiguo, situado en la ladera sur, a unos 150 m del actual, resultaba para los Hnos. Capuchinos poco adecuado, a causa de la excesiva humedad en invierno y altas temperaturas del verano.

Durante casi todo el siglo XIX y parte del siglo XX, el convento de los PP. Capuchinos y la imagen del Cristo Yacente sufren las consecuencias de los diferentes períodos bélicos. En plena Guerra de la Independencia tuvo lugar la primera expulsión violenta de los religiosos, quedando el convento vacío y expoliado de sus casi 500 obras de arte, algunas firmadas por pintores tan importantes como Lucas Jordán o Francisco Rizzi. La santa imagen del Cristo pasó algún tiempo escondida en el convento, y posteriormente, en el pueblo de El Pardo. Ya en 1814 volvieron los PP. Capuchinos, encontrando a su paso todo totalmente en estado de ruina. Por deseo del monarca se reconstruye parte del convento y el 24 de junio de 1815 volvió la santa imagen a su capilla. Recorriendo la procesión por segunda vez el empinado camino que, con el tiempo, recibiría el nombre de “Cuesta del Cristo”.

Vista de la imagen restaurada desde los pies.

Vista de la imagen restaurada desde los pies.

En 1835 tiene lugar en España la exclaustración de las órdenes religiosas, afectando también a los capuchinos, que se vieron obligados a abandonar el convento. Al encontrarse éste deshabitado, fueron muchas las preocupaciones y deseos de vuelta los que tenían la reina Isabel II y su esposo el rey consorte don Francisco. Pero jurídicamente las órdenes religiosas estaban prohibidas en España; por esta razón recurren a un simple cambio de nombre, aunque con el mismo fondo: en vez de “Capuchinos” se llamarán “Señores Capellanes”, usarán sotana y capa negra, tendrán estatutos propios y no podrán ausentarse del convento sin ir acompañados. Mientras tanto, la imagen del Cristo yacente, por una orden fechada el 8 de noviembre de 1836, retorna al Palacio Real de Madrid. Y una nueva orden emitida el día 24 de enero de 1837, comunica que debe ser trasladada a la iglesia del Buen Retiro, donde permanecerá nada menos que trece años. Finalmente, por voluntad del rey consorte don Francisco, se expide una Real Orden para que el Cristo volviese al que era su lugar, cumpliéndose este voluntad el 12 de noviembre de 1850.

Con la revolución de 1868 el edificio quedo abandonado y la comunidad provisional de los “Padre Capellanes” tuvo que ser disuelta. Al término de este conflicto, la reina regente doña María Cristina de Habsburgo-Lorena, por concesión especial, devuelve el convento a los Capuchinos y les permite su regreso para hacerse cargo de la custodia del Santo Cristo yacente. Siendo esta concesión ratificada en 1902 por Alfonso XIII. En 1910, restablecida la paz en España, los PP. Capuchinos fundan el que casi durante un siglo sería el Real Colegio Seráfico. Allí recibirían su formación los niños y jóvenes aspirantes a la Orden Capuchina.

Desgraciadamente, durante la Guerra Civil, el día 21 de julio de 1936, el convento y el colegio fueron asaltados por cientos de milicianos, con el consiguiente saqueo y destrucción. Religiosos y alumnos fueron detenidos y separados violentamente. Algunos religiosos, como el superior fray Alejandro Sobradillo, fray Gregorio de la Mata, fray Carlos de Alcubilla, fray Primitivo de Villamizar, fray Gabriel Aróstequi y el donado Norberto Cembrados fueron martirizados. Todos ellos fueron beatificados el pasado 13 de octubre de 2013 en Tarragona. Si Dios quiere escribiremos pronto sobre este grupo en el blog. Algunos alumnos fueron enviados a otros países, como Francia. El edificio quedó como cuartel de los milicianos de la CNT.

Vista de la escultura de Gregorio Fernández sacada en procesión dentro de una urna.

Vista de la escultura de Gregorio Fernández sacada en procesión dentro de una urna.

Pasada la Guerra Civil, la santa imagen, que fue salvada milagrosamente del expolio, vuelve de nuevo al convento. Durante los tres años del conflicto había peregrinado por diferentes lugares, como la iglesia de San Francisco el Grande, el Museo del Prado y la iglesia de Jesús de Medinaceli. Desde esa vuelta del año 1939, la imagen del Cristo yacente se halla expuesta en una ornamentada urna de bronce y mármol, obra del orfebre Félix Granda, en una capilla lateral del convento. A la entrada se puede leer: “Aquí yace el cuerpo venerable de Cristo”.

