El Gran Ayuno en la cristiandad oriental

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

"Coliva", hecha con grano hervido y miel o azúcar, es el alimento consumido durante los réquiems, pero también  tomado frecuentemente durante el ayuno.

“Coliva”, hecha con grano hervido y miel o azúcar, es el alimento consumido durante los réquiems, pero también tomado frecuentemente durante el ayuno.

El período de ayuno que precede a la fiesta cristiana más importante es el más largo de los grandes ayunos, pero también el más duro. Aunque es litúrgico, este período se marca a través del cambio del rito usual de las siete oraciones durante el día y a través de ceremonias especiales. Consecuentemente, hay también tradiciones populares de esta época.

Breve historia
El Gran Ayuno duraba para los primeros cristianos no más de una semana antes de la Pascua. Era simplemente una preparación especial para la Fiesta de la Resurrección y tiempo de lamento por la Pasión de Cristo. Poco tiempo después se duplicó por un tiempo de preparaciones para catecúmenos, las personas que se preparaban para ser bautizadas en la noche de Pascua.

Después de los tres primeros siglos, el cristianismo se convirtió en religión de Estado y el número de catecúmenos se hizo visiblemente menor. Prácticamente todos los adultos estaban cristianizados – aquí pasaremos por alto el nivel de cristianización y las razones de su conversión – y prácticamente sólo los neonatos eran candidatos al bautismo. En este contexto, la ceremonia bautismal – inicialmente incluida en la Divina Liturgia de la noche de Pascua – tendió a ser organizada separadamente, como un servicio religioso independiente que incluso tenía carácter privado, y se organizaba a lo largo del año.

La entrada de Jesús en Jerusalén. 1140-1170. Mosaico de la Cappella Palatina. Palermo, Italia.

La entrada de Jesús en Jerusalén. 1140-1170. Mosaico de la Cappella Palatina. Palermo, Italia.

En cambio, el período de ayuno de los catecúmenos fue tomado en observancia por todos los cristianos, que lo veían como un período de arrepentimiento y penitencia, una especie de preparación para el “segundo bautismo”, el “bautismo de lágrimas” o confesión. Hoy en día, en la tradición ortodoxa oriental, hablamos de dos ayunos antes de Pascua, que incluyen un total de 49 días o siete semanas. Los primeros 40 se conectan con el ayuno de Jesús en el monte Quarantania cerca de Jericó, donde fue tentado por el demonio, y los últimos siete con la Pasión. Los dos que quedan, días de “medio-ayuno”, son las fiestas de la Anunciación y el Domingo de Ramos, donde a los creyentes se les permite consumir pescado, productos derivados y bebidas alcohólicas.

Prescripciones culinarias
En lo referente a la intensidad del ayuno en este tiempo, los creyentes ortodoxos observan la más dura retención alimentaria. En el Domingo de la Expulsión de Adán del Paraíso, ocho semanas antes de la Pascua, los sacerdotes y los cristianos se hacen reverencias unos a otros y se piden perdón. Por ello es también llamado el “Domingo del Perdón”. Ese día está también marcado por comidas festivas, donde todo está permitido y la opulencia está aceptada, por el período que viene. Hasta la medianoche todos pueden comer y beber lo que quieran. Teóricamente todo está permitido, pero no la concuspicencia ni emborracharse. En la práctica, se dan casos en que esto ocurre. En cualquier caso, no hay ninguna ceremonia similar a los Carnavales occidentales y hasta hoy estas fiestas no son populares en los países de Europa oriental, no porque la Iglesia las prohíba, sino porque no forman parte de la tradición popular.

Fresco ortodoxo griego de la entrada de Jesús en Jerusalén.

Fresco ortodoxo griego de la entrada de Jesús en Jerusalén.

El tiempo de ayuno comienza el lunes. La primera semana es más dura que todo el ayuno y se da el llamado “ayuno negro”, que significa nada de comida ni bebida hasta la puesta de sol, cuando se permite solamente tomar agua, té, verduras hervidas y semillas, pero no aceite ni alcohol. Este método de ayuno, respetado literalmente y mucho más en los monasterios, fue copiado por los musulmanes para su mes de ayuno del Ramadán, con la excepción de que ellos se permiten comer de todo durante la noche.

Las siguientes semanas del ayuno ortodoxo oriental no son tan duras. La consumición de comida durante el día y la cocina con aceite se acepta de nuevo, salvo en los miércoles y viernes; además, en sábados y domingos se permiten las bebidas alcohólicas, pero con moderación.

El duro programa de la primera semana se repite de nuevo en la semana de Pasión. Por supuesto, los ancianos, los enfermos y los niños no deben respetar estas consideraciones de ayuno. Además, cabe decir que las prescripciones no son respetadas hoy en día por todos los cristianos ortodoxos. Muchos de ellos las respetan sólo la última semana, y un gran grupo ayuna los 49 días adoptando simplemente una dieta vegetariana.

Un fiel cristiano combina estas prescripciones de ayuno con otros hábitos especiales: abstinencia sexual, interés en reducir el comportamiento pecaminoso, más silencio, respetar a los demás más de lo habitual, renunciar a los placeres diarios de oír música, radio; renunciar a ver la tele o películas; vestir sobriamente, hacer actos de caridad, etc.

