El mito de Santa Wilgefortis

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Detalle de la Santa en el Tríptico de Adriaan Reins, obra de Hans Memling (1480). Museo de San Juan del Hospital, Brujas (Bélgica).

Quizá hoy en día ya no muchos la conozcan, pero durante la Edad Media y Moderna, y especialmente en Alemania y el centro de Europa, fue una de las santas más conocidas y veneradas, estando presente en no pocas iglesias y atribuyéndosele incluso algunos milagros. Hablo de Santa Wilgefortis, quien adopta en la iconografía la forma de una mujer crucificada con una espesa barba y coronada. Lo cierto es que su culto hoy día prácticamente ha desaparecido y sólo resta como leyenda, porque es lo que realmente fue siempre: un mito, nacido de la total malinterpretación iconográfica de una imagen muy diferente.

Barbada y crucificada
El Martirologio Romano, que la recuerda el día 20 de julio, lo hace con la siguiente anotación:“In Lusitania sanctae Vilgefortis, virginia et martyris, quae pro cristiana fide ac pudicitia decertans in cruce meruit gloriosum obtinere triumphum”. Es decir, que simplemente la hacía oriunda de Lusitania -actual Portugal- y que por la fe cristiana y por conservar la pureza sufrió el martirio siendo crucificada.

Este mismo nombre se encuentra de igual manera el día 20 de julio en un martirologio holandés redactado en el año 1476, así como el día 12 del mismo mes en martirologio de Usuardo, consultado por el bolandista Sollier, el cual hace la observación de que mientras el martirologio de Usuardo es del siglo XV, esta nota sobre Wilgefortis es bastante posterior.

En el martirologio de Greven, muerto en el año 1477, se dice siempre el día 20 de julio: “Wilgefortis, regine” (la hace reina); a la que posteriormente otro le añade la anotación “filie regis Portugalie virginis et martyris” (haciéndola hija del rey de Portugal). Esta anotación ha sido revisada palabra por palabra por los editores del Martirologio del monje Usuardo, editado en Colonia en el año 1515 y en el año 1521 en una segunda edición. Esta nota, también revisada por Molano en el año 1568, pasó al Martirologio Romano en el 1583 y fue conservada en todas sus ediciones, incluso en la última revisión del año 2001. (!!!) Esta nota es la que incorpora la leyenda conocida de la Santa, que data de la época de Greven.

Y así, esta leyenda nos cuenta que Wilgefortis era hija de los reyes de Portugal y que fue convertida a la fe cristiana y bautizada sin que lo supieran sus padres, que eran paganos. Ella también habría hecho voto de castidad desde muy joven. Sin embargo, su padre la prometió en matrimonio a un rey de Sicilia y para evitar casarse, ella oró a Dios y le suplicó que destruyese su belleza y la volviese bien fea, para que así el rey no la quisiese como esposa. El Señor, complaciente, oyó sus ruegos y milagrosamente hizo crecer en el rostro de su escogida una espesa barba. (!!!!). Al ver esto, el padre de Wilgefortis montó en cólera y la hizo crucificar.

A lo largo de estos siglos, XV en adelante, a Wilgefortis se le han atribuido varias biografías, muchas de ellas estudiadas por diversos autores. Vamos a recordar algunas: la narración más antigua está en lengua holandesa. De ella se conocen tres redacciones: la de Utrecht, que es atribuida a los benedictinos de Oostbroek, la versión de Deventer que es de la misma época y otra de Bruselas, que es de finales del siglo XV y que posiblemente fue escrita por un fraile agustino. Todas escritas en holandés.

Crucifixión de la Santa. Lienzo de Leopold Püllacher (c. 1820-30) Capilla de San Vito en Telfs (Austria).

De este original holandés, se realiza una traducción al latín que, Cuypers incluye en las “Acta sanctorum” y que es traducida a su vez al francés en los inicios del siglo XVI y al alemán en el año 1607 por el capellán de Eching Neufahn, llamado Gregorio Hörll.
Rápidamente, la literatura piadosa se puso en marcha a gusto de todos, existiendo una especie de “subasta” para ver quién contaba más maravillas, incluso añadiendo hechos absolutamente ridículos como hacerla hermana de otras ocho hijas, todas mártires, lo que indica una terrible confusión con Santa Librada, como veremos.

