San David Uribe Velasco: fidelidad a la Iglesia y al Papa

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Figura 1: Fotografía del Pbro. David Uribe V. tomado de Ephemerides Acapulcanae.

En el estado de Guerrero, obispado de Chilapa, está el pueblo de Buenavista de Cuéllar, en la región de Taxco; en ese lugar, el día 29 de diciembre de 1888 nació David, hijo de Juan Uribe Ayala y de Victoria Velasco Gutiérrez, su padre se dedicaba a la agricultura y a la ganadería, vivía en su casa del llano en la colonia Guadalupe, y junto con su esposa había procreado a varios hijos más: Atilano, Crisanto, Gildo, Joel, Rosa, Vicenta, Trinidad, Nicómedes, María y Dorotea, siendo David el último.[1] Las características de la familia de David son idénticas a la de los demás mártires, padres pobres y cristianos, nota que los acercó a la mayoría de los humildes de la Patria y les ofreció una perspectiva indispensable para la vida cristiana: el objetivo de la vida es amar a Dios y al prójimo, para verlo en la vida eterna.

En la fe de sus padres fue llevado el niño a recibir las aguas bautismales el día 6 de enero de 1889 impartida por el Padre José Reyes Román, siendo sus padrinos sus tíos Primo Ocampo e Hilaria Velasco de Ocampo en la iglesia parroquial. Fue confirmado el 7 de julio del mismo año por el Ilmo. y Excmo. Sr. Dr. Dn. Fray Buenaventura del Purísimo Corazón de María Portillo y Tejada, Obispo de Chilapa, siendo su padrino el señor Albino Ocampo, hermano de su padrino de bautismo.

David creció en un ambiente de amor y de fe, conociendo los usos y costumbres del pueblo guerrerense, podemos afirmar que un niño de finales del siglo XIX y XX conoció el dolor de la pobreza, marginación y la violencia en las haciendas, tiendas de raya con durísimos capataces y trabajadores que a costa de grandes sacrificios sacaban a su familia adelante, sin embargo, aquellos que no podían quedaban en el régimen de esclavitud perpetua. Las biografías de santos en estas épocas nos detallan todo un remanso de virtudes y detalles de grandeza humana, pero conociendo la situación social del país podemos afirmar que también vivió momentos amargos y crudos con respecto a la economía, la política, la sociedad y la religión. La familia, iglesia doméstica, fue el centro de sus primeras letras y religiosidad, aprendió a rezar el rosario y otras devociones (no nos cabe duda que al Sagrado Corazón de Jesús), a partir del tercer año de primaria comenzó a asistir a la escuela del pueblo. De esta forma,

“La infancia de David, se desarrolló en gran parte en su casa del Llano y entre las abruptas cañadas del Chivo y Las Trojes, donde con sus hermanos mayores, llevaban a pastar el ganado de su señor padre que tenía en su rancho de Las Nueces. Siempre fue sano, travieso e ingenioso, dócil, respetuoso, trabajaba en sus tareas campiranas, ágil en los jaripeos, con una alegría contagiante que imprimía en sus amigos que le llamaban “biche”. Pero este vale tenía el privilegio de ser el primero de su clase en la escuela del pueblo, que atendía su preceptor don Julio Uribe.”[2]

Ya hacia 1902 a la edad de 14 años, había tomado la decisión de ingresar al seminario para iniciar los estudios religiosos para poder llegar a ser sacerdote. Aunque su padre estaba de acuerdo, no existían las posibilidades económicas para solventar los estudios, pero fue gracias a la actitud positiva de sus hermanos que cedieron su parte que él pudiera estudiar. “Estamos atravesando tiempos muy malos… parece que se acerca el tiempo en que los sacerdotes serán perseguidos, ultrajados y a muchos los matarán”, dijo el papá. David le contestó “Esto no me da miedo; ojalá tuviera la dicha de dar mi vida por Jesús”.[3]

Entró al Seminario de Chilapa el 5 de marzo de 1903 a la edad de 15 años. “Su carrera eclesiástica, la realizó con gran brillantez sobresaliendo en todas las disciplinas con las más altas notas, que lo hicieron merecedor de la beca Episcopal y los estímulos correspondiente”.[4] Las características que permearon en su persona y que le recordaron sus compañeros: travieso pero jamás grosero, muy piadoso, dedicado al estudio, incluso estudiando Teología, fue nombrado profesor de tercero de Latín y lo hizo responsable y eficaz. A los 2 años de haber ingresado al seminario su madre cayó gravemente enferma y, a juicio del sacerdote que la auxilió, solo un milagro podía devolverle la salud. Se le dio aviso a David, quien al recibir el mensaje se fue al Sagrario, y con lágrimas en los ojos rogó a Dios que le prolongase la vida a su madre, siquiera siete años después de su ordenación sacerdotal.[5] Su súplica llena de fe, notablemente fue escuchada.