Ceremonia durante la liturgia de los dones presantificados. Los sacerdotes llevan ropas negras sólo en esta ocasión.

Ceremonia durante la liturgia de los dones presantificados. Los sacerdotes llevan ropas negras sólo en esta ocasión.

Cambios litúrgicos
El tiempo de preparación para la fiesta de la Resurrección se conoce como el período del Triodion, llamado así por el libro usado durante las liturgias. Triodion significa “el libro de los tres himnos”, llamado así porque el habitual canon de ocho himnos cantado durante completas y maitines se cambia por un canon más corto de tres himnos. El tiempo del Triodion se compone de tres semanas preparatorias (y cuatro domingos), cuando las ceremonias litúrgicas son similares a las de todo el año salvo unas odas especiales con carácter penitencial (que recuerdan el pecado, la caída y el arrepentimiento) y las siete semanas de ayuno, cuando los servicios son más largos de lo habitual y consisten en cambios que resumiremos a continuación. También cabe mencionar que la habitual Divina Liturgia de San Juan Crisóstomo se celebra sólo los sábados. Los días hábiles los sacerdotes celebran la liturgia de los dones presantificados, compuesta por el papa San Gregorio Magno, que es de hecho sólo una ceremonia litúrgica vespertina de comunión con el cuerpo y la sangre de Criso consagrados el domingo anterior. Finalmente, cabe añadir que los domingos, salvo el Domingo de Ramos, se celebra la Divina Liturgia de San Basilio, que consiste en no grandes cambios respecto a la de Crisóstomo, salvo unas oraciones eucarísticas más largas.

La primera semana, de ayuno duro, implica también un ayuno litúrgico. De este modo el lunes y el martes no hay liturgia, de manera que los monjes y las monjas no rompen el ayuno hasta el atardecer del miércoles, en la liturgia de los dones presantificados. Otra especialidad de este tiempo es que, después de los servicios de maitines, la primera, la tercera, la sexta horas y la Tipika, al anochecer son celebradas junto con la hora nona, vísperas y Grande Completas combinadas con el Canon Penitencial de San Andrés, obispo de Creta.

Detalle de San Andrés de Creta, quien escribió el Canon Penitencial, en un fresco ortodoxo griego.

Detalle de San Andrés de Creta, quien escribió el Canon Penitencial, en un fresco ortodoxo griego.

La ceremonia será así muy larga, combinada con muchas “grandes reverencias” o metanoia(s), es decir, reverencias hasta tocar la frente con el suelo, y “pequeñas reverencias”, que supone hacer la señal de la cruz y tocar el suelo con los dedos, como señal de caída y arrepentimiento. Al final de cada una de las siete alabanzas, el sacerdote acude al centro de la iglesia y recita la oración de San Efrén el Sirio: “Oh Señor y Maestro de mi vida, no me des espíritu de pereza, intromisión, ansias de poder ni habladuría…” (una gran reverencia) “sino dame a mí, Tu siervo, espíritu de castidad (integridad), humildad, paciencia y amor…” (una gran reverencia)… “Sí, oh Señor y Rey, concédeme el ver mis propias faltas y no juzgar a mi hermano. Porque eres bendito por los siglos de los siglos. Amén”. (Una gran reverencia). Por supuesto, todos los cristianos se inclinan juntos con el celebrante y rezan en una actitud humilde.

Las otras semanas de ayuno siguen las reglas litúrgicas de la primera semana salvo el Canon de San Andrés de Creta. La liturgia de los dones presantificados se permite en cualquier día de la semana, celebrándose prácticamente miércoles y viernes, porque el sacerdote no puede consagrar demasiados panes en la liturgia del domingo. Dos maitines se celebran inusualmente en los anocheceres de miércoles y viernes en la quinta semana de ayuno, dedicados al Canon de San Andrés y al himo del Akathistos de la Anunciación, siendo los signos de “inversión litúrgica” que va a suceder en esta Cuaresma.

El Patriarca Daniel leyendo el Canon de San Andrés de Creta. Sólo en la Gran Cuaresma visten ropas negras.

El Patriarca Daniel leyendo el Canon de San Andrés de Creta. Sólo en la Gran Cuaresma visten ropas negras.

La semana de Pasión es la más bella en cuanto a ceremonias litúrgicas. Su especialidad reside en primer lugar en la “inversión litúrgica”: esto significa que lo servicio matutinos habituales se dan en el atardecer anterior y los servicios del atardecer se dan por la mañana y al mediodía. Prácticamente, el servicio matutino del lunes se da el domingo al anochecer, y el servicio del atardecer del lunes (las vísperas del martes) sucede en lunes, sobre las diez de la noche. En todos estos extraños cambios los “servicios matutinos” tienen una estructura visiblemente cambiada, recordado lo que le sucedió a Jesús esa semana. De este modo, el miércoles se conmemora el encuentro con Judas con los líderes del templo, el jueves la Última Cena, la oración en Getsemaní y el arresto de Jesús, el viernes el juicio de Jesús, la crucifixión, su muerte y sepultura.

En esta semana, viernes y miércoles son alitúrgicos, lo que significa que no hay misa ni comunión, porque los cristianos se preparan fuertemente con un ayuno más largo. El jueves se celebra la Divina Liturgia de San Basilio, durante la cual el sacerdote lava los pies a doce personas, recordando a Cristo, que lavó los pies de los apóstoles.