No es necesario decir que, entre tantos cuentos, los errores históricos son innumerables. Sin embargo, en alguna pequeña localidad portuguesa se le ha festejado el día 20 de julio, confundiéndola con Santa Comba, otra mártir que también aparece crucificada, pero en un árbol. Hay incluso quien ha llegado a decir la barbaridad de que Wilgefortis es Santa Parasceve de Roma, lo que no tiene el menor fundamento.

Una malinterpretación iconográfica
En su comentario al Martirologio Romano, el hagiógrafo e historiador H. Delehaye dice sin rodeos: “Esta santa nunca existió”. Sin embargo, ya en el siglo XVIII, fue otro bolandista, G. Cuypers, quien dice: “Hactenus magis implexa me legere non memini”, admitiendo por primera vez que en su origen, esta mártir llamada Wilgefortis es el resultado de la malinterpretación del llamado Volto Santo de Lucca, una antíquisima imagen-relicario de Cristo Crucificado, a medio camino entre el Christus Triumphans y el Patiens, que se venera en Lucca, Italia. De éste, como de tantos otros Crucificados antiguos, se dice que fue esculpido por San Nicodemo y que tiene la auténtica faz de Cristo, ya que fue esculpido siguiendo las directrices de San Lucas.

Vista del Cristo crucificado conocido como Volto Santo de Lucca (Italia), cuya malinterpretación dio origen al mito de Santa Wilgefortis.

Es de nuevo Delehaye quien nos dice que los peregrinos que iban a Italia, al retornar a sus países de origen, reproducían en sus iglesias esta imagen del Crucificado, vestido con una túnica larga y con una diadema preciosa en la cabeza. El modo insólito de vestir de esta figura del Crucificado habría hecho olvidar que se trataba de un Cristo, sustituyéndose a Jesús por una mártir ficticia de nombre Wilgefortis.

Me explico mejor: al proceder de Oriente y seguir la influencia bizantina, este Volto Santo de Lucca presentaba la imagen propia de la zona: Jesús llevaba túnica, como la mayoría de varones orientales. En Occidente, eso jamás se había visto: los hombres siempre habían llevado pantalones. Cuando la imagen empezó a ser copiada y a circular por Europa, se produjo la metamorfosis: en la mente de los europeos sólo una mujer podía llevar túnica, por lo que creyeron que aquello que veían no era Cristo, sino una mujer crucificada. Irónicamente, eso prevaleció sobre la más que evidente barba, y prevaleció porque ya existían de antiguo viejas leyendas sobre vírgenes cristianas que pedían a Dios la fealdad física con tal de verse libre de los acosos de los mortales, por lo que Él les hacía crecer barba. Así nació el mito de Santa Wilgefortis que ya he relatado: inventaron una mártir cristiana, hija del rey de Portugal, que pidió a Dios que la deformara para escapar a un matrimonio indeseado. Cuando le creció una enorme barba, su padre lo tomó por brujería y la hizo crucificar. Semejante absurdo tuvo mucho éxito y, como decía, el culto de la Santa se extendió por Centroeuropa. Posteriormente daré más detalles acerca de la expansión de este culto.

Este tema es estudiado muy a fondo en la obra de G. Schnüder y J. Ritz, publicada en Dusseldorf en el año 1934 y titulada: “Sankt Kümmeris und Volto Santo; Studien und Bilder”. Por lo tanto, no cabe dudar en ningún momento de que Santa Wilgefortis jamás existió, porque no es más que esto: la imagen de Cristo crucificado que, por llevar túnica, fue confundido con una mujer y a nadie se le ocurrió otra cosa que concluir que se trataba de una mártir barbada y crucificada. (!!!)

Bellísimo altar dedicado a la Santa en la iglesia de Nuestra Señora de Loreto, Praga (República Checa).

La Santa de los mil nombres
Como si no fuera suficiente con ser fruto de un error iconográfico, además Santa Wilgefortis resulta confusa en cuanto a su nomenclatura, pues esta Santa legendaria es llamada de muchas forma. Es J. Gessler quien señala este fenómeno curioso: el nombre de la Santa varía según la región donde es venerada. Mientras su primer nombre, como decía, era Wilgefortis, la devoción popular recordando el hecho de que la misión de la Santa era consolar a los fieles, le atribuye los nombres de Ontkommer (Oncomena), Untkümmeris, Kümmernis, Liberatrix, Débarras, Uncumber, Eutropia, Regilfledis, Dignefortis, Virgo Fortis, Liberata, Livrada, etc.