Figura 2: Ilmo. y Excmo. Sr. Dr. Dn. Juan Antonio Hernández y Rodríguez, V Obispo de Tabasco.

En 1909 recibió las ordenes menores (ostiario, exorcista, lector y acólito), en 1910 recibió el subdiaconado y al año siguiente el diaconado. En 1912 realizó su último año de Teología bajo la supervisión de los Padres Eudistas que tenían a cargo el Seminario de Chilapa en ese entonces. Antes de haber concluido los estudios sacerdotales el Ilmo. y Excmo. Sr. Dr. Dn. Juan Antonio Hernández y Rodríguez (preconizado V Obispo de Tabasco)[6] lo solicitó como secretario particular y familiar al ordinario, en ese entonces el Ilmo. y Excmo. Sr. Dr. Dn. Juan Francisco Campos y Ángeles, Obispo de Chilapa (anteriormente III Obispo de Tabasco) quien para responder a esa solicitud ordenó sacerdote a David el día 2 de marzo de 1913 en la Catedral de la Asunción de María.

David había mandado una carta a su familia para enterarlos de su ordenación y al mismo tiempo sobre la misión a la cual estaba encomendado, y de paso informarles que en su parroquia natal habría de celebrar su primera misa, pero no les llegó el aviso, los encontró desprevenidos: “Allá viene un catrín… ¡parece que es mi hijo!”, la madre lo fue a encontrar: “¿Qué te pasa? ¿Porqué te veniste?”, “¡Cómo! ¿No recibieron mi carta? Ya me ordené y debo cantar mi primera misa solemne el doce de este mes.” Celebró la semana santa en Cuetzala y luego salió para Tabasco con el Señor Obispo Hernández.[7]

En Tabasco la vida no es igual de ferviente como en su pueblo, históricamente la escasa evangelización permeó en el modo de vivir de la sociedad, indiferente e inmoral, indios acostumbrados a trabajar todos los días si asistir a misa y sin casarse por la Iglesia, la política era el pan nuestro de todos los días, la gente de sociedad acostumbrada a mandar e imponer; problemas entre militares y gobernadores, la revolución no fue igual que en el Altiplano del país, la decadencia de la Iglesia tabasqueña era una verdadera vergüenza, templos sucios y vacíos, la beatada era la única que la visitaba. Este fue el panorama encontrado por David y el Obispo, seguidamente comenzó a trabajar, nombrado párroco de la antigua Catedral del Señor de Esquipulas junto a otro sacerdote que también trajo el Obispo, el Pbro. Francisco Dávila López como vicario. En 1913 y 14 durante el gobierno del Gral. Luis Felipe Domínguez Suárez se inició una persecución por parte de los revolucionarios tabasqueños contra el clero, el Obispo fue apresado en Cunduacán y llevado a pie hasta la ciudad de San Juan Bautista (capital del estado, hoy Villahermosa), informado el hasta entonces Secretario de Cámara y Gobierno de la Diócesis, el Padre Uribe, logra con un grupo de señoras el rescate del prelado, no queriendo dejar la jurisdicción eclesiástica para no abandonar a los fieles permanecieron no sin problemas ya que el gobierno ofrecía una recompensa vivos o muertos. Salieron rumbo a Veracruz en una embarcación que lamentablemente se hundió, salvando sus vida el Obispo, el padre David y 4 personas más.[8]

Figura 3: Anticlericales tabasqueños ridiculizando a curas con ornamentos litúrgicos. Archivo Histórico y Fotográfico de Tabasco.

El Obispo le agradece todo el sacrificio pasado con él en su Diócesis y le manifiesta que regrese mejor a Chilapa, con ayuda de algunos arrieros llega a Tecalpulco donde el párroco le proveyó de los necesario para llegar hasta la casa de sus padres en Buenvista. Estuvo asignado como párroco en Zirándaro, Pungarabato y por último en Chilapa, no sin grave molestia por los levantamientos zapatistas. Cinco meses ayudó en la Catedral y en el Seminario de Chilapa, estuvo desde 1917 al 22 año en que Mons. Hernández renunció al Obispado de Tabasco y se le dio la parroquia de Iguala pidiendo nuevamente como su vicario al Padre David. En principios de 1926 fallece el Obispo Hernández confiándosele completamente la parroquia y su administración, en julio es molestado por los masones y entrega la iglesia saliendo al mismo tiempo hacia su casa en Buenavista y luego a la ciudad de México para evitar confrontaciones.[9]