Un servicio muy especial, de rara belleza, es el “servicio matutino del viernes”, que se celebra al anochecer del jueves, también conocido como el servicio de los doce Evangelios. Durante dos o tres horas de oración intensa se leen todos los capítulos de los Evangelios referentes a todo desde la Última Cena hasta el Entierro de Cristo, siendo leídos de los Cuatro Evangelistas. La lectura de los doce Evangelios se combina con bellos himnos cantados en ocho tonos diferentes. El núcleo de la liturgia es el momento en que el sacerdote llega con una gran cruz desde la cámara del altar y la coloca en el centro de la iglesia. Los creyentes la adornan con flores, paños populares, se inclinan ante ella y besan las piernas de Cristo. Todos creen fuertemente que Cristo está realmente crucificado ante ellos, en la iglesia.

"Prohodul Domnului" (funeral del Señor) en el Patriarcado Rumano.

“Prohodul Domnului” (funeral del Señor) en el Patriarcado Rumano.

Después de la “víspera del sábado”, celebrada el Viernes Santo en torno a las diez de la noche, cuando un sudario pintado con la escena del Santo Entierro es colocada en el centro de la iglesia, tiene lugar el más bello servicio de los maitines de sábado, que tiene lugar al anochecer del viernes. Es la ceremonia del Entierro de Cristo. Todos los cristianos actúan como si estuviesen en un funeral. Traen flores, velas, besan el sudario como si fuese el icono que acompaña normalmente al difunto. A continuación, se inclinan ante la mesa donde está puesto el sudario, pasan bajo él y llegan hasta la cruz, que está allí desde el día anterior. A través de este gesto, los cristianos imaginan que han entrado en la tumba de Cristo y se han inclinado ante Él.

Durante el servicio, cuando cantan como en un funeral, recuerdan la muerte de Cristo, imaginan el dolor de María, de las mujeres mirróforas, de José y de Nicodemo. Al final de esta ceremonia, el sacerdote y los celebrantes toman el sudario y rodean la iglesia con él, siendo seguidos por todos los cristianos, que llevan velas y cantan el habitual Agios funerario: “Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ¡ten piedad de nosotros!” Al volver a la iglesia, los celebrantes llevan el sudario tan alto, que los creyentes cruzan bajo él para volver a entrar en el santuario. Finalmente, el sacerdote toma el sudario y lo coloca en la mesa del altar -que ahora simboliza el Santo Sepulcro -, toma la cruz dejada en medio de la iglesia y la deja de nuevo detrás de la mesa del altar, y bendice a los cristianos.

Procesión con el sudario durante el Funeral del Señor.

Procesión con el sudario durante el Funeral del Señor.

Al día siguiente, el Sábado Santo, se celebra de nuevo la liturgia de San Basilio, donde se leen las doce profecías sobre la pasión de Cristo. El día entero es de preparación para la gran noche de Pascua.

La inversión litúrgica
La “inversión litúrgica” en estos días tiene un claro sentido simbólico. Los religiosos entienden que el año acaba en invierno y comienza en primavera. Al final, siempre hay “ceremonias caóticas”, durante las cuales los roles de la sociedad cambian en una extraña fiesta carnavalesca: los sacerdotes se convierten en laicos, los laicos en sacerdotes, los reyes pasan a ser mendigos y los mendigos reyes, los hombres se visten con ropas femeninas y las mujeres con ropas masculinas, etc. Ése es el símbolo de la disolución del viejo mundo. El nuevo año comienza con el retorno a la normalidad, la decencia y el gobierno.

Del mismo modo, los cristianos orientales suelen celebrar el inicio del año con la noche de Pascua. Es por ello que el Evangelio leído durante la Liturgia de Resurrección – el Prólogo de Juan – no tiene nada que ver con la Resurrección, sino con la creación del mundo. Litúrgicamente, los cristianos no hacen carnaval, no cambian las reglas de la sociedad, pero creen que el tiempo se descarría: la mañana se convierte en anochecer y viceversa. El tiempo no tiene ya paciencia, está esperando la Resurrección.

Los dos días restantes
Los dos días restantes de “medio-ayuno” son el 25 de marzo, el día de la Anunciación, y el Domingo de Ramos. Esos días se celebran litúrgicamente de modo habitual. Debido a los grandes eventos que se conmemoran, a los creyentes se les permite comer pescado, productos derivados del mismo, aceite y vino. Muchos predicadores subrayan estas fiestas como “pilares” de apoyo durante el tiempo de ayuno, para que el cuerpo humano no quede exhausto.

Detalle del sudario durante la celebración del Entierro de Cristo.

Detalle del sudario durante la celebración del Entierro de Cristo.

Otros pilares son los domingos, cuando se permite también el consumo de aceite y vino. Estos domingos están especialmente dedicados a las ideas de ayuno y recolección:

– El Domingo de la Ortodoxia, en conmemoración al Séptimo Concilio Ecuménico de Nicea (787) y su secuela de Constantinopla (842), cuando los iconos fueron restaurados en las iglesias.

– El Domingo de Gregorio Palamas, arzobispo de Tesalónica y gran defensor del exicastismo, la Oración de Jesús, siendo él mismo un gran ayunador y teólogo.