Estos dos últimos nombres son el resultado de una confusión de Molano con la mártir española venerada en Sigüenza (Guadalajara), cuyo culto ya es atestiguado en Aquitania en el siglo XII. Los nombres de Libortis, Alovene, Onlevene e Illeforte son errores de traducción de una lengua u obra a otra.

El tema de su confusión con Santa Librada, y también con Santa Julia, trae tela que cortar. Son risibles muchos estudios que pretenden demostrar la autenticidad de la Santa, asociándola a Santa Librada o a Santa Julia, mártires crucificadas por excelencia, o hablando de una posible anorexia nerviosa que hubiese provocado el nacimiento de la barba. Todo ello es absurdo. Santa Julia es una mártir africana, Santa Librada es una de las pretendidas nueve hermanas de Santa Quiteria (ver artículo enlazado); y Santa Wilgefortis es el mismo Jesús Crucificado. La anorexia nerviosa es una enfermedad del siglo XX y aunque es posible, por alteraciones hormonales gravísimas, que a una mujer le saliese barba, nadie la haría crucificar ni quemar, sino que tales mujeres eran exhibidas en las ferias y en los circos, como muchos saben.

Culto y devoción
Según Schnürer y Ritz, tanto la leyenda de la Santa como su culto tienen su origen en el siglo XV, concretamente en la ciudad de Steenbergen. Pero Gessler hace observar que ya en el año 1419 su culto estaba difundido en el ducado de Kleve y que unas Actas del año 1400 establecían que en una iglesia de Gent (Bélgica) anualmente se la celebrase delante de su propio altar. Así pues, la veneración de esta Santa, cuyos orígenes están ligados a Flandes, está ya documentada desde finales del siglo XIV, aunque no se conoce ningún documento anterior. Esta época tan tardía prueba como fantasiosa la tesis de algunos autores que quieren ver en Wilgefortis a una antigua divinidad pagana, de origen celta o germano, siendo más lógica y plausible la hipótesis del Cristo malinterpretado.

Ejemplo de escultura la Santa -aquí llamada “Kumerana”- donde aparece sin barba. Iglesia de la Ascensión de Cristo, Deilingen (Alemania).

Esta Santa crucificada fue venerada en Flandes, en Brabante y en todos los Países Bajos. Tal fue la difusión de su culto, que se puede decir sin exagerar que una imagen de la santa estaba prácticamente en todas las iglesias de aquellas regiones. Esto se extendió al Norte de Francia, especialmente a Pas-de-Calais, llegando hasta Beauvais. Pasó a Inglaterra, se extendió por Alemania, especialmente en Rostock y en otras regiones germánicas especialmente en los siglos XVII y XVIII. De ahí, su culto pasó a Suiza, Austria, Bohemia, Polonia y hasta Praga, donde se le llama la “santa flamenca crucificada” (Flàmskà Svatà Starosta).

Es curioso que sin embargo, su culto es absolutamente desconocido en el sur de Europa: España, Portugal e Italia; donde predomina el culto a otras Santas crucificadas que son confundidas con ella por algunos, pero que no son ella: Librada y Julia de Cartago.
Durante los siglos XIX y XX, sobre todo después de las dos Guerras Mundiales, su culto va decayendo, tanto que, en algunos lugares donde con anterioridad era veneradísima, hoy es totalmente desconocida.

Es muy interesante destacar el carácter popular de esta veneración a Wilgefortis, la cual es invocada con intenciones muy diversas: se recurría a ella para la curación de todas las enfermedades, tanto en los niños como en los adultos. Se recurría asimismo a ella cuando existía algún otro tipo de problema en las familias, para la protección de los animales domésticos, protección de los agonizantes, etc. Incluso para solicitar del cielo que a una joven soltera encontrara novio, para ser liberada de un marido maltratador… todos estos puntos extraídos de la leyenda.
Gessler llega incluso a decir que Santo Tomás Moro le rendía culto con el nombre de Uncumber, pero esto lo niegan Schnürer y Ritz en su obra antes mencionada.