La imagen
Como ya hemos dicho al principio del artículo, a esta talla se la denomina como “joya del barroco español” por su gran calidad artística. Está realizada en madera policromada, pintada al óleo, mide 1,60m y se concibió para ser contemplada lateralmente. Representa a Jesucristo en posición yacente sobre un sudario y una almohada donde apoya la cabeza. La cabeza del Cristo está inclinada hacia el lado derecho, también la pierna izquierda esta más adelantada que la derecha, que está levemente contraída. Los brazos se extienden separados del tronco, dando la sensación de simetría, que también se aprecia en la cabellera, al quedar desplegadas varias madejas de cabello a los lados de la almohada.

El escultor Gregorio Fernández consiguió que destacaran las llagas de la crucifixión, siguiendo las pautas estéticas de la escultura religiosa española del barroco. No fue la única talla de estas características que salió de sus manos, ya que se le atribuyen otras muchas. Pero sobre todo, la que hay en la catedral de Segovia, que es de semejantes características. Quedó tan satisfecho con esta imagen, no sin antes tener complicaciones realizando la cabeza, que solía decir: “El cuerpo yo lo hice, pero la cabeza la hizo Dios”. Y es que según él mismo contaba, se encomendó a Dios estando tres días en oración, ayuno y confesión; con el fin de que Dios interviniera en esa tarea.

Detalle del busto de la imagen.

Detalle del busto de la imagen.

En la actualidad se puede visitar en convento y sale en procesión cada Semana Santa, el día de Viernes Santo, llegando hasta la iglesia del pueblo de El Pardo.

David

Enlaces consultados (04/02/2014):
http://www.cristodelpardo.com/
http://www.elpardo.net/2012/02/06/imagen-del-santo-cristo-yacente/

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Cristo del Carmen de Xàtiva

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Detalle del rostro del Cristo del Carmen. Colegiata de Xàtiva, Valencia (España).

Detalle del rostro del Cristo del Carmen, tras su restauración en 2006. Colegiata de Xàtiva, Valencia (España).

La imagen del Santísimo Cristo del Carmen de Xàtiva es una talla de madera policromada del siglo XV que se venera en la Capilla de la Comunión de su magnífica Colegiata. Desde el año 1838 su imagen se encuentra allí entronizada ya que, a raíz de la desamortización, quedó destruido el convento carmelita donde se veneraba anteriormente. La imagen sufrió posteriormente, en los sucesos del año 1936, la pérdida de la cabeza y la rotura de piernas y brazos; y fue por entonces restaurada, pero de forma superficial.

Ya en el año 2006, con motivo de la exposición “La Llum de les Imatges”, el Cristo fue nuevamente restaurado en el taller de Bétera y se pudo recuperar el color original, que permanecía oculto por una capa de suciedad y de repintes posteriores. Esta obra religiosa, que goza de gran devoción en Xàtiva e incluso se la considera milagrosa, representa a Jesús muerto y asido al madero por tres clavos, con la cabeza reclinada sobre el hombro derecho.

A la historia del Cristo del Carmen se le unen elementos de la tradición que ofrecen un curioso relato sobre el origen de esta preciada imagen. En una novena muy antigua que guarda el Archivo de la Colegiata se puede leer: “Vivía a mediados del siglo XVI en Xàtiva un caballero de noble familia llamado don Antonio Sanz, quien hizo voto de visitar personalmente a la Virgen de Montserrat en Cataluña. Al pasar por Barcelona para cumplirlo, vio en casa de un escultor la imagen del Santísimo Cristo, cuya compra convino, dejando la escultura pagada en su poder para recuperarla a su regreso de Montserrat. Mientras tanto duraba la ausencia del comprador, el artista decidió hacer otra imagen igual para sustituírsela al Sr. Sanz en vez de la que tenía comprada. Puso aquélla en el escaparate de nuevo y allí la vio otro caballero castellano que oyó decir al Crucifijo: “Judas me vendió una vez. Tú has querido venderme dos. Tu codicia y el dinero serán tu perdición”.