– El Domingo de la Cruz, colocada en medio de la Cuaresma como su axis, porque la cruz es el axis mundi.

– El Domingo de Juan Clímaco, el Santo que escribió un popular trabajo ascético, “La Escalera de Virtudes”, que se lee habitualmente durante la Gran Cuaresma.

– El Domingo de María de Egipto, conmemorando la posibilidad de arrepentimiento para todos los pecadores, sin importar lo que hicieron: todos están llamados a la restauración de la vida y alcanzar el Paraíso.

Icono ortodoxo griego de Santa María Egipcíaca recibiendo la comunión de San Zósimo.

Icono ortodoxo griego de Santa María Egipcíaca recibiendo la comunión de San Zósimo.

– El Domingo de Ramos, conmemorando la entrada del Señor Jesús en Jerusalén y la preparación de la Pasión y la Resurrección.

Para no hacer este artículo demasiado largo, cabe mencionar una vez más que el Gran Ayuno, aunque significa abstención de comida y bebida, es un tiempo de recolección, análisis interior y retorno al camino correcto, para que los cristianos preparados puedan salir al encuentro de Cristo resucitado.

Mitrut Popoiu

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

La Gran Cuaresma según la tradición bizantina

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Icono correspondiente al Domingo de la Ortodoxia: la veneración de los sagrados iconos.

Icono correspondiente al Domingo de la Ortodoxia: la veneración de los sagrados iconos.

Según el Gran Typikon de la Laura de San Sabas, el calendario litúrgico de la Iglesia Ortodoxa se divide en tres grandes partes y son llamadas según el libro principal usado en el culto. La mayor parte del año corresponde al tiempo llamado Octoechos, un libro que contiene los himnos diarios según los ocho tonos musicales (okto-echos). Este libro contiene textos para cada día de la semana en Vísperas, Maitines, Completas, Oficios de Medianoche, Oficios Matutinos y Horas. Durante especiales períodosdel año, como es la Gran Cuaresma o el tiempo de Pascua, los otros dos libros, el Triodion y el Pentecostarion, son usados para el servicio litúrgico. En este artículo explicaré las reglas para la Gran Cuaresma y su conexión con el uso del Triodion.

El tiempo del Triodion y las tres primeras semanas de preparación
El tiempo del Triodion significa que se cambia el habitual libro de culto por uno especial. Su nombre, Triodion, procede de las tres odas o himnos cantados durante este tiempo, que reemplazan el canon habitual de nueve odas (himnos). El tiempo del Triodion, que dura diez semanas, no coincide exactamente con el inicio de la Gran Cuaresma, porque empieza tres semanas antes, continúa con las seis semanas de la Gran Cuaresma propiamente dicha y termina con la Semana Santa. El fin del tiempo del Triodion es la Liturgia de Medianoche de la Resurrección de Nuestro Señor, cuando comienza el tiempo del Pentecostarion (los cincuenta días de Pascua a Pentecostés).

En el Domingo de San Gregorio Palamas se conmemora la obra teológica de este Padre de la Iglesia.

En el Domingo de San Gregorio Palamas se conmemora la obra teológica de este Padre de la Iglesia.

En otras palabras, la Gran Cuaresma tiene tres semanas de “tiempo de preparación”. En la primera, se excluye el habitual ayuno de los miércoles y viernes. En la segunda semana, los cristianos ortodoxos ayunan miércoles, viernes y al final de la semana (domingo) se privan de comer carne hasta la Pascua. La tercera semana se llama “blanca” o “del queso”, porque se permite tomar leche, queso, huevos e incluso pescado, pero no carne. Es una especie de medio-ayuno, en preparación a la Gran Cuaresma que comienza el siguiente lunes, cuando sólo se permite la dieta vegana. Los domingos de este tiempo de preparación se dedican a la penitencia: Domingo del Fariseo y el Publicano (durante la misa se lee el texto de Lc 18, 10-14), del Hijo Pródigo (Lc 15, 11-32), del Juicio Final (Mt 25, 31-46) y de la expulsión de Adán del Paraíso (Mt 6, 14-21). Este domingo se llama también “del perdón”. El sacerdote y los cristianos se piden perdón unos a otros y se inclinan ante los demás, porque todos deben estar en paz con su vecino durante el tiempo de ayuno. A pesar de que hasta ahora he hecho hincapié en la dieta, lo cierto es que el ayuno no significa sólo una dieta especial, sino renunciar a todo lo que nos estorba en una vida conectada a Dios.

La Gran Cuaresma
La Gran Cuaresma, según la tradición ortodoxa, dura cuarenta días, es decir seis semanas, de la cual se excluyen dos días, como es la Anunciación (25 de marzo según el calendario de las Iglesias en Constantinopla, Antioquía, Grecia, Bulgaria, Rumanía, Albania, parte de Polonia y la República Checa) o el 7 de abril (Iglesias de Jerusalén, Monte Athos, Patriarcado Ruso, Serbia, Georgia, parte de Polonia y República Checa) y el Domingo de Ramos, el sexto domingo de la Gran Cuaresma, cuando a los cristianos se les permite comer pescado y beber vino como signo de alegría y de anticipación de la Resurrección. Durante este tiempo, todas las ropas litúrgicas y atuendos cambian a color negro; sólo los sacerdotes pueden, los domingos, ir de blanco, como signo de la Resurrección que está por venir.