Aunque popularmente era muy venerada, jamás se le da dado culto litúrgico generalizado, aunque hay que señalar que en el Missale Trajectense completissimun de Utrech, editado en París en el año 1513, contiene una misa con el título “De sancta Vilgeforti, virgine et martyre”. Es curioso que en la oración de esta misa se dice textualmente: “Sicut ad preces ipsius quam concupivit barbam acreceré fecisti, ita desideria cordis nostri supernae gratiae digneris beneficiis augmentare”. Es decir, que del mismo modo que Dios respondió a las oraciones de la Santa haciéndole crecer barba, quiera Él responder a nuestras oraciones con gracia y beneficios (esperemos que nadie salga milagrosamente barbado de esta singular plegaria).

Es habitual que la Santa acabe adoptando la vestimenta tradicional de las mujeres de la región donde es venerada, tanto nobles como plebeyas. Museo diocesano de Graz, Austria.

Aun sin recibir culto, el nombre de la santa se encuentra actualmente en el calendario de la Iglesia de San Juan en Mechelen (Bélgica), en Hoogstraten, en Amberes, en la Iglesia de Santa Gúdula en Bruselas, etc. En esta última iglesia desde 1645 hasta 1651 se llegó a celebrar misa en su honor el día 12 de julio, pero se suprimió posteriormente.< Se ha dicho que existió un Misal en Maastricht en 1495 que contenía un Oficio de la santa, pero en realidad es el mismo de Utrech del que hemos hablado anteriormente. A principios del siglo XX, aun en Bavegem (Flandes oriental) se la festejaba como Oncomene el día 8 de octubre.

Hemos visto que la veneración a Wilgefortis no tiene su origen, como en la inmensa mayoría de los Santos, en la existencia de una tumba donde se conservase su cuerpo. En ningún lugar de Europa existe una urna, sarcófago o relicario que indique que contiene su cuerpo, aunque sí existen pequeñísimas reliquias sin ninguna importancia, por ejemplo, en Bruselas, en Velzeke-Ruddershove, en Blauwput, en Kruishoutem y en Bavegem. Por supuesto no existe ningún documento oficial en ninguno de estos lugares que autentifique estas supuestas reliquias. Entendiéndose que la Santa es ficticia, es de sentido común concluir que esas reliquias son absolutamente falsas.

Conclusión: una Santa legendaria
Resumiendo todo lo que tenemos hasta ahora, la primera mención a esta Santa se hace en el siglo XV, nace de la confusión con un Crucificado vestido con larga túnica y de ahí se deriva todo lo siguiente: se le ponen mil nombres, se le asigna la categoría de virgen y mártir, se inventa la leyenda de que era hija de un rey portugués, se la pinta y esculpe con barba – y sin barba también, cuando al artista le daba la gana-, no existen, lógicamente, ni su tumba ni sus reliquias y sobre todo, nunca recibió culto litúrgico de manera generalizada.

Finalmente, se puede admitir que el culto a Santa Wilgefortis está en relación con el llamado Volto Santo, el Crucifijo vestido atribuido a San Nicodemo y San Lucas. Efectivamente, esta veneración al Santo Volto ha tenido una importante influencia en la veneración de esta santa barbuda.

Se llega a decir que un famoso violinista mientras tocaba su violín delante de este Crucifijo recibió en compensación una preciosa zapatilla. De ahí que alguna vez a Santa Wilgefortis se la ha representado a veces con un pie calzado y otro descalzo; y con un violinista a sus pies recibiendo la zapatilla. Este milagro se repite en otras muchas imágenes de gran veneración, como es el caso de Santa Cecilia y del Jesús de la Buena Esperanza.

La Santa entrega su zapatilla al violinista. Lienzo en la iglesia de Hilgertshausen, Alemania.

Estudiando todo esto seriamente, actualmente nadie da credibilidad alguna a la historicidad de esta santa; pero, inexplicablemente, aún sigue en el Martirologio Romano (!!!!) mientras que otros santos y mártires de mayor credibilidad histórica han sido retirados.
Éste es un ejemplo de los desastres que se derivan de las malinterpretaciones de la iconografía y la confusión de la imaginería propia de cada zona del mundo. Hay algunos más. Lo importante, insisto una vez más, es no confundir a esta mártir ficticia con Santa Librada o Santa Julia, lo que se hace actualmente en demasía.

Hoy en día, la presencia de esta Santa en las iglesias centroeuropeas es poco más que una curiosidad. Se puede decir que sigue ahí por su valor artístico, por su interés cultural y quizá, como recordatorio de una lección que sería mejor no olvidar: se han inventado más Santos por errores de traducción o de iconografía, que por intencionalidad pura y dura.

Meldelen

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