Vista completa del Cristo del Carmen, antes de su restauración en 2006. Capilla de la Comunión, Colegiata de Xàtiva, Valencia (España).

Vista completa del Cristo del Carmen, antes de su restauración en 2006. Capilla de la Comunión, Colegiata de Xàtiva, Valencia (España).

Corrió entonces por Barcelona la noticia del hecho milagroso y el Obispo mandó colocar la imagen del Cristo en la iglesia Catedral de Barcelona para su pública veneración. Cuando regresó el caballero Sanz de su viaje a Montserrat y se enteró del portento, reclamó su joya, cosa que le fue regateada primero y concedida al fin por tener así derecho, con la consiguiente decepción de la ciudad. Cuando regresó a Xàtiva Antonio Sanz y llegó al Hospital de San Julián (antiguo Convento del Carmen), le ocurrió el nuevo portento de no poder pasar el carruaje que conducía el Crucifijo y allí hubo de dejarlo, venerándose desde entonces en el altar mayor.

Ésta es la tradición piadosa de dicha imagen, leída en un antiguo manuscrito original del año 1757 y atribuido al Prior P. Carlos Castañeda, hermano de San Jacinto Castañeda, del que ya realizamos un artículo, procedente del destruido Convento del Carmen.

De aquella fundación tenemos un lienzo de grandes dimensiones en el que aparece San Julián y que siempre ha estado vinculado a la imagen del Cristo. Éste estaba incrustado en el retablo de la Capilla de la Comunión de la Colegiata como recuerdo de aquel antiguo hospital. En éste se hospedaban sobre todo los peregrinos que iban a los santos lugares de Roma y Tierra Santa. Aquí eran acogidos, descansaban, recuperaban fuerzas y seguían su peregrinación.

Lo que fue el Hospital de San Julián sirvió luego para construir el Convento del Carmen y, como la imagen del Cristo se quedó allí, es por ello que recibe de éste el nombre. Además se produjo en el pasado mes de febrero un hecho histórico, ya que esta imagen no salía en procesión desde el año 1838, y ha sido ahora bajada de su hornacina 175 años después, para ser llevada a hombros hasta el altar mayor, donde tuvo lugar una misa concelebrada por el cabildo colegial y sacada en procesión a hombros de los feligreses por la plaza de la Seo.

Salvador Raga Navarro

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San Vicente Ferrer y el primer orfanato del mundo

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San Vicente Ferrer, fundador del primer orfanato de Valencia. Fuente: Biblioteca Valenciana Nicolau Primitiu,

San Vicente Ferrer, fundador del primer orfanato de Valencia. Fuente: Biblioteca Valenciana Nicolau Primitiu,

En el año 1170 el venerable Lamberto de Begues, piadoso presbítero de Lieja, fundó la congregación de Doncellas Seglares, la cual fue conocida bajo el sobrenombre de su fundador y llamada de las “Beguinas”, extendiéndose por Flandes, Alemania y Francia. Ramón Guillén Catalá, vecino de Valencia, legó una casa situada en la calle de San Vicente, frente a lo que era el Convento de San Agustín, para hospital de los ermitaños que por allí se albergaban en diferentes ermitas. En esta casa se guarecían cuando enfermaban y allí disponían de una pequeña renta para el caso y para los enfermeros que los cuidaban, cuyos ermitaños se llamaban Hombres de Penitencia o Beguines.

En septiembre del año 1410, San Vicente Ferrer utilizó la existencia de la casa de los Beguines para un fin superior, haciéndoles abrazar la regla de la Tercera Orden de Santo Domingo. Por aquel entonces, como las calles estaban llenas de moriscos, huérfanos errantes, abandonados según costumbre general a la caridad de los cristianos, el Santo aconsejó a los Beguines que se ocuparan de estos niños; y el Santo permaneció predicando un breve espacio de tiempo en Valencia; y en esos días es cuando tuvo lugar la Fundación del Colegio de los Niños Huérfanos en el conocido como Hospital de Santa María. El “Pare Vicent” incluía en sus predicaciones frecuentemente lo que todos contemplaban en las calles de su ciudad natal: mucha niñez huérfana y abandonada. Así, movido por su celo caritativo y apostólico, fundó el Colegio y es así como se pudo fundar el primer establecimiento conocido para la atención específica a los niños errantes.