Santa Cruz ornada en la catedral rumana de Nuremberg (Alemania) en el Domingo de la Cruz (23/03/2014).

Santa Cruz ornada en la catedral rumana de Nuremberg (Alemania) en el Domingo de la Cruz (23/03/2014).

La primera semana de la Cuaresma es muy dura, especialmente en los monasterios. Las monjas y monjes ayunan completamente desde la noche del domingo hasta la del miércoles después de la Liturgia de los Dones Presantificados, que es una liturgia especial celebrada sólo en la Gran Cuaresma y sólo de noche, siendo su autor San Gregorio Magno, Papa de Roma. Debido a esto, los dos primeros días de la Cuaresma (lunes y martes) son días alitúrgicos, siendo así que no se celebra misa, por lo que los monjes no se ven obligados a interrumpir su ayuno y oración. Sólo las Siete Laudae, con un ritual especial, son celebradas, y el texto de los himnos tienen un tono de profundo arrepentimiento. La oración habitual “Dios es Nuestro Señor y se nos ha mostrado” se sustituye cantando un triple Aleluya. En lugar de las Pequeñas Completas, las Grandes Completas son mucho más largas y contienen el Gran Canon de San Andrés, obispo de Creta (s.XI), una obra maestra de la poesía bizantina, en el mismo tono de arrepentimiento. Los siete servicios se terminan con una oración de San Efrén el Sirio, junto a dos inclinaciones hasta tocar la frente en el suelo (gran metanoia) y un cierto número de pequeñas inclinaciones, tocando simplemente el suelo con la mano (pequeña metanoia) que son símbolos de arrepentimiento y de que reconocemos que nosotros, los seres humanos, sólo somos polvo y al polvo retornaremos.

Sólo en sábado se celebra la habitual Liturgia de San Juan Crisóstomo y el Réquiem por los muertos, como signo de que Cristo bajó al Inframundo en sábado. La Liturgia de San Basilio es la misa cebrada los domingos. Las otras seis semanas se repite el mismo ritual, con la excepción del Gran Canon y del cambio de la misa habitual: de lunes a viernes, simplemente la Liturgia de los Dones Presantificados del papa Gregorio, celebrada al anochecer; los sábados, la Liturgia de San Juan Crisóstomo; los domingos, la Liturgia de San Basilio el Grande.

El Domingo de Santa María Egipcíaca se conmemora la vida de esta penitente. Fresco ortodoxo en la catedral rumana de Nuremberg (Alemania).

El Domingo de Santa María Egipcíaca se conmemora la vida de esta penitente. Fresco ortodoxo en la catedral rumana de Nuremberg (Alemania).

Los domingos de Cuaresma tienen también un simbolismo especial conectado al arrepentimiento. El primer domingo, es decir el primero al terminar la primera semana de Cuaresma, se llama el Domingo de la Ortodoxia, y está especialmente dedicado al Séptimo Concilio Ecuménico, cuando los iconos regresaron a las iglesias. Durante el servicio, se repite el Anatema sobre las herejías condenadas en los Concilios Ecuménicos (esta tradición ha desaparecido en la costumbre rumana, pero se mantiene en la Iglesia Rusa) y se organizan procesiones con iconos por las calles. El Evangelio leído durante la misa es Mt 20, 1-16, una parábola sobre la recompensa del trabajo en la viña del Señor.

El segundo domingo está dedicado a Gregorio Palamas, el Padre de la Iglesia que habló de la Naturaleza Divina que se muestra a través de Energías en la creación. El Evangelio es Mc 2, 1-12, la curación del paralítico en Cafarnaún. El tercer domingo está dedicado a la Santa Cruz. Además de una procesión con una cruz ritual adornada con flores, la ceremonia entera consiste en himnos de alabanza al Sacrificio de Cristo y su sufrimiento. El Evangelio tiene la misma connotación (Mc 8, 34-38), ya que habla de la autorrenuncia, la aceptación de la cruz personal y el seguir a Cristo. El Domingo de la Cruz marca la mitad de la Cuaresma, y el Synaxarion del día recuerda que es la Cruz la que ayuda a los cristianos a seguir adelante hasta la Resurrección.

Domingo de Ramos: ceremonia de consagración de las ramas de olivo en Giurgiu, Rumanía.

Domingo de Ramos: ceremonia de consagración de las ramas de olivo en Giurgiu, Rumanía.

El cuarto domingo está dedicado a San Juan Clímaco, autor de un libro ascético llamado “La Escalera” que describe el camino que deben seguir los monjes para alcanzar la bienaventuranza divina. El Evangelio que se lee se refiere a las nueve Bienaventuranzas (Mt 4, 25-5, 1-12). El sexto domingo, de María Egipcíaca, sigue el mismo tono de arrepentimiento. La gran historia de María es un ejemplo de que todos los cristianos pueden regresar a Cristo, sin importar qué hicieron antes, si se arrepienten. El Evangelio leído es Lc 7, 36-50, sobre la mujer que lavó los pies del Señor. Finalmente, el Domingo de Ramos finaliza el período de cuarenta días y se celebra con hojas de palma, bien de sauce (en Rumanía) o de abedul (en Russia), donde no hay muchas palmeras.