El 12 de marzo de 1927, regresaba a Iguala pero no pudo entrar por la estrecha vigilancia que lo perseguía (recordamos que se había suspendido el culto desde 1926), se dirigió a su casa en Buenavista  donde su familia lo instaba a quedarse, pero el 7 de abril se dirigió a Iguala, subiendo al tren con su amigo José García, en el mismo venía el Gral. Adrián Castrejón y envió por el a su asistente haciéndole sentarse a su lado indagándole sobre su opinión de la persecución religiosa y el mismo tiempo ofreciéndole aceptar las leyes del gobierno, prometiéndole hacer a Iguala obispado y nombrándolo primer prelado y a imitación suya los demás le seguirían. No aceptó, y al llegar a Iguala fue detenido y enviado al hotel “Fonseca” bajo guardia encerrado sin dejarle ver. El Domingo de Ramos, en compañía de José García y José R. Nájera, se embarcaron en el tren del norte, llegando a Cuernavaca, el oficial le ordenó que se bajara, preguntando serenamente el padre “¿Me va a fusilar?” y en auto se lo llevaron dos militares a la jefatura.[10]

Figura 4: Facsímil del testamento del Padre David escrito antes de su fusilamiento.

En la noche del 11 de abril, incomunicado y arrojado en una cárcel inmunda, el padre encontrándose en oración le comunicaron que en la mañana tendría que pagar con su sangre el precio de su osadía. Entonces el padre tomó una hoja y escribió: “Declaro ante Dios que soy inocente de los delitos de que se me acusa. Estoy en las manos de Dios y de la Santísima Virgen de Guadalupe. Decid esto a mis superiores y que pidan a Dios por mi alma. Me despido de mi familia, amigos y feligreses de Iguala y les mando mi bendición… Perdono a todos mis enemigos y pido a Dios perdón y a quien yo haya ofendido…”.[1]

Al día siguiente a las 3 de la madrugada llegó la escolta militar a la cárcel, lo sacaron de la celda y en un carro lo llevaron por la carretera hasta el km. 168 donde se arrodilló al llegar y pidió perdón de sus pecados y la salvación de México y de su Iglesia. Repartió  a los presentes su reloj, su rosario, su crucifijo y otros pequeños objetos. Con un balazo en el cráneo le perforó la cabeza el oficial militar, salió la bala por el ojo izquierdo y murió al instante, todo sucedió cerca de la estación San José Vidal, Morelos. Era el 12 de abril de 1927.[12]

Figura 5: Lugar donde actualmente reposan los restos de San David Uribe V. tomado de Catedrales e Iglesias.

Daniel Casarrubias originario de Buenavista y encargado de la estación del tren y su hijo Juan enterados del suceso, el joven fue a revisar en la loma donde habían escuchado la detonación encontró un cadáver boca abajo y habiéndolo reconocido como el del Padre Uribe, le dio aviso a su padre, quien notificó por vía telegráfica a la estación de Buenavista lo sucedido. Por la mañana, de ese día el Licenciado Quiroz, el señor José Nájera y las maestras García se juntaron en la Jefatura de Armas para liberar al Padre Uribe, pero se les informó que ya no estaba ahí. Desconociendo el asesinato del Padre Uribe, se trasladaron a la Ciudad de México, donde en el Ministerio de Gobernación, se les informó que pronto llegaría el Padre. El señor Casarrubias, como pudo sepultó el cadáver del Padre Uribe en medio del campo. Días después el señor Joel Uribe, Juan Figueroa y Antonio Aranda se presentaron a exhumar los restos mortales del Padre Uribe, los cuales fueron traídos envueltos en sábanas y ayates, hasta el rancho de Las Nueces. Posteriormente sus restos, fueron conducidos a Buenavista donde permanecieron en la casa marcada con el número 12, de la actual calle David Uribe Velasco. Años después, fueron inhumados, en el Templo Parroquial de San Antonio de Padua, donde primeramente fueron colocados en el ciprés del altar mayor, y más tarde se incrustaron en el muro derecho del Templo, cerca de la puerta mayor.[13]

Figura 6: Pintura oficial del rostro del Pbro. San David Uribe de G. Romo.

A las persecuciones y el peligro de muerte que sufría en la parroquia de Iguala escribía: “¿Para qué quiero la vida si he de vivir lejos de mis amados hijos? Sufro de un modo increíble por estar lejos de mi querido rebaño que está expuesto a caer en las inmundas fauces del lobo feroz.