A los Beguines, que desaparecieron por efectos de las guerras, les sucedió una cofradía llamada de los Huérfanos de San Vicente Ferrer. En el año 1626, en tiempos del patriarca Juan de Ribera, su acogimiento se hizo extensivo a todos los huérfanos indistintamente, moriscos o no, y se trasladó desde la Calle de San Vicente a la casa que ocuparon durante muchos años en la entonces denominada calle Sagasta, colegio que fundó el emperador Carlos V para albergar y educar a los hijos de los moriscos convertidos, por lo que aún hoy conserva el nombre de Colegio Imperial. Es así como los niños ocuparon la Casa del Emperador.

Los reyes Carlos I y Felipe II habían promovido la cristianización de los moriscos en su casa de Valencia de forma insistente. Como el intento no fue fructífero, Felipe III lo reintentaría en su tiempo. Pero en el año 1609 tuvo lugar la expulsión de los moriscos y, por ello, la Casa del Emperador quedó sin moradores y ello movió a que se pidiera dicha casa para los niños de San Vicente. Felipe IV, considerando el deseo de su padre de que los niños huérfanos ocupasen y pasasen a vivir perpetuamente en la Casa Imperial accedió a la petición. Se requería, además, la aprobación papal y la Bula del papa Urbano VIII se obtuvo en 1624. En el año 1968 el edificio, junto con su capilla, se desmoronó y fue trasladado años después a San Antonio de Benagéber. Hoy nos queda en la C/Pérez Báyer una estatua callejera del Santo en recuerdo de aquel edificio.

Antigua foto del Cristo de la Penitencia. Colegio Imperial de Niños Huérfanos de San Vicente Ferrer, Valencia (España).

Antigua foto del Cristo de la Penitencia. Colegio Imperial de Niños Huérfanos de San Vicente Ferrer, Valencia (España).

Cuando faltaron los Beguines, quedaron en su Casa-Hospital de Santa María dos imágenes: una la del Santo Cristo de la Penitencia, imagen destruida en el año 1936, que fue trasladada al Colegio de Niños Huérfanos de San Vicente Ferrer, o sea, al domicilio que existía en lo que era la calle de Sagasta. La otra, la de Nuestra Señora, que se denominaba de los Niños Perdidos y que recogieron los religiosos agustinos descalzos, fue trasladada posteriormente a la villa de Caudiel en cuya iglesia se venera bajo la advocación del Niño Perdido y que es la misma que tuvieron los Beguines desde 1334, y a la que hablaba familiarmente San Vicente Ferrer y que él dejó allí como protectora de sus hijos.

Hoy, el Colegio Imperial de Niños Huérfanos de San Vicente Ferrer tiene como fines dar albergue, alimentación, educación y formación moral, religiosa y social lo más completa posible, siguiendo la doctrina católica, a niños de ambos sexos, necesitados y que sean huérfanos o se encuentren en una situación familiar semejante a la orfandad. (Estatutos, art. 3, I). Sigue su estatutario diciendo que “Recibirán los colegiales la más completa formación integral que asegure el pleno desarrollo de su personalidad, siendo el pilar esencial de la formación que se pretende la religiosa, conforme a la doctrina de la Iglesia Católica y bajo la dirección espiritual del clavario director” (Estatutos, art 21, I) y que “Recibirán los niños la más completa instrucción escolar y post-escolar posibles, procurando que todas las mentalidades se aprovechen, según su capacidad y laboriosidad, y que los colegiales encuentren, a la salida del Colegio, en una íntegra formación, la mejor defensa contra las dificultades de la vida”. (Estatutos, art 21, II).

Salvador Raga Navarro

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El Cristo de Sumacàrcer

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Vista completa de la talla del Santísimo Cristo de la Morera, venerado en Sumacàrcer, Valencia (España).

Vista completa de la talla del Santísimo Cristo de la Morera, venerado en Sumacàrcer, Valencia (España).