La Semana Santa tiene un ritual litúrgico especial. El tiempo gira al revés, ya “no tiene paciencia”. El servicio matutino del lunes se celebra el domingo por la noche y así sucesivamente en toda la semana. También el servicio vespertino (las Vísperas) se celebran por la mañana y se combinan el miércoles y el sábado con la Liturgia de San Basilio. Muchos cristianos ayunan hasta el anochecer, van a confesarse y limpian sus casas en espera de la Resurrección. Cada tarde van a la iglesia a celebrar, como ya se ha dicho, los servicios matutinos, dedicados a los eventos de la Pasión relatados en los Evangelios. Los servicios más importantes se inician el jueves con la Liturgia de la Última Cena combinada con la ceremonia del lavatorio de pies de 12 personas. El Viernes Santo es un día alitúrgico y los cristianos ayunan hasta el anochecer, cuando participan en las Completas del Sábado Santo, que es prácticamente una ceremonia de entierro donde se canta un Canon de las Lamentaciones de la Theotokos, una obra maestra de la poesía y el momento más grande de la Gran Cuaresma. El Epitaphion, un icono de tela que representa el entierro de Cristo, se lleva por toda la iglesia y es finalmente depositado en el altar, que simboliza el sepulcro de Cristo.

Domingo de Ramos: el sacerdote rumano reparte ramas de sauce entre los cristianos de la iglesia.

Domingo de Ramos: el sacerdote rumano reparte ramas de sauce entre los cristianos de la iglesia.

La Liturgia celebrada el sábado por la mañana está dedicada a la Apertura de los Infiernos. Antes de leer el Evangelio, las ropas de los ministros y los atuendos en la iglesia se cambian y las oscuras son sustituidas por las blancas: antes de la Resurrección, según la tradición, Cristo predicó el Evangelio en los Infiernos y salvó a Adán, a Eva y a todos los Justos de la Antigua Ley. Hay que hacer notar que el icono del Descenso de Cristo a los Infiernos es el icono canónico de la Resurrección en la Iglesia Ortodoxa, y no el que lo representa como un vencedor, saliendo de la Tumba. Esto puede explicarse por el hecho de que la Resurrección, en sí misma, no es lo más importante para un ortodoxo, sino más bien sus efectos, es decir, nuestra salvación de la condena eterna.

Mientras esperan la Resurrección, todos los cristianos se reúnen en la iglesia una hora antes de la medianoche, en la Vigilia Pascual. Normalmente, a medianoche, todas las velas y luces de la iglesia se apagan. Sólo la vela que cuelga junto a la Cruz de Cristo en el altar está permitida; el sacerdote tomará la Santa Luz de allí y la transmitirá a los demás, cantando la alegría de la Resurrección.

Espero haber descrito la Gran Cuaresma de un modo que los lectores de Pregunta Santoral hayan podido entender. Hay mucho que decir, por lo que es difícil distinguir lo que vale la pena debatir y lo que no. Es crucial decir que la dieta vegana es muy importante, porque permite a los cristianos concentrarse más en sus oraciones. Pero en cualquier caso, la dieta no es lo más importante en la Gran Cuaresma. El arrepentimiento, el perdón y las buenas obras son necesarias para ser mejor cristiano. Mejorada con éstos, la Comunión con el Cuerpo y la Sangre de Cristo es, de hecho, el núcleo de este tiempo de arrepentimiento y de renuncia. Ayunar durante la Cuaresma siempre aporta mayor alegría a todos, pero en cualquier caso todos están llamados a la Última Cena: los que siguen todas las normas, los que ayunan sólo una semana e incluso los que no respetan en absoluto el ayuno. Como Juan Crisóstomo escribió en su Sermón de Pascua, todos los seres humanos están llamados a gozar la Resurrección.

En la noche de Pascua, los cristianos ortodoxos se encuentran con sus difuntos en el cementerio.

En la noche de Pascua, los cristianos ortodoxos se encuentran con sus difuntos en el cementerio.

Os deseo a todos una Gran Cuaresma llena de alegría espiritual, combinada con arrepentimiento y buenas obras, a la espera del gran día de la Resurrección, ¡que este año es precisamente el mismo día para todos los cristianos!

Mitrut Popoiu

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

La Cuaresma, un tiempo de gracia

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"Cristo en el desierto", óleo de Ivan Kramskoi (1872). Galería Tretyakov, Moscú (Rusia).

“Cristo en el desierto”, óleo de Ivan Kramskoi (1872). Galería Tretyakov, Moscú (Rusia).

Es bien conocido por todos que la Cuaresma es un tiempo litúrgico muy importante que nos sirve a los cristianos de preparación próxima para el Triduo Pascual. Se trata de cuarenta días, cinco semanas y pico, en el que tenemos la gran oportunidad de revisarnos, volver la cara a Dios y disponernos al nuevo renacer pascual de la gran Vigilia del Domingo de Resurrección.

Sobre la duración exacta del período cuaresmal a veces hay confusiones. Comienza exactamente el Miércoles de Ceniza, y termina el Jueves Santo por la mañana, momento en el que suele celebrarse habitualmente la llamada Misa Crismal (donde se bendicen los santos óleos). Si alguno cuenta los días verá que le salen cuarenta y cinco, y es que a éstos hay que descontarles los cinco domingos de cuaresma, que no son días penitenciales y están exentos del rigor cuaresmal. Los cristianos orientales consideran que tampoco el sábado es día penitencial, por lo que su cuaresma dura unas ocho semanas.