La respuesta del Padre ante el ofrecimiento de apartarse de la Iglesia y del Papa que el Gral. Castrejón le imbuía, fue enérgica: “¿No sería usted un infame si traicionara a su bandera? Pues yo sería más infame si traicionara a mi santa religión.” y concluyó: “¡Oh qué felicidad! ¡Morir en defensa de los derechos de Dios! ¡Morir antes que desconocer al Vicario de Cristo! ¡Viva el Papa!”.

Antes de morir sus últimas palabras fueron a los verdugos oficiales: “Hermanos, arrodíllense voy a dar la bendición. De corazón los perdono y solo les suplico que pidan a Dios por mi alma. Yo en cambio no me olvidaré delante de Él.

Fray Marcelino


[1] Mexicana. Beatificationis seu Declarationis Martyrii Servorum Dei Christophori Magallanes et XXIV Sociorum in odium fide, uti fertur interfectorum (+ 1915 – 1937). Positio super martyrio, Sacra Congregatio Pro Causis Sanctorum. P. N. 1407, III vol., Romae, 1991. El título auténtico de la Positio es “Guadalaiaren” y no “Mexicana (Rei Publicae)”. Es un error de imprenta que está corregido con un documento colocado en la primera página de los 3 volúmenes, firmado por el Prefecto y el Secretario del Dicasterio de las Causas de los Santos fechado el 24 de abril de 1988. Será ampliamente citada esta Positio en el presente artículo.
[2] Cfr. Román Juan Guadarrama Gómez: Notas Eclesiásticas del Estado de Guerrero, Tipografías Editoriales, México, 1992, pp. 265-280 citado en Ephemerides Acapulcanae: San David Uribe Velasco, revisado por última vez el día 30 de abril de 2011.http://ephemeridesacapulcanae.blogspot.com/2010/09/san-david-uribe-velasco.html; Cfr. El Mensajero Diocesano. Periódico de Evangelización Integral. Dir. Pbro. Alberto Martín Jiménez. Diócesis de San Juan de los Lagos, Jal. Año X, no. 474, 14 de febrero de 2010. Pág. 4. Positio Magallanes vol. I, Informatio. Págs. 254-262.
[3] Ramiro Valdés Sánchez y Guillermo Ma. Havers: Tuyo es el Reino. Mártires mexicanos del siglo XX. Librería Parroquial de Clavería. México, 1992. Pág. 51. Positio Magallanesvol. I, op. cit.
[4] Román Juan Guadarrama Gómez op. cit.
[5] Seminario Arquidiocesano de Guadalajara y Comisión Diocesana de Causas de Canonización: Nuevos Santos Mexicanos. Editorial San Pablo, México, 2001. Pág. 40.
[6] Acta Apostolicae Sedis: Acta Consistorii, Roma 2 de diciembre de 1912. “Chiesa Cattedrale di Tabasco, pel Rmo. D. ANTONIO HERNANDEZ, canonico della Cattedrale di Chilapa e Vicario generale della stessa diocesi.” Annus IV, Volumen IV. Typis Polyglottis Vaticanis. Romae, MDCCCCXII. Pág. 698.
[7] Cfr. Román Juan Guadarrama Gómez: op. cit.El Mensajero Diocesano. Periódico de Evangelización IntegralPositio Magallanes vol. II, Summarium. Págs. 573, & 2127.
[8] Positio Magallanes vol. III, Doc Proc., Págs. 560, & 2083; Ramiro Valdés Sánchez y Guillermo Ma. Havers op. cit.; Seminario Arquidiocesano de Guadalajara y Comisión Diocesana de Causas de Canonización op. cit.
[9] Ramiro Valdés Sánchez y Guillermo Ma. Havers op. cit.; Positio Magallanes vol. II, Summarium. Págs. 573, & 2127.
[10] Fidel González: México tierra de mártires. Historia de la persecución anticatólica en México. Editorial San Pablo, México, 2003. Págs. 141-143.
[11] Positio Magallanes vol. II, Summarium. Págs. 573, & 2127.
[12] José Armando Espinoza, MG: Mártires Mexicanos. Librería Parroquial de Clavería. México, 1992. Pág. 85.
[13] Luciano Rivas Piccorelli, SJ: 27 Nuevos Santos Mexicanos. Obra Nacional de la Buena Prensa. México, 2004. Pág. 57; Ramiro Valdés Sánchez y Guillermo Ma. Havers op. cit.;Fidel González op. cit.; Seminario Arquidiocesano de Guadalajara y Comisión Diocesana de Causas de Canonización op. cit.; El Mensajero Diocesano. Periódico de Evangelización Integral. Pág. 5.

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