Según una antigua tradición, la imagen del Santísimo Cristo de la Morera de Sumacàrcer llegó flotando por el río Xúquer en una riada del año 1447, siendo ésta salvada y entregada a los cristianos por un vasallo mudéjar del lugar después de una lucha con otro compañero moro que quiso destruirla. Sabemos que dicha imagen estaba ya en la capilla del palacio en el 1491 y es a partir del año 1547 cuando comenzó a celebrarse la fiesta del Cristo de la Morera, coincidiendo con el 6 de Agosto, festividad de la Transfiguración del Señor. Es, sin embargo, en los siglos XVII-XVIII cuando, tras sucesivas repoblaciones de cristianos después  de la expulsión de los moriscos en 1609, la iglesia de Sumacàrcer, comunidad y edificio, tuvo una importante relevancia en toda la comarca de la Ribera y en el resto del Reino de Valencia. En el año 1936 fue afortunadamente escondida por un devoto para evitar su destrucción y en el 1997 se fundó la cofradía del Santísimo Cristo de Sumacàrcer.

La talla del Cristo de la Morera es uno de los pocos ejemplos del gótico arcaizante popular que existen hoy en la diócesis de Valencia. Se trata de una imagen de autor desconocido para oratorio particular realizada a mediados o finales del siglo XV, a la que los condes de Sumacàrcer colocaron a finales del siglo XVIII una excelente corona de oro con sus armas labradas en ella, obra de taller valenciano. Se encuentra actualmente en una capilla de la Iglesia de San Antonio Abad y San Nicolás de Bari acompañada de una serie de seis medallones ovalados conteniendo frescos alusivos al Cristo. En concreto, estas representan el hallazgo del Cristo y la lucha de los dos moriscos, el traslado de la imagen del Cristo a la parroquia, el Cristo devuelve la vida a Policeno Crespí, hijo de los condes y que había caído desde un balcón, el Cristo impide el crimen de tres malhechores contra un huertano, el Cristo sana a Miguel López que se había roto el espinazo y, finalmente, el Cristo libra a una mujer de Pozo Lorente de un trabucazo que le disparó su marido.

Según nos cuenta el relato de Mosén Pedro Selva, rector de la parroquia de San Antonio Abad  i San Nicolás de Bari de Sumacàrcer, en su obra “Relato del hallazgo de la imagen del Santísimo Cristo de Sumacàrcer”,  según un escrito del año 1702, podemos extractar lo siguiente:

Detalle del busto del Santísimo Cristo de la Morera, venerado en Sumacàrcer, Valencia (España).

Detalle del busto del Santísimo Cristo de la Morera, venerado en Sumacàrcer, Valencia (España).

En la Baronía de Sumacàrcer, del arzobispado y reino de Valencia, en la Ribera del Júcar, lugar del señorío de los Crespí de Valldaura, habitaban dos moriscos. Era uno de ellos gigante y fuerte y el otro pequeño y de poca fuerza, y los dos tenían como oficio fabricar cal. En el año del Señor de 1547, con el ánimo de recoger leña para avivar un horno de cal, bajaron a la huerta del lugar, a la partida conocida como del Franco, junto al río Júcar. Allí, sobre las cristalinas aguas del río, en medio  de un remolino, vieron una imagen del Crucificado (un crucifijo), que de inmediato sacaron a la ribera. Asombrosamente, la imagen que por el río había llegado a Sumacàrcer, permanecía seca e intacta. Apenas los dos moriscos tuvieron el Santo Cristo fuera del agua, comenzó entre ellos una sangrienta lucha. Uno, el más grande, quería quemar la imagen; el otro, el más pequeño, animado por un impulso superior, quería guardar tan preciada reliquia.

Igual que David ganó a Goliat y como el Buen Ladrón miró la Cruz de Jesucristo, después de valerosa contienda, ganó el morisco que padecía la debilidad. Con sorprendente prodigio y mientras duró el combate, tanto la imagen del Santo Cristo que los moriscos habían apoyado en una morera, como este árbol tan singular, sudaron sangre en recuerdo de la Pasión verdadera. Con gran alegría y profunda gratitud volvieron  al lugar de Sumacàrcer, refiriendo a mosén Crespí  de Valldaura, señor de la población, y al resto de los vecinos tan grata noticia. Dispuso  el noble caballero que aquella sagrada imagen de la Cruz, que milagrosamente había llegado al lugar, fuera llevada en devota procesión por el rector de la parroquia a la iglesia, colocándola en el altar mayor hasta que la generosidad de los condes de Sumacàrcer le construyó la actual capilla, y mandó que todos los años se celebrara tan grande hallazgo para memoria y devoción de la Santísima Cruz.

Salvador Raga Navarro
PRESIDENTE
Asociación Cultural VIA VICENTIUS – GOGISTES VALENCIANS

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