Sobre cuando comenzó a celebrarse la Cuaresma hay discusiones. Hay que considerar que en los primeros siglos del cristianismo, los catecúmenos que iban a bautizarse en la Noche Pascual, tenían unos días preparatorios con similares prácticas ascéticas a las que ahora entendemos por cuaresmales, pero como los ya bautizados no las seguían, sería osado decir que era propiamente una Cuaresma como la entendemos hoy. Lo que sí sabemos es que a principios del siglo IV era ya algo medianamente establecido, porque Eusebio de Cesárea la menciona de pasada, pero con un significado y unas características similares a nuestra práctica eclesial actual [1]. Hay que entender, que en estos siglos, como ocurre también con otros temas litúrgicos, la duración y ascesis variaba según las distintas iglesias particulares.

Se considera que más o menos sobre el siglo X, la Cuaresma estaba ya fijada más o menos tal y como la Iglesia la vive hoy día, aunque hay que anotar que se ha mitigado mucho en los últimos siglos la abstinencia de comer carne debido a sucesivos indultos de la Santa Sede.

Cristo y los apóstoles, de Francesco Grigiotti. Página del Misal de Cuaresma y Semana Santa del Papa Urbano VIII (1635). Biblioteca Nacional de España. Fuente: http://www.bne.es/

Cristo y los apóstoles, de Francesco Grigiotti. Página del Misal de Cuaresma y Semana Santa del Papa Urbano VIII (1635). Biblioteca Nacional de España. Fuente: http://www.bne.es/

El significado del número cuarenta
Hay números en la Biblia que se repiten numerosas veces. Destacan tres, siete, doce, setenta… Pero si uno es subrayado una y otra vez hasta la saciedad en infinidad de pasajes, ése es el número cuarenta. Ya sabemos que los números es la Biblia están cargados de un gran simbolismo, y el número cuarenta no podía ser diferente del resto. Expresa sobre todo un “período de cambio” en la vida del personaje protagonista o del grupo implicado, bien se exprese en años, bien en días. Si se trata de años, es el cambio de una generación a otra, si es días, la duración necesaria para pasar de una vida a otra, la duración de una profunda renovación. Así, si analizamos los pasajes bíblicos donde este número aparece, nos daremos cuenta que en todos ellos hay una ruptura de la vida anterior a otra nueva, distinta, generalmente más cerca del Señor, más en comunión con Él. Nos haría falta un libro para mencionar solamente las veces que aparece este número en la Sagrada Escritura. Apuntaremos aquí las más destacadas en la historia de la salvación:

– La duración del Diluvio es de cuarenta días y cuarenta noches. Noé, tras cesar la lluvia, tarda cuarenta días en ver tierra seca (Gen. 7, 4ss). La purificación del Diluvio recrea una Nueva Creación, un nuevo comienzo.
– Cuarenta días tardó el cuerpo de Jacob en ser embalsamado (Gen. 50, 3).
– El Pueblo de Israel vagó por el desierto cuarenta años (aparece varias veces en Éxodo y Números, por ejemplo Ex. 16, 35).
Moisés estuvo en el monte Sinaí cuarenta días con sus noches (Ex. 24, 18).
– Los espías enviados por Moisés recorren la tierra prometida en cuarenta días (Num. 13, 25).
– El tiempo que juzgaron Débora y Gedeón fue de cuarenta años (Jue. 5, 31 y 8, 28).
– Antes de Sansón, los israelitas estuvieron sometidos a los filisteos durante cuarenta años (Jue. 13, 1).
– Durante cuarenta días Goliat desafió a los israelitas hasta su muerte a manos de David (1 Sam. 17, 16).
– David, Salomón y Joás reinaron cuarenta años (2 Sam. 5, 4; 1 Re. 11, 42 y 2 Re. 12, 2).
– Elías camina cuarenta días con sus noches hasta el Horeb (1 Re. 19, 8).
– Durante cuarenta días los ninivitas hicieron penitencia y Dios les perdonó (Jon. 3, 4).
– Jesús estuvo en el desierto, antes de su vida pública, durante cuarenta días (Mc. 1, 13).
– El período entre la Resurrección de Jesús y su Ascensión fue de cuarenta días (Hch. 1, 3).

En otros pasajes más aparece este número tan especial, pero sobran estos anteriores para ir entendiendo su significado. Como vemos, la Iglesia no en vano eligió este número para el camino penitencial de preparación para la Pascua. Estamos llamados a recorrer estos días a imitación del Pueblo de Israel, de Elías y de Jesús. Un período de desierto que nos alcanzará, si nos dejamos penetrar por su sentir teológico, la Tierra prometida, el Horeb, la Pascua.

Misal con la misa para el primer domingo de Cuaresma (1635). Biblioteca Capitular de Toledo, España. Fuente: http://www.bne.es/

Misal con la misa para el primer domingo de Cuaresma (1635). Biblioteca Capitular de Toledo, España. Fuente: http://www.bne.es/

Ayuno, oración, limosna
Tres son las prácticas cuaresmales que nos propone la Iglesia a fin de ir caminando con provecho en este tiempo. Se trata del ayuno, la oración y la limosna. No las saca la Iglesia de la manga, sino que están fundadas en las mismas palabras de Mt. 6, 1-6. 16-18. En este pasaje, Jesús enseña a sus discípulos cómo han de realizar estas prácticas a fin de alcanzar la verdadera recompensa de Dios y no la de los hombres.

El ayuno y la abstinencia. El ayuno consiste en limitarse a tomar una comida fuerte al día, y la abstinencia es no comer carne. El derecho canónico [2] obliga al ayuno a partir de los 18 hasta los 59 años y la abstinencia es no comer carne y obliga a los mayores de catorce años. El día de ayuno y abstinencia en este tiempo litúrgico es el Miércoles de Ceniza y de abstinencia, los viernes de Cuaresma (¡ojo!, aunque el Viernes Santo es también día de ayuno y abstinencia no pertenece a la Cuaresma). Su sentido es ascético y penitencial, a imitación del ayuno de Jesús en el desierto, de Elías, de los ninivitas, de los israelitas en el Sinaí. Pero no tiene sentido, por ejemplo, ser fidelísimo en la abstinencia de carne pero, en sustitución, comer otros productos de excesivo precio. Las Conferencias Episcopales pueden, si lo consideran oportuno, sustituir la carne por otro alimento. Hoy en día parece que esta práctica penitencial está en desuso en algunos lugares, pero no hay que olvidar que es el cuarto mandamiento de la Iglesia [3]. “Cuando ayunéis no aparezcáis tristes, como los hipócritas que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo, ya recibieron su recompensa. Tú cuando ayunes, úngete la cabeza y lava tu cara para que no vean los hombres que ayunas, sino tu Padre, que está en lo secreto: y tu padre que ve en lo secreto, te recompensará”. (Mt 6,16)

La oración. Nuestro camino cuaresmal debe estar transido de un profundo acercamiento a Dios en la oración. En este coloquio íntimo con Dios debe abrirse paso la conversión, el regreso a la casa del Padre, el firme propósito de cambiar de vida y poner sólo a Él en el centro de nuestra vida. Esta oración debe ser sincera, sin hipocresía y amorosa. “Cuando oréis, no hagáis como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”.(Mt 6, 5-6)

La limosna. No tiene sentido estas prácticas si no hay un reflejo de nuestra conversión en el prójimo que nos acompaña. La limosna no sólo consiste en dar dinero al que lo necesita, sino en dar de nosotros, pues nuestros bienes son confiados por Dios, pero no son de nuestra absoluta propiedad. El necesitado y el pobre son miembros de la comunidad exactamente igual que el rico, y tienen los mismos derechos que cualquier otra persona. (…) Pero en último término esta solicitud por el indigente no debe provenir tan sólo de una compasión humana y de la responsabilidad social, sino que debe estar dirigida a Dios. Porque él es el Padre de todos los hombres [4].

“Por tanto, cuando vayas a dar una limosna, no mandes tocar la trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para recibir el aplauso de los hombres; os lo aseguro: ya están pagados. Cuando vayas a dar una limosna, que no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que tu limosna quede en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te dará la recompensa. (Mt 6, 2-4)

Sentido de la Cuaresma
La Cuaresma bebe del desierto bíblico como lugar teológico. Si Moisés, Elías y Jesús han vivido su desierto, también ahora la Iglesia tiene que pasar por él para cambiar. La oración, el ayuno y la limosna serán sus prácticas de conversión. A veces, algún acontecimiento de la vida, algún momento de dolor y desierto, a priori, difíciles de digerir, son leídos en el lenguaje escrito de Dios, el cual interviene en nuestra vida para nuestra purificación.

La nueva Israel, la Iglesia, nosotros, nos preparamos para la Pascua, nos revestimos, nos engalanamos, arreglamos nuestra casa, templo del Espíritu Santo, para el Señor. Si lo fundamental en la vida cristiana es el seguimiento de Jesucristo, la Cuaresma es el momento de revisar especialmente dicho seguimiento. Y nadie puede decir que su relación con el Redentor no necesita cambio, pues la vida cristiana, por nuestra perenne tendencia al pecado, es conversión continua a Aquel que nos ama. Todos necesitamos oír esta llamada a su amor, porque todos somos seducidos en mayor o menor medida por el pecado, y porque de manera sutil vamos siendo derrotados por la desidia y las seducciones del Mal.

Y en este camino somos tentados como Cristo en el desierto. Tal vez, a mitad de la Cuaresma, o antes, sintamos que no tenemos fuerzas para la conversión. Tal vez, nuestro particular Goliat, como en la lectura antes comentada (1 Sam 17, 16), se presente cuarenta veces ante nosotros desafiándonos, acobardándonos. Pero la fuerza de Dios, la gracia de aquel que nos da fuerzas, puede hacer que nos convirtamos en un nuevo rey David que derrote al otrora invencible gigante. Dios nos colmará entonces de riquezas (1 Sam. 17, 25) y reinaremos con Él como hombres nuevos pascuales.

David Jiménez


[1] Eusebio de Cesarea. Historia Ecclesiastica V, 24
[2] Código de Derecho Canónico, 1249-1253
[3] Catecismo de la Iglesia Católica, 2043
[4] Trilling, W. El Evangelio de San Mateo, en El Nuevo Testamento y su mensaje

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